Skip to main content

Full text of "Historia política y militar de las repúblicas del Plata desde el año de 1828 hasta el de 1866 ..."

See other formats


Google 



This is a digital copy of a book that was prcscrvod for gcncrations on library shclvcs bcforc it was carcfully scannod by Google as pan of a projcct 

to make the world's books discoverablc onlinc. 

It has survived long enough for the copyright to expire and the book to enter the public domain. A public domain book is one that was never subject 

to copyright or whose legal copyright term has expired. Whether a book is in the public domain may vary country to country. Public domain books 

are our gateways to the past, representing a wealth of history, culture and knowledge that's often difficult to discover. 

Marks, notations and other maiginalia present in the original volume will appear in this file - a reminder of this book's long journcy from the 

publisher to a library and finally to you. 

Usage guidelines 

Google is proud to partner with libraries to digitize public domain materials and make them widely accessible. Public domain books belong to the 
public and we are merely their custodians. Nevertheless, this work is expensive, so in order to keep providing this resource, we have taken steps to 
prcvcnt abuse by commcrcial parties, including placing technical restrictions on automatcd qucrying. 
We also ask that you: 

+ Make non-commercial use of the files We designed Google Book Search for use by individuáis, and we request that you use these files for 
personal, non-commercial purposes. 

+ Refrainfivm automated querying Do nol send aulomated queries of any sort to Google's system: If you are conducting research on machine 
translation, optical character recognition or other áreas where access to a laige amount of text is helpful, picase contact us. We encouragc the 
use of public domain materials for these purposes and may be able to help. 

+ A/íJí/iííJí/i íJíírí&Hííon The Google "watermark" you see on each file is essential for informingpcoplcabout this projcct andhclping them find 
additional materials through Google Book Search. Please do not remove it. 

+ Keep it legal Whatever your use, remember that you are lesponsible for ensuring that what you are doing is legal. Do not assume that just 
because we believe a book is in the public domain for users in the United States, that the work is also in the public domain for users in other 
countries. Whether a book is still in copyright varies from country to country, and we can'l offer guidance on whether any speciflc use of 
any speciflc book is allowed. Please do not assume that a book's appearance in Google Book Search means it can be used in any manner 
anywhere in the world. Copyright infringement liabili^ can be quite seveie. 

About Google Book Search 

Google's mission is to organizc the world's information and to make it univcrsally accessible and uscful. Google Book Search hclps rcadcrs 
discover the world's books while helping authors and publishers reach new audiences. You can search through the full icxi of this book on the web 

at jhttp : //books . google . com/| 



Google 



Acerca de este libro 

Esta es una copia digital de un libro que, durante generaciones, se ha conservado en las estanterías de una biblioteca, hasta que Google ha decidido 

cscancarlo como parte de un proyecto que pretende que sea posible descubrir en línea libros de todo el mundo. 

Ha sobrevivido tantos años como para que los derechos de autor hayan expirado y el libro pase a ser de dominio público. El que un libro sea de 

dominio público significa que nunca ha estado protegido por derechos de autor, o bien que el período legal de estos derechos ya ha expirado. Es 

posible que una misma obra sea de dominio público en unos países y, sin embaigo, no lo sea en otros. Los libros de dominio público son nuestras 

puertas hacia el pasado, suponen un patrimonio histórico, cultural y de conocimientos que, a menudo, resulta difícil de descubrir 

Todas las anotaciones, marcas y otras señales en los márgenes que estén presentes en el volumen original aparecerán también en este archivo como 

tesdmonio del laigo viaje que el libro ha recorrido desde el editor hasta la biblioteca y, finalmente, hasta usted. 

Normas de uso 

Google se enorgullece de poder colaborar con distintas bibliotecas para digitalizar los materiales de dominio público a fin de hacerlos accesibles 
a todo el mundo. Los libros de dominio público son patrimonio de todos, nosotros somos sus humildes guardianes. No obstante, se trata de un 
trabajo caro. Por este motivo, y para poder ofrecer este recurso, hemos tomado medidas para evitar que se produzca un abuso por parte de terceros 
con fines comerciales, y hemos incluido restricciones técnicas sobre las solicitudes automatizadas. 
Asimismo, le pedimos que: 

+ Haga un uso exclusivamente no comercial de estos archivos Hemos diseñado la Búsqueda de libros de Google para el uso de particulares; 
como tal, le pedimos que utilice estos archivos con fines personales, y no comerciales. 

+ No envíe solicitudes automatizadas Por favor, no envíe solicitudes automatizadas de ningún tipo al sistema de Google. Si está llevando a 
cabo una investigación sobre traducción automática, reconocimiento óptico de caracteres u otros campos para los que resulte útil disfrutar 
de acceso a una gran cantidad de texto, por favor, envíenos un mensaje. Fomentamos el uso de materiales de dominio público con estos 
propósitos y seguro que podremos ayudarle. 

+ Conserve la atribución La filigrana de Google que verá en todos los archivos es fundamental para informar a los usuarios sobre este proyecto 
y ayudarles a encontrar materiales adicionales en la Búsqueda de libros de Google. Por favor, no la elimine. 

+ Manténgase siempre dentro de la legalidad Sea cual sea el uso que haga de estos materiales, recuerde que es responsable de asegurarse de 
que todo lo que hace es legal. No dé por sentado que, por el hecho de que una obra se considere de dominio público para los usuarios de 
los Estados Unidos, lo será también para los usuarios de otros países. La l^islación sobre derechos de autor varía de un país a otro, y no 
podemos facilitar información sobre si está permitido un uso específico de algún libro. Por favor, no suponga que la aparición de un libro en 
nuestro programa significa que se puede utilizar de igual manera en todo el mundo. La responsabilidad ante la infracción de los derechos de 
autor puede ser muy grave. 

Acerca de la Búsqueda de libros de Google 



El objetivo de Google consiste en organizar información procedente de todo el mundo y hacerla accesible y útil de forma universal. El programa de 
Búsqueda de libros de Google ayuda a los lectores a descubrir los libros de todo el mundo a la vez que ayuda a autores y editores a llegar a nuevas 
audiencias. Podrá realizar búsquedas en el texto completo de este libro en la web, en la página |http://books .google .comí 



HISTORIA 

POLÍTICA Y MILITAR 



DE LAS 



RlPBBLlCiS DÍL PlíTi 

DESDE EL AÑO DE 1S-2S DASTA ti, D8 1866 

POR ANTONIO DÍAZ 



PARTE TERCERA — TOMO VÍU 



><i"«*l.*^ •. 






n 



^^7 



r-- . 



MONTEVIDEO 

IMPRENTA DE lEL SIGLO» CALLS 25 DE MAYO NUMERO 58 

1878 






í 



ir 






TOMO VIH 



CAPITULO I 



OOIVCLUYE KL OAflTUtiO AXTKHIOIí 



BASES PARA LA PACIFICACIÓN DEL RIO DE LA PLATA PRESENTADAS 
POR LAS POTENCIAS MEDIADORAS ( 1 ) 

Montevideo, Agosto 18 do 181G. 

Los Gobiernos de S. M. la Reina de la Gran Bretaña y de S. M. 
el Rey de los Franceses, han lomado en consideración las pro- 
posiciones hechas por el General Rosas á los plenipotencinri ?> 
de las dos potencias como base de pacificación de la Ropnblici 
Argentina y Oriental, con fecha de 26 de Octubre de 4843. Apio- 
ciando la solicitud que espresa el General Rosas para el resta- 
blecimiento del orden y de la paz, y la vuelta á las buenas 
relaciones comerciales que hasta aqui han unido á las dos 
Repúblicas, con los Gobiernos de Inglaterra y Francia, estos 
sintiendo no poder acojer tales proposiciones en su forma pre- 
sente, no tienen sin embargo ninguna vista interesada, y no 
teniendo otro desoo que ver seguramente establecida la paz e.i 
los Estados del Plata, tales como están reconocidos por los tra- 
tados : confiados también en el deseo espresado por el General 



( 1 ) Estos importantes do(!?imcntos lian sido traducidos do !a versión 
oficial publica<la oii las Cortos d(í Inglaterra y Francia. 

yola del autor. - 



■dtf^síi.u. 



4 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

Rosas de cooperar al restablecimiento de la traaquiliJad, con 
arreglo á los principios de justicia y de equidad, han acordado 
de concierto las proposiciones siguientes, con el objeto de 
llegar k un arreglo completo y definitivo de las diferencias 
actuales. 

h. El General Rosas reunirá sus esfuerzos á los de las dos 
potencias, á efecto de obtener una suspensión inmediata de 
las hostilidades entre las fuerzas orientales de la ciudad de 
Montevideo, y, las que ocupan la campaña. Aceptación del Go- 
bierno de la República del Uruguay — primera base — El Go- 
bierno de la República asociado anteriormente á todas las ten- 
tativas hechas por los representantes de las potencias mediado- 
ras ó por sus almirantes para obtenerla suspensión de hostili- 
dades, y ha hecho esfuerzos repetidos aunque infructuosos, 
para obtener el cambio de los prisioneros y la regularizacion 
de esta guerra cruel. Acepta pues esta base con satisfacción ; 
y no solamente hará todo lo que dependa de él para que el ar- 
misticio se realice lo mas pronto posible, pero todavía propone 
al mismo tiempo, la de estenderla á todos los puntos del terri- 
torio donde existen fuetizas sometidas á su autoridad. 

2"*. Establecido el armisticio los plenipotenciarios inglés y 
francés reclamarán del Gobierno de Montevideo el desarme in- 
mediato de la lejion estranjera asi como el de los demás estran- 
geros armados que forman la guarnición de Montevideo, ó que 
p:iedan estar en armas en toda otra parte déla República Orien- 
tal. 

3^. Al mismo tiempo que se ejecute el desarme, el General 
Rosas hará evacuar todos los puntos del territorio Oriental, 
por la totalidad de las tropas argentinas, oficiales y soldados 
segunda y tercera. 

Segunda y tercera bases — Las instrucciones de los Gobier- 
nos mediadores á sus Plenipotenciarios, y las notas reiteradas 
de estos habían presentado la evacuación del territorio Oriental, 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 5 

por las tropas argentinas por nna medida esenciafmente prea- 
lable que debía preceder toda negociación para el restableci- 
miento de la par. En ese pensamiento, varias Teces espresado, 
el Gobierno aceptó la mediación en el momento en que le filé 
propuesta. Sin embargo, la evacuación del territorio no forma 
mas que una de las bases de la negociación. Por otra parle el 
desarme de los extranjeros del cual no se habla en las instruc- 
ciones de los Gobiernos mediadores, sino en las notas de sus 
plenipotenciarios, no habla sido prometido según los últimos 
documentos, sino después, r como consecuencia de la evacua- 
ción ,- V hov, ella debe tener iuijar inmediatamente y al mismo 
tiempo que esle. — En fin, esas mismas notas de los plenipo- 
tenciarios no se ocupaban sino del desarme de sus nacionales 
respectivos, mientras que ahora es cuestión de desarme de to- 
dos los extranjeros. 

Sin embargo, el Gobierno de la República acepta la 2* y laíi^ 
proposicioií en todo su contenido como habría aceptado las pro- 
posiciones precedentes, lisonjeándose que ios señores pleni- 
potenciarios pensaran quesería conforme al principio de reci- 
procidad exijir del Jefe délas fuerzas sitiadoras (]ue al mismo 
tiempo que se desarmen los estrangeros que están al servicio 
del gobierno, se proceda á desarmar otros estranjeros, no ar- 
gentinos, que sirven en las filas de Oribe. Parece que se puede 
con justicia dar esle senlido anterior de segunda base que pres- 
cribe el desarme de los cstraníícros no solamente e.i Montcvi- 
deo, sino en todo el territorio de la llej)ública. En ese número 
se encuentran particularmente los subditos españoles ipie el 
(ieneral Oribe conserva á su servicio, á pesar de las rochimíicio- 
nes del Encargado de Negocios de S. M. C. cuando el Gobierno 
ha licenciado todos los que estaban á su servicio e:i el momento 
en que eso se le exigió. Esta medida de reciprociihid, tan justa 
en sí misma, hubiera sin duda influido de una manera especial 
como prueba de la imparcialidad de las potencias mediadoras, si 



6 HISTOBU POLÍTICA T MILITAR 

ellas hubiesen sido exactamente informadas de la composición 
de los ejércitos belíjerantes. 

4*". En el momento en que la legión extranjera y demás ex- 
tranjeros residentes en Montevideo hayanse desarmado, y que 
las tropas argentinas hayan sido retiradas del territorio de la 
República Oriental, el bloqueo de Buenos Aires se levantará, la 
Isla de Martin García será evacuada, los buques de guerra ar- 
gentinos serán devueltos armados tan pronto como sea posible 
en el mismo estado en que estaban cuando fueron tomados. 

El pabellón de la República será saludado con veinte y un 
cañonazos y todos los buques mercantes con sus cargamentos se- 
rán restituidos de una y otra parte á sus propietarios respec- 
ti vos. 

Cuarta base — El Gobierno acepta esta proposición no so- 
lamente á causa de las garantías que ella le ofrece, para la eva- 
cuación de su territorio, sino por la obligación que ella le 
impone de evacuar la isla de Martin García: 

o."* La navegación del Paraná será reconocida navegación in- 
terior de la Confederación Argentina, y sometida solemnemente 
á sus leyes y reglamentos mientras que la República continué 
ocupando las dos riberas de dicho rio. 

6."* Es plenamente admitido y recenocído que la República 
Argentina está en posesión y goce incontestable de todos los de- 
rechos sean de paz ó guerra, que pertenecen á un Estado inde- 
pendiente; si el curso de los acontecimientos que han tenido 
lugar en la República Oriental ha puesto á las potencias aliadas 
en la necesidad de interrumpir momentáneamente el ejercicio 
de derecho de guerra de parte de la República Argentina que los 
principios por los cuales ellas han obrado, hubiesen sido 
en circunstancias análogas aplicables á la Gran Bretaña y á la 
Francia. 

Quinta y sesta bases — El Gobierno no tiene ninguna diGcul- 
tad en dar su aceptación plena y entera á esas dos bases, cuyo 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 7 

cobtenido no le concierne. En cuanto á los principios que se 
encuentran establecidos en ellas no son sino el reconocimiento 
de la soberanía nacional que existe de la misma manera en la 
República del Uruguay. 

7.' Cuando el desarme de las tropas extranjeras de Montevi- 
deo tenga lugar, y las tropas argentinas hayan evacuado el terri- 
torio Oriental, se procederá por la Presidencia de este Estado 
auna nueva elección según las formas proscriptas por la Cons- 
titución. Esta elección será hecha libremente y sin presión de 
ninguna parte que sea, declarando anteriormente el General 
Oribe que admitirá el resultado. 

Sétima base — £1 Gobierno de la República acepta esta base 
con toda la fuerza de su mas vivo reconocimiento. Por obtener 
lo que ella establece se ha derramado mucha sangre, y so han 
impuesto muy dolorosos sacrificios en esta República. 

Cuando llegue el momento tan deseado de su ejecución, el 
Gobierno tendrá gran cuidado de dar órdenes conformes á la 
institución y á la ley electoral, para que se proceda á la nueva 
elección en las formas prescritas, con toda la libertad necesaria, 
y libre de la presencia y de la intervención de toda fuerza armada. 
Es del caso hacer notar aqui á los señores plenipotenciarios, 
que después de un trastorno como el que el pais ha sufrido es 
imposible esperar que la paz que se celebre sea sólida y durable 
si el nuevo Gobierno creado por consecuencia de esta elección, 
no se encuentra sostenido por la garantía estipulada de las dos 
potencias que concurran ásu creación, y que tienen interés en 
que se consolide, á fin de que las circunstancias que motivaron 
su intervención no se renueven. 

8.® Una amnistía general y completa, se proclamará, con toda 
la seguridad para las personas y las propiedades, con el olvido 
del pasado. Los derechos de los extranjeros serán respetados, 
y sus reclamaciones lejitimas, de cualquier naturaleza que sean 
admitidas. Pero esta amnistía no impedirá que los emigrados 



8 BISTORU política T IflUTAft 

ai^entinos residentes en Montefidteo íf&e pnedao espareir justas 
sombras al Gobierno de Baenos Aires y eomprMieter b iMiena 
armonía entre ambas RepúbKcas, sean trasportados á sn elec- 
ción al puerto extranjero mas vecino 6 transferidos bajo buena 
escolta á lagares citados sobre la costa ó sa Tecindad en cnal- 
qnier otro lugar del interior que ellos pudiesen designar. 

Octava base — La amnistía general j completa sin ninguna 
restricción para las personas j propiedades, y el olvido mas 
sincero de todo el pasado, no son para el Gobierno sino la con- 
firmación de su doctrina, y la aplicación de una disposición 
lejislativa, que se ha apresurado á proponer á la Asamblea Ge- 
neral el 11 de Agosto de 1845, anunciando la mediación de las 
dos potencias — - En cuanto á los derechos y á las reclamación 
nes lejítimas de los extranjeros, el respeto mas inviolable es 
una ley de la nación y el principio de su Gobierno. 

d."" Cuando .el General Rosas y el General Oribe hayan dado 
su adhesión á las estipulaciones que preceden, si el Gobierno 
de Montevideo rehusa licenciar las tropas extranjeras, y parti- 
cularmente desarmar las que hacen parte de la guarnición de 
Montevideo, ó retardasen sin necesidad la ejecución de esta 
medida, los plenipotenciarios declararán que han recibido la 
orden de cesar toda comunicación ulterior, y se retirarán en 
consecuencia, en el caso en que sus recomendaciones y su 
desempeño quedasen sin efecto. 

En ese mismo caso sin embargo, ellos deberán antes de re- 
tirarse obtener del General Oribe la promesa oflcial de una 
plena amnistía como queda dicho, así como las garantías para 
la seguridad de los estrangeros que habitan sea la ciudad, sea 
la campaña por todas las eventualidades ulteriores que pudieran 
presentarse. 

[Firmado] — • Guizot. 
Barón Deffaudis. 

Es copia conforme. 

París, 3 de Mayo de I&16. 



DK LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 9 

Noveno. £1 Gobierno Oriental considera, qae esta l!>ase no liga- 
ra en el proyecto síeó como una garantía para que elGobierno de 
Buenos Aires acepte las que preceden ; porque el Gobierno de 
la República, ha aceptado ya hace mucho tiempo las que le 
coociemen en este proyecto, y por consecuencia él debe sola- 
mente decir con respecto á esta noiena base, que no tiene apli- 
cación ; ni cree que ella pueda tenerla, desde el momento que 
se tiene la certeza, de que la ejecución estricta, fiel y leal de 
todas tas otras, no sea interrumpida en su parte por actos que 
puedan ser reprobados con justicia, y que por consiguiente las 
consecuencias de esta estipulación son aceptadas, si la estricta 
y leal ejecución de las precedentes hiciese necesaria su recla- 
mación. \ 

Montevideo, Agosto 27 do 1846. 

Es copia conforme. 

Firmado — Francisco Magariítos. 

• 

Como se vé, pues, el primero de estos articulos parece que 
hiciese completo abandono de un punto establecido por las 
negociaciones seguidas hasta entonces. Es decir, que el General 
Rosas era el autor y el principal instigador de esta guerra. Pero 
no era así : por el contrario, el nuevo tratado declaraba, no que 
debiese cesar inmediatamente toda hostilidad, sino que se 
uniría y ají taria en combinación con las dos potencias para obte- 
ner la suspensión de las hostilidades entre las fuerzas dé la 
ciudad y las de la campaña, cambiando así el carácter de la 
guerra, en el de guerra civil entre los dos partidos de la Repú- 
blica Oriental é introduciendo esta ficción como base sirviendo 
también de llave á los demás artículos. 

Un inconveniente resultaba sin embargo de esta hipótesis y 
era reconocer en el General Oribe el carácter de principal beli- 
gerante, cerca del cual el General Rosas no aparecía sino como 
aliado. De ahí resultaba la necesidad de comprender al General 



10 HISTORIA POLÍTICA Y MlLITAk 

Oribe en las negociaciones^ io que introducía nuevas dificulta 
des desde que el General Rosas no cesaba de reconocer á Oribe 
como Presidente legal de la República Oriental ; calidad que le 
habia sido constantemente negada por las potencias mediado- 
ras. La consecuencia natural de estas bases ficticias era faltar 
al objeto propuesto en los otros artículos, porque aunque aque- 
llos fuesen aceptados en apariencia por el General Rosas con 
algunas modificaciones (la suspensión del bloqueo) al mismo 
tiempo que el establecimiento del armisticio, esta aceptación 
se hacia condicional, mediando la de Oribe. El General Rosas 
decia : « los principales artículos no me conciernen personal- 
« mente ni se relacionan con el Estado que jo represento : ellos 
« atañen mas bien al General Oribe como mandatario de jure 
« del Uruguay. » Desde que toda negociación era imposible con 
Oribe, esta no tuvo ningún resultado y las cosas quedaron en 
el statu quo. En tal situación ningún cambio tuvo lugar : con- 
tinuó el sitio de Montevideo por el General Oribe y el bloqueo 
de Buenos Aires por las escuadras combinadas. 

Los Gobiernos de Francia é Inglaterra resolvieron hacer toda- 
vía un esfuerzo, y en consecuencia en el mes de Abril del año 47, 
el Conde Walewski, partió de Inglaterra con instrucciones para 
negociar una vez mas sobre las bases que habia dejado estable- 
cidas Mr. Hood, y en caso necesario arreglar una convención 
militar con el General Oribe. Véanse cuales fueron los resulta- 
dos. Después de nuevos esfuerzos para encaminar la negocia- 
ción. Lord Howden concluyó por declarar que la intervención 
de la Gran Bretaña habia cesado en el Rio de la Plata, retirán- 
do en seguida los buques que bloqueaban á Buenos Aires, y 
dejando á la Francia entender sola en la cuestión, sin la inter- 
vención de la Inglaterra, según conviniese mejor á sus intereses. 

Debemos esponer, sin embargo, en algunas lineas, las princi- 
pales circunstancias que se agregaron á esta negociación fraca- 
sada, apoyándonos en lo posible en los documentos que hablan 



DE US REPCBLICAS DEL PLATA 11 

por si mismos y á los que oportunamente dedicaremos algunos 
comentarios. 

Apenas llegado al Rio de la Plata Lord Howden se dirijió á 
Buenos Aires, sin detenerse en Montevideo. El conde Walewski y 
el almirante Lepredour habian desembarcado en Buenos Aires 
el7 de Mayo, y ellO llegó el plenipotenciario inglés ; los dos 
Ministros entablaron sus negociaciones desde ell 1 , haciendo 
conocer al Gobierno Argentino el objeto de su misión — La car- 
ta dirijida por Lord Howden al Ministro Arana, está concebida 
en estos términos : « El abajo firmado, par del Reino Unido de 
« la Gran Bretaña é Irlanda, caballero de varias órdenes, coro- 
ne nel del ejército de S. M. B., enviado extraordinario y Ministro 
< Plenipotenciario cerca de la corte de S. M. el Emperador del 
« Brasil, y en estos momentos encargado de una misión especial 
« cerca de la Confederación Argentina y de la República Orien- 
te tal del Uruguay, ha recibido orden de su Gobierno, de infor- 
« mar á S. E. el señor D. Felipe Arana, Ministro de Relaciones 
« Exteriores de la Confederación Argentina, que, á consecuencia 
« de la aceptación por todas las partes interesadas, de los arti- 
ce culos que forman las bases de pacificación presentada por 
4( Mr. Hood, los Gobiernos de la Gran Bretaña y de la Francia, 
« tomando en consideración el único obstáculo que impedia la 
« ejecución plena de este arregto, han resuelto de común acuer- 
« do acceder á la demanda hecha por los Generales Rosas y 
« Oribe, levantando en consecuencia el bloqueo en ambas ribe- 
« ras del Plata, y estableciendo al mismo tiempo un armisticio 
4( con la suspensión bonafide délas hostilidades entre los héli- 
ce jerantes. Al hacer esta notificación á S. E. el Sr. D. Felipe 
« Arana el abajo firmado rueg:i á S. E. quiera tener la bondad de 
« señalarle el momento mas próximo para poder ponerse en re- 
« lacion con él, á fin de que el presente arreglo sea acordado y 
4( ejecutado inmediatamente. » 

Firmado — Howden. 

Buenos Aires, 18 de Mayo de 1847. 



<2 H1ST0«U POLÍTICA T MILITAR 

V 

Como medida pretíminar k)s plenipotenciarios pidieron la 
suspensión de las hostilidades entre los beligerantes por medio 
de la intervención de los Jefes de las escuadras, arribándose 
ett consecuencia á una convención que faé firmada. 

La primera conferencia sobre el arregfo principal tuvo lugar 
eM3 de Mayo, y el 14 los plenipotenciarios dirijieron al señor 
Arana su proyecto de arreglo concebido en estos términos : 

CONVENCIÓN PABA LA PACIFICAGiaN DEL PLATA 

A nombre del Gobierna Francés y 

A nombre del Gobierno de la Gran Bretaña por una parte ; 

A nombre del General Rosas, Gobernador de la Provincia de 
Buenos Aires encargado de las Relaciones Exteriores de la Con- 
federación Argentina, y . . . . 

A nombre del General Oribe, calificándose Presidente provi- 
sorio de la República Oriental del Uruguay por la otra ; 

A nombre de D. Joaquín Suarez Presidente provisorio de la 
República Oriental del Uruguay en tercer lugar ; 

Se ha convenido en los artículos siguientes, cuyo objeto es 
poner fin á las hostilidades que tienen lugar desde algún tiempo 
en el Rio de la Plata y los paises vecinos, y de confirmará la 
República Oriental del Uruguay, en el goce de su independen- 
cia, que todos los contratantes desean mantenerle por la pre- 
sente convención. 

Art. 1.® Desde el momento que la presente convención sea 
firmada por todas las partes contratantes, se suspenderán inme- 
diatamente todas las hostilidades en mar y tierra entre las 
citadas partes, suspendiéndOvSe en el acto el bloqueo. 

Art. S.** La legión extranjera así como todos los demás extran- 
jeros armados que forman la guarnición de la ciudad de Monte- 
video, (V(|ue estén en armas en cualquier otra parte de la 
República Oriental, serán inmediatamenle desarmados, y los 
comandantes de las ftierzas navales de Francia é Inglaterra 



DE LAS REPaSLICiS DEL PLATA 13 

autorizados y obligados á asegurar el camplimieaio de esta 
disposición, 

Art. 3.** Los Generales Rosas y Oribe se obligan á retirar 
inmediatamente de todos los puntos del territorio Oriental la 
totalidad de las tropas Argentinas que existen en él. 

Art. 4.** Los buques de guerra argentinos serán inmediata- 
mente restituidos al Gobierno Argentino, en el mismo estado si 
es posible en que se encontraban cuando fueron tomados : la 
isla de Martin García será también restituida al Gobierno Argen- 
tino : todos los cañones y banderas tomados por cada una de 
las partes serán también restituidos á los que hayan sido toma- 
dos, y todos los buques mercantes apresados, así como sus 
cargamentos, serán devueltos en todas partes ásus propietarios 
primitivos. 

Art. 5." Los rios Paraná y Uruguay serán reconocidos como 
aguas interiores, cuya navegación está sometida á los derechos 
territoriales, que según la ley general de las naciones son apli- 
cables á las aguas interiores. 

Art. 6.° Queda plenamente admitido y reconocido que la 
República Argentina y la República Oriental del Uruguay que- 
darán positivamente en la |)osicion incontestable y el ejercicio 
de todos los derechos sea de paz sea de guerra que posee toda 
nación independiente, y si la marcha de los acontecimientos 
que han tenido lugar en la República Oriental, ha puesto á las 
potencias aliadas en la necesidad de ocasionar una interrupción 
momentánea al ejercicio del derecho de guerra de la República 
Argentina, queda formalmente admitido, que los principios por 
los cuales las dos potencias han obrado, habrían sido aplicables 
en iguales circunstancias ya sea á la Inglaterra, ya á la Francia. 

Art. 7.** Después de operado el desarme de las tropas extran- 
jeras en Montevideo y que las de la República Argentina hayan 
evacuado el territorio Oriental, se procederá á una nueva elec- 
ción para Presidente de esta República, según las formas pres- 



14 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

criptas persa Constitución. Esta elección será libre, sin presión 
de ambas partes, y el General Oribe declara por el presente 
acto que acepta el resaltado de dicha elección. 

Art. 8.** Se publicará una amnistía general y completa, por 
ambos Gobiernos, de Buenos Aires y Montevideo, con entera se- 
guridad para la vida y las propiedades, así como el olvido del 
pasado. Los derechos de los extranjeros serán igualmente res- 
petados y sus acciones legítimas admitidas, de cualquier natu- 
raleza que ellas sean. 

En fé de lo cual los infrascritos debidamente autorizados por 
sus respectivos Gobiernos firman y sellan la presente. 

El 28 de Mayo se propusieron algunas modificaciones á estos 
artículos: un contraproyecto apoyado por una memoria fué 
presentado á los plenipotenciarios por orden del General Ro- 
sas. Su Ministro el señor Arana sostenia que aquel proyecto, 
estaba de todo punto conforme á las bases presentadas por M. 
Hood y aceptadas por tocias las partes — Véase ese documento. 

CONVENCIÓN DE PAZ PROPUESTA POR EL GENERAL ROSAS PARA LAS 

I 

REPCBLICAS DEL RIO DE LA PLATA 

Art. 1°. El Gobierno Encargado de las Relaciones Exteriores 
de la Confederación Argentina, consiente en la suspensión in- 
mediata *de las hostilidades entre las fuerzas Orientales déla 
ciudad do Montevideo, y las de la campaña, desde el momento 
en que esta convención haya sido firmada y ratificada por S. E. 
el Presidente D. Manuel Oribe. 

2". Establecido el armisticio con el consentimiento de S. E. el 
Presidente D. Manuel Oribe SS. EE. los plenipotenciarios de la 
Gran Bretaña y de la Francia, e?L¡jirán del Gobierno de Monte- 
video, el desarme inmediato de la legión estranjera, y de todos 
los estranjeros que hayan podido tomar las armas y que hagan 
parte de la guarnición de la plaza de Montevideo, y que subsis- 
ten armados en todo otro punto de la República Oriental. 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 15 

S"*. Ai mismo tiempo que tenga lugar la ejecución del articu- 
lo precedente, el Gobierno Encargado de los Negocios de la Con- 
federación Argentina hará retirar de todos los puntos del ter- 
ritorio Oriental las tropas de Buenos Aires, oñciales ó soldados, 
al momento que su aliado el Presidente D. Manuel Oribe haya 
firmado y ratificado la presente convención, la cual contendrá 
una estipulación espresa para su consentimiento á esta medida. 

í"". El bloqueo de Buenos Aires se levantará al mismo tiem- 
po que tenga lugar la suspensión de las hostilidades, é inme- 
diatamente después la legión y demás estrangeros de Monte- 
tideo serán desarmados y las tropas argentinas retiradas del 
territorio Oriental ; la Isla Martin García y todos los buques 
restituidos en el estado en que se encontraban en el acto de su 
captura ; la bandera de la República Argentina será saludada 
con 21 cañonazos ; los cañones y las banderas tomadas por una 
y otra parte serán devueltos, y las partes contratantes restitui- 
rán á sus legítimos propietarios los buques y cargamentos que 
hayan sido apresados. 

5^. La navegación del Paraná quedará reconocida navegación 
interior de la Confederación Argentina y sujeta únicamente á 
las leyes en reglamento de ese país : en igual caso se considera- 
rá la navegación del Uruguy, común con el Estado Oriental. 

6*. Los Gobiernos de S. M. B. y de S. M. el Rey de los Fran- 
ceses que han declarado de su propia voluntad en su proposi- 
ción de paz el 5 de iLayo de 1846, que la República Argentina 
seaen tiempo de paz ó de guerra, goza del derecho incontes- 
table que pertenece á toda nación independiente ; y que si los 
acontecimientos que han tenido lugar en el territorio Oriental, 
han obligado á las potencias aliadas á interrumpir por el mo- 
mento los derechos de beligerante, de parte de la República 
Argentina; sin embargo que ellos admiten plenamente que los 
principios por los cuales han procedido serian aplicables en 
análogas circunstancias, ya sea á respecto de la Gran Bretaña 



16 Misratu roilTici t muitia 

va de la Francia, admilen eo cuaoto á esta últiiiu dedaradoo 
q«e el Gobieroo Argeotiiio se reserra ei derecho de discalir en 
üempo T lagar oporUiao coo ambos Gobiernos, eo lo concer- 
nieole á la aplicacioa de ese principio. 

7.* Si el Gobierno de MooteTideo se rebosase al desarme de 
las tropas eilranjeras, y sobre todo, al de las qae forman la 
gnaroicioQ de Montevideo, 6 si, sin necesidad se retrocediese 
en la ejecución de esta medida, los plenipotenciarios declaran 
que han recibido orden de cesar toda intenrencioo interior, y 
en consecuencia se retirarán en el caso en qoe sus recomenda- 
ciones y representaciones sean inútiles. ^ 

8.*" La presente couTencion será firmada, en tres ejemplares 
para ser ractificada, etc. 

A este documento se adjuntaba una nota espKcativa del seiíor 
Arana. Esta nota recomendaba b aceptación del provecto ane\o, 
fundándose en que él era en sustancia completamente semejante 
alas proposiciones de M. Hood. 

Los principales argumentos contenidos en esa nfita, tenían 
por objeto provocar una réplica de parte de los plenipotencia- 
ríos. Esta tuvo lugar en efecto, y es la siguiente : 

^ot<ft eoloetlT>tt atrljidtt por loes 3klin litros PlonipotencÍ43urio« 

Buenos Aiivs Junio i de 1^7. 

« Los plenipotiHiciaríos abajo firmailos ban recibido b nota 
qne S. E. el señor Ministro de Relaciones ExtiHiores les ha 
diríjido con fecha ¿8 de Mayo, asi como la memoria es|riicaliTa 
y el provecto de convención qne se anexan. 
» IVspues de un nicHlar\> examen de todas esas pieía^ kis ple^ < 

ni|>olenciaríos que suscnUní tienen el ht^nor de espiHier lo q«í 
sigue áS. K. el Sr. Ai^^^na^ Mini$tnM)e Relacloni^ Exterior»^ de 
la OonitHler^cion Ar^i^nliiKi. 
Totlas laj» )^rtt>» tvj^t^l^n de acn^nxlo u^obiv es# imnUn qoe las ha- 



DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 17 

ses do pacificacioQ presentadas por M. Hood, son lapíeJra fun- 
damental sobre la cual debe reposar la negociación cuyo objeto 
es restablecer la paz entre las Repúblicas del Plata, asegurando 
la perfecta y absoluta independencia del Estado Oriental del 
Uruguay. 

Pero las proposicioaes de M. Hood no son en si mismas, sino 
un elemento informe, al cual es indispensable dar una contesta- 
ra regular y práctica. 

En efecto, la misión de M. Hood se limitaba á negociar con las 
diferentes partes interesadas, para obtener suadbesion á ciertas 
liases, quedebian servir de punto de partida, para arribar á un 
arreglo definitivo, Mr. Hood, después de haber obtenido la ad- 
hesión de las partes, se remitió á sus instrucciones, que eran, 
remitir la aceptación de los interesados á los plenipotenciarios 
de Francia é Inglaterra, k los cuales competía convertir las ba- 
ses preciUidas en un instruímnlo que |)ermiliera proceder re- 
gularmente á la ejecución de las partes que acjuellas encerra- 
ban. Asi, pues, no se creaba un discusión relativa á la época de 
la cesación del bloqueo, y terminando la misión de Mr. Hood, 
empezaba la de los plenipotenciarios-, que consistía, como seh a 
dicho antes, en dar una forma práctica y regular, á lo que no era 
todaviasino un simple preliminar, que contenia sin embargo 
todos los elementos de la negociación. 

Mas tarde resolvieron acceder los Gobiernos de Francia é In- 
glaterra á la modificación propuesta por los Generales Rosas y 
Oribe, relativamente á la época de la cesación del bloqueo, úni- 
co disentimiento que impedia á las partes esUu* de acuerdo, 
ocupándose ellos mismos en encontrar la forma mas propia pa- 
ra dar á un documento, entera v esclusivamente fundado sobre 
las bases aceptadas. 

Ambos Gobiernos han pensado que en un negocio correlativo 
entre varios interesados, y del cual los unos hacen depender 
la ejecución de sus compromisos del consentimiento de los 



18 nSTORIA POLÍTICA T MURJlft 

Otros, el único modo que permite llegar á ana soIndoQ satis- 
£ietoria, ern el ile ODa conTeocioa en la cual toUos los üilerese:» 
tomasen parte. 

Pero, actos separados, presentaron i la ejecoeion, dificulta- 
des e^6\ insuperables. El proyecto de tratado que S. E. el se- 
ñor Arana acatia de transmitir á los plenipotenciarios, es la 
demo.stracíon mas clara de este hecho. 

Los plenipotenciarios ruegan pues á S. E., que se conrenza, 
que ellos no cesarán de contribuir en estos debates, con el mas 
sincero deseo de conciliación, esperando que el Ministro de 
Relaciones Esteriores tomará por su parte en su verdadero 
sentido, las observaciones que siguen, con disposiciones seme- 
jantes. 

La ejecución de los tres primeros artículos del proyecto 
del señor Arana, í|ueda completamente subordinada al con- 
sentímifrnto de un tercero, S. E. el General Oribe, que no 
forma df; ninguna manera parte en el tratado, para intenre- 
nír entre los dos Gobiernos y el Gobierno Argentino. Esos tres 
artículos que encierran las estipulaciones mas importantes de 
la negociación, pueden ser invalidados ipso fació, por el hecho 
de rehusarse el General Oribe, quedando desde luego ilusorias 
y sin objeto. 

Pero, se dirá, en la aceptación de las proposiciones Hood, 
S. E. el (iobernador de Buenos Aires había estipulado que no 
consentiría en la retiñida de sus tropas sino en caso de consen- 
tirlo así el General Oribe etc. etc. Eso es cierto, y es justa- 
mente en vistíi de esos intereses correlativos, de esos com- 
promisos condicionales , resultantes de la aceptación de las 
proposiciones Hood, que los Gobiernos de Inglaterra y Francia, 
después d^; un maduro examen, han acordado la forma de una 
convención en la cual tomarían parte todos los intereses, como 
el mejor medio de poner en ejecución las bases Hood. 

En efecto, siendo parte en la convención el General Oribe, y 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA \9 

aceptnndo todas las cláusulas, no quedaba aí Gobierno de Bue- 
nos Aires ninguna refereuda ni reserva que hacer. Dee§lo, U 
gran ventaja, de una convención general, única, sobre varias 
convenciones particulares. 

Los plenipotenciarios que suscriben penetrados de esta con- 
vicción, tienen el honor de trasmitirá S. E.el Ministro de Re- 
laciones Exteriores, un proyecto db convención, la que tanto en 
la forma, como én el fondo, es enteramente conforme á las ba- 
ses^ de pacificación do Mr. Hood, salvo las modificaciones quo 
los Gobiernos de Francia é Inglaterra, han creido deber intro- 
ducir para tomar en justicia cuanto fuese posible las observa- 
ciones con que los Exmos. Generales Rosas y Oribe, han 
acompañado su aceptación -de dichas bases. 

Los plenipotenciarios sienten* vivamente, que el Gobierno 
Argentino no haya mirado esta convención, como el medio mas 
seguro y satisfiíctorio de arribar al it?suUado, al cual deben ten- 
der los esfuerzos dfe todos. 

LosGobiernosde Francia ó Inglaterra, profesan en sus rela- 
ciones con los demás Estados, supremo respeto por las suscepr 
tibilidades nacionales, para dejar subsistir on esíe proyecto do 
convenio la menor enunciación, cuya naturaleza sea producirla 
menor sombra de atentado (i la dignidad del Gobierno Argenti- 
no. Sin embargo, si la repugnancia de Buenos Aires, para una 
convención general, es invencible, los abajo firmados no desean 
otra cosa, que esclarecerla, y buscar con el Sr. Arana los me- 
dios de convertir las bases de pacificación, en una forma á la 
vez ejecutable y conveniente. 

Será fácil á los pl^nipotenciarros que suscriben, demostrar 
que el prospecto de? conrencion que se les ha propuesto, no 
responde á ninguna de esas dos condiciones — Para ello, basta 
examinar imparcialmente, cuál sería en esta convención, la po- 
sición respectiva de cada parte. 

Por unlado, los Gobiernos dfe Francia é Itiglaterra se com- 



20 HISTORIA POLÍTICA T MILlTAft 

prometen á levantar el bloqueo : á la restitacion de los boqaes 
(le guerra Argentinos, buques mercantes, etc-, etc., ala devo- 
lución de la Isla de Martin Garcia, comprometiéndose ademas, 
á reclamar el desarme de los estranjeros en Montevideo. 

¿Que ofrece en cambio el Gobierno Argentino? -una cosa 
ñnica — el retiro de las tropas Argentinas del territorio Orien- 
tal — Pero esta cláusula subordinada á una primera condición, 
el desarme de los estrangeros, se encuentra completamente 
anulada por el fin del parágrafo, que somete la ejecución á la 
voluntad absoluta de S. E. el Sr. General Oribe. ¿Sería equita- 
tivo tal arreglo ? — los plenipotenciarios que suscriben, lo so- 
meten á la consideración del Sr. Arana — Por un lado, en lugar 
de una convención que puede ser ejecutada inmediatamente, se 
redacta bajo forma de tratado, el proyecto trasmitido, sujeto á 
ratificación, para lo cual se deja un interregno de ocho meses 
— Es imposible admitir que pueda ser sometida esa ejecución 
en circunstancias tan apremiantes, en el pensamiento del Go- 
bierno Argentino. 

Los abajo firmados esperan pues, que después de considerar 
las observaciones que han creido deber mencionar, el Gobierno 
de Buenos Aires reconocerá, que el proyecto de tratado trasmi- 
tido por S. E. el Ministro de Relaciones Exteriores, no es admi- 
sible. 

Animados de un deseo de conciliación tan vivo como sincero, 
los plenipotenciarios suscritos, están prontos á renunciar al 
proyecto de una convención general firmada por todas las 
partes, aunque ese procedimiento les parezca el mas propio para 
alcanzar el común objeto : reunirán sus esfuerzos á los de S. E. 
elSr. Arana, para encontrar una forma que permita establecer 
una convención particular entre los Gobiernos de Francia é In- 
glaterra, y el Gobierno Argentino, sobre las bases de pacifica- 
eion presentadas por Mr. Hood. 

En la memoria esplicativa presentada por el Sr. Arana se lee 



DE LAS BEP0BL1CA5 DEL PLATA 2i 

lo siguiente : « El Gobierno Argentino considera como esencial, 
la división de la negociación para distinguir lo que concierne al 
Gobierno de la Confederación, de lo que respecta al Estado 
Oriental. » 

Los plenipotenciarios están prontos á adoptar ese principio 
formulado, en la primera consecuencia, y sin la obligación de 
poner fuera de cuestión toda referencia á S. E. el General Oribe. 

Si el Gobierno Argentino no cree poder empeñarse sin el 
consentimiento de S. E. el General Oribe, nada le impide con- 
sultar á dicho General, antes de toda discusión ulterior ; pero 
los plenipotenciarios no vacilan en declarar por su parte, que 
no podrían en ningún caso poner su firma, á una convención 
definitiva, cuyas principales cláusulas hubiesen sido subordina- 
das á la voluntad de un tercero, estraño á dicha convención. 

Habría, sin embargo, todavia un medio de remover esta difi- 
cultad. Los plenipotenciarios podrían resolver prealablementa 
con S. E. el General Oribe : el Gobierno Argentino no tendría 
desde entonces objeción, sin duda, para estipular separada- 
mente y sin ninguna referencia. Si tal fuese el deseo del Go- 
bierno Argentino, los plenipotenciarios en su sincero deseo de 
llegar á una solución satisfactoria se concertarán á ese respecto. 

Pero ante todo será indispensable convenir con precisión los 
términos del acta que intervendría entre los Gobiernos de Fran- 
cia é Inglaterra y el Gobierno Argentino. 

Los plenipotenciarios piensan antes que todo que el preám- 
bulo de una Convención, de^e contener una enunciación del 
objeto que se proponen las partes contratantes. El objeto de la 
presente Convención, es el de poner fin á las hostilidades, que 
tienen lugar desde algún tiempo en el Rio de la Plata y los paises 
vecinos, y de confirmar á la República Oriental en el goce de 
su perfecta independencia. 

Tal preámbulo seria por otra parte enteramente conforme 
con las declaraciones y los principios enunciados en diferentes 
ocasiones por el Gobierno de Buenos Aires. 



32 HISJOUIÁ POiíIIGA Y MIUTÁR 

Los artículos I", ü^ y 3", meaos lo reíeronte ú un tercero es- 
traño á la convención, deberán sin duda satisfacer á todas las 
partes. Los plenipotenciarios tomarán biyosa responsabilidad 
adoptar lo concerniente en el articulo í>", dejando al señor 
Arana la misión del texto exacto de las bases Hood ó el texto del 
articulo 5" del proyecto trasmitido el 14, pero cuya redacción 
no ha sido acordada por los gobiernos de Inglaterra y Francia 
sino en via de satisfacer ias observaciones del gobierno de Bae- 
nss Aires, consignadas en la aceptación de las bases con rela- 
ción al artículo 3", la declaración espontánea que los gobiernos 
de Francia y de Inglaterra han consentido en hacer, lo que debe 
parecer i)lenamente sati&íactorio al gobierno ^irgeutino, que en 
tanto que la parte á la cual os concedida se consideraría como 
enteramente satisfactoria y la aceptaría como tal, sin que pueda 
ser admitida ninguna reserva en una convención. El gobierno 
argentino no conservaría por esto menos derecho para discutir 
por la vía diplomática tal ó cual principio. O, si el gobiei'uo 
argentino lo ])refiriese, se podria suprimir totalmente en la 
convención el artículo 6*" ; los plenipotenciarios se obligan á 
hacer ese caso objeto de una comunicación adicional, que 
seria remitida al Exmo. señor Arana, cu el momento de firmar- 
se la convención, y sóbrelas cuales entonces podría S. E. guar- 
dar toda reserva acusando recibo. 

Por lo (|ue respecta al articulo 7", las bases precisan á la 
verdad la marcha que tendrán que seguir los plenipotenciarios 
en el caso en que el gobierno de Montevideo no se aviniese á 
sus representaciones : los abajo íirinados no vacilan en reiterar 
aquí la seguridad que si el gobierno de Montevideo se rehusase 
á licenciar las tropas estrangeras ó particularmente á desarmar 
las que forman parte de la guarnición de la ciudad, ó retardase 
sin necesidad la ejecución de esta medida, hai^án cesar toda in- 
tervención estcrior y se retirarán. Pero esta declaración muy 
normal en simj)les preliminares no es de una naturaleza que 



I>I tÁS RSPtBLlCAS DfiX. PLAtA 23 

• 

pa^da considerarse insertada en una convención defínitiya, á 
menos que nO se admita que el Gobierno de Montevideo al fir- 
mar las bases no se conforma 'estrictamente k la ejecución de 
las cláusulas que ellas encierran. 

Los plenipotenciarios tendrían que presentar todavia algunas 
observaciones relativas al armisticio, y á la admisión de los 
deredlios y de las reclamaciones legítimas de los estrangeros ; 
las consideraciones en las cuales S. E. el señor Arana con mo- 
tivo de su memoria esplicativa y los hechos que espone, dan 
la esperanza á los abajo firmados, que á este respecto, así co- 
mo algunos detalles de formia, las partes se entenderán sin 
dificultad. 

Los abajo firmados han creído de su deber responder categó- 
ricamente y por escrito á la memoria esplicativa de S. E., á fin 
de no dejar ninguna duda sobre las intenciones conciliadoras dé 
sus Gobiernos respectivos, relativamente á la negociación que 
se prosigue en este momento, é intenciones á cumplimiento de 
las cuales tienden todos los esfuerzos de los abajo firmados y 
que pueden reasumirse así : Encontrar nna forma de conven- 
ción regular y practicable que sea la creación mas exa<:ta, la 
espresion mas completa de las bases de pamficacion presenta- 
das por Mr. Hood, 

Los abajo firmados espera! que después que S. E. haya pe- 
sado las consideraciones que someten á sus luces les propor- 
cionará el medio de completarlas por esplicaciones verbales 
fijando una conferencia inmediata, en la cual acabarían, así lo 
esperan, de ponerse de acuerdo con S. E. el Ministro de Re- 
laciones Exteriores. 

A. WaLEWSKI — HOWDEN. 

Estas esplicaciones tuvieron lugar y ellas exigieron largas y 
acerbas discusiones incesantemente sostenidas por la parte del 
General Rosas, el señor Arana, á quien no se habia acordado 



24 BisTOiii rouncí t muitjji 

níngan poder discrecional, de manera que á la menor dificultad 
sojerída, se hacia necesario dirigirse al fieneral Rosas mismo* 
los que ademas de un continuo retardo producia desagradables 
Téjamenos á los altos p^Tsonajes encargados de la misión. 

A pesar de esos olistáciilos, los plenipotenciarios continuaron 
hacíearJo sus esfuerzos para obtener la adhesión del General 
Rosas al principal objeto que los guiaba. Ofrecieron aun S3ncii>- 
nar toda modificación ó concesión que no se opusiese «lirada- 
mente á la letra de sus instrucciones. Sus esfuerzos, sin em- 
bargo, fueion infructuosos porque después Je haber agotado 
toda especio de argumentos, y todo medio de persuasión, des- 
pués de haber llevado sus concesiones á los úllimos limites, las 
negociaciones se rompieron el 30 de Junio sin resultado algu- 
no, sin que se hubiese creado para ello ninguna dificultad aban- 
donándolas los plenipotenciarios sin esperanza y declanuidolas 
cerradas. 

Véase, sin embargo, de qué modo el General Rosas reseña 
las fases de esla negociación en su mensage oficial á la Cámara 
deRH. Empieza por la esposicion de las proposiciones de .M. 
Ilood en 1846, apoyadas como bases en otras proposiciones 
confiadas, en Octubre de 1845, por el Gobierno Argentino á M. 
íle Maariel; esplica en seguida el motivo porque han fracasado 
aquellas proposiciones, y da cuenta de la llegada de los Sres. 
Walewski y Howden, y la abertura de las conferencias. 

Reconoce la intención espresada por los nuevos plenipoten- 
cia rios de conformarse á las bases de un arreglo según el testo 
espreso propuesto por M. Hood, agregando « que esas bases 
eran redactadas de una manera mas segura bajo la forma de 
una convención, y^ y que el Ministro Argentino habia dado su 
adhesión á ellas, pero que habia cuidado de subordinar su con- 
•entimiento á la condición espresa que el nuevo proyecto sería 
conforme á las bases de M. Hood, á las que se agregarían las 
modificaciones reclamadas por el Gobierno Argentino. 



DK LAS BEPtBLICAS DEL PLATA 25 

Después de haber desenvuelto el proyecto de convención de 
los plenipotenciarios, el contra-proyecto con notas esplicativas, 
y la nota colectiva de los plenipotenciarios, el mensage conti- 
nuaba diciendo : 

« El Gobierno antes de fijar un día para la conferencia, res- 
pondió por escrito el 13 á la nota colectiva y espresó su deseo 
de entrar en discusión. En consecuencia tuvo lugar un reunión 
en ese día y en ella los plenipotenciarios antes de recibir la nota 
de esta fecha comunicaron confidencialmente un punto que 
deseaban ver arreglado ante todo ; se trataba del carácter que 
tenia que atribuirse al General Oribe en aquella convención, 
conviniéndose sin embargo que el Gobierno Argentino no podia 
escusarse de dar á este General el titulo de Presidente del Esta- 
do Oriental, desde que estaba reconocido en ése carácter en 
toda la estension de la Confederación Argentina; pero que era 
difícil según los plenipotenciarios, y hasta imposible recono- 
cerle por parte de ellos, por ser contrario á la política desús 
Gobiernos; y para los que no estaban en manera alguna autori- 
zados ; pero á fin de adoptar un plan conveniente á todos les 
parecia que uno de los modos siguientes podría adoptarse : 

4 .** Que cuando fuese necesario nombrar al General Oribe en 
la convención el Gobierno Argentino podría servirse de esta 
frase : « Mí aliado, bajo las órdenes del cual, ó á la disposición 
del cual se encuentran las tropas argentjnas. » 

O bien : 

2.** Que en la columna española de la convención podría ser 
designado por los títulos que el Gobierno Argentino tiene cos- 
tumbre de darle ; y en la columna Inglesa y Francesa se le daría 
el título de General, debiendo ser hecha esta declaración en las 
columnas Inglesas y Francesas ; á lo cual no se hizo ninguna 
objeción. 

Los plenipotenciarios agregaron (|ue su deseo era acordar 
con el Gobierno los puntos de la Convención, sin firmarlos, re- 



3ñ HISTORIA POLlnCÁ Y MfLlTAR 

mítiéndolos en seguida al General Orilie por los jefes de las es- 
cuadras, para asegurarse de ese modo si consentía en todo lo 
que le era concerniente, para según su resultado firmar ó no la 

Convención. 

Declararon también que creían eso el mejor espediente para 
impedir todo obstáculo, sobre todo, si tenian que debatir con el 
General Oribe la misma dificultad relativa a su carácter pi!ibli- 
co; que conociendo la política inconmovible de sus gobiernos, 
no podrían reconocer al General Oribe como Presidente. 

El Ministro argentino respondió, que lo dicho con referencia 
al General Oribe era completamente nuevo, que lo sometería á 
su gobierno y contestó mas tarde. 

Los plenipotenciarios hicieron conocer entonces su intención 
de someter otro' proyecto de convenio. 

En la conferencia del día siguiente, i i de Junio, se volvió á 
discutir sobre el titulo dd General Oribe; los plenipotenciarios 
lo declararon punto principal y reclamaron su solución antes 
de entregarse al examen de cláusulas menos importantes. Agre- 
garon que no podrían tomar en consideración ninguna parte 
del proyecto sin levantar esta nueva dificultad; considerándola 
de tal naturaleza que si no se encontrase el medio de allanarla 
las negociaciones no podrían terminar, no pudiendo como Mi- 
nistros entrar al fondo de la negociación, desde que nada se ob- 
tenía por un ari'eglo provisorio, ni divulgar la estension de sus 
posesiones desde que mas tarde todo debía anularse á causa de 
no haber resuelto la cuestión preaiable. 

Por lo domas, el Gobierno del General llosas podría repro- 
charles faltas de sinceridad, si sobre un punto sobre el cual 
tanto insistían, no hubiesen declarado que no tenian á ese 
respecto ningún poder discrecional, y que debían remitirse com- 
pletamente al ullimatmn de sus Gobiernos. Por lo demás re- 
conocieron al Gobierno Argentino el derecho de mantener su 
política respecto al General Oribe. 



DE LAS AEPCBUCAS DEL VlklÁ 27 

Los negociadores {uoposieron que ias i^seiTas no fuesen in- 
sertadas en uao ódos artículos adicioBales ; que su objeto era 
evitar una dificultad encarnada en la esencia misma del ik^o- 
ció ; queLaUian hecho todo lo que tie 'ellos d^^endia en lavia 
de las concesiones sin ser discredoaales sus jioder-es hacién- 
dose im:practicable una Convección gej^Tal -entre los cantil 
taates. 

£1 Ministro ArgeiHino respondió igualmente que su Gobierno 
no tenia poderes del General Oribe; que aquel general era re- 
conocido como Presidente legal por todas las .provincia.< de la 
('onfederacion Argentina, pero que resf)ond<;r¡a en la próxima 
conferencia á las reservas propuestas por los plenipotenciarios- 
Aquella confei^encia tuvo lugar el <G de Junio, Lejos de dar la 
respuesta prometida el JUinistro Argentino preguntó á los Ple- 
nipotenciarios si tcnian nuevas observaciones que hacer. 
Aquellos que contestaron que habían expuesto los motivos do 
esta opinión debía reconocer la primera dificultad y que mien- 
tras no se adoptasen esos medios creían inútil enti'ar en el 
examen del fondo haciendo renacer la discusión, que en conse- 
cuencia era esencial resolver qué titulo debía darse al General 
Oribe. 

Después de largos debates los plenipotenciarios leyeron un 
nuevo proyecto de convención, pero sin presentarlo oficialmen- 
te. Este [iroyecto no presentaba nuevas tnibas : se presentaba 
porque el Gobierno Argentino insistía en la ratificación de la 
convención. Se declaró por parte de los negociadores que la 
(I i ficnllad que sé presentaba era insuperable; que parecía ade- 
mas que el Gobierno Argentino no deseaba un arreglo sino un 
tratado, y en tal caso se verían obligados á procederá nombre 
de sus gobiernos ; que la conclusión no tendría menos peso 
cualquiera que fuese la fórmula adoptada, convención ó trata- 
do ; que hacían esa:> observaciones por que sino se arreglaba el 
primer punto, le seria imposible ultrapasar sus poderes. 



28 HISTORIA política T MIUTAB 

Al siguíeote dra los negociadores enTiaron las copias de los 
artículos del proyecto de cooTencioo adjuntando sus creden 
cíales. 

En la conferencia del 22 de Junio el Ministro Argentino insis 
tío en la ratificación del convenio propuesto, en lo que convi- 
nieron los plenipotenciarios á condición de que la ratificación 
no impediría el éxito de las estipulaciones : este punto quedó 
suspendido. El Ministro Argentino insistió en la primera pre- 
tensión de presentar otro proyecto. Cuando los plenipotencia- 
rios lo conocieron, declararon que no pudieron resolver sobre 
él, pero que desde luego encontrat)an la dificultad de la decla- 
ración que en él hacia el Gobierno Argentino, que el General 
Oribe era el presidente legal de la República Oriental ; que eso 
hacia necesario presumirse para el caso en que aquel General 
no fuese elejido presidente, así como para el caso en que el 
Gobierno Argentino rehusase su aquiescencia á esta medida, 
y persistiese en sostenerlo como tal presidente legal; tanto mas 
cuando no habia ninguna estipulación á ese respecto, y que en 
el arreglo que se hiciese el General Oribe tenia que declarar, 
que se conformaria con el resultado de la elección. 

El Ministro Argentino respondió que su Gobierno habia re- 
conocido en uno de los artículos presentados la legalidad del 
presidente Oribe ; pero que si aquel consentía en admitir una 
nueva elección, el Gobierno Argentino habia constatado ya su 
no intenencion en los negocios internos del Estado Oriental. 
Se exigió por parte délos negociadores que se hiciese una de- 
claración en dicho artículo obligándose las tres partes contra- 
tantes á reconocer como Presidente toda persona elejida por 
efecto del sufragio. 

El Ministro Argentino les recordó que ese caso no estaba pre- 
visto por las bases de Mr. Hood : que era evidente que no podía 
responderles sin recibir previamente instrucciones de su Go- 
bierno : que si querian redactar el artículo conlestaria en la 



DE LAS REPOBLICAS DEL PLATA 29 

• 

próxima conferencia. Esta proposición fué aceptada por los 
plenipotenciarios. Se discutieron entonces los artículos: se 
aceptó el preámbulo propuesto por el Gobierno y el proyecto 
anexo á la nota del 13 de Junio. 

El 25 de Junio tuvo lugar otra conferencia : los títulos del 
General Oribe, y algunos otros asuntos fueron discutidos larga- 
mente sin resultado. Finalmente los plenipotenciarios espresa- 
ron d deseo de saber la opinión del Ministro Argentino respecto 
. del articulo sobre la navegación de los rios. Este contestó que 
le discutirían en la forma que había «idoptado en su contra- 
proyecto de 28 de Mayo. A esto declararon los negociadores que 
no se encontraban autorizados sino para aceptar la forma del 
primer proyecto ó las bases de M. Hood. El señor Arana con- 
testó que no podía retroceder de la línea que se le había traza- 
do : que sometería una vez mas ese punto á su Gobierno ; pero 
que no dudaba que este seria inconmovible en su resolución. 

Los negociadores preguntaron si ese punto era tan importante 
que en caso djd no ser acordado se rompiesen las negociaciones, 
ó bien si ellos no podían redactar el artículo con la reserva de 
derecho acordada al Gobierno Argentino de discutir en la forma 
diplomática. Arana respondió que era un punto de gran impor- 
tancia del cual no se podía hacer cuestión ni ser rehusado, y 
mucho menos hacerlo objeto de una duda, sin contestar los de- 
rechos de soberanía de la Confederación Argentina : en fin, que 
' era la realización de lo que había sido ya estipulado con M . Hood 
y que no veía en ese artículo sino la escusacion mas positiva de 
reconocer al Gobierno Argentino el derecho perfecto que tenia 
sobre los rios interiores. 

La última conferencia tuvo lugar el 29 de Junio. En ella pre- 
guntaron los plenipotenciarios al Ministro Arana si tenia alguna 
cosa que comunicarles respecto de los rios, á lo que respondió 
que en la conferencia precedente los artículos <**.,2*. y3^ del 
proyecto de convención habían quedado en suspenso, asi como 



30 HISTORIA política Y MILITAR 

lo concerniente al titulo del (ieneral Oribe : qae en la disensión 
(le dichos artícníos los plenipotenciarios hnbian jnzgado conve- 
niente promover la cuestión de los ríos, y qne aunque la Opi- 
nión que él había admitido entonces fnese propia, htTbia recibí 
do órdenes de su Gobierno, debiendo declarar que eso no im- 
portaba conceder nada ni desviarse de niní^una manera de la 
proposición hecha por él on la última confiMvncia, concluyendo 
por pedirá los Ministros que no se pasase ;i la discnston de 
ningún otro punto sin haber sido admitido aquel previamente, 
cerrándose á toda discusión sobre otro asnnto con una persis- 
tencia obstinada. 

La correspondencia oficial se declaró concluida y rotas en 
consecuencia las negociaciones. 

Los pleni[)Otenciarios espresaron entonces confidencialmente 
lo sensible ([ue les era (á causa de no entenderse sobre la 
forma de un artículo) ver fracasar un arreglo qae habían teni- 
do tanta esiwranza en terminar : que deseaban no abando- 
nar las negociaciones en el estado en que se encontraban en- 
tonces, y (¡lie no habiéndoles sido posible ajustar una con- 
vención sobre las bases Hood, opinaban por la formación de 
un protocerlo. Para dicho protocolo se obligarían estos con el 
íiobierno Argentino á acordar los artículos y las bases Hood, 
que se juzgasen practicables, sin perjuicio siempre de la dis- 
cusión <pte pudiese empeñarse sobre los puntos no acordados ; 
que al efecto presentarían al Ministro una nota dirijida oficial- 
mente, si el Gobierno aceptíiba la idea y quería conformarse 
con ella. Arana contestó que la proposición eni nueva, que no 
podía admitir una opinión, pero que, á Fa primera lectui-a ese 
proyecto le [>arecia tener inconvenientes serios : que esos in- 
convenientes, después de una madura reflexión parecerían 
todavía mas serios cfue á primera vista ; que miraba como 
inadmisible un mod^o de proceder cpiedejaria subsistentes to-* 
das las dificultades, y haria nacerlas mismas pretensiones, y 



/ 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 34 

discusiones que las ya sostenidas, y que en consecuencia el 
Gobierno no podía aceptar. Los Ministros declararon que da-* 
ban este paso con el único fin de evitar las dificultades desde 
que ellos no podian arreglar una convención deseando no dejar 
los negocios en statuqtu), pero queriendo ejecutar á lo menos 
una parte de las bases propuestas por Mr. Hood ; que esto no 
obstante el Gobierno no tendría que abandonar sus derechos 
plenamente reconocidos en esas bases, ya fuese respecto de los 
unos 6 de los otros puntos que se arreglasen posteriormente. 
Arana contestó que era inútil hablar de derechos mientras no 
se contestaran al Gobierno Argentino los mas evidentes ó im- 
portantes ; que esos mismos derechos que tanto se vacilaba 
en conocer con ciertas restricciones habian sido concedidos 
por el Gobierno Británico por el tratado de 1826. 

Los negociadores dijeron entonces que si este paso era consi- 
derado una ofensa para el gobierno, no enviarian la nota, ni 
aun la presentarían en la forma del protocolo; que reflexiona- 
rían, pero que muy probablemente abandonarían aquella idea. 
El Ministro respondió que su opinión no era necesariamente la 
del Gobierno ; que si querían presentar su proyecto, les haría 
conocer la decisión, de ese Gobierno, aunque miraba como ino- 
portuna la idea sola de semejante proyecto. 

Los plenipotenciarios no juzgaron conveniente enviar el pro- 
yecto y lo dieron al Ministro. Al siguiente dia, 30 de Junio, diri- 
gieron las notas colectivas 32 y 33. 

Después de haber dado cuenta de lo respectivo á los plenipo- 
tenciarios el mensaje continúaasí : 

<( Mas tarde el Gobierno Argentino recibió del General Oribe 
las notas que habian. sido cambiadas entre él y los pleaipoteu- 
ciarios, y el detalle sobre las negociaciones. Por la exposición 
que precede, dice el mensaje, vosotros estáis instruidos de 
toda la. Convención, de la cual solo el preámbulo fué acordado 
quedando los artículos 1v2 y 3, no convenidos después de su dis^ 



32 HISTORIA POLÍTICA T MILITAS 

cusion. Los artículos 4, 6 y 7 no examinados, lodos ellos bases 
de Mr. Hood ; y también sin arreglo definitivo aunque igual- 
mente discutidos, los artículos insertados respecto de la ratifi- 
cación que se relacionaban con los títulos de S. E. elFresidente 
de la República Oriental del Uruguay, Brigadier D. Manuel Orí- 
be; la ruptura de las negociaciones tuvo lugar á consecuencia 
del artículo 5.**. 

Es diñcil engañarse sobre las vistas positivas que prenseta 
esta cuestión respecto de la completa inde|)endencia de estos 
países y los demás estados Americanos. El carácter real de la in- 
tervención Anglo-Francesa no es otro que el anunciado desde 
el prínci|)io; porque no se puetle invocar en apoyo de esta me- 
dida ni la conservación de la independencia de la República 
Oriental del Uruguay, ni los clamores de la humanidad, ni los 
intereses generales de todas las naciones. 

Firmado — JUAN MANUEL DE ROSAS. 

FELIPE ARAIÍA. 

Tal documento probaba que la paz 6 todo arreglo con Rosas, 
que no fuese una entera sumisión ú sus decisiones, era imposi- 
ble, y en la esposicion que él mismo ha hecho de sencillez, con- 
temporización y tenacidad arrogante, todo agrupado en una 
política sistemática se encuentra el poco escrúpulo que empleó 
en los medios y su carácter indomable. 

Es indudable que convenia á los proyectosdel General Rosas 
lanzar el peso de la opinión sobre los Gobiernos Europeos y 
presentar las negociaciones interrumpidas con motivo del asun- 
to de los ríos. En consecuencia cuando cesaron las negociacio- 
nes sus ajantes y sus órganos asi como los del General Oribe se 
ocuparon en esparcir esta idea á términos que llegó á posesio- 
narse de algunos de los diarios de mas circulación en la metró- 
poli. Entre tanto el General Rosas decía en su mensaje que 
las negociaciones se habían interrumpido á causa del artículo 



•i 



DE LAS REPC&LICAS DE LA PLATA 33 

o"". No obstante este hecho era inexacto ; nadie negó que la 
raptara soto tuTO lagar después de la discusión del articulo S'', 
pero de esto no se sigue que sea cierto que aquella ruptura 
tuviese lugar á causa del citado artículo, ni aun con ocasión 
de él. £1 mismo General Rosas convino en que no habia sido 
aceptada ninguna parte de la convención esceptuando el preám- 
bulo. Lo que hay de cierto en esto es que las negociaciones 
fracasaron á causa de las pretensiones que el General Rosas se 
empeñó en crear para el General Oribe, quien es sabido no 
tenia otras que la que el mismo señor Rosas quería reconocerle. 

La admisión del carácter político del General Oribe en el 
hecho supuesto que se debatía, de contiprometcr la independen- 
cia constitucional del Estado Oriental, era efectivamente el pun- 
to de la negociación reconocido como fundamental, y declarado 
repetidas veces en*los actos oficiales y en los despachos délos 
Gobiernos de Inglaterra y Francia. 

Verdaderamente después de la nota colectiva de los plenipo- 
tenciarios, asi como por el mensaje del General Rosáis, claro es 
que los medios de transacción habian desaparecido. Los Minis- 
tros declararon expresamente que les era imposible reconocer 
al General Oribe en calidad de presidente por ser contrario á 
la política de sus Gobiernos, y porque no tenían poderes dis- 
crecionales para proceder así. 

Por una parte el General Rosas aseguraba que no tenia pode- 
res al respecto, porque en todas las provincias de la Confede- 
ración el General Oribe era proclamado presidente. De este 
modo las partes se encontraban desde el principio sin los me- 
dios de poder arribar á una conclusión. 

Las bases de la$ negociaciones que se digeron mutuamen- 
te aceptadas, no lo fueron realmente aunque en resumen se hu- 
biese adherido á ellas con las modilicasiones exigidas por el 
General Rosas ; tal consentimiento y aceptación fueron falsa- 
mente interpretados por ambas partes. 



31 HISTOBIA POLÍTICA T HILITAB 

I.n restricción ilel General Rosas en cuanto al titulo del Ge- 
neral Oribe y el hecho de su reserva eran conocidos por M. 
Hm(1 : y era necesario que este se hubiese resuelto á cerrar los 
ojos á su Gobierno [>ara declarar que el único punto de discu- 
sión eni el bloqueo, después de haber negociado y he:ho su5 
representaciones. 

El proveció de Convención de 1817 conlenia en sustancia las 
liasen de M. Hood con algunas moditicaciones del General Ro- 
>:is : con la íinica diferencia que el proyecto habia sido arregla- 
da y escrito con mas i>rec¡s¡on. Sin embargo el Genend Rosas 
que habia aceptado en 1816 esas bases con las modificaciones, 
nuMiaíi'ila convención del 17 en su totalidad. 

I.:i verJad es que la iiltim.í Convención era clara y definida y 
no tlejaUa ninguna espt^ranza á interpretaciones. L't convención 
abrazaba todos los puntos, y siniéndose de designacimes ver- 
daileras presentaba una inniOiliata conclusión, 

l.i^s nombres y los tilulos enunciados eran los siguientes: 1^. 
y ¿\, los gobiernos metliad ores: :í'\ El General Rosas cnm.» eít- 
cjvad "^ «lo las 1 elaciones exteriores de la Cfufederacion Ar::en- 
lin;>. 4\ El General Oribe y su pretendida c^iüda.l de Presiiieuie 
lie li Rom'it'ücri Oriental v .>■ . El sefu^r Suarez como Presi<lerj!f 
riv*\isori':» :^^ h misma RepüMica. Verdridenjmoiite !oJc» 1"» qur 
Y'r :ivl:M>:;i:vi c:'ni]»renJid;M-nl;iSb:íSes e interpretad:» [•■.•rlis 
^ . * .orr.;kS rr,:\li:i l»ros : per» n^ sie:v.lv« esplicitamenle e\j»res::- 
<: > ^] Gjlvorn;» Vivoní-n:' p>iia conforme ;i sus miras r^reiea- 
,í . j::.^ el GM'ií-m "» rUvto en M;»Tttevi.loM tío fnese o\rj iinv el 
<* •: ^rc] Orii>r, 1..'; nu^'V.-i :■ :iverí:\'.iii deslrnia ivxíi'snl»irrfnd ■ ;i 
.^' respe:!-;. 

V ver.lriilrro espiriin .If] r,rnrr:il R;ts;iS Sí* dejal»:i vtT er. sa 

.: . ■y'^ic\:¿ ki ti Treta Mf-rmuli' «i el (O Av .igoslo. 

:: :. ■. .: iV:;.- .](' >:is p;ir!V:f js. f >;'• e>;vrii"ne:jta m.ii s.^rpres:; 
:■.: >,. :. l.'i l:'-:.::r; .I" sr-r/.t-ir-nlr iir-ve:!-» thí'Í'T ::-i.v.-:ado n « 
: :-v:ir:.r :::in r»:.: iv ,:v>a v \r:\h 1;t.. sin:* i«:.r> elu.Iir- 



DE LAS REPOfiLICAS DE LA PLATA 35 

la. £1 tratado exigía de las Repúblicas del Rio de la Plata y de 
sus Gobiernos legales el reconocimiento de una legalidad des- 
conocida, la de los rebeldes y salvajes unnitarios ; la aquies- 
cencia al escándalo causada por el armamento de extranjeros 
en Montevideo : la anulación del carácter y de los derechos del 
único Gobierno legal, los de S. E. el Presidente de la República 
Oriental, Brigadier D Manuel Oribe, gobierno instituido y he- 
roicamente sostenido por la Nación Oriental. » 

«El tratado exigía también el sacrificio de las prerogativas de 
soberanía y de independencia de las dos Repúblicas, el abando- 
no de los derechos esenciales de control y de dominación sobre 
sus rios interiores, y la sanción de la intervención europea en 
la política, en la guerra y en todos los .negocios de los Estados 
Americanos. » 

De este modo es evidente que la ruptura de las negociaciones 
no tuvo por causa la cuestión rios, sino por que el General Rosas 
rechazó enteramente el proyecto de Convención desde que no 
se acordaba que el General Oribe y no otro seria Presidente del 
Estado Oriental. Es sorprendente que los Gobiernos europeos 
hayan comprendido tan poco al General Rosas para creer que 
consentiría en tal Convención. 

Pero volviendo sobre los rios ; el órgano del General Rosas 
declaró que las pretensiones de la Francia y la Inglaterra á este 
respeto tenían tendencia á despojar á las Repúblicas del Plata 
de sus derechos de soberanía. Para destruir semejante subter- 

■ 

fugio solo era suficiente consultar los documentos publicados 
por el mismo General Rosas. 

La primera mención que se hizo sobre rios tuvo lugar en 
las bases presentadas por el señor Rosas en 1845 á M. de Ma- 
reuil; esas bases suj i rieron en el artículo 5** el tratado Hood 
relativamente á la navegación del Paran*. Pero ese artículo 
estaba tan lejos de ser una pretensión estraordinaria, que no es 
realmente favorable sino á una de las partes contratantes, á 



36 HISTORIA POLÍTICA T XILITAB 

líi República Argcnftifia, á la vez (jue el General Rosas contesta- 
ba oficialmente, qnc no aceptaba ese articulo por(|iie ese de- 
recho (le la Confederación, quedaría intacto y no se suspendería 
<3n nrnguna época, ni «le ningún modo ni aun por la insurrec- 
ción de nna sofla provincia argentina, reclamando al mismo 
tiempo en común con el Estado Oriental un derecho de sobe- 
ranía semejante sobre el Rio Uruguay ; de eso surfín f¡ue et 
articulo 3" de la convención del 45 fuese objeto de las invec- 
tivas de la Gaceta MercaniiL Sin embargo, ese articulo estaba 
fuera de toda controversia, desde que reconociaesplícitamente 
ambos ríos como navegación interior , y se agregaba en él 
Kjue dicha navegación quedaba sujeta á los derechos terriloria-' 
les, sin entrar á definir ni á discutir tales derechos, lo que 
hubiera constituido de parte de la Inglaterra y la Francia una 
verdadera intervención. Lejos de eso aquellas potencias los 
abandonaron ^al control de las leyes que rijen todas las nacio- 
jies, único tribunal al que ocurren todos los Estados civilizados. 
Desde que el General Rosas rehusó someterse á ese tribunal 
se vio desde luego obligado á confesar que su Gobierno no 
estaba en la categoría de aquellos Estados. Pero el General 
llosas tenía un motivo, y aunque ese motivo ha quedado ocul- 
to por mucho tiempo se encont«*ará sin embargo transparen- 
itado en el articulo correspondiente al contra-proyecto. 

La evidencia surjirá de una pequeña esplicacion. Los rios 
Taraná y Uruguay tienen puntos navegables que no pertenecen 
al territorio Argentino, pero que son limítrofes del Brasil y del 
Paraguay. Por consecuencia, declarando, como lo hacía el Ge- 
i^ral ftesas en 4a modificación del articulo, que la navegación 
del Paraná estaba sujeta solamente á las leyes de la Confedera- 
ción Argentina, ó á las del Uruguay, y en comnn k los dos Esta- 
dos, desconocía evidimtemente los derechos que tienen sobre 
esos dos TÍOS d Brasñ y -el Paragaay. Las rdaciones deíl «General 
Rosas con cfl^asfl -no podran llamarse amigables j'es indudable 



c|ue alimentó siempre designios hddtiles* cdatifafel' fóvafuay; 
perO' eso bo: eca una razoik para atacaír U^soberaftia de* aqwllbs. 
E^iftskáos, po€ Biiedii} de uik artkato íatrodiiddo erb an^ Irata- 
áí^ ; y sí tes neg<M{iadoresv Imbiestíii; beeho* anai eMficta«kin 
mas precisa en el pmectade coaveacionv <}tte la que «weiiraba 
aquel artículo, habrían merecido de parte de aqaeHas^p«ten(ríflB 
et Fep>P9eb& %iia el fieoeral; llosas las hiee m a^ueVas cipcms- 
taaeiaí^ ; pero coalqaiera q,tte* f iMse la in-teoeioa de los plenipo- 
teacíaitíos^ no podiaa estar antoroados» pep(|fte;níngtta Gobíefino 
puede dar semejiante aiiAorizaeioos. á haeep la declafacioiif qioe 
el tieasral Rosas exíjia de ellds^ siuh emba^rgo de que pore^ 
mensaje de este General se vé <iue estalKiOi dispuestos- ái in tan 
lejos eomO' tes permitiesen sus proyectos. 

El 2d de Jonio, víspera del diák en qne se cerraron Lis eonfe- 
Fencias, Lord Howden Uamú al presidente de la aseeiacion de 
negociantes ingleses ea Buenos Aires y lediijo que creía áe su 
deber info^rmar ;d com^eiicio de lo que podia afectar sus inte- 
reses; y Qfie dieseaba hacerle saber, (^oe consideraba como 
rotas las aeg^iacianes coa el Gobierno^ de aquella pirovineia.. 

Lo^ q,ue Lord Mo^wdeo había previsto* sucedió» en efecto en 
otra conferencia qíUe tuvo lugar ; el; mensaje del GenefalAosas 
dice á ese respecto lO' que le coB^eniia publicar ; pero en de- 
finitiva el resultado pareció hacer la rup4«ra mas- visible y 
completa. Cott este motíivo lo<> plenipioleBei<uria6 pidJeron sus 
p^isaportesv Lord Howden. dejó 4 Buenos* Aires el 3 dei^uoíe y 
el conde de Walewski cWñxM m p:a:tida algunos días por causas 
privadas. Sin embargo antes de embarcarse hizo dirijir una 
nota oficial al Mnistro de Relaciones Exteriores del Gobierno 
de Montevideo por el conlra AlmiraAie Lepredour, arvisándole 
que se trasladaba á aqiuella» eaf)i-ta( k iin. de hacer un aimis- 
ticio con el General Oribe, y que durante este arm i siieio» en- 
trarían á Mootevideo productot^ decam^pattai hasta que k)s^ Go- 
biernos de Europa tomafsen «na resolución. 



38 HISTOBIA POLÍTICA T MILITAR 

Este docamento fué el único de carácter oficial, que se envió 
al Gobierno de Montevideo con motivo de las negociaciones se- 
guidas con el gobierno de Buenos Aires, sin que anteriormente 
fuese consultado para lo mas minimo, ni menos informado ofi- 
cialmente ni de los detalles de aquel asunto ni del carácter de 
las discusiones. 

A su llegada á Montevideo los plenipotenciarios se traslada- 
ron á casa del Presidente de la República y le significaron sus 
intenciones de tratar con el General Oribe, pretendiendo obtener 
la prolongación de un armisticio. El conde de Walewski se 
domicilió en el consulado francés, mientras que Lord Howden 
permaneció á bordo de la fragata Raleigh. 

Los negociantes ingleses residentes en Montevideo, que de- 
seaban aprovechar de la presencia del plenipotenciario para 
tratar con él distintos negocios, desearon verle y al efecto se 
dirijíeron i él, solicitando una audiencia. Lord Howden hizo 
contestar por su secretario que en el momento en que había una 
negociación pendiente no terminada aun, debia abstenerse de 
recibir ninguna persona, cuyo objeto fuera el de solicitar su 
opinión y obtener conocimientos sobre cualquier asunto, porque 
le era imposible emitir juicio alguno en aquellas circunstancias 
sin falsear el objeto de la misión que le habia encargado Su 
Magostad Británica. 

Una vez en el campo del General Oribe y después de la pre- 
sentación de las credenciales acabaron por confeccionar un 
armisticio acordado en estos términos : 



Propomtciono* Ael «rinl«tioio 

Art. I J^ Se establecerá un armisticio por cinco meses. 

Art. i.'^ Las partes belijerantes conservarán sus posiciones 
actuales. 

Art. ^J^ La ciudad de Montevideo será aprovisionada, esta- 
bleciéndose una libre comunicación entre esta y el interior del 
país. 



DE US BEPIJBLICAS DEL PLATA 39 

Art. í."" Se levantará inmediatamente el bloqueo de ambas 
riberas del Plata por las fuerzas navales inglesas y francesas. 

De conformidad con esta comunicación, los plenipotenciarios 
hicieron el 9 de Julio su primer visita oficia.1 al General Oribe 
en su campo, y las proposiciones fueron recibidas por él con un 
cambio en el artículo r. Ese cambio tenia por objeto prolongar 
los términos del armisticio á seis meses en lugar de cinco, con 
la supresión de esta parte esencial del artículo 3^, suprimiendo 
la libre comunicación entre la ciudad sitiada y la campaña. Se 
declaró también que la provisión de carne se reduciria i !,500 
cabezas de ganado por mes que debían ser pagas en Montevideo 
á tres patacones y tercio por cabeza. 

La misma dificultad que se habia presentado en la discusión 
con el General Rosas respecto al título de Presidente legal, debia 
hacerse una vez mas evidente, á medida que se aproximaba el 
momento de firmar el armisticio, y para evitar toda dificultad 
sobre la proposición de los Plenipotenciarios el documento 
se presentó de este modo : 

« Armisticio concluido entre las partes beligerantes, dentro y 
fuera de la ciudad de Montevideo, bajo la mediación délos Go- 
biernos de Inglaterra y Francia, contenido en los artículos si- 
guientes. (Seguían los artículos 1^, 2**, 3** y 4* tales como 
fueron cambiados con el General Oribe, labrándose tres copias, 
ana en inglés, otra en francés, otra en español. ) 

Eldia 14 de Julio, aquellas proposiciones tales como habían 
sido modificadas por el General Oribe, fueron trasmitidas por el 
conde de Walewski al Ministro de Relaciones Exteriores de 
Montevideo para recibir su aprobación, incluyéndose la siguien- 
te pieza confidencial. 



40 mST^BIA POLÍTICA T MILITAR 



( TBAJȆCCI0N. ) 

Monteyideo, 14 de JuUo de 1847. 

Señor : 

El PleoipoteDciarjo de S. M. B. y yo, hemos entrado en ne- 
gociaciones con el General Oribe á fin de de convenir en un 
annisticío entre los beligerantes : las condiciones siguientes 
podrían ser adoptadas por el General Oribe. 

Art. 4 ."^ Un armisticio de seis meses. 

Art. 2.'' Los beligerantes conservarán sus respectivas posi- 
ciones. 

Art. 3.^ La ciudad de Montevideo será abastecida de ganado 
por el General Oribe que se compromete á proveer á las auto- 
ridades de esta ciudad, 4 ,-^00 cabezas de ganado por mes. El 
día de la entrega se fijará por los comisarios francés, inglés y 
oríental. , 

Art. 4"". Los bloqueos establecidos en ambas márgenes del 
Plata por las fuerzas navales de la Inglaterra y Francia serán 
levantados. 

Os ruego, señor, me hagáis saber lo mas pronto posible sí 
será aceptado por el Gobierno de Montevideo un armisticio es- 
tablecido por estas bases. 

Os serviréis comprender que en un arreglo de esta naturale- 
za, cuando se trata de conciliar dos partidos sería inconve- 
niente dar publicidad á las medidas que deben tomarse. En 
consecuencia os suplico tengáis esta nota por confidencial, y 
participarla á las personas que deben deliberar sobre este 
punto. 

Aceptad etc. 

( Firmado ) — Walkwski. . 



I>E Lis REPÜ£L1CÁS J)£I. FLAf A 44 

£1 fiobfterno f ei Consejo <le Estado se reunieron para deli- 
berar Mmedíatameate j se decidió por onaBÍBtklaá que aque- 
llas proposkJ0»es tafes como se presentaban eran inadmi^ldes. 

Bé aquí los mas mportanles párrafos de la nota que pasó 
eneoatestacíon coa fecba 18de JaUo de 1847. 

€ Ufi aroüstieio que abre la mar al General Oribe, j que no 
abre al Gk^emo el interior del pais, nos atreremos i decirlo, 
no era eqniiatiTO. El levantamiento del bloqueo tendría por 
efecto reducir i nada todas nuestras rentas, iiacer pasar todo el 
oomercáo al Boceo, puesto en posición del General Oribe ; por 
con»guienl6 crearle nnevos recursos para contioaar la guerra^ 
qintáod0DOS ¿ nosotros todos los que podíamos tener. Que 
nos sea permitido añadir aquí, Mtiord, que una cesación de 
hostilidades entre una ciudad sitiada y un ejército sitiador, no 
es real sino cuando d ejéncito sitiador suspende los efectos 
del sitio. Porque todas las hostilidades no cesan porque no se 
tiren jra cañonazos. La mas grande, la mas peligrosa hostilidad 
es impedir toda comunicación con la ciudad que se sitie. La 
introdttcctoade mil quinientas rese&, suponiendo que esta in- 
troducción faiüiiese tenido lugar legalmente, seria de natura- 
leza á bacer bajar el precio de la carne, j por consecuencia á 
disminuir ia miseria. V.E. tendrá á bien observar que el Go- 
bierno faabria tenido que pagar estas mil quinientas cabezas 
de ganado al Genend Oribe^ j el estado de decadencia á que 
estaríamos reducidos por el alzamiento del bloqueo, no nos 
habría permitido tal Tez, ni aun bacer ese pago. Por otra parte, 
la carne no es lo que mas folta, pueden las embarcaciones 
traerla del Brasil, j aun de las costas argentinas, por poco di- 
nero que haya para pagarlas. El Gobierno de la República del 
Uruguay no ha podido pues hesitar un solo instante en desechai* 
las comliciones de armisticio k que habría suscríto el General 
Oribe, popqie esas condiciones serian su ruina. El 43 de Julio 
por la mañana, el Ministro de Beladones Exteriores transmitió 



42 HISTORIA política T MILITAR 

por escrito ¿ S. E. ei Plenipotenciario de Francia su parecer so- 
bre las condiciones propuestas, y sin otra intimación, sin mas 
advertencia de género alguno, algunas horas después, la toz 
pública vino á hacer saber al Gobierno que la Inglaterra levan- 
taba el bloqueo y cesaba la intervención. Ayer f 7 del corriente, 
también sin precedente advertencia, las tropas inglesas que 
ocupaban su puesto sobre Id línea interior, lo dejaron lleván- 
dose sus cañones sin mas que un simple aviso verbal. ¿ Cómo 
espresar semejante tratamiento ? — ¿ Puede admitirse que, sin 
graves motivos, el Gobierno de S. M. B. deque nadie conoce 
mas que nosotros la política generosa, se decida á terminar su 
mediación en estos parajes, haciendo cesar las medidas coer- 
citivas contra los fuertes recalcitrantes que aun acaban de re- 
chazar en Buenos Aires las aberturas de conciliación transmi- 
tidas por V. E. para abandonar al débil lleno de confianza en la 
justicia de sus decisiones ? Si V. E. tiene algunas quejas contra 
el Gobierno de la República Oriental, debería participárselas ; 
su mas grande anhelo será hacer justicia á esas quejas ; pero 
si no es asi, que le se^i permitido al Gobierno de la República 
quejarse del poco miramiento con que V. E. le ha tratado y de 
la forma de que se ha servido : que le sea permitido declarar 
solemnemente que él nada ha hecho para atraer sobre si seme- 
jante tratamiento por parte del Gobierno de S. M. la Reina de 
Inglaterra, y de apelar de todo ala alta justicia de la Soberana, 
por la que cualquiera que sean los hechos presentes, no expe- 
rimentará menos eterno reconocimiento por los servicios de 
todo género que se ha dignado acordarle hasta este dia. 
« El infrascripto saluda á V. E. con la consideración debida. 

« Miguel Barreiro. j> 

En cuanto al Gobierno de Montevideo, véase de qué modo le 
juzgaba Lord Howden, en sus notas referentes al acto de le- 
vantar el bloqueo por la escuadra inglesa en las aguas del Plata. 



DE LAS RSPÜBLICAS DKL PLATA 43 

« Fragata de S. M. fi. Raleigh, frente á Montevideo, 

Julio 15 de 1847. 

Exmo. Sr. 

« Habiendo rehusado el Gobierno pro^visional de Montevideo 
asentir al armisticio que yo considero razonable, justo y muy 
de desear en el sentido de la humanidad, he determinado en con- 
secuencia levantar el bloqueo de ambas riberas del Rio de la 
Plata, en la parte que corresponde á los buques de S. M. B. y 
cesar toda ulterior intervención. 

€ Espero que Y. E. me dará la gran satisfacción de confirmar 
el empeño de una amnistía en los mismos términos que ha sido 
acordada entre Y. E. y el Sr. Hood, si Y. E. por la suerte de las 
armas entrase en la ciudad de Montevideo. 

« No tengo duda que los sentimientos personales de Y. E. 
le impulsarán á concederme esta amnistía sin esplicacion algu- 
na por mi parte.; pero que será altamente agradable, no solo 
ámi Gobierno, sino al pueblo inglés, que yo tenga la garantía 
de ella bajo la firma de Y. E. 

4( Dios guarde á Y. E. muchos años, 

HOWDEN. 

« AS. E. el Sr. General D. Manuel Oribe etc., etc., etc. » 



El Presidente Legal de la República Oriental del Uruguay. 

«Cuartel General en el Cerrito do la Victoria, Julio 15 de 1847. 

«Exmo. Señor: 

« He tenido el honor de recibir la nota de esta fecha de Y. E. 
en que expresa que, habiendo rehusado el Gobierno provisio- 
nal de Montevideo asentir al armisticio que Y. E. considera ra- 
zonable, justo y muy de desear en el sentido de la humanidad. 



U HISTOBIA POUnCA T KHaTAE 

lin «loloriuiuatlo V. E. levantar el bKM]ueo de ambas riberas del 
Rio lie U rUl:i, en cuanto tiene relación á ios buques de S. M. B. 
\ oosar toda ulterior intenrencion. Y. E, ei^pera que le seni 
dada por mi |varto la gran satisfacción de confirmar el empeño 
de utia amnistía aconkula C4h\ et Sr. Hood, y en los mismos tér- 
miiH^. si |M>r la suerte de las armas entrase yo eu la ciudad de 
M«mlevideiK ¥ conclaye V. E. diciendo que no tiene duda de 
qno mis sentimientos personales me impolsaiáu i conceder es- 
la amnislia sin nii^na esplicaciim por parte de V. E.; pero qme 
^attíi altan^eute agradable no solo a su Gobierno sino al pueblo 
^t^fW^ el que > . K. tenga la garantía de la eHa bajo mi fiíma. 

« Kn lai ctiaice|4(> me apoi'snro á contestar qne nícoBUM y 
%\MiÍrm^^ ett todas sus partes la |M\¥nessa de amnistía oloi|^ 
|v^r mi en liV< mism^vs^ teimíMS prv^Hiestas y aoíptaákks en el ar- 
Ih^nK^ ti^ . «le la %>^\vik^í«^ %v)etoida ixm t^ caballero D. Tomas 
Samuel Htvd^ <\miisKmado ^)W<ial i|«e teé pic los GúfeÑfiMts 
iileSx Msit > Je:v¥Hel lte> ^los PtuMss^^á qve Sier^Mv 
X . i^. e^. su oiuda »%4a %ie lun. ^ 

i\v,^ ;\vt^ m.^l)^>^ :sahi<i> a ^ F. ^iM) mi mas dissinpéia c.:4k 

l^vm^A S«. >l:iiust^> Meií^>)^^'^a;'»<' > Cxxvaoo Eun«.'Cuá34fcrj> 






DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 45 

« idea de recoDOcímíento de derechos, sino iimítándosc á la 
« admisión del hecho de que ciertas personas están á la cabeza 
« de ciertos cuerpos de tropas . » 

« Obrando de acuerdo con el espíritu de esta autorización, y 
deseoso de evitar la terrible pérdida de vidas que se sacrifican 
cruel c inútilmente en una guerra como esta, en que sin embar- 
go de ser los encuentros diarios sin objeto ni gloria, la suma 
total de muertos al fin de cada mes es muy considerable — Pro- 
puse en concierto con mi colega el Conde de Walewsky al 
Gobierno de Montevideo y al General Oribe un armisticio justo 
y honorable (|ue duraría seis meses, durante los cuales el Gene- 
ral Oribe proveería la ciudad con i ,500 cabezas de ganado men- 
suales al mas bajo precio de primer costo. 

« El General Oribe aceptó este armisticio no solo con la 
condición propuesta, sino de manera que el título de Presidente 
legal que asume no apareciese en la firma para facilitar á los 
Ministros Plenipotenciarios de Inglaterra y Francia el firmar el 
<locumento. 

« El Gobierno de Montevideo ha rehusado este armisticio que 
no vacilé en decir era ventajoso á sus intereses, por estar sin di- 
nero, sin crédito y sin tropas nacionales. 

<( Considerando primero, que los Orientales de Montevideo 
no tienen en este momento libre voluntad, sino que están ente- 
ramente sometidos á una guarnición extrangera; segundo, que 
habiendo este bloqueo perdido enteramente su carácter primiti- 
vo de medida coercitiva contra el General Rosas, ha venido á 
ser exclusivamente un medio de proveer de dinero al Gobierno 
de Montevideo y ciertos extrangeros residentes allí, en perjuicio 
del valioso comercio inglés en estas aguas — Pido á V. Señor 
que levante el bloqueo de ambas riberas del Rio de la Plata, y 
que tome las medidas necesarias para hacer cesar toda ulterior 
intervención en estas aguas. 

4( Después de obrar de acuerdo por tanto tiempo, permitidme 



46 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

que aprovecho esta oportunidad para agradeceros sioceramente 
la conforme, benévola y eficaz cooperación que me habéis pres- 
tado en todas ocasiones para el mejor suceso del servicio de Su 
Majestad durante una negociación díncil y prolongada. 
« Tengo el honor de ser, etc. 

« Firmado — Howden. 

Al Almirante Naval de las fuerzas británicas en el Plata. 

En cuanto al Conde de Walewski no se miró como autoriza- 
do, para seguir una linea de conducta igual ala de su colega j 
así es que el 21 de Junio, algunos días antes de su embarque pa- 
ra Francia se dirigió al Gobierno de Montevideo, diciéndole: 
« que la misión que le habia sido encomendada por el Gobierno 
de S. M. el Rey de los Franceses, y cuyo objeto era hacer un ar- 
reglo establecido por las bases propuestas por M. Hood, arreglo 
que debia procurar la paz, de estos paises, no habia tenido re- 
sultado á pesar de todos sus esfuerzos y los de su colega de In- 
glaterra, tanto en Buenos Aires como en el Cerrito ; que todo 
quedaba, en consecuencia, en el mismo estado que antes; que 
las fuerzas navales de S. M. el Rey de los franceses, continuaría 
en el bloíiueo de las costas orientales ocupadas por el General 
Oribe y las de Buenos-Aires, y concluia diciendo : « que su go- 
bierno tomaría el mas vivo interés por la República Oriental, 
supuesto que los franceses recibian en ella lamas generosa hos- 
pitalidad ». 

El Sr. Walewski dejó Montevideo el 2 de Agosto, y en ese 
mismo dia rompió el General Oribe las hostilidades, sin adver- 
tirlo 24 horas antes, como estaba estipulado por el art. 6" del 
armisticio preliminar. 

Lord Howden permaneció á bordo hasta el 25 de Julio en 
que se hizo á la vela para Rio Janeiro. 

Tales son las consecuencias de la línea de conducta adoptada 
tanto por el General Rosas como por el gobierno de Montevideo 



DE LAS REPÚBLICAS i)EL PLATA 47 

— Aquella conducta fué tan opuesta á la política, aconsejada 
por los verdaderos intereses de ambos países, y fué de tal ma- 
nera desastrosa, que causo la ruina de la República Oriental, de 
cuya postración no ha podido levantarse en mas de 30 anos 
que se han seguido á aquella época, luchando con repetidas 
convulsiones políticas, nacidas del jérmen de aquellos sucesos. 



.1' 



CAPITULO II 

Sosion parlamontarla ©n. F^iranciu sotopo \oh asuntos 

do la Iloi>iil>lioa Arg^ontina. 

Véase entretanto, cómo fué discutido en el parlamento fran- 
cés, el resultado de la negociación Howden y Walewski. 

DEBATES SOBRE LOS ASUNTOS hfH RIO DE LA PLATA 

Cámara de Diputados. Sesión del 4 de Febrero — Presidencia 

de M, Sanzet. 

El párrafo 8 está concebido así : 

« La Cámara espera que las medidas adoptadas por vuestro 
Gobierno, de acuerdo con el Gobierno de la Reina de la Gran 
Bretaña, restablecerán al fin nuestras relaciones en las márge- 
nes del Plata, » 

Tiene la palabra M. Levavasseur: 

M. Guizot. Presidente del Consejo. No tengo de ningún mo- 
do el designio de impedir á los honorables miembros que se 
han hecho inscribir para hablar sobre este párra/o, el que tome 
la palabra. Tendré mucho gusto en oírles, y aprovechar sus 
consejos, y las miras que puedan manifestar en la tribuna : 
pero debo prevenirles, y al mismo tiempo prevenir á la Cámara, 
que me es imposible ninguna discusión sobre este punto. 

La negociación que se sigue en este momento por nuevos 



48 HISTORIA política t ulitar 

negociadores, se liga intimamente á la negociación anterior, y 
í ia discrepancia entre ambos negociadores. Me seria imposible 
explicarme sobre lo pasado, sin comprometer el acuerdo resta- 
blecido entre los dos Gobiernos de Francia é Inglaterra. 

Mi deber me impone, paes, la necesidad de guardar silencio. 

:¥. Lemvassenr se empeña en demostrar la funesta influencia 
do ia política seguida [)or la Francia en los sucesos del Plata. 
Piensa desde luego que el interés de nuestro comercio ha sido 
abandonado muy fácilmente, y que alemas nuestro Gobierno, 
j)or sus debilidades, ó por las inlluencias que ha ejercido, es la 
causado todos los desastres a que est;in sometidos aquellos 
paises: que es sobre lodo al Gobierno Francés á quien se debe 
atribuir la funesta división ((ue reina desde tanto tiempo sobre 
las márgenes del Plata. 

.lí. Brouin de llluis. Señores, sé que ha i)asado el momen- 
to de |)ronnnciar largos discursos sobre los asniítos exlrangeros; 
y por otra parte, lo que acaba de decir el seuor Ministro de Ne- 
gocios Exlrageros hubiera desinteresado mi curiosidad encaso 
de((ue hubiera yo querido asociar á ejia la Cámara; pero creo 
que hay siempre lugar en nuestras discusiones para explicar 
iin voto de conciencia. 

Yo repelo el párrafo, porque contiene una materia. Hace siete 
años que se nos dice que los negocios del Plata Tan iteimínar, 
y no sok) nada se adelanta en ellos después de siete anos, sino 
que, como se ha dicho hace [K>co, se atrasa. 

¿ Qoé nuevos documentos nos han sido presentados? ¿ Oué 
detalles se nos han dado ? Ningunos : siempre se nos viene 
eon la necesidad de ftn silencio dipiamático. Bien ! á falta de 
detalles ; de explicaciones, nos vemos obligados á referirnos á 
documentos que nos hemos podido procurar privadamente. 

¿Sabéis , señores, cómo ha terminado la negociación (foe 
acaba de interrumpirse f Ahora Rosas reclama indemnizacio- 
nes por un Moqueo que ha durado tres años. Asi Rosas (|niere 



/" 



DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 49 

trakimos como vencedor, ahora que la negúciacion no lia te- 
nido resultado. 

Ante su Cámara él es mas rescrvadí) : declara quo la nego- 
ciación se ha malogrado por la mala voluntad de ambos nego- 
ciadores, los señores Walewski y Howden ; y dice que espera 
que el Rey de los Franceses y la Reina de Inglaterra considera- 
rán la cuestión. Asi, dei^pues de siete anos de negociaciones, 
Rosas os pide (jue estudiéis mejor la cueslibu. 

El orador hace la lectura ée las proposiciones de llosas. En 
estos pormenores Rosas habla de los nuevos nc^gociadoros; y 
dice que son siempre los mismos frailes con las inisraas alfor- 
jas. Los frailes, dico-cl orador, son los ncgocialores, y las al- 
forjas, las carteras que contienen las instrucciones del /ríink^ír.) 
de Negocios Extrangerus, 

¿Se quiere saber el respeto que se i)rofesa á la Francia ? Por 
resolución de la Cámara, Rosas da un decreto que manda ha- 
cer salvas de arlilleria y rep.i(|U'js do campanas para celebrar 
la repulsa de astutas proposiciones- de paz hecíias por la Fran- 
cia y la Inglaterra. 

Pero, se nos dice, nada IsieniDS ya (¡u í espejar de llosas : 
vamos á dirigirnos á Oribe; nos apoyaremos en los Estados 
UnitlüS, en el Brasil : es un error. 

El orador lee algunos trozos de periódicos de los Estados 
Unidos. A'eis, agrega, ([ue no (¡ebemos couír.r, ni con los Es- 
tados Unidos, ni con el Brasil. Se ha hablado di* la cntc^ií'cor- 
(Hale con la ln;,'laterra ; pero ademas de qne los casarni-iütos 
Esparioles>y los negocios de Suiza le han dailo fiiertes j;.)ipes, 
no se puedo negar que ya lia teuid ) Ingar nna uposicioii depi)- 
r^ble eíitre los Plcnipotenciarii)s Inglés y I'rani^.és. 7A coinaii- 
daníe Inglés ha declarado qu;; levaníaba ei blu([:ieo , y lia 
retira-.io sus tropas, mientras ;¡ue el coinandaiite Fiancés :na:i- 
tiene las snvas. 

Hav mas ; mientras aue nosolros eslamos en frias relaci Jnc.^ 

4 



50 HISTOIU POLÍTICA T HaiTAl 

con Montevideo, el comandaDte Inglés ha escrito mu carta 4e 
agradecimiento ¿ Rosas por la benevolencia con que le ha eiv- 
viado una bandera Inglesa que había sido tomada en la Repú- 
blica Ai^entina. En fin, dijo el orador concluyendo, nos pedís, 
por el párrafo que se discute, nuestra confianza, y no podemos 
tenerla por lo que habéis dicho : ella no puede nacer de lo que 
hemos averiguado por nosotros mismos. Es por esto que dese- 
chamos el párrafo. 

M. Lacrosse : No tengo la esperanza de hacer que el señor 
Prefiidente del Consejo rompa el silencio que se ha impuesto : 
solo pretendo determinarla situación en que ese silencio coloca 
ala Cámara. En 1846, á principios de los negocios del Plata, 
el señor Ministro de Negocios Estrangeros no dudó, interpdado 
por uno de nosotros, en depositar en la secretaría las instruc- 
ciones dadas á un Encargado de Negocios que no había aun 
llegado al lugar de su destino ; y hoy, que graves inconvenien- 
tes han sobrevenido, rehusa dar esplicaciones. , 

La resolución del señor Presidente del Consejo ha sido muy 
repentina, porque en la sesión del 24 de Enero último, el 
honorable M. Berryer, habiendo pedido la comunicación de los 
documentos oficiales, el señor Presidente del Consejo respon- 
dió que habría inconveniente en esta comunicación, hasta que 
se restableciese el acuerdo entre los Gobiernos de Francia é In- 
glaterra ; y de estas palabras era muy difícil deducir que su 
intención era dejar la discusión sin resultado. 

M. Guisot, Presidente del Consejo. Ruego al honorable N. 
Lacrosse que se persuada, de que tengo tanto respeto como 
él á los derechos de la Cámara, y á la libertad del debate. El 
mismo ha confesado que yo no he trepidado en dar comunica- 
ción de los documentos en un momento en que se abrían las 
negociaciones. Sí lo he hecho es porque entonces no habia 
ningún inconveniente en esto. 

Hoy la situación es diferente. A vista de los sucesos que han 



w LAS repOblicas del plata 51 

teñido lagar, como creo'que la discusión podría tener incon- 
venientes, y ejercer una funesta influencia sobre el futuro, fai 
repelo por ser inoportuna. 

üf. LacrossB insiste para que el miembro informante de la 
Comisión se esplique sobre e( punto de saber, si la Comísíoii 
ha tenido conocimiento de 1 os documentos oficiales, jr si la 
cuestión del Plata ha sido discutida en el seno de la comisioD. 

¡H. Vitet, miembro informante. En el seno de la comiston el 
señor Presidente del Consejo se ha encerrado en el mismo si- 
lencio; esto es lo que esplicala diferencia que existe entre el 
párrafo del discurso del trono y el del proyectó de contestación. 
Solo por haber afirmado el señor Presidente del Consejo á fai 
Comisión, que estaba convencido de que el acuerdo entre la 
Vrancia y la Inglaterra llevaría á una solución feliz los asuntos 
del Plata, sobre esta afirmación, la Comisión ha espresado en 
el profeeto de contestación, no una certidumbre, no una con- 
fianza, sino una simple esperanza. 

Jf. Lacrosse insiste en sus observaciones, y desecha el pár- 
rafo* 

Vuelve sobre sus anteriores observaciones : el levantamiento 
de un bloqueo que cuesta tres millones por ano, y que ha do- 
rado siete años, seria para el pais una noticia muy buena, para 
complacerse en hacérselo esperar, si esa esperanza fuese seria; 
pero le parece difícil contar con ella. ( ¡ A votación t já vota- 
ción I ) 

M. Blanquí. No quiero sino llamar la atención del Sr. Presi- 
dente del Consejo sobre un hecho. Hace veinte y cinco ó treinta 
años que un gran número de nuestros compatriotas se bailan 
establecidos en las márgenes del Plata : á consecuencia de la 
última expedición, y en represalia de las medidas coercitivas 
adoptadas por la Francia, nuestros compatriotas han sido ar- 
restados por orden de Rosas, conducidos como prisioneros 
atravesando un pads de 60 á 80 leguas, y encerrados : uno solo 



Si HISTORIA POLlXlGi Y JULIZAft 

4e Vosotros en el carácter áe Nuestro Mimstro Plenipoten- 
ciaño. 

No dudamos que él merecerá vuestra aprobación y beoevo- 
leacta^ por oaa estricta observancia de las instrucciones que ha 
recibido de Nosotros, para probaros nuestra constante amistad, 
y el si acero deseo que mantenemos de promover y adelantar en 
tedas ocasiones, los intereses y la felicidad de ambas naciones. 
Per lo taftto Os suplicamos concedáis una favorable recepción 
á Nuestro dicho Ministro PlenipotenGÍario« y le deis entero cré- 
dito á todo lo que Os diga en nuestro nombre, especialmette 
cuando, en obediencia á nuestras órdenes. Os asegure de núes- 
tfa afecto, y consideración, y de nuestros cordiales deseos por 
vuestro bienestar y prosperidad. 

Y con esto os recomendamos á la protección del Todo Pode- 
roso. 

Dado en nuestra Corte, en el Palacio de Buckingham^ el día 
treinta y uno de Mayo en el año de Nuestro Señor mil ochocien- 
tos cuarenta y ocho, y en el undécimo de Nuestro Reinado. 
Vuestra Buena Amiga — 

VICTORIA R. 

PALMERSTON. 

La conducta de Lord Howden quedaba completamente affror 
bada, y el Sr. Southern recibido en Buenos Aires, después de 
presentar sus credenciales, como Ministro Plenipotenciario. 

El plenipotenciario inglés traía plenos poderes, y acabó con 
d Gabiemo Argentino un completo arreglo amistoso dejando 
afirmadas las relaciones políticas y comerciales entre la Gran 
Bvetaia y la República Ai-gentina. La siguiente carta regia, filé 
la. kase de aquellos ¿urreglos, en lo que para uada entró lo pasa- 
do eo las anteriores interrenciones. 



AS US R£P£BUCÁa »£L PUTA 55 



VICTORIA R. 

Victoria, por la gracia de Dios, Reina dd Reino Unido de la 
Gran Bretaña é Irlanda, Defensora de la Fé, etc., etc., etc. 

A todos j cada ano á quienes las presentes llegaren — Salud I 
Por cuanto, habiendo juzgado conveniente nombrar una per- 
sona propia para n^ociar y concluir un Tratado ó Convención 
entre nosotros y la Coniéderacion Argentina, con el objeto de 
poner un término á Jas ^diferencias existentes, y de restablecer 
las perfectas relaciones de amistad entre Nosotros y dicha Con- 
federación : sabed por tanto que Nosotros, reposando especial 
crédito y confianza en la Sabiduría, Lealtad, diligencia y Cir- 
conspeccian de nuestro fiel j bien amado Enrique Southern, 
Caballero, nuestro Ministro Plenipotenciario en dicha Confede- 
ración, lo hemos nombrado, hecho, constituido, y ordenado, 
como por estas Presentes lo nombramos, hacemos, constitui- 
mos, y ordenamos, nuestro indubitable Comisionado, Procura- 
dor y Plenipotendarío : dándole toda clase de Poder y Autori- 
dad para tratar, ajustar y concluir con cualesquiera Ministro ó 
Ministros que fueren investidos con igual Poder y Autoridad 
de parte de dicha Confederación Argentina, cualquier trata- 
do, Convención, ó Ajuste qae pueda conducir á conseguirse el 
objeto ya mencionado ; y para firmar por Nosotros, y en Nues- 
tro Nombre, todo cuanto asi se ajuste y concluya; y para efec- 
tuar y negociar todas y cualesquiera otras materias que puedan 
tener relación i la condosion de dicha obra ; en una manera y 
forma tan amplias, y con igual fuerza y eficacia que lo pudiéra- 
mos hacer Nosotros, si estuviésemos Presentes personalmen- 
te : comprometíéndoaos y prometiendo bajo Nuestra Real Palar 
bra, que todo cuanto fuere de este modo tratado y concluido por 
Nuestro dicho Comisionado, Procurador y Plenipotenciario, se- 
rá admitido, reconocido, y aceptado por Nosotros del modo mas 



ü6 HISTOBIA política Y MIUTAR 

phnio ; y qiio íiunca permitiremos, cuanto estuviesi? eii nuestro 
Toder, que toilo ó en parle, cualquiera Persona lo infrinja, ú 
obre en contravención á ello. 

E;: te.sliuKjriio de lo mal, Hemos Cnlenaílo qne el Oran Sello 
(lo Nneslr.) Uoiuó l'w'ul) di» la Tiran Uretaña é Irlanda sea anexa- 

m 

(lo á oslas Présenles, las cuah's Hemos Hrmartí.) con Nuestra Mu- 
ño Ilegia. 

Dado en nuestra í'.'jrle «'n HalmcralelST de Agosto en el ano 
d(:l SíMlor de I8M), v en r\ I :i' de Nuestro Reinado. 

VICTÜRÍ.V U. 

PALMEÍSTON. 

I.:l anterior es copia liel — ¡ikxrique shoütkr?:. 

■ 

El íií^neral Urquiza iiahia invadido la provincia de tlorrientes. 

El (Venera! Paz que conservaba e! alio cargo de director de la 
giierrí!, y pennaneoia en su campamento de Vilianueva, diu al 
rieieral 1). Juan Madariaga, el m:indo de la vanguanlia del ejér- 
ciU) corrontino compuesta de 1800 hombres de caballería, con 
mas una División de 800 h:íriil)res mandada por el (icneiTil ( Jo- 
s'^ Domingo Avalos\ 

El rJiTcito del (ieneral Paz se C(:)mponia, en su totalidad, de 
S.")00 hombres, de los cuales, 1200 eran Paraguayos, y los res- 
taníes Correnlinos, armados 3000 de infantería con 12 piezas 
di» arlillería de cam|)a'"ia, y los demás de caballería regularmente 
montada. 

Paz habi'a reí:ibido de Montevideo oOO carabinas, 500 sables, 
y 200 pares de pistolas, y del continente brasilero oOO fusiles y 
800 es|)adas, n(»gociados por casas de comercio de Rio Grande. 

Entre los Gobiernos d(d Paraí^iav v Corrientes se había con- 
cluido un tratado de alianza ofensiva v defensiva, el 1 1 de No- 
viembn» de I8i8, y jm)I' uno de los artículos reservados, el 
Gobi(»riio correntino hizo conresi(ni de una parte del territorio 
al E<t(nlí< a(|n(»lla provincia, comprendido, desde la Tranquera 



DB LAS REPCBLIGAS DEL PLATA 57 

i 

deLoreto, tocando por las puntas del Aguapoy, hasta dar con 
el territorio brasilero sobre la costa del Paraná, la que le habia 
sido cedida ya por el tratado, de í84i, en lo que fueron comi- 
sionados Valdez y Arrióla, y por otro articulo igualmente reser- 
vado, le estaba prohibido al Gobierno de Corrientes, y al Direc- 
tor de la Guerra, entrar en arreglo de ninguna clase con ningún 
Gobierno de la Confederación Argentina sin el consentimiento 
y aprobación del Gobi'erno Paraguayo. 

Por el mencionado tratiido, finalmente, el Gobierno del Sr. Lo- 
pez, quedaba en el compromiso de auxiliar al Gobierno de Cor- 
rientes con lü mil hombres, de los cuales formaban parle los 
mencionados i mil. 

Por una urden general del 22 de Enero do 1846, el General 
Paz habia dado una nueva organización á las fuerzas aliadas. 
El ejército tomaba el p.ombre de Ejército aliado pacificador. 

Nombró, como queda dicho antes, Jefe de la vanguardia al 
General D. Juan Madariaga, al Coronel D. José Joaquín Baltar 
Jefe de las fuerzas que cubrían la línea de Santa Lucia y al co- 
ronel D. Félix M. Gómez Jefe del Estado Mayor de dichas 
fuerzas. 

Una vez en operaciones en la provincia de Corrientes, el Ge- 
neral ünpiiza marchó sobre Paz, y encontrándole en la Tran- 
quera de Loreto le derrotó completamente, dejantlo las fuerzas 
aliadas 300 cadáveres, igual número de prisioneros, entre estos 
gran número de Jefes y oh'ciales y el General 1). Juan Mada- 
riaga. 

El General Paz fué á detenerse en la frontera del Brasil v el 
coronel Hornos á Uruguayana de donde se trasladó en seguida á 
la Banda Orient.d. 

El 6 de Junio de <8i6, un inmenso convoy procedente de 
Corrientes custodiado por buques de guerra de las escuadras 
aliadas pasó por frente á las baterías de San Lorenzo en el Para- 
ná defendidas por el General I). Lucio Mynsilla, después de tres 



58 HISTORU POLÍTICA Y MIUTAA 

horas de combate ea el que los aliados sufrieroD alguaas ave- 
rías. Á este respecto, Téase aoa carta del Almirante HothauL. 

ionio 6, frente de Obligado.— Cuarenta y ocho horas después 
que Vd. redhia esta, espero estar con Vd.; no espere, pues« una 
larga relación. La pérdida de la Obligado que llevaba cooiunica- 
ciones anunciando la revolución de Corríentes, me ha impedido, 
tener á Vd. tan al corriente de los asuntos como hubiera querido 
y puede imaginarse que después de tal lección, la pérdida del 
buque, no me espuse á enviar otro buque solo. 

Al bajar tocaré en Ibicuy, con el objeto de saber las últimas 
noticias que me sea posible adquirir del estado de los negocios 
politices del £ntre-Rios antes de reunirme á Yd. 

Nunca ha habido gentes tan afortunadas, nosotros, los vapo* 
res pesados, tuvimos un tiroteo por tres horas y medía con la$ 
baterías de San Lorenzo^ y aunque nos dieron tres veces en el 
casco, algún hombre en ninguna de las escuadras ha sido herí- 
do ó muerto. Nos vimos precisados á qu^uai* tres buques de 
comercio : uno de ellos la barca inglesa Caicedatii, varó debajo 
de las baterías que le habian introducido cinco balas en el casco 
antes que la quemásemos. El número de buques del convoy 
es de no. De Vd. — Carlos Hotham. 
' El convoy contenia 340,000 cueros vacunos. En Corrientes 
se cargaron 250,000 y en Goya de 70 á 80,000 y quedaban aun 
en Corrientes de 80 ¿ 400,000 cueros. 

El personal de la escuadra Aoglo-Francesa se componia del 
siguiente modo : 1 2 buques de guerra que montaban 85 piezas 
desde 24 á 80 : en la noche anterior habían colocado ademas en 
un islote frente á las posiciones argentinas una batería de píe^ 
zas á la Congréve. 

Las posiciones de Hansilla estaban guardadas por 500 infan- 
tes y 17 piezas de artillería, de 42 á 24. El combate duró tres 
horas desde las once de la mañana, hasta las dos y cuarto, y^n 
él quedaron ardiendo, no un buque, como dice el capitán Ho- 
than, sino la barca inglesa, dos goletas y un pailebot. 



DE LAS REPDBUCIS D£L PLATA 59 

En €i mat^ial qne eendiida tufo el coovoyfiMchas pérdidas, 
porque eu medio del conflicto del combale, para no ?arar y 
poder airarse «as fácilmente, «uchoa buques arrojaron las 
trojas al agua, los tercios de yerba, cueros, y caanto los alqe^ 
raba, se fieros boyando entre los cadáveres, y sin embaído el 
capitán Hothan no los tío. 

El vapor Lizard de los aliados bubiese quedado en el sitio 
del combate si no hubiera sido suspendido por dos vapores de 
mayor cuerpo que lo sacaron. 

En cuanto al resto de los buques de guerra, también sufrie* 
ron avería. La línea de las posiciones argentinas tomaba legua 
y media. £1 costado derecbo estaba a cargo del coronel D. Ma- 
nad Virto : el izquierdo era mandado por el coronel 0. Martin 
Santa Coloma, y el centro por los coroneles D. Juan Bautista 
Tbome y D. José Cereao. El iioroad Tfaorne quedó herido de 
una metralla en el hombro. Las balerías de San Lorenzo solo 
tenían en línea 50 tiros por pieza, y gastaron 80. La escuadra 
aliada jugaba en-consecuencia un número extraordinariamente 
superior de disparos, por ser cinco veces mayor el número de 
artillería. El 21 del mismo mes la escuadra aliada que bajaba 
con el convoy, incendió en el puerto de la Ensenada los siguien- 
tes buques mercantes con carga y sin ella : goleta Fama Argén- 
tina, sarda, pailebot Bella Mita sardo, zumaca Beatriz, sarda, 
tres goletas mas que estaban en Ul Enuíiada, sardas, goleta 
sarda Riia cargador José Gregorío Lezama ídem idem Fama 
Argentina^ cargadores Dickson y€/, idem idem Lo$ Arnigoi, 
cargadores Freyer hermanos, Ktsso y Rosa; zumaca sarda 
Beatriz, cargador Juan Descbnglie, goleta sarda Catalina,. No 
habia abierto registro y era de la propiedad de D. Bartolomé 
Áccineli, y un pailebot de los prácticos. 

De la derrota de la Tranquera de Loretjo, ó del Potrerito 
como se le llamó también, snrgió el tratado de Ahxtíraz el 1 4 de 
Agosto del mismo año. El General Rosas, que entendía la su- 



60 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

misión de todas las provincias, como base de nazon y de derecho 
pn'tendió en seguida, que el General Urquiza no figuraba en el 
tratado de Alcaraz, como Gobernador de Entre-Rios sino como 
General en Jefe del ejército de operaciones, representando al 
mismo General Rosas, en virtud de órdenes que este le babia 
impartido — >\ida era menos cierto sin embargo; Urquiza como 
(iobernador do una provincia, tenia igual derecho que los dem;is 
Gobernadores, incluso el mismo señor Rosas, para tratar de 
paz en esa, como en cualquier otra negociación, y una prueba 
de ello, es el tratado cuadrilátero del que fueron signatarios 
los cuatro Gobernadores, de Buenos Aires, Entre-Rios, Santa 
Fé, y Corrientes. Por el artículo 4.** de aquel tratado, se recor- 
dará que se pactaba, que ninguna de aquellas provincias podría 
hacer tratados con otra, sin previo avenimiento do las tres res- 
tantes, quedando determinado mas esplícitamente en el IG**, que 
las referidas provincias tendrían una representación. Una de las 
atribuciones de ar[uella representación. era la siguiente : « Cele- 
ü brar tratados de paz, á nombre de las tres provincias espre- 
« sacias, conforme á las instrucciones que cada uno de los 
« Diputados tenga de su respectivo Gobierno, y con la calidad 
«desínneter dichos tratados á la ratilicacion de cada una de 
<c las tres proviíicias. Hacer declaración de guerra, contra caal- 
« quier otro poder, á nombre de las tres provincias litorales, 
« toda vez í[ue estén acordes en que ^e haga tal declaración. )* 
Ninguna de las cuatro provincias tenia pues mas derecho que 
las otras |)ara hacer guerra 6 celebrar tratados de paz, y si dos 
de ellas, se habian puesto de acuerdo para concluir sus disen- 
siones, el General Rosas no tenia ningún dorecho.de suprema- 
cia, para imperar absolutamente sobre tales convenciones. Sin 
embargo, por su mensaje se vio que desconocia los derechos de 
Urquiza para tratar, y continuaba la guerra con la provincia de 
Corrientes, así como habia rechazado las proposiciones referen- 
tes á la paz del Gobierno de Montevideo con la provincia de 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 6*1 

Entre-Ríos ; y que no aceptaba nada que no fuese un someti- 
miento absoluto á su voluntad — No recibiendo maniatada la 
provincia de Corrientes por el pacto de Alcai^az, eran inútiles 
todos los esfuerzos del General Urquiza para terminar un con- 
venio que no fuera humillante para los correntinos. 

El General Paz, fué informado de todo, pero no pudo evitar 
que se llevasen adelante los trabajos del General Urquiza, cuyas 
proposiciones empezaban por establecer, que quedaría reco- 
nocido Gobernador y Capitán General déla Provincia de Cor- 
rientes, el Genéralo. Joaquín Madariaga, quien debiaá su vez 
reconocer al General Rosas, como encargado de las Relaciones 
Exteriores de la Confederación Argentina : que el General Paz y 
sus adictos saliesen de su provincia ; que Corrientes no tendría 
relaciones con los agentes Anglo-Franceses, concluyendo por 
prestarse al reconocimiento de la Independencia del Paraguay, 
previa la condición de que se suspendiese la remisión de las 
tropas, estipulada en el Convenio, y las operaciones de las que 
estaban en la Provincia de Corrientes. 

El General Urquiza se retiraba al Entre-Rios ¿esperar el re- 
sultado. 

Eíitre tanto el Paraguay por su parte habia dicho y estipulado 
de una manera solemne que haría la guerra hasta obtener ga- 
rantías completas y valiosas de su independencia y soberanía, 
como del derecho y comunidad de la navegación libre por los 
ríos Paraná y Plata, puntos á que el General Rosas tenia que 
oponerse tenazmente, para no abdicar el predominio que prc- 
teadia estender sobre todos los países de esta zona de la Amé- 
rica. 

La situación de Corrientes quedaba desde luego en peores 
condiciones desde que los, resultados del tratado de Alcaraz pu- 
sieron al General Paz fuera de la escena, dejando al General I). 
Joaquín Madariaga en una situación embarazosa. 

El General Paz, con su comitiva compuesta del General Ava- 



62 HISTORIA POLÍTICA T MILITAK 

ios T el coronel Ocampos, correntinos, se díríjíó al PsiragnaT. 
— Llevaba la pretensión de obtener el mando del ejército pa- 
n^ajo, pero no lo consigoíó, y le dieron sos pasaportes para 
Boliyia — En sn tránsito por el Chaco se apoderó de nn pequeño 
convoy del General López, lo que facilitó sn tránsito. 

El coronel Hornos, qae había pasado á la Provincia de Cor- 
rientes con la intención de levantar algunas faerzas, mientras 
se pactaba el Convenio de Alcaraz, lanzando la especie, de qne 
el General Madariaga estaba vendido á Rosas, fnc^ descubierto y 
perseguido activamente y algunos de sus parciales ejemplar- 
mente castigados. Jorge Cardossi ( alias el Griego) y 6 mas de 
los cabecillas de aquel movimiento cayeron en poder del Gene- 
ral Urqníza, apresados por el comisionado Rosales, del Ibícai. 
Bajaban el Paraná en una balsa ó angada. 

Asi permanecieron las cosas en aquella Pi*ovincia Argentina 
hasta el mes de Noviembre de I8i7 en que el General ürqniza 
dio nn golpe mortal al Gobierno de aquella provincia por medio 
de un sangriento heclio de armas que cambió completamente la 
faz de sn política. El General D. Joaquín Madariaga se bailaba 
campado con su ejército en Maleva ó rincón de Vences cnando 
fué sorprendido por las fuerzas del General Urqníza, trabándo- 
se un combate de cuyos resultados dá cuenta detallada y exacta 
el parte oficial del General Urqníza que va i continuación, el que 
da, por otra parte, estensa cnenta de los acontecimientos que 
precedieron á este suceso. 



DE US REPÜBLICAS DEL PLATA 63 

¡VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA I 
{MUERAN LOS SALVAJES UNITARIOS I 

El Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre-Rios, 
General en Jefe del Ejército de Operaciones contra los sal- 
vajes unitarios. 

Campo de bataUa en la boca del Potrero de Vences, 
Noviembre 28 de 1847.-Año 38 de la Libertad, 23 
de la Federación Entre-Riana, 32 de la Indepen- 
dencia, y 18 de la Confederación Argentina. 

Al Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de 
Buenos Aires, Encargado de las Relaciones Exteriores de la 
Confederación Argentina, Brigadier General D. Juan Manuel 
de Rosas. 

En una de mis últimas comunicaciones dirigidas á V. E. por 
medio del Exmo. Sr. Ministro de Relaciones Exteriores, Cama- 
rista Dr. D. Felipe Arana, significaba que la continuación de mis 
marchas seria sin interrupción. Desde entonces el ejército de 
mi mando ha luchado y vencido á la naturaleza de un pais que 
presenta aterrantes obstáculos para soldados menos valientes 
que los que tengo la fortuna de mandar, habiendo andado de bue- 
no y mal camino mas de ciento cincuenta leguas. En su tránsito 
y en seguimiento del ejército de los salvajes unitarios se ejecuta- 
ron tres delicadas operaciones, que para realizarlas se necesitó 
la concurrencia de acertadas enérgicas disposiciones, y el valor 
á toda prueba de nuestros soldados: tales son los pasajes á nado 
del caudaloso rio Corrientes con sus extensos malezales, el Batel 
y el correntoso Santa Lucia. De ellos, el segundo solamente se 
encontró vadeable, y estas inaccesibles barreras, particular- 
mente la primera y la última, los salvajes unitarios que hablan 
empezado á retirarse desde las situaciones que ocupaban en la 
margen derecha del antedicho Corrientes, las interponían entre 



64 IIISTOKIA POLÍTICA V XILITAR 

el Ejército «le Operaciones y ellos como !)astanio inconveniente 
para detener nuestra triunfnnle marcha. Pero, faera terror que 
¡nfaiiditMamos vA eiiemig.i, ó su plan de campaña conducirnos 
al interior de esta Provincia para decidir la suerte que debía ca- 
berle en una l)al<dla decisiva en el centro d.í sus recursos, fueron 
consideraciones que, aunque las conoció, no les presté aten- 
ción, pues desde la apertura de la campana estaba resuello á no 
dejarla ofensiva. Esla invariable coriducUi me hizo llegar el 2-> 
con la vanguardia al pai'age d'üominado Pmiío, que presenta 
un estrecho deslüadero douile ha!)ia un:i división de los salva- 
jes unitarios, que mandé atacar con el primer escuadrón ib? la 
división de servicio, el qa."^ acuchilló á los salvajes unitarios, 
habiéndoles muerto seis, y tomado cuatro prisioneros, los cua- 
les ratificaron la noticia tenida hacia dias, de que el enemigo se 
íia:)ia fortificado e:i id potrero <le Vencen: después de este suceso 
la vanguardia y ejército acamparon á su inmediación. En este 
(lia dis[)USo que el ejército sr* 5)reparara |>ara combatir, pues la 
pcrmaní»ncia á mi fi'oate de los puí»stos avanzados del enemigo 
revelaba estar en aquellas crcanias todas sus fuerzas. El 2ü á 
las dos de la tarde me [)use en nioviiu'enlo, y ordené al beno- 
mérilo (leneral Garzón (|ue, mientras yo dirigiami ataque con 
!a vanguardia por nuestra dereciía, él con el ejército deliia 
practicar el suyo per la ¡zquiíírda. 

La operación seejojuín con rapidez simuluinea : los salvajes 
unitarios fueron empujado^ de la primt^ra p.ísicion, y á las í 
de la tarde nuestras masas dcsnlcLTaban ha::ie:id() fiamear los 
estandartes Federales frente al camp.» forLüicüdo en (¡ue se 
iiallaba todoo! ejécvMío salvaje iiailario : (juedand > así lleno mi 
objeto de hacer un re::onocimienio i^^enera', apreciar las obras 
de campaña que ha'.)ian levantado, su fuerza física y material, 
y las ventajas locales de que estaban apoderados. íloncluido 
mi prolij.) reconocimiento, se tomaron consiguienlementc to- 
das las dis|)OSÍciones para atacar á las S do la mañana del ilia 



DE LAS REPÜBLIGAS DEL PLATA 63 

próximo : la tarde estaba nebulosa y ardiente : al ponerse el 
sol empezó á llover copiosamente hasta las 1 1 de la noche, y por 
consecuencia preciso fué postergar la hora ; pero no el afortu- 
nada dia. Nuevas órdenes se impartieron para dar la batalla al 
medio dia, después de secar y asear de nuevo armamento y 
monturas. 

El ejército salvaje unitario se habia fortificado en la misma 
embocadura del Potrero de Vemes, sobre una colina elevada 
que tiene la extensión de 830 varas, toda ella foseada en donde 
lo necesitaba, y terraplenada su parte exterior, dejando solo dos 
espacios sin cerrar de corta distancia en lugares los mas promi- 
nentes, donde estaban establecidas sus fuertes baterías de arti- 
llería : sus dos flancos perfectamente rodeados de esteros ; en 
el frente otro de estos que inutilizaba completamente el ceñido 
terreno en que podian únicamente maniobrar mis tropas. Ade- 
más, circuía toda la retaguardia del campo enemigo un grande 
y hondo malezal, por manera que la naturaleza le hacia mas 
formidable después de los trabajos que habia empleado el arte, 
tras los cuales sí? hallaban colocadas doce piezas de artiliería 
híon servidas, 900 infantes y mas de 3,300 hombres de caball.í- 
ria, mandados por los salvajes Unitarios traidores Madariaga, 
y el pelafustán Juan Pablo López. 

El momento de la batalla se acercaba, Exmo. Señor, y mis 
disposiciones desde el dia anterior fueron las siguientes. Yo 
CDH la vanguardia debia doblar la posición de los salvajes Uni- 
tarios por su izquierda : al valiente (leneral (larzon, con ol 
ejército compuesto de las tres armas, cometí que atacase de 
frente, y ílinq?iease la derecha de aquellos que se creian iii- 
voncjbles, ó cuando menos, contaban con seguridad rechazar- 
nos. 

El Sr. (lenerahíarzon, hechocargo de mi propósito, me pre- 
senta ¡os detalles con que debia ejecutarle, que merecieron rni 
entera aprobación, y á las diez y tres cuartos me puse en mar- 






66 HISTORIA POLÍTICA Y MIUTAR 

cUa para anticiparme á penetrar el bañado que tenia mas de una 
legua, maciegoso, y el agua llegaba á la espalda del caballo. 
Cuando el hábil General Garzón advirtió que yo salia á la espalda 
del ejército enemigo, desenvuelve con rapidez la combinación 
de su ataque, que supo ocultar con gran tino á los salvajes Uni- 
tarios hasta cinco minutos antes de la hora (ijada : 5 piezas de 
artillería al mando del valiente comandante D. Marcelino Marti- 
ncz rompen sus fuegos; los acreditados batallones Enh^e-Riano 
y lírquiza marchan de frente en una dirección dada sobre el 
único terreno que conducia al centro fortificado enemigo, el 
cual harria la metralla de su artillería, y en el centro de ellos 
seguían 2 piezas de artillería mandadas por el intrépido Mayor 
Sotelo, ejecutando un fuego activo y certero : este ataque era 
sostenido por el valiente comandante D. Doroteo Salazar, que 
con su bizarro escuadrón fué inseparable de nuestros batallo- 
nes hasta las líneas enemigas. 

Trabada así la batalla por un fuego vivo de artillería y mos- 
quetería por los referidos batallones, que dirigían sus valientes 
comandantes D.José María Francia y D. Manuel Basavilvaso, 
el denodado General Garzón, en cumplimiento de mis órdenes, 
se pone á la cabeza de la caballería, penetra al trote un bañado 
que los salvajes Unitarios, en la orilla que disputaban, sostenían 
con cien infantes en la extremidad del foso que hasta allí llegn- 
ba, donde habían colocado también un número considerable 
do estacas, cuevas de lobo y palmas tendidíis, que formaban un 
vallado. Estos eélorbosno lo detienen: el muy intrépido co- 
mandante D. Mauricio López con su escuadrón de Alcaraz, que 
esa mañana iiabia sido armado de fusil v bavoneta, iba á la ca- 
beza do la columna. Los salvajes Unitarios vienen con un bata- 
llón y caballeria escalonada á la lengua del agua á parar este 
golpe y cruzar sus armas: en este ái'duí) empeño el expresado 
(".)ma:ulante López echa pié al agua, como se le había preveni- 
do, con sus valientes Dragones improvisados, y rompe sus fue- 



DI LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 67 

gos. El Sr. General Garzón á su vez hace que la caballería se 
precípite ; manda tocar la carga con su corneta de órdenes, y 
los intrépidos coronel D. Apolinario Almada, comandantes don 
Juan Castro y D. Mariano Salazar, con sus intrépidos cuerpos 
embisten k la vez sobre los salvajes Unitarios, que ejecutaban 
el mas vivo fuego de fusil y tercerola ; pero que instantánea- 
mente dieron la espalda viendo que los valerosos Federales pi- 
san sus trincheras. Tan valeroso ataque iba fortalecido por la 
reserva de la 6.* División mandada por el bien acreditado coro- 
nel D. Manuel Antonio Palavecino, y los intrépidos comandan- 
tes Borrajo, D. Juan Luis González, D. Feliciano Palavecino, y 
por los vSarjentos Mayores Gómez, Soto, Barras, Cevalles, Are- 
nas, y el Gefe de detall, Doldan. Cuando conocí que mis tropas, 
habiendo atacado la derecha enemiga y sus demás líneas de for- 
tificación, obtenían sucesos remarcables, dispongo sin vacilar 
que las divisiones que traia conmigo ejecutasen sus^cargas para 
completar la derrota de los salvajes Unitarios, y evitar se re- 
hicieran ni para intentar nuevos choques. 

Así sucedió: Los bravos coroneles D. Miguel Gerónimo Ga- 
larza, D. CríspinVelazquez, D. José Virasoro, D. Antonio Borda 
y D. Nicanor Cáceres; el comandante Carvallo, valiente Gefe de 
mi escolta; su segundo, el intrépido capitán D. Manuel Navarro; 
el denodado Mayor D. Juan J. Paso, y el arrojado comandante 
D. Fausto Aguilar, dirigen acertados ataques con sus respectivos 
cuerpos, siendo apoyados por la división Victoria armada tam- 
bién de fusil y bayoneta que se batió pié á tierra. Con esta ope- 
ración conseguí derrotar la caballería que se me oponía, que 
con 2 piezas de artillería hacían terrible fuego abala rasa y me- 
tralla, cuando no podía acelerar mis cargas por lo pesado del 
bañado. Ligada asi la batalla y la victoria que obteníamos en 
todos los puntos que el Ejército de Operaciones alcanzaba con 
embravecimiento sobre la artillería, infantería y caballería de 
los salvajes Unitarios, verificándose propiamente dicho un asal- 



68 HISTORIA POLÍTICA 'T HIUTAR 

to que ínmorlaliza y hará pasar ¡jl la posteridad el Tictorioso 
ejércilo de mí mando, que en una hora había debelado á su 
enemigo tras sus lincas bien fortiflcadas, haciendo rendir sus 
armas á toda la infantería con sus dos bandas de música y tam- 
bores, tomadas 13 piezas de artillería, lanceada y puesta en 
derrota la caballería, do la que hay en el campo mas de seis- 
cientos muertos entre jefes, oficiales y tropa, quedando en 
nuestro poder su inmenso parque, dos banderas y nueve es- 
tandartes, como setenta prisionei'os jefes y oficiales, cerca de 
1 ,300 de tropa, carruajes de los salvajes unitarios Madariaga, 
en que se encontró su correspondencia, y un número conside- 
rable de caballada. 

Las cuatro de la tarde eran cuando regresé al campo de bata- 
lla, después de haber hecho en persona una tenaz persecución 
de mas de tres leguas (por uh fuerte bañado de dificilísimo trán- 
sito) á los salvajes unitarios que despavoridos iban á ocultarse 
entre los cercanos montes. Los cabecillas Madariaga, que fue- 
ron los primeros en huir, asustados de sus criminosos hechos, 
no pudieron ser alcanzados por nuestros valientes escuadrones 
que en su busca cruzaban casi á nado los esteros. Antes de hacer 
mi contramarcha destiné á los coroneles D. Crispin Yelazquez, 
D. José Vírasoro y D. Nicanor Cáceres á la continuación de aque- 
lla, los que aun no han vuelto ; y á mi arribo al glorioso campo 
de batalla me recibió el esclarecido General Garzón presentán- 
dome nuestros valiosos trofeos. 

Ahora paso, Exmo. Señor, á cumplir con el deber que me 
impone mi calidad de General en Jefe del Ejército de Operacio- 
nes, al cual he conducido en cuarenta días de tan heroica cam- 
paña á laestremidad de la infortunada Corrientes, para manifes- 
tar á V. E. que el hábil, el esforzado General Garzón ha concur- 
rido á la consecución del triunfo en una parte muy principal, 
poniendo en ejercicio la misma infatigable actividad y acreditada 
pericia con que supo libertar á la Provincia de Entre-Ríos, con 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 69 

solo un puiíado de valienles dirigidos por aquellas aptitudes, 
ser presa del poder comparativamente colosal con que á fines 
de 1843 la invadieron los salvajes unitarios Madariaga. Tanto 
en los preparativos que improvisadamente he puesto á su in- 
mediata dirección para emprender la campaña, como en todas 
las operaciones que en ella se efectuaron, y muy esencialmente 
en la ejecución de la importantísima parte de ataque de que 
en la batalla le he encomendado, ha justificado que no es en 
vano que la opinión general en ambas Repúblicas del Plata lo 
designa como un esperto y denodado General; y le es tanto mas 
apreciable, cuanto que tengo incontestables pruebas para ase- 
gurar que ademas es un virtuoso patriota, decididamente adicto 
ala causa eminentemente Americana quo con tanta gloria sos- 
tienen la Confederación Argentina y la República Oriental. 
Digno es por lo mismo de la estimación general y de la especial 
de V E., á cuya alta consideración lo recomiendo. 

Interminable seria esta nota si entrase á individualizar igual- 
mente el relevante mérito que el dia de la batalla contrajeron 
todas las clases de este ejército, por la bravura y disciplina con 
que se comportaron ; y me reduciré por lo tanto á exponer en 
resumen que todos á porfía rivalizaron, excediéndose en el hon- 
roso empeño de llenar mis disposiciones, cumpliendo eficaz- 
mente sus respectivos deberes como dignos hijos de la Patria, 
manifestando también resignación para sufrir las privaciones 
y constancia para acabar empresa tan ardua, sin haber tenido 
que castigar ningún crimen desde el dia que hice mi primer 
movimiento déla benemérita Entre-Rios. 

Mis Ayudantes de campo se desempeñaron en la comuTiica- 
cian dé mis órdenes con rapidez y valor : entre ellos se hallaba 
el Comandante D. Antonio 8iWa. Los del ilustre General Garzo» 
tuvieron igual honrosa comportacion en el calor de la batalla : el 
comandante D. Lnis Molina era el primero de ellos. El coman- 
dante del Parque, sargento mayorD. Gil Diana, y todos sa^ em 



70 HISTORU política T MILITAR 

ploados sr lian roiuluciilo con la mayor actividad en la distribu- 
;ion do anu.is y municiones desde la víspera de la batalla, asi 
roHKMMi lt>sanv^lt>s do totlos los elementos d^ guerra tomados 
til eiionii>;o. Kl Dr. 1>. Ani^ol Donado, primer facultativo del ejér- 
ritt», ha desple<i[ado todo su celo y conocimiento para atender 

;o;i esn\erada asistencia á nuestros heridos, en cnva tarea los 

« 

niphviilos de esta repartición le han ayudado con eficaz pro- 
It^iila L 

l.os documentos que tenido el honor de incluirá esta nota son 
para «|ueniascuniplidamenle se iiíslruya V. E. de las ocarren- 
oias hahidas en la jornada de ayer, asi como de la formidable 
p »sic't>n di» los sal\aje> unilarios, 

l\ira xon.orlos en ella toi\.*nios ipie lamoatarla irreparable 
p.Mdula d;* aljianos líeles > vállenles Federales. Entre Iv^s beri- 
vliw hallara \ . K. el nomhre del beMemérilo comandante D. José 
Mana Francia, que .o esí.i ¿iravemenie de nuiralla. y cuyo esta- 
dio lasiimoso es penoso para el tíeaeral en Jefe, de quien Fran- 
,*»a h,t suK> inseparable compafien^ de ti>das sus campañas. 

Fl documento Niiiu. I — F.\p;vÑ.\ el numero de los inJividuos 
muerios > hondos del ejei\'¡io de oivrjk::one5. 

NiV.u i - riano del cam¡v> atrin;herA,!.^ Je K^s sulvaje^ uní- 
:;^nsv<. > .^U.juo del ejorví:x^ \enve.!,K. 

\um S Rcla;uM\ de h ArLIler»:; AprcsAÍA íri liS tri:i:heris. 

\am. i — \ isiA n,^:uinA! ií l.vfi :;;uía.5.x> jeíes y .;i:;i!e5, 
vi,- \. ves u:i;Urux>. hívh.^s pr,su^:;ír.>>, ^ ;j*íí namérír: ie ;>>> 

,\H<^5.\s t^>:uAd,v< o« K ;j;n\;v ,íí Na:jiI",a. 

\ .'jTsV^iív.'v ^> Va cv^:\\vr?vrA a \s. r;*ÍAÍírAíuv?:ii \-¿ífflLridi, 
>¡;frf \KA s«^ fyt;;ftr,NS .\^ ;fr.v< <w 7?; v;^^ca a ?w iuí> 1a jc»sa 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 71 

del funesto bando salvaje unitario, que consolida la paz en toda 
la República, afianzando su régimen federativo, que ha destruí- 
do de un solo golpe el apoyo y la oculta política que aun conduce 
obstinada á la intervención extranjera, es un acontecimiento de 
inmenso alcance, que contribuirá eficazmente para que Y. E. 
concluya esa grande obra que los Argentinos hemos confiado á 
su alta capacidad y esclarecidas virtudes» para defender con 
gloria el honor nacional, y la independencia de la Confederación 
Argentina : y por lo mismo dirijo á V. E. á mi nombre, y al de 
todo el ejército vencedor, las mas cordiales entusiastas felici- 
taciones, que se dignará aceptar con la consideración y alta es- 
tima que le tributo. 
Dios guarde á V. E. muchos anos. 

JUSTO J. DE URQUIZA. 

Adición — El General en Jefe, justo apreciador del recomen- 
dable mérito de sus valientes jefes que á la cabeza de sus divi- 
siones, escuadrones y demás respectivos puestos han concurrido 
eficazmente á alcanzar la gloriosa victoria de Vences, quiere no 
omitir los nombres de los que por una casualidad no se hallan 
en el lugar que les correspondía en este parte, cuando todos al 
frente de su tropa cargaron intrépidos á los atrincherados sal- 
vajes unitarios : por lo tanto trasmito á V. E. sus nombres, pues 
que igualmente son acreedores á la consideración de V. E. y do 
la Confederación ; á saber : 

Comaíídantes — D. Francisco Hermelo, D. Manuel Artigas, 
D. J. de la Cruz Gallardo, D. José Antonio Reyes, D. Salvador 
Bejarano, D. Domingo Hereníi,D. Valentin Gutiérrez, D. Pedro 
Torres, D. Clemente Paredes. 

Sargentos Mayores — D. José Luis Garrido, D. Pedro Gonzá- 
lez, D. Simón Maidana, D. Victoriano Olguin, D. Juan Martinez, 
D. Elias Várela, D. Santos Cabrera, D. Evaristo Martinez, D. 
Pascual Sotelo, D. Alejandro Azula, r. Lorenzo Haedo, D. Isido- 



73 mSTtWIl POIÍTICA Y HILnAR 

ro Aquino, D. Joaquín Ganarra, D. J. Maaoel Aitamirano, D. 
JoséBaHejo, D. loocencio VillaimeTa, D. S. Maciel. 

UBQUIZi. 

NÚID. I. 

i TIYA lA CONFEDERACIÓN ARGENTINA I 
i MUEVAN LOS SALVAJES UNITARIOS ! 

Ejército de Operaciones, 
Estado Mayor. 

Demoslnicion de los señores jefes, oficiales y tropa muertos y 
heridos que tuvieron los cuerpos del expresado Ejército Confe- 
derado en la gloriosa batalla obtenida el día de ayer en el Po- 
trero de Vences. 

Sigue la relación, por la que consta lo suguientc : 

Muertos 20 

Heridos (57 

Ñola — No van comprendidos los muertos y heridos que 
hayan tenido las Divisiones de Vanguardia, que no han pasado 
sus relaciones por hallarse fuera del campo, unas persiguiendo 
á Ins vencidos salvajes uniUirios, y otras en diversas comisiones. 

Cuartel j^onoral sobro ol campo do batalla, 
Noviombrn 58 do 1847. 

Por orden de S. E. 

Antonio Kzequiel Silm. 

Núm. i. 
El plan de la batalla. 



t£ 1A9 KEPÜBIiCá« DfiL PltATA 73 



NúnL 3. 

j viva la confederación argentina i 
i ircteran los salvaje» 9nítam0s i 

Estado Mayor. 

ndacion de la artrlieria tofnhda á los salvajes unitarios en 
la gloriosa batalla obtenida el dia de ayer en ei Potrero de 
Vences. 

Dos carroñadas calibre de i 8 

Dos cañones de bronce, calibre de á 6 

('aatro idem de fierro, calibre de á 6 

D-os idem de bronce, caJibre de ¿ i 

Dos^ idem de idem, calibre de á 3 

Cuatro carros conductores de las municiones del tren. 

Cuirtul general sobre el campo de halalla, Noviembre 28 de 1847. 

Por Orden de S. E. 

Anión 10 Ezequiel SUca. 



* 



j VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA ! 
i MUERAN LOS SALVA/ES UNITARIOS ! 

Ejércih de operaciones 
Estado Mayor. 

Listii nominal délos tilwlados Jefes,' Oficiales y total numérico 
de tropa, hechos piisiofieros en la gloriosa batalla obtenida el 
dia de ayer en el Potrero de Vences. 

(Este estado muy detallado, i^n que se especifica el giíado, 
nombre y patiia de los prisioneros, da por resultado :) 



74 HISTORU POLÍTICA T MILITAR 

Jefes 5 

Oficíales 71 

Tropa 1240 

Nota — Según las últimas noticias recibidas extrajadicial- 
mente, también ya tienen prisioneros las faerzas federales per- 
seguidoras á otros varios titulados Jefes, Oficíales y tropa de los 
salvajes unitarios. 

Cuartel general sobre el campo de batalla, Noviembre 28 de 1847. 

Por orden de S. E. 

Antonio Ezequiel Silva. 

Núm. 5. 

¡VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA I 
I MUERAN LOS SALVAJES ÜNFFARIOS I 

^¿rcito de operaciones 
Estado Mayor. 

Relación del armamento, municiones y demás bagajes toma- 
dos en la gloriosa batalla obtenida el día de ayer en el Potrero 
de Vences. 

Quinientos noventa y seis fusiles. 

Catorce tercerolas. 

Trescientas noventa y siete lanzas. 

Ciento ochenta cananas de infantería y caballería. 

Cincuenta y nueve sables para artilleros. 

Veinte y tres sables latón. 

Cinco cornetas. 

Ochenta cajones con novecientos cuarenta y ocho cartuchos 
do cañón & bala del calibre de 3, 6, y 8. 

Veinte y ocho cajones con tres cientos veinte y ocho tiros de 
metralla de los mismos calibres. 

Veinte y dos clones con mil ochocientos setenta y seis paque- 
tes cartuchos á bala de fusil. 



DE LAS REPÜBLICAS DE LÁ PUTA 75 

Cuarenta y cuatro cajones con tres mil setecientos setenta y 
cuatro paquetes cartuchos á bala de tercerola. 

Un cajón con lanza-fuegos. 

Uno Ídem con cuerda-mecha. 

Dos cpjones, y dos cuñetes piedras de chispa. 

Siete barriles pólvora. 

Cinco carros capuchinos. 

Veinte y nueve carretas de parque, de ellas una con herra- 
mienta para la maestranza de herrería, y otra con la que corres- 
ponde á la de carpintería. 

Seis carretas de comisaría. 

Dos galeras. 

NOTA — No vá comprendido el considerable número de arma- 
mento tomado por las divisiones en el campo de batalla, y que 
se halla distribuido entre ellas. 

Cuartel General sobre el campo de batalla, Noviembre 24 de 1847. 

Por orden de S. E. — Antonio Ezequiel Silva. 

Oontostaolon del Ooneral Rosas 

I VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA ! 
¡MUERAN LOS SALVAJES UNITARIOS! 

El Gobernador de Buenos Aires, Encargado de las Relaciones 
Exteriores y de los asuntos de paz y guerra de la Confedera- 
ción Argentina. 

Palermo de San Benito, Enero 13 de 1848. — Año 39 de 
la Libertad, 33 de la Independencia, y 19 de la Con- 
federación Argentina. 

Al Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de 
Entre-Rios, Brigadier D. Justo José de Urquiza, General en 
Jefe del Ejército de Operaciones contra los salvajes Unitarios. 

Con la mas intima satisfacción se ha instruido el Gobernador 
infrascripto de la muy interesante nota de Y. E. datada el 28 de 



76 HISTOIHA POLÍTICA Y MILITAR 

Noviembre íillimo desde oí campo de batalla en la boca del To- 
trero de «Vences)^, instruyendo detídladamente de la gloriosa y 
espléndida batalla ganada o\ dia anterior contra el ijércilo de 
Jos salvajes Unitarios al mando de los traidores Madariaga, vid 
pelafustán Juan Tablo López; y de haber sido estos debeUilos 
en una hora tras sus líneas bien fortilicadíis, haciendo rendir 
sus armas á toda la infantería con sus dos bandas ile música v 

• 

tambores, y habiéndoles tomado doce piez^is de arlilleria, ian- 
cea<k), y puesto en derrota la caballería, de la que había &l\ el 
campo mas de setecientos muertos, entre Jefes, Oficiales y tro- 
pa; (|uednnd() en poder dol victorioso Ejército, el inmenso par 
que del de los salvajes Unilarios, dos banderas, nuove eslandaí*- 
tes, como setenta prisioneros, Jefes y Oficiales, cerca de rail 
trescientos de tropa, los carruajes de los salvajes unitarios Ma- 
dariaga, en (¡uc se encontró su correspondencia, y un número 
considerable de caballada. 

t'.on no menor satisfacción so ha instruido el riobierno do los 
heroicos y muy recomendables esfuerzos que en esa mem.ora- 
ble jornada hicieron V. E., el General I). Eugenio (rarzon, y de- 
máf. Jefes, Oficiales y tropa que V. E. rccomientla, y de las muy 
acertadas operaciones practicadas por V. E., asi como de las re- 
laciones y doci^nentos que V, E. adjunta á su glorioso parle. 

La batalla de «Vences» es una página ilusUe para la historia 
de la Confe<]eracion, en la (pie V. E., y el denoda<lo Ejército de 
Operaciones contra los salvajes Unitarios, brillarán siempre con 
gloria inmortal. La Confederación reconocida, mira en ella, el 
término do la gttwra civil, por el toUú e\lei*minio de aquellos 
hijos desnaturalizados del suelo Argentino, (jue d'jminaban la 
apreciablc Provincia de (corrientes, hoy Jil»re y triunfante, y que 
alentaban las miras de la.injusta intervención Europea en las 
Repúblicas del Piala. 

El Gobierno vahn*a en toda su exlentiion los importantísimos 
resultados que esta esclarecida victoria debe dar para el porve- 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 77 

nir (le la República, y píü'a el afianzamiento del sagrado sistema 
Federal que ha proclamado. Las armas federales, y el intrépido 
Ejército de Operaciones, tan sabiamente conducido por V. E., 
en una campana de 40 dias, se bau cubierto de inmarcesible 
gloria. 

Lleno del mas intenso júbilo el Gobierno, en nombre de toda 
la Confed(Tacion Argentina, justamente agradecida, y en el suyo 
propio, felicita cordialmente á V. E., y al heroico ejército de su 
mando, por tan señalada victoria. 

El Gobierno se reserva manifestar oportunamente á V, E., al 
General, álos Jefes, Oficiales y tropa, ulterior testimonio hono- 
rable, en consonancia con el acendrado aprecio que le han me- 
recido, por haber llenado tan cumplidamente su deber en ese 
dia inmortal para la República, y tendrá muy presente este ser- 
vicio tan recomendable, y tan honorífico á la Confederación. 

Vivamente complacido el Gobierno Encargado de las Rela- 
ciones Exteriores, paz y guerra de la República, cumple con el 
muy justo deber de declararles, que al haberse cubierto de 
honor en la jornada y en la victoria de Vences, han merecido 
altamente el aprecio de la Confederación, y que le es muy satis- 
factorio retribuir á V. E., y ú todo el virtuoso valiente ejército, 
que tan dignamente manda el invicto General Urquiza, las entu- 
siastas felicitaciones que le han Jirijidoy que ha aceptado por 
sí y á iiom;)re de todos los Gobiernos Confederados con los dis- 
tinguidos sentimientos de la mas elevada estimación. 

Dios guarde á V. E. muchos anos. 

JUAN M. DE ROSAS. 

FELIPE ARANA. 



>^ ' >-»-»'..*'. i T CUTii 



# f 



(T 'ti-»:..,* *.:**Jí.^ «Ta::- 

AI Kií/i'/ Sf , i\h\t('iwAt9r V i,;if»iUin íieníTal de la Provincia de 
Mijíííioi Aifíf'í, <;fi'';ir;(;ido d<; las Kelaoionírs Exteriores de la 
r/>rifrd<7r;irir,ii Ai^^^ntinrj, Kri^^'adier f). Juan Manael de Rosas. 

Ton \iirU'\'\ti\\i\:A al part^* d<f(allado d*; la gloriosa jornada de 
VíMM'i.., \i't'A\tut <rl iíiíra;w'riio [i.'irlí*» de los jefes de división que 
fví'f/íiMfi l.'j (ler ,iM',ijrií,íi, por l/»s niales resulta haberse tomado 
í\vmU' í'iiloní'i". pn ioneros de, los salvajes ufíilarios trece titu- 
I.mIoi jí'li'i y olin.ilíM, y ¿K"} de tropa ; habiendo indicios vehe- 
iiMfiile •. df fuií! enlre los niuerlos se cuentan el titulado coronel 
jelinlr iirldleii.i C.i'irlos T;!/., y el instituidor perverso Federico 
llin.i. Iitiilado scrivtarío dd ríd)erj|la t.'unbien salvaje unitario 
iloiiipiin M.'id.in;i|.;:i. 

hiM't guarde .í V. I!, Milichos aíios. 

JUSTO J. DK ITHOlilZA. 

r.Mla lial;ill;i. romo era \W t^'iptMMrse, produjo el sometimiento 
dt* l.i pKiMiin.i iliH;on'it«ht(«s. Kl (longivso (loueral do aquella 
honibió (iobeni.ulor.d coronel h. Henjamíii Virasoro. quienes- 
1 nbio a IoiUm laN proNÍnrias conretloratlas tlando cuenta de su 
eb«\.icioii id poder, Y aM'^inaiulo «pie su marcha política seria 
vontplolnueule unifoiutada «"^.la del (ieneral Rosas, en quien 
lecouiMMi olo\{ida*4dispoMCiones para dírijir los deslinos de la 
Uop)1blic«i Ardonlnu 



DE US BRPDBLICAS DEL PLATA 79 

El General ürquiza devolvió al nuevo Gobierno Correnlino, 
todos los prisioneros y elementos de guerra que le habian sido 
tomados en la última batalla. 

Corrientes quedaba pues sometida por entonces á la política 
del General Rosas, y el 12 de Diciembre de 18i7, Yirasoro elevó 
su mensaje al Congreso General instalado en 18i3, reunido 
después de la victoria de Vences. 

En el mismo ano de 1847, las fuerzas navales de S. M. B.. hi- 
cieron una nueva invasión en el Estrecho de Magallanes, levan- 
tando una población á 50 leguas al Norte del Estrecho. El Go- 
bierno Argentino juzgó este hecho« como una nueva usurpación 
que reagravaba la antigua cuestión de las Islas Malvinas, y pro- 
testó nuevamente aunque sin fruto. f 

El General Rosas, abrigaba la pretensión de que la Repúbli- 
ca del Paraguay era una de las provincias Argentinas, desde que 
el primer acto de soberanía popular había sido ejercido por la 
autoridad de Buenos Aires en 1810, quedando por aquel acto 
como las demás provincias libre de la dominación española, á 
consecuencia de los sacriflcios y de las victorias de la Repúbli- 
ca Argentina en la guerra de la emancipación. 

Pretendía igualmente que la repartición política que existía 
antes del nuevo orden de cosas en América, h^bia servido, y 
debía seguir sirviendo de base alas nacionalidades Americanas, 
mientras estas mismas no consintiesen expontáneamente en que 
se restringiera ó modificara, y recordaba en apoyo de su doctri- 
na, que para efectuar la separación del Estado Oriental, provin- 
cia argentina entonces, se hizo necesaria la renuncia expresa 
que hizo la República de sus derechos, por la convención de 27 
de Agosto de 1828, por la cual quedó sancionada permanen- 
temente, la absoluta independencia de la República Oriental del 
Uruguay. 

Sosteniendo que la República del Paraguay, era parte inte- 
grante del Yíreínato de -Buenos Aires en 4810, Yireínato que 



Sil HISTORIA POLÍTICA Y MIUTAR 

fonnnua una proviucia española, con snilescripciongeogrática, 
politica, leyes, admíutstiacion y fueros, y reasumida por las 
provincias españolas su soberanía á consecuencia de la acefalia 
en que quedó la corona por el tratado de Bayona, pretendía que 
el Yireinato de Buenos Aires estableciendo junt;is, y niaaleníen- 
d(»su integridad territorial y cohesión política, conservaba sus 
lerecli »s de soberanía sobre el territorio paraguayo, tanto mas 
manto se había declarado indisoluble el vinculo entre los pue- 
blos d*l Vireinato por el acta del So de Mayo de 1810. 

Tero igual cosa sucedió en toda la América. En los Estados 
l'nidüs, por ejemplo, subsistió el pacto entre los condados ó pro- 
vincias, y en el Brasil se conservó el que se hallaba establecida 
en el régimen portujués, bien entendido que los pueblos se re- 
servaronó no el derecho de ingresar en aquel pacto sin renunciar 
por eso á la emancipación política. Guatemala se se]>aró de bi 
comunidad y todo el cuerpo político tuvo que convenir en aquel 
acto libre. La misma República Argentina tuvo que renunciar á 
la soberanía qae pretendía ejercer sobre la tjue aquella llamaba 
provincias de Potosí, Cliuquisaca, C.ochabamba y la Paz que Si^ 
congregaron á Bi»!¡via. La misma provincia de Tarija se sepriró 
de la CíKifederacron usando de sus derechos de libertad, v sa- 
bido es cuantos esfuerzos hizo el (icneral llosas por volverla 
bajo el ilomiuio ile la Confederación teniendo que renuiicirtr á 
aquella después de declararlo asi en el r.ongres j General. 

Finalmente la República del Paraguay no concunió jamás á 
autorizar ninguno de los actos detiue acabamos de ¡lar cuenía, 
i'mpoz iii lo por la instalación del cungr-so cuyos miembros se 
verán lígurar en el acia de instalación de la .lunta argentina 
del mismo afio 1810^0. El Paraguay conservó siempre el mas 

1 V.n la nuiy ¡loMo y n.uy Loal Ciui!a«! «If Ki Saníisima TríTii.itiil, 
Puerto «lo Santa María ilo lUiruos Airo<. á ^o il - Minjo de I SU» : <\\\ ha- 
iHTse soparatlo ile la Sala CapilularlosSofionsiii'l rxino. Gil«ilclo, so 
coloor. ro u á la hora sonalada bajo o! «lo<t^l. tí^ii sitial por «!i-l:!nl.\ y i n 
él la imáj(»!i do! Cruiilyo y los Santos Kvanjt* lios ; y co:i>pün\'ii.»ro:\ lo» 



D£ LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 81 

absoluto aislamiento y separación, y una prueba ile que pedia 
conservarla, es el desastroso contraste que sufrió el General 
Bolgrano cuando por urden de la misma Junta Argentina, inva- 
dió el territorio paraguayo para someterlo, no á la obediencia ¿ 
que jamás habia estado sujeto, sino al nuevo orden de cosas, es- 
tablecido por la revolución. 

En virtud de tales antecedentes la opinión pública no pudo 
menos que ser sorprendida en Enero de 1848 por una reclama- 
ción entablada por el dobierno Argentino ante el Representante 
del Austria porque aquella potencia habia reconocido la inde- 
pendencia del Paraguay, protesta en la cual no se hacia otra 
cosaque repetir las ya enunciadas pretensiones,á las que el Go- 
bierno Austríaco no dio mayor importancia. 

Con respecto al estado de las relaciones entre la República 
Argentina y el imperio del Brasil peimanccian por entonces en 
un carácter .dudoso.El memorándum del Vizconde de Abrantes, 

Señoros Pn-sidciitü y Vocales do la Nuera Jvnía Prorisoria Guhirnati" 
ca D. Cornolio (Jü Saavedra, Dr. D. Juan José Castolli, Licenciado 1). Ma- 
nuel Bííigrano, I). Miguel de Azcuénaj^a, Dr. 1). Manuel Alkrdi, D. Do- 
mingo Mat'U y D Juan Larrea ; y los Señores Socrttarios Dr. D. Juan 
José Passo y ¡)r. I). Mariano Moreno, «luitiies ocuparon los re^s; «'divos 
luffares que' l(\s estaban pre[jarados, colocándose en los denías los Pre- 
lados, J(*res, Comandantes y personas de distinción que concurrieron. 
Y Iiahiéndoso Icido por mí,' el arluario, la acia de elección, antes de ju- 
rar expuso el Sr. Presidente electo, que (íi el dia anterior lial»ia hecho 
formal renuncia dtíl car;LíO de Vocal de la Primera Junta eslahlecida, y 
que solo nor contribuir ¿i la tranquilidad pública y á la saluil del pueblo, 
adiuitia el quo le conferían de nuevo ; |j¡flien«io*se sentase en la acta 
esta su e.\{)osic¡cn. •- Seíjuidaniente, ! meado de rcdil'.as, y poniendo 
la mano «lerecha sobre los Santos Kvaiíixclios yircílú jurainenlo de de- 
sempeñar legalmente el car¿ío, conservar í]ií(>fia esta parle de América 
á Nueslro Augusto Soberano, el señrr D. l'eniai:do Vil y sus lej:i'(i:::ns 
sucesores, y guardar puntualmente las leyes del rrino. ~ Lo ¡ restaroM 
en los misLMOs l.rminos l(;s demás siñor(?s vocales \^v yudiílin, y les 
señores Secnftarios contrabidos al exacto í!esenípoño d(; sns re^i^ecliva.s 
obligaciones; habiendo esprcsado el señor D. Mijíuel de A/.<iunaxa, 
que admitía el car^'o de Vocal de la Junt.i, para (pie por el !■ \i::o. Ca- 
bildo y por una paile del pueblo babia smío nonibirdo en esti^ dia, 
atOTitoal interés de su buen orden y Iranijuilidad : mas íju».- debiendo 
serla opinión no solo dd Ki^mo. Callildo, sino la universal de te«!o el 
vecinda2Ío, Pueblo y Partido.", ile.'-u dependencia, pedia se tí!n:;ira la 
«pie fallase, y !arepresrnl(í, pan; la ivcií.:rc-:í con.íi;;:;7.n, y se;uir!dad de 



K2 HISTORIA política T MILITAR 

por el (¡uc solicitó la intervención armada de la nran Bretaña y 
la Francia contra las repúblicas del Plata, no habia tomado un 
carácter definido en las deliberaciones del Gefe del Imperio, y 
ol (iobiorno Argentino á cuyos intereses no podia convenir mía 
politica de tal naturaleza, ordenó á su Ministro en la corte del 
Janeiro que pidiese la aprobación ó el rechazo del memorán- 
dum do Ábranles ú fin de precisar un actitud entre ambos Go- 
biernos. En virtud de tal determinación el señor Guido pasó el 
ti de Noviembre de 18i7 al Ministro de Relaciones Esteriores 
del Imperio una nota oficial, manifestándole en ella que la nota 
verbal del Barón de Cairú de fecha 19 de Agosto relativa á la 
misión ilel Vizconde de Abrantes elevada al Gobierno Argentino, 
habia llamado seriamente la atención del General Rosas, el cual 
se sontia obligado á renovar observaciones sobre un acto de la 
diplomacia del Brasil que, aun inspirado que fuese poruña fu- 
nesta imprevisión y sobre el pn>pósito de sucitar unaguerra,ha- 

\aU(1of iltMoio proi\HÍimionto. Finalizada la ceremonia, dejó el Cxmo. 
r^hiMo el lugar que ocuiviba Iwgo «le da<(*K y lo tomaron los señores 
Prosiilonlo \ Vooali»s «le Ia Junta : y ol señor rrtviMeute exorló al Con- 
cunu\ y al l^ueMo á mantener W ónion. la unión y la fraternidad, como 
tauUnon á inianiar n>sjvto, y haivr el apnvio deíüdo de la persona del 
Kimo. señor D, Baltasar Hidalgo de Cisneros. y toda su familia : CQTa 
eiortaoion n^pitió en el Balotan principal de las'Casas Capitulares, din- 
jiéndoso a la nnichi>1umhn^ «)ue (vupaha la piara. 

Con lo que se (>>ncluyó la acta de instalación, retirándose dicho señor 
rresidente« y demás st^'ñores vtvaU^ y secretarios á la Real Fortaleza* 
|vt^r entn* un inmonsí^ concurs^^, con lepique* de campanas^ y salva de 
anUlería en aquella, donde no ]\as(i (hv entonces el FAmoT Cabildo, 
(\^mo lo hahia e>\nita«io la tarvie de la instalación de la Raimen Junta, 
a cAUva de la lh)\ia que sohnnino, > de aruenio wn los señores Voca- 
U^ reser\ando hacer el cumplido d dia de mañana. Y lo ñn»aron de 
que di\\ fe, 

Juan JiX^é Léxica— Manin Oivcorío Tanis^ Manuel 
Mansiila - Manuel Jix<<^ de OcAinLii^ - Juan de Llano— 
Jatme Nadal > Onania—ATHlresIVímininiei— Tomás 
ManueJ de Anchorena— Ñanliago Gutiemz— Hr. In- 
lian de Loiva— <V>melio d^ SAavoira—Dr. Juan José 
CJistelIi-Mannel Betgrano—Micad de Azcocnairt— 
Dr. Mamiel ^lt«eni- domingo MateQ— Juan de Lar- 
roa— nr. Jnan José Tass»-» - Dr. Mariano Mowsno— 
i ÚT%í^4f4^, n. Ju^o ^oí^c Nuñci, Eftenhamo PúbUto 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 83 

bia comprometido la confianza de la República en la rectitud 
del Gabinete imperial. 

El señor Guido protestaba contra los términos de aquel me- 
morándum, que al fijarse en la administración del señor Rosas, 
atribuia á este pretensiones á disponer de la suerte de la Banda 
Oriental agregándola ala Confederación Argentina, ya fuese por 
medio de la prepotencia ó por el de la alianza. En efecto, el señor 
Ábranles habia dicho: «Ningún Gobierno que tenga relación con 
el del General Rosas, puede desconocer cuanta aspiración tiene 
este Gefe, á uncir al yugo de Buenos Aires, por los lazos de una 
federación nominal, las provincias que formaron el Yireinato 
español conocido bajo aquel nombre, comprendidas las de 
Montevideo y Paraguay». 

El Vizconde de Abrantes no se contenia sin embargo todavía 
en aquel círculo y solicitaba la aquiescencia de la Inglaterra y 

PALABBAS DE LA GACETA DE BUENOS AIBES 

Extraordínaña, de iS de Noviembre de 4840 

« El depositario del poder supremo de estas provincias, ¿ donde bus- 
cará la regla do sus operaciones ? Las leyes de Indias no se hicieron 
para un Estado, y nosotros ya lo formamos : el poder supremo que se 
erya, debe tratar con las potencias ; y los pueblos de Indias cometían un 
crimen, si antes lo eieculaban : en"una palabra, el que subrogue por 
elección del congreso la persona del Rey, que está impedido de regimos, 
no tiene reglas por donde conducirse, y es preciso prefijárselas ; debe 
obrar nuestra felicidad, y es necesario designarle loscammos ; no debe 
ser un déspota, y solamente una constitución bien reglada evitará que 
lo sea. Sentemos, pues, como base de las posteriores proposiciones, que 
el congreso ha sido convocado, para erigir una autoridad Suprema, que 
supla la falta del Sr, D. Fernando VII ; y para arreglar una constitución, 
que saque á los pueblos de la infelicidad, en que gimen. » 

A esto agregamos los siguientes datos que no carecen de Interés his- 
tórico : 

Creación de la Biblioteca Pública Sbre. 13 — 1810. 

Libertad de Imprenta Abril 20 — 1811. 

Estatuto Provincial, primer ensayo de Constitución 

Política Nbro. 23 — 1811. 

Creación de la. moneda nacional Abril; 13 — 1813. 

Abolición del Tormento Mayo 12 — 1813. 

Abolición de Títulos de Nobleza Mayo 12 — 1813. 

Independencia de la Iglesia Junio 28 — 1813. 

El 35 de Mayo declarado fiesta nacional en las Pro- 
vincias Unidas del Rio de la Plata Mayo 5 — 1813. 



8i HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

la Frunri;:, para una combinación que diese por resulUido des- 
armai" al (lohierno Argentino, empezando por cooperar á que la 
República del Paraguay se consonase independiente. Esto era 
mirado (M)r el General Rosas como un alentado producido en la 
interferenria para dirimir una cuestión interna <Je soberanía 
nacional, aun suponiendo que fueran perjudicadas las demás 
naciones porque aquel territorio se mantuviese adherido á la 
liga Argentina. 

El Gobierno Brasilero contesln á la nula del señor Guido que 
eslaüdo ya i-efutados por distintas veces lus argumentos que 
nuevamente acumulaba el señor Guido, el Gobierno del Brasil 
podia satisfacer las exijencias del Gobierno Argentino, con la 
simple respuesta d(^ (jue la naturaleza y efectos de \m memoran- 
d///M dirigido á un Gobierno que no fuese el Argentino, no obli- 
gaban al del Brasil á tal declaración, máxime cuando por el con- 
tenido (le la misma nota quedaba evidenciado que por dicho 
memorándum, no había buscado el di Brasilaliados para que 
concurriesen á intervenir con fu(M*za armada en la contienda de 
los Re¡)ú¡jlicas del Plata ; pero que á lin de que se pudiera apre- 

AROLiaoN !)E Ll r.SCLAVITtÜ 
LEY I)K LÁ ASAMBLEA (iliXKRAL CONSTITUYEME 

BuíMios A iros, FobriTo > do 1813. 

Sioiido tan desdoroso, como ultrajante a la hun-aiiidad, el <jiie ou los 
mismos puoblos, (|ue coa tanto icsoii y (-sraiír/.o caíniíiaii hacia su libur- 
tnd, iK'.rmanczcaii por mas li*'m¡)o (Mi'la esclavitud los nifios «juo uacon 
cii todo v\ l(.'!TiU)rio do las Proviiiüi:'.*; Unidas doi liio de la Plata; orde- 
namos süaii considerados y tenidos por lihn'S, todos los (\\h) en diclio 
twrntorio l^nb¡^'^icn nacido "^dcsdo (^l 31 de Knoro do J813 inciusivo en 
adilaní -', dia consa^Tado á h Ül)ertad por la i(í!iz instalación de la 
Asiimbliía Gi'Ticral, bnjo las resanas y disposicioncís (juo al electo decro- 
(«rá la Asambb'a ííonorcd Consiiluyentc. Lo tcndril asi cutcndido el Su- 
premo P< <lor I'jccutivo para su dijbida oljSiiiTancia. 

LüV sonni-: la intuoduccion ue i:s(:l.\V(»s 

BuíMios Aires, Febrero 4 do 1813. 

La Asnt.íbloa Gen(íral ordena, (¡ue todos los esclavos *ic paiscs oxtrau- 
j(»ros, «pie de cualíjuier modo si» mtroduzcan desdo osle dia en adelante, 
<|uedcn libnis por solo el hecho de pisar el territorio do las Provincias 
Unidas. 



DE LAS REPl'DLiaS DEL PLATA 85 

cícar la rectitud del (lOliieruo del Im{)erJo respecto de los deina« 
Crobieraog, ^e ocuparía de los principales puntos de la mencio- 
nada nota, revelaiKlo así su política en el gran episodio que te- 
nia lugar en e^ta paile de América y restablecer la confianza á 
(juo tenia incuestionable derecho. 

En tal virtud, el Ministit) Brasilero reseñó la política seguida 
por el Gobierno Argentino hasta la época del memorándum del 
Vizconde de Abiantes, historiando al mismo tiempo, la trasmi- 
sión de derechos sufrida en el Estado Oriental desde la época de 
1). Juan 6"., y el plan de osle mx)narcí/ sobre el territorio de este 
Estado. Deslindó igualmentie los derechos que ha})ian tenido el 
Brasil y la Confederación Argentina á titulo de fundadores del 
Estado Oriental, observ;jndo que tal vez ganase el Brasil recor- 
dando el Gobierno Argentino, que fué arrancado por la fuerza 
el voto que unió la Banda Oriental al Reino de Portugal y al Im- 
pf.T¡o del Brasil ; pero advirtió igualmente que si no hay delibe" 
ración libre donde existe la fuerza armada, tal argumento se 
convenía conti-a los propios intereses de la politica Argentina, 
desde que no cesaba el Gobierno del señor Rosas en preconizar 
la adhesión de los Orientales al General Oribe, y su estrecha li- 
ga con la Confederación, para destruir el bando que según eí 
longUc'íjc del señor Guido entregaba encerrado en Montevideo 
la patria á merced del estrangoro ; pero esta adhesión y esta li- 
ga se manifestaba solamente, después queel (ieneral Oribeal 
fronte de un ejército argentino, aguerrido y entusiasmado con 
la victoria, pasó el Uruguay para sentar sus reales al pié de los 
muros de Montevideo. 

El Ministro Brasilero creyó justo vindicarla memoria de D. 
Juan 6"*., á quien el señor Guido acusaba de haber ocupado m¡- 
lliurmenle el territorio Oriental, con manifiesta transgresión 
de los tratados de 1777 y 78, observando que ademas de que 
aquellos tratados no existían desde 1801, nadie podía negar á 
un Gobierno el derecho de ocupar militirmente todo ó parte de 



86 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

un Estado para hacer cesar en él la anarquía, desde que ella per- 
turbase y perjudicase á sus subditos. En cuanto á la máxima 
política del General Rosas, que era la división de los Estados 
Americanos, opinaba el Gobierno del Brasil, que de ahí resul- 
taba la negativa del General Rosas á reconocer la Independencia 
del Paraguay, y que una política tan cautelosa autorizaba al Go- 
bierno del Brasil á abrigar temores de que se quisiese incorpo- 
rar á la Confederación el Estado Oriental que ya habia formada 
antes parte de ella. 

Finalmente concluyó el Ministro Brasilero, dilucidando la 
parte histórica de la abdicación del General Oribe en 1838, la 
correspondiente al General Rosas con las provincias Argentinas, 
la misma observada con el Brasil por este Gobernante, y la 
resolución en que estaba el Gobierno del Imperio de conti- 
nuar, de acuerdo con sus mas esenciales intereses, en la actua- 
lidad lenitiva que lo hacia mero espectador en la guerra del 
Pj^ta, en la que le correspondia, sin recurrir á hostilidades, 
intervenir para su pacificación, empleando los recursos que el 
derecho de gentes y su práctica ofrecian con tanta ventaja de 
ios pueblos cultos. 

En Febrero de 1848, el Gobernador de Santa Fé señor Echa- 
güe^ promulgó un decreto disponiendo, que quedaba en rigo- 
rosa vigencia y observancia en aquella provincia, la anterior 
resolución de 7 de Febrero del Gobierno general de la Confede- 
ración en todas sus partes, y con las mismas calidades de su 
contesto, declarando, el mismo Gobierno de Santa Fé, hasta 
nueva resolución del Gobierno General, libre la comunicación 
comercial de los puertos del Paraná correspondientes á la 
provincia,; en buques Argentinos, hasta la Provincia del Para- 
guay. 

En Abril del mismo ano, el General Rosas fué autorizado por 
la Sala de Representantes, al aprobar el presupuesto de gastos 
de aquel ano , para invertir en aquel servicio la suma de 
58.956,898 pesos papel moneda. 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 87 

El 12 de Mayo, el General Rosas lanzó un decreto imposible, 
para la fundación de una casa de corrección para las mujeres. 

Esta pieza no carece de originalidad y la hacemos conocer in- 
tegra. 

Buenos Aires, Mayo 12 (mes de América] de 1848. 
Año 39 de la Libertad, 33 de la Independencia, j 
19 de la Confederación Argentina. 

El Gobierno, vista una nota del jefe interino de policía, fecha 
3 de Abril último, en que proponía se remitiesen las piusas en 
la cárcel de Cabildo al Cuartel General de los Santos Lugares, 
para que fuesen destinadas á los trabajos de la sastrería del 
ejército, decretó lo siguiente : 

« Abril 5 de 1848 — No estando conforme el Gobernador de 
ia Provincia en que las presas relacionadas sean destinadas al 
servicio en la sastrería del Cuartel General, pero si que lo sean 
á una que se forme al cargo é inspección del jefe interino de 
Policía en la ciudad, vuelva al mismo este expediente con las 
clasificaciones de las presas enunciadas, en las que han recaido 
los correspondientes decretos, para que proceda del modo si- 
guiente : 

1 .^ Buscará una casa aparente y segura, con la comodidad y 
extensión necesaria, en un punto saludable, y con suficiente 
terreno aparente para huerta y jardín, que alquilará por cuenta 
del Estado. 

2. En dicha casa serán colocadas las presas, y las demás que 
á esa prísion y servicio fueren destinadas. 

3. Tendrá una guardia de Policía, á cuyo efecto se creará una 
compañía de línea, ó se aumentará la que existe. 

t. Tendrá la casa cárcel un Alcaide y una Alpaidesa, para el 
cuidado, orden, moralidad, y demás correspondiente. 

5. Habrá una pieza destinada para capilla, y un sacerdote 
capellán pagado por el Gobierno el último dia de cada mes, pa- 



88 HISTOÜTA POLÍTICA T IILITAK 

ra que confíese, diga misa los Domingos j ilias de ambos pre- 
ceptos entre semana, y los de oir misa t trabajar. 

6. Tendrá la casa cárcel nn médico, cuva asistencia á las en- 
fermas será p:ígada el último dia de cada mes por el Estado. 

7. Las presas ganarán por su trabajo de cuarenta á sesenta 
pesos mensuales, según su mas ó menos desempeño. Y serán 
abonadas el último dia de cada mes. 

Eslai'án las presas aseadas en su vestido, y recibirán un ves- 
tuario el dia de su entrada á la casa cárcel. Después será de 
su cuenta vestirse con decencia con el jornal que ganen. 

9. Tendrá cada presa un catre, un colchón, dos almohadas, 
dos fundas para cada una de estas, dos pares sábanas, dos fra- 
zadas y una colcha, un lavatorio, un espejo, un baúl y peines, 
todo costeado por el Estado, á la entrada de las presas á la cár- 
cel, y conservado después por ellas en el mejor estado, con su 
jornal. 

10. Habrá una muje^* aparente, pagada por el Estado el úl- 
timo dia de caila mes, para enseñarles los rezos necesarios, ha- 
cer coro en la oración, y el rosario \)0v la noche en la capilla. 

11. Ten<!rá un sastre pagado por el (lObíerno el último dia 
de cada mes, í|uo será encargado de corlar las piezas de vestua- 
rio del Estado, y demás (|ue deban cuser l;.s presas, en la caí^a 
cárcel sastrería del Estado, y de examinar las prendas al reci- 
birlas de las presas. 

12. Los géneros necesarios serán entregados por urden del 
Gobierno al Jefe interino de Policía, v habrá en la casa cárcel un 
almacén |)ara su depósito, y para la ropa hecha que allí debe 
irse conservanilu á la disposición del Gobierno. 

'13. En la casa cárcel de presas no poJrá introducirse ningu- 
na persona que no sea de los empleados que la custodien y !a 
sirvan, ni licores de ninguna clase, y estará sngetaal reglamen- 
to y órdenes vigentes, respecto de la cárcel de Cabildo. 

14. El Jefe interino de Policía, si considerase convenienle 



DE LAS REPÜBLICAS BEL PLATA 89 

esta resolución, la irá poniendo en práctica^ y proponiendo todo 
el aumento j mejoras de que pueda ser susceptible, pues que 
la presente es solamente una base en compendio reducido, su- 
geta á todas las reformas que aconseje un maduro examen, y 
sobre todo la práctica. 

15. Si por el contrarío, el Gefe interino de Policía, piensa 
que esta resolución no puede ser conveniente, ni realizable, ni 
provechosa á la moral, á los intereses del Estado, y á las pre- 
sas, devolverá al Gobernador de la Provincia este expediente 
cen las clasificaciones que le son adjuntas. » 

Y habiendo el Gefe Interino de Policía manifestado al Gobier- 
no que considera en todo muy conveniente esta resolución, y 
en su virtud dado principio á su cumplimiento, publíquese el 
presente decreto á los fines consiguientes, é insértese en el 
Registro Oficial. 

ROSAS. 

Por urden de S. E., el Oficial 1 ." del Ministerio de Gobierno. 

RenedictQ Maciel. 

Esta medida como todas las de su género, tocó desde luego 
con graves inconvenientes, empezando por la clasificación de las 
que debían ser recojidas, y acabando por la resistencia invisible 
y sorda que opusieron aun los mismos ejecutores para que se 
llevase á efecto ; resultando de ahí, que unas cuantas desgra- 
ciadas fueron detenidas provisoriamente, quedando en su tota- 
lidad libres las mas célebres meretrices. 

Las relaciones entre los gobiernos de Buenos Aires y Bolivia 
permanecían interrumpidas desde el ano de 48í5 á consecuen- 
cia de actos ejercidos por las autoridades de uno y otro Gobierno 
en las fronteras de ambos países. Esta desíntelígencía se agravó 
con la muerte del Coronel D. Manuel Rodríguez, enviado en mi- 
sión especial por el Gobierno Boliviano, la que tuvo lugar en 
Buenos Aires, rodeada de circunstancias que derramaron sos- 



90 HISTOBIÁ POLlTICi T MILITAR 

pechas sobre el fia qae tuvo el referido Rodrígaez, siendo el 
General Rosas acusado de intervenir siniestramente en el hecho . 

El Gobierno del señor Ballivian se dirigió mas tarde al de 
Buenos Aires por medio de una nota ell 4 de Diciembre del año 
1846, con el fin de reclamar amistosa y fraternalmente sobre 
varios cargos, que se deducirán del conocimiento de los docu- 
mentos que mediaron en este asunto. 

Uno y otro Gobierno reclamaban satisfacción por la invasión 
de su frontera y actos de vandalaje ejercidos en ellas. El Gobier- 
no Argentino negaba estos cargos, asi como de haber tratado de 
desmembrar la República de Bolivía, pretendiendo ademas in- 
vadirla por un ejército del mando del General D. Manuel Oribe 
en el curso del año 1843. En cuanto á otros cargos el Ministro 
Argentino decía lo siguiente: 

« Es estraño, por cierto, que se haya formado materia de 
cargo, que el Gobierno Argentino no hubiese celebrado un tra- 
tado de amistad y comercio con Bolivia, y mas estraño, que por 
solo este hecho, se haya debilitado en su Gobierno la acción 
represiva y fuerte, para contener á los emigrados Argentinos 
en la linea de sus deberes, como asilados en un país neutral y 
amigo. Si este hecho pudiese admitirse como materia de agra- 
vio, y como antecedente de desprecio de las personas que pre- 
siden la administración que acredita al Enviado, es claro que la 
Confederación Argentina se hallarla agobiada del peso de mu- 
chos otros iguales reproches, porque ala par del Gobierno de 
la República de Bolivia se encontrarían agraviados los de S. M. 
el Rey de los Franceses, S. M. la Reina de Portugal, de los Esta- 
dos Unidos, de S. M. el Rey deSuecia, de S. M. el Rey de Dina- 
marca, y de S. M. el Rey de Prusia, que habiendo propuesta 
tratados de amistad y comercio, no han podido ser discutidos. 

Las mismas razones que se presentaron al finado señor Co- 
ronel Rodríguez, para aplazar la negociación del tratado que 
propuso á nombre del Gobierno de Bolivia, como que eran evi- 



BE LAS REPOBLIGáS BEL PLATA 91 

(lentes y justas, las mismas han sido admitidas sin hesitación, 
y sin disgusto por aquellos ilustrados Gobiernos. Ofensivo es 
persuadirse, y mucho mas enunciarlo, que ellas fuesen presen- 
tadas como pretextos para eludir la discusión de un tratado. 
Menos han podido tomarse como un desapego y desafección al 
Gobierno deV. E. )> 

« El Gobierno á quien se manda un Agente, es arbitro de 
aceptar, rechazar, ó aplazar los objetos de la misión, sin que 
en ningún caso, su conducta, sí se ajusta al derecho público, 
pueda ser motivo de agravio. En este punto, el de V. E. menos 
que ningún otro puede tomar pretexto de un incidente como el 
que indica para formular un cargo con el Gobierno Argentino. 
Ni el Gobierno de V. E., ni el finado coronel Rodríguez perso- 
nalmente, han sufrido la menor desatención ni la menor ofensa. 
Si no se realizó la negociación no fué por falta de atención á 
ella, y del debido aprecio que les mereció. Notorio es que este 
Gobierno se ocupó de reunir datos para la celebración del tra- 
tado propuesto. Otras y mas vitales atenciones lo cercaron, y 
(e impidieron darle ulterioridad. Si el Ministro Argentino acre- 
ditado cerca del Gobierno de V. E. hubiese podido continuar su 
marcha á Bolivia, y ocuparse de los objetos de su misión, entre 
los que se hallaba la discusión de este tratado, como ya el in- 
frascrito tuvo oportunidad de asegurarlo á Y. E., se habría 
demostrado luminosamente la sinrazón del inmerecido cargo 
que se formula contra el Gobierno Argentino. 

De buen grado quisiera el Gobierno del infrascrito acojer co- 
mo efectivas estas manifestaciones, y lisongearse con que tal 
habia sido la política de Y. ' E. ; pero los hechos prueban lo 
contrario. 

La invasión de los salvajes unitarios Florentín Santos y La 
Madrid, está demostrado no pudo verificarse sin el auxilio y to- 
lerancia de las autoridades Bolivianas. 



02 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

Laf|ue tuvo lugar en Octubre de 1845 sobre la frontera de Ju- 
jüy con tropas, oficiales y jefes bolivianos, t en que figuraron 
los hermanos Lobos, garantidos con un pasaporto de S. E. el 
Sr. Prositlcntc, según lo informó el subilelogado de Puna al 
Exmo. (Jubierno de Jnjuy, esU'i también demostrado no pudo 
efectuarse sin el previí) asoiilimioiilo del (iobierao y autorida- 
des do Bolivia. 

Y nada seria esto si otras circunstancias mas flagrantes toda- 
vía no viniesen á reagravar la serias responsabilidades del Go- 
bierno Boliviano, y á destruir toda la obra de V. E. para justifi- 
car su política para con ia tlonfederacion Argentina. 

Entre la correspondencia del salvaje unitario Crisostomo Al- 
varez, gefe délas tropas Bolivianas, que S. E. el Sr. Presidente 
puso á sus órdenes para invadir las Provincias de la República 
limítrofes á Bolivia, cuarrlo fué hecho prisionero en las aguas 
del Paraná ; entre dicha correspondencia figura la orden autó- 
grafa del Exmo. Sr. Presidente de Bolivia, General D. JoséBa- 
llivian, dirigida a este á Tarija, datada en Sucre á 29 de Julio 
de 1815, en qui3 le decia lo siguiente— 

«El Sr. Rojo debe dirijir á V. esta, y con su acuerdo obrar 
V. en todo muy reservadamente y con toda prudencia, ponién- 
dose á sus órdenes para obrar desde que estalle un movimiento 
en las provincias limítrofes á esta república». 

«El Prefecto debe darle áV. una partida de 50 hombres nacio- 
nales de caballería armados para cuidjir la frontera que V. 
manda de los indios bárbaros: al recorrerla V. se cargará se- ' 
cretamente hacia La Quiaca ó Mojo para estar próxijiiaen el caso 
arriba indicado: si no tuviese lugar, regresará V. á su destino. 
Espero de V. prudencia y sigilo». 

A esta carta estaba unida la correspondencia toda del salvaje 
unitario Anselmo Rojo á Crisóstomo Alvarez, las órdenes origi- 
nales y relativas instrucciones dei Prefecto de Tanja, D. José 
Pareja, para dicha invasión, y del Comandante General del De- 



DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 93 

parlamento de Tarija, D. Juan Maauel Davalos, así como la cor- 
respondencia particular del Prefecto Pareja con el salvnje unita- 
rio Alvarez. 

Este conjunto de documentos autógrafos délos que el infras- 
crito adjunta copias legalizadus y señaladas con los números 4 
á 18, hace resaltar con toda evidencia los actos de hostilidad, y 
mala correspondencia del Gobierno Boliviano contra la Confede- 
ración Argentina. El continuo fomento y cooperación que las 
maquinaciones de los salvajes unitarios han encontrado en S. E. 
el Sr. Presidente Ballivian y las autoridades de su dependencia, 
son hechos que no admiten controversia, ni justilicacion. Y pa- 
ra que nada quede que pueda hacer poner en duda la verdad 
que ellos revelan, la declaración que el mismo Crisostomo Alva- 
rez prestó en Ramallo el 26 de Diciembre de i8iG, después de 
su captura, que se adjunta en copia, y la carta que este dirigió 
á dicho Exmo. Sr. Presidente en Octubre de 1845, que también 
vá en copia, prueban concluyentemente que la refwida invasión 
fué combinada, mandada, y costeada contra la ConfeJeracion, 
por el Gobierno deBolivia. 

Relativamente al último punto de la nota de V. E. sobre la 
oferta de premios á los primeros buques que lleguen al territo- 
rio Boliviano por los rios que fluyen de él, y aceptación hecha 
de dicha oferta por el salvage unitario Lafone, residente en 
Montevideo, es claro que el Gobierno Aagentino no ha podido 
mirarla sino como un ataque á sus derechos territoriales, y so- 
beranía nacional. Esos buques no podían internarse á Bolivia 
sino con violación de las aguas fluviales de la República en toda 
la extensión que ellas corren por su territorio, y la oferta de 
Lafone no era reducida á hacer la navegación con un buque ar- 
gentino y con autorización de este Gobierno, sino con buque 
cxtrangero. Tampoco la ley que llama la concurrencia para op- 
tar á ese premio, habla de los buques Argentinos, únicos en con- 
dición natural y legal para esa navegación de aguas interiores; 



94 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

sino todos y cualesquiera buques, sean de la nacionalidad que 
fuesen. 

y. E. pues, al aceptar la oferta del extrangero salvage unitario 
Lafone, lo alentaba á esa violación, por la que es evidente se 
contaba con la divergencia que entonces existia entre Corrientes 
y el Paraguay con la Confederación Argentina, y con la soñada 
tolerancia de la Provincia de Entre Ríos. Y. E. no podía deseo* 
nocerla muy justa desconfianza que este Gobierno ha debido 
abrigar en este punto, y la nota que dio margen á esos cargos, 
la justifica mucho mas, á pesar de las nuevas esplicacíones con 
que hoy se quiere cohonestar la desagradable impresión que ha 
debido producir, y en efecto ha producido. 

Lo que el infrascrito deja expuesto en esta nota, cree será lo 
suficiente para que el Exmo. Gobierno de Bolivia se decida á 
hacer justicia al Gobierno Argentino sobre todos los puntos de 
su reclamación de i I de Diciembre de 1845. Y espera con con- 
fianza, que, elevándose á la altura de la justicia y de la. razón, 
procurará con una politica ilustrada y amistosa y cual corres- 
ponde á un Gobierno Americano; estrechar en lo futuro, de un 
modo sólido, los lazos de perfecta cordialidad con la Confede- 
ración Argentina, que siempre ha debido existir con la República 
Boliviana, fundándola en los respetos debidos al derecho de 
gentes, y en las conveniencias recíprocas de ambos países. 

Dios guarde á Y. E. muchos años. 

FELIPE ARANA. 

Los siguientes son los documentos justificativos, desde el 
núm. I al 19, á que st refieren los precedentes párrafos. 



DE LAS KEPOBLICAS DEL PLATA 95 



Núm- 1. 
Seaor teniente coronel D. Crisóstomo Alvarez . 

Sucre, Julio 29 de 1845. 

Mi querido Alvarez : 

El señor Rojo debe dirigir á Vd. esta, y con su acuerdo obrará 
Vd. en todo, muy reservadamente y con toda prudencia, po- 
niéndose á sus órdenes ; para obrar desde que estalle un mo- 
vimiento en las Provincias limitrofes á esta República. 

El Prefecto debe darle á Vd. una partida de 50 hombres na- 
cionales de caballería armados, para cuidar la frontera que Vd. 
manda, de los Indios bárbaros ; al recorrerla Vd. se cargará 
secretamente hacia Laquiaca ó Mojo, para estar próximo en el 
caso arriba indicado : si no tuviese lugar regresará Vd. á su 
destino. Espero de Vd. prudencia y sigilo. 

Su afectísimo seguro servidor 

c Ballivian. 

Mm. 2. 

Instrucciones que se dan al teniente coronel D. Crisóstomo Al- 
varez, á las que se sujetará en su comisión, mientras reciba 
otras directamente de S. E. el Presidente. 
Después de hacerse cargo de los cincuenta jiombres en el 
pueblo de la Concepción, tomará su marcha como para la fron- 
tera del Oran, y secretamente se dirigirá hacia la línea Argen- 
tina sin tocar en ella. La recorrerá hasta Laquiaca, dando avi- 
sos oportunos de cuanto notara y tuviera relación con los 
negocios Argentinos. 

No podrá pasar la línea divisoria sino después de que tenga 
lugar el pronunciamiento que se espera de los pueblos de Ju- 
juy, Salta y Tucuman. 
En comisión ostensible á recorrer la línea y los fuertes, te- 



96 HiSTORU política t militar 

niendo cuidado y la mayor reserva en el objeto principal que 
lleva. 

No hará uso del vestuario que lleva para la tropa, sino en el 
caso de proteger los pronunciamientos arriba espresados. 

Tarija, Agosto 13 de 18^15. 

José Pareja. 
Núm. 3. 

REPÚBLICA BOLIVIANA 

Comandancia General del Departamento de Tarija. 

En la Capital, á 14 do Agosto do 1845. 

Al señor Coronel Crisóstorao Alvarez. 
Es urgente el servicio que V., con 25 lanceros y otros tantos 
infantes, marche inmediatamente á recorrer los fortines de la 
frontera de Salinas, al mismo tiempo que á situarse en la línea 
divisoria con la República Argentina, para observar las opera- 
ciones do una expedición que sobre el Cliaco hacia nuestras fron- 
teras disponen en el Oran. A cuyo efecto se le autoriza para 
que, como Comamlante militar de aquella frontera, obre con 
toda la |)recaucion necesaria, pasando los parles que sean del 
caso. 



Dios guarde á V. 



Juan Jí. Davalos. 



REPCBLICA BOLIVIANA 

Prcf celara de Tarija 
(Hay un sello especial de la República Boliviana. ) 

Casa de Gohicriio en la Capital, á 14 de Agosto de l&to. 

Al señor Teniente Coronel, Juan Crisóstomo Alvarez, Coman- 
dante militar de la frontera de Salinas. 
La Prefectura tiene á bien comisionar á V. para que al mando 

de cincuenta hombres que le serán entregados del r"" Escua- 



/" 



DE LÁ8 REPÚBLICAS DEL PLATA 97 

dron (le Guardia Nacional de la provincia de la Concepción, 
marche inmediatamente á la frontera de Salinas á inspeccionar 
los fortines existentes allí. . Así mismo, y habiéndose obtenido 
avisos de que en el Oran se disponía una expedición contra los 
salvajes de las fronteras limítrofes con las nuestras, cree igual- 
mente necesario esta Prefectura comisionar á V. para que, po- 
niéndose en observancia de aquellas operaciones con la circuns- 
pección correspondiente, y sin pisar territorio extraño, sujetán- 
dose á las intrucciones que le serán comunicadas por separado, 
dirija frecuentes avisos del carácter que tomasen esos movi- 
mientos. 

La tropa que marcha á sus órdenes disfrutará un j'eal y medio 
diario por plaza, á cuyo lin se ha mandado abonar el presu- 
puesto de su haber. 



Dios guarde á V. 



José Pareja. 



Kúm. 3. 
repCblica boliviana 
Prefectura de Tarifa 
(Hay un sello oficial de la República de Bolivia. ) 

Casa do Gobierno en la capital, á 24 do 
Setiembre do l&4ó. 

Al señor teniente coronel Juan Crisóstomo Alvarez. 

En el momento de recibir esta, procederá Vd. á retirar la 
fuerza que tiene ásu mando, y pasará á esta á recibir órdenes, 
trayendo consigo para entrega, en el Parque, todos los artículos 
de guerra ((ue se le dieron. 

Dios guarde á Vd. 

José Pareja . 



98 HISTORIA política Y lULITAR 



■S'úm. 6. 

repcbliga boliviana 

Prefectura de Tarija 

(Hay un sello oficial de la República de Bolivia. ) 

Casa (le Gobierno on la Capital, Octubre 1.* de 1815. 

Al señor Teniente Coronel D. Juan Crisjstorao Alvarez. 

En comunicación de 24 de Setiembre próximo pasado, ordenó 
(i vd. esUi Prefactura, que inmediatamente procediei*a á retirar 
la fuerza que tiene á su mando, y se presentase en esta ciudad 
á recibir órdenes ; y no habiéndose dado hasta hoy el debida 
cumplimiento á aquella disposición, la reitera por la presente, 
dejando contra vd. pendiente la responsabilidad á que hubiese 
lugar. 



f)ios<ruarde ávd. 



o 



Jone Pareja 



yúm. 7. 

Sefior D. Juan Crisóstomo Alvarez. 

Tarija, Sííliíinbre i5 de 184ó. 

Muy estimado amigo : 

Contestare á su iipreciable del 3, asL'gurán»lole del deseo posi- 
tivo (juc longo de ayudar en cuant.) esté en mis manos aquella 
empresa, (jne para mi tiene un santo objeto. 

Celebraria mucho que llegasen los momentos esperados, pero 
YCí) (pie ellos están aun un poco lejos [)or la misma relación que 
iiie h:ice el agente que pasó á lo de S. E., cuyo regreso entiendo 
ijiie será á fines de este. ¿ V entrotanlo ? La gente que tiene vd. 
á sus órdenes debe consumir algo. Vd. conoce la escasez de 
este tesoro, y que hoy no cuent > con un s jlo peso: este conflicto, 
agregado al retardo en el regreso de aípiel agente, justamente 
debo obligarnos á la medida (¡iu> !.^ iiidiijuí'» en mi anterior. No 



DE LAS REPÜBLIGAS DEL PLATA 99 

entiendo como en este caso le puede sujetar á vd. á un consejo 
de guerra que por naturaleza debe ser público : esto seria pre- 
venir á los federales de nuestros negocios secretos, y compro- 
meter por otra parte nuestro Gobierno por su propio gusto en 
un asunto, que por si y de suyo debe quedar entre nosotros. 

Espero con vehemencia el correo de mañana, y ojalá me 
vengan nuevas órdenes para tener el gusto de complacerlo en 
todo. 

Su affmo. y sincero amigo Q. B. S. M. 

José Pareja. 

Nüm. 8. 
Sr. D. Juan Crisóstomo Alvarez. 

Tarija, Sctiombro 7 de 1845. 
Mi querido amigo : 

^[Considero á V. tan apurado como lo estoy yo por falta de pla- 
ta. Sin embargo de nuestra miseria, he hecho buscar dinero, y 
he dispuesto que le manden los pesos necesarios para el socor- 
ro al completo de un mes, porque no es regular que V. vaya 
gastando. 

Asi contesto ú su eslimada última ; y me repito su afectísimo 
amigo y S. S. 

José Pareja. 

Núm. 9. 
Sr. Teniente Coronel D. Juan Crisóstomo Alvarez. 
Resercada. 

Tarija, Octubre 2 de 181.3. 

Amado amigo : 

En mi poder su apreciable del 24, que Mojo, se ha servido 
dirigirme, por la que veo el semblante de los negocios que hoy 
tienen Vdes. entre manos. Celebraré mucho que los resultados 
correspondan á los deseos, y á lo que se lia empezado á hacer. 



100 HISTOBU POLÍTICA T MILITAR 

La prisión del Teniente Gobernador de Yavi, y todos los mo- 
vimientos en la Puna, si no estaban apoyados y segundados por 
Jujuy, Saltay Tucuman, ledíré, mi amigo, que nada valen, y 
que solo la desesperación podria abrazar un partido también 
desesperado. Bien sea que la combinación sea grande, cuando 
ella no ha desarrollado en aquellas capitales, es asunto perdido. 
y por el que Vd . entiendo que no desea comprometer su coope- 
ración como jefe boliviano. Le liablaré á Vd. muy francamente 
y como á amigo de S. E. ; pienso pues quo si esos movimientos 
son enteramente aislados, como hasta hoy se presentan, el ob- 
jeto de sus autores no os otro que el de comprometernos, pro- 
curando la guerra entre esta y aquella República ; y es en lo 
que menos debemos pensar. Por lo mismo Vd. debe guardar 
mucha circunspección y obrar de un modo que no debe desa- 
gradar al Gobierno. 

Si Jujuy, Salta y Tucuman no están pronunciados, Vd. no de- 
be apoyar nada, sino cumplir las órdenes que le han ido para 
retirar su fuerza. Al haber dado estas órdenes, le diré Vd. que 
no he obrado por antojo; ademas he dado conocimiento al Go- 
bierno supremo. Como jefe de observación, Vd. no puede pa- 
sar la raya, mucho menos con tropa Boliviana y como auxiliar, 
porque el hacerlo, es declarar la guerra, faltando á todo princi- 
pio reconocido. Vd. ni yo estamos autorizados para esto. Dejé- 
mosles obrar y ayudémosles secretamente ; esto si podemos. 

Concluyo repitiéndole la amistad con que soy de vd. afectísi- 
mo amigo y servidor. 

José Pareja, 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 101 



Núm. 10. 
Sr. Teniente Coronel D. Juan Crisúslomo Alvarez. 
Reservada 

Tanja, Septiembre :24 fie 1845. 

Estimado amigo : 

El correo de arriba que acaba de llegar, me ha dado lugar 
para dar la orden que con esta debe ser á V. entregada. Si hasta 
la fecha no ha habido un movimiento por los pueblos de Salta y 
Jujuy, es demás la partida de observación que tiene V. El prin- 
cipal objeto que ella llevó fué apoyar los pronunciamientos de 
aquellos ; tal que no habiendo nada, nada debemos hacer, y 
cualquier paso nuestro inútil, comprometería al Gobierno. La 
orden que va no tendrá efecto siempre que aquellos pueblos es- 
tén ya clara y fuerlememte pronunciados contra el Gobierno 
Federal: pero si no lo están, V. no tiene mas que cumplirla y 
venirse. 

Su afectísimo servidor y amigo Q. H. S. M. 

José Pareja. 

Núm. M. 
Sr. D. Juan Grísóstomo Alvarez. 
(Reservadiiima.) 

Potofif , iulio 7 de 1845. 

Mi querido amigo : 

En el casa que reciba V. esta, es de todo panto necesario que 
V. se venga solo, si es posible hasta Saipocha, desde donde me 
pasara V. un aviso á Tapica, para ir yo á Yerme cod Y. y arre- 
glar nn asante delamajFor impMtancia. Lo eíto á V. al panto de 
Haipacha, porqae de aingan modo eovfiene que lo vean en Ta- 
piza. Hay cosas de tal ioiporlancía j magnitad que solaaiente 
hf blando se puedea arreglar. Su misma venida á verse conmigo 



102 HISTOBU P0LÍTIC4 T MILlTll 

* 

(*,s por ahora un asunto reservado. Después que V. haya hablado 
conui¡i{o un par de horas, regresará k poner en ejecución me- 
didas que V. solo sabrá. Yo marcho á Tupiza dentro de dos 
días. 

El s^fior Trefiícto de ese Departimentc no debe poner ningún 
(Mnharazo asa viaje do V., pidiendo una licencia verbal para 
ausentarse [lor seis dias, ilenlro de los limites del departamen- 
to, ruíf.li» V. pedir su licencia para Inagache, por ejemplo, y 
venirse á Suipacha, seguro de que á su regreso llevará V. lo 
nca»s:irio para entenderse con el señor Prefecto. Llevará órde- 
nes relativas á este asunto. 

(Hiarde V., amigo mi«), lamas |)rofunda reserva, y vuele V. 
á verse con suaffmo. compañero. 

Amelmo Rojo. 

Núm. 12. 
ScHor I). Juan Crisóstomo Alvarez. 

Tupiza, Agosto 19 de 1845. 
Mi querido amigo : 

He demorado el chasque que me trajo su carta apreciable del 
1 3 del piesente, por aguardar el correo del interior que llegó 
anoche recien. 

Estoy muy contento con todo lo que V. ha hecho sobre mis 
encargos. Es preciso que V. se empeñe en aumentar lo posible 
el número de los argentinos y armarlos del modo que se pueda. 
Le encarga encarecidamente la instrucción y disciplina de esos 
hombres. De un dia á otro le irá la orden de moverse ; y enton- 
ces se indicará la ruta que debe tomar, y los objetos que ha 
de abrazar su movimiento. Por ahora espere V., en la inteli- 
gencia que no se pierde tiempo en esperar. Yo le haré un chas- 
que con las últimas órdenes. Entretanto mucha reserva en todo. 

DeV. como siempre, amigo sincero. 

Ámelmo Rojo. 



« I 



DE LAS BEPÜBLICAS DRL PLATA 103 

Núm. 13. 
Señor D. Juan Crisóstomo Alvarez. 

Tupiza Agosto 35 de 1845. 

Mi estimado amigo : 

Mientras llega el momento de hacer uso de todo lo que se ha 
confiado á las manos y á la prudencia de Y., es absolutamente 
indispensable que le recomiende á Y. se ciña estrictamente á las 
prevenciones que le tengo hechas, tanto en las cosas como en las 
personas. No lleve Y. á su campo á hombre alguno en cla- 
se de oficial ó paisano, sin que para ello le yaya un aviso 
mió. Conserve Y. áD. B. Martínez solamente, como se lo había 
indicado antes, y no nos espongamos á que todo se nos venga 
abajo de un momento á otro. No dude Y. que corremos ese 
riesgo desde que nos separamos un punto de lo convenido. 

Ha habido ya algunas ocurrencias tan desagradables, que 
casi me han puesto en el caso de abandonarlo todo y retirarme 
al interior. A cada instante estamos espuestos á que nos arro- 
jen de esta frontera, y ú perder hasta la esperanza de regresar 
á nuestra patria. Apercíbase Y. bien de lo que importan estos 
avisos, que confidencialmente le comunico como amigo. 

Por no duplicar un mismo asunto, le encargo al señor Alva- 
rado le pasea Y. mi carta, para que se imponga de las noticias 
de abajo. 

Le saluda, yB. S. M. 

Amelmo Rojo, 

Núm. 14. 
Señor D. Juan Crisóstümo Alvarez. 

Tupiza, Süt¡ernbrc3 de 1845. 

Querido amigo : 
Deseo saber como le vá á Y. en esos mundos, y con sus 50 
hombres. Muy pronto se empezará el fandango. Todo vá bien y 
cada dia mejor. 



104 HISTORIA POLÍTICA Y BOLITAR 

Santa Fé y Cúrdoba ocupados por nuestras armas, y el Gene- 
ral Paz de este lado del Parama. ?ío tengo tiempo para mas. 
Dígame como lo pasa, y si los 190 pesos que le mandé [>odráQ 
estirarse hasta que salgamos, que será pronto. Ese es el último 
esfuerzo que se ha hecho. 

De V. affmo. y amigo. 

Ámelmo Rojo. 

Núm. lo. 
Señor coronel D. Juan Crisóstomo Alvarez. 

Mojo, Setiembre ¿3 do ISió. 

Mi estimado amigo : 

Desde que despaché al teniente Rivera, con la orden [)ara que 
V. marchase, nada he sabido de V. Los sucesos se agolpan, y 
cada insUmte que se pierde es de gran trascendencia. Por lo 
mismo mando este chasque, haciéndole saber que toda la Pro- 
vincia de la Puna está por la causa de la libertad, y es necesario 
aiioyarla. Dírijase V. á este punto de Mojo, como se lohabia 
prevenido ya, y procure acelerar sus marchas cuanto sea posi- 
ble. Aquí lo aguardo con todo lo necesario para su tropa. Há- 
game V. volar un aviso, anunciándome la ruta que trae, y el 
día (jue llegará V. á este lugar. 

i\o escribo al señor Prefecto Pareja, |)orque dudo que este 
chasque llegue hasta Tarija, pues debo suponer que V. estai* 
va en camino. 

DeV. affmo. com panero. 

Anselmo Hoja, 

Núm. 1(5. 
Señor D. Juan Crisóstomo Alvarez. 
(Reservado.) 

Mojo, Setiembre 34 de 1845. 

Mi estimado amigo : 
Recordará V. los términos de la carta reservada de S. E., 



Ir* 



Dfi HA BEFÜU^BAS 0IL PLATA A^O 

euqueordeaa pase Y. en pcotacciou de aigun movimieiQt^^qjiiie 
estalle en el terrüom ArgeatíacL Acaba V. de sev íastraidoiile 
lo&que han tenido lugar ea elfiíicato de CernUos^ y oíros pua- 
blo6 de la Puna, y es ttegado- el caso de llenar debidanente la 
ónlen del señor Sresidoate. Eaesa virtud no demore Y., .su 
mareba, debiencloi pasar lM)iy eni todoel día el Rio de Laquiaca, 
en donde loaguarda sa affmow compalniota y amigo. 

Anselmo Rayjo. 

¡VIVA LA GOSIIEMBACION ABGEIÍTIKA ! 

I KUEBAN LQp SALVAJES ÜNITABICS ! 

Declaración tomada al titulado coronel, salvaje unitario, Cri- 
sóstomo Alvarez- 

Dice que se llauía Crisustomo Alvarez; naiural: del Tucuman, 
de estado ca^do, ejercicio militar, de edad de veinte y siete 
anos. Dice que empez-6 á servir en ciase de PorU*-£stai)dai*te, 
en la Escolta del Exmo. señor (k>bernador y Qipitan tieaoral de 
la Provincia, BrigaiUer D.. Juan ]\Ianuel de Rosas, en el ano de 
1834': que sirvió cu dicho cuerpo hasta JGLnes de t8i0 ; que en 
dicho tiempo se haiI6 ea tres fuficiones de giu^rra, dos contra 
los indios liái'baj^os, y en la bataila de Cliascomus contra los 
«salvajes unitarios sublevados ea el Sud; en cuya béilalla, y en 
clase de teniente I.", mandó tres escalo nos de la derecha, yeien 
indios amigos, con cuya fuerza destrozó á los enemigos y los 
persiguió, regresando desíMiesal campo de batalla del qne que- 
dó en posesión. Que endicho campo de batallase le reunieron 
después, primero el Teniente Otironel D. Ramón Bustos, y en 
seguida dos Coroneles, D. Prutiencio Rosas, Jefe de la División, 
y el Coronel Jefe de la Escolta, D. Nicolás Gra<iada. Que por su 
comportacion en dichos combates obtuvo varios premios de 
9. E. Que estando en Dolores con sucíerpo, recibió una orden 
urgenle del Exmo. señor (k)bernador para iacorporarse en la 



106 HISTORU POLÍnCi T MILITAR 

marcha al salvaje anitario Gregorio Araoz de la Madrid, al que 
alcanzó en la ciudad de Tucuman. Que inmediatamente de lle- 
gar á dicha ciudad, casó con una señorita, sobrina del salvaje 
unitario Madrid. Que cuando este traicionó la causa de la Re- 
pública, el declarante quiso regresar á Buenos Aires con cin- 
cuenta hombres de caballería y el Comandante D. Salvador Gon- 
zález ; pero que fué impedido en su designio por mismo salva- 
je unitario Madrid, quien lo hizo rodear con dos batallones. 
Que las relaciones de familias, y su demasiada juventud lo hi- 
cieron adoptar una causa que no era U suya, porque habia com- 
batido en favor de la buena causa, y tenia muchos motivos para 
querer y estar muy grato al Exmo. señor Gobernador Rosas. 
Que peleó en diez combates generales ó parciales bajo la direc- 
ción del traidor salvaje unitario Madrid. Que después de haber 
triunfado completamente las armas de la Confederación, emigró 
á Solivia en el año de 1841 , é inmediatamente entró al servicio 
en el ejército de aquella República, en clase de Teniente Coronel, 
en la que ha servido por el espacio de cerca de cinco años. Que 
el 24 de Setiembre invadió la República Argentina, por una or- 
den de puño y letra del Presidente de Bolivia José Ballivian. Que 
creyendo este que se habia malogrado la empresa, lo hizo re- 
plegar al territorio Boliviano, por conducto del Prefecto de Ta- 
rija José Pareja. Que habiéndose presentado á su regreso al 
Presidente Ballivian, y no encontrando en él la buena disposi- 
ción con que antes lo distinguía, pidió su separación del ejér- 
cito Boliviano, la que obtuvo. Que de Bolivia pasó al puerto de 
Arica, de allí al de Valparaíso, de ese á Montevideo, y de Monte- 
video á Corrientes, embarcado hasta la Bajada del Paraná, en 
el vapor de guerra inglés Firebrand, en el que llegaron hasta 
la esquina de Corrientes. Que su objeto era incorporarse al 
ejército que comandaba el salvaje unitario manco Paz, pero que 
este habia emigrado ya al Paraguay, á consecuencia de los últi- 
mos acontecimientos de Corrientes. Que en dicha ciudad sufrió 



% DE LAS REPCBLICAS DEL PLATA 107 

una larga enfermedad de seis meses, después déla cual, cre- 
yendo al Gobernador Madariaga unido & la causa federal, le 
ofreció sus servicios : que no habiendo sidolc estos admitidos 
por haber terminado la guerra en que se hallaba aquella provin* 
cia, resolvió pedir su pasaporte para Buenos Aires con el objeto 
de acogerse al indulto del Exmo. Sr. Gobernador pero que al ha- 
cer su presentación para pedirlo, el Mayor de Plaza de Corrientes 
le dijo i]ue no era prudente por entonces pedirlo directamente 
para Buenos Aires, sino para los puertos del Brasil : que asi lo 
obtuvo, y tomó pasage en la ballenera del pirata Jorge Cardazi, 
pagándole onza y media hasta ponerlo á una legua tnas arriba de 
San Nicolás en las costa firme de esta Provincia, pero que ha- 
biendo sido cañoneados por el pailebot de guerra Federal, en 
la tarde del 18 del corriente, el pirata Griego resolvió regresar 
á Corrientes : que el declarante le exigió cumpliera con su com- 
promiso, mas que«in duda el Griego, desconfiando de él, que 
pudiera dar noticias que condujesen á la captura de su ballene- 
ra, no quiso cumplir su oferta, y solo se convino en dejarlo en la 
isla, en la costa hacia Entre-Rios ; por que decia, que el dejar- 
lo en la costa á la parte de tierra firme, era hacer mas camino y 
lo exponía á ser apresado por el Federal que lo perseguía. Que 
después de haber andado perdido por la isla seis dias, atrave- 
sando pajonales y cañadones, llegaron á la costa de Pavón el 
declarante,el titulado mayor Elorga, y el soldado Juan Vázquez : 
que encontraron una chalana, en la que se embarcaron con el 
objeto de arribar á San Nicolás, ó á San Pedro, á cuyos puertos 
se dirijian á la ventura, por que ninguno era baqueano, y de 
consiguiente no sabían el rumbo fijo á donde podrían salir. Que 
el finado Elorga le aseguró que tenia un indulto de nuestro Go- 
bierno, que le había remitido la madre desde Buenos Aires. 
Que habiendo navegado como tres leguas, aguas abajo por el 
Pavón, fueron alcanzados por los botes del Federal : que él 
pensó en pararse y aguardarlos para presentarse, en cuyo pen- 



108 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

saittiento estaban los otros dos ; ma& qufi haciendo muclios ti- 
ros á bala el bote que lossej^ía mas4e€erca, se vieron en la 
precisión de saltar en tierna en la isla que teuian á su izquierda 
hacia la costa del £ntre-4\ios ; pero siempre con la intención de 
entregarse al primer oficial que se presentara. Que ya los soU 
dados que saltaron en tierra habían pasaido í alguna di^taucia 
de donde ellos estaban ocultos, cuando el declarante descubrió 
al oficial por el gz\&ñ de la gerra, y el mismo lo llamó ú voces 
para presentársele, dicíóndote cual era su destino y objeto, y 
que si b¿tbia huido, era solo temiendo de que fueran soldados 
los que tripulaban el l>ote. Que en todo su viaje se le opuso 
siempre á Cardazi á que tiniraun solo tiro. Que una legua antes 
del rincón de Santa Fé, desembarcaron un oficial, nueve sóida* 
dos con tres mujeres, de los Santafecinos emigrados en Corrien- 
tes, que vinieron á ]>resentarse al Ex.mo. Sr. Gobernador de 
Santa Fé, Brigadier D. Pascual Ecliagüe, cuyos individuos bar 
bian tomado pasaje en Goya, contratando con Cardazi, el ser 
desembarcados á una legua mas arriba de Santi Fé, lo mismo 
que se había comprometido á hacer Cardazi con el declarante y 
sus compañeros, á desembarcarlos una legua mas arriba de 
San Nicolás. 

Que es todo cuanto tieíieque deoir, y que en prueba de ser 
verdad lo expuesto, firmáosla declaración. 

Caartel Goiieral Divisionario en Ram^rllo, Diciombro S6 de 1846. 

Oisóstomo Airaren. 
JHum. 4^. 

Potosí, Odubre. 

Mi respetado General : 

Me veo obligado á dirij irme á V..E. en una coyuntura bien 
extraña y fuera de mi alcance. Necesito volver atrás para ex- 
plicarme. 

En mi carta de 24 del próximo pasado di cuenta á V. E. desde 



DE LAS BEPCBLIGA9 DEL PLATA 109 

Mojo que iba á pasar al territorio Argentino con la partida que 
traje de Tarija. Los sucesos que entonces acababan de tener 
lugar en aquel territorio me ponian en el caso de cumplir la 
orden reservada de V. E. de 29 de Julio, y pasé Laquiaca para 
apoyarlos en conformidad de esta misma orden. He dado este 
paso sin traspasar en nada las intenciones de Y. E. He prestado 
una ciega obediencia á la voluntad de mi General, y le acabo de 
dar nueva prueba de mi subordinación obedeciendo la orden 
del señor Prefecto de Tarija, de 1 .** del presente, en la cual me 
manda regresar á esta República. 

No me toca, mi General, como jefe Boliriano, avanzarme á 
hacer reflexiones sobre las consecuencias de mi regreso en las 
circunstancias en que se me ha mandado volver. 

Soy un jefe sin mas pretensiones que el deseo de obedecer 
y dar gusto á V. E. Pero no podré dejar de representar á V. E. 
que, si me ha sorprendido la orden del señor Prefecto de Tari- 
ja para que regrese, no me ha sorprendido menos la que me ha 
notificado el Comandante de la frontera, para que entregue la 
partida de Tarija y me constituya preso á disposición de la Pre- 
fectura de Potosí. Aquí estoy, mi General, sin saber la causa de 
mi prisión, ni atinar con el crimen que la haya ocasionado. 
Mi único pesar, si debo tenerlo en esta ocasión, seria el de ha- 
ber desagradado á V. E. en algún paso de mi conducta. Por lo 
demás, para responder á cualquiera acusación que se me haga 
no tengo sino apelar al testimonio de mi conciencia y á la de 
V. E. mismo. Por cumplir sus órdenes nada puede espantarme. 
En este momento lo único que me aflije es la situación de mi 
familia á quien he dejado abandonada en Tarija. Sé que mi 
esposa está enferma de gravedad, aguardando además su parto 
de un dia y otro, y sin mas socorro que el que yo pudiera ofre- 
cerle en mi situación actual. 

Ruego á V. E. se digne tomar sobre mi persona una resolu- 
ción definitiva pronta, y disponer de su affmo. S S. 

Q. B. S. M. 



410 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 



Núm. 19. 
Un sello — N". 4. 

Sumí, Abril 30 do 1846. 

A S. Cí. el Ministro Plenipotenciario y Enviado ExtraorcI¡nr>no 
' de Bolivia, cerca del Gobierno Encargado de las Relaciones 
Exteriores de la ('onfederacion Argentina, General D. Ense- 
bio Guilarte. 

Por el tenor de las notas pasadas por Y. G. á este Ministerio, 
en 24 de Enero y 6 de Febrero último, marcadas con los núme- 
ros 14, 16 y i 7, ha sido impuesto el Presidente de la posición 
en que se ha colocado V. G. prematuramente en esa capital do 
Montevideo, tomando en las cuestiones que provoca la inter- 
vención Europea en el Rio de la Plata, una participación mayor 
y mas directa de lo que permitía y marcaba á V. G. su carácter 
de Agente diplomático, destinado á una nación, agena por aliora 
á esas cuestiones, como es el Imperio del Brasil. Esta circuns- 
tancia, que el Gobierno pudo prever cuando nombraba á V. G. 
en 16 de Febrero último, de Ministro Plenipotenciario cerca del 
Gobierno Argentino, con orden é instrucciones para pasar desde 
luego á Buenos Aires, exije ahora como precaución indispen- 
sable, el comunicar á V. G. nuevas órdenes de S. E. para los 
diferentes casos en que V. G. pueda encontrarse al recibo de 
esta nota. 

En cuanto á la conducta de V. G., reservándose el Gobierno 
tomar en la debida consideración los fundamentos y graves inte- 
reses, que en concepto de V. G. militan para cooperar á la men- 
cionada intervención, debo limitarme de su urden á recomendar 
á V. G. la circunspección propia del carácter de neutralidad que 
corresponde á Bolivia, según el espíritu de las diferentes ins- 
trucciones de que está V. G. en posesión. 

Con respecto á la disposición diplomática de V. G., ó bien 



DE LAS REPUBUaS DEL PLATA III 

habrá pasado V. G. á la sazón á Buenos Aires^ y sido recibido 
en su carácter público ; y en tal caso no debo prevenirle otra 
cosa por ahora, qué la estricta sugecion á las instrucciones que 
para este caso se le comunicaron en i O de Febrero último : ó 
bien.por efecto de las manifestaciones á que ha dado lugar V.(i. 
en la prensa de Montevideo, no ha podido presentarse al Go- 
bierno de Buenos Aires, hasta la fecha, y en tal caso tiene á bien 
S. E. ordenar que V. G. siga su viaje al Brasil, á llenar la misión 
de que V. G. fué encargado ; á menos que V. G. tuviese alguna 
fundada certidumbre de ser bien recibido por el Gobierno de 
Buenos Aires, á pesar de las expresadas manifestaciones ; pues 
entonces aun convendría que V. G. se apersonase mas bien en 
Buenos Aires que en el Brasil. En resumen, V. G. debe llenar 
la misión de Buenos Aires de preferencia, siempre que no haya 
inconveniente para su recibitniento, y en el caso contrario, se- 
guir su viaje al Brasil. ^ 

Tales son, por ahora, las únicas órdenes de S. E. que me 
apresuro á transmitir á V. G. para su mas exacto cumplimiento 
reservando comunicarle las que en adelante exijiere el desen- 
volvimiento de 1Q3 sucesos pendientes en esos paises. 

Dios guarde áV. G. 

S. 31. Tomás Frías. 

Hay una rúbrica del Presidente de Bolivia. 
Un sello — !V. 7. 



Sucre, Abril 30 de 1846. 

A S. G. el Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de 
Bolivia cerca del Gobierno Encargado de las Relaciones Exte- 
riores de la Confederación Argentina, General D. Ensebio 
Guilarte. 

S. M. : 
He puesto en conocimiento del Presidente de la República las 



^-^" ♦ 



# 



/. 



r 



- . ■ t #• 






DE LAS BEPÜBUCAS DEL PLATA 113 



O arta dol Oonoral JBolllvlaiiL 

Valparaíso^ Junio 28 de 1849. 

Mi estimable amigo : 

Al mismo tíempo he recibido dos cartas de Yd. al de- 
sembarcar en este puerto, después de dos mesas de uua nave- 
gación penosa, y en que he corrido inmensos peligros, habiendo 
escapado solamente por la decidida y noble protección de la 
marina Francesa, en el Pacífico, especialmente del noble Almi- 
rante Tromelin, mi buen amigo. 

Todo Boliyia, desde un estremo á otro, y hasta en los canto- 
nes mas pequeños, me invocaron y llamaron á principios de 
Marzo; pero mientras marché, los partidarios del General 
Santa-Cruz, dirigidos secretamente por el General Bmun, los 
Yillamiles, y los sobrinos de Santa-Cruz, sublevaron la canalla 
bruta, y los Indios, é invocando el saqueo, el degüello de todos 
los blancos y aristócratas, derramando plata, han hecho des- 
bordar el populacho y saquear todas las casas, matar á muchos 
amigos mios, destei;rar á todos los estrangeros, hacer salir 
todo almacén de comercio de Bolivia al exterior, prohibiendo 
todo comercio estrangero, y han . desterrado toda mi familia, 
inclusa mi madre, hermanas, cunadas, y todos mis deudos de 
ambos sexos. 

Continúan los asesinatos y excesos hasta ahora ; y aquel pais 
se sume en la barbarie si no se pone algún remedia estraño, 
poderoso y pronto. 

Escribo al Príncipe Napoleón dándole las gracias por los ser- 
vicios que he recibido de su marina : si mandase una orden 
para que continúen protegiéndome seria muy oportuno; y si Vd. 
puede dar algún paso sobre esto seria muy bueno que lo haga. 

A pesar de mis urgencias, si Vd. toma del seuor Devis cin- 
cuenta libras esterlinas para esos peíiuonos gastos y ayuda de su 

8 



114 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

correspondencia, los abonaré yo aqui en vista de su letra, su- 
puesto que dicho amigo se ha ofrecido. 

Si consiguiera vd. que Lord Palmerslon diera una orden 
recomendándome igualmente á la estación Británica, sobre todo 
en el Pacifico ; y si tanto él como el Ministro Francés autoriza- 
sen una persona para entenderse conmigo ; por ejemplo ai 
Almirante, ó ambos Almirantes, cuidando mucho de guardar el 
secreto aqui y alli, en donde todos los agentes Americanos, y en 
especial los de Rosas, lo descubren y lo avisan todo : si esto se 
consiguiera, seria muy oportuno, y debe ser sin perder mo- 
mentos. 

El Gobierno de Chile me presta protección decidida ; pero 
teme, y no puede contra el del Perú que se opone á mi regreso á 
Bolivia, porque de acuerdo con Rosas quiere dividirse Bolivia, 
haciéndola la Polonia de la América, ó como lo que sucede hoy 
en Italia, el objeto es estender la Confederación en toda la Amé- 
rica del Sud, destruir el Imperio del Brasil, y excluir de la Amé- 
rica toda influencia europea y monárquica, encerrándose como 
los chinos : idea absurda y ridicula, y contraria á los intereses 
de esos pueblos, pero que encuentra apeyo en las masas bru- 
tas, y que es preciso destruir pronto y en su origen. 

Mando á V. varios ejemplares del manifiesto que di para re- 
gresar á Bolivia, para que Vd. los mande á quienes crea conve- 
niente, y los dé alas personages arriba indicados, porque allí 
están consignados mis principios y lo que pasa en Bolivia. 

D. Pedro Guerra está oculto en Bolivia sin haber podido es- 
capar, todavia expuesto á perecer por que lo buscan para ma- 
tarlo : ha perdido todos sus intereses en el saqueo, y la señora 
todas sus alhajas. 

Pensé mandar á Vd. sus titulos para los Consulados que le 
ofrecí, y las instrucciones luego queme hiciera cargo del man- 
do ; pero la Providencia la ha estorbado por ahora, y dispuesto 
de otro modo. 



/- 



DE LAS REPIjBUCáS DKL PLATA 413 

No puede durar este estado de confusión y desorden, pero se 
necesita pensar en un remedio serio. Esperaré con ansia la 
respuesta de Vd. para saber si debo contar o no con la coopera- 
ción y protección de ambos Gobiernos, ó con alguno de ellos, 
encargándosele solamente al concluir el que ^ guarde un pro- 
fundo secreto, sea cualquiera la resolución, y que me conteste 
Vd. con el resultado. 



Su affmo. amigo y servidor. 



/. B. 



Por la misma casa que vá esta, puede venir su letra de que 
hablo arriba, de cincuenta libras esterlinas. Los impresos van 
iguajmente por la misma. 

(En la cubierta. ) De los ejemplares impresos del manifiesto 
que le mando, puede vd. rotularle y despachar, al Príncipe Luis 
Napoleón, al Ministro Palmerston, a Odillon Barrot, y á los que 
vd. crea conveniente. 
Es copia. 

El Oficial Mayor. 

J. Vicente Derad. 

Con la carta del señor Presidente del Perú, á que corresponde 
la contestación que sigue, venia la copia de la de Ballivian, igual 
á la que habia sido transmitida por el Ministro de las Relaciones 
Exteriores de la República Boliviana, y certificada por el mismo 
General Castilla. 



116 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 



OontovtQCion aol Ooxioz-Ql Itoaaic ol l^rosidaonto d^el l*erA 

8ol>ro oí iiilsmio oniuiito 

i VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA I 

Exino. Sr. Pi'esideirte de la República del Peni, General D. Ra- 
món Castilla. 

Palcrmo de San Benito, Octubre 8 de 1850. 

Señor üeueral de toda mi estimación : 

Tengo el mayor placer en contestar la muy apreciable de vd. 

fecha 29 de Mayo último, en que se sirve comunicarme copia 

de la carta de Balliviau, dirijida á uno de sus corresponsales en 
Europa. 
La G'irrera llena de insidias ó indignidades de Ballivian en la 

que, para conseguir sus planes tontra la sagrada causa de la 
América, ha empleado los medios mas reprobados y degradan- 
tes, no podia pararse ante el baldón de implorar el apoyo de Eu- 
ropeos para vender á su patria, que lo ha expulsado de su seno 
por su nefanda traición. 

Los planes que nos atribuye sobre la República Boliviana pa- 
ra dividirla, extendiendo la t'.onfederacion enlódala América 
del Sud y destruir el Imperio del Brasil, son tan absurdos y ri- 
diculos, que apenas merece decirse una palabra sobre esa in- 
vención hija de la villania mas consumada, y de la mas refinada 
prostitución. 

Por mi parle solo deseo la felicidad de todas las naciones del 
mundo, solo (¡uiero la gloria de un renombre inmortal para la 
América, para mi Palri:., la conservación incólume de su honor, 
sus derechos, su liberlad, y su paz interna. El mundo me hará 
justicia, y la historia prochiinará «pie jumas he ambicionado pa- 
ra la Confeileracinn Argentina mas engrandecimiento territorial 
qm» el (pie sin tiuda le pertenece. 

Mucho aprecio la lina amistad y confianza con que Vd. me ha 
honrado con su correspondencia ; y siento el mas vivo placer al 



DE LAS REPCBLICA« DE lA PLATA 117 

ser instruido por ella, que osa nacron Btgoe en paz consigo mis- 
ma y con todo el mnndo ; y que en cuairto de Vd. depende estre- 
cha cada dia mas los Tínculos de antigua é inalterable amistad 
que le unen á las domas Repúblicas hennanas, y especialmente 
con la Gonfederaoion Argentina, á cuyos hijos les ha prestado 
Vd. la mas pronta y eficaz protección, p3r laque le soy tan agra- 
decido. Iguales sentimientos han guiado constantemente mi 
política para con el Perú y sus ciudadanos. 

Al acoger con vivo reconocimiento las felicitaciones que Vd. 
me dirije por la renovación de confianza (pie han hecho á mí 
persona tos pueblos Argentinos, le deseo la mejor salud y acier- 
to, y tengo la mayor satisfacción en repetirme de Vd. muy aten- 
to servidor y amigo. 

JUAN MAjNÜEIDE rosas. 



CAPITULO III 

Muorto <lo»l r>r. i>. Santiago Vaxqiiox — MulAonado — Suco- 
sos políticos y iivilLtaros oii ucíuloI punto — IMíuoirto del 
l^í^^nlonto Ooronol r>. José »!• 0«l>alloro — Otros siico- 
Mou parclul4«!S — l-*ri«loii >' d.c3c»tlci;*r*o <lol Oonoral I^ivoira 
úNantu Outulliia — Iiiiportuxit<rs clociiineiitov do la x*o- 
f<^roiiciu -r AIoiit<)vlcLoo, .su sltuueloii. política -y lullltar 
— ft*itiooAos on ol cajnpainonto MitiaUor' — Castado {Reno- 
val dol rcHto de la Xloi>úl>lioa. 

El 6 de.Abi'il de 4847 falleció en la ciudad de Montevideo el 
sefior D. Santiago Vázquez, víctima de una afección pulmonar. 

Este ciudadano era una de las inteligencias políticas de la 
Re[)úl>lica Oriental, ante la cual se liahian doblegado las situa- 
ciones mas criticas de su partido. Como orador ocupó uno de 
los mas distinguidos puestos en la tribuna. Pertenecía también 
al foro, en cuya profesión tenia altos conocimientos. 

Los hombres de su partido publicaron sobre su vida privada 
y política algunas particularidades desde su nacimiento hasta 
su muerte, enumerando los servicios que hizo al país, los car- 



118 i HISTORIA política T MILITAR 

gos y comisiones que desempenó» la parte que tuvo en la eman- 
cipación política, en las instituciones creadas» en la organi- 
zación y progreso de la República. En el eloeio que se hizo del 
señor Vázquez, habia apreciaciones de indisputable verdad ; 
pero también se silenciaba muchos ó la mayor parto de sus he- 
chos, que le constituyeron el principal elemento de anarquia 
en épocas de funesta transición. 

Desde el año de 1839 hasta el dia de su fallecimiento el señor 
Vázquez habia cambiado completamente en la guerra civil, y no 
era ya el hombre de la Independencia ; sin embargo, necesita- 
mos ser justos dejando sus cenizas en el descanso imperturbablet 
cualesquiera que hayan sido sus errores ó sus crímenes sobre 
la tierra ; pero os también de nuestro deber evitar que al abrigo 
de este respeto, la narración apasionada do la hermandad polí- 
tica sacrifique la verdad de la historia á los intereses del partido. 

No procederíamos de este modo respecto del señor Vázquez, 
si sus apologistas de la ¿poca se hubiesen concretado al rol de 
biógrafos imparciales. No tendríamos entonces la necesidad de 
rectiGcar algunos hechos muy relacionados con la historia de 
esta República que se han desfigurado según la conveniencia ó 
el propósito. 

El señor I). Santiago Vázquez fué un hombre activo, inteli- 
gente, laborioso, y dotado por la naturaleza de cualidades de 
tribuno, dotes que moderadas por un juicio recto, y dirijidas 
por el instinto del bien, habrían hecho de él, un hombre públi- 
co eminente,benéíico á su patria y bendecido por la posteridad; 
siendo igualmente cierto, que abandonado sin esos correctivos 
á los impulsos de un natural indócil, no fué otra cosa en el poder 
y fuera de él que un faccioso oficial, destruyendo de este modo 
los bienes que hacía á su país, al impulso de sus desaciertos, y 
de sus funestas consecuencias. Este juicio que podrá parecer 
severo, no lo es sin embargo : su vida política dejó las huellas 
en el Pueblo Oriental, testigo y víctima de sus errores, y juez 
mas competente del mérito de sus hombres públicos. 



DE LAS REPOBLICAS DEL PLATA 149 

Sin alejarnos mas allá de su última administración, el señor 
Vázquez fué reconocido como cabeza y alma de los excesos co- 
metidos, de las estorsiones y asesinatos jurídicos, de que fué 
victima la ciudad de Montevideo en los últimos cuatro años de 
su asedio, así como de los inconvenientes que trajo la última in- 
tervención Europea. 

La desaparición del señor Vázquez fué sin embargo un golpe 
serio para los defensores de Montevideo, y sobre todo para su 
política en cuyas supremas necesidades, estaba iniciado el señor 
Vázquez. 

Creemos que este juicio muy breve, en nada destruye las 
opiniones que respecto de su personalidad política, hemos emi- 
tido sobre los primeros días de su carrera pública. 

MCuerto d.ol «Teniente Ooronel !>• Jos^ MCarfa Oaballero 

El 7 de Marzo de 18&7, tenia lugar frente al asedio de la ciu- 
dad de Maldonado la muerte de este. Jefe, Comandante General 
del Departamento de San José y que con la división de su depar- 
tamento concurría á las operaciones militares sobre aquella 
plaza. 

En ese día á launa y media de la mañana se aprximó á las trin- 
cheras la división de caballería del comandante Caballero con la 
intención de hacer un reconocimiento. Atacado por la infante- 
ría de la plaza se empeñó la refriega, trabándose un combate 
á lanza, comprometiendo su situación de tal modo que los sitia- 
dores aproximaron su infantería y artillería, logrando reducir á 
la plaza á sus defensores. 

Cuando la caballería fué cargada al principio por los infantes, 
se retiró á una distancia en donde se rehizo, y cargó para sacar 
el cadáver del comandante Caballero, quien habia desmontado 
á 50 pasos de distancia de los infantes que lo perseguían, con el 
objeto de acomodar la cincha de la montura. Acto de temeridad 
del que hizo un inútil alarde y del que debía resultar el sacrificio 
de su vida. 



120 HISTOBIA POLÍTICA Y HIIITÁR 

Muerto el comandaiite Caballero, los J^Iaragatos (asi se califi- 
caban los vecinos de San José que formabaD aquella división ) 
se dispersaron en el acto en gru()os de 20 á 30 bombres de re- 
greso á su departamento. 

Dejamos al General Rivera refugiado en Maldonado después 
de su derrota del Cerro de las Animas. 

Las operaciones militares en el Uruguay hablan tenido mal 
éxito, y el Gobierno de Montevideo, que no encontraba los me- 
dios de deshacerse del General Rivera que ya se había hecho 
perjudicial á la marcha general en su política, se felicitó deesa 
coyuntura (pie le proporcionaba la ocasión de confinarlo en 
aquella zona de la República que para el mismo Rivera no po- 
día importar otra cosa que un disimulado destierro. 

La ciudad do Maldonado estrechamente sitiada por las fuerzas 
del General Oribe al mando del coronel Barrios, disponia de una 
pequeña guarnición casi desmoralizada, y reducida á la estre- 
chez de recursos, sin tener otros (|ue los que le eran enviados de 
Montevideo por la via fluvial. 

La guarnición de Maldonado sufria una seria deserción, ha- 
biéndose pasado á las fuerzas Oribistas mas de 300 hombres en 
2 meses — El General Rivera permanecía, en su cuailel general, 
en la quinta de Agnilar. J-as otras quintas que estaban bajo el 
tiro de canon do la plaza, y de los cantones de estramuros, des- 
aparecieron bajo el hacha, por orden del Sr. Rivera — Se des- 
truyeron también los ranchos y toda clase de habitación próxima 
á los suburbios; todo con el objeto de despejar el cíimpo neutral. 

De la guarnición del pueblo sitiado. Rivera desi)rendió una 
|)arlida con deslino á tomar ganado en Solis Grande, encabezada 
por los oliciales Ordonez y Esteche. Sor[)rendida por las fuer- 
zas Oribistas, fueron muertos los referidos oficiales, así como 
algunos soldados, quedando el resto prisioneros. 

Para reemplazar las bajas que la deserción habia dejado en 
sus tropas, el Sr. Rivera pidió al gobierno de Montevideo se le 



DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA Í2i 

reforzase — Se pretendió entonces enviarle parte del Batallón 
de Extramuros y el núm. 2; pero caando supo la tropa el desti- 
no que llevaba, se resistió á marchar, gritando que no querían 
morir de hambre como sus compañeros habían sucumbido en 
Maldonado, y no marcharon á pesar de las amenazas de sus jefes 
y déla intervención directa que tomó en el asunto el Sr. Muñoz, 
Ministro de la Guerra. 

Aquel punto no podia ser el teatro aparente para las aspira- 
ciones de un hombre acostumbrado á disponer de grandes ele- 
mentos. Reducirlo á Maldonado ora someterle á una prueba de 
la que no podían salir triunfantes ciertamente, la resignación y 
patriotismo ifecesarios para superar, las virtudes, especialmente 
la primera, que el General Rivera no poseiaen grande escala. 

La permanencia de este General en aquel pueblo se señaló al 
fin por actos que desagradaron no solamente al Gobierno de 
Montevideo sino íi las mismas fuerzas cuvo mando había asu- 
mido, asi como á los habitantes de aquella ciudad cuyos desti- 
nos habian quedado bajo su salvaguardia. 

Véase de qué modo se produjeron aquellos sucesos — Deja- 
mos la palabra á los hombres de la misma congregación política 
del Sr. Rivera, y nada menos que á las mas altas y conspicuas 
personalidades de la defensa de Montevideo. 

I*u.l>licacioii oficial do los (loouiiiGn.tos roforontos ú. la dcs- 
tltixcion y clestiorr*o del I3rl{j;adLoi- Oonoral I>. Fructuoso 
Rivoi'a. 

Montevideo, 16 de Octubre de 1847. 

BREVE EXPLICACIÓN 

Ministerio de Gobierno. 

Vil mlcresado por el bien del país, con el objeto de no per- 
mitir que la opinión se extravie, ha publicado parte de la cor- 
respondencia que se ha cambiado entre el Gobierno de la Repú- 
blica y el (ieneral D. Fructuoso Rivera; y al hacerlo, ha ingerido 
relaciones liütóricas y observaciones sobre los procedimientos 



122 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

ilel Gobierno que, por despreciables y ridiculas que parezcan, 
no deben pasar inapercibidas. Ya en otra ocasión se ha hecho 
jugar la misma arma para trastornar los espíritus y promover 
conflictos, tan vergonzosos como funestos; y seria, por consi- 
guiente, imprudencia criminal no sacar partido de esa expe- 
riencia. 

El Gobierno se ha propuesto guardar, en todo lo relativo á 
los sucesos de Maldonado, la mayor circunspección posible. El 
honor y el crédito del país, la moral y las conveniencias mas 
vitales de la República, le prescribían esa conducta y esa reser- 
va : pero hoy ya no puede guardarla sino de un modo relativo. 
Esto es ciertamente de lamentarse ; y por esa razón ha mirado 
con verdadero enojo que ese pretendido interesado por el bien 
del país le haya suscitado el conflicto en que hoy se encuentra. 
En la necesidad de vindicarse y justificar sus actos, él tendrá 
que abandonar aquella posición, y atacar la reputación de un 
hombre que, cualesquiera que sean sus defectos y sus nulidades 
ha ocupado una alta posición en nuestro país, y nada puede de- 
cirse de él que no pese sobre nuestra sociedad, y semejante 
suceso el Gobierno nunca lo ha deseado ni podido desearlo. 

Este es uno de los muchos inconvenientes que tiene la tole- 
rancia mal entendida, y sobre todo, el funesto error de querer 
hacer imperar, en una ciudad sitiada, y en épocas de crisis mor- 
tal para una nación, esa latitud de instituciones que, aun en 
tiempos normales y ordinarios, y en otros paises en donde tienen 
otro arraigo y otros correctivos que no tienen en el nuestro, 
está sujeta á abusos tan caros. Ojalá esta nueva lección sea 
fructífera para los hombres bien intencionados, y que verdade- 
ramente quieran la salvación del pais y la consolidación de sus 
libertades. Sin embargo, el Ministerio dirá lo menos, y solo 
aquello que sea necesario para explicar los actos del P. E. 

La situación del General Rivera en la escena política, ha mucho 
tiempo que era violenta y difícil de conservarse. Vuelto á la vida 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 123 

pública, contra la voluntad del Gobierno, y apoyado solo en las 
exijencías de un motin, desde sus primeros pasos manifestó 
que no comprendía su época, ni á los hombres ni á las cosas 
que predominaban en su país. 

Acostumbrado á gobernar desde la campaña : lejos del con- 
tacto de la parte mas civilizada de la población : nutrido en esa 
omnipotencia de poder y facultades que le hacian dueño de 
vidas y haciendas sin consideración ñi responsabilidad de nia- 
guna especie: acostumbrado, en fín, á no mirar las formas 
legales sino como una pantalla, cuya sombra le convenia para 
ocultar la deformidad de su existencia política, el General Rive- 
ra entró á figurar, después del I ."^ de Abril de 1 846, como habia 
figurado en las épocas anteriores. En la desgracia nada habia 
aprendido : en lo que le rodeaba nada veia ; y entregándose á 
una conducta injustificable é incomprensible, marcó su nueva 
carrera con los actos mas escandalosos y mas funestos para la 
causa que defiende la República. Las propiedades violadas, las 
personas atacadas, sin distinción ni respeto de ninguna clase, 
la autoridad del Gobierno desconocida y despreciada al mas 
alto grado, produjeron, como era consiguiente, un conflicto de 
posición, entre el Gobierno de la República, que no podia ni 
quería consentir en aquellos atentados, y el General Rivera que, 
apoyado en la fuerza que mandaba, y en lo espinoso y grave de 
las circunstancias en que se encontraba la República, pretendía 
un absolutismo de facultades, incompatible con las disposicio- 
nes constitucionales y el orden público, y que cubría de ridiculo 
al Gobierno, cuya acción paralizada por consideraciones de alta 
política, aparecía como un instrumento ciego de las voluntades 
del citado General. Todos los habitantes de esta capital conocen 
esos hechos hasta en sus mas pequeños detalles : nadie puede 
haber olvidado la gravedad de los momentos por que entonces 
pasó el país : la resistencia, la exaltación, el descontento gene- 
ral que producía cada noticia que se recibía en los puntos que 



Í3í HlSTOfilA POLÍTICA Y MILITAR 

eslabaa bajo la depcndeiicía del General Uivera; y dígase si 
eso no es exacto, y si ese estado podía durar y no concluir como 
ha concluido. 

Lo que al General ha sucedido, era lo natural : el primer 
contraste, no podía dejar de hacerlo un objeto especial de la 
atención y alarma del GobiiTno. Lo que liabia pasailo, lo habí- 
lítal>a para set* mas cauto, y empeñarse en colocar su autoridad 
á una grande altura, depurándola al mismo tiempo de todas las 
sombras con ((ue había aparecido empañada. La opinión pú- 
blica, manifestada, por otra parte, del modo mas expreso en el 
pueblo y en el ejército, no le permitían tampoco volver al Gene- 
ral Rivera la importancia de posición que antes había ocupado, 
y que él solicitaba con todo el imperio y tenacidad de un hom- 
bre que está acostumlirado á mandar y ser ol>edoc¡do ; y he aqui 
el princi|)ío de las hostilidades á que el General se refiere en su 
nota de 23 de Setiembre de I8i7. El quería e! mismo mando, 
el mismo poder : quería otro ejército, á mas de los tres que ya 
había perdido, y el Gobierno no quería darle stJio ese mando y 
Hive poder restringido, y ese poder limitado a una guarnición y 
á un punto en que el General no pudiese hacer lo <|ue antes ha- 
bía hecho, i Y á esto llama él hostilidad, y por e:fto es que se 
propone acusar al Gobierno ante la nación ! Esto solo hace 
comprender mas al General Uivera, que todo cuanto puede de- 
cirse de sus exigencias. 

Pero ¿por qué se queja de su posicionf ¿Quién sino él la ha crea- 
do? ¿Cuáles son los títulos con que el General se presenta á soli- 
citar que el Gobierno le confiase nuevos ejércitos? ¿D^mde esta- 
ban los que antes le había confiado? ¿Dónde el que se le entregó 
después de i"", de Abril do {8i3? ¿Qué esplicacíon ni justifica- 
ción había dado de los desastres y crueles desgracias que lo 
habían reducido á la nulidad mas completa ? ¥ sobre todo ¿ con 
qué personería, con qué antecedentes quiere hacer pesar sobre 
el gobierno la re9ponsal)ilidad de las operaciones de la guerra ? 



DE LAS BEPÚBUCAS DEL PLiTA 1S3 

Si alguQos e?LÍstían ¿no son los que él mismo habia creado? 
Perdido el último ejército que se leconfló, perdidos todos los 
puQtos de la República que se habian adquirido á costa de 
tanta sangre yde tantos sacrificios, desmoralizada la acción do 
la defensa nacional, por el decaimiento consiguiente ú tantas 
desgracias y tantos contrastes, como los que vinieron de golpe, 
en el corto periodo de 30 días, ¿conque elementos podia con- 
tarse en aquellos momentos, para abrir una nueva campana, 
que no presentasen en toda la perspectiva de mayores desgra- 
cias y mas grandes desastres ? Y sin embargo, el General Rivera 
tiene valor para decir que el Gobierno es quien le ha deshecho 
el ejército 1 1 ... y quiere hacerle cargos porque no le ha creido 
capaz de dirigir nuevas operaciones de guerra II ... Esto no 
tiene esplicacíon, sino en un hombre que, en el largo periodo 
de 30 anos, por primera vez se encuentra obligado á subordi- 
narse y obedecer. 

Pero no es aqui solamente que el General es injusto y poco 
acertado. El inventa también, para tener ocasión de desaliogar 
sus resentimientos y encono contra el Gobierno, á quien no de- 
bia sino sumisión y consideraciones, por la generosa y noble 
conducta que habia obsen^ado en sus desgracias. Y él inventa, 
se dice» porque es moralmente imposible que el coronel Baez 
haya tomado el nombre del Gobierno para referir lo que el Ge- 
neral asegura, en su citada nota de 23 de Setiembre, que le fué 
dicho. Es un absurdo tan manifiesto que no puede haber sido 
concebido por una razón fria y que no estuviese afectada por 
vehementes pasiones. Solo habiéndose abandonado el sentido 
común, podía haberse dicho lo que el General asevera. ¿Es 
creíble que, aun cuando tal fuese la resolución traidora del Go- 
bierno, se la dijese al coronel Baez con toda la desnudez que 
aparece T Hay ciertas cosas que en si mismas llevan su mejor 
refutación, y esta es una de ellas. 

Por lo demás, el espíritu que domina en esa nota es bien co- 



136 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

nocido: concitar los ánimos, aparapetado de las formas y dis- 
posiciones constitucionales, y, desde esa altura, contemplar el 
incendio, para tener el placer de Nerón cuando pegaba fuego á 
Roma. Pero esta vez sera menos feliz en su intento, porque 
con los hechos mas notorios, lo descubriremos y mostraremos 
tal cual es. 

El General Rivera, que tanto proclama esas formas, que tan 
poderosas las encuentra para que le salven de lo que él llama 
atentados del (lobierno, es el mismo que en presencia de todo 
este pueblo, arrebató de su seno, y en medio de la mas grande 
tranquilidad, al benemérito y respetable ciudadano D. Luis La- 
mas, lo llevó á su campamento, le ultrajó, le vejó de todos 
modos ; y, no contento con eso, le arrojó fuera del país por 
tiempo indefinido. Todos recuerdan este hecho, la violencia y 
la calculada firmeza con que se ejtMxió, y sobre todo su injusti- 
cia atroz. Hasta ahora se sabe lo que^)udo hacer olvidar en el 
General Rivera la dignidad y los deberes del magistrado, del 
ciudadano y del hombre que, en el alto puesto en que le habia 
colocado la confianza de sus compatriotas, tenia mas obligación 
que ningún otro, de respetar las formas y disposiciones consti- 
tucionales. El General Rivera es el que, de público y notorio, 
ha mandado siempre en la campana como amo absoluto, y ja- 
mas ha permitido que allí las propiedades ni las personas ten- 
gan garantías de ninguna especie contra sus voluntades. El 
General Rivera, que tanto reclama las garantias constituciona- 
les : que tanto las quiere hacer valer para si : que tanto las 
proclamó en el mes de Marzo de 1 846, es el mismo que entonces, 
apenas bajado á tierra del buque que habia constituido en cas- 
tillo, para desde alli batir la autoridad del Gobierno, abusando 
así del asilo que se le habia dado, lo primero que hizo fué en- 
sañarse con los coroneles Diaz, Tajes y Lezica : y en presencia 
del Gobierno, y de las autoridades de la República, él, simple 
General, y sin mas motivos que las animosidades personales. 



DE LAS REPCBLIGAS DEL PLATA 127 

les (lió la órdea de destierro, y se empeñó de llevarlo á cabo 
contra la resistencia del Gobierno. Los periódicos de Abril de 
ese año contienen las notas que con ese motivo se cambiaron 
entre el Gobierno y el General Rivera. Véanse y avalórese, la 
importancia que dicho General dá á esas garantías tutelares, 
con que hoy quiere combatir una medida justa, necesaria y con- 
veniente, tomada por el Gobierno, y la sinceridad y buena fé 
con que él y sus amigos las alegan. En fin, ese mismo General, 
que tan manso y constitucional se muestra, es el que, aun no 
hace dos meses, tomó á un comisionado del Gobierno, le exi- 
gió la entrega de las comunicaciones que conducia para otro 
destino ; y porque ese comisionado, cumpliendo con su deber, 
se resistió á acceder a sus deseos, lo mandó prender á bordo 
del buque en donde permanecía, y, só pretcsto de resistencia á 
la fuerza encargada de la ejecución de las órdenes del General, 
se le asesina vil y cobardemente 1 1 (i ) 

Si de estos hechos pasamos á otros de una importancia mas 
alta, veremos al General Rivera, en el orden administrativo, 
marchando sin cesar en abierta oposición con las mas expresas 



¡1) Vóanso la carta del capitán Arrióla y las doclaracioncs dol patrón y 
marineros del buque, que existen en el Ministerio de la Guerra. 

El asesinato de Arrióla tuvo lugar do este modo. Para mandar comu- 
nicaciones al coronel Brijido Süveira, oscogiorou los del Gobierno de 
Montevideo, al capitán Arrióla, cuñado de aquel jefe, y lo embarcaron 
en un bucjuecillo perteneciente á un español llamado José Masera, con 
orden á Arrióla de llegar hasta la cosía de Castillos, sin entregar al Ge- 
neral Rivera las comunicaciones, á su paso por Maldonadó, auncjue 
aí|uel las exigiera. Llegado AiTiola á dicho punto, el General Rivera, 
que sin duda abrigaba ya alguna desconfianza, pidió las comunicacio- 
nes, Arrióla se negó según sus órdenes á entregar los pliegos, y en pre- 
visión de alguna violencia envió á pedir protección al buíjuo blocjueador 
francés, cuyo comandante mandó un bote armado, el que después de 
algún tiempo se mandó retirar, en la persuasión do que el General Ri- 
vera había desistido de su pretensión. Pero no fué así: porque inme- 
diatamente que desapareció el bote francés, llegó á bordo una ballenera 
con algunos hombres armados, y un oficial (¡ue los comandaba derribó 
al capitán Arrióla de un pistoletazo, haciéndole ultimar. 

Kl cadáver do Arrióla fué sepultado en Maldonadó. 

Nota del Awfor 



428 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

disposiciones constitucionales, y ser un obstáculo insuperable 
para toda organización regular, para el orden interior, la paz ex- 
terior, la mejora y el bien del pais. 

Considerándose siempre el Presidente de la República en 
ejercicio de sus funciones, cualquiera que haya sido su posición 
social, y las circunstancias en que se encontrase, en donde quie- 
ra que personalmente se hallase establecido su gobierno, siste- 
maba su administración, hacia prevalecer su política, rompía 
convenciones las mas solemnemente hechas, hacia otras, por si 
y ante si, sin mas autorización, ni requisito, ni objeto, que los 
cálculos de su conveniencia individual : gobernaba, en suma, á 
su modo. 

Es así como le ha enajenado á la República sus mejores alia- 
dos, llevándolos hasta constituirlos en una especie de hostilidad 
pasiva. Ahí está Corrientes. 

Es así como ha contrariado, vann hostilizado á la revolución 
Argentina, que los mas claros y vitales intereses del pais acon- 
sejaban que se protejiose y fomentase á toda costa. Ahí está lo 
que hizo con el General Lavalle hasta la batalla del Sauce Grande, 
y con el General Paz, antes y después de Caaguazú. 

Es así como nos alejó las simpatías de la Francia, cambiando 
su cooperación en la guerra por unos cuantos miles de pesos 
tomados bajo una promesa que no cumplió, y contribuyendo 
asi poderosamente al triunfo del Gobernador de Buenos Aires. 
Ahí está el tratado Mackau. 

Es así como dio la batalla malhadada del Arroyo Grande, 
contra las terminantes y expresas órdenes del Gobierno que, 
esperando por momentos el resultado de las negociaciones pen- 
dientes en Europa, comunicado ya por el mismo Mandoville, 
sobre la intervención para hacer cesar la guerra, no quería 
correr los azares de los combates. Ahí está la comunicación que 
se le dirijió á fines de Noviembre de 1812, y su contestación del 
dia antes de la batalla. 



DE LAS KEPÜBLIGiS DEL PLATA 129 

Es asi como, tomando el nombre del Gobierno falsa y teme- 
rariamente, se constituyó en comisario, plenamente autorizado, 
y celebró un tratado de alianza ofensiva y defensiva con los 
revolocionaríos del Rio Grande contra el Gobierno de S. M. el 
Emperador del Brasil, dando asi lugar á que el Imperio, con 
quien tantos intereses nos ligan en una estrecha y leal manco- 
munidad de objetos políticos, tomase en la lucha en que hoy 
se encuentra empeñada la República, esa posición de especta- 
tiva que tanto ha contrariado los esfuerzos del pais para su 
salvación. Ahí están las reclamaciones oficiales, ahi están los 
tratados publicados, ahí están los hechos que son sus conse- 
cuencias. 

Es asi, en fin, como el General Rivera, sabedor de la negocia- 
ción que se había iniciado con el Gobernador de Entre-Rios, 
para que tuviese lugar la cesación de la guerra, y de los compro- 
misos solemnes que el Gobierno había contraído, se lanzó sobre 
el pueblo de Paysandú, derramó á torrentes la sangre Oriental, 
destruyó uno de sus mas hermosos pueblos, perdió el fruto de 
todas las conquistas que se habían hecho, y desbarató todos los 
proyectos de paz del Gobierno. 

En vista de tales hechos ¿ puede caber la mas pequeña duda 
sobre la sinceridad de las protestas del General, de su amor á 
las formas, de su respeto y subordinación á los mandatarios 
del Grobierno, de su conformidad con vivir quieto y tranquilo 
en su casa, lejos del poder y todos los halagos que tiene para 
hombres de sus haUtndes T ¿ No hay en esto solamente sobra- 
dos motivos para justí&car la resolución del Gobierno, á quien 
está confiada la conservación del orden y tranquilidad pública, 
como base ime qua non de la defensa y seguridad de la Repú- 
blica T ¿Puede pontt*se en cotejo lo que el Gobierno hace hoy 
con el General, y lo (fue él ha hecho como Presidente del Estado 
y como stanple General ? ¿Podrá haber quien dude, enunapa- 
labra, déla conveníeocía y necesidad de separar del pais al 
General Rivera ? g 



130 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

Pero esto no es de estrañarse. Esa táctica empleada en otra 
ocasión, ya se ha dicho que le dio los mejores resultados, y 
con ella, sin hacer distinción de épocas, ni de circunstancias, 
se quiere representar las mismas escenas. Sin embargo ellas no 
tendrán lugar. Fuerte en su conciencia, en sus convicciones y 
en el apoyo que le dá la opinión pública, el Gobierno sabrá des- 
baratar esas maniobras criminales con firmeza incontrastable. 
El apelará al buen sentido público, y con la verdad y la fran- 
queza que le caracterizan, hará comprender las razones de con- 
veniencia general, de justicia y de necesidad, que abogan .por 
los procedimientos que él ha adoptado con el General Rivera. 

En primer lugar, en todos los paises del mundo, aun en 
aquellos en que las libertades individuales y las instituciones 
tienen una extensión y consolidación que entre nosotros no 
tienen, ni pueden tener, aquellos actos son de forma estable- 
cida, en circunstancias menos calamitosas aun que las presen- 
tes de la República. Sin ir á la España, en donde esos actos son 
repetidísimos en las disensiones intestinas, en Francia, en 
Inglaterra y aun en los Estados Unidos, sus legislaciones, usos 
y costumbres tienen establecido medidas excepcionales para los 
casos graves de insurrección ó conmoción, como una práctica 
inconcusa : y no se dirá que en esos pueblos las instituciones 
liberales no existen, ni que la opinión pública no tiene poder 
ni fuerza. La razón es muy obvia. La represión de todo acto 
que puede conmover las pasiones y comprometer el orden y la 
tranquilidad pública de un modo trascendental, no puede ser 
abandonada á las formas morosas de un juicio ordinario, esta- 
tuido para casos comunes, porque se correrían, entre tanto, 
todos los riesgos y contingencias de sus dilaciones, sacrifican- 
do asi, tal vez, la vida toda de un pueblo. En aquellos casos se 
vá á la fuente del mal directamente, y por los caminos mas cor- 
tos, porque ellos hacen una escepcion de la regla coman ; ó por 
mejor decir, entonces prevalecen otros principios y doctrinas 



DE US REPÜBLIGAS DEL PLATA 131 

(le una bondad relativa, y que están reducidos á hacer lo es- 
tricta y absolutamente necesario para curar el mal y prevenir su 
contagio. Deaqui, la ley marcial, el habeas cor pus, dentado 
de sitio y tantas otras disposiciones de ese genero que han 
adoptado las naciones mas civilizadas de la Europa. Y si esto 
está justiiicado, ó á lo menos admitido, cuando hay simples 
amagos de desórdenes y trastornos públicos, i (jué no será 
cuando existe una plaza asediada, y una nación está jugando su 
existencia presente y futura I 

Por principios análogos, el Gobierno ha dejado para después 
el juicio que absuelva ó condene definitivamente al General Ri- 
vera, y se ha contentado con separarle temporalmente del país ; 
(lando de este modo una prueba inequívoca de la liberalidad y 
filantropía de sus principios. Y lo ha dejado, porque sus con- 
vicciones hoy, son á este respecto las mismas que manifestó el 
Consejo de Estado en 23 de Marzo de I84G. Entonces dijo : 
<i el General Rivera pretende que se le juzgue, y ([ue se observen 
en su persona las formas tutelares que garanten los derechos 
del ciudadano !!.... Pero, ¿dónde, cuándo, cómo puede te- 
ner lugar ese juicio ? Habiendo llegado á ser el General Rivera, 
por su largo tiempo de mando, una especie de poder ca la Re- 
pública ¿dónde estarían esos jueces que no fuesen los partida- . 
rios del caudillo, ó los defensores do la autoridad legítima ? ¿El 
Gobierno, las clases todas del pueblo, podrán prescindir de !ia- 
cerse parte en ese juicio, y darle todo el interés del drama que 
él presentaría ? ¿ Es en estos momenlos que la suerte do la 
patria puede jugarse enlamas pequeña aventura ; en que los 
esfuerzos comunes necesitan de la unión mas compacta : en que 
toda distracción del gran panto de mira, que hoy debe ocui)ar 
solo la atención de los defensores de la República, puede per- . 
derla : en que todo sacudimiento social es el mas encarnizado 
enemigo do la defensa nacional : en que li'.s susceptibilidades 
son mas poderosas y ardientes que nunca : es e;) estos momen- 



133 HISTORIA POIitlCi T HILITAl 

tos, decimos, qne puede tenerse el joícío que qniere el General 
Rirera? ¿ Ha?, ni paede haber buen fe en semejante proposi- 
ción ? ¿ Quién no re el sofisma ndícnlo, el grande aboso de pa- 
labras qne se pretende hacer raler, como razones, cnando se 
equipara al General Rivera con cualquiera de los demás ciuda- 
danos ? ; Cuál de ellos es, ni puede ser como él, una bandera 
de partido á cuyo derredor encuentran abrigo los descontentos 
con el orden actual de cosas ? ; Quién puede ofrecer ni prometer 
como él ? Déjese para otra época ese juicio, que entonces ha- 
brá otra libertad para la acusación y la defensa, que la que hoy 
no puede ni debe permitirse. » 

Ni qué otro motiro puede haber tenido el Gobierno para no 
acordar ese juicio ? Sí él hubiese sido capaz de descender de su 
puesto para sostener una lucha individual : si la rectitud, la 
imparcialidad y el patriotismo sincero que han dictado sus 
medidas, hubieren dejado su lugar para que le reemplazasen 
los odios Y animosidades de partido, ¿no habría estado en sus 
intereses el decretar ese juicio? ¿Se puede desconocer la oca- 
sión que le presentaba la fortuna, para satisfacer sus pasiones T 
¿ Pfo está ahí el cuerpo del delito, confesado y escrito por el 
mismo General? ¿No son expresas y terminantes las prohibi- 
ciones y las penas del código militar? Las prevenciones y el 
encono contra el General ¿ podian ser mas universales ? En el 
mismo Maldonado ¿ cuál era la disposición de los espíritus ? ¿ Le 
hubiera sido diñcil al Gobierno dar en el tal caso á la condena 
del General todas las formas de la ley, y obtener la aprobación 
general ? ¿ O se dirá que el delito del General no era tal, desde 
que dio cuenta á S. E. el señor Presidente de la República ? 
Pero semejante cosa es un absurdo en toda la fuerza de la ex- 
presión. En primer lugar, el General no cumplía con dirigirse á 
S. E. el señor Presidente por medio de tma c(»rta particular 
7/ de amigo i amigo : su obligación era hacerlo oí Gobierno 
oficialmente. Sin embargo no es esta la grave falla dei General : 



DE LAS REPÚBLICAS DE LA PLATA 433 

sa delito consiste en no haber esperado la contestación del Go- 
bierno ; en haber continuado por su cuenta, recibiendo y man- 
dando comunicaciones al enemigo , admitiendo y haciendo 
proposiciones de arreglo, que hasta ahora se sabe qué objeta 
tenian. ¿Se contestará también á esto que el General lo igno- 
raba, ó que no tuvo tiempo de comunicarlo, por la razón ver- 
daderamente ridicula que dá en su carta particular del 27 de 
Setiembre ? Seria curioso oirlo . 

El 22 tuvo la conferencia con los coroneles Barrios y Acuña : 
antes y después habia habido un cambio de comunicaciones, 
que dio aquel resultado que el General atribuye á un fracaso : 
¿es creíble que él ignorase el 27 lo que se trataba? El contestó 
con ocho artículos á la propuesta del estrañamiento : este era el 
punto mas grave del negocio. Y el General no tuvo diez minu- 
tos para copiarlos, cuando tenia allí á su ex-secretario, el doc- 
tor Vidal, y tantos otros individuos de confianza á quien encarr- 
gar ese trabajo ! | El General con un motivo de tanta importan- 
cia, no tenia facultad, ni medios, ni el deber de demorar un 
cuarto de hora el buque que salió ese dia, aunque eran á penas 
las tres de la tarde 1 1 .... ¿ Qué revela esta misterio ? ¿ Por 
qué hacerlo tal, si se trataba de una cosa honrosa, digna, y tan 
conveniente parala República? ?Por qué, si el General tenia 
intenciones y objetos tan patrióticos como él lo asegura ? 

El Gobierno lo repetirá una y mil veces : — el General no ha 
sido juzgado por las consideraciones de justicia y de alta políti- 
ca que se ha mencionado. El ha sido separado del país, porque 
era lo menos que podía y debia hacerse. Al hacerlo, le con- 
serva sus grados y honores, le dá seiscientos pesos men- 
tales de pensión, cuando su sueldo apenas monta á doscientos 
cmcaenta, y el tiempo de su destierro se lo limita al de la dura- 
ción de la guerra. ¿Qué cargo puede hacérsele por esto ? Si hay 
alguno, es el de ser demasiado magnánimo y generoso ; el de 
elevar su caballería mas allá de lo que al país conviene y sus in- 



134 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

ftereses reclaman imperiosamente. ¡ Quiera el Cielo que algún 
dia no se le formule una acusación I 

Sobre aquello de que en cuatro meses no se habia recibido 
verba, tabaco, jabón, etc., la comunicación del Ministerio de la 
(luerra dice lo basUmte. Sin embargo se añadirá, ({ue la guar- 
nición se moriade hambre, porque no tenia (pie comer, á pesar 
Ác (|ue, renglones alimenUirios nunca dejó de remtirseles en la 
proporción y número de raciones (juc constan en los estados de 
k Comisaria General : que por consiguiente, la guarnición no 
se entregaba á la desesperación por falta de tabaco, yerba, ja- 
ban, etc., sino porque la incuria, la desmoralización mas crimi- 
nal, la dilapidación mas escandalosa, el sistemado desorden que 
el General Rivera lleva siempre consigo á donde quiera que 
üja una administración, la obligaba á buscar el sustento en los 
yuyos é inmundicias mas re[>ugnantes, y á cosía de. la mas tor- 
pe abyección. Duro es tener que decirlo, pero es indispensable: 
el pais y nuestra sociedad tienen que pedir al General Rivera 
cuenta severa de lo que ha hecho en Maldonado. El y ella deben 
protestar altamente y probar, ([ue los hechos del General son 
puramente personales. De otro modo, habría algo mas que ver- 
güenza para los hijos de esta tierra, que tan á pecho tienen la 
vindicación de su honor, de su crédito y de sus intereses. 

En cuanto á los documentos oficiales, ellos no necesitan co- 
mentario de ninguna especie. Decidido el Gobierno á hacer im- 
perar el principio de la defensa nacional sobre cualquiera 
consideración, sea de la gravedad que fuere, y linnemente re- 
suelto á no consenlir (|ue ningún hombre sea obstáculo para la 
síilvacion de la República, ha querido establecer un antecedente 
íncontroveríible de la fuerza de sus resoluciones, y que expli^- 
cara, en lo suco^¡vo, todos sus actos administrativos. El presti- 
gio de la autori lad, el respeto que se le debe, el arraigo de su 
poder, y la libertad de su acción, son indispensables, y absolu- 
tamente necesarios para que pueda llegarse al fin de esa gran 



/* 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 133 

lucha, que hace 57 meses que dilacera y aniquila á nuestra Pa- 
tria, y de que está pendiente la existencia de su nacionalidad, 
la consolidación de sus libertades, el porvenir de sus hijos, y 
los mas caros intereses de todos aquellos que se han consagrado 
al sosten de una causa tan santa como justa. 

Ese pensamiento es el fundamento de la medida que se ha to- 
mado con el General Rivera : es él quien basa el programa po- 
lítico y administrativo de la presente administración, y con él 
es que el P. E. gobernará y dará cuenta á la nación de todos sus 
actos. El dia que ese pensamiento y ese principio no puedan 
prevalecer, por cualquier razón ó motivo que sea, los hombres 
que componen la administración dejarán de pertenecerle ; por- 
que no comprenden que hoy pueda tenerse otro objeto en vista 
que el de la defensa de la Patria y su salvación. 

MANUEL HERRERA Y OBES. 



Ministerio de Gobierno. 

Montevideo, Octubre 9 dü 1847. 

El P. E. acaba de hacer uso de una de las mas importantes 
atribuciones que le confiere elart. 81 de la Constitución ; y de 
conformidad con lo que dispone el art. 2^. del Estatuto Nacio- 
nal, vieneá dar cuenta á la H. Asamblea de Notables. 

Los documentos que se acompañan con los números i á 5 cree 
el P. E. que bastan por si solos para dar un conocimiento cabal 
déla necesidad y justicia con que están revestidos sus actos, j 
sobretodo, déla circunspección y liberalidad de sus procedi- 
mientos. 

LaH. Asamblea de Notables verá desde luego que el P. E. ha 
limitado sus resoluciones á quitar los medios de dañar á la cau- 
sa pública. Pudiendo castigar severamente, se ha contentado 
con una corrección temporaria : en medio de sus conflictos, no 



136 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

ha olftdailo qae la nación tiene, para con los hombres que la 
han representado en altos puestos y consagrádole sus servicios 
por largos anos, forzosos y sagrados deberes de honor, de mo- 
ral y aUa conveniencia pública : el P. E. en fin, ha tenido muy 
presente que el Brigadier General D. Fructuoso Rivera, bajo el 
peso de una acusación grave, no es aun un criminal convicto. 

Tales consideraciones espera el P. E. que no se escaparán á 
la seria atención de la H. Asamblea de Notables, y que ellas le 
merecerán la mas completa aprobación de todos sus actos, co- 
mo expresamente pide el P. E. 

Dios guarde muchos años á la H. Asamblea de Notables. . 

JOAQUÍN SUAREZ. 

MANUEL HERRERA Y OSES. 



Exmo. Sr. Presidente D. Joaquín Suarcz. 

Maldona<io, Setiembre 27 de 1847. 

Mi señor compadre y particular amigo : 
Son las 3 de la tarde, v va hov á marcharse la Comolacion, 
y me dá tiempo para dirigirle esta, y poner en su conocimiento 
particular, que hoy, á las diez de la mañana, llegaron al frente 
de nuestros puestos avanzados los coroneles Barrios y Acuña, y 
me hicieron decir, por medio de un particular, que tenían 
orden de sa Presidente Oribe para proponerme el que yo me 
eitrafiase del pais mientras se arreglaba la paz ; que se me 
acordaría ana mesada, etc. : pero que no estaría distante de 
oír mis apantes. Que en esta virtud los referídos coroneles es- 
perarían 24 horas para reoojerlos por escrito, y trasmitirlos al 
nenenU Oríbe. Esta fué, mas ó menos, la relación que se hizo 
4 $tt iMMBbre : en cuya virtud, deseoso de ver el término de la 
gAerra* no tuve iucoiáveníente en Tertir mi opinión por escrito, 
y bajo mi lírma ; y por el mismo que me trajo el recado de 



DI LAS REPtUENTAS llfL FlftTA (37 

palabra, se la trasmitf en ocho artienlos, ^ne do penilo á tí. es 
este momento porqne tengo qnofitceifos poner en Impí», fmts 
están en borrador de mi letra qne td. conoce. Hasta este moh 
mentó nada ocurre. ( 1 ) ^^ gnaomcíon tendrá tWeres para cineo 
días, j las familias nada tienen ya qne comer. 
Le salaba sn affmo. compadre y aonigo. 

Fructuoso Rivera. 



Piexa rolatlva á, la destitnoion y dostlerro ael Brigadier 

Oenerol I>. Fruottioso nivora 

En Montevideo, á TánlrniieTe de Setíemíbre de mil ochocien- 
tos cna renta y siete, reunidos en el despaclio de S. E. el señor 
Presidente de la República, el citado Sr. Prcsideirte, y los Sres. 
Ministros del P. E., D. Mannel Herrera y Obes, D. Lorenzo 
Batlle y D. Bruno Mas, con asistencia, por citación especial 
qne se les hizo, de ios Sres. Presidente de la H. Asamblea de 
Notables, Sr. Provisor D. Lorenzo Fernandez, y el del H. Coa- 
s€^ de Estado, Brigadier íleneral D. Ruftiio Bafizá ; compare- 
cieron los Sres. Comandantes D. Juan de la Cruz Ledesma, y 
Capitanes I). León de Palleja y D. Api^inarío Sánchez, llegados 
de Maldonado, los Sres. Ledesroay Paliejael dia 25 del cornea- 
te, y el Sr. Sandiez el dia 28 ; y después de cambiado» los 
cumplimientos de costumbre, S. E. el Sr, Presidente de la 
República les hizo saber, que los había hecho venir para qae le 
informasen con entera verdad y franqueza, en presencia délos 
seiores presentes, sobre el estado de tranquilidad, seguridad y 
disposición de espíritu de la gnamicion de aqnel punto, porque 
el Gobierno, en virtod de esa manifestación, íbaá acordar las 



( 1 ) El dia 10 de Setiembre «M el eomaei Bm» eondudend» H» 
víveres que á su llegada á esta capital estat>an ya prontos para salir. 
El eáicuk) de lo que se reontía era el de ^ dias de suf)Ristencta. 8in 
embargo, se vé (fueá la fecha de la carta del ^onoml jr4 se habianeou- 
sumido : y no por esto el hambre y la miseria se habían mitigado. 



f38 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

medidas que faesen mas conducentes á su defensa y seguridad ; 
y les pedia por esta razón, que le hablasen sin reserva alguna 
sobre los puntos que liabia indicado, y demás que considerasen 
necesario mianirestar para el mejor acierto de aquellas medidas. 
A esto se siguió una sumaria información, prestada por los 
referidos jefes y oficiales, que dio por resultado el acuerdo que 
sigue : 

ACUERDO DE DESTITUCIÓN Y DESTIERRO DEL BRIGADIER GENERAL 

D. FRUCTUOSO RIVERA. 

Montevideo, Octubre 3 de 1847. 

Teniendo presente que el Sr. Brigadier General D. Fructuoso 
Rivera está en comunicación con el enemigo que asedia el pue- 
blo de Maldonado, y ha abierto negociaciones sin autorización 
de ninguna especie y de un carácter alarmante, por cuanto, por 
el tenor de su comunicación confidencial á S. E. el Sr. Presi- 
dente de la República, se vé que el objeto del enemigo no es 
otro que obtener la entrega de aquel punto y su guarnición, ha- 
ciendo para conseguirlo, proposiciones de interés personal pa- 
ra el citado General — Considerando ; que este hecho se halla 
corroborado y aun explicado por las deposiciones hechas ante 
el P. E., reunidoen consejo de Ministros, y con asistencia de los 
Sres. Presidentes de la H. Asamblea de Notables y Consejo de 
Estado, por el Sr. Comandante D. Juan de la Cruz Ledesma, y 
Capitanes D. León da Palleja y D. Apolinario Sánchez, según 
acta labrada en 29 de Setiembre próximo pasado, y deposi- 
tada en el Ministerio de Gobierno, y las comunicaciones que 
al Gobierno se le hacen con orígenes, cuya respetabilidad no 
puede desatender, aunque sean de un carácter reservado, y no 
tengan el de la evidencia : no pudiendo el Gobierno, en tal caso, 
continuar prestando al Señor General Rivera la confianza que le 
hizo acreedor a que se le encargase de aquel punto y mando 
de la fuerza que lo guarnece ; y siendo urgente proveer á su 



DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 139 

reemplazo, tomando al mismo tiempo todas aquellas medidas 
de seguridad y buen gobierno que sean necesarias : y finalmen- 
te, debiendo el Gobierrto tomar todas las precauciones posi- 
bles para que la alteración del orden y la tranquilidad públi- 
ca no pongan en conflicto su autoridad, comprometiéndose 
de ese modo los mas caros intereses de la República <jue de- 
penden de la eficacia y vigor con que se baga la defensa de esta 
capital : el P. E., en Consejo de Ministros, con asistencia de los 
Sres. Presidentes de la H. Asamblea de Notables y Consejo de 
Estado, ha acordado: 

r. Que el Sr. General D. Fructuoso Rivera sea destituido del 
mando de la guarnición que defiende el pueblo de Maldonado, y 
se entregue á quien el Sr. Ministro de la Guerra y Marina consi- 
dere mas conveniente. 

2*. Que al efecto dicho señor Ministro se traslade i aquél 
punto, con amplias facultades para hacer y deshacer, en todo 
lo que sea necesario á la seguridad de la defensa y mejor go- 
bierno de su guarnición, aquello que considere mas conve- 
niente. 

3°. Que el señor General Rivera sea inmediatamente sacado 
de aquel destino, y mandado para puertos extranjeros, dán- 
dole una pensión de seiscientos pesos mensuales, entregados 
en el paraje que elija para su residencia, debiendo durar este 
estrañamiento solo el tiempo que dure la.presente guerra. 

4**. Que en previsión de los acontecimientos que puedan te- 
ner lugar, el señor Ministro vaya acompañado de una fuerza de 
infantería, bástante para robustecer la acción del Gobierno, y. 
no permitir que sufra la moral de la guarnición. 

3**. Que con este objeto se apronte un buque de guerra, y se 
ponga á la absoluta y esclusiva disposición del señor Ministro- 

JOAQUÍN SUAREZ. 
Manuel Herrera y Obes. 
Lorenzo Batlle. 
Bruno Mas. 



140 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

Hinisteno de Gobierno. 

Montevidüo, Octubre 3 de 1647. 

El Gobierno ha sabido con sorpresa, y el mas alto desagrar 
do que Y. E. se ha poesto en comunicación con el enemi- 
go que asedia ese punto, y signe con él una negociación, cayo 
objeto ingnora aun, y sin que V. E. haya recibido para elle 
ninguna especie de autorización. 

Á un acto semejante el Gobierno no se ati*eve á darle califica- 
ción ; pero por los males trascendentales que hace al país, no 
puede mirarlo sino como un crimen de lesa-patria. 

Asumiendo V. E. un carácter y una misión que no tiene : in- 
cncrieodo en un delito que los códigos de todas las naciones cas- 
tigan con penas severas, Y. £. no ha hecho mas que comprome- 
ter la defensa y seguridad de ese punto, cuyo mando y custodia 
le está confiado, alentar al enemigo, y darle en las filas de nues- 
tros soldados un lugar que hasta ahora no ha tenido, por fortu- 
na, y que no debe ni puede tener. 

Con este hecho, Y. E. ha roto los vinculos del entusiasmo, de 
la disciplina y de la subordinación de esa guarnición, introdt- 
ciendo el desaliento, las desconfianzas, las divergencias de opi- 
niones, y sobre todo, la idea que con el enemigo cada uno puede 
tratar por su cuenta, y que, con tal que se tengan buenos protes- 
tos, se puede defeccionar, y sacrificar asi la suerte de la nación^ 
Con él Y. E. ha dado lugar, ademas,, á que la autoridad y atri- 
buciones exclusivas del Gobierno sean desconocidas; y que su 
acción, que nunca ha nece&ltado de mas unidad y poder que en 
los momentos actuales, se quiebre ante el extravio délas ideas, 
las susceptibilidades y exclusión de los intereses individuales. 
Con aquel hecho, en fin,, en el estado que tienen ios negocios 
públicos, y en vista de los compromisos solemnes que la Repú- 
blica ha contraído, Y. E. ha comprometido su honor y todos los 
intereses de existencia y destinos futuros que tiene empeñados, 
y que tanto pueden del carácter definitivo que asuma la inter- 
Tencion Europea. 



DE US REPÜBUGÁS DEL PLATA 441 

Tantos males, consideraciones deesa gravedad, han colocado 
al Gobierno en el caso forzoso de tomar medidas vigorosas, y 
capaces de neutralizar las consecuencias funestas de la ii^astijS- 
cabl e conducta de V. EU 

En cirouBStancias ordinarias, d Gobierno no se hubiera con- 
tentado coa despqiar á Y. E. del mando que le tenia confiado: 
un juicio habría tenido higar, y ante él esa conducta, analizada 
y juzgada con todo d rigor de las leyes, hubiera encontrado ad^ 
mas la sanción popular, mas temible en sus fallos que ia de la 
ley escrita. Pero hoy no puede ser : las críticas circunstancias 
del pais no lo permiten: intentarlo solo, seria servir á los intere- 
ses de nu^ros enemigos, y sacrificar la causa que la República 
sostiene á costa de tantos sacrificios. El Gobierno no lo hará por 
esta razón, y solo por ella; asegurando á Y. E. que con esa resolu- 
ción sufre de todos modos. El pais tiene un interés muy positi- 
vo en la vindicación de Y. E., desde que entre sus primeras nota- 
bilidades figura el nombre de Y. E. ; y si esa resolución es tan 
firHkecomo es, Y. £. debe persuadirse que la causa no es otra, 
que la de ser ese interés muy secundario, comparado con el de 
la salvación de laBepública. Esa vindicación, ó ese juicio es pa- 
ra oira e^^oca. 

Entre tanto, no pudiendo el Gobierno hacerse blanco de los 
justos reproches que se le harían si se mostrase impasible é 
indiferente á aquellos sucesos, ha acordado separar á Y. E. del 
pus, por el tiempo ^ue dore la guerra, dejándosele la elección 
del lugar, y pasándose á Y. E. 600 pesos mensuales, que le serán 
entregados religiosamente, por una casa de comercio del paraje 
en que Y. E. fije su residencia. Por cuenta de esas mensuali- 
dades Y. E recibirá 1 ,800 pesos en el momento de desembarcar 
en dicho paraje, y del húsbio modo se harán los libramientos 
subsiguientes. 

Por esta manera de proceder, V. E. eompreoderá que el Go- 
bienio dá un paso que le es doloroso ; y que, prevaliéndose de 



142 HlSTOniA POLÍTICA Y MILITAR g 

la facullad (|ue tiene, mientras la ley no le impide tener para 
con V. E. las consideraciones debidas á su rango, procura cuan- 
to le es posible dulcificar la acritud de esa posición. El espera, 
por consiguiente, que V. E. valorará ese procedimiento en lo 
que vale, y que no aumentará la gravedad de su situación coü la 
de los del)eres que le impondrá su autoridad si, como n j es do 
esperarse, V. E. no la respeta obedeciendo las órdenes que sé 
le trasmitirán por el señor Ministro <le la Guerra, á quien se le 
han dado las respectivas instrucciones. 
Dios guarde, etc. 

JOAQUÍN SUAREZ. 

MANUEL HERRERA Y OBES. 

Exmo. Sr. Brigadier (ieneral D. Fructuoso Rivera — Maldonado. 



Ministerio de Gobierno. 

Montevideo, Octubre 3 de 1&47. 

El Gobierno ha resuelto separar á V. E. del mando de la guar- 
nición de ese punto, y que de él se encargue interinamente el 
señor coronel Baez, á quien, así como áV. E., dará las órdenes 
competentes S. E. el señor Ministro de Guerra y Marina, porta- 
dor de esta comunicación. 

Dios guarde, etc. 

^Manuel Herrera y Ores. 
Exmo. seuor Brigadier General 1). Fructuoso Rivera. -^ Maldo- 

nado. 



Señor]). Fructuoso Rivera. 

Montevideo, vSetiembre 30 de 1847. 

Compadre y amigo : 
He recibido "SU apreciable de 27 del corriente, y quedo im- 
puesto, por su contenido, de la invitación que le han hecho tos 



DS LAS lEPCBLICAS DEL PICATA 143 

coroneles Barrios y Acuña, á nombre de su Presidente, para 
que Vd. se extrañe del país, dándole alguna pensión para que 
pueda vivir en el extrangero, y hac^^r así la paz no sé con quien. 
Veo también qué Vd. ha contestado en ocho artículos «bajo su 
firma» aunque ignoro su contenido. Todo eso, compadro, lo 
considero una trampa, como la que intentaron ponernos en 
esta. A Vd. no le conviene tampoco andar en esos pasos con el 
enemigo, porque lo han de comprometer, y nuestra fuerza ha 
de mirar con desconfianza todo lo que es misterioso. ¿ Cómo 
no se dirigen al Gobierno? Porque nosotros estamos l)ien pre- 
venidos. Créame V.: del enemigo no hay que esperar mas que 
mala fé y halagüeñas propuestas para los incautos. Su comu- 
nicación al Ministerio de la Guerra, llena de quejas contra el 
Gobierno, y referencias de documentos que Vd. dice tener en 
su poder para justificar que le ha hostilizado, etc. etc., le diré 
por última vez, compadre, que Vd. se queja sin justicia : (jue 
el Gobierno no tiene porque arrepentirse de lo que ha hecho : 
que los sucesos lo» justifican ; y que nadie podrá arrancarle la 
mucha gloria que ha adquirido en los últimos cinco años de 
esta guerra desastrosa. 

Ademas, todo cuanto el país ha tenido ¿ no es en manos de Vd. 
y bajo su dirección que se ha perdido ? ¿ Qué cargo le ha hecho 
á Vd. el Gobierno por esto? Compadre, recorramos nuestra 
conciencia, y el que se encuentre sin culpa tire la primera pie- 
dra. Lo que sí aseguro á Vd. es, que para salvar al país, el 
Gobierno no se ha de parar en nada, con tal que convenga al 
interés público ; porque esa es la suprema ley de las socieda- 
des, y porque á la República pertenecen todos los ciudadanos ; 
pero ella, á nadie mas que á sí misma. Al coronel Baez le dije 
de palabra, como una opinión particular mia y con franqueza y 
lealtad, que creía conveniente y útil á la causa, que el señor 
General se retirase, durante esta guerra, al punto que gustase : 
que el Gobierno le daría una cantidad suficiente para su cómo- 



tu flUTf Ui POLlfiak V 11U7A1 

da manuteneiiOQ : que ei ertos moBdiilos bo pedia ¥d. mr 
útil al país, porque ios sueesM dtsgraeíados de la guerra le han 
hecho perder sa eonfiaiiBa, 7 parque el pai5 eetaba participando 
de sus infortunios, corriendo asi un pdígre tmnineBle. Esto 
dife á Baez como opinión parUenlar mía : ahora coa mas mot»- 
¥0S se lo repito, agrando qae lacreo honoriic^ para Vd., 
útil para el país j de conveniencia para la causa. Mi franqueía 
le probará á Vd. dos cosas : primera, que sej amigo d^ pais; 
segunda, que lo soy de Vd. con lealtad, j como lo son los hoHH 
bres de bien cuando el interés de mas de una generaron está 
por medio. 
Su amigo como siempre y afectísimo compadre. 

JOAQUm SÜAREZ. 

En consecuencia de esta resohicioB, el coronel BatUe, Minis- 
tro de la Guerra, se embarcó en la noche del i de Diciembre 
con el coronel Tajes y 1 60 soldados de su cuerpo, en el bergan- 
tin de guerra Mmpú que se puso i la Tela para Maldonado, á 
cuyo puerto llegó al siguiente dia á las í 4 . 

El MÍDÍstro Batlle encontró la guarnición de aquel pmnlo en d 
mayor desorden, debiendo estelar en aquel dia una rerotucfon 
contra el General Rivera, la que iba á costar algunas vidas y talvez 
la del mismo General. El señor Batlle comprendió la grave(hd 
del asunto y tomó en el acto todas las medidas» para soreglarto 
sin efusión de sangre. A media tarde el enviado del Gobierno 
fué invitado por el General Rivera á tener una conferencia que 
aceptó el señor Batlle. En ella espresó este á Rivera el estado 
de su situación, y el objeto que le llevaba á Maldonado, el cual 
era quitarle el mando y poner al corona Baei á la c^dbeía de las 
foenas, concluyendo por entregarle el decreto del Gobierno que 
asi lo disponía, leyéndole al mismo tiempo las instrucciones. 
Informado el General Rivera, contestó que estalNt dispuesto á 
obedecer las órdenes del Gobierno siempre que no se atacasen 



M lAS REPÜBLIGáS I>BL FÜyfA 445 

sm doechos, lo que hasta ese momento peeoQoeia ef misiiio 
Anarai' no suceder. Bu esta confiánca se preparaba el señor 
Batlbi dar por tenmoada su conferefiGÍa, dísponiéodoseá salir, 
atando el ^ener^ iü?era poniéndose áe pié, é iiiter€epten(k) la 
salida dijo á Battie : a no señor ; vd. no puede h*se: la venida 
de ¥d. con aparato de foensa ha alamado ámis jefes, j á mi me 
tiene disgustado^. Etios^ acaban de salir de aquí, j sin consultar- 
los Mievamente jo no^ puede^ acceder á lo que se me exi je. » El 
señor Salile contestó que con aqudto no hada Rirera sino agra- 
var su posición, que ^Gobierno guardaría para con él todas las 
conirideraciones á que se hiciese acreedor, iperty que á la vez 
estaba resuelta á Hevar i cabo sus determinaciones j que asi se 
haria ; y en cuanto ai poder que suponía conservar aun, que no 
se hiciese ilusiones : que si amboaievantaban la voz, inrocando 
aMitoridad, sería respetada la del Gobierno, concluyendo por 
asegurar que su objeto aibajár á tierra, no d^iendo hacerlo 
hasta el siguiente dia, habia tenido por único fin salvarle contra 
et rencor de sus mismos soldados, que querían e& esa misma 
noche perpetrar en él los mas sangrientos designios. 

El General Rivera se preocupó de estas palabras y cambian- 
do de tono dijo al señor Batlle que habia entendido mal, que lo 
que habia querído decir era, que siendo el coronel Baez nom- 
bradO' para reemplazarle, creería oportuno darle conocimiento 
de aquello antes de retirarse el comisionado. El coronel Baez 
fué llamado é impuesto de todo, asumiendodesde ese momento 
el mando de la guarnición. 

Al siguiente dia como á la una de la tarde se presentó el co- 
ronel Tajes en el alojamiento del General Rivera, siendo porta- 
dor de la orden de deportación á los puertos del Brasil, y de 
otra para que en el acto de su desembarco en Santa Catalina el 
capitán de la ¡ktipA que debia conducirie le entregase t,800 
patacones, importe del prímer trimestre de la pensión m^oisual 
de 600 pesos que el Gobierno le asignaba para su subsistencia. 

10 



146 HISTORIA POLÍTICA V MILITAR 

En los momentos de llegar Tajes se encontró en el alojamiento 
del rieiieral Rivera con el comandante del vapor francés Chive- 
re, con quien proyectaba el General ponerse bajo la protección 
de la bandera francesa, y asi lo significó á Tajes, a quien puso en 
já incertidumbre, á término de volver á dar cuenta al Ministro 
de la Guerra de lo que pasaba. El señor Batlle tuvo que trasla- 
darse á casa del (leneral donde se empeñó una ardiente dis- 
cusión en la cual el mismo jefe francés hizo entender al Gene- 
ral Rivera que no podia considerarse bajo su pabellón sino á 
bordo de su buque, terminando el jefe francés por hacerse res- 
ponsable en conducirlo á Santa Catalina. El General se puso en 
marcha al siguiente dia, acompañado del coronel Baez y del co- 
mandante D. Camilo M'ga. 

El paso del Gobierno de 31ontevideo satisfizo ala guarnición 
de Maldonado, que aflijda por una parte por el hambre motivada 
por los desarreglos mas escandalosos, habia llegado á temer 
un orden de cosas dudoso entre su General v las fuerzas ene- 
migas. Preparada ya contra el General Rivera por la primera 
causa, la segunda habia colmado la medida, á términos de ha- 
cerse muy oportuna la presencia del delegado del Gobierno para 
evitar un conflicto sangriento. 

Véase, entre tanto, de qué modo se habia procedido con la 
guarnición de Maldonado y la población aflijída, durante la 
permanencia del General Rivera como jefe de aquel punto. 

Damos traslado á documentos oficiales, como siempre basa- 
dos en coni|)elenle autoridad. 

Ministerio de Guerra v Marina. 

Montevideo, Oilubre 11 de 1847. 

Exino. señor Presidente : 
Cedieudo alas indicaciones de V. E. para que diere cuenta 
circunstanciada, por escrito, de los detalles sobre la guarnición 
de Maldonado, que tuve el honor de manifestarle de palabra, 



DE LAS REPCBLICAS DEL PLATA 147 

voT íi verificarlo con toda verdad, y sin recargar de colores 
demasiado sombríos un cuadro triste en su desnuda realidad. 

Antes de mi arribo á aquel puerto yo sabia, por lo que consta 
del acta que levantamos, y por las declaraciones contestes de 
cuantas personas venidas de Maldonado había interrogado, que 
el General Rivera era universalmente detestado allí, y tenido 
como el causante de todos los males que ellos sufrían. Acordes 
todos, decian, que no ignoraban que el Gobierno enviaba lo 
muy suficiente para racionarlos, pero que no alcanzaba, porque 
mas de la mitad de las raciones se vendían y regresaban á Mon- 
tevideo, ó bien se daban allí mismo en pago de gastos que el 
General mandaba hacer. Así pues, con los alimentos del sol- 
dado se hacia frente á las prodigalidades y desarreglos del Jefe. 
¿ Cómo sufrir el hambre con estoicidad tal que no se amonto- 
nase sobre el corazón el odio y deseo de venganza contra quien 
los sometía á aquellas penalidades ? Todo, Exmo. Señor, con- 
currió á acrecer estas malas impresiones. La muerte desgra- 
ciada del capitán Arrióla, haciendo invencible el apartamiento 
en que vivian el General y el Coronel D. Brígido Silveira, hizo 
desmayar á los que allí confiaban que Silveira fuera á auxiliar- 
los, y vituperando los mas ese atentado como un crimen puni- 
ble. 

De todos estos datos estaba en posesión muy de antemano, 
y aun so me habia dado á entender que los respetos que son 
inseparables al hombre que ha dominado por largos años, po- 
dían solo tener á raya los designios que contra él se fraguaban. 

Predispuestos ya á mirar las acciones todas del General bajo 
una luz desfavorable, empezaron sus conferencias y notas con 
los sitiadores ; y á punto creció la desconfianza, que muchos 
oficiales se determinaron á escribirme, pidiendo licencia para 
venir ala capital ó á los demás puntos que ocupamos. V. E. 
sabe, Exmo. Señor, que amas de las revelaciones que nos ha- 
cían los que venían de Maldonado ; íi mas de la carta confiden- 



Ue HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

cial-que^i señor General leeecribió, tan peco liecha para traa- 
qailizarnos, twimos avisos, de personas las mas respetables, 
y que por su'elevada posición están en el caso de tener buenos 
informes, que ilecian se prq>araban dentro de pocos dias suee- 
sos los mas extraordinarios é inesperados, que darían fin á la 
guerra con el triunfo de nuestros enraiigps. V. £. records ¿ 
que, aun cuando no se nos dijo categóricamente lo que impor- 
taba esa noticia estupenda, se nos úió bien á entender fuese la 
<leiéccion del General Rivera, y la esperaua de que tras de ella 
la anarquía nos devorase aquí adentro. 

Gen todos estos precedentes fui yo ¿ Maldonado. Por casua- 
lidad se encontraba el seüor comandante Carrion en la playa, 
cuando mandé el primer bote con el intento de esplorar el es- 
tado de las cosas y de los ánimos. Este jefe se embarcó apenas 
supo mi llegada á la bahía, y me reveló que la noche antes debía 
haber estallado un movimiento para matar á cuatro jefes, y en^ 
tre ellos al General Rivera ; que no se efectuó, porque habJéa- 
dole convidado á él para que le encabezara, había accedido, á 
condición de que no hubiese sangre. 

Que apercibiéndose á última hora que se quería ultimar á va- 
rios de ellos, detuvo el curso de los sucesos que se preparaban 
en la noche, trasmitiéndolos a la siguiente, y confiando que am 
este retardo podría disponer las cosas á su sabor. Dy orne tam- 
bién, que estaba desanimado de poder cortar desgracias, por- 
que en esa mañana estallan los ánimos uias exasperados que 
nunca, habiendo él perdido de su influencia, porque le culpa» 
hau de b morosidad : y {unt lin, que si no estallaba el moTimien- 
lo 4le dia, era ^lorque temían que ^ enemigo sacara m<^ 
partido que durante la noche. El comandante Carrion bendecía 
mi arrttio mírámlolo c^^mo imividwcial, |hm$ de todas maaenis 
on>ia tan avealurado lo que ¡Ion á hacer, que le parecía q«e eu 
medio ^M desacuerda* no sacarían irf |MPovedwi los sitiadores : 
no iHurque la a|uiuim «rtuvie;» ba>atio»ada m al pmUo, 



DE LAS REPÜBUCÁS DEL PLATA 449 

que todos los cuerpos estaban á ooa, pero temieude sí, de la 
confusión, y de las cofiseeuencLas no previstas de un paso de 
aquella trascendencia» 

De cuáles fueron las instrucciones^ órdenes que le di, he 
dado ya cuenta á V..E., asi como de habeime enviado á decir 
que de nada podía responder, porque conoció no bacian alto en 
sus palabras. Ponia en mi conocimiento haberse avanzado la 
hora de la insurrección a la puesta del sol ; y el movimiento 
debia efectuarse replegándose todos los cantones á la plaza 
hasta que fuera pasada la crisis. 

Cuando desembarqué di mis órdenes para que nadie se mo- 
viera, so pena de desobediencia al Gobierno; Ufaron tan esca- 
samente á tiempo, que un cantón del 1^ de linea habia ya em- 
prendido su retirada, costándole al comandante Carrion hacerle 
volver á su puesto. Este primer acto de insubordinación alarmó 
al seuor comandante ReboUo, á quien vi ocupado en indagar la 
causa. 

Ya yo en la plaza después de la conferencia con el señor Gene- 
ral, y ya bastante oscura la noche, vinieron á prevenirme mu- 
chos oficiales de la guarnición, que estaban trabajando para con- 
trarestar mi autoridad : hombres á quienes escasamente podia 
distinguir las facciones, solicitaban de mí que los dejara hacer, 
que ellos darian breve término á todo. Los oficiales mas influr 
yentes de las fuerzas de los comandantes Vega y Ledesma, y al- 
guno que otro del 1** de linea, fueron llamados á casa del Gene- 
ral : los mas no fueron ; pero al capitán Borgesy otros mas que 
asistieron, les preguntaron si podian contar con las fuerzas. 
Mi situación era en extremo critica^ pues que duró mas de dos 
horas esta ansiedad sin que apareciera el señor coronel Tajes 
con la gente ; á causa de los escasos medios de desembarque 
que poseíamos. 

A mí me desammaba solo la inquietad : á los oficiales de la 
guarnición los arrebataba el rencor, j me dieron una prueba 



I 



I'iO HISTORIA política Y MILITAR 

de subordinación conteniéndose. Mas no tanto, que sin previas 
órdenes mias, guiados por dedeos del bien general, según las 
disculpas que me dieron, marchan á la plaza con sus escuadro- 
nes. Esta actitud hostil asustó k algunos de los jefes, y aun á mí 
me desazonó bastante :j)ues que, avisándome de este movi- 
miento el coronel Baez, 61 presenció los esfuerzos que hice para 
aplacar y conciliar los espíritus, imponiendo i la vez con mis 
mandatos. Por felicidad á este tiempo llegó el coronel Tajes con 
su fuerza ; y entonces me fué dado dominar las cosas, hallándo- 
se el orden y la confianza completamente restablecidos á los 
pocos minutos. Desde aquel instante, señor Presidente, una 
sola voz no se ha levantado allí que no haya sido para acatar al 
(iobierno y su rc*i>resentanle : los mas próximos al General 
Rivera, como eran el oficial y clases de su escolta, vinieron á 
poneise á mis órdenes, y recibieron mis instrucciones para 
permanecer al lado del General hasta el punto de su embarque.. 
A la mañana siguiente pude aun convencerme mejor de que 
era yo allí mirado como un libertador que iba á salvjirlos de un 
yugo ominoso y tiránico. Las familias se agolpaban ámi alrede- 
ílor implorando una limosna para sustentarse ; muchas mujeres 
y niños estaban estenuados por el hambre, y en sus rostros* 
macilentos st? notaban rastros visibles de este tormento. Varias 
madres me contristaron con la relación de habérseles reciente- 
mente muerto algún hijo íi otro deudo á causa de la necesidad, 
(luando Dios para castigo de los mortales envia estos azotes, la 
resignación viene á veces á templar la tortura que se sufre ; pero 
cuando estos males vienen de la incuria de aquellos que deben 
velar en nuestra conservación y bienestar, es imposible pade- 
cer en silencio. Y mas, si junto á la miseria (jue se sufre se ad- 
vierte la malversación de aquello que debia aplacar nuestra 
necesidad ; v sobre todo, si se hace de ese mismo sustento un 
tráfico escandaloso y criminal, en que la débil criatura no huye 
del hambre sino para arrojarse á los brazos de la infamia. Todo 



I 



DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 451 

<}sto quisiera haber pasado en silencio, y mucho mas que por 
pudor callo, si á hacer estas aclaraciones no me viese provoca- 
do, y en cierto modo impelido á protestar en favor del país y 
ante los extraños que lo han presenciado, y que juzgan de toda 
nuestra tierra por lo que allí observaron. No: lo que euMaldo- 
nado ha pasado es un borrón para nuestras costumbres, como lo 
seria para cualquiera otro pueblo de la tierra ; y lo prueba la 
indignación y el enojo de sus moradores. 

La misera disculpa que el Gobierno los desatendía, ni si- 
quiera merece contestación, pues que por los estados de comi- 
saría consta que han recibido puntualmente los víveres mes 
por mes con arreglo á mil doscientas raciones de tropa, y mil 
de familia. 

Por lo que hace á tropa, no alcanzaba á mas de la mitad del 
número de raciones que se daban ; y de las familias, no reci- 
bían sino unas pocas favoritas y otras tantas privilegiadas, en 
razón de los respetos que se tenían á sus maridos ó deudos que 
se encontraban en la guarnición. Lo cierto es que no se distri- 
buía la mitad de todas aquellas raciones diarias. ¿Cómo se es- 
plica que á pesar de esto, no había mes que no se viese obli- 
gado todo el mundo, durante mas ó menos dias, á sostenerse 
únicamente con vejetales silvestres que se recogían en el campo? 

El comisario Cabot, á quien el coronel Tajes el dia de mi 
partida, cumpliendo mis órdenes, pidió sus cuentas, le respon- 
dió, que seria imposible darlas ; pues que á mas de no enten- 
der ep la contabilidad había entregado muchos víveres para 
pago de deudas del General, y en especial una partida de 2,000 
patacones : entregas que la mayor parte de las veces hacia por 
órdenes verbales y rara vez escritas. 

Quemas? Cuando regresó el Sr. coronel Baez, á principios 
de mi ministerio, á indicaciones, sí bien recuerdo, de este jefe, 
nombré una comisión de inspección para los víveres. Seguro 
como yo estaba que nuestros envios sobraban para las nccesí- 



f 53 HlSTOftlA POLlTT€A T MIUTAB 

dades de aqoel destino, babia ceDÍiado ^e la dtada comisioD, 
integrada de toéos los jefes de cnerpos, estableceria las mejoras 
que reclamaba la adlnínistracion. El General se opnso á ella no 
permítiemfo sh kisfadbeion. Si se baee raler que por macho 
tiempo no se les remitió t^aco, yerba j jabón para la tropa, en 
mis remesas ha ido lo que coresponde á cada mes, sin qne por 
esto mejorase en nada la condición del soldado. Escnsado j mo- 
lesto seria relatar mas sobre este asunto, en que creo V. E. y 
la inmensa mayoría de mis compatriotas tienen su juicio ya for- 
mado, 

Daré solo ahora una pincelada al otro tópico de la grita de 
desconflanía, y probaré también, que cuando menos fué el Ge- 
neral sobrado imprudente en sus comunicaciones con el ene- 
migo. 

El General protesta que la casualidad proporcionó la entre- 
vista con Acuña y Barrios ; y todo el pueblo de Maldonado sa- 
be que, estando él tranquilo en su casa, fué hecho llamar por 
aquellos que estaban en conversación con el Sr. Aguilar; a cuyo 
efecto mandó este al primer oficial que acertó á pasar. Todos 
saben que el General se apresuró á ir á la cita, y que perma- 
neció en ella mas de cuatro horas. Por fin, su tema favorito era 
hablar contra los extrangeros y las legiones, sembrando esta 
simiente de zizaña entre sus subalternos y nuestros auxiliares, 
propendiendo con todo esto á llegar al mismo término. 

Ko teniendo cierta la prueba de que su intento fuera traicio- 
nar la causa, me abstendré de hacer otros relatos que he oido, 
porque no ofrecen tampoco un convencimiento pleno ; no obs- 
tante debo asegurar que todos reunidos hacen un conjunto ca- 
paz de hacer titubear al mas confiado, de lo qne suministra idea 
suficiente aquello que ya V. E. conoce. 
• Lo positivo es que hasta el presente se sabe de cierto que ha 
hecho proposiciones contenidas en ocho artículos : y que ha 
cuidado mucho de no mostrarlas á nadie. 



DE LIS REPÚBUCÁS DBL PLÁfÁ 153 

Cerraré este manifiesto, asegurando que mi misión en sus 
fines ha sido antes bien humanitaria que política : qne mi prin- 
cipal trabajo ha consistido en ¿tajar el mal y obligar á cada 
cual á no exceder sas limites naturales ; que ne cabe la satis- 
facción de haber conseguido que no hubiese habida ni un solo 
acto personal de insulto, ni gritos, ni otra manifestación alguna, 
á costa de mucha persuasión y esfuerzos, como lo han presen- 
ciado todos aquellos que han estado alli, y oido de la boca mis- 
ma de los oficiales y tropa de la guarnición cuales eran sus 
designios y cuanta era su exaltación. 

Dios guarde á Y. E. muchQS años. 

LORENZO BÁTUE. 

Exmo. señor Presidente de la República, D. Joaquin Suarez. 

Respecto del hecho principal en que se fundó la medida del 
destierro del General Rivera, que es el de la comunicación con 
las fuerzas del General Oribe, que asediaban la plaza de Maldo- 
nado, hay inexactitud en la aserción del General Rivera, en su 
carta confidencial del señor Suarez. £1 documento que damos 
á continuación denuncia otro procedimiento. Si la autoridad de 
este, por su procedencia no fuese bastante, siempre deben tomar- 
se en consideración para formar juicio los documentos de los 
mismos señores Batlle, Herrera y Suarez, asi como la resolución 
del Consejo de Estado. 

¡VIVAN LOS DEFENSORES BE LAS LEYES I 

¡MUERAN LOS SALVAJES UNITARIOS I 

Asedio de Maldonado, Setiembre 23 de 1847. 

Exmo. Sr. Presidente de la República D. Manuel Oribe, 
mi querido señor Presidente y amigo : 
Ayer recibió una carta el señor coronel D. Antoiiío AcoSa, de 
D. Francisco Aguilar, en la que le decia, tenia que hablar con él 
un asunto de importancia. Luego me hice cargo que fuese obra 



154 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

del Pardejón : sin embargo, le dije al coronel que fuese, y que 
si él salía hasla inmediato á nuestras guardias, que hablase con 
él, quiero decir, que lo oyese á ver lo que queria. El resultado 
ha sido que el Pardejón primeramente comenzó á hablar de 
los extrangeros, del titulado Gobierno de Montevideo, que ni 
era gobierno ni cosa que se pareciese, porque ni era constitu- 
cional, y que últimamente estaba mandado por los franceses. 
En resumidas cuentas, que él lo que queria era arreglarse con 
V. E. : que si en él pendía la tranquilidad del país, aunque no 
deseaba salir de él, pero que sí fuese preciso que lo haria, ha- 
ciéndolo retirar con alguna dignidad ; que entregaría inmedia- 
tamente á Maldonado con la guarnición, y que saldrá á fuera si 
V. E. lo mandase : en fin, prometiendo grandes ventajas, muy 
compadecido de la ruina del país, culpando ;i los estrangeros, 
cuando no hay nadie que no sepa que él es el origen de todos 
los males. Le hizo grandes promesas al coronel Acuña encar- 
gándole que, si le fuera posible, se las trasmitiese de viva voz á 
V. E. á ver si mandaba alguna personada su confianza, á arre- 
glar con él el indicado asunto, y que deseaba fuese lo mas breve 
posible. También agregó que él mucho puede hacer sobre 
Montevideo : que la comisión últimamente nombrada de Orien- 
tales en ese punto, para hacer la paz con V. E., había sido 
promovida por él ; que por un descuido se dejaron sofocar 
por los estrangeros. Entre tanto yo no hago mas que poner en 
conocimiento de V. E. lo que dice este malvado. 

Nada mas tiene que decir á V. E. por este momento su affmo. 
amigo y S. S. Q. B. S. M. 

Juan Barrios. 

Las órdenes que el General Oribe impartió á sus subordina- 
dos, fueron, que se hiciese saber al General Rivera, que su 
resolución acerca de lo que prometía, debía ser tomada y cum- 
plida sin discusión alguna, dentro de 24 horas, pasando las 






DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 155 

cuales, no se oiría mas proposición de su parte: que en el caso 
de efectuar su oferta debia salir fuera de cabos, entregándole 
veinte mil patacones en el acto de verificarlo, sin perjuicio de 
atenderle con mas recursos para vivir cómodamente, en el país 
que eligiese para su residencia mientras lo requiriese el bien 
del Estado, si su conducta lo hacia digno, 

Hé aquí la petición sobre la paz, á la que alude Rivera en su 
entrevista con Acuña. 

Exmo. señor- 
ee Los ciudadanos que subscriben, con el mas profundo res- 
peto, usando del derecho que les otorgan las leyes de la Repú- 
blica, comparecen ante V. E. exponiendo: -Que los momentos 
en que se encuentra la República son los mas apremiantes y so- 
lemnes desde que la invasión puso i prueba el patriotismo y el 
orgullo nacional, y que fatigada la República, aunque no agota- 
do el entusiasmo, necesita á la vez poner en juego los resortes 
que deben preparar el término de ese estado de cosas, ya para 
dar al pueblo Oriental la paz que necesita, como para afianzar 
su independencia y su libertad. Para conseguí runo ú otro re- 
sultado, preciso es que el pueblo Oriental se levante en masa, 
y bajo los auspicios del Gobierno promueva directamente los 
medios de arribar k la püp¿ y si por desgracia se frustrasen las 
negociaciones que ¿e entablen, se pongan en acción los elemen- 
tos de resistencia que encierra Montevideo, para asegurar el 
triunfo por el poder délas armas. 

Es en este sentido que los ciudadanos ((ue subscriben, po- 
seídos del fuego santo de la libertad y del deseo de poner un 
término á esta lucha desastrosa y fratricida, se ofrecen al Go- 
bierno, para que haciendo un llamamiento general, asuma la 
capital la posición imponente que le corresponde; y de ese mo- 
do, las mez(|uindades de la individualidad se estrellen ante las 
aras de la patria. Que se nombre una comisión de ciudadanos 



156 HISTORIA POLínCA Y MlLITAh 

patriotas y (le confianza, para qae, acercándose al campo del 
General sitiador, se le proponga, en nombre de los intereses 
de la patria, una paz qae concillando el bien general, salve la 
dignidad nacional y la independencia de la República. V. E. en- 
contrará, para llerará cabo ese pensamiento, á toda la Repúbli- 
ca: si para la paz. siendo honrosa y meritoria, el asentimiento 
do todos; si para la guerra, el entusiasmo y la perseverancia 
hasta aliaiizarla por el estré|)ito de las armas, llevando la resis- 
lohcia hasta los extremos do la desesperación. Probaremos en- 
lenoes, Kxmo. Sr., á nuestros enemigos y al mundo entero, 
(|ue los hombres <|ue han sabido resistir un asedio de 53 meses, 
totlavia l'mmx el convencimiento de la justicia de su causa, y 
horoisiuo necesario para sepultarse bajo las ruinas de esta ciu- 
dad nii^rtir. 

ti los ciudailanos que subscriben, á V. E., suplican que, 
oytuidi» ol clamor público, se digne preparar ese porvenir hala- 
HÍloño, dando á la República la paz por medios equitativos, jus- 
to»* y admisibles, ó el triunfo por la decisión del pueblo Oriental, 
que, unido al (lobierno, segundará su marcha para el logro de 
tan altos fines. » 

te Kxmo. señor— 

(Siguen las firmm) 

Oí|¡aso, ahora al tieneral Rivera, cuyas cartas publicamos — 
\^\k}\ do ollas o;» dirigida al Sr. Suarez, Jefe del Gobierno de 
Montovidoo, y la soi^nnda, al Sr. Dr. Herrera y Obes, datada en 
UÍm do J^noiro -*E$ta última es tomada del Archivo Ámericafio . 
Si^ov U. Jvvaquiu Suarez : 

Maldonado, Setiembre 33 do 1847. 

Mi softor otwpíuire, y particular amigo. 
K) IsH i^^üiivhA on la Consolación el señor coronel Baez, des- 
imo^do m vii^o do mas de cuatro dias á cansa de lo contrario 
^1^ ivvji \ louUK^ ; )a *o hará cargo cuántas serian nuestras penu- 



DI LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 457 

rías j aflicción, cuando con nada contábamos^ mochos, y a para 
poder conservar esta admirable gnamicion, ya estedeswntara- 
do pueblo que con nada- cuenta para existir. Se han hecho mi- 
lagros para conservarnos nueve días sin tener víveres de ninguna 
clase. El dia que llegó la Consolación estábamos aprontándo- 
nos para salir sobre los enemigos con la esperanza de vencerlos 
ó morir combatiendo, pues que lo preferimos á ser víctima del 
hambre j la miseria que nos rodeaba. Ella continuará siempre 
hasta que el Gobierno no tome otras medidas que mejoren la 
posición en que esto se encuentra ; asi es que no he rehusado 
desprenderme en estos momentos del señor coronel Labandera 
para que vaya á recabar todo lo que sea posible del Gobierno 
respecto a víveres para esta guarnición y para las familias que, 
como he dicho, están pereciendo ; yo no dudo, señor compadre 
y amigo, que V. y el Gobierno harán cuanto se pueda para me- 
jorar esto. 

El Sr. coronel Baez me ha transmitido de viva voz los deseos 
del Gobierno respecto á mi persona, lo que no me ha dejado de 
ser extraño, á pesar que Yd. en su carta me indica algo que-es 
lo mismo que se me ha transmitido. En esta vez yo escribo al 
Gobierno lo único que puedo hacer muy gustosamente para lle- 
nar sus deseos y subsiguientes medidas : nunca he sido ni quie- 
ro ser un obstáculo á la marcha del Gobierno de mi patria; 
siempre me he consagrado á su obediencia toda vez que sus de- 
liberaciones no estén fuera de la órbita que le determinan laS' 
instituciones de la República : por eso es que he meditado mi 
contestación para no dejar una puerta á los derechos de los de- 
mas ciudadanos que se consideren en mi caso. 

Si el Gobierno no necesita por ahora de mis servicios está en 
su derecho el separarme del mando de sus tropas; iré al lado de 
mi familia ácuídarde mi salud que bienio necesita, para cuan- 
do e) Gobierno de mi patria me llame á su serriciou. Si hay al- 
guna otra circunstancia que yo no conozco, el Gobierno no de- 



158 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

be rehusar el manifestármela» y yo convencido de que es un in- 
terés para el bien de la patria, haria por ella ese y cualquier 
otro sacrificio : pero exigirme que me extrañe del país para lle- 
var al extrangero la ignominia y un borrón eterno hacia el suelo 
que me vio nacer, en las circunstancias de una lucha gloriosa 
en que se encuentra, sin otro principio que el que el Gobierno 
dice, que soy un obsUiculo á su marcha — eso no hace el Gene- 
ral Rivera. Ordéneme el Gobierno que me retire á la vida priva- 
da, y serán llenados sus deseos, y yo quedaré satisfecho, sin 
que por esto pueda haber motivos de queja; nada pido : he lle- 
nado mi deber para con mi patria, combalientlo siempre por 
su libertad y sus dereí:hos inalineables. Si mi conducta no cor- 
responde á mis principios y á los que.€l Gobierno desea, ella 
me hará digno de un severo castigo ante la ley. Ya lo dije, Sr. 
Presidente y mi amigo, en olra ocasión, que poco importaba 
que corriese mi cabeza en na patíbulo, si se salvaban sus formas 
constitucionales que Vd. Sr. Presidente, yo y todos los Orien- 
tales juramos sostener con nuestia sangre ante las aras de la 
patria; y quebrantarla ahora sería faltar al artículo lo I déla 
Constitución. 

.\o quisiera traer á consecuencia los sucesos de Abril del ano 
jnmimo [)asadü, que eran tendentes á estos mismos sucesos 
en ([ue corriü sangre Oriental, y sucesos, mi señor compadre y 
amigo, que no es-el General ¡Uvera quien tiene que respouder 
de ellos : entonces se querían romper las instituciones que la 
Constitución prescribe ; y esío, hasta hoy lo he pensado hacer 
yo: de escribirle solo siento una emo-ion (|ue horroriza. La 
exigencia que se me hace estoy inhibido de poder asentir áella. 
Determíneme el Gobierno que quiera que yo haga en servicio 
de la República, que nada me arredrará para cumplir sus ór- 
denes: pero lo repito, no me presto á dejar mi patria sin que 
se me convenza que es un bien real y positivo que con ello vá á 
obtener. Algo he hablado al Sr. Coronel Labandera á este res- 



DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 159 

pecio, si Vd. halla á bien oirle, él podrá aoadir de viva voz la 
lirme resolución en que estoy de hacer por la patria cuanto pue- 
da por libertarla de sus enemigos. Nada indico, ni lo haré ya 
por no contrariarlos planes del Gobierno: si como lo creo, de 
aquí me retiraré á la vida privada, no haré mas que contribuir 
como un simple ciudadano á la par de los demás por la fortu- 
na del país. Sírvase decirme si debo ó no renunciar la presiden- 
cia de la Asamblea y del Consejo de Estado, pues que descando 
íntimamente no ser obstáculo á la marcha gubernativa de la 
República, será mejor separarme de todos los destinos públi- 
cos, y evitar así toda clase de compromisos. 

A otra cosa, pero muy particular, que como tal se lo trasmito. 
Ayerá las dos de la tarde se presentó en nuestras avanzadas el 
coronel Acuñado las tropas sitiadoras, y corriendo yo nuestra 
línea, un fracaso nos hizo que nos parásemos á hablar : iba en 
compañía del comandante Rebollo y varios otros. Tuve una con- 
ferencia con él de mas de una hora : me ha hablado en un senti- 
do muy favorable ( según se espresó ) á que podíamos dar tér- 
mino á la guerra, dándonos los Orientales las manos para con*^ 
seguirlo : me habló que habia una general disposición en todos 
los que se encontraban en el Ejército de Oribe, que este mismo 
no estaría distante de asentir á ello, si se buscaban medios 
razonables y provechosos para todos : habló en este sentido con 
mucha franqueza, que le oi y le contesté de igual modo, conclu- 
yendo con decirle que siempre que el señor General Oribe obrase 
paramente como oriental, y se sometiese á las deliberaciones 
del Gobierno eonstitucional que debía establecerse, estaba se- 
guro que nada le sería mas honorífíco y mas digno de su nom- 
bre, que nada otra cosa importaba ni era mas digno para los 
Orientales, que estrecharse y olvidar para siempre las animo- 
sidades que le habían puesto en el caso de combatir. Mas ó 
menos concluyó nuestra conferencia, ofreciéndome que él en 
oportunidad hablaría á su Presidente Oribe en ese sentido, y 



160 HISTOIÜA POLÍTICA T XaiTAR 

que me comunicaría su resolución. Dígame si puedo ó no con- 
tinuar esas conferencias por lo que ellas puedan valer si hay 
buena fé, y deseos de hacer la paz con honor y con dignidad, 
como hemos sostenido la guerra, etc. 

FRUCTUOSO BIYERA. 



Sr. D. Manuel Herrera y Obes : 

üL Ayer leí un folleto que has publicado contra mis principios 
y antecedentes. Por él, y como está tu firma, y me quieres ha- 
cer aparecer ante los extrangeros indigno del respeto y conside- 
raciones que les merezco, ¿ pesar de todo, debo decirte que 
nada importaría si tú hubieses escrito solo para el país que me 
conoce y sabe la historia de su ser, de mis glorias y adversida- 
des : pero yo que respeto tanto la dignidad de mi país, no pue- 
do dejaren silencio esas atroces calumnias que es preciso hacer 
conocer como de memoria. 

« No quiero agraviarte ; pues que tú y solo tú asi lo has pro- 
curado desde que te has lanzado á saciar al público con las in- 
justicias que le has hecho. Has olvidado, Bfanuel, el respeto que 
debía merecerte por mis antecedentes, y la deuda tan sagrada 
deque eres deudor. Vas á parecer, Manuel, ante el mundo con 
el borrón de ingrato. Tus inocentes hijos han de quejarse algon 
día; las lágrimas de tu anciana madre te llenarán de rubor, y la 
sombra de tu respetable padre te ha de seguir hasta el sepulcro; 
pues estoy cierto que si el creador le volviera la existencia, él 
preferiría volver á morir con el pesar de haber sido el hacedor 
de un hijo ingrato que había abortado ia naturaleza parí des* 
crédito é ignominia de ia especie humana. ¿ No soy yo, Manoel, 
el General Rivera, que en 1817 rehusó dar cumplimientd ¿ kt 
terminante orden del General Artigas para fusilar á tu virtaose 
padre, de cuyos resultados arrastré compromisos, qve á no ser 
lo que merecía por mis servicios ¿ la Patria, aa me hubiera dísí* 



DE US BEPÜBLIGAS DE£ PLATA 161 

mulado esta falta? Tú ignoras, Manuel, esta circunstancia que 
te refiero: no la ignora tu madre, y no la ignora el resto de tu 
familia que yo tanto respeto. ¿No soy yo, Manuel, el mismo 
General Rivera, que tú insultas atrozmente, quien te volvió á 
colocar en el rol de la sociedad cuando te habias perdido en el 
seno de ella, presentándote fallido, y dejando reducida á la mas 
completa miseria á tu anciana madre, yá tus hijos? Acuérdate 
que yo con la mayor generosidad te éí la plata que tenia de mi 
propiedad ; que acordé con el Ministro de Hacienda, D. Santiago 
Vázquez, para que se te diese la suma de 54,000 pesos para res- 
catar laca'sa de tu familia, y que pudieras arreglar tus negocios 
con tus acreedores al término que lo verificaste. Tú sabes, 
porque no puedes negarlo, que es la verdad positiva lo que te 
indico ; lo sabe todo el pueblo de Montevideo, consta en los 
despachos de la administración, y yo quiero pedir á la Conta- 
duría la publicación de las letras que se te dieron en la época 
que reasumí los altos poderes de la República por mi declara- 
ción de 1838. Probaré también la realidad de la orden del Gene- 
ral Artigas á que me refiero, y entonces el mundo entero cono- 
cerá quien eres, quien soy yo, y lo que tú puedes ser para el 
mundo. 

« Un hombre ingrato á su bienhechor no puede clasificarse 
de otro modo sino de hombre indigno de vivir en la sociedad ; 
porque con justicia merecería el desprecio de sus semejantes. 

« T hazme el favor de recordar tu conciencia ; decirme si al- 
guna vez yo he podido ofenderte en alguna cosa, si he tenido 
contigo la mas pequeña conversación de intereses públicos ni 
privados que haya podido ofenderte. No negarás que jamás de- 
lante de mi te has atrevido á hablar una sola palabra ; así es 
que me ha sido estraña tu conducta : sin embargo de que se me 
ka dicho que te espresabas desagradablemente á mi respecto, 
lo que yo miraba con desprecio, atribuyendo (pie no pasaría 
déla costmbveqae tienen los mozoi^ de hablar cuando no es- 

II 



163 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

tyn en estado de pesarlas cosas y conocer los hombres como 
son en sí. Tú me has puesto en el caso de abrir contigo esta 
correspondencia, que terminará cuando uno délos dos quedemos 
vencidos. Yo voy á probarte, para ante la República y el mun- 
do, (¡ue tú no mereces ser un hombre público : voy í des- 
mentir con documentos solemnes las palabras que has inser- 
tado en tu folleto : la opinión púl)l¡ca ha de dar su fallo, y algún 
(lia que yo tenga la fortuaa de volver á mi Patria, de la que tú 
con unos pocos, han querido arrojarme ignominiosamente, y 
privarme de contribuir á su defensa gloriosa, ó perecer con 
ella, si se pierde, como han sido siempre mis votos : sí llega 
pues el caso do que nos veamos, estoy cierto de que ha de ser 
para ([ue agradezcas mí franqueza y la lección que voy á darte, 
para que puedas dejar con experiencia una doctrina á tus hijos 
de cómo se puede vivir con honra y morir gloriosamente. Aues- 
tro a'sunto vá á empezar á ocuparnos de particularidades que 
yo lo siento, pero en el curso de nuestras relaciones, que no 
dejaré de continuar, á pesar de (\\ie tú guardes silencio en ellas, 
han de versarse los intereses públicos de la República : no he 
de omitir tampoco lo que otros hayan hecho para el bien ó mal 
de la Patria, sin ofensa de nadie ni de tí mismo ; he de mirar 
los hechos, he de probarlos con documentos : publicaré toda 
la correspondencia oficial con el Gobierno del país, y la cor- 
respondencia particular de todos los hombres influyentes de la 
República, de los que viven y de los que han muerto ; y enton- 
ces esos mismos documentos bastarán para desmentirte en 
todo lo que tan gratuitamente has querido hacerme odioso para 
con la República y páralos estrafios. 

« Por ahora es mi primera carta, que mañana la haré publicar 
en los diarios de la corte, en tres ó cuatro idiomas para que la 
conozca lodo el mundo. Te repito que no te agravies ; yo ten- 
go (|ue desmentirte, tengo que justificarme de tus acriminacío- 
nos, yo lo haré como pueda y como sé; porque no me parece 



DE LAS REPÜBUCAS DEL PLATA 163 

que esté bien recibir una estocada con uoa daga, y la quiera re- 
peler con una vela de esperma. 

« Aquí cuentan que has hecho desterrar á un joven Bravo que 
servía en la tesorería del ejército, y al Dr. Vidal. Al primero por 
que publico en un papel suelto una correspondencia que tenia 
en su poder. Uno y otro son inocentes : nada saben, nada han 
hecho, y ninguna otra cosa harán que servir á la Patria digna- 
mente, porque esos son sus nobles deseos. Ambos son ami- 
gos, y si estoes un crimen, creo que no haces bien en aflijirlos 
por eso. 

« También se ha dicho, y he visto por los diarios de Montevi- 
deo y del Cerrito, que se expresan desfiívorablemente contra el 
Sr. Aguilar, á quien, dicen, se le ha retirado el exequátur délos 
Consulados de Sueciay Portugal. Ese señor es inocente ; nada 
ha hecho, nada ha dicho. Los enemigos de la República podrán 
decir todo lo que quieran contra él, contra mi, contravos y con- 
tra todos los que no son los miserables siervos de sus lírinci- 
pios. Ten presente que el Sr. Aguilar es hijo del finado D. Fran- 
cisco, que es padre de una familia inocente, que no es extran- 
gero del país, y que es muy provechoso y muy acreedor á consi- 
deraciones. 

ü La declaración de Ledesma, y de un oficial español que no 
•conozco su nombre, están desmentidos, el primero por la mis- 
ma orden del Gobierno que lo mandó buscar á Maldonado con 
tres ó cuatro hombres de su confianza. El español á que me 
refiero, fué á Montevideo á pedimento del comandante Beracier • 
to, como tú lo verás en su carta que mandaré publicar. Todo 
esto te hará obrar en justicia respecto al señor Aguilar. No te 
ocupes de él ni aflijas á mas nadie. Vamos á seguir nosotros el 
pleito que tú has promovido. Si yo lo consigo me será muy 
satisfactorio ; porque tengo la positiva convicción de que el 
bien se lo voy á hacer á la patria, y darte á tí y los que están en 
tu caso, una lección que ha de serles provechosa. Eeta carta te 



164 HISTORIA POLÍTICA T MRITAR 

será entregada en mano propia por el señor comandante del 
bergantín Alsacienne que me condnjo á esta corte. Espero qne 
te dignarás acosarle recibo para su satisfacción. 

Concluyo por hoy, diciendo que por qué no has publicado los 
artículos que yo mandé á Oribe, y al señor Presidente Saarez 
para entrar en arreglo ó transacción, como tú llamas? Eso era 
mas significativo que todo lo demás. Hazme el bien de saludar 
en mi nombre á tu madre, lo mismo que á Bernabelita, con mu- 
chas cosas para tus chicos ; y tú manda á tu S. S. Q. B. T. M. 

FRUCTUOSO RIVERA. 

« El oflcíal español á que me refiero se llama N. Palleja : ser- 
via en el batallón del señor coronel Labandera : pero ignoro si 
conocía, 6 nó á D. Francisco Aguílar. » 

El 20 de Setiembre fué muerto en el Departamento de Minas, 
el comandante general de dicho departamento D. Manuel Mel- 
gar. Su muerte tenia que ser consecuente con los hechos de su 
vida, muriendo miserablemente á manos de un asesino— Esta 
tuvo lugar de la manera siguiente : 

El famoso asesino Chico Lemus, que cruzaba de Maldonado en 
dirección á la barra de CeboUatí, fué alcanzado por el coman- 
dante Melgar, quien logró derrotarle completamente, matándole 
mas de 20 hombres, escapando muchos heridos en los bosques' 
y entre estos el mismo Chico Lemm, con una pierna fractu- 
rada. 

Empeñado Melgar en la persecución y matanza de los bando- 
leros, vio caer uno de ellos mortalmente herido. Melgar des- 
montó y al inclinarse con el cuchillo en la mano para degollar 
al bandido moribundo, estécenlas ansias de la muerte, y sin 
levantarse del sitio donde había caido, tuvo aun fnenas para 
clavar su puñal en el corazón de Melgar, que cayó cadáver sobre 
•1 cuerpo del mismo á quien pretendía ultimar. 

El bandido Lemus, y el resto de forajidas que le acompaña- 






DE LAS BEPOBLIGAS DKL PLATA 163 

ban se refujiaron en los Tre$ Arboles, estancia de D. Gregorio 
Moreno. (1) 

Por mucho tiempo Lemus y sus companeros de crímenes 
tenían asolados los departamentos de Maldonadoy Minas, y aun 
cuando eran activamente perseguidos, la fragosidad y bosques 
de aquellos sitios les garantía de un pronto esterminio, que sin 
embargo debia efectuarse al fin— Esta gavilla contaba ya 32 
hombres, cuando eH3 de Setiembre sorprendieron al teniente 
Carreras que marchaba con 40 hombres conduciendo una tropa 
de ganado, resultando caer en poder de Lemus el teniente don 
Francisco Fuentes con 9 soldados que fueron degollados en se- 
guida. El mismo número de compañeros tenia Lemus cuando 
fué derrotado por Melgar, que salió de Minas con igual fuerza á 
perseguirle. 

No fueron sin embargo estos los últimos hechos de Lemus, á 
quien volveremos á encontrar jugando un rol siniestro en el 
curso de esta historia. 

En la capital de la República, se habían desarrollado también 
acontecimientos de otro orden. 

El Sr. Muñoz presentó una memoria reseñando en pocas pa- 
labras la situación del Gobierno, documento notable que no 
queremos dejar pasar inapercibido — es este : 

4( Exmo. Señor : 

« Considero de mi deber esponer brevemente en esta memo- 
ria nuestra verdadera situación para que V. E. considerándola 



(1) En esto encuentro ocurrió un episodio do aquellos que produce el 
heroísmo en presencia de la muerte, y sin mas testigos que su verdu- 
go — Uno de los compañeros de Lemus, perseguido muy de cerca, r 
llevando ya el caballo cj^nsado, desmontó, y empezó á correr á pié. Al- 
canzado por sus perseguidores, se detuvo repentinamente, v sacando su 
mchillo se degolló después de decir estas textuales palabras que nos 
trasmitió el coronel BernardinoOlid, uno de su» perseguidores. « Blan- 
cos hijos de . . ! . no han de tener el gusto de degollarme» ~ Después 
de estas palabras se cortó el pescuezo muriendo en el acto. 

N. del Á. 



IC6 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

con el Consejo adopte desde hoy aquellas medidas que puedan 
considerarse eficaces para hacerla cambiar, porque no puedo 
clasificar su actualidad, sin al menos ser alarmante y peligrosa. 
« Los di\^astres del Uruguay y Rio Negro, nos hicieron perder 
en po'os dias varios puntos importantes délas costas de estos 
LÍOS, y el ejército que operaba bajo la dirección del Brigadier 
í'ft>:ioral I). Fructuoso Rivera se lia auiquilíido sin otro hecho de 
.¿rmas que la toma de Paysandíi, cuya victoria costóla lamenL'i- 
bloé irreparable pérdida de mas de una tercera parte de su 
personal. 

a Sus restos cuyo número el Ministerio ignora por las vias ofi- 
ciales Iiasla iioy, se halla en Martin Garcia careciendo de todo, y 
ro le:i lo de mas de 2,'>00 personas de diferentes sexos y edades, 
c 10 coiií^íirren naturalmente á recordarlas consecuencias la- 
liKMitahlesde e>>tos desastres. El aspecto de todo lo recogido en 
la Isla (le Martin Garcia, y de todo lo que se halla disperso por 
las Islas del Uruguay, presenta un cuadro de miseria y aflicción. 
• «V. E. ha visto por las comunicaciones oficiales del jefe de 
la Colonia, (jue esta plaza importante estaba completamente 
ílesguarnecida y careciendo de armas y municiones de todas 
clases. Inmediatamente que lo supo el ministerio proveyó de 
aquellos artículos y víveres, y no pudiendo distraer del diminu- 
to p:'rsonal disponible que hace la defensa de la capital ninguna 
para enviar á guarnecer aquella plaza, ordenó al General Rivera 
«ju»? del personal salvado remitiese inmediata y directamente 
200 h )ia!)res al mando del comandante Rebollo, ciivo jefe ha- 
bia pertenecilo á aquella guarnición. El G<^ner.il Rivera no ha 
dalo cumplimiento ansia orden á pesar de haberla recibido en 
!a Isla del Vizcaíno, de manera que la Colonia no cuenta con 
una g.nrnicion r.^galar, y su seguridad es confiada á las esta- 
ciones que han situado en aquel puerto los jefes de las fuerzas 
interventoras. 
^ La situación de Maldonado á pesar del esfuerzo qne se hizo 



/ 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 167 

para reforzar con 80 hombres su poca é irregular guarnición, 
me tiene constantemente en inquietud, no pudiendo ser consi- 
derada la ocupación de la ciudad ventajosa, para hacer una de- 
fensa apoyada por el auxilio de los buques que los inter- 
ventores han estacionado en su puerto. Demanda, pues, una 
guarnición fuerte y obras análogas á su localidad, para darle la 
segundad de que ahora carece. Se han remitido municiones, 
artillería y fusiles, y algunos víveres que ya se pedian con ur- 
gencia. 

« La capital, cuya conservación es la base de nuestra resis- 
tencia á las pretensiones de Rosas y Oribe, y en la que están 
comprometidos los Gobiernos de Inglaterra y Francia, presenta 
hoy señor Presidente, un aspecto positivamente alarmante. 

«Naturalmente, la duración de un servicio tan continuo y 
monótono ha criado el cansancio. En los cueiT)OS del país, la 
disciplina se ha relajado al estremo que los jefes no pueden 
salir del sistema contemporizante á fin de obtener su servicio, 
que es considerado siempre como penoso. 

« El espítitu de partido, ciego siempre por el furor llegó hasta 
traer la imprudencia de emplear los medios detractores, con- 
citando la última clase del ejército. Desde ese momento el gran 
resorte para mantener la disciplina quedó completamente roto, 
y no ha habido ni tiempo ni recursos para templarlo y resta- 
blecerlo. 

« La desnudez, la pérdida de muchos oficíales que no hay 
con quien reemplazar y otras causas, hacen normal esta situa- 
ción, y la permanencia de esta fuerza en el buen camino es tan 
incierta, como la vida del enfermo que tiene la aneurisma en el 
corazón. 

« Los cuerpos voluntarios se mantienen generalmente en buen 
sentido y puede decirse que no obran en otro que en el que les 
inspiran las influencias de sus jefes. 

« El personal de los cuerpos que están situados en la parte 



168 HISTORU POLÍTICA Y MILITAR 

exterior de la trinchera, no excede de 700 hombres ; de este 
número por lo relajado del servicio no concarrirán en la noche 
mas que 500. Esta fuerza es pues la que cubre nuestro estenso 
frente. Las obras empezadas para hacer mas seguro y tolerable 
el servicio demandan con urgencia su conclusión y la aplicación 
de ana cantidad diaria para pagará los trabajadores y obreros. 

«Nuestro parque se halla totalmente desprovisto de toda 
clase de municiones. Si no se hubiera dispuesto de las balas 
que se encontraban en el bergantin Cagancha, no hubiera sido 
posible dotarlas baterías de la ColoniayMaldonado con cien 
tiros por pieza. Las que tenemos en la defensa de la capital no 
están dotadas con veinte y cinco tiros. Ro existen mas que como 
treinta arrobas de pólvora de fusil y canon, sin que resulte mas 
que un depósito de treinta mil tiros de fusil para atender ó nu- 
trir los consumos* diarios del ejército. 

« La mayor parte del montaje en servicio debe considerarse 
en un estado deplorable. Las piezas que guarnecen la trinche- 
ra en la mayor parte, están montadas en cureñas que reconoci- 
das no se consideran en estado de sorportar tres ó cuatro tiros. 
Demanda pues, el parque una provisión urgente de pólvora, 
plomo, balas de canon y todos los demás artículos que son con- 
siguientes ; y nuestra maestranza una provisión inmediata para 
la reparación de montajes. 

€ No hay mas fusiles que los 500 entrados este mes en Co- 
misaría, de los cuales se han remitido á Maldonado sesenta y 
con el resto deben armarse los 200 hombres que actualmente se 
están enrolando para la guarnición de Maldonado, y 200 que 
hoy reclama el Jefe del Regimiento de Vascos, para armar los 
individuos de este cuerpo, que ayer se remitieron. Queda, 
pues^ sin proveer el armamento para la guarnición de la Colo- 
nia, que reclama sa Jefe. 

€ La provisión de víveres para la Capitsd, que llega hoy al 
prodii^oso número de 30,000 raciones, se obtiene de los pro- 



i 



Bl LAS REPÜBUCÜS BEL PLrTA 469 

veedores con trabajo y dificHlta(|, y de coDSigiüente el Ministro 
no encoentra el espediente para Henar con la regularidad que 
el bnen servicio aconseja, la provisión que es preciso hacer 
diariamente páralos diferentes puntos qne sostiene el Gobierno 
fuera de la Capital. 

« El Ejército, señor Presidente, está completamente desnaáo; 
el vestuario dado hace dos meses á nuestros cuerpos, como nn 
suplemento indispensable para cubrir sns carnes, esta hoy re- 
ducido á miserables andrajos. 

a Doscientos uniformes deben aprontarse para los 200 hom- 
bres que deben ir á Maldonado, 300 para vestir los 200 vaseos 
que van á armarse, y 1 50 vestuarios que pide con urgencia el 
jefe de la caballería de la Colonia. Armas y equipo para este 
mismo, y finalmente para llenar por lo pronto estas necesida- 
des, son reclamados con urgencia 2,000 vestuarios. 

« Aquí tiene V. E. bosquejado apenas el estado moral y ma- 
terial de las fuerzas que dependen del Gobierno. Ahora pasaré 
á informar sobre algunos incidentes del dia, que sien otra si- 
tuación pudieran considerarse no graves, en la aGtnalid.id pue- 
den comprometer el principio de la defensa de la Capital, que 
como he dicho antes no solo está confiada al Gobierno, sino á 
las Potencias interventoras que concurren á ella con sus fuenas. 

« Con el pretesto deque se hace una injusticia y un agravio 
al General Rivera por haberle retirado el Gobierno el título de 
•General en Gefe del Ejército de Operaciones, el espíritu de par- 
tido excita la desconfianza; supone esta resolución hija deán 
espíritu de. partido contrario y aumenta á las causas materiales 
de nuestra actual impotencia, una tan grave y trascendental qae 
puede traer uno de estos dias de conflicto, que mas de una vez 
hemos presenciado dentro de nnestras trincheras, y que si he- 
mos podido dominar hasta ahora no es prudente fiamos en esa 
esperanza. 

«V. E. sabe que muy luego de sabidos los desastres del 



170 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

Uruguay y Rio Negro, y en los primeros días que me encargué 
del Ministerio de Guerra y Relaciones Exteriores, fuimos llama- 
dos el Sr. Ministro de Gobierno y yo, por los SS. Ministros in- 
terventores, para hacernos saber loque SS.EE. con los jefes de 
las fuerzas de sus respectivos Gobiernos habian acordado. Esta 
resolución estaba reducida á que si el Gobierno consideraba al 
General Rivera con el carácter de General en Jefe, los Ministros 
interventores cortaban con el actual Gobierno todas las relacio- 
nes, 7 en ningún caso comprometerian sus fuerzas con las de 
la República. El Ministro de Guerra aseguró al Coronel Pozólo 
que los Ministros interventores habrían deducido esta pretensión 
ante el Gobierno en una nota oficial. Esto mismo ha sido asegu- 
rado después por el Ministro de Relaciones Exteriores á D. Juan 
León de las Casas. No era de nuestra competencia ni posición 
disentir, ni controvertir los fundamentos y razones para esta re- 
solución. 

« El Gobierno entonces obtuvo una dilación sobre las conse- 
cuencias de este acuerdo esplicando á SS. EE. que si como se 
creia el ejército habia sido perdido, el General Rivera no podría 
conservarse en un mando ilusorio y ridículo, y que esto no obs- 
taría á aprovechar los servicios del General Rivera que el Go- 
bierno esperaba utilizar en beneficio del País . . . . Eh bien 
pues, Sr. Presidente, este incidente que justifica la prudencia y 
dignidad con que el Gobierno ha procedido, dá lugar a que el es- 
píritu de partido se lance ciego á sembrar especies alarmantes» 
que no han dejado de sentirse en algunos de nuestros cuerpos. 
Hay mas, Sr. Presidente, persona formal, y de crédito ayer 
mismo me han hecho saber que en la misma Asamblea de Nota- 
bles se trabaja para que el Gobierno encuentre dificultades en 
obtener los recursos legales que ha pedido a aquel cuerpo para 
poder seguir la defensa de la Patria. 

« Ayer ha sido comunicada esta nota á los Ministros interven- 
lores por el Ministerio de Relaciones Exteriores, según resolu 



DE LAS REPÜBLICAS DEL FlkTK 171 

cion tomada en consejo de Ministros. Así lo ha asegurado el mis- 
mo Ministro de Relaciones Exteriores á D. Juan León de las Ca- 
sas. Es decir que se trasmite á los Ministros Estrangeros al 
mismo tiempo que al Consejo de Estado. 

« Ya he concluido el cuadro de nuestra situación, todo nece- 
sitamos porque nada tenemos. Mis esfuerzos no son bastantes 
para dominar en mi Departamento esta situación. Mi respon- 
sabilidad quedará cubierta si V. E. se sirve poner en conoci- 
miento de los Ministros interventores esta memoria comarque 
están tan interesados en la conservación del Gobierno espueslo 
en mi opinión á caducar prolongándose este estado de cosas. 

« Montevideo, Febrero 22 de 18-47. 

« Francisco J. Mufioz. 
4( Al Exmo. señor Presidente de la República. 



« La Comisión ha presentado al Honorable Consejo de Esta- 
do el análisis de la memoria que le ha sido sometida, ajus- 
tándolo á la evidencia de los hechos. Siente no haber podido 
hallar en ella las cualidades por las cuales el Gobierno las reco- 
mienda. Pero está muy lejos de pretender que su juicio preva- 
lezca : por el contrario, respetando el del Gobierno cuanto lees 
debido, cree que antes de adoptar una opinión el Consejo, y de 
abrir el dictamen que corresponde, convendría obtener nuevos 
datos relativos á los objetos que abraza la memoria, y al efecto 
resolver : 

« 1 .** Que se remita este informe de la Comisión al Gobierno 
al solo objeto de que, si lo tuviese á bien, añada las esplicaciones 
que juzgue convenientes. 

«2.* Que declare, si después de haber sido provisto de los 
recursos necesarios para continuar la defensa, considera com- 
prometida la suerte de la República en el grado que espresa la 
memoria. 



172 HISTORIA POLÍTICA Y MIUTAR 

« 3/ iioe se acompañea los documeDtos relativos al hecho de 
no haber dado eomplimieato el Brigadier General D. Friictaoso 
Rivera, entonces General en Gefe del Ejército de la República, A 
la orden del Gobierno y á los motivos en que haya fundado ése 
hecho. 

« i.* Que se informe igualmente si los señores Ministros 
interventores han presentado oficialmente al Gobierno su ges- 
tión sobre el General Rivera y notrficádole la resolución tomada 
por ellos para el caso de que aquella no fuese atendida, acom- 
pañando los decumentos que puedan comunicarse sobre este 
asunto. 

« S."" Que se diga si la memoria del Ministro de la Guerra fué 
remitida á los Sres. Ministros interventores; y se explique los 
motivos que se tuvieron en vista al hacerlo, adjuntando igual- 
mente la nota con que la memoria haya sido acompañada. 

a 6.* Que mientras se expide el Gobierno, la memoria origi- 
nal sea conservada en el archivo del Consejo, para poder expe- 
dirse cuando llegue el caso, con mas acierto, en el dictamen 
que presente el Gobierno. 

(Firmado) 4i Enrique Martínez. 

€ Rufino Bauza, 
n Estanislao) Vega. 

— En la sesión del Consejo de Estado de 4 del presente Marzo 
foé sancionado este díetámen de la Comisión por unanimidad 
de sufragios, y remitido al Gobierno el dia 5 del mismo. » 

El documento que precede es por si mismo muy instructivo, 
y arrojagran luz de verdaíl sobre la situación en que se encontra- 
ba Montevideo — Mas bien que un cuadro en el que se retrataba 
la fisonomía moral de un cuerpo político, parecia la disección 
de un cadáver, del que se ponian en trasparencia las distintas 
partes de su estructura. 

A principios de Abril, llegó á la rada de Montevideo un vapor 



DE US REPÚBUCiS DEL PLATA 473 

de guerra cDüdaciendo Uüa porcioa de fsüsiíUas que el Geaeral 
Rivera habia sacado de sus hogares eu la costa del Uruguay, para 
llevarlas á la Isla de Martia García— El cuadro de su desembar- 
co fué ailigente— Estaba el muelle Heno de mujeres y niños casi 
desnudos y enflaquecidos por el hambre. Aquellas desgraciadas 
gentes habian sufrido un tratamiento cruel solo semejante al em- 
pleado con las tribus de h Argelia por los franceses,. muchos de 
ellos actores en aquel drama, que venían á continuar en el Rio 
déla Plata— Muchos niños de 14 á 13 años fueron arrancados 
del seno de sus familias, para destinarlos al servicio de los in- 
terventores — « El honor y la moral del sexo débil ha sido atro- 
je pellado (decia un padre justamente ofendido, D. José Yilla- 
« nueva, vecino laborioso y pacifico habitante de la costa del 
« Uruguay) por estos perversos, brutales é infames hombres-*- 
« A bordo del vapor Fulten, se ha jugado á los naipes por los 
4c oficiales la posesión de dos infelices jóvenes, aparadas vio- 
a lentamente de &us padres » i | ty esto» á nombre de la huma- 
« nidad y la civilización III — » 

Desde el 2 de Mayo de 1 847, las reyertas entre italianos, fran- 
ceses y españoles, empezaron, siguiéndose á ellas los asesina- 
tos y robos en plena calle, sin que la poUcia pudiese dominar 
las turbas desenfrenadas. En la mañana del 28 de Mayo, fué 
alevosamente asesinado por un legionario italiano, el coman- 
dante de un buque sardo, llamado D. Juan Bautista Solari, y la 
misma bala, hizo victima del atentado al Sr« Dikson negociante 
inglés— El Sr. Solari subia por la calle de Misiones, seguido por 
el asesino, qu^cuando llegó á distancia de seis pasos, descargó 
su fusil sobre la espalda de Solari, que quedó sin vida — La bala 
atravesó el pecho del Sr. Dikson, que llevaba el camino de la 
mistta vereda, apoyada eo el brazo de un oficial de la marina 
Britiiiica--^El ase^no regresó tranquilamente á su cuerpo de 
guardia que estaba ea el muelle. 

Asegurado el aMsino pasó á la jurisdicción ordinaria, que 



I Ti HlSTOniA POLÍTICA Y MILITAR 

(liólos primeros pasos (!el sumario; perca pretesio de que el 
criminal dehia ser juzgado militarmente, fué sometido aun con- 
sejo compuesto del Goneral Gajibaldi^VieMáento—Dellong 
}fa lacrida— Va rodi—Marchetíi— Caroni - Mon taldi—y Sacci, 

La situación de MontevKleo era tal que se levantaron distin- 
tos clubs, ó centros deliberantes sobre la suerte del parí: Jo co- 
lorado, y sobre el término déla cuestión por la paz. 

Uno de estos clubs, <lel cual era presidente el provisor Fer- 
nandez, y por vice ;i D. Andrés Lamas, se reunió el 15 de Junio, 
en número de 40 á 59 individuos que babian confeccionado un 
proyecto de defensa. Después del discurso inaugural del señor 
Fernandez, en el que trató de demostrar la utilidad del pro- 
yecto ilel CMihy tomó la palabra el coronel D. Venancio Flores, 
que babia concurrido á la invitación acompañado de los seno- 
res Barrciro y Sayago, y trató al vice-presidente D. Andrés La- 
mas, en los términos mas despreciativos, diciendo « que no 
« concebia la impudencia de a(|uel bombre, que en lugar de 
«ocultarse, seatrevia aun á salir al público, tratando deinge- 
« rirse nuevamente en los negocios, después de haber sido el 
« mas cruel azate de sus compatriotas, y el baldón eterno de su 
« patria : que no solo se le debia negar toda participación en 
« cualquier acto de la administración pública, sino que si por 
« casualidad ó intrigase apersonase en ellos, debería arrojársele 
« ignominiosamente. » El coronel Flores se retiró de aquella 
reunión seguido de los amigos que le habían acompañado. 

Un poco después salieron también el General Garibaldi, An- 
zaniyMundell, que también habían sido invitados. 

Hé aquí las palabras del coronel Flores reproducidas en la 
prensa de la capital : 

«Señores I Yo encuentro esta reunión inoportuna é intem- 
pestiva, desde que según el contenido de la invitación, escbn el 
objeto de « uniformar» la opinión de todos los ciudadanos «pa- 
ra repeler al invasor ». Hay pendientes negociaciones de paz, y 



/ 



DE LAS REPÚBLICAS DE LA PLATA 175 

mientras ellas, se ha. negociado un armisticio y declarado una 
suspensión de armas. En consecuencia miro como una especie 
de atentado ocuparse, sin colisideracion ai compromiso del Go- 
bierno, de medios que tan manifiestamente lo contradicen. Se 
ignora absolutamente el resultado que puedan tener eslas ne- 
gociaciones ; y si es conveniente ocuparnos de la guerra si no 
se obtienen, es por lo menos imprudente hablar ya de « repe- 
ler » al enemigo, como si los medios pacíficos apareciesen frus- 
trados. Ademas, Señor Presidente, en el reglamento, que cier- 
tamente parece limitado á la influencia en los comicios públi- 
cos, y que por lo mismo, tal vez, no llamó la atención ac los 
que firmaron, veo disposiciones tales, que es imposible que (A 
Gobierno pueda consentir una asociacien con tales atribuciones. 
Ni concibo cómo d mismo Sr. Fernandez ha creido mas con- 
ducente descender de su carácter de Presidente de la A. de No- 
tables, á presidir una sociedad particular. Mucho mas adecua- 
dos y regulares le serian los medios que le ofrece aquella po- 
sición. 

« Últimamente, por la acta de instalación que acaba do leerse, 
veo entre esos pocos hombres que componían la sociedad, fi- 
gurando algunos nombres cuyos recuerdos funestos al país son 
muy poco á propósito para inspirar confianza. Ellos como hom- 
bres públicos tuvieron ;i su disposición los pechos de los milita- 
res, cuya sangre han prodigado mil veces, y cuyas vidas han 
estado éspuestas k todos los peligros, cada y cuando se ha 
precisado. Éntrelos ciudadanos particulares han podido dis- 
poner, y han dispuesto k toda hora de sus fortunas y de las de 
sus hijos, y se han conducidq 4an mal, que sin sacar el menor 
provecho de tantos medios y de tantos sacrificios nos han con- 
ducido, ellos precisamente; al término que está á la vista de 
todos. ¿Y esos hombres en estas circunstancias tienen todavía 
frente para aparecer á vista de nosotros ? ¿ y hay quien quiera 
peñeren sus manos ni la menor parte de nuestra dirección? 



176 HlSfOlUi POLlTICá r HILÜTA* 

Me fijaré principalmente en el sefior Lamas, ¿ qué recuerdo que 
no sea el mas ominoso no nos ha dejado ese hombre? -* Azote 
de nuestro país, vergüenza y escándalo de una época de gloría 
y sacrificios ¿ cómo puede dársele la menor injerencia en núes* 
tros deslinos, con los aotecedentes que nos ha dejado? 

Sin duda, hay muthos patriotas de precedentes honorables y 
entre ellos algunos que ademas haya sufrido sus persecuciones, 
violencias y vejaciones, que por delicadeza se creerá en el caso 
de no acordarse hoy mas que de la patria, y contribuir á la fusión 
y fraternidad de todos : |)ero esto solo puede llegar hasta el lí- 
mite que impone el interés general. Una cosa es tener la gene- 
rosidad de perdonarle, y otra darle mano en asuntos de conve- 
niencia general, á cuya confianza él ha correspondido tan mal. 
Todos lo conocemos — desecharlo, es aprovechar las lecciones 
de la experiencia. Amigo y defensor de la Constitución ¿cómo 
podremos confiadamente creer que la defienda, de qué freno 
puede servirle,qué interés puede tener en la Constitución, quien 
tantas veces y tan indignamente la ha hollado ? Puede algo com- 
pararse á su insolencia en ese género? Insistir, después de tales 
datos, en querer todavia mostrarse en medio de patriotas ver- 
daderos, ; no es querer apurar la paciencia, insultar la opinión 
pública y querer forzarnos á echarlo á palos ? 

Por todo lo dicho, no creo decoroso pertenecer á semejante 
asociación. » 

Flores y Garibaldi empezaban á dominar la situación á térmi- 
nos que quisieron ejercer presión sobre el Gobierno de Monte- 
video, que se encontraba sin autoridad real, al capricho del 
embate de los bandos, que le agitaban en la ciudad sitiada. 

La facción de Flores consiguió al fin triunfar, derrocando el 
ministerio de Muñoz, Bejar y Chucarro, que fué sustituido por 
Gabriel Pereira, Miguel Barreiro y Coronel Correa ( ManveL ) 

Anteriormente, ya habia conseguido el nuevo circulo arran- 
car al vacilante Ministerio un decreto de Junio 23, dando una 



DE US REPÚBLICAS DEL PLATA 477 

nieTa organización á las faenas del ejército de la Deíensa. Por 
aquella disposición se formaban dos diTisiones, componiendo 
laprin^ra todas las ft^rzas reputadas del pais, y la segunda la 
Legión Italiana, la segunda de Guardias Nacionales» j el batallón 
de Cazadores Vascos — El coronel Villagran tomó el mando de 
la primera ; el coronel Thi^baut el de la segnoda^ quedando el 
todo á las órdenes del General Garíbaldi. 

El 7 de Julio el mismo GaribaMi tuvo una entrevista con el 
coronel Flores, en la cual se pusieron en'desinteligenG!a,de cuyo 
resultado renunció Garibaldi el puesto de Comandante en Je- 
fe que poco antes se le habia conferido, siéndole admitida la 
renuncia. 

El nombramiento de Garibaldi habia levantado resístMeia 
entre los jefes de las fuerzas nacionales, parte de las cuales*^ 
amotinaron. 

El comandante Lai^raya con su batalloh se acuarteló en Ra- 
mírez y tuvo que constituirse el señor BatUe, Ministro de la 
Guerra, al paraje del motin para someterle. Habia sucedido lo 
siguiente: En la tarde del 15 de Agosto el Jefe de las Armas que 
lo era aun Garibaldi dio cuenta que el batallón 2 de linea se ne- 
gaba á dar un servicio de treinta hombres para la fortaleza del 
Cerro tomando una actitud de resistencia armada. 

El Ministro de Guerra se trasladó al cuartel, y espuso al jefe 
amotinado las consecuencias de ese paso, ordenándole que hi- 
ciese tocar llamada y formase elbaLallon. Una vez formado el 
cuerpo el Sr. Batlle habló á la tropa en el sentido de la obedien- 
cia, a lo que contestaron los soldados que saldrían del cuartel 
todos ó ninguno. Entonces el Ministro de Guerra apostrofó 
fuertemente al jefe y á la misma tropa sobre su conducta, tra- 
tándolo de infame, concitándoles* finalmente á que volviesen á 
sus deberes. Ni el jefe ni el batallo-i obedecieron al ministro y 
este tuvo que retirai-se. £1 46 perma necia aun sublevado el bata- 
llón, negándose á marchar del cuartel y pidiendo á gritos que se 

12 



180 HISTORIA política Y MILITAR 

Quedaban para amortizar la deuda 
en esa fecha $ 259,565 

Producto liquido en los dos aQos y 
3 meses que faltaban para alcan- 
zar á Diciembre del 49, en pro- 
porción del ingreso que tuvo la 
caja de la Sociedad en los tres úl- 
timos meses, y deducidos ya los 
gastos de administración respec-- 
to de 40,000 & anuales . . . $ 3.450,690 

Dividendos ya percibidos ...» 373,000 

$ 3.825,699 
Deducido el resto de la Deuda que 
existía afín de Setiembre . .» 259,565 

Utilidad liquida afínes de 1849. . {f 3.566,134 

Tales fueron las ganancias que realizó la sociedad extrangera 
en los contratos de Aduana de Montevideo, en la desgraciada 
guerra que causó la ruina de esta República. 

¿Cómo podia ser posible la paz bajo la influencia de tales ne- 
gocios? 

En cuanto ai carácter de los créditos con que se descargaba 
el Directorio entregándolos como plata, procedían todos de su- 
ministros de carácter dudoso, ó exageradamente aumentados, 
que la nación pagaba después de haberlos liquidado. 

Este derroche ó criminal administración de los dineros pú- 
blicos traia su origen desde el ano de 1838— El Sr. D. Santiago 
Vázquez como Ministro del General Rivera, firmó nada mas que 
desde el 38 al 39, las siguientes órdenes, que fueron abonadas 
por la tesorería del Estado, sin que esto importe el total de ellas, 
que omitimos por su estension. 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 184 



1831» Y 3L8SO 

De NOYIEMBRS Y DlCIEHBBE Á EMBRO 

D. Francisco Aguilar por empréstitos. . . . ^ 408,000 

» José Bejar por ¡dem )► 63,210 

» Ídem ídem por ¡dein )► 14,000 

» Ídem ¡dem por ¡dem ........ j^ 4,000 

» Domingo Vázquez por Ídem )► 48,000 

» ídem ídem por suministros » 15,378 

» Juan Apóstol Mailinez por ídem » 6,000 

» Mateo S. de la Vega por Ídem » 6,000 

» ídem ídem por ¡dem ...» 1,000 

» JuanT. Nuñez, por ídem » 20,000 

» José Toribio, por suplementos » 7,000 

» Bertrán Cadiilon, por suministros . . . . » 7,000 

Srcs. KemsleyyC.^, sin rubro J^ 14,205 

D. Teodoro Vilaza, ¡dem » 8,460 

» Dámaso Correa, por ídem » 3,981 

» Antonio P. Vasconcellos, artículos y dinero . )► 35,000 
» José A. González, suplementos en las campa- 
ñas pasadas » 18,000 

» José Ríos, suministros » 1,888 

» Manuel Gradin, empréstito » 10,600 

General D. Tomás triarte, manuscrito sobre 

táctica militar » 2,000 

» Antonio Rodríguez Souza, dinero efectivo. . » 20,000 
y^ Diego Antunes de la Patria, %\í[\q,xsíqü\o^. . » 5,022 
» Antonio Fernandez, por cuenta de sus acre- 
encias y^ 4,000 

» ídem por ídem >► 2,150 

» Carlos Navia, empréstito sin ínteres. . . » 12,516 

» ídem para gastos » 8,000 



182 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

1). Andrés Rivas, efeclos y dinero ^ 36, ¡10 

» Francisco Pintos, urgencias del ejército . . y> 6,000 

» Luis Vasconceilos da Silva, Ídem Ídem. . . » 6,000 
» Fabio J. Mainez, para gastos reservados del 

General en Jefe del Ejército » 6,000 

» Ignacio Castillo, gastos del Ejército. ...» I6,OCO 

» Dionisio Monteros, suministro » 3,000 

» Juan Garate, suministros » 9,540 

» Solano García, ganados » 400 

» Pedro Chucarro, empréstito » 2,000 

» Francisco Pcroira de Sousa, suministros . . » 3,930 

y> José Albuíjuerque, suministros » 4,000 

» Juan Nin, Ídem ; . . . » 3,131 

» Manuel S. de la Sienra, Ídem » 13,000 

» Pablo Duplessis, apoderado por idem. . . » 12,030 

» Joaquín Araujo, adelantos » 6,311 

» José Ilodriguez Barbosa, suministros. . . » 24,044- 

» Mariano Labandera, empréstito » 707 

» Antonio Machado, idem '. . » 3, i 37 

» Pedro M. Fagundes, suplementos . . . . » 2,000 

» Dámaso Correa, sin rubro » 2,000 

» Nepomnceno Madero, suministros . ...» 1,000 

» llamón Monteros, empréstito » 1,000 

» Juíiii Pelit, servicios hechos » 300 

»• Daniel Vidal, empréstito » 4,330 

» Pablo Vera, adelantos » 300 

» Agustín Guarch, suministro » 1,000 

» Luis A. de los Santos, urgencias » 20O 

» José M. Esteves, suministro » 3,844 

» Manuel Ximenez, idem » 1,100 

General Fructuoso Rivera, para atender á va- 
rias familias desgraciadas » 20,000 

» José M. Esleves, urgencias » 2,722* 



DE LAS REPÚBLICAS DE LA PLATA 483 

D. Enrique Heibert,' Ídem ^ 2,540 

» Manuel Olivera, idem » 928 

Solo estas órdenes importaban la cantidad de ^ 075,538 
próximamente, y tenian su origen de gastos del Ejército en 
campaña, y del mismo emigrado en el Brasil. 

En el año de 1840, el ingreso total de las rentas generales 
ascendia á la cantidad de ^* 2.608,770. Los gastos ordinarios y 
<3Straordinariosde guerra á 2.225,374 y la deuda pública á 
0.129,378. 

En 1841 el ingreso subió á ,^ 2.705,038 ; los gastos ordina- 
rios y estraordinarios de guerra á ^ 2. 138,364, y la deuda pú- 
blica á 5.807,315. Los gastos estraordinarios de guerra, sola- 
mente en los tres últimos años citados importaron ^ 0.340,00 1 
y las cantidades en metálico pasadas alas cajas del ejército en 
el mismo periodo para pagos particulares de los que no existe 
razón, ni quedó documento alguno que los comprobase, ascen- 
dieron á la cantidad de $ 1.606,256. En el año de 1847, la 
bancarrota habia cerrado toda posibilidad á los números, lle- 
gando á su punto mas culminante. 

El 15 de Julio apareció en Montevideo el General 0*Brien, 
irlandés, que estuvo al servicio de las armas Argentinas en la 
guerra de la independencia, y del que ya hemos hecho men- 
ción al principio de esta obra con motivo de un rasgo de carác- 
ter de alta estravagancia, respecto de las Memorias del General 
Miller. El General O^Brien se presentó ámediodia en las calles 
<le Montevideo, con un cuñete de tinta y una brocha, y al pasar 
por el Correóse puso á escribir tranquilamente en la pared, 
«ntre aquel edificio y la Aduana, en letras que se distinguían á 
la distancia, estas palabras : « Pueda la sangre de los bravos 
« orientales, que riega y liñe los campos de su país ; puedan 
« sus hijos y viudas, maldecir de corazón, para siempre, á los 
-« Lores, y álos Sires. Hablo de los dos mazorqueros de Ro- 
« sas. » 



184 nSTOBlA POLÍTICA T MILITAR 

El señor 0*Brien siguió su viaje para Chite, sin que su ins- 
cripción enigmática hubiese sido mejor esplicada en su ausen- 
cia. 

Separado del narido, y en cierto modo anulado Garíbaldi, 
por su renuncia que se siguió á los acontecimientos del motin 
militar del que hemos dado cuenta, consiguió que se pusiera á 
su disposición la goleta de guerra Maipú que había pertenecido 
á la escuadra ai^gentina, y en ella se lanzó á la persecución del 
cabotaje á las costas del Plata y sus rios interiores. En esa car- 
rera hizo algunas presas, que sometidas al Tribunal instituido 
al efecto en Montevideo, fueron declaradas mas 6 menos legiti- 
mas, lo que ocasionó reclamos de toda clase entre los damni- 
ficados. 

Entre los buques apresados se encontraba una zumaca sarda 
á la que se atribuía patente de cabotaje ; pero el Barón Tolozza- 
no, agente del ReydeCerdeña, salió al frente de los intereses de 
su compatriota y reclamó del Gobierno de Montevideo la devo- 
lución del buque. Habiéndole sido negada por el Ministerio 
respectivo, el señor Tolozzano hizo tomar el buque apresado y 
conducirlo al costado del Colombo, buque de guerra de la mari • 
na italiana. 

En virtud de estos actos el Almirantazgo inglés tomó medidas 
para privar los escursiones de la Maipú, y ya se aprestaba el 
vapor de guerra Lizard, para salir á darle caza, cuando entró 
la Maipú al puerto dirigiéndose á su fondeadero. 

A fines del 47, marchó para Rio Janeiro D. Andrés Lamas (1), 



(1) El 24 de Enero de 1848, el General Díaz, iba á ser enviado por el 
Sr. Oribe al Imperio del Brasil — Con este motivo diio el Dr. Várela 

Dicese, que la Corte del Cerrito vá á ser representada cerca de la Cor- 
te del Janeiro por D. Antonio Diaz, que debe marchar, dentro de poco, 
para aquel destino, con el carácter de Ministro Plenipotenciario de D. 
Manuel Oribe; bigo seg[uridades que este dice tener <Je que será recibi- 
do. El objeto de la misión, según sus fabricantes, es una bagatela. Trá- 
tase, dioen, de ({ue se reúnan en el Janeiro los Plenipotenciarios de In- 
glaterra, de Francia, de Buenos Aires, del Mi^ruelcto y del Brasil, para 
arreglar allí definitivamente la cuestión del Rio de la Plata. Del Pleni- 





DE LIS REPÜBLICAS DEL PLAIi. 485 

en calidad de Enviado del Gobierao de Montevido cerca de 
aquella corte, llevaado uo viáíic^ de 20,000 pesos fuertes, diez 
mil en plata, y diez mil en letras pagaderas á la vista giradas 
por Esteban Ántonini, corredor en la plaza de Montevideo. La- 
mas se reunia á Rivera, Paz y Pacheco, á quienes la suerte varia 
de la guerra habia arrojado hasta allí. Rivera gastaba el dinero 
que le diera el Gobierno de Montevideo ; Paz habia organizado 
una granja, y Pacheco tenia una fábrica de vinagre, con cuya 
industria se mantenía. 

Escenas de horror y escándalo se repetían con frecuencia 
por parte de las turbas armadas en la Capital. En la noche del 
4 9 de Noviembre, transitaba un matrimonio por las calles, y 
acertando á pasar por un cuerpo de guardia servido por legio- 
narios franceses, dos de estos se desprendieron del puesto, 
asesinaron al hombre, y violaron á la mujer. En esos momen- 
tos se retiraba al muelle el capitán de un buque, y al presen- 
ciar aquel acto de barbarie, corrió á la guardia y dio parte del 
hecho. Esta formó en el acto, y echó de menos á los crimina- 
les, pero no se tomaron medidas para otra cosa, que retenerlos 
en arresto simple. 

Al principió de Diciembre el Gobierno de Montevideo fué in- 
formado de que se aglomeraban fuerzas en el campamento del 
General Oribe, con el fin de dar un asalto á la plaza. Los fran- 

potenciario del Gobierno Oriental nada se dice; y esta parte parece á los 
autores del proyecto, aquí afuera, lo mas natural del mundo. De la ma- 
nía que atormenta á D. Manuel, de hacerse Presidente quand méme todo 
puede esperarse: ya comunicó ofícialmcnte al Gobierno del Brasil su 
mstalacion y la de sus Cámaras en el Miguelete, aUá por Marzo de 1846; 
¿qué habría que estrañar si ahora se le ocurríese la iaea de nombrar un 
plenipotenciario? Lo estraño es que vaya Diaz y no Villademoros, que 
ya estuvo allá en ese carácter, y deqó recuerdos gue dan gozo. £1 gobier- 
no imperíal, por su parte, ha segmdo una DoUtica de tira y afloja, que 
autoriza para no estrañar muchas cosas. ¿Pero esta? . . . . » 

Las cansas esfnresadas aoul por Várela eran exactas en lo referente al 
Congreso Diplomático que debia reunirse en el Janeiro bajo los auspicios 
y direocion del célebre estadista Pimenta Bueno. 



488 HISTORIA POLÍTICA Y XILITAR 

cia; ¿seria preciso, pues, que la Francia enviase á la vez dos 
ejércitos por las dos causas opuestas, según lo exijen sus nacio- 
nales, é hiciese combatirá nuestros valientes compatriotas unos 
contra otros para sostener las voluntades contradictorias de sus 
emigrados? Un absurdo semejante no es menos opuesto al pa- 
triotismo que al buen sentido. Sin embargo, esto es literalmen- 
te lo que los emigrados beligerantes de Montevideo reprochan 
ala Francia porque no ha querido hacerlo por ellos, y lo que la 
Francia desgraciadamente tía dicho á medias y por un tiempo 
demasiado largo. 

«Tales han sido siempre, señor, y tales son todavia mis cre- 
encias sobre los asuntos de Montevideo. Ellas no alteran en nada 
los sentimientos que me afectan y que puedo haber manifestado 
en conversación á Mr. John Le-Long, celoso representante de 
los intereses de nuestros compatriotas de Montevideo, ni mi 
consideración sincera y merecida por este delegado ; pero Mr. .1. 
Le Long y los otros delegados de Montevideo se acordarán tam- 
bién con él, que cuando me han hecho el honor de venir varias 
veces á hablarme de sus asuntos, rogándome que sostenga su 
causa en la tribuna, me he desviado invariablemente de hacer 
uso de esta confianza. 

«Id á buscar, les digo, con sentimiento, otros defensores en- 
« tre aquellos que aprueban las irregularidades de nuestra con- 
« ducta diplomática en las riberas del Plata ; yo me compadez- 
« co de los desgraciados franceses comprometidos por la impre- 
« visión y connivencia de nuestro gobierno ; — yo también los 
« deiendería en caso de necesidad, á mano armada y con rostro 
« descubierto contra las consecuencias de sus faltas ; pero yo no 
« les sacrificaré ni el derecho de las naciones, que ellos han vio- 
«lado, ni el tesoro público que ha sido gravado en su nombre, 
€ ni la paz que han comprometido, ni la sangre de la madre pa- 
« tria que se les deja empeñar en una contienda que no perte- 
« nece á la Francia. » 



BE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 489 

« Bien lejos de ofrecerles el apoyo de mi voto y de mi opinión, 
me prometo á mí mismo combatirlos en todas ocasiones, y de- 
fender perseverantemente contra ellos la diplomacia, el honor, 
los tesoros y la sangre del pais : «yo sé, > añadiré, «que en 
«estos momentos no puedo ser popular á este precio, pero yo 
« esperaré. » 

AL De Lamartine, Diputado porMeine. 

Un nuevo desorden se produjo en Montevideo el 8 de Enero 
de 1848 con motivo de la elección de Alcalde Ordinario, .que pu- 
so en agitación todos los círculos, empezando por el gubemigta, 
que pugnaba naturalmente por su candidato, sostenido desde 
las columnas del Conservador y órgano oficial, redactado, por 
D. A. Navarro y Francisco Pico. 

A fin de asegurar la elección, el Gobierno hizo declarar por 
donde correspondía, que la calidad de ciudadano, era innece- 
saria para votar, y que todo vecino podía usar de aquel dere- 
cho. Esta estraña é ilegal declaración moviólos partidos, que 
se formaron aprontándose á la lucha, para obtener el triunfo, 
componiéndose estos partidos, de los nacionales, los italianos, 
los vascos, y hasta los negros y emigrados Argentinos, cada 
uno de cuyos centros quería llevar su candidato á la magistra- 
tura. La tormenta preparada ya desde esa mañana, estalló en 
el momento de llegar varias compañías de italianos y vascos á 
la mesa, pretendiendo posición de ella, convirtiéndose el sitio 
en un campo de Agramante, en el que lucieron los puñales, se 
enarbolaron los garrotes, y se descargaron tiros. La policía que 
se presentó á intervenir fué corrida y perseguida gran trecho ; 
la me^a electoral fué derribada, y el presidente y escrutadores 
molidos á palos, suspendiéndose las elecciones. 

Con tal motivo algunos ciudadanos] protestaron contra ese 
proceder, hijo del mas completo desorden, en el que había ju- 
gado un rol electoral la autoridad á cara descabierbí haciendo 



190 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

sostener SU lísUi por la policia. El Gobierno hizo prenderá los 
ajitadores entre ios que se encontraban los hermanos Pedro, 
Teófilo y Federico Diaz, Santiago Botana y Eugenio (lomez. El 
primero fué puesto en libertad, y los otros condenados al ser- 
vicio de las armas, con condición de poner personero á escep- 
cion de Botana, que fué destinado á último soldado del Batallpn 
de Extramuros, sin serle admitido el personero. 

A consecuencia de i^sto conHicto en el que se quiso hacer 
tomar parte áTliiebaul, enviándole una comisión compuesta de 
D. Enrique Marliuez, D. Carlos de San Vicente, D. José Augus- 
to Possolo, D. Pascual Costa, y D. José L. Bustamante (a) Es- 
pumilla, antiguo secretario del (leneral Rivera, á lo que el 
coronel francés se negó, perdió su empleo de Capitán del Puer- 
to, el General D. Enrique Martínez, que fue reemplazado por el 
comandante 1). José M. Muñoz, asi como San Vicente y otros que 
fueron destituidos. 

Fueron también [)resüs en esta ocasión, los jefes Guerra, Es- 
pinosa, Dupuy, Ortega, Gómez, Clemente y un tal Torres (a) 
Duque de Viseo. El Go!)ierno esplicó esta medida, al dar cuen- 
ta á la Asamblea de notables, en nota fecha 13 de Enero, di- 
ciendo que se trataba do una revolución para derrocar al Mi- 
nisterio. ( I ) Finalmiiutc, en aquella crisis, el Gobierno se vio 



( 1 ) El Gobionio dio ontoiKOS í3Stn docroto. 

La Asamblo.i de Notables do la Ropública Orioiital del Üruí^uay, en 
uso de las atribucioiios qiio le eo:npeteii \nr Estatuí ) y en coutbrmidad 
í\q su Reglamento, ha acordado y resuelve : 

Artículo 1." Toda conspiración ó ma<piinaoion directa, contra la so;;u- 
ridad interior ó exterior de la República, se declara delito de Alta Trai- 
ción. 

Art. 2." Hay tambiiin conspiración cojilra la se;[:uriilad de la Repúbli- 
ca, en lodo acto de s-idicion, asonada, t:ifnuKo, que toii.ij^a por objeto el 
derrocamiento díí las autoridades constituidas ó el oponerse á sus man- 
datos. 

Art. 3.° Los promotores, 6 cinnplices y perpetradores de esos delitos, 
quedan sujetos á una misma pena. 

Art. !.• El conocimiento do las causas de Alta Traición, con\¿)3i0 ¿la 






DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA '191 

obligado á buscar apoyo ú costa de grandes cantidades, entre 
los mismos elementos militares que tenia a su servicio. Tal era 
la situación en que se encontraba la defensa de la capital de la 
República en 1848. (1) 

En cuanto al Ejército sitiador, y el resto del país, su estado 
en general no era mucho mas satisfactorio — Cansancio en el 
primero y miseria y desesperación en el segundo. 

jurisdicción Militar en la forma proscrita por las ordenanzas dtíl jjército. 
5." Comuniqúese etc. 
Salón de Sesiones — Montovidno, Febrero 15 do 1848. 

• LORENZO A. FERN'ANDKZ, PTííSideUte. 

Narciso D. Tenor ¿o y Secrc[ario. 

Tal resdiucion tuvo también por causa priucipal, la tímtativa para 
entreí?ar la fortaleza del Cerro en Diciembre de 1847, al General Oribe. 
El Gobierno do Montevideo mandó instruir un sumario al Comandante 
de aquella fortaleza. Con tal motivo se establecieron dudas, sobre la 
competencia de ía jurisdicción para el juicio mandándosíí suspenderlos 
pfoccdiraientos del Tribunal Militar aue estaba ya conociendo de la cau- 
sa, que fué sometida al Tribunol Orninario.- 

Nota del autor. 

(11 En los primeros dias del mes de Febrero de este año, falleció en 
las cercanías del Miguelete el Dr. D. Dámaso Antonio Larrañaga, Vica- 
rio Apostólico de la iglesia de la hepública Oriental. El señor Larraña- 
ga era hijo de Montevideo ; hombre de ciencia, de costumbres intacha- 
bles y de alta piedad cristiana, á la que unia una mansedumbre verdade- 
ramente evangélica, empezó por figurar como literato y orador sagrado. 
Fué después Representante en varios cuerpos deliberantes constituyentes 
y legislativos, desdo el Congreso Cisplatino de 1821, hasta la Asamblea 
Constituyente, y posteriormente en el mismo cuerpo cuando tenia ya 
carácter consUtucional. Poco después perdió la vista, pero á i)esar de su 
estado no dejó jamás de desempeñar fas funciones do su ministerio. Los 
últimos años de su vida los pasó en su quinta que lleva hoy mismo su 
nombre como el camino en que está situada. 

Nota del autor. 

Con motivo de la muerte del Sr. Larrañaga, los gobiernos beligeran- 
tes nombraron cada uno por su parte un Vicario Apostólico. 

El de Montevideo obtuvo el siguiente decreto fundado en el despacho 
del Nuncio Pontificio en Rioi^Qeiro, que confería á D. Lorenzo A. Fer- 
nandez aquella dignidad. 

Ministerio de Gobierno. 

DECRETO 

Montevideo, Octubre 30 de 1848. 

Visto el parecer de la Exma. Cámara do Justicia, y sin peijuicio de las 
regalías de la nación en casos de esta naturaleza, acuérdase el pase al 






493 HISTORIA política T MIUTAR 



CAPITULO IV 

Anuncio do la misión Crox-o y Oros — Asesinato dol doctor 
don Florencio \^arcla — I>ocumento» diplomáticos — 
Sucosos do la Oolonia — Asalto y toma do esta ciudad 
— íSitu ación do ^lontovidoo — Oarta dol Ooncral Oritoe 
so1>ro XJrquisBa— I^asaporto li I*aclioco y 01>ros-- de- 
clamación y protesta de la IL<eglon Argentina — Invo- 
sion del :Baron de TTaculiy (a) Chico I*odro — Secunda 
invasión y derrota de este — Actitud del IBrasll — Sus 
antecedentes políticos respecto del JQstado Oriental — 
Instrucclonoii resera' ada4 para el>Iarqués de SSanto 
Aniaro — 3Cemorandum del \rizoondo de A1>r antes. 

Así marchábanlos sucesos en Febrero de 1 848 cuando se 
anunció el próximo arribo al Plata, de una nueva misión di* 
plomática, encomendada á los comisionados regios de Ingla- 
terra y Francia los señores Gore y Gros, al mismo tiempo que 
la sociedad de Montevideo era sorprendida con la noticia del 
asesinato del Dr. D. Florencio Várela redactor "principal del dia- 
rio titulado El Comercio del Plata. 

La propaganda política que desde mucho tiempo venia ha- 
Breve Pontificio que inviste al Reverendísimo Sr. Provicario D. Loren- 
zo A. Fernandez, con la alta dignidad de Vicario A|K)stólico, en reem- 
plazo del fmado Dr. D. Dámaso A. Larrañaga. En consecuencia, pubii- 
quese el presente Decreto con el Oficio del Encargada de la Nunciatura 
y el de la pre^ntacion, devolviéndose los orijinalesal interesado. 

Rúbrica de S. Bw 

Herrera t Obes. 

Basada en otras consideraciones fundó su decreto el General Oriba* y 
es el siguiente : 

¡ VIVAN LOS DRPEIISORISM LIS LETI8 I 
I MUERAN LOS SALVAJES UmTARIOS ! 

Ministerio de Gobierno — Cuartel General en el Cerríto de la Victoria, 
Octubre 16 de 1848 — Considerando los crecidos males que trae al Esta- 
do y á la Religión la orfandad en que se encuentra la Iglesia Nacional 
por la moartftde su prelada y Goberaador Edesiástíoo ei Vicario Apos- 
tólico D. Dámaflo A. Larrañaga : 



DB Lift repdbli(;ís pbl puta 493 

dendo el seoor Várela, y los importantes trabajos obtenidos 
<^n el concurso poderoso del Sr. Thiers cuya voluntad supo 
propiciarse, haciéndole tomar una parte activa en la cuestión del 
Rio de la Plata, habían constituido á Várela en el primer paladín 
del partido unitario. 

Envista de estos antecedente^, un grito unánime se alzó 
desde el momento de su muerte para designar á los Generales 
Rosas y Oribe, como autores de ella. 

Para ayudar á formular tal juicio, empezaron á producirse 
casi inmediatamente sucesos que pasaron á registrarse en do- 
-cumentos de carácter jurídico, los que nos iremos ocupando en 
presentar. 

Según el General Rosas, y el mismo General Oribe, el señor 
Várela venia á ser un obstáculo para la terminación de las ne- 
gociaciones suspendidas por la partida de los señores Howden 
yWalewski, aunque todo concurría á autorizar un juicio con- 
trario, desde que los nuevos plenipotenciarios venían al Plata 
bajo los auspicios mas favorables á la causa de los señores Ro- 

Considerando quo no hay en la actual organización do la ger^rquia 
eclesiástica nacional, autoridad ninguna á ella perteneciente que pueda 
evitar los graves inconvenientes anexos á su estado presente de ace- 
falía: 

Considerando que, en este caso extraordinario, es del deber de la Su- 
prema Potestad Civil, en virtud de su alto Patronato y de la necesidad 
^e atender á los grandes intereses públicos de que está encargada, ha- 
cer cuanto esté de su parte para proveer de algún remedio á tan perni- 
ciosa situación : 

Considerando, por último, el bien que á este propósito debe resultar 
del nombramiento de una Autoridad eclesiástica Superior, q^ue, hasta 
donde lo permitan los Cánones y Leyes Civiles de la materia, pueda 
■contribuir á atigar esos males, el Poder ejecutivo de la República ha 
•acordado y decreta : 

Art. l^ Queda nombrado Provisor Eclesiástico el Cura Párroco de la 
Villa de Rocha D. Manuel Rivero. 

Art. 2*. Comuniqúese á quienes corresponda y publiquese. 

ORIBE. 
BsaiuBiK) P. Bmo. 

Este decreto juiciosamente considerado al introducir una novedad de 
^x>nsecu6ncia, venia á sembrar dificultades peligrosas en la Iglesia de la 



194 HISTORIA POLÍTICA Y XILITAR 

sas y Oribe, tomando por base la negociación Hood, continuada 
por Lord Howden, y aprobada últimamente por los Gobiernos 
de Inglaterra y Francia. 

Y esta convicción parece presentarse en las primeras líneas 
de una carta dirigida al General Oribe por el señor Rosas, con 
motivo de la próxima llegada de los plenipotenciarios Oore y 
Gros, la que creemos de interés dar á luz. 

COPIA 

Muy rose r\' acia 
Exmo. Sr. General D. Manuel Oribe etc. 

Buenos Aires, Fehroro 11 de 1848. 

Señor General y amigo: 

Por avisos directos y de buen origen, procedentes de Lon- 
dres, tenia conocimiento de que debían partir en Misión al Rio 
de la Plata, los nuevos plenipotenciarios Gore y Gros, misión, 
que como Vd. sabe se presenta bajo los mejores auspicios, pa- 

• 

República. Prosciiulieinlo do la mas o iulmiíis loíraliíJad que pudiera re- 
presentar (il General Oribe, r en consecuencia, de los derechos que pu- 
dieran asistirlo nara formular su decreto, este debia ser desdo luego 
muy justaniento considerado defectuoso, por que en ninf,^uncaso abso- 
lutamente, puede la potestad secular (trear Vicarios do la Iglesia, violan- 
do los principios fundamentales del caso, por demás conocidos. 

Kl (¡eníTal Oribe sin embar;2:o procedió conociendo que carecía do fa- 
cultíídn^, il:'Síle <iue al morir el Sr. Larrafiaí¿:a, s.> dirigió al Nuncio Apos- 
tólico (MI Rio Janeiro, pí)stulau(io un re(?m{»lazante — el nombrado. 

Kl AinKio, sin entrar á desconocer derechos de uno y otro gobierno, 
s«^ guií» en su proceder transitorio, por los antecedentes, y encontran- 
do en el Sr. Fernandez, el provisor indica<io por el mismo* señor Larra- 
naga, l^» nombró interinamente sometiendo no obstante á la dehbera- 
cion de la Santa Sede, las propu(iSt¿is í[ue le habian sido presentadas. 

Kn t:uanto á los términos (iuí? viste el decreto del nombramiento he- 
cho porol General Oribe, faltaban completamente en su base, empe- 
zando |ior examinar con qu»'} derecho nombrarla el {)oder temporal un 
vicario [)ara la iglesia, ni (|ué Cánones ni leyes civiles podian conciliarso 
con el considerando á que aludimos, desdo que un provisoriato no ha 
sido nunca un cmnleo con facultades y funciones fijas y establecidas, y 
los vicarios generales foráneos, no son otra cosa, que representantes de 
los obispos, con funciones y facultades determinadas. 



íi 



DE LAS REPÜBUCÁS DEL PLATA 193 

ra la sagrada causa de estas Repúblicas, tan digaameDte sos- 
tenida por Yd. en esa. 

El Barón de Gros, comisario regio por parte de la Francia, 
ha debido salir del puerto de Tolón el 2 del corriente en un va- 
por de guerra, y casi en la misma fecha de los puertos de In- 
glaterra, el Sr. Gore, comisario Británico. 

Ahora me avisan del Janeiro, la llegada de aquellos señores 
ala corte Imperial, con pocos dias de intervalo, y que deben 
ponerse sin demora en camino para el Plata, á mediados de Mar- 
zo próximo, con el fin de ratificar en absoluto las estipulaciones 
Hood y Howden, con las modificaciones introducidas por el Go- 
bierno Argentino, que ya son del dominio de usted. 

Este golpe para los salvajes perversos unitarios, encerrados 
en Montevideo, entre los que se halla como agitador en prime- 
ra línea, el malvado salvaje unitario desembrista Florencio Vá- 
rela, tiene, como Vd. lo comprende, que producir en ellos un 
efecto fatal, y es muy posible que pongan en juego, todas las 
maquiavélicas intrigas de que se han valido hasta hoy, para de- 
tener el triunfo de las armas que sostienen la justa causa de la 
Confederación y de la América manchada mil veces por estos 
seides déla anarquía, siendo el mas perverso de todos, el refe- 
rido salvaje unitario Florencio Várela, asesino principal del 
ilustre Exmo. Sr. D. Manuel Dorrego. 

Los males que este malvado acarreó primero al pueblo Ar- 
gentino, que ha enlutado contribuyendo á ensangrentar su his- 
toria en la persona de la mencioaada ilustre víctima, y los que 
ha causado en general á las Repúblicas Americanas, desde las 
columnas del pestífero pasquín que escribe, y los que finalmen- 
te puede causar aun, á la llegada de los plenipotenciarios Gore 
y Gros, en los que debe fundarse en la seguridad de un desenla- 
ce tan justo como favorable, aconsejan la adopción de medidas 
tales, y tan eficaces, que inutilícenla perniciosa acción de este 
malvado, y estas medidas se hacen tanto mas urgentes, dósde 



196 BISTOMA PdLfnCÁ T MAlTAft 

qne se trata de los intereses y el pbrrenir de dos paeblos 
hermanos, cuyo largo sufrimiento no se debe, sino á las infa- 
mes maquinaciones del bando perverso salvaje «nitarío, que 
este hombre, y otros no menos funestos de su logia, pnsieroa 
enjuego para anarquizarlos, empezatido por derrocar las insti- 
tuciones, atropeliando la autoridad emanada de la soberanía 
popular, y atentando de un modo injustificable é inaudito, á la 
persona y- la vida del Gefe del Estado, que nada habia hecha 
para merecer tan nefando crimen. 

En este sentido, la cuestión que se presenta entraña para es- 
tas Repúblicas, un interés capital, y creo firmemente que Vd. 
convendrá conmigo, en la necesidad de remover todo obstáculo 
que pudiera hacerlo fracasar— No me detengo á esplicar ni cla- 
sificar los medios porque no conozco aun ni su alcance ni su 
eficacia. 

Tengo entendido que una vez iniciadas las negociaciones los 

* 

plenipotenciarios pasarán á Montevideo ctffb Gobierno como 
Vd. sabe, está hoy completamente sometido á la dirección del 
pérfido salvaje unitario Várela y su circulo— Sin tiempo para 
mas y reservándome ser mas es tenso en primera oportunidad, 
tengo el gusto de ofrecerme como siempre, su afectísimo atento 

s. s. 

Juan Manuel de Rosas. 

Dados los antecedentes políticos del General Rosas, y su 
completa abstención de firmar nada que no fuesen documentos 
pi'iblicos de carácter dado, pues sus principales disposiciones 
políticas, tomaban siempre el carácter indirecto y privado, ha- 
ciéndolas firmar por sus secretarios, edecanes, ó el capitán del 
Puerto ; dados, decíamos, aquellos antecedentes, la carta del 
General Rosas, asume una seria responsabilidad en el drama 
que se desarrolló en seguida en la calle de Misiones. 

No es menos grave el rol jugado por el General Oribe en este 



DE LAS ftEPDBLICAS DEL PJUxA 497 

caso, perd:sin anticipar los acontecimientos que reprodujeron, 
nos limitaremos á darlos á conocer gradualmente, aun cuando 
en la narracioB de estos ténganlos alguna vez que retroceder en 
la investigación de los datos, ó avanzar hasta el fin de este pro- 
ceso, para complemenlarlos. 

Asesinato dol I>x>. I>. Floronoio Varóla 

El 20 de Marzo del año de 1848, á las 7>í de la noche, según 
la prensa de la época, que fué muy parca en datos, salia el Dr. 
Várela de su casa can la intención de detenerse fuera de ella 
muy pocos instantes, diciendo en la oficina de su diario, en el 
momento de salir — üwe/üo en el acto — Casi en seguida del 
Dr. Várela salió un operario, 6 empleado en la imprenta, y al 
cerrar la puerta quedó el picaporte montado — Várela volvia un 
cuarto de hora después, y llamaba á la misma puerta. Simul- 
táneamente con el golpe del llamador se oyeron dos quejidos — 
Uno de los individuos que se hallaba en el interior salió á la 
puerta y vio que una persona atravesaba la calle. Era el Dr. Vá- 
rela, que yacilando sobre sus pies, cayó sin vida contra una 
puerta frente á su casa. La puerta se abrió al golpe ocasionado 
por el cuerpo, y un hermano de Várela, le recojió en sus brazos 
en los que exhaló el último suspiro. 

Un gran golpe de puñal le habia sido inferido en la parte su- 
perior de la espalda, saliendo la punta del puñal por el centro 
de la garganta. El matador tenia el brazo robusto, y el alma 
connaturalizada con el crimen. 

A las 2 de la tarde del siguiente dia, no se habia dado con el 
asesino, á pesar de toda la actividad desplegada por la policía. 

La herida que habia atravesado el pecho del Dr. Várela, tenia 
en su parte posterior cinco pulgadas de estension, tomando ana 
dirección oblicua de abajo arriba, correspondiendo á la que se 
notaba en la parte anterior y un poco lateral del cuello en el la- 
do derecho, de diámetro de una pulgada, colocada precisamen- 






198 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

te, en un paraje en que se encuentra la arteria carótida, y la ve- 
na ytt^jular. 

El instrumento que produjo la herida, fué un puñal cuya ho- 
ja era semejante á la de una espada — Várela fué herido por la 
espalda, en el momento de levantar el brazo izquierdo para lla- 
mar. Su rostro después de muerto, manifestaba la sorpresa, pe- 
ro su fisonomía no se descompuso por efecto de las extorsiones 
del dolor. La muerte fué casi instantánea. 

Várela fué muerto por un español, nacido en las Islas Cana- 
rias, llamado Andrés Cabrera, de oficio pescador, y que se ocu- 
paba en viajes del campo sitiador á la plaza, por mar. 

En la misma noche del 20, y en el acto de cometer el asesinato, 
siguió á paso lento la calle de Misiones, hasta el paraje conocido 
por la Peña del Bagre donde le esperaba una barca. 

En su camino encontró mucha gente que corria y celadores y 
soldados, muchos de los cuales le buscaban, ó buscaban al ase- 
sino sin conocerle— Cabrera no alteró su marcha, ni se denun- 
ció por ningún acto de temor ; pero al llegar á la embarcación 
que le esperaba, y después de estar ya en su interior, cayó re- 
pentinamente desmayado, á términos de dificultar por un mo- 
mento la maniobra de los tripulantes de la lancha para zafar 
de la costa. La embarcación se dirigió al campo enemigo y 
atracó en el muelle de Lafone, donde desembarcó Cabrera alas 
1 2 de la noche, dirigiéndose á la casa de un sargento Antonino, 
que servia con D. Francisco Oribe, y que tenia su residencia en 
el Paso del Molino, á la que llegaron acompañando á Cabrera el 
mismo Antonino y otro individuo de los tripulantes del bote. 
Una vez en el interior de la casa, Cabrera refirió á la familia del 
sargento, los episodios de su empresa, diciendo que al fin ha- 
bía logrado su intento matando á Várela : que le había dado una 
pms\^d^ ala gallega; tales eran las ganas que le tenia por 
lo que le hdbia hecho caminar, que le habian dado 5,000 pe- 
sos por la refmda puñalada, y un terreno con algún ganado 
en las Piedras. 




BE LAS REPÜBLIGAS DEL PLATA 199 

D. Florencio Várela fué herido en la calle de Misiones, puerta 
número 90, y cayó sin vida á treinta pasos de distancia, en la 
puerta número 91 . La noche era de luna ; el crimen se come- 
tió á sesenta varas de la calle 23 de Mayo (antes del Portón, 
conocida también por su primitivo nombre de San Pedro) y sin 
embargo, el asesino desapareció sin ser visto. 

Inmediatamente acudieron facultativos, pero ya estaba muer- 
to. La herida, cuya dirección como se ha dicho, era de abajo 
arriba, y el rastro de la sangre que quedó en lo alto de la mo- 
. cheta de la puerta, indicaron que la persona que le hirió era de 
baja estatura. 

A las diez de esa misma noche, llegó la noticia del crimen al 
campo sitiador, y á Buenos Aires, antes de las cuarenta y ocho 
horas. 

La muerte del señor Várela fué un asesinato político denun- 
ciado desde el principio por la opinión pública. La venida al 
Plata del Barón de Gros, con quien era necesario á ciertos fines 
políticos, que no comunicase, ocasionó su muerte. 
^ Respecto de este hecho ^a^mjpfínn^ algiinofí fHinlftü de p^íp 1 
\ céíebré procesff': " 

<< P8r todas partes, por todos conductos, en la vasta corres- 
pondencia que mantenian en aquella época las familias del cam- 
po enemigo y de la plaza, llegaba á esta la confirmación de lo 
que se acaba de leer: — el asesino era Andrés Cabrera, y la mis- 
ma noche del dia20, á las diez, se encontraba en el campo ene- 
migo y en el cuartel general de Oribe : refiriendo ademas los 
pormenores del suceso, que Cabrera comunicaba á todos cuan- 
tos le hablaban de él. Pero ya en esta parle de la obra pasaremos 
íi relaciones de un carácter jurídico. 

« El 6 de Abril se presentíirpn á la plaza dos j$yene§, en CAÜ- 
dad ^e^ scapacíqs'del campo enemigo y conducidos al Ministerio \^í'^ 
de la Guerra para prestar aljí algunas decTaracioñes sobre las 
causas íle sií veniáa etc., y preguntados sucesivamente sobre -. ^ "^ 



•■íí*r.*'* ■■■^."•t í*"'**' 






V. 









^^: ^ / 



Qi^^Ar^ .:^ V^í> \ "*/ V" ^ . ^^i 










N 



200 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

qué sabian, ó habían oido decir, de nn asesinato cometido en 
esta plaza, uno de ellos contesta : — « Qne habia oido hablar de 
nn asesinato cometido en la persona de un señor Várela ; que se 
nombraba aun tal Cabrera como el asesino ; que habia Tisto á 
ese Cabrera en el cuartel general : que lo hal)ÍA^YÍsíai¡fl^flit9- 
mentos en que mostraba el cuchillo con que habia coinetido el 
crimen, á las personas que lo rodeaban, las cuales se ponian 
alegres y festejaban el suceso ; quigharla apenas seis dias que 
Jiabja yflídlaÍJíer.,4., C paseando los campamentos, ha- 

blando de su crimen y enseñando el cuchillo : que lo había visto 
con gorra de oficial ; que corría que Oribe lo había hecho capi- 
tán ; y el declarante dio ademas algunos detalles de la persona 
de Cabrera. )> 

4( El que daba esta declaración está en una edad de la vida en 
que no hay en el hombre bastante corrupción ni bastante coraje 
para mentir delante de las autoridades : — tjene deséanos. 

El otro joven, preguntado sobre el mismo asunto, nombró 
también á Cabrera, como el hombre á quien en el campo ene- 
migo se designaba por el asesino del señor Várela, y agregó que: 
<( A todos presentaba el cuchillo con que lo habia muerto ; que 
se repetía que Oribe le habia regalado onzas de oro, dándole 
además el grado de oficial, y^ 

«Posteriormente llega á la plaza una mujer del campo ene- 
migo. Llamada ante elMinisterio de la Guerra, entre otras íle^ 
claraciones espuso: — « Que la noche del 20 de Marzo á las 
doce de la noche, llegó un hombre llamado Andrés Cabrera, á 
la casa del sargento Antoníno, que sirve á las órdenes de D. 
Francisco Oribe, y que Cabrera contó allí á la familia que habia 
logrado matar á Várela ; que por mil pesos se mataba á cual- 
quiera ; que se había embarcado por la Peña del Bagre. » La 
mujer continuanda su declaración, dice : — Que un rato des- 
pués llegó i lo de Antonino un Ayudante del Cuartel Creneral de 
Oribe j lo llevó á presencia de éste. » 



DE LIS RIPÚfiUCAS ML PLATA 

« Ei día 8 de Jimio, el canutan D. Maimel Garaza, recibe orden 
del sc^uor coronet Tajes, eDtonces Jefe Politíco en MonteTÍdeo, 
de aprehender cierto!^ indÍTÍduos, que habiaii llegado del cam* 
po, enemigo, sobre los cuales habia sospechas de complicidad 
en el suceso del 20 de Uarzo, segon los avisos que recibió la 
Policia. 

« El capitán Caraza, acompañado de ^u hermano el teniente 
Caraza, de un Comisario de Policía j dedlgunos soldados, dá esa 
misma noche cumpliBiiento á su comisioxL 

« Se transporta á hordo del pailebot Joven Petroiía donde 
debiande hallarse los individuos indicados. Encuentra en él dos 
hombres y un niüo. Uno de ellos se pavoriza á la presencia de 
policia. El capitán Caraza quiere aprovecharse de esta situa- 
ción de ánimo, y lo llama súbitamente : «Asesino del Dr. Váre- 
la. » Aterrado aquel hombre, dice : — « Que nó, que no es él ; 
que él se UarnaAntonioSuarez; que los asesinos del Dr. Várela^ 
fueron su hermano Federico Suarez y Andrés Cabrera ; que este 
último fué quien ejecutó el crimen ; que en la vereda en frente 
de aquella en que se dio la puñalada, estaba su hermano Federi- 
co para ayudar á Cabrera en caso que necesitase ; que él los es- 
taba esperando en un bote ; que en él estuvo hasta que llegaron ; 
que Oribe, según se le habla dicho, habia dado á Cabrera, cinco 
mil pesos y un terreno con ganado en las Piedras. y> 

« El capitán Caraza, consigna esta relación en ei parte dado 
al Jefe Político en el siguiente dia 9 de Junio, remitiendo al De- 
partamento los individuos aprehendidos en la noche anterior y 
en la mañana de ese dia. 

Entonces el Jefe Politico, con fecha del mismo dia 9, decreta 
la información competente, y comienza un s umario q ue to nfem os 
¿Jav^sta, no menos célebre^l' til leuillSlOo que lia tenido que 
por las abundantes revelaciones que contiene. 

Fijemos primero todo lo que presenta á Cabrera como ejecu- 
tor del asesinato, asociado á Federico Suarez para cometerlo. 





202 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

«Eq la informacioD levantada por la Policía sobre los apre- 
hendidos el 8 y 9de Julio, la primera declaración que figura, es 
la del patrón del pailebot Jór^n Petrona. En ella se halla, que 
estando el declarante en el Buceo y conversando con uno 'de sus 
marineros, cuyo nombre cita, sobre las cantidades de dinero 
que perdia en el juego Andrés Cabrera, su marinero le dijo que: 
— « Ese dinero lo habia obtenido Cabrera como precio de la pu- 
ñalada que le había dado á Várela. » 

Otro de los individuos detenidos en la Policía, llamado Juan 
Silva, natural de Portugal, de ejercicio pescador, y casado con 
una hermana de Federico Antonio Suarez, dice lo que testuai- 
mente copiamos : — « Que quince dias después del suceso, oyó 
decir con generalidad sin poder determinar personas, que : su 
cunado Federico Suarez habia sido compañero de Cabrera ( \ ) 
en el asesinato del doctor Várela, lo que creyó el daciaraata, 
porque desde la primera noche en que tuvo lugar la muerte del 
doctor, ya la Policía perseguía á Cabrera como autor de esa 
muerte, y ya Cabrera habia desaparecido ; y como su cuñado 
Federico era inseparable de Cabrera, y tampoco se volviese á 
ver mas desde aquella noche, el declarante dedujo que habían 
de ser cómplices en ese crimen. Que eran inseparables desde 
mucho tiempo ; que los dos vivian juntos en el campo enemi- 
go; que juntos paseaban, que juntos comían y dormían. Que 
en el tiempo anterior á la muerte del doctor Várela, anduvieron 
juntos en esta ciudad ; que Cabrera tenía entonces patacones 
que gastar, y que gastaba en efecto, acompañándolo Federico en 
todas sus voraceadas. » 

« El niño tomado á bordo del pailebot Joven Petrona en la 
noche del 8 de Junio, declara haber oído decir abordo, que An- 
drés Cabrera y Federico Suarez « fugaron juntos de Montevideo 
por haber hecho juntos una muerte. » 

( 1 ] Cabrera era primo hermano -do los Suarez. y todes ellos naturales 
de las islas Canarias. 



DE LAS REPUBLiaS DEL PLATA 



203 



« Una testigo, citada por otra cuya declaración es poco impor- 
tante, dice : « Que algunos días antes de ejecutar el crimen, veia 
ella que Andrés Cabrera pasaba con frecuencia por su calle, 
notando que unas veces vestía poncho y chiripá á la porteña; 
otras pantalón y poncho diferente ; á veces con gorra punzó, á 
veces con gorra azul, y algunas ocasiones con sombrero ; en una 
palabra, variando siempre de traje. » Y respecto á la ejecución 
del crimen, declara haber oído decir : « Q\xe Federico Suarez y 
un tal José Manuel estaban en una buceta en el Cubo, mientras 
que Andrés Cabrera vino á matar al Dr. Várela ; que perpetrado 
el crimen, Andrés Cabrera fué á embarcarse en la buceta para 
pasar al campo enemigo ; que llegó á ella asustado y llorando, y 
tan asustado que José Manuel tuvo que cargarlo y meterlo en el 
bote. » 

« Otro ' testigo declara «que desde hace algún tiempo An- 
drés Cabrera llevó á su familia al campo enemigo ; que des- 
pués vio que él y su amigo y primo Federico Suarez iban y ve- 
nían al campo enemigo con frecuencia, siempre con dinero y 
sin que se supiese de donde lo sacaban. » Refiere que en la tar- 
de del 20 de Marzo los halló juntos. Continuando sus declara- 
cio^nes dice, haber oído después á todos los que venían del .tí|»ivi\í^ 
campo enemigo y conversaban en las pulperías, «que Cabrera 
estaba bien en el campo enemigo ; que Oribe le había dado una 
chacra ^^gj?cesfiataba. xan jEgifruelas de^p apero.^» ., , 

« Poco mas ó menos como lo que se acaba de leer, se encuen- 
tra en todas las declaraciones de los once individuos que entre 
presos y testigos componen el número de los que figuran en la 
sumaria. Pero váse á ver lo que forma el complemento de to- 
das ellas y lo que estingue la última sombra que pudiese quedar 
en la conciencia mas escrupulosa, que quisiera abstenerse de 
dar su fallo en este asunto. 

« Antonio Suarez, hermano de Federico Suarez y primo de 
Andrés Cabrera, que confesó en presencia de los oficiales Ca- 



20i HISTORIA POEPnCA T MILITAR 

raza, de na Comisario de Polreta t los saldados que h> aeompa- 
ñaban, haber esperado á lo9 asesinos H»eiilras iban i ejecatar 
el crimen , para conducirlos al campo enemigo, declara : — 
« Que su hermano Federico Suarez es uno de les que concur- 
rieron con Andrés Cabrera al asesinato del doctor Tárela ; que 
en una noche, cnya fiecha no recuerda, fueron llamados en el 
Buceo á la Capitanía del Puerto, los individuos José Manuel el 
Burro, Pedro Rubín y Federico Suarez ; que reunidos allí, pre- 
sente Andrés Cabrera, eí Capitán del Puerto ( ♦ ) ordenó i les 
tres primeros, montaran un bote de Domingo Moreira j reci- 
biesen á bordo de éf á Andrés Cabrera ; que lo condujesen al 
Baño de los Padres, dónde debia saltar en tierra ; que allí se 
esperasen hasta que Toliríese Cabrera, y después hiciesen lo 
que este les mandara : que obedecieron en efecto, y llegados al 
Baño de los Padres desembarcó Cabrera. Que al cabo de un 
rato volvió diciendo que había muerto á Várela y entonces se 
hicieron á la vela y fueron á encallar por la Playa de la Aguada, 
de donde alzaron el bote en carretas. » . . . . 

« Los días anteriores al 20 de Marzo habían sido de grande 
agitación para los habitantes de Montevideo. Por momentos eran 
esperados los nuevos agentes que la Inglatt3rra y la Francia en- 
viaban para poner término á la desgraciada situación de estos 
países. 

€ Los compromisos políticos de Vareta, y la suerte de su lar- 
ga familia, íntimamente ligada al resultado de la negociación 
que iba á entablarse, habían acumuhdo en esos días s(íbre su 
espíritu, sombríos presentimientos ó temores, que le habían 
puesto en un estado de desaliento é inquietud, que nunca le 
conocimos antes en las mas espinosas situaciones. 

« Puede ser una preocupación ; pero nosotros creemos en los 
presentimientos fatales. A eso atribuimos el abatimiento de 



( 1 ) Ignacio Soria — primo hermano de Oribe. 



f 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLAtTA 205 

Várela en los días que precedieroa á su .muerte, y la desazón en 
•que le tenían las dificultades domésticas que le rodeaban en se- 
mejante crisis. 

« Al fiUi el 20 de Marzo los Coiaisaríos regios, llegados á esta 
rada, debian empezar el desempeño de su misión. La proxi- 
míchad de un desenlacen, la posición neta en que finalmente iban 
á colocarse los sucesos, operaron una reacción sobre el espíritu 
de Várela, inclinado por naturaleza á afrontar con serenidad 
toda clase de embates. Pocas veces le hemos visto tan alegre, 
tan dispuesto, como en aquel funesto dia. 

« Concluido el trabajo del diario que debia aparecer el 21 , se 
dispuso, ya de noche, á hacer una visita; — y para que tenga- 
mos nuevos motivos para creer en presentimienjtos — su seño- 
ra le rogó que no saliera, diciéndole que era tarde; pero en rea- 
lidad, porque no le gustaba que saliese de noche á la calle. 

« Debemos advertir que, por varios conductos, hablan llega- 
do á oidos de Várela indicaciones que debieron hacerle vivir 
con cautela ; pero él, tranquilo en su conciencia, despreciaba 
altamente esos avisos, y los miraba como sombras que solo 
podian tener cabida en cabezas pusilánimes. 

« Aquella noche, no hizo caso de los temores de su Justa 
amada ; procuró distraerla, hablándola de cosas alegres y con- 
cluyó— este hijo ejemplar 1— recordando á su esposa que el 
dia 25 era el cumple años de su madre y que era preciso que 
no olvidase los regalitos que los nietos debian llevar aquel dia 
á la abuela. Este piadoso pensamiento fué la última recomen- 
dación que debia hacer á la tierna compañera de su vida, á 
quien vio en aquel momento por última vez. 

« X^^i?jaJ5^1 J.iw«a áesftuesi su, sefiam salió tmhm á 

ocuparse euja compra dalos objetos con que debia festejarsq el 
4iaSÍp. \ 

4c Al volver la señora á casa, vi6 en la acera de enfrente, un 
hombre que le pareció sospechoso — nada mas que por presen- 



206 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

timiento. Entró aprevenir de esto á su marido, pero aun no 
había vuelto ; y apenas subió, se acercó á los postigos del bal- 
cón para observar á aquel hombre que la tenia inquieta. La luz 
de la habitación en que estaba, la impidió distinguir nada en lo 
esterior. 

« Várela regresó de su visita, muy contento. Halló en su es- 
critorio algunos amigos, y sin necesidad ninguna, — tal vez por 
el solo deseo de hacer un servicio, tal vez porque así lo queria 
esa suerte en quien él no creía — volvió á salir, diciendo á sus 
amigos que volvería en el acto. Su objeto era dar al Sr. Mac 
Lean una contestación relativa á un asunto judicial que este le 
íiaBíaencomendado. Salió acompañado de un amigo. 

« En esos momentos, uno de sus hermanos se ausentó tam- 
bién de la casa por diez mTnulos *; Tiajó la calle hacia el muelle 
y regresó por el lado opuesto. En su tránsito en toda la cuadra 
nada vio que le llamase la atención ; solo recuerda que la. calle 
estaba muy sola, tal vez porque la gente habría afluido á la del 
2o de Mayo, por donde á la sazón pasaba un batallón que mar- 
chaba á embarcarse. Al entrar en casa salian dos de los opera- 

' rios de la imprenta, y estos cerraron la puerta, que aquel halló 

í abierta al entrar. 

i; 

« Entretanto Várela volvía á su casa por la calle del 25 de Ma- 
vo ; cerca de la Sala de Residentes habló un momento con un 
jefe de marina extranjero ; en la cuadra siguiente se detuvo 
otro instante con el señor Ministro de Hacienda. Enseguida 
continuó solo. 

« Tres minutos, á lo mas, haría que el hermano, de que se 
ha hecho mención, habia entrado al escritorio, que dá á la calle 
cuando las cuatro personas que estaban un él oyeron tres gol- 
pes á la puerta. 

« E inmediatamente que el último golpe habia sonado, llegó 
á sus üidos un corto ruido de pasos precipitados y dos ayes las- 
limeros de agonía, en los que uno de los presentes reconoció en 



r 



DE LAS REPCBLICAS DEL PLATA 207 

el acto la voz del. infortunado Víbrela. Corrieron á abrir ; nadie 
estaba en la puerta ; pero algo se veía en una de la acera de 

enfrente : allí volaron y encontraron el cadáver de Várela, 

bañado en su propia sangre ! 

«Avista de este cuadro de las desgracias imprevistas de esa 
familia, algunos Argentinos se reúnen, se convienen, se consti- 
tuyen en Comisión, y promueven una suscricion en favor de la 
viuda é hijos de Várela. 

« Este pensamiento encuentra una aceptación general, casi 
podemos decir, entusiasmo : y una cooperación franca y gene- 
rosa, es la respuesta que dan todas las personas, á quienes !a 
Comisión sedirije. 

«La Comisión trabaja con actividad, y luego que cree con- 
cluida su noble empresa, convoca á todos los donantes y álos 
hermanos del Sr. Várela, á una sesión general. 

« En ella manifiesta el pormenor de las cantidades recibidas, 
que son las siguientes, presentadas aquí, no como individual- 
mente fueron obladas, sirio según la suma que resulta en cada 
nacionalidad de los donantes : 

Ingleses <j i,290 640 reis. 

Argentinos » 3,331 320 » 

Españoles » 2,6G6 160 » 

Franceses » 2,220 320 » 

Alemanes » 1,079 

Norte-Americanos » 556 

Orientales » i39 160 » 

Brasileros » 413 

Italianos/ » 166 

Personas no conocidas » 315 480 » 

^ 15,077 480 reís. 

« Un caballero italiano, donó también un documento de cré- 
dito contra el Estado, valor de 2,000 ^ y posteriormente se re- 



208 HIStORU P6UnCA r MILITAR 

cibió de Rio Janeiro, la cantidad de 348,480 rei^, tMnidMeii^ 
tro ocho personas ; tres españoles, caatro ai^entínos f un 
alemán. 

« Pasaron aquellos días de estupor, j en cada otro que trans** 
curria, se hacia mas ardiente el anatema popular, lanzado des* 
de los primeros instantes contra los abominados asesinos ; por 
que ese pronunciamiento que en aquella noche desgraciada so- 
lo fué, puede decirse, la espresion de un sentimiento instintivo, 
iba tomándose dia á dia en una convicción profundamente re- 
flexiva. Mientras mas se analizaba este negro acaecimiento, 
mientras mas se traian á cuenta los antecedentes, mientras, 
mas se ligaban sus circunstancias, mas se robustecian las pri- 
meras creencias : y por si algo faltase aun para completarlas, 
la Providencia quiso deparar ocasiones de las que brotasen 
pruebas de otro género. 

« A las once de la noche del dia 20 de Marzo, es decir, tres 
horas después de haberse ejecutado j^L asesinato, los puestos 
avanzados de Oribe sobre las lineas de la plaza, recibieron 
v todos oficialmente la noticia del acontecimiento, y en el silencio 
I de la noche sus soldados victoreaban la muerte del Sr. Várela, 
:¡; y decian á gritos á los soldados de la plaza que : les mandasen 
-^l Comercio del siguiente dia. » 

Hasta aquí solo resultaban congeturas, y hasta indicios ve- 
hementes sobre el origen del crimen. 

Veremos muy pronto de qué modo las circunstancias pusie- 
ron al asesino en manos de la justicia, y lo que resultó de las 
investigaciones practicadas por esta. 
/ El 21 de Mayo finalmente á las diez de la mañana, un hombre 
? llegaba á la Villa de la Ünion, bajaba de su caballo, y entraba 
I en la pulpería de Manuel Grande, portugués conocido por este 
nombre, y cuya casa de comestibles y bebidas estaba situada en 
el estremo de la calle riBal de aquella Villa. Este hombre era Ca- 
brera. Pidió alguna bebida que tomó, y ensenó álos concurren- 



'Á 



/ 




BS UB 1SF0M.ICAS DA PUTA 



309 



este cuchillo maté nnoehe al iaÍM9fr faítbu. El aiidor de esta 
obra vivía frente á la casa de Mantid 4}rand$i y se preparaba a 
marcnar á su servicio cnando al tiempo d^ lOiQQtar á caballo 
vino su asistente a darle cuenta de lo ^e pasaba* 

En e! acto Sé trasladó á la pulpería, y íüvo ocasión de cono- 
cer á Cabrera. Era este hombre en esa época, joven como de 
86 á 28 años; de mediana talla, cuerpo bien formado, sin ser 
grueso; color atezado id aire del mar, ojos verdosos, facdones 
regulares; pelo rubio largo y rizado — ^^Yestia un poncho imita* 
cion de vicuña, un pantalón piel de cabra, á cuadros plomo y 
negro; un paltó, ó chapona de paño, y llevaba un sombrero de 
paño ordinario, bajo, pero de copa armada, y color plomo os- 
curo. 

Este era Andrés Cabrera. 

Tales fueron los primeros datos sobre la muerte de Várela. 

Entre tanto analicensa algunas causas que á nuestro juicio 
concurrieron poderosamente al fin de este hombre, prescin- 
diendo de las ya conocidas hasta aquí. 

De notoriedad son los resultados que la misión Walewski y 
Howden produjo en los beligerantes del Plata, en cuya emer- 
gencia hizo Várela esfuerzos inauditos para encaminar favora- 
blemente al Gobierno de Montevideo, y sobre todo contra el 
General Rosas, la opinión de los plenipotenciarios, logrando 
propiciarse la de Walewski á términos de disentir este, com- 
pletamente con su colega, siguiendo la ruta de los señores Ou- 
seley y Defaudis. Y cuando estos esfuerzos se estrellaron en la 
resolución del señor Howden, el doctor Várela acompañó al 
plenipotenciario inglés al ausentarse del Rio do la Plata, con 
una publicación de tal carácter, que no podia. menos que llamar 
la atención de los Generales Rosas y Oribe, tanto mas cuanto 
ella no era mas que un apéndice á la cuestión sostenida, con el 
innegable talento de Várela, cuestión en la que se habían for- 



^ 



14 



210 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

mulado tremendas acusaciones contra estos Generales, mas ó 
menos autorizadas con documentos públicos. 
Esta es la carta del doctor Várela : 

.4/ muy honorable Lord Hovcden, ministro plenipotenciario de 
S. M. B. en la Corte de Rio Janeiro. 

Milord : 

La inmediata salida para ese destino del trasporte brasilero 
Pavuíia me proporciona la primera oportunidad que esperaba 
de tener el honor de dirigiros esta carta, en cumplimiento de lo 
que considero un deber. 

Por muy diferente que sea el modo como habéis mirado la 
cuestión política del Rio de la Plata, y el modo en que yo la miro 
y la comprendo, puedo aseguraros, Milord, que esa diferencia 
no ha alterado en lo mínimo la opinión que siempre tuve déla 
independencia de vuestro carácter y de la rectitud de vuestras 
intenciones. Jamás he creido, que, conociendo la verdad, pu- 
dierais prestaros, por género ninguno de consideraciones, á 
dar deliberadamente á la injusticia, 6 al delito, la poderosa san- 
ción moral que la opinión de un hombre de vuestro rango y en 
vuestra posición, puede dar á cualquier hecho ó á cualquier 
causa. He deplorado sinceramente vuestros errores ; pero he 
respetado el fondo de honor y de buena fé que os arrastró á co- 
meterlo. 

A esas cualidades me dirijo á esa. Si no contara con ellas — 
con vuestra buena fé, con vuestro honor — no perdería tiempo 
en escribiros. Convencido de que obrabais en el sentido de la 
verdad, de la justicia y de los intereses de vuestro país, habéis 
favorecido inmensamente la causa de la dictadura personal, in- 
moral y sangrienta de D. Juan .Manuel Rosas. Si hechos de cuya 
verdad no podáis dudar, os convencen de que este hombre no 
merece el apoyo, la estimación, las consideraciones siquiera de 
un caballero de honor ; de que es, por el contrario, digno de 



( 



DE LAS BEPÜBLICAS DEL. PLATA 211 

la reprobación severa de todos los buenos, no me es permitido 
dudar deque le retirareis, Milord, el apoyo moral que le habéis 
dado : mas todavía, de que os apresurareis á reparar, en cuan- 
to posible sea, el mal que vuestras primeras opiniones han 
causado. 

Entiendo, Milord, que obrar así, es honor vuestro. Debo agre- 
gar que seria igualmente interés mió — por la causa política á 
que estoy deliberadamente ligado ; y, si me permitís alegar 
motivo tan pequeño, también individualmente por mí. Eso os 
esplicala libertad que me tomo de distraer ahora vuestra aten- 
ción. 

Sois militar, conocéis la alianza estrecha de la generosidad 
con el valor en los caracteres elevados y nobles ; habéis de- 
sempeñado en Europa una misión cuyo objeto era, en parte, 
mitigar la sevicia cruel de la guerra del Norte en España ; sa- 
béis derramar, con la espada, la sangre del enemigo que tenéis 
al frente, sabéis esponer también la vuestra; pero tenéis horror 
de ver derramar, por el cuchillo, la del enemigo que está pri- 
sionero, desarmado , y cuya garganta se corta sin riesgo. En 
una palabra, Milord : sabéis medir la honda sima que separa 
la noble profesión del guerrero y el vilísimo oficio del verdugo. 
Cualquiera que ejerza este último, usurpando el nombre y el 
uniforme del primero, no puede menos de escitar vuestro des- 
precio, vuestra indignación. . • 

Pues esa es precisamente la conducta sistemada, y erijida en 
principio, de D. Juan Manuel Rosas, y de cuantos mandan sus 
ejércitos. Mil veces lo habéis oido decir : no lo creíais; juzga- 
bais que eran embustes de enemigos sin escrúpulo : por eso es 
que me tomo hoy la libertad de presentaros la prueba irrecusa- 
ble de esa verdad. 

Al mismo tiempo que esta carta, recibiréis, Milord, el núme- 
ro 727i déla Gaceta oficial de D. Juan Manuel Rosas, fecha 4 
del corriente, que tengo el honor de remitiros por la estafeta. 



349 HISTORIA POLÍTICA T MIUTAA 

En ella veréis todos los partes oficiales relativos á la batalla (Iq 
27 de Noviembre del aao pasado, que acaba de decidir ckla 
suerte de Corrientes. Leed sus pormenores : en vano buscareis 
el número de los heridos correntinos. Urquiza tuvo en su ^ér* 
cito tres veces mas heridos que muertos, cosa que el corond 
Cradock sabe bien que sucede generalmente : los correntinos 
no tuvieron ni un solo herido. Los muertos de Urquiza fueron 
veinte ; los de su enemigo, setecientos I ! La esplicacion es una 
sola : el cuchillo del asesino penetra siempre hasta las fuentes 
de la vida. ¿Dudáis, Milord, de esta esplicacion que horroriza? 
Rosas no es persona que deje el consuelo de la duda. Esa mis- 
ma Gaceta oiícial contiene en la pág. 9, una nota firmada por el 
general vencedor Urquiza, en que avisa á Rosas haber fusilado, 
inmediatamente después de pmioneros, k los coroneles don 
Carlos Paz, D. Manuel Saavedra, y D. Cesario Montenegro, y al 
teniente coronel León ; agregando que otros varios jefes han 
sido igualmente fusilados, después de prisioneros, en los 
distritos donde fueron aprehendidos; es decir, asesinados 
por el primero que los tomaba prisioneros en la persecución. 
Al pié de esa nota, hallareis también otra de D. Juan Manuel Ro* 
sas, fechada el 34 de Enero de esle ano, en la que no solo aprue- 
ba plenamente esos asesinatos, sino que dice haberse instriiido 
de ellos con intima complacencia', asi mismo, con esas pala- 
bras. (I) 

Supongo, Milonl, que esos documentos no os permiten ya 
dudar de la horrible verdad. 

Es muy probable que el General Guido, representante del 
gobierno que profesa ese derecho de guerra, y á quien honráis 
con vuestra amistad y confianza, os diga — no por convencí 
miento, sino por lo que él llama deber — que los jefes fusilados 
eran criminales famosos, y que murieron solo en castigo de sus 

(1) Tanto la nota de Urquiza, como la de Rosas, se hallan también 
publicadas en nuestros números del 14 y 15 del corriente. 



I*. ■ 



DI LA9 BEPÜVLICAS Dü PUTA 313 

crímenes. Eso mismo diee Unfióza. No*^ milord ; no creáis en 
cosa semejante : etla agrega al horror del asesinato la barbarte 
de calumniar la Hiemoría de la Tictima. Esos jefes eran miem- 
bros do familias distinguidas dd' país ;• pertenecían, por su 
origen, y por su edoeacíon, á (a clase á que pertenece el Geno- 
ral Guido. Saavedraes un hombre histórico en nuestro país. 
El vastago que acaba de cortarse de ese tronco, lo mismo que 
el Coronel Paz y otros ¿e sus compañeros de martirio, obtuvo 
el rango á que había alcanzado, en^ las campañas de la guerra 
de la Independencia y del Brasil. Como individuos privados jar 
más se mancharon con acción ninguna que les hiciese indignos 
del aprecio de los hombres de honor : como militares merece- 
rian aun. apoteosis en vez de ultrajes calumniosos. Esa es la ver- 
dad ; y dudo sinceramente de que el General Guido se atreva á 
deciros ío contrario. 

Y no creáis, milord, que el sacrificio de los jefes y oficiales 
en la batalla deYences sea un ejemplo único, sin antecedentes. 
¡ Ojalá que eso pudiera decirse I Seria siempre un atentado, pe- 
ro no un sistema de atentados. Entretanto la verdad es que es un 
sistema. Fácil os será, milord, procuraros el N*. 3,067 del Dia- 
rio la Tarde de Buenos Aires, de 22 de Octubre de 4841 : en 
él hallareis, bajo la firma del General D. Ángel PachecOy á 
quien tal vez conocisteis en Buenos Aires, el aviso oficial que el 
mismo dio á Rosas de haber hecho decapitar al General D. Ma- 
riano Acha, que sehabia rendido prisionero, bejo capitulación 
un mes antes. Tal vez tampoco os será difícil procuraros, mi- 
lord, la Gaceta Oficial deD. Juan Manuel Rosas, n^. 5,483, de 
6 de Diciembre de 1841 . Veréis en ella comunicaciones, firma- 
das por un coronel D. Mariano Maza, que figura entre los prime- 
ros jefes y amigos personales del Dictador, cuyo tenor literal es 
el siguiente: 

« Catamarca, 29 del mes de Rosas de 1841 . — Exmo. Sr. Go- 
bernador D. Claudio A. Arredondo .... Después de mas de 



/ 



214 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

dos horas de fuego, y pasada á cuchillo toda la infantería, ha 
sido derrotada toda la caballería, el cabecilla solo huye por el 
Cerro de Ambasle con 30 hombres ; se persigue y pronto esta- 
rá la cabeza en la plaza, así como están las de los titulados 
ministros González y Dulce, y también la de Espeche, gober- 
nador que puso el pilón. » — Mariano Maza. 

« I VIVA LA FEDERACIÓN I — Relaciou nomiual de los salvajes 
unitarios titulados jefes y oficiales, que han sido peculados 
después de la acción del 29. — Coronel Vicente Mercao. Co- 
mandantes, Modesto Villafañe, Juan Pedro Ponce, Damacio 
Arias, Manuel López, Pedro Rodríguez. Sargentos Mayores, 
Manuel Rico, Santiago de la Cruz, José T. Fernandez. Capita- 
nes, Jnunáe Dios Ponce, José Salas, Pedro Araujo, Isidoro» 
Punce, Pedro Barros. Ayudantes, Damacio Sarmiento, Eugenio 
Novillo, Francisco Quinteros, Daniel Rodríguez. Teniente hamel 
Diaz. — Catamarca, Noviembre i de \8Í\.— Mariano Maza. )> 

«Exmo. Sr. Gobernador D. C. A. Arredondo- Catamarca, 
Noviembre í de 1841 .... En fin, mi amigo, la fuerza de este 
salvaje unitario tenaz, pasaba de seiscientos hombres, y todos 
han concluido, pues así les prometí pasarlos á cuchillo — Ma- 
riano Maza. » 

« Sr. D. Juan Ortiz de Rosas — Catamarca, Noviembre 4 de 
Í84I — Ya anuncié á V. que habíamos derrotado en esta plaza 
completamente al salvaje unitario Cubas, que era perseguido y 
que pronto tendríamos la cabeza de este bandido. En efecto fué 
tomado en el Cerro de Ambaste ; fué tomado en su misma cama. 
Queda pues, también la cabeza de dicho foragido Cubas etc. en 
la plaza de esta ciudad. 

Después de la acción han sido tomados, entre jefes y oficiales 
como 1 9 que iban en el alcance de Cubas : no he dado cuartel : 
el triunfo ha sido tan completo que uno no ha escapado --^ Ma- 
riano Maza.» 

En ese propio número de la Gaceta Oficial de Rosas ; en el 



1 



BE LAS REPÚBLICAS BEL PLATA 315 

3,067, antes citado, del Diario de la Tarde, y en un boletín ofi- 
cial de Mendoza, hallareis, Milord, documentos firmados por 
D. Manuel Oribe, por ese mismo hombre á quien hacéis el ho- 
nor de escribir cartas, de las que él hace uso muy poco discre- 
to. Esos documentos dicen literalmente así : 

» Cuartel General en el Ceibal, Setiembre U de 184<— Entre 
ios prisioneros se halló el traidor salvaje unitario, ex-coronel 
Facundo Borda, que fué al momento ejecutado, con otros titu- 
lados oficiales, de entre los de caballería é infantería. . . (fir- 
mado) Manuel Oribe. 

« Cuartel General en Metan, Octubre 3 de 1841— Los salvajes 
unitarios que me ha entregado el comandante Sandoval, (que lo 
fué de la escolta de Lavalle) Marcos M. Avellaneda, titulado go- 
bernador general de Tucuman, coronel titulado J. M. Videla, 
comandante Lucio Casas, sargento mayor Gabriel Suarez, capí- 
tan José Espejo y teniente primero Leonardo Souza. . . . han 
sido al momento ejecutados en la forma ordinaria, á escep- 
cion de Avellaneda k quien hanbé cortarla cabeza quesera 
colgada á la espectacion pública en la plaza de Tucuman— Ma- 
nuel Oribe. 

Cuartel General en las barrancas de Coronda, Abril 1 7 de 
1845.— Treinta y tantos muertos, y algunos prisioneros , entre 
los cuales quedó el salvaje titulado jeneral Juan Apóstol Martí- 
nez, al qtie le fué ayer cortada la cabeza, fué el resultado de 
este hecho de nuestras armas federales. . . Felicito á V. por 
este glorioso suceso, y me repito su muy atento servidor, etc. 
(firmado) Manuel Oribe». 

No agregaré mas ejemplos : mi carta se alarga demasiado, y 
creo que bastan los ya citados, para llenar cumplidamente mi 
objeto. 

Si, al recibo de esta carta, se hallase en esa capital el como- 
doro Sir Tomas Herbert, os ruego, milord, que tengáis la bon- 
dad de darle conocimiento de su contenido, y de la Gaceta que 



216 HISTORU POUTICÁ T IULITA& 

tengo el koaor de acompauams. El pertenece, cono tos, á la 
profesión de las armas ; los qoe le tratan intimamente — paes 
yo nunca tufe ese honor— le dan las cualidades que distíngueft 
á un caballero : su amistad con D. Juan Manuel Rosas ha sido 
de inmenso servicio para este; y tengo tanto interés en poner 
ante los ojos de Sír Touias los hechos de su amigo, como ante 
vuestros ojos, milord. Si el bizarro comodoro no se hallase ya 
en el Janeiro, yo cuidaré, á su regreso aqui, de comunicarle 
esta carta. 

Os ruego, milord, que disculpéis la libertad que me he to- 
mado ; la importancia del fin que me propongo es la mejor es- 
cusa que puedo dar á un hombre de corazón y de honor. 

Entretanto, me repito 

Vuestro muy humilde y atento serndor 

El Editor priDCipal de El Comercw delFlata. 

A SU tiempo, según el orden de los acontecimientos, tendre- 
mos ocasión de examinar el proceso seguido al asesino Andrés 
Cabrera. El derrama abundante luz, sobre las tinieblas en que 
quedó sumergido el hecho en su origen, y sobre todo nos fija- 
remos con la detención posible en las confesiones del que fué 
reo y la conclusión de sus jueces. 

Pocos dias después de la muerte de Várela, el General Rosas 
hizo circular un folleto, del cual daremos una ligera idea ex- 
tractando sus mejores párrafos. 

<(Los salvajes unitarios (dice) han causado hondos males á la 
República Argentina, cuyo penúltimo paso, alentó el tumultua- 
rio incendio promovido por el malvado salvaje unitario Floren- 
cio Várela, que levantó un caudillo, que rebelado contra la au- 
toridad suprema, 6 instigado por el círculo del fanático Várela, 
mandó pasar por las armas al primer magistrado del pueblo 
porteño. En tan grave conflicto, un solo hombre afrontó el pe- 
ligro, y se puso al frente de la opinión pública para perseguir 



DE LAS REPOBU€AS DEL PLATA 2t7 

á los traidores — Este faé el General D. Juan Manael Rosas I — 
El devohió sa libertad y sus leyes á la República Argentina. Sus 
émulos no obstante, y el principal de ellos el fanático malvado 
Várela, pretendieron levantar el estandarte de la rebelión, no 
pudiendo medrar á la sombra benéfica de las instituciones y la 
paz, y se prepararon á ejecutar el epilogo del sangriento drama 
que habia tenido lugar en la persona y administración del Go- 
bernador y Capitán General de la Provincia de Buenos Aires, 
D. Manuel Dorrego. (*) 

Un pronunciamiento unánime de la República Argentina en 
favor de la persona del General Rosas, lo habia llamado por se- 
gunda vez al mando supremo — La sublevación de Casteli, fruto 
de las maquinaciones del circulo salvaje unitario á que pertene- 
cía Várela errante de su patria, fué vencida, por los amigos del 
orden que rechazaron la invasión. • 

Las maquiavélicas intrigas con los estrangeros han pretendi- 
do la destrucción de los americanos, para dominar sobre las 
ruinas de un pueblo libre. 

No de otro modo pueden considerarse los sucesos. 

Arrójese una mirada retrospectiva sobre el desgraciado pue- 
blo de Montevideo, y se verá que allí no hay orientales que em- 
puñen las armas contra los principios legales : toda la tropa es 
estrangera : los tenaces enemigos de la Confederación, se han 
refugiado en Montevideo, Bolivia, Chile, y el Brasil, donde sos- 
tienen periódicos que atenían al honor y crédito esclarecido del 
General Rosas. 



(1) A({uí copia la carta de LavaUe que se registra al principio de esta 
obra, dirigida al Ministro General, dando cuenta de haber hecho fusilar 
á Dorrego, y la que sigue célebre por su ternura conjugal, y magnani- 
midad cívica.— iV. delÁ. 

< Navarro, 13 de Diciembre de 1828 — Mi querida Angelita — En este 
momento me intiman que dentro de dos horas debo morir: ignoro por- 
qae: — La Divina Providencia en la cual confio así lo quiere — Perdo- 
no á mis enemigos» y recomiendo á mis amiffos no den ningún paso en 
desagravio de mi sufrimiento. — Mi vida; eúisca esas cariñosas cria- 
turas, y sé feliz, ya que no has podido serlo al lado del desgraciado 
— Manuel Dorrego, 



218 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAh 

« Veacidos en todas partes los salvajes unitarios no han deja- 
do mas que ua pesado catálogo de sus crímenes y atentados. 
Uno de sus audaces hechos, es el consumado con el subdito es- 
pañol, D. Ignacio Galindes. Este hombre llega á Montevideo 
por asuntos de comercio. En el momento el salvaje unitario 
Várela, le forja en el pasquín que escribia, una declaración Ar- 
mada con el nombre de Galindes, contra el Gobierno de Buenos 
Aires. Atónito Galindes al ver semejante falsificación, se dirige 
en persona al Presidente de la República, manifestándole el 
perjuicio que le causa semejante publicación á la cual se dispo- 
nía á dar un cabal desmentido, consiguiendo con esto hacerse 
atender. 

« Muerto el salvaje Lavalle, acaba para el traidor Várela la 
esperanza de los lucros que ambicionaba en el desgraciado 
pueblo argentino. Otro funesto caudillo, Gregorio Araoz de La- 
madrid, reducido á la mayor miseria, se presenta en Buenos 
Aires buscando la protección del General Rosas. Lamadrid es 
nombrado pacificador de los Pueblos de Salta y Tucuman disi- 
dentes en aquella época, y en vez de dar cima á su misión con 
los sentimientos de un caballero, manchó de nuevo su reputa- 
ción, y su nombre, y después de perder la vaga esperanza que 
habia alimentado contra su protector, batido y derrotado en 
los campos de Tucuman, emigró á Chile, encaminándose des- 
pués á Montevideo á reunirse con su colega en la revolución y 
asesinatos de Diciembre, el traidor Florencio Várela, quien en 
combinación con el famoso Rivera ensangrentaba aquel desgra- 
ciado país, escarnecía las leyes, y ponia en juego todos los me- 
dios para armar toda clase de hombres inmorales, y avezados 
al crimen, sin ocupación, ni honra, ni beneficio. 

« La desaparición de este fanático malvado ha sido un día de 
júbilo para los amantes del orden, de la prosperidad y de la paz 
de ambos pueblos del Plata, y los 37 años de Independencia que 
han trascurrido su inmortalizacion en el gran libro de los Ame- 



* :x í. 



DE LIS RIPCBUCAS DEL PLATA 219 

ricanos del que la Divina Providencia ha eliminado á aquel cri 
minal famoso. 



Misión Oore y Oros 

La Inglaterra habia renunciado al rol activo en los negocios 
del Rio de la Plata, retirando el apoyo de sus tropas y su dine- 
ro al Gobierno de Montevideo, dejando existente la interven- 
ción de la Francia constituida ya en beligerante de los mas ac- 
tivos. 

La misión Gore y Gros aparecía trayendo la última tentativa 
(le conciliación entre los pueblos del Plata que se destruían sin 
tregua. 



PROTOCOLO 



A mediados de Marzo, llegó á Montevideo la corbeta de 
S. M. B. iMonstant, procedente del Janeiro, de cuyo puerto 
habia salido el 9 del mismo mes. Traia á su bordo al Honorable 
Sir Roberto Gore, encargado de negocios de S. M. B. en la Re- 
pública Oriental del Uruguay y comisario regio, encargado de la 
cuestión del Rio de la Plata. 

El Barón de Gros, encargado por la Francia con el mismo co - 
metido que Gore, habia llegado al Janeiro, en la noche del 5 
de Marzo, á bordo del vapor de guerra francés Maguellan, pro- 
cedente de Tolón de cuyo puerto salió el 2 de Febrero. 

El Magiiellari salió del Janeiro eH4 de Marzo con destino á 
Montevideo donde llegó el 49 del mismo mes, encontrándose 
allí con el plenipotenciario inglés — Ese mismo dia escribió el 
Dr. Várela su último artículo sobre la 4' misión que venia al 
Rio de la Plata. 

El 21 de Marzo, al siguiente dia de la muerte violenta del 
Dr. Várela, los nuevos enviados hicieron la apertura de las ne- 
gociaciones, en una nota colectiva, en laque anunciaban al Go- 



220 HISTORIA ROLlTICA T MIUTáK 

bierno de Montenrideo, qae acababan da llegar á la rada en 
aquel carácter, y que el primer deber que tenian que llenar era 
declarar que los Gobiernos de Francia é Inglaterra estaban dis- 
puestos á restablecer, poruña acción común, el orden y la paz 
de los pueblos del Rio de la Plata. 

El Dr. D. Manuel Herrera, Ministro de Relaciones Exteriores, 
contestó de conformidad, de acuerdo con los sentimientos es- 
presados por su Gobierno, y quedaron establecidas las nego- 
ciaciones. 

Por una nota del 28 de Marzo, los plenipotenciarios hicieron 
saber al Gobierno de Montevideo que habian recibido del Gene- 
ral Oribe, una declaración esplicita en la que confirmaba sin re- 
serva alguna, y bajo su firma, las promesas que habia hecho ya 
en otras ocasiones. Con tal motivo invitaban al Gobierno de 
Montevideo á tratar con el General Oribe, tomando por base de 
toda negociación, la amnistía completa respecto de los ciudada- 
nos Orientales, y la seguridad de las personas y las propieda- 
des, respecto de los extrangeros residentes en Montevideo, acor- 
dadas por el mismo General Oribe, para el caso en que por 
cu<alquier emergencia le fueren abiertas las puertas de la ciu- 
dad. Los plenipotenciarios prevenían á la vez que sí el Gobierno 
de Montevideo creia deber rehusarse á tratar con el General 
Oribo, se consideraría como terminada la misión, levantándose 
el bloqueo de ambas riberas del Plata, por la escuadra france- 
sa, no debiendo perder de vista el Gobierno de Montevideo, 
que la última negativa á tratar con el General Oribe, pondría á 
los plenipotenciarios en la alternativa de tomar un temperamen- 
to conforme á sos insti'ucciones — A ese fin acompañaron la 
nota del General Oribe, que es la que sigue: 



n LAS REPÜniGAíS DIL PULTA 3S1 

COPIA, 

Núm. 4. 
El Presidente de la República Oriental del Uruguay. 

Cuartel general, en el Cerrílode la Victoria, 
Marzo 24 de 1848. 

Al Exmo. señor Ministro Plenipotenciario de S. M. el Rey de 
los franceses, Barón Gros, etc. 

El que firma. Presidente legal de la República Oriental del 
Uruguay, ha recibido la nota, que el Exmo. señor Ministro Ple- 
nipotenciario de S. M. el Rey de los franceses Enviado en misión 
especial al Plata, le ha hecho el honor de dirigirle, con fecha 22 
del corriente, en la que expresa que : no habiendo cesado los 
Gobiernos de Francia é Jnglaterra de estar animados por el 
deseo de restablecer por una acción común, el orden y la paz, 
sobre la costa Oriental del Plata, S. E. viene hoy á recordarle 
los compromisos que en varias ocasiones contrajo el infrascrito, 
y que ahora á los Exmos. señores Plenipotenciarios de Francia 
é Inglaterra, les seria grato recibir á su turno — S. E. agrega, 
que ellos se permiten esperar de los sentimientos personales 
del infrascrito, que hará constar por una declaración oficial, 
dirigida á los representantes de los dos poderes, esos mismos 
compromisos en lo que pertenecen á una amnistía completa 
respecto de los indígenas, y la seguridad de las personas y pro- 
piedades de los estranjeros residentes en Montevideo, en el caso 
en que por la suerte de las armas, ú otra causa le sean abiertas 
las puertas de aquella ciudad. 

S. E. termina asegurando al infrascrito, del alto agrado con 
que los dos poderes que representan SS. EE., los señores Ple- 
nipotenciarios, verán de parte del infrascrito ^na deciaracion 
en el sentido espresado. 

Impuesto del contenido, y bien lejos de abrigar la 'laenar re- 
sistencia á laTeproduccion de las promesas que el 'Euno. Sei«r 



222 HISTORIA POLÍTICA T MaiTAR 

PlenipoteDciario de S. M. el Rey de los Franceses se sirvió traer 
á la memoria, siente al contrario ana satisfacción al asegurar 
denuevoH V. E., qaeuna amnistía completa, es desde ahora 
acordada, para lo futuro álos hijos de este pais, y entera segu- 
ridad para las personas y propiedades de los subditos estranje* 
ros residentes en Montevideo en el caso en que la suerte de las 
armas, ú otra causa cualquiera, abriesen al infrascrito las 
puertas de aquella ciudad. 
Con tal motivo el infrascrito, etc., etc. 

MANUEL ORIBE. 

Por orden de S. E. 

CARLOS G. VILLADEMOROS. 

Está conforme. 

• BARÓN OROS. 

El Gobierno de Montevideo contestó que* cualquier arreglo 
que tuviese lagar en aquella ocasión, ó en lo sucesivo, fuese 
por los acontecimientos que fueren, seria un base invariable el 
acuerdo de la amnistía mas completa en beneficio délos que hu- 
biesen tomado parte en aquella guerra, fuesen estrangeros ó na- 
cionales, con la seguridad de la devolución inmediata de las 
propiedades de que estuvieren desposeídos aquellos. 

A esa contestación siguió esta nota : 

* 

Núm. 6. 
(Traducción.) 

A bordo del Magallan^, Puerto (io 
Montevideo, Abril 5 de 1848. 

Los infrascritos Plenipotenciarios han recibido del Señor Mi- 
nistro de R. E. la nota que S. E. les ha hecho el honor de di- 
rijirles el 2 de este mes, en contestación á la que ellos le pasa- 
ron el 28 de Marzo último. Ellos ven con placer que el Gobier- 
no de la República de Montevideo se presta á la invitación que 



/" 



DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 223 

tuvieron el honor de hacerle, que consiste en tratar sobre la 
pazcón S. E. el señor General Oribe, y que acepta también sus 
buenos oficios para facilitar ó hacer posible las transacciones 
que deberán tener lugar con el objeto de dar á la República 
Oriental la paz de que tanto necesita. 

No corresponde en manera alguna á los dos gobiernos el dic- 
tar las disposiciones de los arreglos que puedan tener lugar, 
pero los infrascritos Plenipotenciarios tienen orden de indicar 
aqui las principales bases, y son las siguientes : 

r S. E. el señor General Oribe retirará las tropas Argentinas 
que se hallan bajo su mando. 

a*" Los estranjeros organizados en batallones en Montevideo 
serán licenciados y desarmados. 

3' Ambas operaciones se verificarán simultáneamente. 

4" Los Comandantes de las fuerzas francesas é inglesas pres- 
tarán su concurso en ambas operaciones. 

Estas bases esenciales, y que fueron asentadas ya en anterio- 
res negociaciones, parecen de tal naturaleza que podrán produ- 
cir al fin una reconciliación sincera entre hijos de un mismo 
pais, y los Plenipotenciarios que suscriben están persuadidos 
que todos los Orientales, sean cuales fuesen sus opiniones, no 
aspiran mas que á darse cordialmcnte las manos, á olvidar lo pa- 
sado y á cicatrizar las llagas de su patria común, y que su ilus- 
trado patriotismo encontrará la necesidad de hacerse mutua- 
mente las concesiones indispensables para borrar funestos re- 
cuerdos y para no dejar, sobre todo, ningún germen que pueda 
dar tristes y peligrosas inquietudes en el porvenir. 

Felices en tener que hacer oir palabras tan llenas de esperan- 
zas, los infrascritos Plenipotenciarios ofrecen á las partes intere- 
sadas, si fuese necesario; sus buenos oficios como mediadores 
y concluyen manifestando un'deseo que no puede dejar de ser 
atendido : los infrascritos verian con placer que, en los momen- 
tos en que la idea de una próxima paz hace renacer la esperanza 



224 HI5T0RIA PdLfTIGA T MILITAR 

en todos los corazones, tuviese logar una sospeusion de hostili- 
dades por ana y otra parte. 

Es innecesaria toda esplicacion áeste respecto: todos los orien- 
tales comprenderán el sentimiento qae dicta este deseo, así co- 
mo los que suscriben sabrán, por su parte, apreciar el motivo 
que le haga dar acogida. 

Los infrascritos Plenipotenciarios aprovechan con placer esta 
ocasión para renovará S. E. el Ministro deR. E. la seguridades 
de su alta consideración. 

BARÓN GROS. 
ROBERTO CORE. 

A S. E. el Sr. D. Manuel Herrera y Obes, Ministro deR. E. etc , 
etc. 

Se accedió por parte del Gobierno de Montevideo á lo pro- 
puesto en la nota anterior, y se suspendieron las hostilidades. 

Las negociaciones sometidas á los Generales Rosas y Oribe, 
y mas que todo, á la esclusiva deliberación del primero, toma- 
ban un carácter moroso, y poco adecuado al fin que los señores 
Plenipotenciarios se proponían. El Gobierno de Montevideo 
instaba porque aquellas se activasen recabando del General 
Oribe una contestación que parecia hacerse indefinida. 

Al fin contestó el General Oribe después de mucho tiempo de 
vacilaciones y subterfugios, que no tenian otra causa, que el 
meditado retardo del General Rosas, á quien el señor Oribe 
sometia todos sus actos, con una nota en la que se veian tra- 
zadas por la mano de Rosas las condiciones bajo las cuales el 
Gobierno de Montevideo debia declarar su sometimiento sacri- 
ficando á la vez algunos hombres importantes, pertenecientes 
al partido unitario, para quienes venia ya de antemano decre- 
tado un indefinido destierro. 

Yéase el carácter de aquellas proposiciones. 



DK US REPÚBUfi^S jDBL PUU 225 

€OPU. 

Núm. 13. 

Cuartel General en el Cerrito de la Victoria, 
Abril 20 de 1848. 

El Ministro de Relaciones Exteriores del Estado Oriental del 
Uruguay, al Exmo. señor Plenipotenciario de S. M. el Rey de 
los Franceses, etc. 

Ha recibido el Exmo. señor Presidente de la República, Bri- 
gadier General D. Manuel Oribe, la nota colectiva de los Exmos. 
señores Plenipotenciarios de S. M. el Rey de los Franceses y de 
S. M. B., fecha en la rada de Montevideo. 

Impuesto detenidamente de todo, y no menos ansioso de ver 
lucir sobre su patria diaz de paz y de tranquilidad, siempre que 
ellos reposen sobre bases sólidas, honorables y dignas, ha orde- 
nado al infrascrito contestar que por su parte está dispuesto á 
entrar en arreglos para la pacificación de la República, acep- 
tando con agrado la mediación ofrecida por los Exmos. señores 
Plenipoteaciarios, bajo las bases siguientes : 

Art. r. El Gobierno actual de Montevideo, reconoce y respe- 
ta en la persona del Exmo. señor Brigadier General D. Manuel 
Oribe, al Presidente legal de la República Oriental del Uruguay. 

2*. Queriendo por su parte el Exmo. señor Presidente D. Ma- 
nuel Oribe echar un velo sobre lo pasado, y preparar á gu 
patria una paz durable, se compromete á anular las confisca- 
ciones que han tenido lugar por causas políticas, en cuanto á 
los bienes raices que aun estuviesen bajo el dominio del Estado, 
ó á indemnizar á los que fueron propietarios, de aquellos de 
que se hubiere ya dispuesto . 

3"^. Queda concedida amnistía completa, para los hÍ|os del 
país, y garantida conforme á las leyes j á la fé de los tratados, la 
entera seguridad de las personas y propiedades de los subditos 
extranjeros residentes en cualquier parte del Estado. 

15 



22tí HISTORIA POLÍTICA T MILITAB 

.T. La amnistía ron elida por el drticalo anlerior, no impe- 
din! íjiie aquellos de los emigndos argentinos, cuja residencb 
en Montevideo pinliese dar justos recelos al Gobierno de Bue- 
nos Aires, y ooin[»r.')rne!er la buena armonía entre las dos Repó- 
biicas, sean á s;i elf. :ciua trasportados al puerto extranjero mas 
ví'cino ó tra-iporialos de los lugares situados sobre la costa, ó 
en la ceivanii de ella '• -ualquier •)tr.j lugar del interior que 
[lodrán de¿:gn:i¡'. 

.'V'. Los extranjeros armados ^mi Montevideo, ó en cualquier 
otro |)ünlo por el (W)bierno de aípiella ciudad, serán licenciados, 
y e!itre;íar:'in las armas (¡m* se b'S hablan confiado, á las perso- 
nas noni'HaJ.K i e.^t • ef»M:to por la autoridad reconocida con 
arít'glo á la preseníQ cjí. vención. 

C*. EjíM-cieíi'lo ya e! Exmo. Sr. Presidente Brigadier Gene- 
ral I). M.'imelOribo, en virtud de las bases prece'lentes, la ple- 
nitud de sus d<'re/ii')s, y oonsideran'lo. en consecuencia inne- 
cesarios los socorros i\\w había obtenido de su ilustre aliado 
e! Tiohieino de la rjj:ifo:leracion Argentina, se compromete á 
rosütuir á este, l.is tropas auxiliares argentinas, poniéndose 
jiiévi.nne:ite de aciir/r¡!'» con él mismo, sobre las medidas mas 
á piopi'ísit) pai'a >n i^lirada del territorio de la República. 

7". LasopencitHios !'s;)resada> en los dos artículos anterio- 
res, es d.ícir, !.! ííntifga <le las armas por los extranjeros, y la 
reliraílade las tropas argentinas, teii'lrán lugar, en su caso, <¡- 
inn!lá:ieanie:ili'. 

I*.:ra «•oin¡):(»:n''!it() :¡e tlichas bases, a«:epta Su Escelenciaj 
(•0:::o (• )iisí"*iiein'ia iia!ural é indispensable de las mismas, y en 
la .) arle í|í1': Iií ^•/)rrí;>po:i le, la declara-iion íuie confidencial- 
mí'nle ban iií^h) al i:iíV;.s.:r¡pti)losExmos. señores Plenipoten- 
ciarios, c')ncc!)!'!a eri los términos siguientes : 

*' Los PÍMnipoleiniarios Je Francia é Inglaterra teniendo co- 
« ii'X'imieüí ) (!(' los artÍNilos convenidos arri!)a, entre las fuer- 
« Z'.s <Mi armas (VI l;i -leoñblici Orienlal <](»! {'laiííuav, se com- 



DE US REPÚBLICAS DEL PLATA 227 

« prometen en nómbrele sos respectivos Gobiernos, cada uno 
« en límites de sus atribuciones, y como consecuencia natural 
« de esta convención, á hacer levantar el bloqueo de las riberas 
« del Plata, á hacer evacuar la Isla de Martin García, y á volver 
a al Gobierno de la República Argentina los buqués de esa na- 
« cion que han sido capturados, y que volverán á tomar su pa- 
« bellon. Este pabellón será saludado con veinte y un cañona- 
«zos, y e\ saludo será contestado inmediatamente: se com- 
« prometen también á prestar el concurso de las fuerzas navales 
ü de las dos Potencias en lo que podría concernir á la ejecución 
« de las dos operaciones mencionadas en el art. 7*. de la pre- 
« senté convención. » 

En cuanto á esta última parte, sin embargo, creyendo S.E. el 
Presidente de la República, que la mejor garantía para el cum- 
plimiento de lo pactado, es el interés de los contratantes en su 
ejecución, ha ordenado al infrascrito presente, sin aceptar la 
cooperación ofrecida de las fuerzas navales, sus mas sinceros 
agradecimientos á los Exmos. Sres. Plenipotenciarios por tal 
oferta, así como por el noble y honroso deseo que manifiestan 
de la pacificación de este Estado. 

Por lo demás el infrascrito declara por orden de S. E. que la 
presente convención es contraida solo á la pacificación del Es- 
tado Oriental del Uruguay, y en nada entiende afectar intereses 
de otro orden, vitales para la República, como son los que la li- 
gan con la Confederación Argentina, por emergencias de la lu- 
cha que se pretende hacer cesar. 

Con tal motivo el infrascrito, tiene el honor de saludar á los 
Exmos. Sres. Plenipotenciarios con su alto aprecio y conside- 
ración. 

CARLOS G. VILLADEMOROS. * 

Está conforme ; 

RAHON OROS. 
ROBERTO GORE. 



{.* 



229 lOTOUA poiincí T aiurAi 

A ffst^ noU roDtesti el Dr. Herrén. Ministro de RebdoBes 
Exteriorffr del Gobierno de Mooierídeo.con ubi laiiga 
cíon eri la qrjr^ í^e re$eriabu anteceiente^ producidos en bs 
Urriores inísiones diplomítiras, de los caale« parecía qaererse 
de.s\íar d General Oríl>e en aquella emergeocia. Citaremos al- 
gunos [(árrafos de la nota del Dr.Herrera.los que por sa carácter 
importante creemos delier dar íntegros- n Después de f 6 días de 
demora. Mire el señor Herrera^ halló á bien el General Oribe, 
respondí^ á los señores plenipotenciarios, en los términos que 
resultan en <n nota del 21 y que SS. EE. han reputado equivo- 
cadamente ser una aceptación de las bases propuestas. Esta 
contestación no es otra cosa mas que una serie de artículos, que 
no se sabíí si son exigencias perentorias que aquel General emi- 
te, como condiciones de la aceptación: ó si son meras propues- 
tas de arreglos que él presenta. En fin, es todo, menos lo que se 
le ha pí'dido, suponiendo que la exigencia de los señores pleni- 
potenciarios haya sido la misma que se hizo al Gobierno el 5 de 
Abril (íróximo pasado. Para asegurarlo asi el infrascrito tiene 
presente que, si en lo que ha dicho el señor Villademoros hay 
aceptación, es indisputable que no es lisa y llana sino condicio- 
nal; y en este caso SS. EE. no pueden admitirlas; y sí ellas se 
reducei» á (proposiciones de arreglo, el General Oribe entabla 
una cuestión prematura é inusitada, que solo daría por resul- 
tado cstraviar el giro que el Gobierno y los plenipotenciarios 
han querido imprimirá la n^jocíacion actual. Por este medio, 
anticipando propuestas 6 e.xígencias ajenas del estado que tie- 
ne el negocio, el General Oribe podría dar lugar á que se le 
acusara de esípiivar la aceptación llana de la primera base, y 
pre[)ararasi <liscusioiics desagradables, de que el Gobierno 
quiero huir sinceramente — Hoy, en el estado que tiene la ne- 
gociación, todo lo que hay que hacer es obtener de ambas par- 
tes el allanamiento puro y simple de las bases propuestas. Solo 
d(;spues (|ue esto se haya conseguido y que estén conocidos el 



DI LAS REPCBUCiS DEL PUTA 229 

modo 7 las formas de eateuderse, es que tendráa lagar las^ pro- 
rogaoíones reciprócaselas díscasiones ]r conferencias á qne ellas 
den lagar, y en qae deben iniervenir los señores plenipotencia^ 
riosr para allanar las diftculfcides qae se presenten en virtud de 
su espontánea oferta y de la formal aceptación qu& ha hecho el 
Gobierno délos baenos oficios de SS. EE. De este modo, á lo 
menos, el Gobierno lo ha entendido siempre porque esa es la 
sencillísima marcha que prescriben el orden natural de las 
ideas y las prácticas usuales de las negociaciones de paz. 

« Ademas la contestación del señor Villademoros es una de- 
mostración práctica de la exactitud con que el infrascrito ha di- 
cho que el General Oribe no ha adherido á las bases propues- 
tas. Su primera condición, que indudablemente es la fundamen- 
tal de este negocio, prescribe que — «^el Gobierno actual de 
Montevideo reconozca y respete en 1^ persona del Exmo. señor 
Brigadier General Oribe al Presidente de la República Oriental 
del Uruguay. En seguida se ocupa de dictar otras condiciones 
análogas, y es solo cuando ya ha dejado todo preparado y dis- 
puesto á su placer, que recien habla de la desocupación del ter- 
ritorio de la República por las tropas argentinas diciendo estas 
testuales palabras: ejerciendo ya el Exmo. Sr. Presidente Bri- 
gadier Genéralo. Manuel Oribe, en virtud de las bases ^pre- 
cedentes la plenitud de sus derechos (presidenciales) y consi- 
derando en consecuencia innmesarios los recursos de su ilus- 
tre aliado el Gobierno de Im Confederación Argentina, se 
compromete á restituir las tropas auxiliares argentinas po- 
niéndose primeramente de acuerdo con el mismo, para la 
retirada del tenntorio de la República. ¿ De esto qué resulta? 
que no hay aceptación de la base propuesta por los tres pleni- 
potenciarios — 1**. Por que ella depende de la realización de 
un hecho ajeno ala intervención, y que como tal, para nada fi- 
gura en sus exigencias : — 2**. Por que la evacuación del terri- 
torio, como se promete, no es nna concesión á la voluntad d^ 



230 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

k>s poderes mediadores sínó una coosecaencia completa del tri- 
anfo completo del General Oribe sobre sus enemigos, cosa que 
aquellos poderes no pueden ni aun consentir, sin ponerse en 
abíertay completa contradicción, con la posición que han asu- 
mido en esta cuestión, y sin violar todos los compromisos de 
honor é interés que pesan sobre ellos — 3**. Por que el cumpli- 
miento de esa obligación necesita el concierto previo, con uu 
poder ageno de la negociación, y que tiene en sus manos todos 
los medios de inutilizarla, ya sea oponiéndose abiertamente á lo 
pactado, ó sea pactando los medios de efectuarla, que la hagan 
completamente ilusoria : — ^ 4**. Por que el hecho se estipula co- 
mo posterior á la efectuación del pacto que se celebre, lo que 
está en abierta oposición, con la voluntad expresa de los pode- 
res interventores, manifestada del modo mas solemne y unifor- 
me por medio de sus respectivos agentes desde 1842, y que 
hastaahorano ha sido, ni aun modificada, por otras declaracio- 
nes deigual naturaleza.— Pero no es esto solorel General Oribe ha 
repelido de plano la 4* base, y este hecho es una comprobación 
mas de aquella verdad, conociéndolos gobiernos interventores, 
que, no solo del desarme de las legiones, sino especialmente de 
la desocupación del territorio, el modo y la forma, pueden im- 
portar la cosa misma, á causa de lo fácil que es burlar en la eje- 
cución, la realidad de aquella operación esencial, han buscado 
alguna seguridad, y estos han creido encontrarla en la presen- 
cia é intervención precisa y directa de sus fuerzas en la opera- 
ción. Tan es esto asi, que esos Gobiernos no se han limitado á 
ofrecer ni proponer, sino que han resuelto imponer y dictar á 
ambas ps.rtes la obligación de conformarse con que los dos 
hechos, de que la desocupación del territorio, y el licencia- 
miento de los estrangeros en armas, se verifiquen median- 
te la concurrencia de las fuerzas navales de ambas poten- 
cias. De lo contrario los señores Plenipotenciarios no hubieran 
colocado á es'i medida en la ya invariable categoría de base 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 234 

principal, como lo verificaron en sa citada comunicación de 5 
de Abril. 

« Bien pues, rechazando el General Oribe aquella base, resis- 
te la realización déla i*, porque, destruyela única garantía, 
por otra parte, bien incompleta del pleno cumplimiento del 
pacto, y autoriza la sospecha de intenciones infieles, tanto mas, 
cuanto que la aceptación de tal base, en nada le perjudica. Así 
es que el infrascrito no trepida en decir á los señores Plenipo- 
tenciarios, que en su concepto, el General Oribe, no solo no ha 
aceptado, sino que ha repelido las bases propuestas, porque lo 
uno, es concurrencia de lo otro, y por consiguiente, ha roto por 
el hecho la negociación. 

« En apoyo de esta proposición, el infrascrito se permitirá 
observar también á los señores Plenipotenciarios, que aun 
cuando lo que ha dicho con referencia á la primera base no fué 
exacto, la repulsa aislada de la 4*. bastaría para darle todo el 
carácter de verdad que tiene. Desde que los señores Plenipo- 
tenciarios no son negociadores sino simples comisarios, como 
repetidas veces lo han declarado al Gobierno, el hecho de la 
aceptación es indivisible, porque ella no puede admitirse en 
una parte, y en otra no, sin entrar por el hecho en una negocia- 
ción. Si pues, el General Oribe, rechaza una base cualquiera, 
como lo hace, desde que no admite la que se refiere á ese con- 
curso de las fuerzas navales, invalida también por el hecho 
aquel acto, y le inutiliza para las ulterioridades que debiere 
traer. 

« Es por todo ello, que el infrascrito con arreglo á lo que 
deja manifestado, juzga completamente inútil é intempestivo 
ocuparse hoy de las diversas exigencias ó propuestas, que el 
General Oribe reproduce en la nota del 15 de Abril y ruega á los 
señores Plenipotenciarios que en caso que no miren como rota 
ya la negociación por parte del General Oribe, como indudable- 
mente tendrán derecho á mirarla, quieran al menos estrecharle 



232 II0TOUA POLfTICi T MILITift 

a que dentro de an lénnioo corto y perentorio, dé personal- 
meóte su aceptación ó negativa á las bases propuestas, y qne 
lo haga, como el Crobiemo lo hizo, y él debe hacerlo. Este acto 
ddbe ser personal, ano cuando ios señores Plenipotenciarios 
hayan reconocido en el señor Viltademoros el carácter con qne 
se presenta de órgano del General Oribe. » 
Etc., etc., etc. 

XANCEL HERRERA T ORES. 

iNúm. 18. 
Ministerio de Relaciones Exteriores. 

Montevideo, Mayo 30 de 1B48. 

Los rumores que circulan en esta ciudad desde algunos dias 
á esta parte, y que confirman laá publicaciones oficiales del 
Gobierno de Buenos Aires, dan casi la certeza de que las ges- 
tiones entabladas por los señores Plenipotenciarios para resta- 
blecer el orden y la paz en la República, no pueden seguir 
adelante, y que por el contrario se hallan rotas por las resis- 
tencias tenaces del Gobernador de Buenos Aires, y el someti- 
miento del General Oribe á esas voluntades, y á las resoluciones 
del Gobierno de quien depende. 

En tal caso, la prolongación de la situación que ha creado 
la aparición en este puerto, de los señores Plenipotenciarios, 
no solo no tiene objeto, sino que es inútilmente ruinosa para 
los intereses de todo género que de ella dependen, y aun podria 
llegar, á juzgarse mal, sino se le pusiese un término pronto, 
justo y necesario. Los señores Plenipotenciarios que saben 
hasta dónde está ligado el Gobierno, por los deberes yrespon* 
sabilidades que le imponen las instituciones de la República, 
comprenderán fácilmente todas las complicaciones y dificulta- 
des en que lo enYoWería semejante estado de cosas. S. E. el 
séBor Presidente deseando pues evitar esos conflictos, y pre- 
imir las malas consecuencias que traerian consigo, me ha en- 



r 



l&. LM*^ BBPÜBMCáíir. BU». .NMÁ 233 

cargado demgar á.lofia^kaiB»Vlnipetefioiaraos q9ÍdraQ.actÍ¥ar 
cnanto sea posible, el obtener del GeBAnaLDribe la^coAta&tafiionv 
á qoe de refiérela natii^de efitA-Míoialaiáe/da? í2.del Gormante, 
y partícipapla luego al Gobierno^ pam ktSrnBsolncíones^^idtecíor 
res que ella demande. 
Con tal motávo: etc.. 

Manuel Herrera y Obes. 

Señores Ministros Plenipotenciarios etc. 

Siguen en fin todos los documentos de esta breve negocia- 
ción de los cuales estractamos en algunos la parle mas impor- 
tante para evitar los inconvenientes de su estension. 

Los Plenipotenciarios contestaron confidencialmente á la an- 
terior nota del seüor Herrera, diciendo que los rumores á que 
se referia la noto antedicha, parecían fundados, puesto que el 
General Oribe* hai)ia. retractado sus propias proposiciones pnoh 
sentadas por conducto de los Plenipotenciarios. 

Gon fecha 23 de Mayo, los señores Gore* y Gros avisaron lo 
siguiente : 

(traducción) 

Núm, 20. 

A bordo del Jín^/anes, R^da do Montevideo á 
2:3.de Majo dC' 1B46. 

Los infrascritos acaban de recibir ahora mismo una noto dé 
S. E. el señor General Oribe, de la que con- esta acompañan co- 
pia, y en la que anuncia que se romperán las hostilidades en- 
tre las partes beligerantes veinte y cuatro horas después de la 
en que dicha nota haya llegado á su destino. 

Ella llegó á bordo de la Raleighí medio dia. 

Los infrascritos mandarán sin demora una copia certificada á 
Maldonadó y á la Colonia, en donde las hostilidades no deben 
volver á empezar sino vdate y cuatro horas después de la re- 



234 HlSTOlíU MLlnCA T MIUTaB 

cepcion oíkial de esta ik/U« lef^ lo establece el artígate 3*. é& 
b c/invencíofi de lf7 de AbríK 

l>>ft ¡rifraM:rítOi aproreeliafi esta ocasioD para mterar áS. E. 
el Kefior Jfíní.^tro de R. E. las seguridades de sa alu coKÍde- 
nurion. 

Airoii (^rw. 
Hffberlú Gore, 

Al E%rfu>. iMSrfior b. Jlaniiei H^rrerz j Obes, Ministro de R. Ex- 
teriores etir. etic, — Mooterídeo. 



Kl Ministro de RelacíoQes Exteriores del Estado Oriental de 
L'mgiiay. 

Cuartel General en el Cerríto de U victoria. 
Maro 23 de l^ia 

Al Exmo, señor Plenipotenciario de Francia, enTÍado en misión 

es|>eeíal al iMata, Barón Gros. 

El que firma, por orden del Exmo. señor Presidente de la 
República, Brigadier Genenil D. Manuel Oribe, tiene el honor 
de dirijirse al Exmo. señor Plenipotenciario de Francia, para 
hacerle saber que no teniendo ya objeto la suspensión de hos- 
tilidíides entre las fuerzas al mando de S. E. y las de la plaza si- 
tiadla de Montevideo, por haber quedado sin efecto la negocia- 
ción proyectada, por intermedio de los Exmos. señores Pleni- 
potenciarios de Francia é Inglaterra, cesará dicha suspensión, 
y se renovarán las hostilidades en esta linea al cabo de veinte y 
cuatro horas, contadas desde que SS. EE. reciban la presente, 
con arreglo á la convención de 27 de Abril último, conforme ala 
cual obrarán también los jefes á las órdenes del Exmo. señor 
Presidente, en los puntos de Maldonado y Colonia. 

Con tal motivo, el infrascrito saluda al Exmo. señor Plenipo- 
tenciario de Francia con su mas alta consideración y aprecio. 

Carlos G. Villademoros . 
Es copia — Barón Gros — Roberto Gore. 



V 

DE LAS REPOBLICiS DEL PLATA 235 

En tales momentos se efectuaba en Francia la gran revolución 
del 48— Esto vino aponer una traba á las negociaciones, que 
como ha podido verse, no llevaban ya una dirección satisfacto- 
ria—Asi lo declaró el plenipotenciario francés, al Sr. Herrera, 
en contestación á una nota de carácter conminatorio dirigida 
por el Ministro Oriental álos P. P., con fecha 27 de Mayo. 

^ota dol Plenlpotenoiario Francos 

(traducción. ) 

Núm. 23 

Magallanes, Rada de Montevideo, Junio 7 de 1B48. 

El abajo firmado. Plenipotenciario de Francia, ha recibido el 
1 4 y 29 de Mayo último, las dos notas que S. E. el Sr. Ministro 
de Relaciones Exteriores le ha hecho el honor de escribirle el 
12 y 27 del mismo mes. En la primera S. E. establece que el 
señor General Oribe lejos de haber accedido pura y simplemente 
á la invitación que habia recibido para tratar déla paz con el 
Gobierno de Montevideo, sobre las bases sentadas por las dos 
Potencias mediadoras, ha, al contrario, ó aceptado condicional- 
mente esas bases, ó roto de hecho toda negociación : el señor 
Ministro de Relaciones Exteriores ruega también á ambos Ple- 
nipotenciarios, se dignen exigir del General Oribe, una nueva 
respuesta mas categórica que la primera, á la demanda que le 
habia sido hecha por la nota de 5 de Abril último, y que sin 
duda, debia ser semejante á la que el Gobierno de Montevideo 
habia recibido el mismo dia. En la segunda nota el Sr. Ministro 
de Relaciones Exteriores ruega al abajo firmado tenga á bien 
hacerle conocer los motivos que hayan podido determinar al 
General Oribe á retractar las proposiciones trasmitidas por in- 
termedio suyo; retractación hecha oficial por la renovación de 
las hostilidades, y por las notas que el abajo firmado habia te- 
nido el honor de pasarla S. E. el 22 y 29 del mes pasado. El 



S36* HISTORIá POCITIGI T HAITAR 

St. Minístpo de ReladoDes £iteriores, expone también á los 
PknipoteQciarios ladificíl situación cmqne se halla Montevideo. 
y les pide se dignen tomar hs medidas que les parezcan inéis- 
pensables para mejorar la situación conrnn, j asegurar 4a tle» 
fensa de la ohidad, por el tiempo, al menos, qne ellos crean 
deber suspender su misión ; es decir, hasta la llegada de las 
noticias de Europa que próximamente esperan. 

El abajo firmado cediendo á un sentimiento de alta conve- 
niencia, queS. E. el señor Ministro de Relaciones Exteriores no 
desconocerá, cree deber abstenerse de responder por una dis- 
cusión que seria al menos inútil, alas numerosas observaciones 
contenidas en esas dos notas ; observaciones qne el abajo fir- 
mado debe tanto menos aceptar, cuanto que mnchas de ellas 
giran sobre hechos qne S. E. no podía conocer exactamente, ó 
sobre suposiciones que no eran fundadas. 

S. E. el señor Ministro de R. E., dice, con razón, que los 
Üenipotenciarios, no siendo negociadores, sino solamente en- 
calcados de hacer conocer las resoluciones y voluntades de sus 
gobiernos respectivos, no tienen la facultad de entnr á este 
respecto en ningún género áp discusión ; pero por lo mismo que 
ellos no tenian que discutir, y qne debian sin embargo, hacer 
efectivos los buenos oficios que habían ofrecido y que fueron 
aceptados, han debido transmitir á una de las partos beligeran- 
tes cualesquiera qne fuesen las proposiciones de paz que pudie- 
ran ser presentadas por la otra ; con ti! que, sin embargo, en 
esas mismas proposiciones, se hallasen comprendidas las ba- 
ses presentadas por las dos potencias y, eapeciahncHlr, la am- 
nistía res|)erlo de los indígenas, la seguridad respecto de las 
personas y propiínlades de los extranjeros, el desarme de las 
legiones, la partida de los argentinc>s, y la simultaneidad de es- 
tas dos operaciones. Sí S. E. el señor Ministro de Relacione-s 
Exteriores, al aceptar e^tas mismas basas las hubieni Ínteres 
lado en un proyecto do pacificación que hubiese enpeudo A 






DE LAS REPOBLICÍS DEL PLATA ^37 

concluido por todas las cláusulas que hubiese juzgado conve- 
niente insertar, el abajo firmado se habría apresurado á trans- 
mitirlas al señor General Oribe ; como ha sido de su deber pa- 
sar al señor Ministro de.j^elaciones Exteriores una copia de las 
proposiciones del General Oribe, puesto que entre ellas se en- 
contraban las bases de que solamente tenian que ocuparse las 
Potencias Mediadoras. Los Plenipotenciarios no habrían, sin 
embargo, hesitado en prestarse á los deseos del señor Ministro 
de Relaciones Exteriores, y pedir al señor General Oribe una 
nueva respuesta mas categórica que la que habia dado, stnn 
hecho, que todo el mundo conoce hoy, no hubiera venido á ha- 
cer imposible el suceso de la misión confiada á los dos Agentes : 
el señor General Oribe ha retirado las proposiciones que habia 
presentado por su intermedio, y esta retractación es una repul- 
sa formal de prestarse á la invitación que le habia sido dirigida 
por los dos gobiernos, de tratar con Montevideo sobre las bases 
sentadas por ellos. 

Una nota de fecha 17 de Mayo no puede dejar duda áeste 
respecto, y para que S. E. el señor Ministro de Relaciones Ex- 
teriores pueda exactamente conocer los motivos que han obli- 
gado al General Oribe á tomar la determinación que hace saber 
el abajo firmado, agrega aquí una copia certificada de los párra- 
fos mas importantes de esa misma nota. 

La repulsa del Sr. General Oribe era una de las eventualida- 
des necesaríamente previstas por las potencias mediadoras, y 
los Plenipotenciarios habrían obrado conforme á las instruccio- 
nes idénticas que habian recibido, si el Sr. Plenipotenciario de 
Inglaterra no hubiera pasado al abajo firmado dos notas oficia- 
les, datadas el 3 y 6 de este mes, para declararle que, desde que 
el Gobierno francés no habia enviado nuevas instrucciones al 
abajo firmado, ya no consideraba á los agentes como autoriza- 
dos en ausencia de esos poderes indispensables (in the absence 
of such requisito authoríty) á continuar la misión colectiva que 
les habia sido confiada por sus gobiernos respectivos. 



238 IIISTORU POLÍTICA T MILITAR 

Esta determinación pone forzosamente un término á la mi- 
sión que los dos Plenipotenciarios tenían de concierto que lle- 
nar, y para obedecer á las órdenes que han recibido, el abajo fir- 
mado volverá inmediatamente á Europa, después de haber sig- 
nificado al gobierno de Buenos Aires que los gobiernos de Fran- 
cia é Inglaterra le consideran obligado á respetar la indepen- 
dencia de la República de Montevideo, por muchos testos for- 
males, especialmente por la convención de 27 de Agosto de 1828 
y por el articulo 4.*" de la convención de 29 de Octubre de 4840. 

El abajo firmado aprovecha esta última ocasión para mani- 
festar á S. E. el señor Ministro de Relaciones Exteriores toda la 
pena que siente al ver que los esfuerzos que habia hecho para 
restablecer la paz en este Estado son desgraciadamente inúti- 
les. Y renueva también á S. E. la seguridad de sus sentimientos 
de alta consideración. 

BARÓN GROS. 

Al Sr. D. Manuel Herrera v Obes, Ministro de Relaciones Exte- 
rioreselc, etc., etc. 

(copia). 

Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado Oriental del 
Uruguay. 

Cuartel gi^neral en el Corrito de la Victoria, 
Maro 17 de I^IS. 

Al Exmo. Sr. Plenipotenciario de Francia, Enviado en Misión 
Especial al Plata, Barón (iros. 

El que firma, por orden del Exmo. Sr. Presidente de la Re- 
pública, Brigadier General D. Manuel Oribe,' tiene el honor de 
dirigirse al Exmo. Sr. Plenipotenciario de Francia para hacerle 
saber que habiendo este Gobierno pasado á manos del Exmo. de 
la Confederación Argentina, como su aliado en la presente lu- 
• cha, copia de la convención proyectada por intermedio de los 
Exmos. señores Plenipotenciarios de Francia é Inglaterra, para 



DE LAS REPCBLICAS DEL PLATA 239 

la pacificación de este Estado, con el objeto de consultar el 
acuerdo, sobre la retirada de las divisiones auxiliares argen- 
tinas, de que habla el articulo G.'^ de la expresada convención, 
no ha creido el Exmo. Gobierno mencionado de la Confederación 
Argentina, ser llegado el caso de retirarse las tropas auxiliares 
argentinas, porque no solo juzga preservados por la antedicha 
convención los derechos é intereses de las Repúblicas del Plata, 
sino que al contrario, llama la atención de S. E. el Sr. Presiden- 
te sobre los graves inconvenientes que traería su consumación. 
En tal estado de cosas S. E. el Sr. Presidente de la República 
no hubiese establecido, en el referido art. G.° el previo acuerdo 
con el Exmo. Gobierno de la Confederación Argentina, sobre las 
medidas que deberían tomarse para la retirada de las divisiones 
auxiliares, previo acuerdo que siendo establecido sobre una 
tan importante base de la proyectada coaveacion, como que de 
la sola solución de ella depende la ejecución, en su caso, de to- 
das las otras, mantienen necesariamente en suspenso, mientras 
aquel no se verifique, toda la negociación, sin producir dere- 
chos ni obligaciones para ninguna de las partes ; aunque es- 
tos principios y la decidida intención deS. E. el Presidente de 
marchar en todo de acuerdo con el Exmo. Gobierno de la Con- 
federación Argentina, no hubiesen en varias ocasiones sido 
presentados por el órgano del infrascrito á los Exmos. señores 
Plenipotenciarios, y aunque el Emo. Sr. Presidente no liubiese 
instado en esta ocasión al Exmo. Gobierno de la Confederación 
Argentina para que se expresase con la franqueza amistosa á 
que la alianza de ambas Repúblicas, sus mutuos sacrificios y su 
interés común le autorizaban, siempre seria evidente que el 
Exmo. Gobierno déla Confederación Argentina usaría, en vir- 
* tud de todas esas consideraciones, de un derecho perfecto al 
emitir su opinión, manifestar su modo de ver i respecto de la 
proyectada convención, ó indicar también las condiciones con 
que en guarda de sus intereses, se prestarla aun arreglo, dere- 



949 HiyfORu peLtncA r MaiTAt 

eho perfecto que en DÍngana manera le draputaria 9. í., toal- 
qniera que fuese el interés que melase. 

Por otra parte existe una tez que per 

las razones expuestas no se puede obtener este beneficio de la 
última proyecfoda conyencion por el intermedio de SS. EE. que 
se registra en la nota que el infrascrito tiene el honor de dirigir 
áSS.EE. por orden delExmo. Sr. Presidente, Brigadier General 
D. Manuel Oribe fecha 34 de Abril próximo pasado, y que por 
igual orden declara ahora el que firma no puede ser ya tomada 

en consideración 

• •• • • • •••••••••••••• 

Esto, sin embargo, de ningún modo debilita los sentimientos 
de estima y gratitijd que S. E, abriga hacia los EE. SS. Plenipo- 
tenciarios, por sus esfuerzos en faror de la paz de estas regio- 
nes ; que por su parte S. E. el Presidente vivamente desea. 

Con tal motivo el infrascrito tiene el honor de saludar á los 
EE. SS. Plenipotenciarios de Francia é Inglaterra con su mas al- 
ta consideración. 

(Firmado) — garlos g. vaiABEMOROs. 
Está conforme — barón gros. 

(traducción). 

Núm. 24 

Fragata de S. M. B. IneonstarUe, Montevideo Julio 8 do 1848. 

El infrascrito recibió el 14 y el 29 de Mayo las dos notas que 
S. E. el Ministro de Relaciones Exteriores le hizo el honor de 
dirigirle eH2 y el 27 de aquel mes. 

En la nota del 12 S. E. afirma que el General Oribe lejos de 
haber accedido pura y simplemente á la invitación que recibiera 
para tratar de la paz con el Gobierno de Montevideo, sobre las 
bases convenidas por las dos Potencias Mediadoras, habia al 
contrario, ya sea aceptado condicionalmente, ó roto, de hecho 
toda negociación. 



El Ministro de R. E. pide asi misaio k los Pleiupoteaeíanos 
qtre renben del General Oribe una respuesta mas categériea 
que )a primera^ á ta solicitad qie se le dirigió en la nota de 3 
de Abril últiiM, la ensat era sm dada semejante á la qme d Go- 
bierno de Montevidea recibió el misma dia. 

En h npota de 29 de Mayo el Ministro de Relaciones Exterio- 
res pide al infrascrito le dé ¿ conocer los motivos que pveden 
haber determinado al General Oribe á retractar las proposicio- 
nes transmitidas por sa intermedio : retractación qae se tomo 
oficial por la renovación de los hostilidades y por las notas qoe 
el ínfirascito babia tenido el honor deremitir á S. B. con fechas 
23 y 23 de Mayo; el Ministro de Relaciones Exteriores hace tam- 
Uen presente á los Plenipotenciarios la crítica posición en qne 
Montevideo se encuentra, y les pide qae adopten aquellas medi- 
das qne él reputaindispensables para su mejora, y para asega- 
rarla defensa de la ciadad, almenes durante el tiempo que 
considerasen necesario para suspender su misión, es decir, 
hasta la llegada de las noticias de Europa que esperaban, recibir 
de un día á otro. 

El infrascrito, cediendo á un alto sentimiento de convenien- 
cia, que 8. E. el Ministro de Relaciones- Exteriores no puede 
dejar de apreciar, juzga que debe abstenerse de entrar en inú- 
tiles discusiones sobre las observaciones contenidas en esas dos 
notas ; observaciones á que los Plenipotenciarios están tanto 
mas lejos de asentir, cuanto que algunas de ellas se refieren á 
hechos que S. E. no podia conocer á fondo, y reposan en supo- 
siciones destituidas de fundamento. 

Razón tiene S. E. el Ministro de Relaciones Exteriores en 
observar que los Plenipotenciarios no siendo Negociadores, sino 
solamente autorizados para hacer conocer las resoluciones y 
deseos de sus respectivos gobiernos, no tienen poderes para 
entrar en ninguna clase de discusión sobre la materia. 

Pero aun cuando no estuvieran autorizados á entrar en dis- 
te 



242 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

cusíones, era sin embargo de su deber hacer efectivos ios bne- 
DOS oficios que habían ofrecido, y que habían sido aceptados; 
así como transmitirá una ú otra de las partes beligerantes, las 
proposiciones de paz, cualesquiera que ellas fuesen, presenta- 
das por la otra, siempre que en las dichas proposiciones se 
incluyesen las bases sentadas por las dos Potencias, particular- 
mente la amnistía para los hijos del país ; la seguridad para las 
personas y propiedades de los extranjeros ; el desarme de las 
legiones, el retiro de las tropas argentinas y la simultaneidad 
de estas dos últimas operaciones. 

Si S. E. el Ministro de Relaciones Exteriores al aceptar esas 
bases, lo hubiese hecho acompañando una minuta de pacifica- 
ción que empezase ó acabase por todas las cláusulas que juzgase 
á propósito introducir, el infrascrito se habría apresurado á 
transmitir sus propuestas al General Oribe, lo mismo que ha 
sido su deber hacer llegar ámanos del Ministro de Relaciones 
Exteriores, una copia de las presentadas por el General Oribe, 
desde que ellas encierran las bases sobre las cuales tenían úni- 
camente que insistir los poderes mediadores. 

Sin embargo, los Plenipotenciarios no habrían trepidado en 
acceder á los deseos del Ministro de Relaciones Exteriores, pre- 
sentándose á pedir al General Oribe una respuesta mas categó- 
rica que la que había dado, si un acontecimiento, hoy conocido 
de todo el mundo, no hubiera he(jho imposible el buen éxito de 
la misión confiada á los dos agentes. 

El General Oribe ha retirado las propuestas que habia pre- 
sentado por el intermedio de los Plenipotenciarios, á cuyo res- 
pecto una nota del 17 de Mayo no deja duda alguna ; y á fin de 
que S. E. el Ministro de Relaciones Exteriores conozca á fondo 
los motivos que han inducido al General Oribe á adoptar la 
determinación que en ella se registra, el infrascrito incluye una 
copia certificada de los párrafos mas prominentes de esa nota. » 

Etc., etc., etc. 

BARÓN GROS. 



DK LAS REPÜBUaS DEL PLATA 243 

Estos párrafos no eran mas que la reproducción de los tér- 
minos oficíales de la correspondencia del General Rosas, en los 
que imperaba su absoluta voluntad respecto de las indicaciones 
al General Oribe, sobre las bases propuestas, y retiradas con 
muy poco respeto por parte del señor Rosas, y con gran sumi- 
sión, por 1^ del señor Oribe, que engañó á los negociadores, 
hasta que Rosas creyó llegado el momento de desengañarlos 
arrogantemente, declarándose autor de la ruptura. 

La Francia se ensañó con Oribe, instrumento de una volun- 
tad despótica, y Montevideo quedó bloqueado de hecho, y en 
situación no menos aflictiva que antes de la misión. ( 1 ) 



(1) A este respecto decia La Pressc^diario publicado en Francia con ca- 
rácter imiepeiidiento — • 

Cuando la noticia tan improvista do la revolución de Febrero llegó á 
Montevideo, M. Gros, nuestro Ministro Plenipotenciario, estaba en víspe- 
ras do concluir, firmando un arreglo sobre las bases de la convención 
Hood, aceptadas i^mnlmente por el Gobierno Argentino y por el Presi- 
dente de la República Oriental. La dificultad rejativa á la navegación 
de los rios habiendo sido resuelta conforme á los princi[)ios del derecho 
público, el Ministro de Inglaterra estaba perfectamente de acuerdo con 
M. Gros, cuando este, pensando que sus poderes habían cesado al mis- 
mo tiempo que el Gobierno que se los habia dado, volvió á Francia, don- 
de eslá todavia. La cuenta que ha dado (de su misión ha hecho justicia 
de todos los errores intenjsados por cuyo medio se ha logrado embro- 
llar una cuestión muy sencilla; y como todos los Ministros que le han 
precedido, el Ministro actual ha debido expedirá sus agentes instruccio- 
nes conformes con la convención Hood, de naturaleza, por consiguiente, 
capaz de |)roducir la pacificación tan deseada. 

Sin embargo, los diarios han anunciado en estos últimos dias que ol 
Gobierno habia hecho llamar al Sr. Almirante Lainó, que, como se sabe, 
ha mandado ya la escuf.dra que tenemos en el Plata, y se ha concluido 
i\ue pensaba en una nueva expedición. No hay nadie hoy que pueda te- 
ner semejante idea, de proponer tal medida, sin cubrirH de ridiculo; y 
debemos confesar que el Gobierno no na llegado todayiaá este punto. 
Se trata de una expedición menos lejana, pero no meúos espinosa. 

Cuando se supo en Montevideo que M. Gros iba á volver á Francia, los 
jefes de la insurrec<:ion, los mienioros del Gobierno, y todos los interesa 
dos en la prolongación de la guerra, le expusieron su extrema miseria, 
y la imposibilidad absoluta en que estaban de sostenerse un solo dia 
sin el apoyo y el dinero de la Francia. M. Gros, á pesar de la repug- 
nancia quesentia en empeñar su responsabilidad, consitió en prome- 
ter uua suma mensual de 200,000 francos; pero él hubiera auendo que 
este dinero fuese aplicado solamente á las necesidades de los naciona- 
les. No era esto lo que con venia al pretendido gobierno de Montevideo 
y á los usureros que especulaban con su pobreza. Insistieron, pues, en 



24i HISTOBU POLiTia T MILITAR 

A8i terminó la aiision Gore y Gros. 

Este último se embarcó con desuno á Francia en el vapor 
Magellan en el mes de Junio de aquel ano. 

EH3 de Junio se pasó á los agentes extranjeros resideates 
en Montevideo, esta circular : 

CONSULADO GENEBAL DE FRANQA 

Circular á los miembros del Cuerpo Diplomático consular 

de Montevideo. 
Senor : 

Tengo el honor de anunciaros, que, de conformidad con las 
disposicioues prescritas por el señor Comisario Extraordinario 

que estas 200,000 francos fueran dados á toda la guarnición: álos alema- 
nes, á los italianos, á los españoles, lo mismo aue á los franceses. M. 
Gros cedió también, y el Gobierno de Montevideo pudo descontar el 
subsidio prometido. 

Desde esta época lia s^irado letras de cambio que no han sido acepta- 
das: cada bu(|ue que llega del Plata trae una nueva, y como los hom- 
brcs de Montevideo, ó sus agentes, invocan la promesa que se les ha he- 
cho, la cuestión empieza á hacerse embarazosa; tanto mas, cuanto (]U0 
el Gobierno ha sabido que los franc^eses mismos do Montevideo acaban 
por cansarse déla situación deplorable, l)ajo todos respectos, en queso 
encuentran hace tanto tiempo, y (jue un gran número han procurado 
poner término á ella. Seis ó setecientos de nuestros nacionales han pedi- 
do pasaporte para salir déla ciudad; pero cómelos usureros, que son 
los amos, han arrendado los pasaportes como to<lo lo demás, era menes- 
ter pagarles, lo (¡uc no era posible. Desde entonces, el General Oribe 
se ha apoderado de la Colonia y bloqueado a Montevideo mas estrecha- 
mente que nunca. Es también desde entonces, y sabiendo estas noticias, 
que M. Lainé ha sido llamado. El Gobierno ha (¡uerido sin duda conocer 
suopinioD sobre la cuestión antes de pedirá la Asamblea la autoriza- 
ción para pagafr las letras de cambio vencidas, es decir, poco mas ó me- 
nos do 1.200,0qüá l.;300,000 francos. 

La cuestión ebtá bien establecida así, y es en estos términos como 
debia haberlo sido desde mucho tiempo. Porque el único medio de 
concluir con ella, y concluir bien, es a[)rctar los cordones de la 
bolsa: no hay otro. Es, pues, á la Asamblea á ouien conviene ver si la 
Francia está en posición de dar cada mes ¿00,000 francos para enrique- 
cer á usureros Ingleses, y para mantener aventureros de todos los 
paisos, cuyas hazañas han tenido hasta aquí por único resultado com- 
prometer el nomi)re de la Francia y arruinar su comercio con las pobla - 

cienes de las márgenes del Plata Nos parece que tenemos bastante 

con nuestros pobres, y la Asamblea sfiúae algo de eso En todo caso, 

8i creyera deber pagar las letras vencidas, debería poner esta oondicioD, 



DE LAS BEPÚlLiClS DEL FLáTl 245 

de Francia, enviado en mísioB especial al Plata, el Uoqseo del 
litoral de la Provincia de Buejios Aires, dejará de hacerse desde 
este dia, por la esouadr^ francesa. 

Sin embargo, ella continiiará bloqueando los puertos de ia 
costa ée la República Oriental qne son osean ocupados por las 
tropas al mando del General Oribe. 

Ma sido acordado, por otra parte, para la salida de los buques 
neutros de esos puertos, un plazo de 25 días, que espiraní el 
10 de Julio próximo. 

Admitid etc. 
El Encargado de Negocios y Cónsul General de Francia. 

A. DEVOIZE. 

Montevideo, Junio 15 de 1848. 

La falta de respeto en las fuerzas extranjeras, tomó creces (1) 

(juo el dinero sirviese esclusivamenle para nuestros nacionales, á 
quienes so establecería, bien en lo interior del Estado Oriental, bien en 
el Brasil, ó bien so les traería aquí, según su elección. 

Aquellos que solicitan pasaportes y á quienes se les niegan por falta 
de dinero, acogerían semejante proyecto con reconocimiento ; y en 
cuanto á los otros, es decir, los que prefieren vivir de la guerra civil 
mas bien que de un trabajo honroso, ia Francia no tiene que ocuparse 
mas do ellos ; y la falta inexcusable que ha come>tido el Gobierno ha 
sido ocuparse tnnto tiempo de ellos. 

Se^un lo (jue vemos en los diarios de Montevideo, parece que es esta 
la opinión del Almirante Leprédour y de nuestro Cónsul M. Devoize. 
Estamos muy lejos, segruraniente, de aprobcu* el pro(;eder samario de 
que ha hecho uso este último respecto del Courrter de la Plata : pero 
hay en este conflicto algo de significante. Este diario, fundado en el in- 
terés del Gobierno do Montevideo, y sobre todo, de los usureros que lo 
explotan, sintiendo que llegaba el fin de sus patrones, y el suyo de re- 
chazo, echa la culpa á las autoridades Francesas, como si la Francia no 
hubiera hecho bastante, y como si ella fuese responsabte de la miseria 

Ldel aislamiento de un partido sin raices en el país, y que sucumbe 
ijo el peso de sus yerros y de su descrédito. ^ 

M. Devoize se ha irritado de tanta impej^tinencia é ingratitud : ha 
tenido razón. Pero^ no era menester desahogarse con un diario. Basta 
cortar los vi venís á esas centes honradas que nos agradecen ocho ó diez 
años de sacrificios diciénüooos injurias. 

( De la Pre8Ae de París, de 5 de Diciembre último. ) 

( 1 1 Carta do Thiebaut al Ministro de la Guerra y Marina de Montevi- 
deo. 

Señor Ministro: 

Los voluntarios del 4*. batallón y la compañía de inválidos reclaman 
altamente el calzado, y sus oficiales no han (juerido recibir aquel que 
les estaba destinado, mientras que su tropa no lo recibiese. 



346 HISTORIA política T MILITAR 

se subió de tono en el lenguaje que se usaba con el Gobierno, 
y se llegó á amenazar su autoridad. 

Terminada de un modo tan inesperado, y por causa tan injus- 
tificable para el General Oribe, único responsable de las conse- 
cuencias que acarreó su debilidad, el Gobierno de Montevideo 
pasóá la Asamblea de Notables esta comunicación, que no es 
sino un exacto resumen de los procedimientos de los Sres. Ro- 
sas y Oribe. 

El Poder Ejecutivo. 

Montevideo, Junio 12 de 1848. 

Honorable Asamblea de Notables- 
La 4." intervención de Paz enviada por los Poderes interven- 
tores acaba de fracasar. Ni los esfuerzos de todo género emplea- 
dos por sus Plenipotenciarios, ni las deferencias del Gobierno 
han sido bastantes á prevenir tan fatal resultado. La guerra si- 
Las 4 compañías que estuvieron de destacamento en el Cerro, y que 
recibieron el calzado en 12 de Diciembre, y que á la vuelta del destaca- 
mento se hallaron con los zapatos enteramente destruidos, reclaman 
también, ¡)or hallarse completamente descalzos, á pesar que no les toca 
la renovación sino el 1^ de Marzo : pero, no obstante que no ha ven- 
cido el tiempo, ellos están con los pies en el suelo, y con razón, ó sin 
ella, se rehusan en gran parte en concurrir al servicio. 

Es desgraciadamente cierto que la legión toda declara abiertamente 
<|ue si no se le atiende con el vestuario, que espera desde tanto tiempo, 
dejarán las armas para ir á buscar su vida á otra parte, cansados como 
están de tantos sufrimientos y miserias. 

Ks, pues, indispensable, señor Ministro, que V. E. tome estas recla- 
maciones en seria consideración, no solo porque á la legión le asisten 
solo la razón y la justicia, sino que también es una obligación sagrada 
para el Gobierno, visto el estado manifiesto de desnudez en que se en- 
cuentran oficiales y voluntarios: ¿y cómo podria ser de otro modo recor- 
dándose que son ya 17 meses recorridos que recibió las camisetas, 
mientras los demás cuerpos, escepto ellos y los vascos, han recibido 
tres vestuarios cuando ellos uno? 

La legión, señor Ministro, está muv disgustada, y á tal estremo que 
hoy no son las promesas que la pueden satisfacer, porque tantas se le 
han hecho, que no se han verificado, que ya serian superfinas todas 
aquellas que se le podrían hacer. 

La desconfianza es general, y por mas esfuerzos que so hagan para 
ganar tiempo, ellos no harían sino provocar el murmullo que aumenta 
cada vez mas los dias que está la legión de servicio. Esta situación no 
es ya tolerable, y es de temer que lo que por ahora no pasa de recia- 



DE LAS RBPOBLICAS DEL PLATA 2i7 

gae, y las calamidades que ha mas de cinco años disecan á nues- 
tro país, van á continuar. Esperemos que algún dia la provi- 
dencia será justa con el causante de tantos males. D. Manuel 
Oribe acaba de asumid toda la responsabilidad : él nació Orien- 
tal : la patria le pedirá también, algún dia, cuenta severa de tan 
abultado crimen. 

Nunca, pues, el valor y la resignación han sido mas necesa- 
rios. El P. E. tiene completa confianza en que, ni lo uno, ni lo 
otro, faltará á los buenos defensores de la República : lo que 
han hecho es una garantía de lo que harán aun : ese es el pre- 
cio que tienen hoy el honor y la independencia nacional. Sin 
embargo, el dolor se presentará á combatir su constancia, y, en 
tal caso, es un deber de las autoridades encargadas de la direc- 
ción de la defensa pública, mantenerla y apoyarla con la pala- 
bra y el ejemplo. Para tan alta como grave tarea, el P. E. cuenta 
con el poderoso auxilio del patriotismo y de las luces de la 
H. Asamblea. 

El resultado de la presente misión es un nuevo sol que ha ve- 

maciones no llegue á ser exijencias, y tal vez no dejenere en una ma- 
nifestación, que me parece indudable,' si V. E. me permitiera algunas 
observaciones que dicen álfico de estas reclamaciones. 

Se ha dicho, y dice ( sin duda con alguna intención } que la legión 2 
los cazadores vascos hubieran podido con sus economías hacer lo mis- 
mo que lo que han hecho los cuerpos que se han vestido con las eco- 
nomías que se pretende que han hecho. A esto responderé, por lo que 
á mí toca, como jefe de la legión. 

En primer lugar señor Ministro, no puede haber economía sobre las 
raciones sin perjudicar al soldado; y en mi administración, lejos de ha- 
ber tales economías, se abona un aumento al Comisario para que la tro 
pa reciba todo igualmente, tanto en cantidad como en calidad á menos 
que y.E. entienda como economía las raciones que abonan á tal ó cual 
cuerpo fuera de su efectivo, ó las que pueda recibir indebidamente. 

La legión, Sr. Ministro, no está ciertamente, ni nunca ha sido com.- 
prendida en el número de los privileiiados, por que ella no tiene exe- 
dente do raciones, ni rendimientos ae personerías, ni de quintas, ni de 
casas, ni de patentes, ni aumentos de barricas de harina, y solo tiene 
las 13 mensualidades concedidas por V. E. 

Se ha dicho también, y tal vez con la misma intención, que la legión 
no tenia el número de plazas que presentaba en sus Estados: que tenia 
un gran número de raciones superabundantes, y otro tanto por conse- 
cuencia de calzado y de vestuario. 



248 KISTO!» raLMu T wcnrAA 

nidoá itamínary mostrar, en todo m esplender, te justicia y 
sanlMad de nuestra cansa. Ta hojv Md iiapotentes las arterias de 
nuestros enemigos, pava oscuraeer* el deresiiO' y el éeber eon 
que combatimos. Son sus mismas sonfesiones las q<ie nos jhs^ 
tífican. Es el gobernador de^ Buenos Aires, proclamando, en 
clara y alta voz, que, en su contienda con la República, no essn 
objeto la presidencia de B. Manuel Oribe ; que no son sus pre- 
tensiones las que sostiene ; que no es un simple auxiliar en esta 
gnerra ; que en ella su interés es esencial y trascendentalmente 
ai^entino, pues que rechaza y desbarata un arreglo de paz, 
propuesto y basado en la presidencia de B. Manuel Oribe' y te- 
das sus exigencias ; es, en fin, «^ mismo gobernador quien sin 
arredrarse en los inconvenientes, ni consultar las susceptibili- 

Esla calumnia no data de hoy, Sr. Ministro, pues que en 20 de Octu- 
bre de 1847, escribía yo á V. K.\iuo me hiciera el favor de veriücar las 
cuentas de la legión, sea por el Comisario General, ó por la Contaduría, 
á fin do hacer desaparecer toda duda ofensiva á mi administración. 

No he sido bastante feliz para conseguir una contestación, y así fué 
propagándose é infundiéndose esta insidiosa noticia. 

Pero, Sr. Ministro, era y es fácil hacer cesar esta calumnia, aue es- 
pan*idaenel público, hace ¡meo honor á los (jue la consienten y (a pro- 
pagan, y á las jefes contra <]uienes se dinje: este medio muy sencillo 
de acattiar con estas pérí)das acusaciones consiste en conocer la fuerza 
efectiva de los cuerpos de voluntarios, pasando una revista simultánea 
de ellos. Ksta propuesta so hiro varias veces á V. E., por los jefes juntos, 
y otras veces por sepanulo, y no hace diez dias que se la hice yo en el 
¡iespacho, y hablando con V."e. 

Es, pues, evidente que sin motivos |>eculiares se oponen á estas pro- 
puestas, y no conviene á V. K. Yerificarias, los jefes no pueden ser 
responsaliles de los abusos que puedan existir, si sc^ les niega el único 
medio que está á su disposición, (previa venia , de cortar estas inculpa 
dones ofensivas hnciéndolas injnstilicables. 

En todo caso, Sr. Ministro, ¿puede ser la legión paciente de la política 
de V. E., 6 de la emisión de alguna duda? ¿Tendrá ella que sufrir mise 
rias y privaciones en consecuencia de su|>osiciones no justificadas? Per- 
mítame V. E., decirle que si no es un pn^testo, es la mayor de las in- 
justicias y de las parcialidades. 

Reasumiendo lo espuesto debo detiarar francamente á V. E.que toda 
demora t»s ya imi>osibK\ v que á V. E. solo |H.»rtenece hac.T ilesa|.wurecer 
íA desi\>ntehto, procurando satisfacer á las justas reclamaciones de la 
legión. 

IMos guanle á V. E. muchos años. 

J. C. ThiebanL 



D¿ LAB RIPOlLiCiS DÜ. PLilA 249 

dades de sa protegido, ie toma oon avano ñxmt, y coa resola- 
cioQbiea calculada, le poQdásas espadas, rompe cuanto ha 
hecho, y se preseola en la polémica como priucipal ó único 
beligerante, diciendo :-- 5(^ yo quien no quiere la paz: ía 
guerra, y la desaparición de la RepMica Oriental, son mis 
pretensiones— Es D. Manuel Oribe abdicando desnuda y abier- 
tamente toda su dignidad de hijo de este pais, y del carácter 
con que él se ha investido, ante la voluntad férrea y la ambición 
de un gobierno extrangero, que de un modo tan vergonzoso y 
elocuente, le impone su obediencia, y le exige el sacrificio de 
una patriaqueD. Manuel Oribe llama suya, y por cuyo mando 
hace sesenta y cuatro meses que la asuela y la yerma. ; Hay algo 
que pueda oponerse a estos dos hechos ? Oh I demos mil y mil 
gracias al Todo Poderpso por este nuevo favor, con que ha veni- 
do en nuestro auxilio. 

Es preciso, pues, continuar en nuestra honrosa é imprescin- 
dible tarea. Ahí está la vida de la patria : pereciendo y salván- 
donos con ella probaremos que hemos sido y somos dignos de 
tenerla. Los pueblos como los hombres, no trasmiten su nombre 
á la posteridad, sino con proezas extraordinarias. Si en ello hay 
sacrificios para nosotros, hay también inmensa gloria, honra y 
dicha para nuestros hijos. El sitio de Montevideo cuenta ya mas 
de cinco años. Este acontecimiento es uno de los mas grandes 
y notables de los tiempos modernos. Hágase algo mas, y nues- 
tros esfuerzos tendrán la mas espléndida recompensa. 

Con los números 4 á 25, el P. E. tiene el honor de acompañar 
las notas que ha cambiado con los Plenipotenciarios de los Po- 
deres mediadores. En ellas verá V. H. el curso de este negocio, 
su carácter é importancia. 

También está consignada en ellas la conducta que ha observa- 
do el P. E. Él cree haber hecho por la paz, cuanto le era permi- 
tido hacer. Si tanto bien no ha podido obtener para la República, 
el Gobierno está exento de toda inculpación. En esta posición 



250 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

bien se puede esperar los acontecimientos. El P. E., sin em- 
bargo, someto sus procedimientos á la sanción de V. H. 

El P. E. lamenta sincera y profundamente, que, esta vez 
también, el plenipotenciario Británico se haya creido desligado de 
los deberes en que parece debian constituirlo los compromisos 
recíprocos, tomados nuevamente por los Poderes interventores. 
Hoy, menos que nunca, el P. E. puede alcanzar la razón de tal 
procedimiento. Las esplicaciones que contiene la nota núm. 24 
están muy distantes de ser satisfactorias. Esta conducta fija 
tanto mas la atención del P. E. cuanto que, según las declaracio- 
nes del Ministro de R. E. de Franófá, hechas en ambas Cámaras 
del Cuerpo Legislativo, el Honorable predecesor del Caballero 
(iore, fué desaprobado en sus procedimientos. Este suceso es 
deplorable por su importancia política, y.el gran valor que el 
P. E. di á la unión y perfecta conformidad de los gobiernos in- 
terventores, en sus relaciones con nuestra cuestión. 

El Plenipotenciario francés ha seguido otra conducta. Com- 
prendiendo cuan comprometidos se verian el honor y la digni- 
dad de su país, siguiendo aquel procedimiento, ha tomado otra 
actitud. Ella, por lo menos, impórtala persistencia de la Fran- 
cia en llevar adelante y hacer respetar tantos y tan serios com- 
promisos como tiene ya contraidos en nuestra cuestión con el 
Gobierno de Buenos Aires. 

El bloqueo, bajo una forma rigorosa, de las costas de la Repú- 
blica ocupadas por el enemigo, está acordado y ordenado por el 
Plenipotenciario francés ; y á mas ha celebrado con el P. Ejecu- 
tivo otras convenciones, necesarias para el sosten y defensa de 
la causa nacional, mientras el Gobierno de Francia no hace saber 
sus ulteriores y últimas resoluciones. 

Es de esperar, que tanto la República Francesa, cuya política 
acaba de ser formulada sobre principios tan nobles y generosos, 
como el Gobierno <le la Gran Bretaña, pondrán pronto y definiti- 
vo término á una posición tan vejatoria para el buen crédito de 



DE LAS REPOBLIGAS DEL PLATA 25t 

SUS nombres, j tan inconciliable con su poder y los estrictos de- 
beres que les impone la posición qne han asumido. El P. E. se 
lisonjea de ello, porque, cualquiera que sea en este momento la 
conducta de los agentes de aquellos poderes, no duda que estos 
continuarán, como hasta aqui, obrando de concierto, para ha- 
cer efectiva la independencia de la República, y dar á estos paí- 
ses la paz y la seguridad de que tanto necesitan. 

Llenada la tarea que se impuso el P. E., solo le resta pedir á 
la H. A. quiera aceptar su respeto y alta consideración. 

JOAQUÍN SUAREZ. 

Manuel Herrera y Obes. 

Para el General Oribe nopodiadarseun arreglo mas satisfac- 
torio : su poder quedaba en pié y sus enemigos vencidos. En 
su consejo de Ministros el General Diaz le hostigó para que rom- 
piese los vínculos que fatalmente le ligaban al General Rosas, 
con perjuicio de su porvenir y de su nombre, yaque el de su 
patria no era debidamente tomado en cuenta ; pero nada pudo 
conseguir — El General Oribe tuvo ocasión mas tarde de arre- 
pentirse de su debilidad, pero era doblemente tarde, porque ya 
estaba vencido. 

Según la Gaceta Mercantil, órgano del General Rosas, los se- 
ñores Gore y Gros habian terminado sus procedimientos, pa- 
sando al Gobierno de Buenos Aires, escluido de toda discusión, 
las notas de Julio 8 y 16, recordando recien que no eran nego- 
ciadores, sino mediadores, y como tales no podian devolver la 
escuadra é Isla de Martin García, ni dar un corte decisivo res- 
pecto de la invasión de los rios Paraná y Uruguay. 

Negaba la Gaceta que el General Oribe hubiese sido forzado á 
retractar su palabra, y no reconocia en los señores Gore y Gros, 
otra misión que la de retractar compromisos anteriores de sus 
Gobiernos, y proseguir la intervención, verdadero caballo de 
batallado los planes políticos del Genenil Rosas. 



352 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

El General Oribe era pues, se^Qn el órgano oficial porteño, 
acusado injustamente ante la(^iaioa, por los seiiores Gorey 
Gros, que juzgaron salir por este medio de las dificultades 
creadas. 

Los señores mediadores sabían perfectamente que todo lo dis- 
cutido con el General Oribe y todo lo que este mismo propuso, 
tenia una dependencia absoluta é inmediata el avenimiento del 
General Rosas, condición si ríe qua non, arniigada on la alianza, 
que debió ser repelida in limim, antes de en trarjit tratar con el 
General Oribe, tanto míis, cuando el Geaftral Rosas dejó siem- 
pre subsistente su derecho de beligerante. : 

Examinemos ligeramente algunas circunstancias que ponen 
de relieve ia conducta de los Generales Rosas y Oribe en esta 
ocasión. 

Cuando llegaron los Agentes á Montevideo avisaron a los tres 
gobiernos en lucha (jue venian á tratar de restablecer la paz en 
el Rio de la Plata, en cuyo deseo no habian cesado de perseverar 
sus respectivos soberanos. 

A este aviso respondió un avenimiento completo por parte del 
General Oribe y el Gobierno de Montevideo, habiéndolo partici- 
pado á Rosas el primero. 

Rosas contestó entonces á Oribe, que la tendencia de la mi- 
sión, era dar á la negociación un carácter absohitamente 
militar, sindeclinar el de interventores : dividir las cuestiones; 
dejar sin solución asuntos políticos implicados en ellas, y de- 
sentenderse de las bases Hood — Lo que quedaba plenamente 
probado desde que no se empezaba por reconocer al mismo 
Oribe como Presidente legal de la República Oriental, reunién- 
dose á esto, la actitud que tomaba el señor Gore, después que 
Lord Howden había dado por terminada toda inten^encion en el 
Plata, concluyendo el señor Rosas por tachar de aislada la re- 
ferida intervención. Sin embargo de esto, el General Oribe 
hizo á un lado los argumentos del señor Rosas, y contestó de 



• DK LAS REPÜBUGA8 DEL PLATA 353 

perfecto acaerdo á los mediadores, al mismo tiempo que escri- 
bia al General Rosas diciéndola que había preyisto el carácter 
que se qaena dar á la negociación, y esperaba conocerla mar- 
cha de los Ministros para reglar la saya. Por lo demás, el Gene- 
ral Oribe no manifestó preveer tíi esperar nada, y si sucedió lo 
contrario, fu^muy raro, que conociendo que se tendia áescluir 
á Rosas (que era el verdadero obstáculo y así lo conocieron los 
gobiernos europeos) y que se le hacían exigencias agenas al 
compromiso ^teríor dejando á un lado las bases Hood, y que 
se le ofendía en conclusión no reconociéndole como Presidente 
de la República, coatestase como lo hizo entonces cediendo de 
plano á los deseos de los mediadores, para abjurar después de 
sus propias ideas en vista de la aprobación del General Rosas, 
adoptar las ordenes de este, y producir finalmente bajo su firma 
el triste documento que hemos registrado con el número 9, que 
no es otra cosa, sino una completa retractación de su palabra 
escrita. 

Los Ministros mediadores presentaron al señor Oribe las 
cuatro bases propuestas á los beligerantes ; y habiéndole invi- 
tado á tratar con el Gobierno de Montevideo, se tomó el señor 
Oribe 17 días para contestar, incluyendo siete proposiciones 
aconsejadas por el General Díaz, y escritas bajo su dictado, las 
que ya dejamos publítadas, y en las que no quiso asentir el Sr. 
Rosas solícitamente instado á ello, forzando al General Oribe á 
una retractación bochornosa. 

El General Oribe no podía proceder por ignorancia, y lejos 
de eso tenia la convicción de su derecho para conducirse así, 
tanto mas cuando la reforma que él liizo á las proposiciones 
salvaban para él de un modo decoroso, los principios de la lu- 
cha, colmando sus aspiraciones, y asegurándole como lo hemos 
dicho antes un completo triunfo. 

El señor Rosas no tenia pues motivo ostensible para privar á 
su aliado, de un éxito tanto tiempo buscado, y por el que se 



254 HISTORU POLÍTICA Y MILITAR 

había consumado tanto sacrificio y derramamiento de sangre ; 
debia por lo menos desearlo ; pero muy lejos de esto, se suble- 
va contra el triunfo de su aliado, y desploma sobre él su desa- 
piadada indignación, por medio de su nota de 8 de Mayo, en la 
cual concluye por amenazarle. Y no es solo esto. El señor Ro- 
sas hace constar en su órgano oficial, que el (lenerial Oribe ha- 
bia procedido en todo después de una detenida y sensata dis- 
cusión con los señores Ministros mediadores, después de una 
franca é ilustrada discusión con el señor Rosas. Esta aserción, 
cuyo atrevimiento venia á desmentirse inmediatamente, por los 
mismos documentos publicados entre los que figuraban, la de- 
saprobación del General Rosas, y la retractación del señor 
Oribe, solo sirvió para poner de relieve la conducta del dicta- 
dor, y el triste rol jugado por el (leneral Oribe, en tan mezquino 
asunto prestándose atan repetidos y tristes papeles. 

El señor Rosas no emite opinión en su nota de repulsa : — 
muy al contrario, y muy terminantemente resuelve y ordena, 
se declare que las bases son inadmisibles ; sino son tan latas 
para arreglar todas las cuestiones pendientes y complicadas : 
resuelve igualmente no retirar sus tropas, porque aun no han 
llenado los objetos de su presencia en el Estado Oriental 1 1 Y 
después de una humillación semejante, el señor Oribe era alta- 
mente encomiado en la Gaceta oficial del General Rosas ! ! — 
En esa Gaceta se decía, que Oribe habia retirado sus proposi- 
ciones, porque al instruirse de la nota número 12 habia com- 
prendido con su ilustración innegable , el grave é irritante 
insulto que se hacia á su patria desconociéndosele su legítimo 
carácter de Presidente de la República, y pretendiendo aislarle 
de su aliado I 

Verdaderamente, el General Rosas tenia grandes condiciones, 
para sostener en pié osa gran masa de absurdos que consti- 
tuían la fuerza principal de su política respecto del Estado 
Oriental. 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 255 

El 9 de Junio el Sr. Gore presentó sus credenciales al Go- 
bierno de Montevideo, y fué reconocido con la misma fecha. 
Los Generales Rosas y Oribe acababan de hacer un brillante 

•r' 

negocio político : el primero con su ambición despótica: el se- 
gundo con su falta de vistas, y mal meditada sumisión — Pode- 
mos equivocarnos en esta apreciación; pero si no erí» esto ¿qué 
pretendían estos hombres? 

En Noviembre de 1848 se declaró oficialmente que dejaban de 
pertenecer á la Asamblea de Notables, los Generales D. Fruc- 
tuoso Rivera, D. José Garibaldi, coroneles D. Gabriel Velazco, 
ciudadanos D. Ffiíncisco Hordeñana, D. Manuel Otero, Antolin 
Vidal, Juan Gutiérrez Moreno, y Antonio Fernandez, y con fegha 
21 del mismo raes, se nombró para reemplazarlos, á los corone- 
les D. Francisco Tajes, Manuel Freiré, comandante José María 
Echandia, ciudadanos Carlos Muñoz, Adolfo Rodríguez, Rafael 
Fernandez Echeaique, y Juan Manuel Besnes é Irigoyen. 

El lo de Marzo del mismo año el Dr. D. Manuel Herrera y 
Obes, pasó al cuerpo diplomático estrangero, una circular, de 
cuyo tenor dá cuéntala nota que damos á continuación. 

Montevideo, Marzo 18 do 1848. 

Los infrascritos, miembros del Cuerpo Diplomático y consu- 
lar residentes en Montevideo, han recibido por conducto del 
Sr. Encargado de Negocios del Brasil, decano de este cuerpo, la 
nota colectiva qué S. E. el Sr. Ministro de Negocios Extrange- 
ros ha dirigido al mismo cuerpo diplomático y consular el 13 
del corriente mes de Marzo. 

En esa nota el Sr. Ministro cxpon;3 las circunstancias emba- 
razantes y difíciles en que se halla el Gobierno del Estado para 
obtener los medios de continuar la defensa de la ciudad, y man- 
tener la tranquilidad y seguridad de las vidas y propiedades, 
sin emplear medidas fuertes y violentas. Pero para obtener es- 
tos dos resultados, sin recurrirá medidas semejantes, el Señor 



236 BISTORU POLÍTICA T MIUTAB 

Ministro declara que le será suficieate el empréstito de la canti- 
dad de cincuenta mil pesos, para cuyo abono el Gobierno se 
obligaría con la parte que le toca de las rentas de la aduana, 
desde el r del próximo mes de Abril : pero como este emprés- 
tito no puede realizarse sin el empleo de los fondos extrange- 
ros, el Sr. Ministro desea que los Representantes y Agentes de 
los Gobiernos extrangeros acreditados cerca del Gobierno de la 
República, pongan en ejercicio las medidas que su posición ofi- 
cial les dá, para persuadir y convencer á los subditos de sus 
Gobiernos respectivos que está en el interés mismo de estos 
subditos entrar en esta medida financiera. '* 

Los infrascritos sienten con el dolor mas profundo los de- 
plorables efectos de la guerra que despedaza el Estado Orien- 
tal; dirijen votos al Cielo por que vuelvan lo mas pronto posible 
sobre el horizonte de la República los dias de paz y de prospe- 
ridad; y al mismo tiempo aprecian justa y debidamente los sen- 
timientos de benevolencia y benignidad de que el Gobierno se 
declara animado hacia los subditos délas naciones extrangeras 
domiciliados en Montevideo. Pero los infrascritos, en su posi- 
ción, como Agentes de Gobiernos perfectamente neutrales en la 
lucha que desgraciadamente agita á las dos Repúblicas del Pla- 
ta, se ven obligados á no salir de los limites que la ley de las na- 
ciones les prescribe, y que le son trazados en las instrucciones 
de sus gobiernos respectivos; y tanto aquellos como estas se- 
rán comprometidas por los infrascritos en el caso que hiciesen 
uso, de cualquier modo que fuese, de la ventaja de su posición 
oficial respectiva para favorecer á alguna de las partes belije- 
rantes. 

Por lo que respecta á lo que podia haber en esto de menos 
ventajoso en la opinión para los extrangeros neutrales residen- 
tes en la ciudad de Montevideo, los infrascritos reposan no 
solamente en los sentimientos de benevoleaoia y benigni- 
dad de los que han tenido ya el honor de hacer mención. 



/ 



D¿ LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 257 

sino también en la rigorosa observancia de los principios y re- 
glas del derecho de geites, sobre cuya aplicación exacta á los 
intereses y personas de sus subditos respectivos es de su deber 
velar constantemente. 

Los infrascritos aprovechan esta ocasión para saludar á S. E. 
el Sr. Ministro de Negocios Extrangeros con la espresion since- 
ra de su respeto, perfecta estima y alta consideración. 
Nota del Sr, Emargado de Negocios ds Francia en Montevideo 

Adhiero al complexo de la opinión emitida colectivamente en 
la nota precedente, reservando empero la excepción que resulta 
de la posición particular de mi Gobierno con respecto al Gobier- 
no Oriental. 
A S. E. el Sr. Ministro de Negocios Extrangeros, etc., etc., etc. 

Como se vé, el objeto de la circular del Gobierno de Montevi- 
deo, era obtener fondos, recabados por medio de los Agentes 
diplomáticos extrangeros, de sus nacionales. 

Este acto era sin embargo contrario á la neutralidad, desde 
que aquellos recursos eran dirigidos á sostener la guerra por 
parte de uno de los beligerantes, y los agentes extrangeros, no 
podían tomar sobre sí tal responsabilidad. 

La contestación de aquellos Ministros no pódia pues ser otra, 
que la que aconseja la previsión en estos casos. 

Suoosos do la Oolonla 

El asedio de la Colonia, donde se habían acumulado elemen- 
tos de la plaza de Montevideo, apoyados por fuerzas y buques 
de la marina francesa, había sido estrechado por las fuerzas del 
comandante D. Lucas Moreno. 

El 1 5 de Enero fué muerto en una guerrilla sobre la linea de 
aquel asedio, un negro perteneciente á las fuerzas sitiadas, lla- 
mado Arenas, conocido por el mas vaqueano y emprendedor de 
aquella guarnición. Con este motivo decia el coronel Moreno lo 
siguiente, dirigiéndose al General Oribe. 

17 



258 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

« He sabido que los salvages unitarios de la Colonia recogie- 
ron el cadáver del negro Arenas a los tres dias de muerto y 
cuando los perros se lo hablan comido. El indio Medina, que 
no habla olvidado las lecciones del manco Paz, llevó el cadáver 
frente» á su tropa y proclamó que nosotros habiamos despeda- 
zado al negro, y que parecia que hasta asados le habiamos sa- 
cado ; sin duda, para hacer creer á los suyos que los nuestros 
tienen el hambre que los d(»vor;i á ellos en la Colonia. Un solda- 
do de la formaciuii que dijo : « Es mentira eso que dice, pues 
se conocí' quo es comido de ptTros » en el acto fué preso y pues- 
to con una barra do grillos, donde está hasta ahora. » 

« ILigo á V. S. esta relación porque no será estrano que elve- 
rídico Comercio de Várela salga diciendo que churrasqueamos 
la carne de «-adá veres de los salvajes unitarios. » 

Este hí'cho ñor su carácter dio lugar á examen — Véase como 
se fuero:) produciendo los datos — Pocos dias después se pre- 
sentó en la Colonia un soldado de los sitiadores, y declaró cpie 
rl negro Arenas habia sido lomado en una descubierta y muer- 
to en la cosía del bañado el mismo dia de su captura — En esos 
m')menL<)s !!?gnha una imaginaria que recorra -el Hiampo, tra- 
yendo un pió y parte .de la pierna del soldado Arenas, qae ha- 
bia sido quiladaá un perro que la traia de afuera. Pocos dias 
después, una descubierta enconlró sobre el ¡kvo de Paonero, 
en el.'iri'ivo 'kl Molino, los restos de Arenas, cuvos miembros 
dis.oersos parecia que hubiesen sido descuartizados, hallándose 
de distancia aüilisL-incia las piernas, brazos y cuerpo. >ío pre- 
s«;nl:;!)a üíra íio/ida que el cráneo desecho. Arenas fué toma- 
do porufiL; pür!i:!adol capitán León ñeniles, á quien |)erteneció 
ü¡ i'oferid:; ijegro, y desertó llevándole una trofíiHa de caballos. 

Muy pocos (lias antes de este suceso, el comandante Moreno 
pasaba al Goiiera! Oribe el parte que registramos. 

«Lineado laColonia, Diciembre 1 5- de 1847. — Al Sr. (rene- 
ra!, Jefe -le !as fuerzas al Sud del Rio ¡Negro, Brigadier I). Igna- 
cio Oribe. 



i 



DE LIS REPOBUGAS DEL PLATA 3H9 

« Señor General : — Los facinerosos salvajes unitarios Juan 
Escalada y Gregorio Villalba, acaban de ser fusilados en casti- 
go de sus muchos crímenes, y los cuales fueron tomados el doce 
del corriente en los bosques de Martín Chico, por el activo te- 
niente D. Plácido Machado. Estos asesinos, con Simón Maidana, 
hablan sido mandados por los salvajes unitarios de Martin Gar- 
cía en la noche anterior á carnear en nuestras playas. En aten- 
ción á ser muy joven el último, se le ha castigado con scücien- 
tos azotes, y destinudo con una cade^ia á trabajos, salvándo- 
sele la vida. Todo lo que deseo sea de la aprobación de V. S. 

« Dios guarde á V. S. muchos años. — Lucas Moreno. » 

Este hecho, así como el ejercido en cuatro españoles con 
corto intervalo de tiempo, los que sufrieron igual suerte como 
corsarios ó contrabandistas, no era mas que la ejecución del 
decreto del General Oribe de 23 de Febrero de 1 817, por el que 
se declaraban piratas, é imponía pena de muerte, « al patrón ó 
« capitán, é individuos de la tripulación de los ])uques que lle- 
« garen á ?er aprehendidos en la operación de embarcar gana- 
re dos sin péfmiso especial, sobre las costas de la República, » 
disposición que se hacía estensiva á los buques y subditos de 
todas las naciones. . * 

Contra esta disposición solo reclamó el^rasil y esa recla- 
mación fué publicada por el Gobierno imperial. 

En cuanto á los demás agentes estrangeros la otorgaron ghar- 
dando silencio un(p, y acusando recibo déla circular, otros. 

El asedio de la Colonia continuó con alternativas de mas ó 
menos interés, hasta el 18 de Agosto de 1848, en que fué to- 
mada aquella ciudad por asalto. De ese episodio dan cuenta 
los datos oficiales. Examínense. 



260 HISTORIA POLínCA Y MIUTIR 

i YIYÁIf LOS DIFENSORKS DR LAS LEVES 1 
¡ MUERAN LOS SALYAiES UNITARIOS i 

El Jefe de la División en Operaciones en el Departamento de ía 
Colonia. 

Colonia, Agosto 2S de 1848. 

Al señor General Jefe de las fuerzas al Sud del Aio Negro, Bri- 
gadier D. Ignacio Oribe. 

Señor General . 

El 1 8 á la tarde, tave el honor de avisar V. E. el asalto y toma 
de la Colonia por las valientes fuerzas á mis órdenes y hoy cum- 
plo con el deber de dar á Y. E. los detalles de este glorioso su- 
ceso. 

La plaza, foseada y amurallada según la arquitectura militar 
del siglo pasado, habia sido de nuevo recorrida por las fuerzas 
anglo— francesas que la ocupaban después déla intervención. 
En sus dos cubos y dos baluartes tenia 1 i piezas de artillería 
de diferentes calibres. El bergantín francés Adonu de 46 caño- 
nes la defendía por el Norte, á distancia de diez eoadras, y al 
Sud el vapor Fulton con dos cañones de á 80 y dos de á 24, á 
300 varas. ^ 

La línea exterior cWfendida por los buques, los cañones y fu- 
siles de la muralla, comenzaba por su izquierda con la batería 
de la Retama, de tres cañones, y seguían cuatro cantones que 
guarnecían los llamados escuadrón Escolta, f|pcnadron 4 .'' y 1 .* 
compañía de Guardia Nacional. En el que vivía el traidor salva- 
je unitario Anacleto Medina, tenia una pieza volante. 

Las dos compañías denopiinadas Voluntarios Vascos, la se- 
gunda de la Guardia Nacional, la de empleados, la Pasiva y el 
cuerpo de oficiales defendían la muralla. 

Con pleno conocimiento de esta posición dispuse asaltar y 
tomar la plaza. Al efecto, desde algunas noches anteriores hice 



DE LIS BEPCBLICAS DSL PLATA 261 

tirotear la linea exterior y aan en la del asalto se hizo esto mis- 
mo á las once j media con el objeto de cansar al enemiga 
y que no le cansasen mayor alarma los primeros tiros para po- 
der ganar el terreno queme era necesario. 

Yo sabia que el salvaje unitario Anacleto Medina, habia orde- 
nado que, en caso de un ataque, se replegase á la plaza toda su 
fuerza de los cantones á escepcion de la batería, y comprendí 
que era necesario cortar toda su linea exterior donde tenia su 
mejor tropa. 

Nuestro ataque ha sido llevado del modo siguiente : 

La primera y segunda compañía del batallón « Defensores de 
la Independencia Oriental r^ á las órdenes del muy distinguido 
y denodado mayor D. Juan E. Lenguas, fueron destinadas á 
penetrar por entre el agua y las peñas y escalar el cubo del Sud. 
El valiente capitán D. León Benites con 60 Guardias Nacionales 
de caballería, fué destinado á hacer un ataque de diversión so-^ 
bre la parte Norte de la muralla. 

Al bravo entre los valientes capitán D. Ensebio Carrasco, cou 
cuatro oficiales y cuarenta soldados de la Escolta deS. E.el 
señor Presidente de la República, lo destiné á echar pié á tier- 
ra en el portón, y que abriéndolo con las hachas que llevaba, 
evitase que entrasen los salvajes unitarios, qwlí estaban afuera. 

Las compañías « Volteadores » y tercera de « Defensores )► 
bajo mis inmediatas órdenes, tenían por objeto sostener al ca- 
pitán Carrasco y entrar por el portón. De ellas destiné una mi- 
tad á las órdenes del teniente de Volteadores D. Benigno Pérez 
para que llamase la atención sobre el terreno que media entre 
el portón y Cubo del Sad. 

Al valiente teniente coronel D. Leandro Villanueva con tres 
Escuadrones de Caballería, y al benemérito comandante D. José 
M . Reyes con el suyo, los dejé situados afuera de las quintas 
para evitar pudieran salir á la campana los salvajes unitarios. 

Con estas disposiciones marché al ataque á la$ tres menos 



S63 HISTORIA política t militar 

cuarto de la mauana del 18 del corriente. Ocho cuadras antes 
de llegar a la muralla encontramos las escuchas enemigas, y 
desde alli corrió á escape el capitán Carrasco, y á paso de trote 
la infantería, á llenar cada uno el objeto á que había sido desti- 
nado. 

Pronto rompió el fuego el Fulton, siguiendo los cañones de 
la muralla, y los fusiles de esta y del cantón de nacionales á 
200 yaras del Portón. En este hacían prodigios de yalor los ofi* 
cíales y soldados de la escolta de S. E., recibiendo solos y por 
mas de cinco minutos, el fuego á quema-ropa, y las grandes 
piedras que los salvajes unitarios arrojaban contra ellos, hasta 
que llegué con la infantería. 

£1 mayor Lenguas, despreciando los tiros á metralla ádFul' 
ton y del Cubo, fué el primero que con la mitad que mandaba el 
bizarro capitán D. José Uguarte, entró en la plaza, sin embargo 
de la valerosa resistencia que hacia la tropa enemiga. 

Los salvajes unitarios de los escuadrones escolta y P. venían 
á piéy paso de trote i entrar por el portón, y rompieron el fue- 
go sobre mi flanco derecho. Entonces ordené al distinguido 
sargento mayor D. Constancio Otondo, los cargase á la bayoneta 
con la compañía de Volteadores ; al ejecutarlo se dispersaron 
aquellos y disparando para el Norte, fueron a encontrar las lan- 
zas y tercerolas del capitán Benítez que había entrado por la de- 
recha á cumplir las órdenes que se le dieron. 

Deteniendo á los Volteadores se les mandó envainar y dirijir 
sus fuegos sobre el cantón de nacionales que nos tomaba por 
la espalda. Entretanto, el capitán Carrasco habia hecho un agu- 
jero en el portón y entrando por él el valiente soldado Valentín 
Machena (que he ascendido á sargento) rompió el candado de la 
falleba que lo cerraba, el cual abierto, entraron los valiente ofi- 
ciales y tropa de la escolta, sembrando la muerte y el terror en- 
tre los salvajes unitarios, á la vez que otro tanto hacían las com- 
pañías del batallón mandadas por el mayor Lenguas y las cuales 



jí 



DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 263 

demostraban la bravura y disciplina que supo ensenarles su 
acreditado jefe el teniente coronel Rincón, que por tantas veces 
ha conducido á la victoria á sus veteranos soldados. 

En el momento de abierto el portón ordené al capitán D. Luis 
Pereira entrase con la 2" compañía que había estado haciendo 
fuego al baluarte del Sud. ^ 

Las voces ¡¡vim Oribe! I resonaban en la plaza: lasbaterias 
enemigas eran abandonadas y solo los buques de guerra hacian 
fuego. Los salvajes unitarios disparaban en todas direcciones; 
la victoria era nuestra. En tal estado, mandé hacer alto, cesar 
el fuego, tOGíir reunión y formar las compañías al frcnto de la 
muralla. 

Fácil me era alcanzar á los que disparaban á embarcarse al 
puerto ; poro tuve presente (jue alli habia mujeres y niños y 
personas inofensivas que el temor habria llevado, y preferí el 
que se salvasen los salvajes unitarios á que hubiese una sola 
víctima inocente. 

Organizadas las fuerzas y pasados los primeros momentos, 
destiné al capitán Ugaríe con su compañía á lo interior de la 
ciudad á mantener el urden y con la prevención de no tirar un 
tiro sino en el caso de encontrar fuerza que lo atacase. No tar- 
dó en regresar trayendo treinta prisioneros. 

A la media hora de emprendido el asalto habia cesado el es- 
truendo de las armas, y si es glorioso paralas nuestras el triiui- 
¡b alcanzado en la mañana del 18, no lo es menos el que ni una- 
sola casa haya sido saqueada por nuestros bravos soldados, 
sin embargo, de que, varias habian sido abandonadas : hecho 
no común en la guerra y propio solo de los sohlados del Plata 
(}ue combaten por su gloriosa Libertad y su Independencia. . 

Tomada la plaza quedaron sosteniéndose el Cantón de Nacio- 
nales y batería, sobre cuyos puntos prohibí se hiciera fuego. 
Después que aclaró el dia, le mandé intimar que se rindiesen ; 
pero el temor y la protección que les ofrecían los franceses para 
embarcarse, los conservó en su puesto. 



264 HISTORIA política t militar 

Era daeño de la artilleria de la plaza y podría arrasar el cao- 
ton de nacionales, pero esos eran orientales y no olvidé que 
tanlo V. S. como S. E. el señor Presidente de la República en 
SQ magnánima y generosa política, sa mayor complacencia es 
perdonar: ofrecí, pues, completo indulto á esos desgraciados 
para que se entregasen y me evitasen el disgusto de hacer cor- 
rer mas sangre. 

D. Domingo Cosío, que mandaba como teniente, vino á ofre- 
cerme hacerlo con setenta compañeros confiando en nuestra 
generosidad, y les he ofrecido bajo mi palabra que serán |)erdo- 
nados. To suplico á V. S. respetuosamente se digne honrar el 
compromiso que he contraido con esos hombres, que aunque 
criminales, son orientales y desgraciados. 

De la fuerza que había en la batería, por su cercanía al río y 
por la protección de los buques y lanchas francesas, lograron . 
embarcarse treinta y ocho salvajes unitarios. El valiente tenien- 
te D. Francisco Laguna con una guerrilla del 3'"' escuadrón de 
la guardia nacional les mató algunos hombres antes de veri- 
íicarlo. 

A las 3 de la tarde del día 48 de Agosto ha quedado libre el 
Departamento de la Colonia y los vencedores de este día presen- 
tan ante su Patria y como trofeo de ella, la libertad de un pueblo 
que conquistaron las fuerzas anglo-francesas, que lo sostenían 
con sus cañones tan despreciados por los argentinos y orien- 
tales. 

Setenta y tres muertos, doscientos treinta y cinco prisione- 
ros, veinte piezas de artillería, su parque, armamento y muni- 
ciones quedaron en nuestro poder, según demuestra la relación 
que adjunto á Y . S. asi como la lista de los prisioneros, el esta^ 
do de la fuerza que tenían los salvajes unitarios y mn plano de 
la plaza y extramuros de la ciudad demarcando las posiciones 
enemigas y la situación de los baques de guerra. 
Rindo al Ser Supremo mi mas ferviente reconocímieDto por 



DE LAS REPÜBLICAS DEL PiATi 265 

el triunfo que hemos alcanzado y por que solo bajamos de la- 
mentar )a irreparable pérdida del TaHente leniente D. Gregorio 
del Cerro y cuatro iAdivíditos de tropa muertos. 

Los heridos son tres oficiales y veinte y seis de tropa cuyos 
nombres adjunto, los que se curan coa el mayor esmero. Igual 
asistencia se tiene ron los que eran <lel enemigo. 

Entre los muertos salvajes unitarios se han conocido á los ti- 
tulados coronel Ramos, mayor Santin, oficiales Raya, Montoro, 
Casco, Díaz, Andrés Torres y Felipe López. Los dos últimos^ 
muertos á palos en el agua por los marinos franceses para ha- 
cerlos retirar de las lanchas que consideraban con demasiada 
gente. 

El cobarde Anacleto Medina disparó á embarcarse á los pri- 
meros tiros : corría en camisa y calzoncillos llevando en la 
mano las charreteras de Brigadier, que remito á V. S. á nombre^ 
de la división y las cuales arrojó al agua, conociendo sin duda 
cuan indignos de ellas son los cobardes. 

Al cerrar esta nota faltaria á mi deber si no dijese á V. S. que 
la gloria en el asalto de la Colonia corresponde en su mayor 
parte al denodado Mayor Lenguas y al esforzado capitán Carras- 
co, y al recomendarlos á V. S, lo hago también de la bizarra 
comportacion del Sargento Mayor Graduado Otondo, Capitanes 
Benites, Ugarte, Pereira, Machuca y Pueblas : Tenientes don 
Gregorio Abalos, D. Pedro José Rios, D. Isaac Carrasco, D. Se-^ 
gundo Pueblas, D. Francisco Laguna, D. Fabián Cabrera, don 
Ángel Pérez y D. Benigno Pérez : Alférez D. Juan Gil, D. Gabriel 
Villagran, D. José Arredondo, D. Francisco Pirez, D. Fernanda 
Ortizy D. Pedro Carro, y de mis ayudantes Capitán D. Luis Gil, 
Teniente D. Emilio Giró y D. Pacifico Iraola que lian llenada 
cumplidamente sus órdenes. 
Dios guarde á V. S. muchos años. 

Lucas Moreno. 



t^ 



" 1. 



206 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

Oaedaron prisioneros en poder de Moreno, 2 tenientes co- 
roneles, 3 sargentos mayores, 9 capitanes, 15 tenientes, 7 alfé- 
reces, 8 músicos y 184 individuos de tropa. 

Al parte se adjuntaba el estado de las fuei^as de la guarni- 
ción de la plaza el día que fué asaltada, sacado por el que se 
lomo en el archivo de fecha 15 de Agosto, y por la revista de la 
misma fecha. También el inventario del armamento, municio- 
nes y demás artículos tomados. 



DE LAS RBPCBLICAS DEL PLATA 



ira.u!= iaaa3sss:aig|| || 


«.p.p[»si» :aba«ass=2|: 


- 




--ís-«.r.l ;:"«-«- 


:i$ 


■ lol- :-*=»->-«- 


- i'- 


«...^M- ::«:--: 


: 1* 




: r 


; >i|Muii^| : : : : :-•* : 




-.«i(i|ii.>aii« 1 - :***-** : 


:IP 


! ..) iiu)'i<iiuis 1 " : ;*- :"* : 


; |- 




: I'' 


K-iiíi J.III Jii 'i-'i 1 '•:"'-="" 2 *- i 


Tlí 


-,u.r'£,i;'ip,og i" ; ■ : : ; i í ;= :i- 


«yüj 1 


;:;■.--■ 




iíj,illV , 










: i: 


•-iw„. jj.,n— «— « : ;- : i; 


uj.iiii( sinnf 1 -:-;;:::-:: 1 " 


«ut,|.l«nl«- «" :« ;tS 




.*.««!( ■ítSi.s I"" : : : : : :i- 


4 


«,™,uo3-«ui-:-- :::::":!« 


lírtEwn 'i|ja 1 -:::::::::; 1 - 


% 


í 

i 

1 


::|:.:::| 


• 
! 

i 

i; 











t s 



268 HISTORIA POLtnCÁ T MILITAR 

Se tomaron 20 piezas de artillería, entre ellas seis fulminan- 
les, con sos montajes y municiones, 288 fasites, y cantidad de 
armas de toda clase. 

Se embarcaron abordo de los baques franceses las siguientes 
familias : 

Familia del General Fructuoso Rivera y Labandera, 10 perso- 
nas ; de Praga, 2 personas ; de Montes, 5 personas ; del francés 
Durdos, 4 personas ; del francés Rucon, i personas ; de Evrás, 
2 persoBas ; del francés Debdrieur, 2 personas. 

El Jefe de la Estación francesa dirigió ai comandante Moreno 
la signiente neta : 

Hiúm. 4. 

Al señor Coronel Comandante de las fuerzas de la Colonia. 
Señor Coronel : 

V. S. habiéndose apoderado iioy de la Colonia, varias fami- 
lias tanto de los del país como extrangeros han venido á refu- 
giarse á bordo de los buques franceses para evitar el encontrarse 
«n el pueblo en el momento deJ desonlen inherente á la toma 
<le una plaza a viva fuerza : pasado este momento no dudo que 
muchas de ellas desean regresar á sus hogares y he notado que 
pronto el orden se habia restablecido ; no dudo pues que los 
sentimientos de humanidad y de justicia que distinguen á V. S. 
lo mueva i admitir en el pueblo de la Colonia á estas desgracia- 
das familias. 

Habrá quizás también otras familias (|ue privadas de sus pro- 
tectores naturales, desearían abandonar el país : creo que algu- 
nos franceses estañen este caso, espero que V. S. no verá in- 
conveniente en devolvérmelos para qae tome á mi cargo el cui- 
dado de aliviarlos infortunios en cuanto rae sea posible. 

Dios guarde al Sr. Comandante muchos años. 

L. Mazere. 

Comandante de la estación francesa frent(^ 
á la Colonia, á 19 de Agosto de 1848. 



DE LAS REPOBLICAS DEL PLATA 269 

Contestación de Moreno. 

I TIYAN LOS DEFEICSOBES DE LAS LEYES I 

El Jefe de la DÍTÍsion en Operaciones en el Departamento de la 
Colonia. 

Colonia, Agosto 19 de 1848. 

Al Sr. Capitán D. L, Mazere Comandante de los buques fran- 
ceses, etc. 
Señor : 
He recibido vuestra comunicación de hoy y me es grato con- 
testaros, que no hay ningún inconveniente en que regresen á la 
ciudad todas las familias que se han embarcado, en los buques 
franceses, ciertas que serán tan garantidas y respetadas, cual 
lo han sido todas las demás que se hallan aqui, aun en el acto 
de la toma de Ta plaza. 

Ni las leyes de la República, ni las órdenes que tengo de S. E. 
el Sr. Presidente de ella, privan poder salir del pais á las per- 
sonas que gusten, y lo podrán verificar de esta plaza todas las 
que quisieran hacerlo. 
Dios guarde al Sr. Capitán muchos años. 

* Lucds Moreno. 

Al señor Coronel Comandante de las fuerzas de la Colonia. 
Señor Coronel : 

No he estrañado el parte de Y. S. para con los desgraciados 
de la Colonia; desde tiempo antes conocia los sentimientos ele- 
vados que abriga ^u corazón y no esperaba menos de ellos. La 
conducta de la tropa ha sido cual la de su jefe, digna de toda 
alabanza, ha simpatizado eon el infortunio de los desgraciados y 
procurado aliviarlo en cuanto le ha sido posible. 

Esta conducta, señor Coronel, que he podido notar al tiempo 
de embarcarse las familias, me ha dado el mayor gozo ; me ha 
convencido que la irritación y las pasiones desenvueltas durante 



270 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

una guerra larga y cruel se habían desvanecido ya, y que tal vez, 
no está distante el momento en que se verá restablecida la con- 
cordia V una unión fraternal en medio de la familia oriental. 

Espero, Señor Coronel, que V. S. tendrá la bondad de admitir 
aquí el testimonio de todo mi agradecimiento, por lo que ha hi'- 
cho en favor de mis compatriotas y tomarme por un servidor 

de V. S. 

A. Mazere. 

Eu el Adonis, frente á la Colonia, á 21 de Agosto do 1848. 

¡ VIVAN LOS DEFENSORES DE LAS LEYES ! 

t 

Sr. Capitán D. L. Mazere, Comandante de los buques franceses. 
Señor : 

Vuestra carta de ayer me llena de satisfacción- al ver la justi- 
cia que hacéis á las tropas que mando, y os quedo muy agrade- 
cido al buen concepto que formáis de mi persona y senti- 
mientos. 

El orden en la tropa, y la protección á las familias, es conse- 
cuencia de las terminantes órdenes que tenemos de S. E. el se- 
ñor Presidente de la República, y del sentimiento general de los 
habitantes del país. Siempre que tengáis ocasión de mirar de 
cerca nuestros procederes, los veréis igual á lo que habéis visto 
en la Colonia, en los momentos y después de haber sido tomada 
por las armas. | Ojalá siempre fuéramos juzgados por personas 
ilustradas como vos que conociesen los hechos de vista y no 
por informes inexactos ! I 

Podéis estar cierto que en este Departamento y en todos los 
tiernas de la República vuestros compatriotas son respetados y 
protegidos : es nuestro deber y nuestro deseo y así lo mandan 
nuestras leyes y nuestro gobierno. 

Aprecio con todo mi corazón el servicio que habéis hecho á 
las familias Orientales, que han querido regresar á sus hogares. 



DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 371 

Admitid, sefior, la espresion intima de mi afectó y conside- 
ración con que soy vuestro atento servidor 

/.. Moreno. 

Campamento, 22 de Agosto de 1848. 

El ejército oribista en campana habia sufrido á unes del 47, 
«na pérdida importante con la muerte del teniente coronel, don 
(Iregorio Vergara, jefe de la división del Departamento de Pay- 
sandú. Este oficial era uno de los que mas se habían distinguido 
por su bravura y lealtiid, como soldado, habiendo pertenecido 
¿ la Legión Fidelidady que acompañó al General Oribe á su 
emigración en 1838. El comandante Vergara fué genefalmente 
sentido, y su desaparición dejó un vacio, entre la legión de va- 
lientes de los dias de combate. Falleció á la edad de cuarenta 
y seis años. No era menos bravo y denodado en la guerra que 
afectuoso y recomendable en sus relaciones sociales. 

En el resto de la República imperaba el sistema de presión 
ejercido sobre los gobernados, y se labraban rápidas fortunas 
'Con los actos de depredación ejercidos sobre la propiedad de los 
ciudadanos y extranjeros que permanecían lejos del teatro de 
aquellos acontecimientos ; el General Oribe los toleraba ; pero 
dejando enriquecer á los que él quería que enriqueciesen el 
país habia llegado á su mas alto grado de pobreza, y el cansancio 
empezaba á apoderarse de las fuerzas que habian sostenido una 
lucha tan larga como infructuosa. 

Fué entonces que empezaron á aparecer las primeras pincela- 
das del gran cuadro que debía desarrollarse un poco mas tarde. 
El General Oribe fué instruido de los pasos que daba el Gene- 
ral Urquiza, en combinación con el Gobierno de Montevideo, y 
entre los principales jefes de su ejército tanto orientales como 
argentinos. Véase la carta que fué interceptada, cuyos concep- 
tos vinieron al fin á ser justificados. 



272 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

Caartol K^nf^r^lt ^n «I Cerrito do la Vitioría, 
Junio 13 de -1847. 

(Juerido Ignacio : 

Es (ie precisa iicrosidíul <|ue espies ios pasos de Senraado 
Cíoinez, pues no me ((ueda duda <|ue este traidor está de acuer- 
do con el malvado Unfuiza y el salvaje unitario Madariaga, Go- 
bernador de Corrientes, y [precisamente ha de llegarles la oca- 
sión á estos malviuios de tiescuhrirse contra nosotros — no 
tengas duda sobre! esto, pues tengo cartas del Restaurador en 
((ue me dice que esté en acecho sobre el traidor l'rquiza, porque 
ahora, con la venida de los gringos, y viendo que estos no pue- 
den sacar nada, Urquiza va á aliarse á los salvajes. Es|g^, 
muy ambicioso, y ya sabes qufí sus miras son de colocar *á Gar- 
zón en nuestro país ; asi pues, por estas razones, conviene que 
me des cuenta del mas peijueno movimiento que veas en ellos 
y particularmente en Servando. 

No eches en olvido al picaron de Galán, y si acaso pudieras 
echármele la mano, mándamelo bien asegurado, pues este bri- 
bón os el confidente del traidor Urquiza. Con respecto k ürdi- 
narrain, no es menos malvado que estos. No dejes de observar 
la mas perfecta reserva en estos asuntos. No me contestes en 
este sentido, pues pudiera interceptarse alguna comunicación, 
y tú le harás cargo ya de la importancia de este negocio, y 
que conviene guardar la mayor reserva. 

Te salúdala hermano afectísimo 

Manuel Oribe. 

Esta carta era conducida por un chasque que se pasó á las 
fuerzas de la Colonia. 

Elfíeleusor, diario oficial del General Oribe, negó en el acto 
el hecho, declarando apócrifa la carta, y forjada por los hom- 
bres del partido opuesto, encerrados en Montevideo, con el fio 
de introducir la desoonlianza entre los Generales Oribe v Ur- 



DE LAS BEPÜHlCiS BEL FLATA 373 

quiza, y mas que tcxlo de infloír sobre el úDimo sopteaz y des- 
c(mfiado del Geoeral Rosas. 

Los beehos, como lo hemos dicho ja, se encargaroii de pro- 
bar que la carta era original, y ademas de puño y letra del Ge- 
neral Oribe. Este suceso pasó sin embargo inapercibido para la 
generalidad, do dándosele por entonces la verdadera impor- 
tancia. 

En Enero de 1849 el Gobierno brasilero concedió pasaporte 
al General D. Melchor Pacheco y Obes para regresar á Monte- 
video. 

Con tal motivo el Plenipotenciario Argentino elevó al Ministro 
del Imperio una reclamación y protesta, que obtuvo esta con- 
testación. 

TEBCERA SECCIÓN, NÜM. 3. 

Rk) Janeiro, Blinislerio de los Negocios £x- 
trangeros, en 4 de Enero de 1849. 

Refiriéndose el señor General D. Tomás Guido, Enviado Ex- 
traordinario y Ministro Plenipotenciario de la Confederación 
Argentina, en su nota de 39 de Diciembre último, á una confe- 
rencia que tuvo el dia28 del dicho mes con el infrascripto del 
Consejo de S. M. el Emperador, Presidente del Consejo de Mi- 
nistros, Ministro y Secretario de Estado de los Negocios E\- 
trangeros, torna á llamar la atención del Gobierno Imperial 
sobre el objeto de aquella conferencia, para que no se conce- 
diese pasaporte á Pacheco Obes para volver á Montevideo — 
4*. porque obligado á huir de alli se identificó con los indivi- 
duos que se refugian en el Imperio, acosados por el enemigo, y 
que se mandan venir para esta Corte ; — 2"". porque, no siendo 
dudoso de que es hoy llamado á sostener con otros aquella 
plaza, los principios de neutralidad que profesa el Gobierno 
Imperial le imponen el deber de no facultar que aquel Oriental 
vuelva al teatro de la guerra á prolongar las calamidades que 
ha traido la lucha en el Rio de la Plata. ,, 



274 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

Son estas en suma ias consideraciones que ofrece el señor 
riuido para que no se consienta en ia ida de Pacheco Obes para 
Montevideo ; y en su apoyo recuerda los males que se habrían 
rvitado si hubiesen sido atendidas sus representaciones en 
otra ¿poca contra los pasaportes concedidos para Montevideo á 
Fructuoso Rivera, é invoca á este respecto lo que practican ai- 
;;unas potencias de Europa. 

El infrascrito, en respuesta á la referida nota del Sr. Guido, 
tiene que observarle que por la secretaría de Estado de los Ne- 
gocios Extrangeros, se concedió pasaporte á Pacheco y Obes, co- 
mo se conceden á todos los que, en las mismas circunstancias, 
lo solicitan para fuera del Imperio, ya sean orientales, ya ar- 
gijntinos, ó se destinen á Montevideo, ó Buenos Aires, aunque 
la intención de unos y otros, que no es fácil ni debe pesquisar- 
se, sea de volver á una lucha ; que el Gobierno Imperial es uno 
de los mas interesados en ver terminada, mas sin quiebra de sus 
princi|)ios y de los deberes del Imperio como potencia, á quien 
cumple mantener la mas escrupulosa neutralidad. 

El señor Guido no llevaría ábien que, teniendo que ir algún 
Argentino ¡i Buenos Aires, se le rehusase pasaporte, en la supo 
sicion de que podría pasarse al Estado Oriental y auxiliar el 
ejército sitiador de la plaza de Montevideo : y entretanto seria 
nsa sin duda la consecuencia de los principios que juzga el 
señor Guido ser los de verdadera neutralidad, que tiene que 
seguir el Gobierno Imperial. 

Adoptando una política franca, leal y esclarecida, el Gobierno 
Imperial se ufana de practicar las reglas de neutralidad usadas 
por las naciones cultas de Europa y América respecto de los 
que buscan refugio en el Imperio, acosados por las tempesta- 
des políticas, ó arrojados por los vaivenes de la guerra ; y fir- 
me en ese propósito, que mues.tra la buena fé y constancia con 
que ha observado los principios del derecho de gentes, no 
cuida el mismo Gobierno de las modificaciones que puedan ha- 



/" 



DE US REPÜBLICiS DEL PLATA 2TÓ 

ber sufrido, unas fundadas en tratados, y otras exigidas por 
circunstancias especiales, lo que -nada tiene de coman con la 
política de neutralidad simple y absoluta que sigue el Brasil. 

El infrascrito se limita á estas observaciones para hacer ver 
al señor Guido que la concesión de pasaportes a Paclieco Obes 
nada tiene de extraordinario : que ella es una consecuencia de 
la imparcialidad y uniformidad en la marcha del Gobierno Im* 
perial, sin atenciones por individuos, como lo demuestran los 
hechos y la correspondencia oficial del Ministerio de Negocios 
Extrangeros. 

El infrascrito aprovecha esta ocasión para renovar al señor 
Guido las expresiones de su perfecta estima y distinguida con- 
sideración. 

Vizconde de Olinda. 

El General Guido concluyó dando cuenta a su gobierno cuyos 
derechos consideraba dejar á salvo ; y el General Pacheco pudo 
trasladarse libremente á París en misión especial del Gobierno 
de Montevideo. 

Véase el resultado de aquella misión, en la que sirvió de 
principal y mas activo agente Mr. Thiers. 

ASA3IBLEA NACIONAL DE FRANCIA 

Sesión del iS de Junio de 4850 

Exposición de motivos y proyecto de ley, relativo á la abertura 
de un crédito extraordinario de 1.200,000 francos, aplicable 
al pago, durante los primeros meses del ano de 1830, del 
subsidio acordado en favor del Gobierno Oriental por la con- 
vención de 12 de Junio de I8i8 ; presentados por el Sr. Gene- 
ral de la Hitle, Ministro de Negocios Extrangeros. 

Señores — 

La Convención de 12 de Junio de 1848, según cuyos términos 
un subsidio de 40,000 pesos por mes ha sido acordado por la 



276 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

Francia en favor del Gobierno de Montevideo, ha continuado te* 
niendo efecto en 1850. Las letras giradas por nuestro Cóosol 
General, en ejecución de este convenio, empezarán á vencerse 
durante el mes de Junio próximo, y es importante que para 
entonces esté asegurado el crédito destinado á garantir la acep- 
tación y el pago de esas letras. 

Las instrucciones dadaaá M. Devoize ordenaban áeste agente 
siguiese atentamente las fases -diversas de la situación que de^ 
terminó el contrato de 42 de Junio de 4848, y que si esa si- 
tuación viniese á modificarse de manera que permitiese al 
Gobierno reducir el subsidio sin comprometerlos intereses que 
debemos proteger, indicase en qué proporciones podia operarse 
esa reducción. 

Hal)ieudo demostrado los últimos informes dirigidos al Go- 
bierno, que la Francia no faltaria á ninguna de sus obligaciones, 
reduciendo el subsidio mensual á 28,000 pesos en lugar de 
40,000, es decir, U0,000 francos en lugar de 200,000, a contar 
desdo el l.^'do Julio próximo, se han dirigido instrucciones en 
este sentido á M. Devoize, con órdeu de informar de ello al Go- 
bierno Orientad. Asi, señores, si de aqui á aquella época no 
sobreviene alguna nueva circunstancia de naturaleza á poner un 
trnnino al convenio que hemos hecho, las cargas que él nos im- 
pone sufrirán al menos una notable disminución. 

IV»ro, entretanto, debemos asegurar el servicio del primer 
semestre de I8o0 : en consecuencia tengo el honor de depositar 
on la secretaria de la Asamblea un proyecto de ley abriendo un 
crédito extraordinario de 1.200,000 francos necesario al efecto 
rogándoos ordenéis su envío inmediato á la Comisión de créditos 
suplementarios. 



DE US REPÚBLICAS DEL PLATA 377 

PROYECTO DE LIY 

En nombre del pueblo francés 

El Presidente de la República decreta : 

El proyecto de ley del tenor siguiente, será presentado á la 
Asamblea Nacional por el Ministro ^ Negocios Extrangeros, 
(¡ue está encargado de exponer log^otivos de él, y de sostener 
su disensión. "^ 



Art. i .^ Se abre QQ»«l'presapuesto del Ministerio de Negocios 
Extrangeros, para el -ejercicio de 4850, un crédito extraordina- 
rio de t .260,000 francos, destinado á asegurar el pago del sub- 
sidio mensual acordado á titulo de anticipación en favor del 
Gobierno Oriental, por la Convención de 12 de Junio de 1848, 
hasta el complemento de esta suma. 

El crédito extraordinario anterior será objeto de un capitulo 
especial que se abrirá en el presupuesto de Negocios Extrange- 
ros, bajo el título de— Subsidio al Gobierno Oriental. 

i."" Se proveerá á los gastos extraordinarios autorizados por 
la presente ley, por medio délos recursos del ejercicio de 1850. 
Hecho en el Palacio del Elíseo I^acional, el 13 de Junio 
de 1850. 
El Presidente de la República 

LUIS NAPOLEÓN BONAPARTE. 
El Ministro de Hacienda. 

AQUILES FOULD. 

El Ministro de Negocios Extrangeros. 

DE LA HITTE. 



El Sr. Presidente --M. de Laussat ha pedido también la pala- 
bra para una moción de orden. 

M. de LaussatSehores, hemos recibido en la distribución 
de hoy un proyecto de ley presentado por el señor Ministro de 



278 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

Negocios Extrangeros, que tiene por objeto la abertura de un 
crédito extraordinario de 4,200,000 francos» aplicable al pago, 
durante los seis primeros meses del año de 1850, del subsidio 
acordado en favor del Gobierno Oriental: este proyecto de ley lia 
sido enviado á la Comisión de créditos suplementarios. 

Esta Comisión tiene mucho que hacer ; se trata ademas de 
una cuestión que me parece mucho mas política y diplomática 
que financiera; me parece, ademas, que en la última discusión 
que ha tenido lugar relativamente á un crédito semejante, varios 
de nuestros henorables colegas emitieron la opinión de que 
seria mejor encargar la cuestión á una Comisión especial. Pido, 
pues, á la Asamblea si no desearía que se decidiese enviar el 
examen del proyecto presentado por el Sr. Ministro de Negocios 
Extrangeros alas Secretarías, para proveerse al nombramiento 
de una Comisión especial. 

Varios miembros-^ Xprohüído ! 

Otros miembros— ^o\ No! 

El Sr. Prmdt'nte—Consulto á la Asamblea sobre la proposi- 
ción de M. de Laussat, tendente á enviar á una comisión espe- 
cial, y no á la Comisión de créditos suplementarios, el eximen 
del i)rDyecto de ley presentado por el Sr. Ministro de Negocios 
Extrangeros, y queticne por objetóla abertura de un crédito 
para pagar el subsidio debido al Gobierno Oriental. 

(Tiene lugar una primera prueba; pocos miembros toman 
parte en ella, y levantan solamente la mano). 

El Sr. Presidente— La mesa no puede decidir sobre una prue- 
ba semejante. 

Voyá renovarla. 

(La prueba es renovada; se declara dudosa.) 

Varios wtcm6ro«— Es necesario un escrutinio. (Exclama- 
ciones). 

M. Lacaze, uno de las secretarios -No ha habido realmente 
mas que una prueba; la primera no se cuenta; casi nadie ha 
votado ni se ha levantado. 



DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 279 

El Sr. Presidente— Yernos a renovar la prueba. 

(Una segunda prueba tiene lugar; la asamblea no adopta la 
proposiciou de M. deLaussat.) 

El Sr. Presidente— XsU pues, el proyecto de ley se envía ;i 
la Comisión de créditos suplementarios. 
(De Le Moniteur Vniversalde París, fecha 16 de Junio último.) 

Iix^t&sion dol Bax*on. de «JacuUy 

A principios de Junio del año de 1849, el jefe brasilero Chico 
Pedro de Abren, Barón de Jacuhy, invadió el territorio Orien- 
tal, por la frontera del Cuaró, á la cabeza de una fuerza armada; 
llegó hasta su establecimiento de campo, situado entre Ñaquiná 
y Tacumbú, y emprendió el arreo de 6 á7 mil cabezas de gana- 
do de diferentes propietarios. 

í;i Jefe de la frontera Oriental comunicó el hecho, y el co- 
mandante General del Departamento del Salto, lo avisó oficial- 
mente al Gobierno del Sr. Oribe, adjuntando una sumaria in- 
formación. 

Hé aquí uno y otro documento: 

I VIVAN LOS DEFENSORES DE LAS LEYES I 
I MUERAN LOS SALVAJES UNITARIOS I 

Cuaró, Octubre 3 de 1B49. 

El Comandante General del Departamento del Salto al Exmo. Se- 
ñor Ministro de la Guerra, General D. Antonio Diaz. 

Remito á V. E. para que se sirva resolver una sumaria infor- 
mación, levantada contra el Brigadier D. Francisco Pedro de 
Abreu, por el relato clandestino de 6 á 7 mil animales vacunos 
que se ha llevado para la Provincia del Rio Grande, en los me- 
ses Junio y Julio último. 

V. E. observará que en este hecho, no solo ha cometido el de-^ 
lito de contravenir á las órdenes del Exmo. Gobierno, sino 
también el de llevar porción de haciendas que por ningún título 
pertenecen á su propiedad. 



280 HisTOBU política y militar 

Cuando esta ComandaDcia tuvo conocimiento del criminal 
proceder del referido D. Francisco Pedro de Ábreu, ya este se- 
ñor se habia ido para la Provincia del Rio Grande. 

Se hallan presos en este campo su mayordomo Femando 
Alonso (le Azambuya, y sus peones Mariano Saracho, Juan Mon- 
tenegro, Hipólito Calderón, Mariano Goitzalez, José Rodríguez, 
Tomás Zenon, Basilio Fernandez, Mauricio Pereira, José María 
y Valerio Antonio, todos los cuales en calidad de jornaleros, 
contribuyeron á la perpetración del delito. 

Celestino Méndez, capataz de un puesto de dichoseñor Abreu, 
y José Antonio Francisco, peón del mismo, fueron puestos en 
libertad luego que dieron su declaración por no haber tenido 
ninguna parte en ei hecho. 

Los intereses que en este Departamento tiene D. Francisco 
Pedro de Abreu, consisten en una estancia entre Tacumbú y Ma- 
quina con 1,200 animales vacunos en costeo, de 6 á 8 mil 
alzados, 70 caballos, 25 yeguas, costeadas, y de 2 á 3 mil alza- 
das, y que están embargadas hasta la resolución de la superio- 
ridad. 

Dios guarde á V. E. muchos años. 

Diego Lamas, 

Guaro, Octubre 3 de 18^19. 

En el campamento del Cuaró, á los 4 dias del mes de Setiem- 
bre del ano de 1 849, hice comparecer ante mí y los testigos 
José M. Piteyra, y D. Juan Mendilarzou, al individuo José An- 
tonio Francisco, que se halla preso en la guardia de prevención 
de este campo, á quien después de haberle tomado el jura- 
mento de estilo, le interrogué del modo siguiente : 

Preguntado: Su nombre, edad, patria, religión y ejercicio, 
dijo : que se llama José A. Francisco, que es de edad de mas 
de 30 anos, natural de Misiones, en el Brasil, C. A. R., y que su 
ejercicio es en la actualidad el de peón del Barón de Jacuhy, 
en el puesto de estancia que dicho señor tiene entre Naquiná, 
y Tacumbú. 



DE LAS REPÜBUCAS DEL PLATA 284 

Qué número de tropas de ganado vacuno ha pasado el Barón 
deJachhypor contrabando. Contestó qae tres tropas. 

De qué número se componía cada una de ellas. Contestó que 
la primera tropa se compondría de 2000 reses. 

De qué calidad era la hacienda. Contestó que era de corte y 
de cría. • 

Sí toda la hacienda que contrabandeó en esa primera tropa, 
sería de la propiedad de su patrón el Barón de Jacuhy. Contes- 
tó que no era todfk, de la marca de dicho señor, porque obser- 
vó el confesante que iba bastante ganado ageno. 

En qué campo fué agarrada. Dijo ; que en el campo de Ja- 
cuhy en la misma estancia entre Naquiñá y Tacumbú. 

Si el confesante ayudó á hacer la tropa ó á la conducción de 
ella. Dijo : que ni ayudó á hacerla, ni á conducirla. 

Si sabe como se llama el capitán que condujo esa tropa- 
Dijo: que lo ignora, asi como la fecha en que pasó aquella, y en 
cuanto á la hora, solo recuerda que fué por la mañana; que iba 
haciendo cabeza su patrón el Barón de Jacuhy en el contrabando. 

Si tiene algo mas que decir— Dijo: que nó; que lo dicho es la 
verdad á cargo del juramento empeñado etc. 

José Maria Parias, (hay una cruz). 
José Maria Piteyra—Jiuin Mendilarzou. 

Los Gobiernos de los Sres. Rosas y Oribe reclamaron al del 
Imperio sobre la escandalosa conducta de uno de sus Jefes con 
mando activo en la frontera, pero no tuvieron resultado aque- 
llas reclamaciones, quedando aplazada una resolución. 

La tolerancia casi criminal del Gobierno del Imperio alentó 
al mismo Chico Pedro, y el 1 2 de Abril de 1850 invadió por se- 
gunda vez el territorio con fuerza armada— Esta se encontró con 
la división del Coronel Lamas en Tacumbú, campos de Ja- 
cuhy— El Barón fué completamente derrotado y perseguido has- 
ta Pay Paso sobre el arroyo Cuareim, que repasaron, dejado 



4 



383 HISTORIA política T MILITAR 

en la persecución porción de muertos, heridos y prisioneros, 
ademas del arreo de caballada y ganado vacuno que llevaba. 

Con Jaculiy venían el Coronel del Imperio, Juan Severo, y los 
coroneles colorados y unitarios Calixto Centurión, Santander y 
Manuel Hornos. 

El 25 del mismo mes llegaron á Porto Alegre, remitidos por 
el Comandante de Armas de la Frontera de Santa Ana, 41 indi- 
viduos de los que hacían parle <le los dispersos pertenecientes 
;i la fuerza de Chico Pedro, y otros muchos que vagaban por la 
campana. Estuvieron detenidos en el cuartel del 8.** regimiento, 
donde recibían la etapa de 200 reis diarios mientras no se pro- 
porcional)an otra asistencia. A los pocos días fueron puestos en 
com[)U»ta libertad, con obligación de comparecer todos los sá- 
bados en el cuartel para recibir la etapa.— Estos individuos lle- 
garon casi desnudos y la autoridad Imperial se encargó de dar- 
les ropas.— El Coronel Centurión se encontraba también entre 
estos. 

El Gobierno del Brasil empezaba áprotejer las irrupciones • 
sobre las fronteras de la República Oriental. —En sus cámaras 
se docia por la fracción oficial la guerra, preparémonm para 
ella] y se acumulaban cargos, al mismo tiempo que la prensa 
tomaba una actitud bélica coíilra los Gobiernos del Plata. En- 
tre los c:irgos que se emitían, se notaba el haber mandado el 
General Orilveála capital de Porto Alegre, emisarios encarga- 
dos «le ponerse de acuerdo con el partido Republicano. Esto no 
era cierto : los gobiernos de Rosas y Oribe habían perseverado 
á ese respecto en una política, en lo posible, ajustada á la justi- 
ciay la lealtad, permaneciendo en ese terreno, aun después que 
el gabinete imperial, procediendo respecto de las Repúblicas 
del Plata por un sistema enteramente .0|)uesto, había provoca- 
do la resistencia autorizando rei)resalias. Todavía ardía la guer- 
ra civil en Rio Grande, cuando el ejército á las órdenes del señor 
OrilíC puso sitio á la |>laza de Montevideo. Entonces fué el Bra- 



DE LAS REPIÍBLIGAS DEL PLATA 383 

sil el primero en oponerse al reconocimiento del bloqueo de 
aqael puerto por la escuadra Argentina. Tal proceder le hacia 
de hecho auxiliar de los sitiados, sin tener muyen cuenta una 
flagrante violación del derecho de gentes, al mismo tiempo que 
proponia al Gobierno de la Confederación un tratado que no fué 
ratificado por el General Rosas, que lo juzg<^insidioso, desde 
que la independencia del Estado Oriental de la que él mismo se 
habia constituido garante, debía quedar anulada, y hacia ins- 
tancias en las cortes de Inglaterra y Francia, para intervenir á 
mano armada con aquellas potencias, en las disenciones de los 
pueblos del Plata : disenciones que por otra parte fomentaba el 
mismo gobierno imperial, auxiliando al partido vencido, y dan- 
do una decidida protección á sus caudillos. 

La facción ministerial en Rio Grande se encargaba ahora de 
reavivar el incendio, y el Gabinete aceptaba sus servicios como 
muy provechosos al sistema de su política. 

Por otra parte; el partido republicano en el Brasil ha sido 
siempre poderoso, y no necesitaba que fuesen de afuera á esti- 
mularlo. Si no triunfó en diez años de lucha, nadie ignora tam- 
poco, que su espíritu de independencia quedó arraigado en el 
corazón de los vencidos. Y aun en el seno de la paz que ejerce 
el mas poderoso influjo en la conservación del orden interior, 
existia esta disposición revelada en todos los ánimos indepen- 
dientes. 

La guerra que proclamaba la facción oficial, entrañaba un 
peligro , porque seria saludada por el partido republicano, 
como la aurora de su emancipación ; fecundaría el germen de 
insurrección que en varias provincias del Imperio tendía á 
sustraerlas del dominio del Gobierno central, y que en su vio- 
lento desarrollo haría tal vez brotar otro de carácter mas gra- 
ve, con que estaba siempre amenazado ; la disolución de los 
vínculos sociales, producida por la acción de esa masa depri- 
mida, de hombres de color que pueblan el Brasil, y que tam- 



28& HISTOili POLÍTICA Y MILITAR 

bien pugnaban por romper sas cadenas, y establecer an pre- 
dominio sangriento sobre la tiranía doméstica, encorbados la 
mayor parte bajo el yugo de la esclavitud, U abyección y el li- 
tigo. Si tal torrente hubiese llegado á desbordarse, ¿qué diques 
hubiesen sido capaces á detenerla en el imperio dei Brasil? 

Pero el grito de guerra saUa precisamente de la proyincia de 
Rio Grande, una de las partes mas ulceradas del cuerpo políti- 
co, y clamaba por esa guerra, cuamlo era precisamente el pri- 
mer elemento que debía ser devorado por sus estragos. 

Los escritores Rio Grandenses, alzaban el grito, y para esti- 
mular el orgullo nacional ofendido, invocaba los reveses que 
sufrió el imperio en 4835 y 38, exitando las pasiones vulgares 
que estravian la opinión, y los rencores que envilecen la digni- 
dad de los pueblos. ¿ En qBAarol se colocarían las naciones, si- 
guiendo el sistema de reparar con nuevas calamidades los 
reveses sufridos ? Laguerrayel esterminio seria el estado ha- 
bitud de la humanidad I 

En cuanto al Gobierno que secundaba ardientemente por 
medio de su prensa oficial la repetición de aquellas ofensas ó 
cargos, era el que menos títulos tenia para invocar los derechos 
del Brasil. Mo se necesiUiban muchas pruebas para evidenciar 
la versatilidad de su Gabinete, y sus tendencias á establecer un 
predominio Europeo sobre los estados del Plata, proponiendo 
el vasto proyecto de cambiar el sistema de gobierno de casi la 
totalidad del nuevo mundo ; reglar las instituciones de los pue- 
blos, y establecer á su antojo, la política interior y esterior de 
ellos; proponiendo á los monarcas de la Santa Alianza la su- 
misión del Estado Oriental del Uruguay, como base precisa 
para cooperar el Imperio con su fuerza y sus recursos á la eje- 
cución de aquel plan bajo la condición de ser incorporado á sus 
dominios, casi en el momento mismo en que se coustituia ga- 
rante de su independencia. 

Esa política ha sido notablemente señalada por hechos que 



DE LAS lEFÚBLICAS DEL PLATA 295 

se hace neeesark) examinar, para la misma etaridad histórica. 

Contenido ol Gobierno del Brasil en tiempos anteriores á la 
emancipación política de los Orientales, en sus reactivas ten- 
tativas sobre el territorio, pero nunca satisfechas sus aspiracio- 
nes sobre lo que la España le habia cedido por los Tratados de^ 
1 777, que ya hemos publicado al principio de esta obra, espe- 
raba un pretexto para renovarlas, y creyendo hallarlo en las 
disenciones intestinas, que al principio de la guerra americana 
se suscitaron en estos pueblos como consecuencia necesaria del 
tránsito instantáneo de la ojltesion á la libertad, mandó ocupar 
el territorio Oriental por un ejército de 9,000 hombres, alegan- 
do como derecho de las naciones, el impedir que la anarquía de 
los pueblos contagien á sus colindantes^ 

Semejante pretexto nó podía prodapír otro sentimiento que 
el del patriotismo exitado por lo irritante del hecho y como con- 
secuencia regular, se sublevaron los pueblos, y la República 
Argentina sostuvo una guerra contra el Imperio hasta el año 
de 1828, guerra en la cual salió malparado el Brasil, y que 
terminó con la paz de 4828 el 28 de Agosto, en la que se decla- 
ró la Independencia del Estado Oriental del (Jruj^ay, bajo la 
garantía de ambos Estados beligerantes. Pero aun no se habia 
promulgado la Constitución del nuevo Estado, cuando á titulo 
de garantir la integridad del Imperio contra las futuras tentati- 
vas de la^ Repúblicas del Plata, acordó en consejo privado, uu 
armamento extraordinario de diez mil hombres cuya fuerza or- 
ganizada casi en su totalidad de tropas europeas, debía estable- 
cer una colonia militar en las fronteras del Estado del Uruguay, 
sin otro fin real que el de incorporarlo al Imperio, como una 
parte del vasto plan que con el mismo fin proponía á los reyes 
de Europa, para una monarquía americana. Pero acerca de este 
proyecto de tantas trascendencia y gravedad, dejaremos hablar 
al mismo Gabinete del Brasil, cuya política exterior estaba en- 
tonces á cargo del mismo vizconde de Abrantes que como se 



286 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

ha visto en el carso de esta historia fué mas tarde á solicitar la 
ínterveDcioQ de la Francia j la Inglaterra conjuntas con el Bra- 
sil, en los «asuntos del Plata. 

El siguiente clásico documento, en la diplomacia del nuevo 
mundo dará una completa ¡dea del espíritu y tendencias de la 
política de todos los tiempos, del Imperio del Brasil. 

iulnslrucciones resercadüs para el Marquh de Sto. Amaro. 
« Exmo. Señor: 

«1.*" — Ademas de los negocios relativos á la actual cuestión 
portuguesa, hay otros igualmente urgentes que S. M. I. tiene á 
bien confiar al experimentado celo, sabiduría y lealtail de Y. E. 

« 2."— Consta aKiobierno Imperial que los soberanos déla 
Europa, después de establecer la nueva monarquía Griega, inten- 
tan ocuparse del modo de pacificar la América llamada todavía 
Española: la derrota que sufrió en Tampico la última expedición 
militar de España contra Méjico, provee sin duda á los mismos 
soberanos un poderoso motivo para obligar á la Corte de Madrid, 
ya tantas veces y tan inútilmente escarmentada, á convenir en 
algún arreglo que tenga por fin la deseada pacificación. Ni es 
posible ciertamente que el mundo civilizado continúe por mas 
tiempo observando con fría indiferencia el cuadro lastimoso, 
inmoraly peligroso en que figuran tantos pueblos abrasados 
por el volcan de la anarquía y casi próximos á una aniqiiilacion 
completa. 

« 3.'— Siendo pues muy posible que las grandes potencias 
traten de discutir este negocio y que V. E. como embajador 
americano sea consultado sobre él, S. M. I. ha entendido en su 
alta prudencia que seria muy conveniente á los intereses del 
Imperio habilitar á V. E. con las instrucciones necesarias para 
tomar parte en el mismo negocio con el carácter de su plenipo- 
tenciario. A la verdad, colocado como se halla el Brasil en el 
centro de la América del Sud y naturalmente abrasado por los 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 287 

Estados que fueron de España, no puede ni debe ser indiferente 
á su política y acaso á su seguridad extrema, cualquiera nego- 
ciación concebida y dirigida por los Gobiernos de la Europa, 
para el fin indudablemente justo y conveniente de regularizar y 
constituir los referidos Estados poniendo un término á la guerra 
civil que los ensangrienta. 

« 4."— Quiere por tanto S. M. I. que V. E. luego que sea invi- 
tado por alguno de los dichos Gobiernos á dar su opinión sobre 
tan delicado asunto, ó en el caso de constarle que se trata seria- 
mente del negocio eii cuestión, se declare V. E. autorizado para 
concurriry entrar en la negociación referida ciñéndose en el 
progreso do ella á la doctrina de los artículos siguientes. 

« S.**— V. E. procurará demostrar y hacer sentir á los sobera- 
nos que hubiesen tomado parte en esta negociación, que el me- 
dio si no único al menos el mas eficaz de pacificar y constituir las 
antiguas colonias españolas, es el de establecer monarquías 
constitucionales ó representativas en los diferentes estados que 
se hallan independientes: las ideas propagadas y los principios 
adquiridos en el curso de veinte anos de revolución obstan á 
que la generación presente se someta de buen grado á la forma 
de gobierno absoluto. 

«6.** Cuando se trate de formar monarquías representativas, 
y solo en este caso, V. E. sostendrá la conveniencia de transigir 
en esta ocasión con el naciente orgullo nacional de los nuevos 
Estados de América ya separados entre si é independientes unos 
de otros : Méjico, Colombia, Perú, Chile, Bolivia y las provin- 
cias Argentinas pueden ser otras tantas monarquías distintas y 
separadas. La división de alguno de estos Estados, 6 la reunión 
de otros, encontraría graves inconvenientes al espíritu de los 
pueblos. 

« 7.** En cuanto al nuevo Estado Oriental ó Provincia Cispla- 
tina que no hace parte del territorio argentino, que ya estuvo 
incorporado al Brasil, y que no puede existir independiente de 



S88 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

Otro Estado, V. E. tratará oportunamente y con franqueza de 
probar la necesidad de incorporarla otra vce al Imperio. Es 
el único lado vulnerable del Brasil y difícil, sino imposible, de 
reprimir las hostilidades reciprocas. Es el límite natural del 
Imperio, y finalmente el medio eficaz de renovar y prevenir ul- 
teriores motivos de discordia entre el Brasil y los Estados del 

«S."" En el caso en que la Inglaterra y la Francia se opongan á 
esta reunión con el Brasil, V. E. insistirá por medio de razones 
de conveniencia política que son obvias y sólidas, en que el Es- 
tado Oriental se conserve independiente, constituido en gran 
ducado ó principado de modo que no venga de manera alguna 
á formar parte de la monarquía argenti na. 

«9."* En la elección de los principes para los tronos de las 
nuevas monarquías, cuando sea menester haberlos de la Euro- 
pa, V. E. no vacilará en dar su opinión en favor de aquellos 
miembros de la augusta familia deBorbon que estén en el caso 
de pasar á la América. ^ 

«10. Si en efecto fuera escogido algún joven príncipe, como 
el segundo hijo del duque de Orleans ó bien príncipes que ya 
tengan hijos, será bueno, y S. M. I. desea que V. E. haga éesde 
luego abertura de casamiento ó esponsales entre ellos y las priu- 
cesas del Brasil. 

«II. y. E. podrá asegurar y prometer que S. M. I. emplea- 
rá todos los medios de persuasión y consejo para que se consi- 
ga la pacificación de los nuevos Estados por el indicado esU- 
bledfliiento de monarquías representativas; obligándose desde 
luego á abrir y cultivar las rdaciones de estrecha amistad cea 
los nuevos monarcas. Teniendo la gloría de haber fundado y de 
sostener casi solo la prímera monarquía constitucional del Nue- 
vo Mundo, S. M. el Emperador desea ver seguido su noble 
ejemplo y generalizado en la Anérica aun no constituida, el 
príncipio de gobierno que ^idopto. 

« 12. ffiexijiereí que para esta ultima empresa S. M. I. se 



DE LAS REPÚBLICAS DEL P^TA 289 

comprometa á prestar socorros materiales 6 abastecer subsi- 
dios de dinero y de fuerzas de tierra ó de mar, V. E. prevalién- 
dose ()e nuestras circunstancias financieras y políticas mostrará 
la imposibilidad en que se halla el gobierno imperial para con- 
traer semejante obligación. 

«13. Sino obstante después de reiteradas instancias V. E. 
Juzgase de absoluta necesidad hacer alguna promesa de tales so- 
corros, como S. M. I. no tendrá duda en obligarse á defender y 
auxiliar el gobierno monárquico representativo que se estable- 
ciere en las provincias argentinas, por medio de una fuerza su- 
ficiente de mar estacionada en el Rio de la Plata y de la fuerza 
de tierra que conserva sobre la frontera meridional del Imperio. 

«14. Esta obligación será efectiva únicamente: 1°. en el 
caso de que la provincia Cisplatina sea incorporada al Imperio, 
porque entonces S. M. I. con mas facilidad y prontitud podrá 
auxiliar la nueva monarquía, con la división del ejército y la 
escuadra que deberá tener en la misma provincia : 2"". en el 
caso de que el gobierno monárquico constitucional haya sido 
previamente introducido en Colombia, Perú y Bolivia; visto 
que de otra suerte, el gobierno imperial, siendo el primero á 
obrar quedaría expuesto á sufrir algún insulto ó invasión de 
parte de aquellas Repúblicas limítrofes. 

« Cuando en el curso de la negociación ocurra la idea de vio- 
larse la integridad del Imperio, á pretexto de dar mayor es- 
tejision ó redondear algunos Estados contiguos al nuestro, V. E. 
empleará los medios necesarios para repeler semejante arbi- 
trariedad, declarando por fin que S. M. I. no puede consentir, 
sin previa aprobación de la Asamblea General Legislativa en la 
desmembración ó cesión alguna del te rritorio del Imperto por 
tratado celebrado en el tiempo de paz. 

« 16. De acuerdo con los principios enunciados en los ar- 
tículos de estas instrucciones queda V. E. autorizado por S. M. 
el Emperador nuestro amo para negociar y concluir con las 

19 



♦ 



390 HISIj^BIA POLÍTICA Y MILITÁk 

grandes potencias de la Earopa una convención 6 tratado que 
será sometido á la ratíGcacion del mismo augusto Señor. 

« Dios guarde á V. E. muchos anos — Palacio del Rio Janeiro 
2! de Abril de 1830. — Miguel Calnwn du Pin é Almeida. » (I) 

La elocuencia de este solo documento basta para conocer, 
que la política del Brasil fué siempre una amenaza permanente 
al principio fundamental délos Gobiernos democráticos. Tal su 
conyeniencia y su necesidad política. 

Poro los procedimientos á que nos hemos referido en princi- 
pio, no hacian mas que preparar un gran acontecimiento que 
debia cambiar de un modo imprevisto la faz política de estas Re- 
públicas, y que muy pronto veremos desarrollarse. Entre tanto 
véase el ?Me/HO/Y¿n¿¿?//H que con motivo de la misión á Europa 
lanzó el Vizconde de Ibrautes, y del que hemos hablado ante- 
riormente á la ligera, no permitiéndonos la eslension de mate- 
riales darlo entonces integro. 

>Ioiiioraiitltaiii dol Vis^condo do Al>rantes» 

« La Banda Oriental, devastada por Artigas y mílitarmenti^ 
ocupada por las tropas portuguesas en tiempo del Rey don 
Juan IV, se reunió al principio del reinarlo del Emperador D. Pe- 
dro I, de gloriosa memoria. 

€ La incorporación de este país, bajo la denominación de f ú- 
plaiina, al territorio del Imperio, tuvo lugar por la convención 
negociada entre el (iabildo de Montevideo, capital de la Banda 
Oriental, y elGeneralLecor, Comanlanle de» la fuerza militar 
que la ocupaba, defendiéndola de las incursiones de algunos 
o^nudillos sucesores de Artigas, é iíistrumenlos, como él, de 
an::rquia y devastación. 

ti L*i constitución política del Brasil publicada en I8¿1, pos- 
terior á esta incorporación, design') la Cisnlatina entre las pro- 

l ) ViA:*o:uto lie Abraiit'»s. 



DE US BEPÜBLICAS DEL PLATA 291 

vincías del Imperio, y en esta categoría la antigua Banda Orien- 
tal tuvo un Presidente y otras autoridades elejidas por el Empe- 
rador, y sus habitantes fueron representados por dos diputados 
y un senador en el seno de la Asamblea General Legislativa reu- 
nida en Rio Janeiro en 1826. 

« El deseo concebido desde entonces por el Gobierno de Bue- 
nos Aires, capital en aquella época de las Provincias Unidas del 
Rio de la Plata, de agregar la Banda Oriental á su Union, y la 
esperanza alimentada por varios Jefes Orientales de elevarse á 
las mas altas dignidades de una república, cuyos asuntos políti- 
cos debían plegarse alas decisiones trazadas por sus espadas, 
produjeron el alzamiento deLavalleja, y los socorros ostensible- 
mente prestados á este jefe por la Union Argentina, encendieron 
la guerra entre el Imperio y las Provincias Unidas, guerra que 
cesó por la convención preliminar de paz de 27 de Agosto de 
1828, firmada bajo la mediación del gobierno Británico. 

«Por los artículos I .** y 2.* de esta convención, el Gobierno Im- 
perial declaró la Cisplatiíia separada del territorio del Imperio 
para el solo fin de constituirse en Estado libre é independiente 
de toda otra nación, bajo la forma de gobierno que mejor le 
conviniese, y el Gobierno Argentino, accediendo á esta declara- 
ción, reconoció la independencia del nuevo Estado. Y por el 
art. 4.* las dos partes contratantes, los gobiernos Imperial y 
Argentino, convinieron en defender la independencia de la Cis- 
platina convertida en Estado libre, durante el tiempo y por los 
medios que deberían arreglarse por el tratado definitivo de paz; 
y ademas los dos gobiernos se obligaron por el art. n á nom- 
brar, después de la ratificación de dicha convención. Plenipo- 
tenciarios para negociar este tratado, que debería en el porve- 
nir realizarse: y aun cuando hasta ahora no se haya negociado 
por causas que han impedido ya al uno, ya al otro gobierno, es 
sin embargo completamente indispensable que las estipulacio- 
nes, contenidas en los art. I .• y 2.* de la convención menciona- 



292 UISTORU POLÍTICA T XIUTAR 

da deben quedar en vigor j producir todos sos efectos, porque 
laiudepéudenciadel Uruguay eo maom'a alguna quedó sqeta á 
condición de la confección de dicho tratado definitiyo, ni del 
acuerdo sobre el tiempo y los medios que las Altas Partes con- 
tratantes emplearían para defenderla. 

« La condición única para la cual el Imperio consintió en la 
separación de la Císplatina de su territorio, fué la que debería 
contituirse esta proTincia en Estado libre, de modo que jamas 
hiciera parte de un Estado cualquiera. Y en efecto, á pesac de 
la no existencia del tratado definitivo, el Uruguay se mantiene 
hace poco mas ó menos veinte años en la comunión de las na* 
clones, y durante todo este tiempo ha sido considerado como 
Estado soberano, no solo por el Imperio y la Confederación Ar- 
gentina, sino también por casi todos los gobiernos de la Europa, 
señaladamente los de la Gran Bretaña, mediadora de la conven- 
ción que declaró su independencia, y la Francia que estipuló 
expresamente, en ei articulo i"", de la convención del 29 de 
Octubre de 1 840 con el gobierno Argentino, el mantenimiento 
de su independencia. 

« Entre tanto los acontecimientos que se suceden hace dos 
años en el Rio de la Plata, son como para atraer la atención del 
gobierno de S. M. I. sobre el examen y consideración de las 
medidas que han de tomarse, para que no se vulnere de hecho 
ó de derecho la independencia del Estado Oriental. 

« ?Iingun gobierno que tenga relaciones con el General Rosas 
puede seguramente desconocer cuanta aspiración tiene esteje- 
fe á uncir al yugo de Buenos Aires, por los lazos de una federa- 
ción nominal, las provincias que formaban el antiguo vireiaato 
Español, conocido bajo este nombre, comprendidas las de Mon- 
tevideo y Paraguay. 

« La guerra civil entre Rivera y Oribe, la emigración del se- 
gundo á Buenos Aires, la acogida que alli ha recibido, su empleo 
como General al servicio de Rosas contra Lavalle v contra Ri- 



'BE LAS REPDBLIGAS DEL PLATA 293 

vera; en fín, la invasión déiTJragaay. y el sitio y el bloqueo de 
Montevideo, son hechos queefnvnetven, en sustancia, la prueba 
del fin ambicioso á que Rosas aspira. Oribe teniente de Rosas 
•una vez colocado en la presidencia del Uruguay gobernando á 
la manera del jefe á quien es deudor de su restauración, puede, 
«in dejar de respetar las aparienoias legales, someter de hecho 
el Uruguay, ó también cambiando sus instituciones, agregarlo 
de derecho á la Confederación Argentina. 

« Por lo que respecta al Paraguay, en vida del dictador Fran- 
cia, el gobierno de Buenos Aires do pudo mostrar claramente 
sus miras ; pero bajo el aotual régimen consular de la Asun- 
ción, él ha 'revelado, por algunos hechos que son notorios, sus 
proyectos de contar todavía ese Estado entre las provincias so- 
bre las cuales domina. 

« Si por una parte los acontecimientos arriba indicados han 
puesto en claro las miras ambiciosas del gobernador de Buenos 
Aires, que maneja los negocios exteriores de la Confederación 
del Plata, han sido por otra parte altamente dañosos á las na- 
ciones neutrales, y sobre todo á la nación Brasilera. Graves 
pei^uioios al comercio ex trangero han sido causados por una 
guei*ra devastadora, y por el bloqueo de los puertos del Uru- 
guay : y el Brasil, pais IhnitroCe, mira comprometidos en la 
continuación de esa guerra sus intereses morales ; porque el 
ejemplo de tantas escenas de anarquía y de barbarie, qne ha- 
cen estremecer la humanidad, no ^ede míenos que ser funesto 
á los países limítrofes. 

«En estas circunstancias, el gobierno de S. M. el Emperador 
del Brasil ha observado hasta aquí la neutralidad ; pero empie- 
za á proveer que lacontínuacion de^e sistema no puede con- 
venir á sus miras. T «deseando reglar su conducta por los 
principios de 'la justicia y la "benevolencia que ha mostraído 
siempre á los gobiernos amigos, ó interesados oomo él eivel 
comercio Argentino, t^ree que oeuvíene ante todo; entsndense 



294 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

con el gobierno de S. M. B., comunicándole con franqueza su 
pensamiento sobre el estado actual de los negocios del Rio de la 
Plata. 

«Parece al gobierno, que es pí^ra él un deber — y un deber, 
de que no puede apartarse — mantener la independencia y la 
integridad del Estado OrienUd del Uruguay ; y cooperar tam- 
bién á que la República del Paraguay se mantenga en Estado 
libreó independiente: parécete ademas, que siendo de interés 
general la independencia de esas dos Repúblicas, es absoluta- 
mente necesario adoptar medidas que tengan por fin contener 
al go!>ienio de Buenos Aires en los limites prescriptospor el 
derecho de gentes, é inutilizar todas las pretensiones ambicio- 
sas. Finalmente, el gobierno Imperial piensa que la humanidad, 
cuya causa debe ser defendida por los gobiernos cristianos, no 
solo en el Viejo Mundo, sino también en el Nuevo, y que los in- 
tereses comerciales, que tan ligados están al pit)greso de la 
civilización y álos beneficios de la paz, exigen imperiosamente 
que se fije un término á la guerra encarnizada que se agita en 
el territorio y en las aguas del Estado Oriental. 

« No tiene el gobierno Imperial la mínima duda sobre la ad- 
quiescencia del gobierno Británico á los principios y á las miras 
que acaban de ser lealmente manifestadas. 

« Si conviene al gobierno Brasilero, por muy adherido que 
permanezca á la observación de los articules 1*. y 2^. de la 
convención de 1828, mantener la independencia del Uruguay, 
el gobierno Británico, como mediador en esa convención, no 
puede ser indiferente á la vida ó á la muerte de esa propia in- 
dependencia. 

« Si el estado de prosperidad y de quietud de que goza el Pa- 
raguay, por el hecho solo de ser independiente, y de permane- 
cer neutral en medio de las interminables discordias civiles de 
la Confederación Argentina, ofrece ventajas al comercio brasi- 
lero, igual ofr 3ce también al de la Gran Bretaña. 



BE LAS REPÚBLICAS BEL PLATA 295 

« En fin, si la terminación de esta guerra calamitosa es faro- 
rabie á los intereses comerciales j morales del Imperio, no lo 
es menos al desarrollo del comercio británico en el Rio de la 
Plata. 

«Sin embargo, el gobierno imperial desea que esa adquies- 
cencia le sea concedida de un modo esplícito y auténtico, j es- 
pera, que el gobierno Británico se dignará comunicarle su pen- 
samiento sóbrela cuestión del Plata; y, ademas, que en caso de 
prestarse al objeto y á los deseos del gabinete imperial, se ser- 
virá expedir sus instrucciones á su Enviado Extraordinario en 
Rio Janeiro, autorizándole á entenderse con el gobierno Impe- 
rial, tanto sobre los negocios actuales y conocidos, como so- 
bre todas las ocurrencias que en lo futuro pudiesen ocurrir en 
las Repúblicas de Buenos Aires y del Uruguay. 

« Londres, 9 de Noviembre de 1844. 

« Firmado— £/ Vizconde de Ábranles. 

En Noviembre de 1850, el Ministro Argentino residente en Rio 
Janeiro, se habia retirado á Buenos Aires en desacuerdo con el 
Gabinete de San Cristóbal, y el Brasil aprestaba armamentos de 
mar y tierra en gran escala— se preparaba á declarar la guerra 
á la República Argentina. Hasta entonces solo se suponía que 
el Imperio tomaría por base de sus operaciones el auxiliar á la 
plaza sitiada de Montevideo, pero muy pronto se vio que un 
plan vasto en combinaciones peligrosas para la causa de los Ge- 
nerales Rosas y Oribe debia .desarrollarse con éxito. 

Con el título de Política Brasilera en el Rio de la Plata, 
publicó el Agente Oriental en Rio Janeiro D. Andrés Lamas, 
un folleto, que no tenia otro objeto, que la justificación de la 
política del Gabinete de San Cristóbal, respecto de los asun- 
tos del Plata. No se hizo esperar una refutación que escalpelo 
el escrito del señor Lamas, débil en argumentación, aunque 
pródigo en fraseología. 



296 HinORlJl POLÍTIOA T HlLITAfi 

La rofutacíoQ es maj estensa y no podemos estractaria. 
V/^anse alganos párrafos : 

BELACIONES CON EL BRASIL — LIBELO DE LAMAS. 

« Uno de los agentes mas riles de la intervención eittrangera 
reitera sus ataqnes, y reproduce sus calumnias contra las Be- 
|)úblicasdel Rio de la Plata, y sus ilustres Jefes, los Generales 
Rosas y Oribe. Partidario acérrimo de Rivera, apologista im- 
[)/ivído de sus atentados ; precursor y modelo del redactor del 
¡Saeional, ([ue habia erigido la calumnia en dogma, y la men- 
tira en principio ; companero inseparable de Pacheco y Obes, 
(|ue se hizo espectable por su ferocidad en una época en que la 
moderación era un crimen entre los desertores inmundos de la 
causa Americana, es el que levanta ahora la voz para increpar 
al Brasil, no por lo (|ue ha hecho' .sino por lo que ha dejado de 
hacer contra sus vecinos. Este es el lema y el objeto de ese fár- 
rago inconexo de necedades é imposturas que acaba de publicar 
en el Janeiro el ex -Jefe de Policía de Fructuoso Rivera, con el 
título pom|)oso de Política del Brasil en el Rio de la Plata. 
Y para dar algún |>eso á sus opiniones, habla no como Oríental, 
sino como Brasilero interesado en la dignidad y honor de su 
|)ai8 y de su (loibierno — Pero, como el cuervo de la fábula, de 
nada le ha servido vestirse con plumas agenas, porque le ha 
bastado su primer graznido á descubrir su origen. Lo que dice 
ahora es lo que ha dicho antes, sin variar un solo concepto, sin 
agi*egar una sola idea, mintiendo y calumniando siempre, y re- 
volcándose en el lodo en que se ha arrastrado portantes años. 
La imeguridadde los enlrangeros, el despojo de las famiUrís, 
la matanza de los prisioneros : las arbitrariedades, las espo- 
naciones^ los degft4!llos.... caicos que solo un escritor apoca- 
di> é impudente puede atreverse á repetir después de tantos 
desmentidos, y I pesar do tantos desengaños. 
Las últimas páginas del libelo de Lamas contienen la repetí- 



(DE J4I6 HERÚIUOüSAMLrHláTA ^^7 

/ 

okm 'laBliidiosa de idesioucdliiinas ásq^ntrntes «que au uaior 
idíscoteoeoíi^ia wísmaipai^HdBdiétjigiioram^ ODoquetha ha- 
ü^ladoideikB' demás. iL&'^^7mmgacimiidél\RéD -úeiaíPlutary ^vs 
afhientes, y lu 4ñddpmdmtiaipa^iDía y nal del^^mgnay, 
' iMnoho jse Donpa áe\ ; intecée ^del Arasil. ^Aetestas dos cuestíimes, 
la iprimenra está \(iisDiilida m^^íe iúd manseum ; Ja ísegnDdabha 
sido úhimarlneste^de(»diialpoI^JeBiqlle,^áialsligaoion^^ 
.liahiaQrpFetendído ÜD^sadir ^uimeiivDfi iríi>sifileiáoires, y *^e itaa 
deiilanado «después <ipie ípectemoea ^enofaiflíiiiaifieiite á:8U6 rdae- 
nos : éldPavaDá'y sos^aflaeDlesiá Ja^CoBGaderaQÍoii Aírgeotína, y 
elUruguay, en común con. la .República Oriental. Si esto no 
ibastase a .acalhir.'al IBrasil, cpiedaria ique BKominar olvo punto 
limpontante áe jder«oho ipúblico ; -á .^aber,« el «valortqne tienen 
>Ias eMtpnlacioDes . aooesoitías 'de un tcalado paca laqnelqtte ^lia 
fáhadoá'laspriDqpates. » ^ 



íCAPITOL© V. 

1Sltiuioioxi^oltt¿Eica>úl>Uaft«A3:e«n1%Ina — tfíu^l&cio Ae Cami- 
la O'OoormaA — E2x.p¥Llsiozi dol tM>ñor f*looiot — Oapita- 



— Aotltua de laH Cúiuaras BrasULoras — r^x-ataao I^oppe- 
donz* — XlatiftoaGflon a.olt''X*x-art;aao -centro Xn§;later-na T'la 
Sbopi6fl>]d»a sAjrpeíatána — >: Mbmaxrte^ «t^Jt iaiaifcgi*'ml *Waia. SCsar- 
tiu » ISSl — PronunoiaiKLiQnto del Oeneral XIiMiuiza 
— PulUioaoloiieM ocMvtx-a casie — X^avlda de un traidor — 
. A.e€BBfteol«aiionto»«n taaa:l«k9licaiv&l>licNHOrieaitxU — flVtno- 
"vo ódc>den de xumau ^ I>laeXuoioziid€stl 4;vl°^r«ito.del»GKisie- 
ral D. IMlainiiei Orll>e — B^ormaolon del g^ran-ojéroito — 
SSaPCA&a de«a««o «K>a*ra «A iG^aarflA lOB 



ESTADO M, U AEPÚBLICA yiJlG£3ÍXIM XL QWRiJ^ 

£L ÁISO IXE 'l«47 

Los^aucesos doas notalílefi de la CoBfiadecatían AvgBtttiaa^se 
rosefiaffon m'^el^igoieiite eatcactDídelim6i»aje delt&eBeralflo- 



298 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR 

sas á la Sala de Representantes de la Proyincia de Buenos Aires. 
« Os di cuenta en mi anterior Mensaje, que el Gobierno de 
S. M. B. había confiado el mando de su estación naval en estas 
aguas, en reemplazo del Contra-Almirante Inglefield, al Como- 
doro Sir Tomas Herbert. Su nombramiento ha cambiado la 
deplorable situación creada por el Comodoro D. Juan B. Purvis 
sostenida por el Comandante Sir Tomás Sabino Pasley, y rea- 
gravada por el Contra-Almirante Inglefield. El esclarecido Como- 
doro Sir Tomás Herbert ha correspondido con su moderación y 
cordura á sus honrosos antecedentes en las Repúblicas del Plata. 

« Aun no ha podido el Gobierno ratificar la declaración de 
D. Santiago Dasso, de haber una población inglesa en el Estre- 
cho de Magallanes, como á cincuenta leguas al Norte de este. 
Según los datos que ulteriormei)^ obtenga, procederá como 
corresponda para dejar ilesos los soberanos derechos de la 
Confederación í^. .... 

« El Gobierno ha apreciado alta y muy sinceramente la ele- 
vada misión diplomática que cerca de él acreditaron los de 
S. M. B., y de S. M. el Rey de los franceses. Llegaron á esta ciu- 
dad los honorables Lord Howden y C^onde Walewski, Encargados 
por sus Gobiernos de concluir definitivamente el arreglo inicia- 
do por su Agente Confidencial, caballero D. Tomás S. Hood, 
para la pacificación de las Repúblicas del Rio de la Plata. Os di 
cuenta de esta distinguida misión, y de la correspondencia que 
.en ella tuvo lugar. Impuestos os halláis de los serios inconve- 
nientes que hicieron inadmisibles las proposiciones de paz de 
los Gobiernos de S. M.B. y de S. M. el Rey de los franceses, 
presentadas por los Honorables Lord Howden y Conde Wale- 
wski. Dieron por terminada su misión, y se retiraron . . . 

« Muy sensible es al Gobierno manifestaros que el Honorable 
Encargado de Negocios de S. M. la Reina de Portugal en la Con- 
federación, fué alevosamente ofendido en su persona por un 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 399 

• 

infame malhechor, y que en tan escandaloso suceso el General 
D. José María Oyuela asumió un rol ofensivo á las leyes, y á la 
dignidad del país. El Gobierno eficazmente adoptó justas y 
prontas medidas. El reo descubierto, que según recientes noti- 
cias aparece estaren Montevideo, es activamente buscado; y el 
general ofensor, depuesto de su empleo, y borrado de la lista 
militar ^i^^\ ejército, se halla en la cárcel del Cabildo á dispo-- 
sicion del Juez del Crimen que conoce en la causa hasta poner- 
la en estado de sentencia, dando cuenta 

« El Gobierno fué informado por el de la Provintia de Salta, 
que tres jóvenes Bolivianos hablan bajado en dos pequeñas ca- 
noas desde losrios YtanyTarija, bástala confluencia del Ber- 
mejo y del Zenta.— Presentándose como viajeros naturalistas 
recabaron permiso de la Tenencia del Gobierno de Oran para 
continuar su cacería en esas inmediaciones, y luego emprendie- 
ron una fuga precipitada al territorio de Tarija— Según las in- 
dicaciones practicadas, se supo que habían recibido recursos 
pecuniarios de la caja de Tarija para tal reconocimiento. 

« Simultáneamente con las órdenes convenientes dadas al Go- 
bierno de la Provincia de Salta, dirigió el de la Confederación 
el debido reclamo al de Bolivia, significándole su confianza de 
<]ue dictaría medidas eficaces para que no se produjesen iguales 
sucesos, poj; las desagradables complicaciones que pudieran 
presentar en perjuicio de la buena armonía existente entre am- 
bos países, y que este Gobierno sinceramente desea conservar 
sin alteración. 

« El Gobierno Boliviano informó que los tres jóvenes explo- 
radores, empleados en la mesa topográfica de aquella Repúbli- 
blica, habían tenido orden de ir á Tarija, para levantar el plano 
de ése Departamento, y preparar los datos que á su juicio con- 
vendría tener presentes, cuando los dos Gobiernos de común 
acuerdo, pudiesen contraer su atención á demarcar las respec- 
tivas fronteras de las dos Repúblicas, y para su mejor desem- 



'X' 



300 HISTOMA POUnCA T MLIUA 



peüo, habían enprendiile U navegMSÍMi de Im ríos YUft y Tadja 
atinentes del B^mejcK ▼ UbnuiM alirafíMNto losagiias eitcaoMs 
peqn^daa (^ «perfiNtlaft y ei cujtiMfci i sohrerenidaAv se ppe- 
l^a&aroii lia»te inliNrMvw en toraliMria- Jbf^nlinei . . . . 

« Han MHpsulo á baPraviMia» dftSftlla.T Jq|íií algUBM^ Bo- 
IíV'Ímmi^^-AiImI <iekieni» pwMñrna imh sos idens de pai y 
amiirtad con h» yaiAtost A» U C^>nltdeiqtttQa. SJnailttneaiiiente 
h'á mtitíiá^ el i'iÉA*en>»> dh^feedeSnlU y iiqiPr corres|iendeft- 
oia« dándole cuente de U atümá de Mím« en las medidas da 
estvkíl» nenlrftlidntt aitipliilar 

« Se itt grJenide i be yéienwtf de Salla y Ji^ntla» medidas 
de piki». i^m 4iie desanaaáis lee enigradoe por diehoe go^ 
bietuee» :m> oenaetteft e» aetilMl inelMsiva ; los haga interna» 
á cftMiiente legua* de dietaneú^ de la. hroalera de Bolivier reeo*- 
j¡ieMb Ie4e su anaamenle y nniiHeienesvy qnedel mismo* huk 
do preeeiian con cnalqnier caadal páblieo qwhsbíeseo cenéis 
cido al territoríe de diehae-pvovíneiaa — tea» bqp inventarío, 
V con la inlerreneion de la autoridad SetJvíana<. 

# Blí<iebamador deiojuí hai (wiftietpado una grave violafiion 
del terríleriO'argenUiiD, . ejecutada por {áencaepertene^^ 
ejéreilfrdeiBelívía, at meiMlD. de da» oicieiefr qjoe- peRetr.aren 
violenlaaiente kastai Qníaeav desamando á. Jes emigrados (\m 
se habían internado hastAAlürf— fiehawclafliado eljiístocaeligo 
de lospefpetfadere»deta&eseaiidal6saB' vialaniones ^ . 

« Eu el anterior mensaje os-di cnenla^déh tríimfo' del General 
Tacheco sobre los indios ladrones, en las escabrosas- soledadea 
ilt>l desierlo^ trionfe-^pie había asegurade-dilatades fórtüear camr 
|Hi^ y gitan persioii' de laint^ueza déla Proviociau. Despueede 
eso, njngonai iavasien ni* robo haa eoaetídoi. Los cafiiqpes 
Molkilaroula paz; yse>les ofreGÍó«admi4i>la bi^ eondídeae» 
coavenientes . 

ti Kn las Vrov4neias de Góndeba^y San. Luis* hubo» una inouD- 
ikioH depredadora: de les indios ;da afaeUos terríteríes^ Se han. 
lvi4Madi^ medidas, para su persecución y castigo 



DE LAS REPOBLtCAS PEL PLATA 301 

« La Provincia de San Luis; ha manido á los auxiliares de los 
Andes con algún armamento. 

« El Gobierno pidi6 á los de Córdoba y San Luis, un conocí^ 
miento de los daños y robos hechos por los indios ; el número 
de estos, el punto por donde hicieron su escursion, el nombre 
de los caciques invasores, muertes que hubieran hecho, nom- 
bres, sexos y edades de los cautivos que hubieran llevado, y 
cantidad clasificada de las haciendas que hubiesen robado. 

« Que si quieren siga la negociación padica, deben d6Vt)lver 
á los gobiernos de Córdoba y San Luis, todas las cautivas que 
han llevada, las haciendas que han robado, pidiéndoles perdón 
de su delito, y mandarles indios que permanezcan en rehenes, 
por los que aseguren no robar mas, y estar arrepentidos. Que 
«1 Gobernador de Buenos Aires no puede seguir la negociación 
de paz ni perdonarlos, mientras los de Córdoba y San Luis no 
le comuniquen haberios indultado. 

« Agregó creer si, como siempre ha creido, y habia de creer, 
que donde haya en las poblaciones salvajes unitarios, y sobre 
todo Jesuítas, no conviene alli recibir ni hacer permanecer in* 
dios enemigos procedentes de sus tolderías. 

4( De la correspondencia de! Gobierno de Mendoza, seguida 
desde 1845, resulta que vanos caciques asesinaron al de igual 
clase Guimané, amigo de esta República, teniendo parte en el 
asesinato los caciques Ayllal, Poran, y Cristiano. 

« Aparece que e! cacique Zúñiga, á la cabeza de indios amigos 
de Chile, fomenta incursiones á la Confederación. Que algunos 
subditos chilenos, al regreso de los indios, con e( pillaje hecho 
on esta República, les compran ganado, á pesar de ser conocida 
su procedencia ; y que un capitán Salvo, al servicio de Chile, 
mandó una carga de municiones de guerra á Baigorría . • . 

« El comandante del Fuerte Azul avisó haber llegado alli va- 
rios indios Ranqueles enviados por sus caciques á solicitar la 
paz, y el perdón del gobierno. As^uraban su buena fé, prome* 



\ 



:i(N) HISTORIA POLlnCA Y MiUTAH 

\mM, liiUiian oinprtMidiilo la n.'wegHcieu de los ríos YUn y Tarija 
;il1iionU*s del B(H*mejOvy Ubradea aloiirüHKle las aguas encaaoas 
p<H|iiefia8 o impiTÍetitas y con crecÍMtes solii*e venidas ^ se pvo- 
plisaron luista iiiieriiarse on terrilorío* Avgfenlino 

« Han enU))rado ¿i la» Provínnias í\h Salta-v Jujui algunos Bo- 
IÍY^M)0s<--.4<)tt6l Gobierne persmera tM» sus itle^is de paz y 
amii^Ud con los piiebk^s tb* la r.onf<eileraciou. Stmuliáneamentp 
ha ciN^ibklo ol iWtbíevno. do los de Salla y Jujjijlí, corresi^mlea- 
oia. dándolo ciuMita do la aoliUid de Bfvüvios en las medidas de 
osiríota neiitralhiail aikiplBiibs^ 

« Si^ ha onlma^lo a lus pUiioruos do Salla y Jnjui las medidas 
do piUicia. para que dosarmados los emigrados por dichos go- 
lútHiiiVü, s<^ consorvoa on aeiílud iaofensira : los haga inler nar 
a oínratHila logiias do díslaiitfta de la trouteni do Bolivia reoo- 
i^ionitu Uhío su armanionK) y inuiiieiones* y que del mismo mo- 
do pr\>cOi)an i^)n oiiak)iittH' oaoiial ^mblico que hubiesen coada- 
oido al tenrilorío do ibVhas {Hvviucias — todo bajo iovoDlario. 
> ixm la iniorvMOHHi do la auliMridait Botíviana. 

« El ti<4Mtiailor lU» i^/tá ba parlicípado una graw TiolafHHi 
dol terrtMri<>ar^Mili«o. i^tyttcaida por átonas peftiNitcieotos ;ki 
ojortiwi doi B^vñk. a) mando de iWis otiriaies que peaecrv^o 
X iol»»iiMionW basta O^iaiu^ d(>saraiaihk> á [it$ oia^nAÍ6& que 
so bahian ñnomailo basca alli — Se ba nviaaudo ei ju>K> oaso^o 
do k^ l>erpirtnidtirv6S^ de taa osMOtbd^sas tmíacíoao^ 

« Kn el juiterKir nwsajo i^«U raMU «M Tniuio «ir: Moerjii 
TiohAV xKm:>:» k>s iriJivVi laip»<. - v. liS r>:./: r. SrS ?»^ 
vU^t %bMíiiK%ík inani^^Tio había asiwmiie «itUL^v^ ietta^ 
;vvs< y ip;Mi ^wnrkw do ¡a minea *»* a IV'^r ana. D^fSf aift« 
«'s«v w^pMM uih«as««« ni rv>c^ baa AvarC^o. L.? ::dj: 



v\^ 






. "S" u '". ¿r^ 




»>. J.^ ■ r:C^ V -í^ 



.J5^ 




.'4.»'> 




* ^ ■? -JET'"* m: liülri ral t*Kí«iii. 

conundante de! Fuorte Aiwl /aínv V^v i<y,t^v %»!» v, 
mdies Banqoeies enTüuios |v>r su* . jk^^h^w í xnv.,;.^ <• 
y el perdón del gobierno. Ast>jnuMlv*5^ si^ lsii,v>v^ ^n ^^^s 




* 4 



t 

Oí; 






• s 

ÍCÍJO 

So- 
sa V 

iM'io 



30¿ HISTOHIA Pt>LÍ'nCÁ Y MILlTAh 

ti.'iíi observar en adelanto una conducta pacífica, y enviaron 
como garantía algunos de sus hijos, y hermanos. 

« Se le ordenó les diese á saberlas siguientes proposiciones, 
compendiadas. 

« Kl (iobierno acepta la |)az <]ue prometían. 

K A BaigoiTÍ:i lo perdonaba. 

« Si se efectuaba la paz, debiiin entregar los cautivos cris- 
tianos. 

I 

« Kl comandaníe dio cuenta haber recibido los indios las pro- 
posiciones con placer, y regresado á dar cuenta á sus caciques. 

w Kleslatlo del empréstito de Inglaterra es el mismo que os 
manifeslóel (Iobierno el ano.anterior 

^v Tor nu^livos poderosos de justa defensa nacional, el Cío- 
bierno ha prohibido, de acuerdo con su aliado el Gobierno le^al 
tiela llt^pública Orientad, el tráfico con el Puerto de Montevideo. 
prohv'Vii'l^ííd coníercio licito de las introducciones directas !o 
nllraniar ^^ 

ri GtMHMal llosas ndopló en Marzo del 47 una medida de 
j'ian influencia para el mercado monetario de la plaza de Bae-, 
ni»^ \ir(\-. Orden '^ se prestase á la casa do Moneda, cinco mi- 
/*.»ííf.sde pesos» de los pertenecientes ala caja de amortización 
de la diMnIa púídica, para que se empleasen en prestarlos j 
• liS.MUMilo. á p.irliinl.'i\v<, al ínteres mensual de I ,S p%. Con 
I :! uíedida. los !, íu^ l-uvs de papel que le habían retirado del 
niercadt) para ítuvaila baja ileloro, alzando latosa del interés, 
se encontraron Iruslrados en su plan, tauto mas, cuanto que 
no lisiaba en sus intereses, tomará rédito de la casa de Moneda, 
la casi lolalidad de los cinco millones. El interés del dinero, 
bajó, y el pa|>el retirado volvió á la circulación, abvíando por 
el momento la. situación de aquella plaza, cuyo estado econó- 
mico era ruinoso. Tero el beneficio que obtuvieron la circula- 
ción y el comercio, no podía ser de larga duración, desde que 
al cesar el estímulo que por entonces tenía el papel fuera de cír- 



Df U8 REPGBLIGAS DEL PLATA 303 

€ulacion volviendo á entraren ella, todo el que ex¡st¡a,su abun- 
dancia llegó á ser perjudicial. Entre tanto, la medida del Gene- 
ral Rosas, seguia de cerca, á la enorme baja artificial del oro, 
promovida por el mismo señor Rosas, y ocasionó grandes ga- 
nancias, que levantaron grandes fortunas ú los allegados al 
poder cuyas secretas disposiciones conocían de antemano. 

fSuplicio <lo Oainila O*0oz*xnan 

En el Último mes del ano 1847 fué sorprendida la sociedad 
Argentina, con uno de aquellos golpes terribles que derriban el 
antemural que la humanidad está oponiendo constantemente á 
las acciones bárbaras con que agobian á los pueblos los tiranos. 

Un clérigo Gutiérrez, ex-cura de la parroquia del Socorro en 
Buenos Aires, logra seducir á una joven perteneciente á una 
decente y honrada familia de aquella ciudad. 

La joven tiene 22 anos, y huye con su seductor— La pareja 
llega á Corrientes y fija su residencia en un paraje solitario de 
aquella Provincia — Se lanzan decretos por el General Rosas, 
para la persecución y captura de los prófugos, y estos son por 
* fin denunciados por un cura irlandés llamado Gauon— Gutiér- 
rez y la joven son conducidos á disposición del General llosas; 
y llevados al campamento de Santos Lugares, donde son pasa- 
dos por las armas, el viernes 18 de Agosto á las 10 de la ma- 
ñana. 

La joven Camila estaba en cinta y muy próxima á ser madre 
—Todo esto denuncia un drama rápido y terrible, con episoijios 
aislados entre las sombras y el silencio de la tiranía. 

Véase como dá cuenta del suceso la crónica de la época, bajo ,' , 

la infiuencia dictatorial: it 

El 16 de Diciembre de 1847 el Cura de la Parroquia del So- 
corro Uladislao Gutiérrez, que seguia una vida escandalosa y ^ 
habia convertido la Iglesia del Señor y su sagrado Ministerio 
en sacrilegas profanaciones, abusando de la Religión, fugó de 



aoi 



lUMroHu rouna y viuuh 



o*«liH uiil.itl i'w rom^uAu (lo tl^iuülu OVionuoii. perdida pin 
l.i >oouhIiiI > |MiM su iltvoulo v liouruila fAUíilíj— Esto escán- 
il.ilo ituudilo iM\ lUioiuvs Aiivs. > do Uii liiuo>u iiulueocia ea U> 
lamdt«^N« OH ol KNL^do. \ oii ol sj^ooixLvio. luo uoiioiado al Gi>- 
Imoh^^ |mi l^s ,^ui\M(dAdos Kciosuslioa.< y r.i\iloi^--IiuB«du&k- 
moiuo ÍdM\^ l.u\io ou «\siji hvxiuoKt o^^iu»^ i Uv< in^lucYiK^ «k k> 
dom.*N,lo iMouhNloiAx'UM^ Ias .m\ío:ío> oorrt*>;vHi.:-t r.:e* york 

Iv^^AwdAxO o;\ ítI Rio •W' lji^\ii--F'i N)L::ti Ks |vc m«dKi>ñ&- 
d,\\'^^xAí J^vS.< XN.V ¿,'55C»:i«i\^*> .•.^•i;vfc«:c.: >.Hr;«^iiiiKr i 

\<*>«N .>^<'u *:UtJhi^> .V liíaij^':; X«J^M».¿ }>:*.:ciitl. OUf •iiki^ A 




t . « 









,v *:*«•-*. -í.Lk" 



-aIi 



.K «.i«^ 



•i 



l^^^^V^* 



í:^',-*-. .^ ^.^ ^~ ^^ ajtio 









y^' 



.- -. . ^ I 



NkiJi% i£P0WICi8 DSL ^UTA 305 

áetucefo horroroio : Biiestpo JliislriMino >Sr. Obispo J)io€eBa- 
no, » nota 'del 2i del mismo lo cUaifieó de pr^^eedmieñto 
enorme y e$cündúU§a. Todoi» los .Cpobieroos ^e la Goidedera* 
cion¿ cofitosiaodo & la ^oulaFdelfíobierjao^eiiarsdiSe proouií- 
ciaron debidamente «nel propio sentido. 

Los crímeAes de engaño y faÍ5ífioacion cometidos por los reos 
después de su escandalosa iuga de Buenos Aires constan tam- 
bién de comunieaciones oficiales de los £xmos.8res. Goberjoya- 
dwes de las Pro vinoias de Santa Fé y Corrientes» y del sojuiHo 
seguido en la Villa de Goya por orden del Gobierno de Corrien- 
tes por el Jaez de primera instancia asociado del Ccduandante 
deesa Villa. Por dicbo ;»umario consta también: 4.^ que los 
dos reos obtuvieron pasaporte en £ntre-Rios, en la ciudad del 
Paraná, el 4 .* de Febrero «Uímo, bajo los supuestos nombres 
de € Máximo Brandier y su esposa Valentina», coEMorciante el 
primero y natural de Jujui: que ante las autoridades de Goya 
declaa*óUladíslaoGrutierrezser comerciante, llamarse Máximo 
Brandier, y^r esposo de Valentina San: que iguales falsifica- 
ciones sostuvo su cómplice Camila O'Gorman: y que en U con- 
fesión se ratificaron los reos en las mismas ficciones. 

De esta manera burlaron las leyos humanas, como babian 
violado las Divinas; y de crimen en crimen ofrecían solo á la 
sociedad, con el escándalo de sus deli4os consumadoSt ia triste 
perspectiva de otros en una interminable cadena, que el Gobier- 
no cortó con un golpe saludable de justicia. 

No se trata de faltas, en que incurren nuestros semejantes, 
porque á ellas estamos snjetos, y nadie es perfecto, ó de delitos 
ordinarios, en que pueda mitigarse la severidad de la justicia, 
sin grande perjuicio del Estado y de la Religión sin autorizar 
un desorden profundo y fatal, sino de crímenes graves y corro- 
sivos, inauditos, respecto de los cuales la contemplación viene á 
ser funesta á la sociedad, y la indulgencia una ofensa á aquellos 
grandes principios é intereses conservadores de las nacipnes ; 

20 



308 HISTORIA POLÍTICA T «LITAR 

En tal suposición, en tal estado, no intocanos en su faYorni 
sn debilidad ni su inesperíeneia : no pedimos para día d^ 
mencía alguna, sino justicia cruel é inexorable. ¿ Debia morir? 
pues qne mariose ; que la lej fuese complida. Bien. ¿ Fbto 
qné ? La lej ¿ solo habrít de ser en manos de los tiranos an 
elástico rnstnunento de muerte, que se prolonga 6 se contrae, 
segon sos caprichos élas necesidades de su sistema? ¿EstniB» 
ca acaso T ¿ Es acaso dirisible ? ¿ Es licito acojer solo lo r^ido 
deek, y^lesechar lo benigno ? ¿ Lo es qne eliasinra para todo 
al terdogo, para nada á la Tictima T ¿ Ha de poder un gobierM 
invocar la lef para matar, estar exento de cmmplirta en lo dé^ 
mis? ¿«Es josto esto? | Oh, no I Esa misma ley que decía «- 
Camila mmera — esa misma decía también ~ Camila sea oída y 
juzgada. 

¿ T lo fué por rentara ? Ni por un instante se pensó en eso, 
como jamas lo pensó Rosas en los miles de muertes que por 
motiros 6 con?eniencias políticas ha ordenado. ¿Porqué pues? 
¿ Cómo se justifica esto ? 

Porlo mismo de ser tan probado el delito, el enfuidamiento 
era tanto mas fácil y rápido. A bien que el protesto de ser nece- 
sario que el castigo fuese pronte, no puede jamas autorizar la 
ausencia total y absoluta de las formas ; porque una Tez admi- 
tido ese protesto^ el interés de los tiranos les inducirá á aplicar^ 
lo á todos los casos. En Buenos Aires se han visto crímenes es^ 
pantosos, respecto de los cuales ef pueblo clamaba por un pron- 
to castigo ; y un pronto castigo presenció, sin que por ese la: 
ley dejara de ser plenamente acatada. T precisamente el ulti- 
mo de esos casos acaeció al concluir Rosas su primer gobierno : 
á los ocho dias del parricidio, el criminal estaba ya colgado en 
la plaza de Lorea, después de un juicio que hizo iionor á los 
jueces de Buenos Aires , en el que se obsenraron absohiia^ 
mente todos los trámites y formas de la ley, que corrió to- 
das las instancias que ella permite, y en el cual, uno de ios jue- 



DE BUS BfiPÜBLKJc» DEL PKffXi 3M 

ce» saperJovesy ftié ebaetnil mnwtra áft iielacioQea^ esteríoi^es ; 
asi eoBM^ d' da- prínenu imitatm, tm eI:iiD«ii& que' )Nqrv eontra 
su «oacienem, j antoeli e»peeti(nilo>(te la» lojes destFOtadas de 
Su patr», ¥9 i asentar ]iieiilída«erite m» lor satey qHO Smeiio» 
Aires progresa en todo sentido. ¿Pero qué mas? Rosas ons* 
me',af'pviii<iipi0 ds& sw segiide g^Aietno^ estn eSrCWoíds'se 
mostiRd[Kki)iA»eonl0QÍAB' respes de^e^fam (jle qne no resot- 
tas0a^iinaralílídia(dl<ár«M sistoaai, aiiaqiw«jeeal6 áva^ríBUiialv 
lekf»^ tanbiea|azgair: parodéspKS,. m (ÁiaimfcéitAimMla 
sxmm9m[í9aíB^f9mfmtmfEí^(sék¡sú»^; awsísimiaJeiwpinHEHlfl 
necresHiaid ée s^entear j sosUner éütevroír ; y á esta nefMídtai 
fué kmoiádaí fo Hifo9tana«ki Canífi»,. e» quien rO' ser respeCfr en 
IMS^el santa derecho de set JKgaéav qoe en 483& habiasídl» 
respetaéo'en n» negro esebnn», asesiaetde^sv señor. 

]fe pretendemeft tortivar la se&sífaHMadi éef nuesteos leeto^ 
re9, desaproitaadé ante sos ejes el eaaéro éajeriosay repulsivo 
que presentan ios fastos criminales de todos los pueblos, yqne 
haría ress^r lo ridieato» éte-esa esce9mi.inpottaflM3a qxie ae 
quiere dar at meesode CamiAsL. 

Tam ines^vsaibte es el asesínalo que ésto lia (mmetide y taor la 
conoce el misHu^ReeaSr (pie | obsécrese Men I él cwda muelle 
de esparcir, como de paso, ciertas pabÉcas- que, teníencto'en 
to€fGf6 tee paiees^una sígniíieacieii fija.f oonoeida,. aKrejen en 
el esteríer ta idea de que^ Camila fué" JMCgada* Es pw ese que 
intreáiice'bsToee^de^fiRMmev €§»fesmñy mmteiwmí. Esteti"' 
ranei Uama n^marm yt efmfemm^r á; éselaraeieoes que din* se 
towó efr eerrientes á fios preses : 7 la sí afolar es qae, peeséíii'^ 
diento de ta falta totab dema* dsfeaea, dice que todo cuante^ 
los presos dijeron en esas declaraciones, fué falsedad y fwckh 
nes^ ?te ceusiguiente : esaieita «a pasoA masí pava que, cuando 
llegaroná la jnpisdSceioa de san JMBcesy á Buenos itinres;^ s% ]b» 
formase caasa ; á i» de que,, aunqne no^ fáesesin» per lienar 
lasteiijenciaséetaélegp, se les eenvendese de esas falsedades. 



34 2 fiKTdSIA «OLtUA ir sblizoí 

'OSOS '^5 progresoi *6f» 4o/lo ^ntéá» fae iiaoeB bajo sxi& varas 
íéiitAs y gaaggifiar, ias iofooíwpséufcometgia» del Piatau 

I 'Qaé coulcaate I BieBÉras fM*ai el ihtíégiáidWíBO au«ljuie- 
¥^ iMindo, .todos í05jnmUo€ se ajüan en «na sieceádad de 
regeDeracim y 4t ipr^gnew^ 7 neooiKpnsi», ms «b lasnooar- 
qjúas mas abMbitas« lei«fdMdades derechas ^tenbreyfdel 
ciudadano ; se predica altasMOle ea Baeods iAáoes por los ^fne 
osM üafnaPQOS'einirüeoídosy «alirqes^ qse reside «en los gcfcíer- 
(Ms MUldaoidos, m las jatonidaéBS públicas, la ireme&da fá- 
cithtad de des^dazarios nodos, i iíúé espactáoalo I Ea Evopa, 
aun los sanpraadidosfen la^ calles con áas anai^ que eapiiia- 
ron contra todos üos priscipios sootales, son oídos r, y al .-ser 
castigados, no sdo no lo son con la pérdida de la «vida, sino 
que al aplicárseles aoa pena, la aittoiridad cmda de manifestar 
«US imotrvGfi, (pie la prensa se «acaí^ de:a|pO]rar ó oombatir : 
mieulras qne en Buenos Aires, asa itirania :siiifliodelo, f«e se 
dlama gotÁemio, bisiia «n larmas áaiBa<)é^eafleduoida, eael 
acto^deibaberlaenireaQsinfanosíbonttcidafi ; la pneasa no exás- 
le; el paebloanaldioe y tiembla; da aator&dad caUa; j recien 
á las 84 dias«e pnesoüta fermulaDdo laacisacion, y justíficaiido 
eUremondo asesinado )Gon la espantosa dootrmaideiqiiefiebafla 
onvestÁdo coa la faonltad <le asesinar. 

Pero M aun considerada aisladameaite la peraoaa de Ca- 
mila, sa (muerte ha sido un joaigne crmm { cujuatosmas ne- 
bros no apai*ecen los ^^otores de este borriUe «onadro, si se 
^contempla ademas dÜNiiado con la sangre de «n inooettte de 
siete tmeses I 'Que la napudeate dictadura j sus deignadados 
escritores, .apoiren, TaspecAe de Camila, toda Ja iasensatei; de 
sus 'doctrinas :al)seliititftas y féreK^es. Nosotros los desafiasaios á 
que las apliquen €0& édlo al Ju^o^de esa infeliz : á qve^ienmes- 
1i*en que ese ser desrenlurado, baUa deliiKiukloyiiiiereGÍdo»el 
suplicio, ¿que solo la atrocidad de un Rosas pudo «oadenarie : 
jÁ que arranquen, por coasigakarte, de Jo bondo de las con- 



DE Li» BtPtBLUIAS DEL WhA^ 313 

ciencias, la universal convicck» de qae este cmiel y doble 
asesinato, ha sido el mas bérbaDO^ ; paTcnroso ateatado*, que- en 
la edad presente haya eometido an gobierno. 

Y ese gobierno asesino^ que siente sobne so; cminmal cabeza 
el peso de la maldición • general, cree bailar ttoa sindicación 
imposible, buscando en vano k otros tantos malvados como ¿1 : 
conócese culpable, y acusa- á todos los gobiernos : conócese in^ 
justificable, y calun»nia k toda la especie humana. No tienen 
otro significado que este, aquellas desvergonzadas^ palabras : 
« Gomo si fuese posible atribuir at castigo de los crímenes el 
carácter de inhumanidad ; y como si no se practicasen en to- 
das las naciones civilizadas, ó no esluviésemos presenciando 
hoy mismo, en toda la Europa cultay saludables esGarmíento& 
que los gobiernos adoptan para contener el desorden social, y 
preservar al Estado de males sin cuento. » 

I Qué miseria I Esas palabras constituyen la mas irresistible 
demostración de su falta total de medios justificativos : algo mas : 
esas palabras, tan inhábilmente traídas,, son una potente acusa- 
ción de Rosas. ¿Quién, al leerlas, no hace en el acto, entre los 
sucesos de Europa, y el del 18 de Agosto en Buenos Aires, una 
rápida comparación, cuyo resultado es la condenación irrevo- 
cable del verdugo de Camila? 

Sí : porque es mentira — | y vindiquemos en esto el honor 
de todos los gobiernos I — es una audaz mentira, que ni en 
Europa, ni en parte alguna del mundo, exista otro Rosas : es 
mentira que ningún gobierno, ejíi ningún país, haya ofrecido el 
horrible espectáculo, que en aquel dia de crimen estremeció á 
Buenos Aires : y es mentira en fin, que si alguno de ellos, en 
instantes de frenesí, llegara ár tener el infortunio de cometer 
atentados tan feroces, tuviese también la osadía de presentarse 
ante el mundo proclamando que le asiste la facultad legal de 
cometerlos. 

8i hay puerilidad é inepcia en querer asimilar, bajo ningún 



314 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

respecto, un delito absolutamente particular j aislado, con los 
del (leiórdeTi 50ctaí europeo, consiguiente á tremendas conmo- 
ciones políticas, hay también inhabilidad y rudeza en asociar al 
atroz sacrificio de una joven seducida, los recuerdos de los pro- 
cederes observados por los gobiernos de la Eurpa revoluciona- 
da. El alto contraste entre los «actos de esos gobiernos, y las 
.sangrientas demasías del déspota del Plata, es precisamente la 
acusación mas formidable que contra él podía haberse formu- 
lado. Én Europa los intereses y las pasiones políticas, arras- 
tran á empresas altamente culpables, y á delitos de estensas 
dimensiones : y sin embargo, cuando los gobiernos han re- 
sultado vencedores, han sabido respetar en sus autores, no 
obstante la ardiente esfervescencia de sentimientos enconosos, 
los santos derechos del hombre : han rendido homenaje á las 
primarias condiciones de la sociabilidad : no han abjurado au- 
dazmente á las prescíones venerables de la humanidad y del si- 
glo : han penádolos, sí, pero | ni una sola ejecución ha enne- 
grecido hasta ahora su victoria I 

Eso es lo que se ve en Europa. Mas en Buenos Aires . . . 
I llosas, Rosas I Tu audacia al provocar estas comparaciones 
acusadoras, solo es comparable ala magnitud de tus delitos. . . 
Eso os lo que so ve en Europa ; pero por solo el delito de se- 
iluccion y fnga, recibir á una mujer y sentarla en el acto en un 
banquillo, en medio de una quietud profunda, con espantosa 
sangro fría, y ;i los ocho meses de haber delinquido ; y á una 
mujor en cuyo seno se agita un ser inocente, esto es | bárbaro 1 
no so vo ni m osa Europa exilia, ni en la África salvaje : esto 
I monstruo ! solo so ve en ese gran teatro de tus grandes ase- 
sinatos : solo on el campamento militar de los Santos Lugares. 

Tal es la vindicación de Rosas. 

Por lo demás: la justicia, la humanidadad, la civilización, 
hallarán sin dmla esa vindicación tan osada v abominable, co- 
mo el crimen mismo que la motiva, y sin hesitar, ratitícarán el 



DE LAS BEPÜBLICIS DEL PLATA 315 

perdurable fallo que, al saberlo, proauQciaroQ indignados : — 
piedad y absolución hacia la victima, inexorable maldición so* 
bre el verdugo.» 

Finalmente, el proceso levantado al General Rosas, algunos 
años mas tarde, nos proporciona los datos que damos á conti- 
nuación; los que no dejan ningún género de duda, que el Gene- 
ral Rosasen esta época, habiacaido en un extravio de razón 
que acabó por serle funesto. 

En ese proceso, Antonino Reyes declara que habiendo llega- 
do al campamento Camila O'Gorman y el sacerdote Uladislao 
Gutiérrez, según las instrucciones de Rosas, les puso grillos, y 
que en virtud de esas instrucciones los hizo fusilar. Que se 
atrevió el declarante á dirigirse a Rosas, hacerle algunas obser- 
vaciones, y manifestarle el estado avanzado de preñez en que se 
encontraba Camila, para ver si conseguía la revocación de la 
orden; pero tan lejos de conseguirlo se le intimó ejecutarla, 
reconviniéndole el tirano y haciéndolo responsable con su vida. 

El Dr. D. Mariano Beascoechea dá los siguientes detalles so- 
bre este espantoso suceso. Dic^ asi: « Luego que el Presbítero 
€ Gutiérrez y la joven Camila llegaron al dicho Cuartel General, 
« le dirigió Reyes á Rosas una carpeta en que le participaba el 
« arribo de ellos, y le manifestaba que por la premura del tiem- 
€ po no les había hecho formar las clasificaciones, pero que lo 
« haría después y se las maindaria con la prontitud posible, 
« advirtiéndole á la vez á Rosas, que aunque según estaba or- 
« denado debia haberle puesto grillos á la joven, habia por en- 
€ tonces omitido hacerlo en razón de haber esta llegado algo 
« indispuesta por el traqueo del carretón en que venia, y estar 
« muy embarazada; y que si en esta omisión habia él hecho mal 
€ se dignase perdonarlo. Esa carpeta en que asi hablaba Reyes á 
« Rosas, la tuve yo mismo en mis manos en borrador escrito 
« por Reyes, y se la dicté á este, quien la puso en limpio. No sé 
« todo lo que Rosas le contestaría, pero sí sé que al otro dia si 



316 HISTORIi ?OLlnGÁ T ULITli 



-€ no me^jwvoQO, BiaDd¿ Rosas que se Ic^pnsidrau gríUos i la 
«jtWen Camila, á quien aales «de oso asi ^oao al Presbítero 
« (iutíorrez, so los había ya formado osas especies ée iiMiagato- 
« rías á qae Rosas daba el nombre ile clasificaciones; pero estas 
^ eotonces todavía estakiD «en IwTador. Al silente ¿ á los 
« dos días después -del que qneda meacionado, envió Rosas al 
« amanecer ana larga car|)0iaÁRefes, ki fue este recibió im- 
a poniéndose do ella en el instante, y algo sorprendido por su 
« lectura, me la hizo leer a mi. En esa carpeta que era ioda^lla 
« escrita dep9iño y tótru M Ikctadar Rrnas^ le ordenaba éste á 
« Reyes.entre otras cosas que no tengo ya presente, las siguíea- 
« tes, de que me acnoitio muy bien por la fuerte y disgustaale 
« improsioB que me causaron, i ."* que luego de recibir esa 
« carpeta proceiliese á llamar al Oura que habia entonces en 
. « Santos Lugares, y al que habia dejado de serlo, PresUtero 4on 
n Pascual lUvas para que sunúoislrase los auxilios esfMrituales 
« al IDO Ulailislae Gutierres y á la rea 4Iamila 0*German (así 
« los «deiMiHM naba Rosa« en la tal carpeta.) 2."* Que á las diez 
» en puuti) do la mañana de «se díalos hiciese fusilar. 3.*" Que 
^ sí á las diez de osa mañana «el reo v la re;i no se habían aon re- 
« coucilíade con Dios nuestro Seííer, (4K4a[bras de Rosas según 
H recuerdo) no por eso sus|)endiese Reyes la ejecución, sinoque 
« la llevase á efecto coflio se le ordenaba, i."" Que antes de todo 
f( pusiese Reyes en completa -ínoomunicaoion todo el Cuartel 
^ (ieneral, de ánodo que iKidse entrase á él, ni tampoco saliese 
< hasta después de la ejecución de les reos; y asi lo verificó Re- 
« yes haciendo oeicar con soldados armados el f efmdo Cuartel 
«tienoral. 5*'' (^ concluida la eyecucíon, le coiAostase Reyes 
« la carpeta, dándole cuenta del puntual cum^ílimíeioto de todo 
« lo qae en ella ordenaba. )^ 

Un {pueblo -gobernado del modo que lo estaba Buenos Urea, 
donde á |>edar del toi*i*or de la tiranía, el imperio de las masas 
había sentado su solio sobre la sociedad» por lo mismo que el 



Q£ US RCPDfiUCAS DXL PLATA 317 

dictador reposaba en aquellas; im pueblo gobernado a&U decía* 
mos, no podía meiu>s qud caer ^n la dBsmoralizacioB y la ioibo- 
ralidad mas completa ~ Con muy i^as excepciones, los em- 
pleados de la administración, que representabanilgttn iitf ujo 
se entregaban á las esplotaciones mas escandalosas — Machos 
personages á quienes el General Rosas había sacado de La nada, 
para emplearlos ya fuese en la categoría de sus ¥erdiigos pasivos, 
ó en agentes de su política, eran hombres de mucho dinero, gran 
casa, ygiro de negocios. Estos personages, se hacían tratar con 
todas las adulaciones que se dispensaban al General Rosas. Cada 
uno de ellos, establecía su negocio, con arreglo al emplee que 
gozaba — El Capitán del Puerto, por ejemplo, tenía balleneras 
y carretillas de su propiedad : un empleado alto de la aduana, 
tenía carros de descarga, y barraca, y un encargado de Santos 
Lugares, tenia bairaca, á la que iban todos los cueros de los 
animales que se consumían en aquel campamento, cueros que 
compraba su socio : tenia también en Lujan y en el Pilar mata- 
deros de yeguas, cuyos cueros se vendían en Buenos Aires — 
Uno de los mas pangues negocios para estos hombres^ y que 
daba idea del modo como se vivia en aquella terrible época, era 
la cosecha del trigo, del cual se hacían recojídas inmensas, has- 
ta de 3,000 fanegas por ano, sin que les costase absolutamente 
nada, empleando en la cosechai los desgraciados miUctanos, 
que trabajaban para estos — El modo de hacer estas grandes co- 
sechas, era ordenando por los Jueces de Paz que se hiciese sem- 
brar tal cantidad de fanegas, y de ese modo tenían sementeras 
en todas partes, y los Jueces de Paz, aunque en eso no gomaban 
nada, tenían qne cumplir la órdeo — Otras veces para encubrir 
los cargamentos de toda clase de efectos, que se enviaban á ven- 
der á Montevideo, se reducían á prisión por medio de acusacio- 
nes falsas á personas que nada habían hecho, como sucedió con 
D. Ciríaco Bueno, D. Agustín Castriz, D. Justo Bengochea, y D. 
Adrián Martínez — Sin embargo los verdaderos contrabandistas 



320 HISTOBIA POLfTKA T MILITAR 

esperando sea de su aprobación las medidas adoptadas para el 
cumplimiento de la disposieioB vigente sobre el particular. 
Dios guarde á V. S. muchos años. 

Pedro Romero. 

Para espulsar al señor Picolet se hizo valer la especie de 
que su conducta era incompatible con el decoro con que la 
Confederación Argentina sosteniasu dignidad, y sus derechos 
políticos, agredidos según el señor Rosas, por este agente. 

Se le permitió un plazo, en atención á estar encargado de los 
consulados Inglés y Francés. De ese modo quedaron tres con- 
sulados acéfalos : la balija de correspondencia en vez de ir 
directamente á ellos, al arribo de los paquetes, fué entonces al 
correo; y esto proporcionó á la policía de Buenos Aires la oca- 
sión de estar al corriente, de lo cual los Gobiernos como el del 
señor Rosas saben sacar partido. 

Antes de alejarse de Buenos Aires, el diplomático italiano, 
pasó al ministro argentino Arana, esta nota : 

( TRADUCCIÓN. ) 

Buenos Aires, Setiembre T de 1848. 

A Su Excelencia el señor Arana, Ministro de Relaciones Exterio- 
res de la Confederación Argentina. 

Señor Ministro : 

El 4 del corriente, á las diez y media de la noche, recibí la 
nota de V. E. el señor Gobernadar, y los pasaportes que eran 
adjuntos. 

Si he tardado en responder, es porque debi tomarme tiempo 
para volver en mí de la penosa sorpresa que me ocasionó labrus- 
ca y muy injusta medida adoptada á mi respecto por S. E. el se- 
ñor Gobernador ; y por mas que be consultado mí conciencia y 
mi memoria, no me ha sido dado hallar un acto en mi conducta 
que haya podido merecerla. A decir verdad, señor Ministro, no 



r 



DE tkS REPÜBUGAS ML VLkTk 381 

i 

be eocoDtrado en la nota de V. E.,, y en el decreto del 6r. Gober- 
nador, mas que una acusación Yaga é indeterminada de enemis- 
tad por parte mía, hacia este Gobierno, y de contravención al 
derecho de gentes. Semejante acusación seria grave, sin duda, 
si estuviese apoyada en hechos comprobados ; y yo declaro so- 
lamente que desafio á que me sea presentado uno solo, durante 
mi larga gestión, que haya podido merecer la censura de este 
Gobierno. Sin duda ninguna la determinación que acaba de to- 
mar respecto á mi, sin haber recibido de mí previamente la 
mas ligera esplicacion, y que no puede ser sino el resultado de 
un error, de uaa equivocación ó de una calumnia, es un proce- 
dimiento inaudito en los fastos de la diplomacia, y contra el cual 
protesto, del mismo modo que rechazo, con toda la fuerza de la 
verdad-, las indicaciones contenidas en la nota de Y. E., que 
tienden á hacer suponer que he podido cometer algún acto hos- 
til á ese gobierno, 6 á desviarme un ápice de cuanto es prescrip- 
to por el derecho de las naciones, mientras que á este respecto 
no se me den pruebas positivas, estoy en el derecho de recha- 
zar las inculpaciones que me son dirigidas. Cierto de haber 
llenado mis deberes en todo su rigor, y de haber hecho cuanto 
estaba en mi poder hacer para mantener amigables relaciones 
con este gobierno, en el mas breve plazo posible, dejaré, no sin 
pena, este país donde he residido cerca de dos años, y tranquilo 
con mi conciencia, iré á someter mi conducta al juicio de mi 
gobierno. 

Tengo el honor de ser, señor Ministro, con el mas profundo 
respeto, de V. E. muy humilde y muy obediente servidor. 

BARÓN PICOLET d'HERMILLON. 

El 29 de Agosto, el Capitán del Puerto de Buenos Aires D. 
Pedro Ximeno, que como se ha dicho tenia innumerables nego- 
cios, y entre ellos uno de carros de descarga, tomó á nn peón de 
estos, y por alguna falta cometida en aquel servicio, lo hizo es- 

21 



322 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

taquear en la Alameda paraje el mas concurrido de Buenos Ai- 
res. En ese bárbaro tormento le tuvo estirado por mas de dos 
horas. Este espectáculo presentado en el paseo público de aque- 
lla ciudad repugnó á sus habitantes y en particular á los estran- 
geros, que nunca habian visto estaquear. 

En ese mes salió de Buenos Aires el General Mansilla con 
dirección al Norte ; llevaba la misión de pasar tropas al En- 
tre-Rios, para formar allí un ejército de observación — Se em- 
pezaba á temer de Urquiza. 

El General Rosas en su política de investigación y procedi- 
mientos secretos, no descuidaba medio alguno para seguir la 
pista á las tramas que ya empezaban á organizarse contra su po- 
der. Ordeno que los Alcaldes y Tenientes de Alcalde, tomando 
reservadamente las noticias necesarias, las anotasen en los' mi- 
nuciosos padrones levantados años atrás, así como los nom- 
bres de los habitantes de cada casa capaces de tomar las armas; 
su opinión política conocida ; su posición social, y propieda- 
des. 

En la campana no era menos depresiva la situación que su- 
frían sus habitantes, por los delegados del señor Rosas. En 
Chapaleofú se levantaron haciendas, por orden del comandante 
del Azul, Pedro Rosas. Igual cosa se hacia en los otros depar- 
tamentos ó secciones, y esos ganados venían á Buenos Aires, y 
se faenaban en los principales saladeros de altos personajes sí- 
tuacioníslas. En el Azul y otros puntos se cuereaban miles de 
yeguas por cuenta de los capitanejos de la Dictadura. 

Los vecinos de Chapaleofú y otros puntos que presenciaban 
las volteadas de yeguas y envío de haciendas de toda marca, á 
los saladeros de Buenos Aires, se reunieron y trataron de bus- 
car remedio contra tal proceder, conviniéndose en dar la cara 
y dirigir una representación al General Rosas, manifestándole 
los actos de D. Pedrito, pero después de estar convenido todo, 
un individuo délos mas comprometidos, por efecto del envile- 



DE US EEPDBLICAS DEL PLATA 323 

cimiento á que se reduce á los hombres viles, el sistema de 
terror, se presentó al enunciado D^ Pedrito j delató á sus com- 
paneros, muchos de los cuáles, sufrieron bastante por esta 
circunstancia ; pero D. Daniel Arana, hijo del Ministro de este 
nombre, que era hacendado lindero con Pedrito Rosas, y per- 
tenecia á los de la liga, se indignó, y escribió á su padre. El 
Ministro Arana presentó la carta á Rosas, quien le prometió 
hacer justicia, agregando temo mucho que en esto ande la m^ 
no de los salvajes unitarios I No obstante ordenó que se le- 
vantase una investigación, pero el sumario pasó después á 
Pedrito Rosas para que informase, quien le puso una piedra, y 
le apretó para siempre. 

Los demás hacendados como D. Manuel Sánchez y D. Manuel 
Saavedra, del Arroyo Chico, viéndose igualmente perseguidos, 
escribieron á Buenos Aires, y lograron quedar tranquilos, 
encargando á un coronel Ventura Miñana de patrocinar sus ha- 
ciendas, mediante una recompensa. Este Miñana (a) Cuíco que 
fué el que presentó al General Rosas la cabeza de Zelarrayan, 
degollado en el Colorado, por un indio sargento de Dragones, 
concluyó por vender á sus comitentes poniéndose en combina- 
ción con el comandante del Azul. 

El cepo, los grillos, la estaca, y los castigos corporales de 
300 azotes arriba, era moneda corriente. Un vecino D. José Al- 
varez sufrió un castigo de 300 y tantos palos, porque reclamó 
enérgicamente y protestó, llamando robo, al arrebato de sus 
haciendas. 

En varios distritos de campana mandados por tiranuelos 
como este, los vecinos se veian convertidos en soldados vetera- 
nos, y como tales recibían vestuario y paga, asistiendo á ejerci- 
cios d(Jctrinales. Tales capitanejos se conslituian en señores 
de vidas y haciendas. Por su influxo se estafaba el sudor de los 
pobres, y la justicia era insolentemente desconocida. 

En la Provincia de Santa Fé, á 60 leguas de la Capital en el 



324 HISTORIA pocflrtci irlnLitxR 

sitio llamado Laguna Brava, fbé campistamente eKtermniaéb^ 
ua cuerpo de indios Tbba$. Estb coerpo mandado por el cscT^ 
que Amatolec* se preparaba en nnion con otro coerpo nnmerem 
de Indios situado á 30 leguas mas arriba, para atacar h Colonfa 
de Santa Rosa, distante 30 leguas de Santa Fé. —Eos indios 
fueron atacados en su guarida, bajo una Ruria torrencfaf, j 
aunque hicieron una resistencia desesperada, descalcando mss 
de 2,000 flechas sobre sus asaltantes, ftieron finalmente con- 
cluidos, muriendo de los primeros, eF cacique Amatetec— Se 
les tomó la caballada y su gran arreo de ganado racuno y lanar, 
cantidad de lanzas, y como 3,000 flechas. 

El resto de las provincias de la República y sus fronteras con 
Chile y Solivia, permanecían tranquilas. 

El General Santa Cruz, que habia amenazado otras veces la 
frontera de la Confederación Argentina con BoHvia y propendi- 
do á su desmembración territorial, derrotado y proscripto, for- 
mó alianza con el General Flores, presidente prófugo del Ecua- 
dor, y se dirijeron á Europa, á negociar un protectorado, 6 algo 
mas, según la manifestación siguiente, ala cual creemos poder 
dar algún crédito, porque está basada en informes recogidos en 
Europa, por personas que seguian los pasos á Flores. 



Itesnltado del proyecto de og;re«Íto« de Balares oonitrai 

la Ixidependenola Amevioi 



ün hijo espúreo de América, proscripto de un país donde 
habia ejercido el poder supremo, faltándole hasta los derechos 
que confiere el nacimiento; lleno de orguHo y de Ténganla, 
concibe el plan temerario de restablecer su autoridad usurpada; 
y odioso al pueblo que habia oprimido, solicita el apoyo de la 
España, á quien halaga con la idea de volver á levantar el edifi- 
cio derrocado de su poder colonial. Sin partidarios, sin amigos 
y sin el prestigio que solo grangean el mérito y el talento, se 
lanza á los azares de un proyecto insensato, hdfa enSoropa 
quien se deje seducir por tan necias esperanzas. 



Bl LA9 BfPÚBUftAS DEL PLAXá 3S5 

El Gaoeral Fioresv j^omotor de esta agresión, uno de lo& 
jeie&mas d^radados^ detk)& ejéreitos Golombianos; solo medc6 
ea las disensiones civAes- de sa país por actos inauditos de 
crueldad y codicia. ¿ Qaién no (pusiera arrancar de la Ustoría 
del General Bolívar ks páginas IncUiosas de la administración 
de Flores en PastoP Los hechos mas inhumanos de los procón- 
sules Franceses en la Tendea y en León, ceden en barJbaríe á 
las medidas que dictó y lleTÓ á efecto el verdugo del Coronel 
Merchancano, del General Saenz, y del que, no contento con 
haber enlutado al Ecuador, hizo correr á torrentes la sangre 
granadina en los campos de Huilqujpamba, donde por su orden 
y en su presencia, cayeron ba|o el plomo homicida de sus ' 
hermanos mas de mil prisioneros de guerra I casi no hay un 
rincón del vasto territorio sometido al genio inmortal del Gran 
Capitán de Colombia, que no conserve algún rastro de la feroci- 
dad de este vil tránsfuga de la noble causa de la Independencia 
Americana. Monumentos indelebles de sus atentados son las 
espoliaciones que decretó en su provecho en Pasto, los escom- 
bros de Siquitan,. de Chimbatangua, de Tangua, y sobre todo el 
suplicio horrendo que inventó para descargar todo su furor 
sobre un vecino de estos pueblos, que amarrado á los pilares, 
de su propia casa tuvo que presenciar el deshonor de su esposa 
y de sus hijas antes de recibir la muerte! Y esta familia de 
mártires uñé después encerrada y quemada viva bajo su techo 
en medio de la algazara feroz de una soldadesca desenfrenada! 1 1 
¡estos son los servicios prestados á su patria por el General 

Flores! 

Este suceso, sumamente fatal á la suerte de Colombia, favore- 
ció las miras ambiciosas defleresv que asestó el primer g^ripe 
á lar integridad de aqiella ftepúMica, usurpando ese misino 
territorio quov incapaz degcribernar^ quería convertir üton eot 
infemta^o para un hijo del Duque deRianzares. T á la soad>ra 
de este trono iiapro^ásado para on vastago impuro de ladiflastíai 



324 HidTORu pocflrtci irkiLitiR 

sitio llamado Laguna Brava, fbé compfetamente otterannado 
ua cnerpo de indios Toba$. Estb coerpo mandatio por el cacf^ 
que Amatolec* se preparaba eo anión con otro cnerpo numefroso 
de Indios sítnado á 30 legnas mas arriba, para atacarla Colonia 
de Santa Rosa, distante 30 legnas de Santa Pé.— Eos indios 
fueron atacados en sn goarida, bajo una Tluria torrencfaf, j 
aunqne hicieron una resistencia desesperada, descalcando mas 
de 2,000 flechas sobre sus asaltantes, fueron finalmente con- 
cluidos, muriendo de los primeros, ef cacique Amatelec.— Se 
les tomó la caballada y su gran arreo de ganado vacuno y lanar, 
cantidad de lanzas, y como 3,000 flechas. 

El resto de las provincias de la República y sus fronteras con 
Chile y Solivia, permanecían tranquilas. 

El General Santa Cruz, que habia amenazado otras veces la 
frontera de la Confederación Argentina con Bolívia y propendi- 
do á su desmembración territorial, derrotado y proscripto, for- 
mó alianza con el General Flores, presidente prófugo del Ecua- 
dor, y se dirijeron á Europa, á negociar un protectorado, 6 algo 
mas, según la manifestación siguiente, ala cual creemos poder 
dar algún crédito, porque está basada en informes recogidos en 
Europa, por personas que seguian los pasos á Plores. 

Itesnltado del proyecto de ag^resfion de WXajpom oowtrai 

la litdependenoia Amerioi 



ün hijo espúreo de América, proscripto de un país donde 
habia ejercido el poder supremo, faltándole hasta los derechos 
que confiere el nacimiento; lleno de orgullo y de venganza, 
concibe el plan temerario de restablecer su autoridad usurpada; 
y odioso al pueblo que habia oprimido, solicita el apoyo de la 
España, á quien halaga con la idea de volver á levantar el edifi- 
cio derrocado de su poder colonial. Sin partidarios, sin amigos 
y sin el prestigio que solo grangean el mérito y el talento, se 
lanza á los azares de un proyecto insensato, halTa en Buropa 
quien se deje seducir por tan necias esperanzas. 



DI US nrllULKAft BiL puiá 385 

B General Flores, proHiotor de esta agresíoo, anodelo» 
jefesnae degradados de. los ejércitos Coionibiaiios, solo medró 
eft las disensiones cÍTfles da sa país por actos inauditos de 
craeldad y codicia. ¿ Qoién no quisiera arrancar deb historia 
del General BoliTar las páginas loctoosas de la adminislracion 
de Flores en Pasto? Los hechos Hias inhumanos de los procón- 
sules Franceses en la Tendea y en León, ceden en badbaríe á 
las medidas qne dictó y lleTÓ i efecto el verdugo del Coronel 
Nerchancano, del General Saenz, y del qne, no contonto con 
haber enlatado al Ecuador, hizo correr á torrentes la sai^re 
granadina en los campos de Huilquú>amba, donde por su orden 
y en su presencia, cayeron bajo el plomo homicida de sus 
hermanos mas de mil prisioneros de guerra ! casi no hay un 
rincón del vasto torritorío sometido al genio inmortal del Gran 
Capitán de Colombia, que no conserve algún rastro de la feroci- 
dad de este vil tránsfuga de la noble causa de la Independencia 
Americana. Monumentos indelebles de sus atentados son las 
espoliaciones que decretó en su provecho en Pasto, los escom- 
bros de Siquitan, de Chimbatangua, de Taogua, y sobre todo el 
suplicio horrendo que inventó para descargar todo su furor 
sobre un vecino de estos pueblos, que amarrado á los pilares 
de su propia casa tovo que presenciar el deshonor de su esposa 
y de sus hijas antes de recibir la muerte! T esta familia de 
mártires fué después encerrada y quemada viva bajo su techo 
en medio de la algazara feroz de una soldadesca desenfrenada!!! 
¡estos son los servicios prestados á su patria por el General 

Flores! 

Este suceso, sumamento Cailal á la suerte de Colombia, bfore- 
ciólas miras ambiciosas de Fiares, que asestó d primer golpe 
á la integridad de aqwUa Bepúhlica, usurpando ese miemo 
territorio qne, incapaz da gobemar, quería convertir ahon ea 
ii^alaigo para un hijo del Daque daRianiares. T á la sombra 
de este trono impnmsado para un fáaUgo impuro de la dimaúa; 



324 HidTORu poimcA r muríM 

sitio llamado Laguna Brava, fbé completamente extern^ado 
ua cnerpo de indios Tbbas. Estbcoerpo mandado por el cacf^ 
que Amatolec* se preparaba en nnion con otro cnerpo numerosa 
de Indios situado á 30 legaas mas arriba, para atacar la Colonfa 
de Santa Rosa, distante 30 leguas de Santa Pé.— Eos indios 
fueron atacados en su guarida, bajo una IFuria torrencfaf, j 
aunque hicieron una resistencia desesperada, descargando mas 
de 2,000 flechas sobre sus asaltantes, fueron finalmente con* 
cluidos, muriendo de los primeros, ef cacique Amatelec.— Se 
les tomó la caballada y su gran arreo de ganado vacuno y lanar, 
cantidad de lanzas, y como 3,000 flechas. 

El resto de las provincias de la República y sus fronteras con 
Chile y Solivia, permanecían tranquilas. 

El General Santa Cruz, que había amenazado otras veces la 
frontera de la Confederación Argentina con BoKvia y propendí- 
do á su desmembración territorial, derrotado y proscripto, for- 
mó alianza con el General Flores, presidente prófugo del Ecua- 
dor, y se dirijeron á Europa, á negociar un protectorado, 6 algo 
mas, según la manifestación siguiente, ala cual creemos poder 
dar algún crédito, porque está basada en informes recogidos en 
Europa, por personas que seguían los pasos á Flores. 



Itevaltado del proyecto de agresión de BUovea oopwtrai 

la Ixidependenoia AmerioaiLa 

ün hijo espúreo de América, proscripto de un país donde 
había ejercido el poder supremo, faltándole hasta los derechos 
que confiere el nacimiento; lleno de orgullo y de venganza, 
concibe el plan temerario de restablecer su autoridad usurpada; 
y odioso al pueblo que había oprimido, solicita el apoya de la 
España, á quien halaga con la idea de volver á levantar el edifi- 
cio derrocado de su poder colonial. Sin partidarios, sin amigos 
y sin el prestigio que solo grangean el mérito y el talento, se 
lanza á los azares de un proyecto insensato, halla enBoropa 
quien se deje seducir por tan necias esperanzas. 



Á 



BK LAS BBPÚBLKAS DEL PUTA 325 

El General Flores, j^omotor de esta agresión, uno de los 
jefe&mas degradados de los ejérGÍtos Colombianos, solo medro 
en las disensiones civHes de sa país por actos inauditos de 
cmeidad y codicia. ¿ Quién no quisiera arrancar de la historia 
del General Bolivar las páginas luctuosas de la administración 
de Flores en Pasto? Los hechos mas inhumanos de los procón- 
sules Franceses en la Tendea y en León, ceden en barbarie k 
las medidas que dictó y lleTó á efecto el verdugo del Coronel 
Merchancano, del General Saenz, y del que, no contento con 
haber enlutado al Ecuador, hizo correr á torrentes la sangre 
granadina en los campos de Huilqujpamba, donde por su orden 
y en su presencia, cayeron bajo el plomo homicida de sus ' 
hermanos mas de mil prisioneros de guerra I casi no hay un 
rincón del vasto territorio sometido al genio inmortal del Gran 
Capitán de Colombia, que no conserve algún rastro de la feroci- 
dad de este vil tránsfuga de la noble causa de la Independencia 
Americana. Monumentos indelebles de sus atentados son las 
espoliacíones que decretó en su provecho en Pasto, los escom- 
bros de Síquilan^ de Chímbataogua, de Tangua, y sobre todo el 
suplicio horrendo que inventó para descargar todo su furor 
sobre un vecino de estos pueblos, que amarrado á los pilares 
de su propia casa tuvo que presenciar el deshonor de su esposa 
y de sus hijas antes de recibir la muerte! ¥ esta familia de 
mártires fué después encerrada y quemada viva bajo su techo 
en medio de la algazara feroz de una soldadesca desenfrenadalll 
¡estos son los servicios prestados á su patria por el General 

Floresl 

Este suceso, sumamente fatal á la suerte de Colombia, favore- 
ció las miras ambiciosas de Plores, que asestó el primer golpe 
á la int^ridad de aqHella Bjepública, usurpando ese mismo 
territorio qo^ incapaz de gobernar, quería convertir ahorir ea 
infantaigDpMra un hijo del Duque deRíanzares. T á la sombra 
de este trono improvisado para on vastago impuro de la dinastía! 



Ü 



r 

i 
.1 



i 



r 



\ 



32i HISTORIA POEflPtCl IrkiutiR 

sitio llamado Laguna Brava, fbé completamente 
ua cnerpo de indios Tbba$. Estb coerpo mandado por el cscf^ 
que Amatoléc* se preparaba en nnion con otro cuerpo numerem 
de Indios situado á 30 leguas mas arriba, para atacar h Crolonfa 
de Santa Rosa, distante 30 leguas de Santa Pé.— Eos itidíos 
fueron atacados en su guarida, bajo una Ruria torrencfaf, y 
aunque hicieron una resistencia desesperada, descargando mas 
de 2,000 flechas sobre sus asaltantes, ftieron finalmente con- 
cluidos, muriendo de los primeros, eF cacique Amatelec.— Se 
les tomó la caballada y su gran arreo de ganado racuno y lanar, 
cantidad de lanzas, y como 3,000 flechas. 

El resto de las provincias de la República y sus fronteras con 
Chile yBolivia, permanecían tranquilas. 

El General Santa Cruz, que habia amenazado otras veces la 
frontera de la Confederación Argentina con BoHvia y propendi- 
do á su desmembración territorial, derrotado y proscripto, for- 
mó alianza con el General Flores, presidente prófugo del Ecua- 
dor, y se dirijeron á Europa, á negociar un protectorado, 6 algo 
mas, según la manifestación siguiente, ala cual creemos poder 
dar algún crédito, porque está basada en informes recogidos en 
Europa, por personas que seguian los pasos á Flores. 

Itevaltado del proyecto de apresten de BUovea cowtrai 

la Independenoia Amerioana 

ün hijo espúreo de América, proscripto de un país donde 
habia ejercido el poder supremo, faltándole hasta los derechos 
que confiere el nacimiento; lleno de orguHo y de venganza, 
concibe el plan temerario de restablecer su autoridad usurpada; 
y odioso al pueblo que habia oprimido, solicita el apoya de la 
España, á quien halaga con la idea de volver á levantar el edifi- 
cio derrocado de su poder colonial. Sin partidarios, sin amigos 
y sin el prestigio que solo grangean el mérito y el talenta, se 
lanza á los azares de un proyecto insensato, hdfa en Soropa 
quien se deje seducir por tan necias esperanzas. 



Bl LA9 BfPÚBUftAS DEL PLATA 3S5 

El Ganeral Flores^ j^omotor de esta agresión, uno de lo& 
je£e&ma6 degradados de^lofr ejércitos CobiHbianos; solomedcó 
ea las ^sensiones dvfles* de sa país por actos inauditos de 
craeUad ; codicia. ¿ Qaiéa noipii&iera arrancar de la Ustoria 
del General Bolívar ks páginas IncUiosas de la administración 
de Flores en PastoP Los hechos mas inhumanos de los procón- 
sules Franceses en la Tendea y en León, ceden en barJbarie k 
las medidas que dictó y lleTÓ á efecto el verdugo del Coronel 
Merchancano, del General Saenz, y del que, no contento con 
haber enlutado al Ecuador, hizo correr á torrentes la sangre 
granadina en los campos de Huilqujpamba, donde por su orden 
y en su presencia, cayeron ba|o el plomo homicida de sus ' 
hermanos mas de mil prisioneros de guerra I casi no hay un 
rincón del vasto territorio sometido al genio inmortd del Gran 
Capitán de Colombia, que no conserve algún rastro de la feroci- 
dad de este vil tránsfuga de la noble causa de la Independencia 
Americana. Monumentos indelebles de sus atentados son las 
espoliaciones que decretó en su provecho en Pasto, los escom- 
bros de Siquitan,. de Chimbataogua, de Tangua, y sobre todo el 
suplicio horrendo que inventó para descargar todo su furor 
sobreunvecinode estos pueblos, que amarrado á los pilares, 
de su propia casa tuvo que presenciar el deshonor de su esposa 
y de sus hijas antes de recibir la muevtel Y esta familia de 
mártires faé después encerrada y quemada viva bajo su techa 
en medio de la algazara feroz de una soldadesca desenfrenadalll 
¡estos son los servicios presaos á su patria por el General 

Plores! 

Este suceso, sumamente fatal á la suerte de Colombia, favore- 
ció las miras ambiciosae dePIeresv que asestó el primer golpe 
á lar integridad de aqiella ftepuMica,^ usurpando ese mismo 
territorio qnev incs^az degobernftr^ quería comvertir zkon eot 
in£aBta¿go para un hijo del Duque déRianzares. T á la sombra 
de este trono ínproiúsada para ontáataga impuro de ladioustia! 



324 nsTOui FKflpiCi r nutu 

5ítío namado Laguna Brava, fbé eomplétaiiieote 
un cuerpo de ¡odios Tobas. Esfe oierpe Bandado por H 
qoe Amatolec, se preparaba eo unión con otro cuerpo nnaiermo 
de Indios situado á 30 leguas mas arriba* para atacar h Cohma 
de Santa Rosa, distante 30 legnas de Santa Ft.— Los indios 
fueron atacados en su guarida, bajo una Huria torrennal, j 
annqne hicieron una resistencia desesperada, descargando ñas 
de 2,000 flechas sobre sus asaltantes, fueron finalmente con- 
cinidos, muriendo de los primeros, el cacique Amatelec. — Se 
les tomó la caballada y su gran arreo de ganado racnno t lanar, 
cantidad de lanzas, j como 3,000 flechas. 

El resto de las provincias de la República t sus fronteras con 
Chile y Solivia, permanecían tranquilas. 

El General Santa Cruz, que habia amenazado otras veces la 
frontera de la Confederación Argentina con BoKvia y propendi- 
do á su desmembración territorial, derrotado y proscripto, for- 
mó alianza con el General Flores, presidente prófn^ del Ecua- 
dor, y se dirijeron á Europa, á negociar un protectorado, 6 algo 
mas, según la manifestación siguiente, ala cual creemos poder 
dar algún crédito, porque está basada en informes recogidos en 
Europa, por personas que seguían los pasos á Flores. 



nosnltado dol proyecto de ag r e sl io n de BUcnrea 

la Iit dependencia Ani.erioi 



ün hijo espúreo de América, proscripto de un país donde 
habia ejercido el poder supremo, faltándole hasta los derechos 
que confiere el nacimiento; lleno de orguHo y de venganza, 
concibe el plan temerario de restablecer su autoridad usurpada; 
y odioso al pueblo que habia oprimido, solicita el apoyo de h 
España, á quien halaga con la idea de volver á levantar el edifi- 
cio derrocado de su poder colonial. Sin partidarios, sin amigos 
y sin el prestigio qua solo grangean et mérito y el talento, se 
lanza á los azares de un proyecto insensato, halla en Snropa 
quien se deje seducir por tan necias esperanzas. 



.y 



Bl LA9 BBPttBLMJUI^ DEL PU>Xá 385 

El General Fioresv j^OHiotor de esta agresión, uno de lo& 
j eies mas degradados dei los- ejércitos Colorabianos^ solomedcó 
ea las disensiones GÍvMes- de sa paá^ por actos inauditos de 
crueldad y codicia. ¿ Qaíén no (piiúera arrancar de la historia 
del General Bolívar las páginas Inctoosas de la administración, 
de Flores en PastoP Los hechos mas inhumanos de los procón- 
sules Franceses en la Tendea y en León, ceden en barbarie á 
las medidas que dictó y llevó á efecto el verdugo del Coronel. 
Merchancano, del General Saenz, y del que, no contento con 
haber enlutado al Ecuador, hizo correr á torrentes la sangre 
granadina en los campos de Huilqujpamba, donde por su orden 
y en su presencia, cayeron bajo el plomo homicida de sus ' 
hermanos mas de mil prisioneros de guerra I casi no hay un 
rincón del vasto territorio sometido al genio inmortal del Gran 
Capitán de Colombia, que no conserve aigun rastro de la feroci- 
dad de este vil tránsfuga de la noble causa de ia Independencia 
Americana. Monumentos indelebles de sus atentados son las 
espoliaciones que decretó en su provecho en Pasto, los escom- 
bros de Siquitan„ de Chímbatangua, de Tangua, y sobre todo el 
suplicio horrendo que inventó para descargar todo su furor 
sobre un vecino de estos pueblos, que amarrado á los pilares, 
de su propia casa tuvo que presenciar el deshonor de su esposa. 
y de sus hijas antes de recibir la muerte! Y esta familia de 
mártires uñé después encerrada y quemada viva bajo su techo 
en medio de la algazara feroz de una soldadesca desenfrenada! II 
¡estos son los servicios presaos á su patria por el General 

Flores! ^ 

Este suceso, sumamente fatal ¿ la suerte de Colombia, iávore* 
ciólas miras ambiciosaedePkirBSv que asestó el primer gelpe 
á la* integridad de aqielln ftepúMica, usurpando ese miemo 
territorio quev incapaz de fgobermr^ queria convertir altor» eni 
in£aBta¿go p«ra un hijo del Duque d&Rianzares. T á la sombra 
de este trono ínpnmsada paira on vastago impuro de ladionstia* 



326 HISTOBIA POLÍTICA T MILITÁll 

Española, debia revivir sa poder, y con mas brillo, por el titalo 
que asamia de Regente del reino darante la minoridad de sa 
candidato. Una vez afianzada la monarqaia en Qaito, se hubiera 
pensado en estender sus ramificaciones en los Estados limítro- 
fes, mas bien por las intrigas que por las armas. 

Otro colaborador de Flores era Santa Cruz, que se mantenia 
en asecho para obrar con seguridad cuando los primeros suce- 
sos hubiesen pronosticado el triunfo. Entretanto habia puesto 
ala disposición de Flores, al español Mora, su antiguo conseje- 
ro, y actual editor del Heraldo, para activar en Londres los 
aprestos de esta infame agresión contra un pais que lo habia 
hospedado I Ya se habia conseguido enrolar soldados en Irlanda 
y en varios puntos de la península, y los buques que debian tras- 
portarlos habian sido comprados y armados en Inglaterra 
contraías leyes vigentes del reino, y lo que es mas, contra la fe 
de los tratados. 

La Independencia de los Estados Americanos tiene sus ene- 
migos como los han tenido todos los que nos han precedido en el 
camino de la libertad. No faltaron hombres eminentes que la 
defendieron en otros tiempos contra la ambición de los tiranos. 
Se preciaba Esparta de haber recibido sus leyes de Licurgo, y 
de haber sido defendida porPausanias yLisandro: y con igual 
orgullo recordaba Atenas el nombre de Solón, el genio de Pe- 
ndes, las virtudes de Arístides, los triunfos de Milciades, de 
Cimon y de Temístocles. Pero ni los talentos, ni los esfuerzos 
de tantos héroes bastaron á consolidar los destinos de la Grecia 
que, agitada por la rivalidad de sus Estados, sucumbió al oro 
de Felipe, y a las intrigas de sus sucesores.» 

Respecto de los asuntos de la Confederación con la Francia, 
véase un informe dirigido al Ministro de Negocios Extrangeros, 
por Mr. de Mareuil, ex-Ministro de Francia en Buenos Aires, en 
H de Julio de '1849. Es luminoso y lleno de interés, respecto 
de estas repúblicas ^Solo extractamos algunas lineas. 



-DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 327 

m Para apreciar los efectos qae debía tener, j que ha tenido 
la intervención de los negocios del Plata, es menester entrar en 
una cuenta exacta de nuestros verdaderos intereses en aquellos 
países. Sobre las dos márgenes del Plata se estiende un país 
admirablemente preparado por la naturaleza, para la explotación 
de la industria humana. Su clima templado conviene perfecta- 
mente á la constitución europea ; sus campos ofrecen un suelo 
fértil y fácil de cultivar. En estas vastas llanuras, innumerables 
ganados se multiplican, sin intervención del trabajo humano, y 
sus despojos proveen al comercio de un elemento de una utili- 
dad general y constante. 

Estos paises están escasamente poblados por una raza hospi- 
talaria, pero celosa de su independencia. Esto es exacto sobre 
todo, en la margen Argentina ; del lado de Montevideo, la raza 
mezclada de portugueses y españoles, no presenta un carácter 
de nacionalidad tan puramente señalado. 

Se han establecido muchos paralelos entre Montevideo y Bue- 
nos Aires : ya se nos ha dicho, que teníamos veinte mil nacio- 
nales en Montevideo, y un pequeño número en Buenos Aires, ya 
se ha dado vuelta la medalla, y atribuido la superioridad á este 
último. La fijación de la cifra respectiva es bastante difícil. 
Aquella población es flotante ; se dirige de una margen á la 
otra, al menor incidente político que la moleste. 

A mi salida de Buenos Aires, en el momento del estableci- 
miento del bloqueo, dejé cerca de 5,000 franceses, un gran nú- 
mero habían ido ya á Montevideo, y después han vuelto. 

Lo que necesitamos, en aquel país, el único objeto á que debe 
dirigirse nuestra política, es la paz ... . Pero para asegurar 
la paz interior ; para poder recojer su fruto, se necesita un go- 
bierno estable, regular, protector para el extranjero como para 



3S8 HISTOWIA POLÍTICA T 9U.ITAR 

^1 mdigena ....£& Mmitevideo no eúste por desgracia, des- 
de mucho tiempo, na gobierno regular ; la paz solo podría 
operar su restablecimiento. Fero esta paz tan deseada, ¿cómo 
puede establecerse, cómo maiftenerse entre aquellos dos Esta- 
dos vecinos, cnyas direcciones nos son tan molestas ? .... La 
intervención de i 8*5 era mala. Los gobiernos de Francia é In- 
glaterra no tardaron en réconocedo 

La prensa se ha ocupado en estos últimos tiempos, de mi 
nuevo proyecto, que consistía en trasportar á Montevideo, en 
el estado actual de las cosas, unos 8,000 vohintarios, mitad co- 
lonos, y mitad combatientes ; triste producto de nuestras dis- 
cordias civiles. 

Enviarlos como colonos á Montevideo, que no puede mante- 
ner su guarnición actual, sería condenarlos á morir de hambre, 
ó k entregarse al pillaje : enviarlos como combatientes, es sim- 
plemente empezar la conquista del Estado del Uruguay — una 
vez arrojados allí, no podríamos abandonarlos. En lugar de 
dirigir su acción, nos seria preciso seguirla. Esta seria una po- 
lítica nueva sobre la cual no me es dado esplicarmé. 

Es por un sistema de falsas representaciones, por una cons- 
tante acumulación de hechos inventados, de documentos su- 
puestos, que los señores Vázquez, Indarte, Várela, Alsina, los 
principales sostenedores de la causa de Montevideo en la pren- 
say en los negocios, han conseguido crearle en Europa una es- 
pecie de popularidad. Otras circunstancias los han segundado. 

Habiendo llegado al fin de mi trabajo, permítame. Señor, re- 
sumir en pocas palabras mi opinión sobre el todo de este ne- 
gocio. 

La paz es necesaria al desarrollo de nuestros intereses en el 
Ptata. 

El poder del General Besases favorable á estos intereses. 

El antagonismo de Buenos Aires y Montevideo hace la paz 
imposible. 



DK háA BEBCBUfiiS. BEL. ¥UJÜk 3SSk 

£1 restabi^ekmeotada Ovüm j 4e sa partido bari eesar este 
a<ilagoQÍ9mo^. El tdrkuifi» d« Iftfr gmtes qoA. d€«iaaa k eittdad d» 
Montevideo k> pecpeUtasia 

La intenrencion de 1845^ que desconocía estos principios, era 
mala; hafracasado. 

El sisteíaa. de traDsacaioae& qm usaUa de. las proposieioDes» 
Hood está basado sobre estos priocipiosr; bubiera tenida bueo 
éiáto sin la oposición de nuestros propios agentes. Aplicada 
con sinceridad, debe aprdvediar todam. 

No tefiemos nii^[]uií eomprottiso eoa Montevideo. 

£1 cuidado de nuestro honor y del porvemr de nuestras rela^- 
cienes con aquellos países, exigen el desarme de laleg^on. 

Toda expedieíoa militar ea el Plata, nos conducirá inevitable- 
mente á emprender la conista del ISruguay. Ea fin, la cues- 
tión de la navegación del Paraná; es cuando Buenos prematura.; 
es por lo pronto de ua resultado imposible, y valdría bsuls de- 
jarla á un lado. 

En cuanto á la actitud del Brasil para con los gobiernos del 
Plata véase cual era esta, al tratarse de la cuestión, el Paraguay ,^ 
y el asunto fronteras del Estado Oriental — Se aglomeraban ya 
las nubes que debían desencadenar la tormenta, que se desplo- 
mó muy pronto sóbrenlas cabezas de los dictadores. 

(Sesión dei'3 de Junio de 4850.) 

El Sr. Fema/ndo Chaves (continúa) —Señores, á vista (fe es- 
tas atrocidades, de estos vejámenes eontinuadoss de estas estor- 
siones, ¿ cuál será el brasilero (fue no disculpe al barón de Tar 
cuí y á sus compañeros de haberse lanzado ea una carrera de 
peligros para vengarse de esos bárbaros, y para protejer sus de- 
rechos ? (apoyados). Yo gusto oír censurar de lejos al barón de 
Tacui; mas querría ver á sus censores en las circunstancias de 
él y de sus compaSeros,.con numerosa familia y rodeado de hijos 
pidiendo pan, sin tenerlo para darles, acordái^se al Busma 



330 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

tiempo que seo ricos, que tieoeo una fortana de que un gobier- 
no bárbaro y opresor no los deja gozar (machos apoyados). Es 
en esa situación que yo los querría oir respecto del barón. 

En esta ocasión no olvidaré de repeler la comparación que 
se ha hecho entre el barón de Tacui y Pedro Ivo. Este desertó 
de las banderas á que habia jurado fidelidad (apoyados), com- 
batió las instituciones de su pais (apoyados), clavó el puñal en 
el corazón de sus compatriotas (apoyados); mas el barón de 
Yacui no hi2o mal á sus compatriotas; combatió al estranjero en 
defensa de derechos suyos, y siempre obediente al gobierno, 
dejó las armas en el momento que el gobierno le hizo saber que 
tal era su voluntad (muchos apoyados). En la causa d^I barón de 
Yacui hay alguna cosa noble y generosa, mas en la de Pedro Ivo 
no hay sino pasiones mezquinas y sanguinarias ; no hay com- 
paración entre un buen servidor del Estado que ha derramado 
su sangre por la patria y un bandido (muchos apoyados). 

He mostrado, pues, señor presidente, cual es el origen de 
los acontecimientos que útimamente tuvieron lugar en el Rio 
Grande del Sur. Aun cuando estos acontecimientos hayan per- 
dido un poco de interés después que el barón de Yacui disper- 
só sus fuerzas, es preciso con todo tener presente que las causas 
que los produjeron subsisten aun, y que dia ó año mas ó menos 
han de dar los mismos resultados (apoyados); conviene, pues, 
que el gobierno emplee todos sus desvelos para desviar esos 
males (apoyados); es preciso que tenga siempre presente la 
necesidad de protejer á sus subditos (muchos apoyados): esta 
es una de sus obligaciones mas rigurosas, y que tengo toda con 
fianza en que desempeñará con lealtad (muchos apoyados). Go- 
bierno, es lo mismo que protección, y perdería mucho de su 
carácter, desconocería su fin, su origen, todo gobierno que no 
diese protección al menor de sus subditos (muchos apoyados). 
Señores, repárese en lo que hacen las grandes naciones; á cada 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 331 

momento estamos leyendo en los diarios que la Inglaterra y la 
Francia emplean sus armas contra las potencias que se niegan á 
indemnizar á sus subditos ó que no les dan la protección que 
es debida á todo extrangero; una actitud asi, respetuosa y fuer- 
te, es la que yo queria que el gobierno tomase con relación á las 
repúblicas del Plata (muchos apoyados). To, señores, no soy 
partidario de la guerra, deseo que el gobierno agote todos los 
recursos pacíficos (apoyados), todos sus medios diplomáticos 
(apoyados); mas si al fin fuese preciso, venga la guerra; para 
sustentar la dignidad del Imperio, (apoyados), para que se dé 
la protección que debemos á todos nuestros conciudadanos, 
abracemos en último caso esa fatal necesidad. 

Después de haberme esplicado respecto de los negocios del 
Rio Grande del Sur, séame permitido hacer algunas reflexiones 
sobre la política del Imperio en relación á Buenos Aires y al 
Paraguay; no quiero ser mas fastidioso y por esto seré muy 
breve. 

Señores, hoy es sabido que la Inglaterra, después de haber 
intervenido eficazmente en las cuestiones del Plata, se apartó de 
la intervención, y ha renegado todas sus pretensiones y todo su 
pasado: creo que todos están convencidos de que la Francia no 
tardará igualmente en apartarse de la cuestión. ¿Qué resta 
pues? Resta Rosas dominando el Estado Oriental completamen- 
te por intermedio de Oribe. Aunque el dictador en sus notas 
oficiales protesta por la independencia del Estado Oriental, esas 
protestas están en contradicción con sus actos y conducta; no 
citaré muchos hechos que prueban esta aserción : me limitaré 
á dos que son bien significativos. 

En 1836, Rosas, siempre fué celoso de la prosperidad que 
gozaba el puerto de Montevideo, queriendo favorecerá Buenos 
Aires, á costa de ese gran mercado colocado mas felizmente en 
la embocadura del Plata, hizo un decreto estableciendo que to- 
das las mercaderías que fuesen reexportadas de Montevideo pa- 



332 HI5Ta«A FeLlflOL T HlLlTlIt 

ra Boeoos Aires, pagarían veinte y dneo por ciento masifM (as 
importadas-tn Buenos Aires de <niÉ^[iiier otra pais: se «Glá 
fiendo que esta medida atacaba •¿¡rectamente sd cemeroíe j «a- 
Tegacion de aquella ftepáblica. — La Sala de Representantes 4e ' 
IBoQlevidee, con el lia de desatarlos males efectos qne sobre 4a 
prosperidad de su país pedia tener «eeta medi(k, hizo una ley 
estableciendo derechos díferonci^es ¿lodos los prodmotos im- 
pertaáos de Bnones Aires, ignáles á4o8 qse pagasen en Bvenos 
itres los productos de ffmteriéeo. Esfta ley debía necesaria- 
mente traer a Roeas al canpo de la razón; ms» ¿se <^reera ^e 
esta ley no foé sandonada por Oribe? ¿Tpor .qiié? Por laá- 
fluencia de Rosas qne asi le exigía. 

El segando beofho es de mas rectente data, -es sacado del de- 
senlace de la negociación Gore^ros, plenipotenciarios de Ingla- 
terra y Francia, y encargados on 164*8 de tratar de la Rocíen 
de las coestiones áA Rio de la Plata. Trataron ürectaineQle oon 
Oribe, aconsejados por el lenguaje de Rosas, que les decía ^qne 
se entendieran con aqoel general, ^íste qne w trataba de 'Cues- 
tiones que «e referían á la República óú Vmgnay. fin poco 
tiempo pusiéronse <le acuerdo con (Mhe sobre las bases prind- 
pales, y una de ellas ora el srmStaneo desarme de las legones 
extranjeras que estaban en Monto¥Í4ee, y la retirada de las tro- 
pas ; en eonsecuencta de esta dispoéicmi. Oribe bi&Q de diri- 
girse á Rosas para fK>mbinarse 'Con él sobre la manera de dar 
ejecución a esta parte que se neferia á 4a retirada de las arepas 
argentinas; Rosas le respondió duramente, estrañó qneae se 
le hubiese tenido en ouenta, qm bebiese lieche á «i lado los 
intereses de la Confederación; ordenóle rompiese tasnego- 
^GÜones, y que se hiciese saibor i los iiílerventores que m% re- 
tiraría las foerzas argenl^nas de la República dd Vrvfoaír, 
mientras no seentendieseB directaneoteK^on él, y diesen (as «- 
itisfaccioMS que exigía. 

Oribe, victima del terror de que tanitas voces hibípt sido «ius- 



M US REPJOBUCAS DKL PLATA 333 

irumeato» obedeció j retiró las propuestas ^ue había hecho. 
Creo que estos dos hechos quitan toda duda respecto de la in- 
flueuciat j la dominadou que Rosas ejerce sobre el Estado 
Oriental Í9s^aéo$)r, y, si se pudiese dudar de esto, bastaría 
reparar eu Ja persona. á cuyas manos están hoy entregados los 
destiuM 4e Aquetta J^áblica. ¿Qué es Oribe sino criatura de 
Rosas ? ¿ No íueron los ejérntos de Rosas los que trajeron á 
Oribe al Estado Oriental, los que lo habilitaron á vencer ¿ su 
oontandor 7 ¿ ¥ puede creerse que un país que es gobernado 
por un .hombre ^ue está enteramente subyugado á la voluntad 
deRosds, por el terpory por la gratitud, que ese país es inde- 
pendiente? ¥o creo que nadie lo dirá. Es preciso que nadie se 
equivoque sobre la independencia del Estado Oriental : esa in- 
dependencia es ilusoria ; ¿y seráconveniente á los intereses del 
Brasil, será conforBfte con la Convención de 1828, que Rosas 
ejerza aUi una supreuiacia decidida ? 

Esa convención de 1828 creó un Estado intermedio entre los 
Estados contendores, esto es, el Brasil y la República Argenti- 
na, para servir de'COAtrapeso á esos Estados ; mas ese equili- 
brio desa^pareoe desde que Rosas posee el Estado Oriental; ¿y 
será conforme coa nuestros intereses que se rompa ese equili- 
brio, ese único fruto ^ue se sacó de la guerra larga y (i^esastro- 
sa de 1 828 ? ¿ Será de la dignidad del Brasil que se deye impu- 
nemente violar esa convención ? ¿Será también sin peligro que 
dejemos i Rosas aprocímarse tanto al Brasil ; á Rosas que es 
tan ambicioso ?.¿Se]:áen provecho de esos intereses comercia- 
les que Rosas, con Ja ocupación del Estado Oriental, reduzca á 
ese Estado i la miseria, porque este ha sido su anhelo, que- 
riendo completar iaüsticidad de Buenos Aires á costa de Monte- 
video ? San cuestiones estas sobre las cuales no pido solución al 
gobíeroo, por qie «en lae cárciiwtandas melindrosas en que se 
halla, noAQiveBdrá tal Tez ser esplioíto ; mas son ^cuestiones 
que yo estiipdo de tti deber presentar á su consideración y i la 
del pais. 



350 HISTOIU F0LITIC4 T HILITAl 

lYin u CoNFEDKRiaoM Aegentina! 

IMUERAll LOS ENEMIGOS DE LA ORGiHIZACION IVAaONALl 

El Gobernador j Capitán General de la Provincia de Entre-Rios. 

Coartel General en San José, Mayo 1.*de 1851 — Año 42 
de la Libertad, 37 de la Federación Entre-Riana, 26 de 
la Independencia, y 22 de la Confederación Argentina. 

Al Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de 
Buenos Aires, Brigadier General D. Joan Manuel de Rosas. 

El infrascripto ha recibido la estimable comunicación, que 
por orden de S. E. le ha dirigido el Ministro de Relaciones Ex- 
teriores de esa Provincia, con fecha 26 de Diciembre último, en 
la que, después de transcripta la nota de este Gobierno de Enero 
anterior, agrega lo siguiente: 

4( El Exmo. Sr. Gobernador se ha instruido con intima com- 
placencia de la transcripta nota, y ha ordenado al infrascripto 
conteste á V. E. lo siguiente— 

« S. E. aprecia debidamente el patriótico interés con que 
y. E. procura la continuación del Exmo. Sr. General D. Juan 
Manuel de Rosas en el mando supremo de la República. Este 
noble empeño de V. E. es para S. E. un alto motivo de satisfac- 
ción, y si razones de un orden invencible impiden á S. E. defe- 
rir al sentimiento nacional y al sufragio de Y. E., le dejan la 
gran satisfacción de recibir esos relevantes testimonios de sim- 
patía y respeto, con que los pueblos de la Confederación y sus 
Gobiernos, liberalmente recompensan su consagración á la Re- 
pública. » 

Si cu las circunstancias á que la citada comunicación del in- 
frascripto se refiere, rehusii este Gobierno prestarse alas reite- 
radas súplicas de V. E. para que se le exonerase del mando 
supremo de esa Provincia, fué porque no estaba en sus atribu- 
ciones ingerirse en el orden interior administrativo de un pue- 



DE US REPÚBLICAS DEL PLATA 351 

blo independiente, aunque ligado con fuertes vinculos emana- 
dos de un pacto federativo. Se limitó, pues, á asegurar á V. E. 
que si no tenia otra razón para dimitir el mando, que la deca- 
dencia de su opinión en la República, ningún temor debia abri- 
gar relativamente al pueblo Entreríano, desde que este no babia 
retirado las facultades delegadas en la persona de Y. E.— cir- 
cunstancia debida únicamente á la falta de motivos justificados; 
pues de lo contrario su Gobierno ni habría continuado deposi- 
tando su confianza en V. E., ni tolerado mucho tiempo la viola- 
ción de sus derechos naturales, contra los sacrosantos deberes 
de su posición y de su conciencia. 

Mas hoy que aparece V. E. gravemente afectado de su salud y 
deveras resuelto á verificar su renuncia, fundándose en la ab- 
soluta imposibilidad física en que se encuentra de atender al 
despacho, el Pueblo Entreríano y su Gobierno convienen gusto- 
sos, en la parte que les corresponde, en acceder á lo que á V. E. 
tan repetida, como vehementemente solícita : y aceptando, co- 
mo desde hoy aceptan, la formal renuncia de V. E., por lo que 
toca á la dirección de las Relaciones Exteriores, negocios de 
Paz y Guerrade la Confederación Argentina, declaran del modo 
mas solemne : Que es la voluntad de la Provincia Entreriana 
reasumir el ejercicio de los altos derechos y prerogativas dele- 
gados en el Encargado de las Relaciones Exteriores de la Nación, 
quedando de hecho y de derecho en la aptitud de entenderse 
directamente con los demás Gobiernos del mundo, hasta tanto 
que, reunido el Congreso General Constituyente de las Provin- 
cias del Plata, sea definitivamente organizada la República. 

El infrascrito se permite observar que sin duda por una in- 
voluntaria distracción del Ministro de Relaciones Exteriores de 
esa Provincia, se ha dado diversa interpretación al verdadero 
espíritu de su nota fecha 21 de Enero del año anterior, donde 
se supone á este Gobierno patrióticamente interesado en procu- 
rar la continuación de V. E. en el mando supremo de la Re- 



336 Hlfif MU f OlinGÜ T MlUCilt 

da por persona algana, ó tnaasgpedSda en ninguna loma, Mr 
cnanto 96 haHe en Mwstfo toder. Faja majror Testiiioníd^y 
Validez de todo Ii» cual,. Hemos hetho' se fije el Aran Sello de 
nuestro Reino Unido de la Gran Bretaña é klaadla á las Presen- 
tes Letras, que hemos firmado OM Nuestra Real Mano-. Dado eft 
Nuestra Corte en el Palacio de Buckingham; el dia Catorce de 
Febrero en el año de Noestm Señor Mil Ochocientos Cincii/mta, 
jen el Décimo tercio de Nuesfro Reinado. 

VICTORIA R. 

Por cuanto, habiendo sido concluida una Coutendon^ el dia 
24 de Noviembre del año fe Nuestro Señor mil ochocientos cnar 
renta y nueve, por el Ministre de Relaciones Exteriores, Cama- 
rista Dr. D. Felipe Arana, Plenipotenciario de parte del Gobier- 
no de la Confederación Argentina ; y S. E. el Honorable Caba- 
llero D. Henrique Southern, Plenipotenciario por parte de Su 
Magestad Británica, cuya Convención es literalmente como sigue: 

( Aqui la Convención que ya hemos puMicado en el curso de 
esta obra. ) 

* Por tanto, el General Juan Manuel de Rosas. Gobernador y 
Capitán General de la Provincia de Buenos Aires, Encargado de 
las Relaciones Exteriores de la Ccmfederacioii Argentina, ha- 
biendo dado cuenta de la precedente Convención á la Honorable 
Junta dé Representantes, y obtenido su aprobación y pleno po- 
der para ratíficaüda ; por el presente la ratifica en toda forma, 
obligándose el Gobierno de la Confederación Argentina á cum- 
plir fiel é inviolablemente todas las estipulaciones contenidas 
en ella. 

En fé de lo cual, el General Juan Manuel de Rosas, Goberna- 
dor y Capitán General de la Provincia de Buenos Ahm, firma la 
presente ratificación, seUándola con el sello del Gdi>iemo En- 
cargado de las Relaciones Exteriores de la Confederaeío» Argenr 
tina, en Buenos Aires, á diez de Mayo del año de NuestroSefior^ 
mil ochocientos cincuenta. 

JUAN MANUEL DE ROSAS. 



I 

I 



DS US BBPQBUCiüS' DK. H>A2A 3817 



£1 f 7 de Agosto de 1^50, dB]/!>áBwtistk en Vowmis^ el Gena- 
ral D. José de San Martin.. Esta faUecú&ieiito filó. GomoBíeado 
oficialmenle al.GeneraLBoBas, por la Legación Argentina en Pa- 
rís, quien puso al mismo tiempo á disposición de este manda- 
tario la espada con que el ilustre guerrero habia lidiado para 
gloría de Sud América, y que ahora ponia á disposidon^Bl l^r. 
Rosas, instítttjéiuklersHlieEedeiQL 

lYlYA LA C0NFEDERAGI0I«íAR6ENTI1IáI 
I VUSBANLOS^ SALTAJES UNITA»IÓfil 

Et Ofidaf de ta Legación Argentina en París. 

Tours, 30 de Agosto de 1850~Año 41 de la Libertad, 35 de 
la Independencia y 21 de la Confederación Argentina. 

Al 1^. Ministro de Relacioises Exteriores, Camarista Dr.. IK FeM- 
pe Arana. 

Penetrado del mas justo dolor, cumple el infrascripto con el 
penoso d^er de participar áiV. E., para que se digne ponerlo eu 
conocimiento delExmo. Sr.Gobemador, qne el Uustire Brigadier 
da la Confederación Argentina, Capitán General de la República 
deshile, Generalísimo y Fundador de Ea libertad delPerú, don 
José de Saa Martia, Medóenla dudad de Boloña-sobre-el-mar, 
Departamento del Faso de^Calés^.-el dia 17 del que ríge, á Eas3 
da la tarde* 

Aunque una. tai^ y penosa enfermedad habia agotada su» 
fuerzas físicas, conservó siaembargo hasta el postrer momento, 
toda fai eoeri^ y lucMei: de sq idmov y coa toda 1& serenidad 
que inspura una conciencia puna y sin tacha^ rodeado de sos 
amados hijos, exhaló tranquilamente su último suspiro. Sus res- 
tos mortaie» fueron conénddos sin pompa alguna ¿la Catedral 
^ Bolona, en cuyat bóveda quedan depositados provisoríamente 



350 HISTORIA política T MILITAR 

¡VIVA LA Confederación Argentina I 

¡MUERAN LOS ENEMIGOS DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL I 

El Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre-Rios. 

Cuartel General en San José, Mayo 1.*de 1851— Año 42 
de la Libertad, 37 de la Federación Entre-Riana, 26 de 
la Independencia, y 22 de la Confederación Argentina. 

Al E\mo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de 
Buenos Aires, Brigadier General D. Juan Manuel de Rosas. 

El infrascripto ha recibido la estimable comunicación, que 
por orden de S. E. le ha dirigido el Ministro de Relaciones Ex- 
teriores de esa Provincia, con fecha 26 de Diciembre último, en 
la que, después de transcripta la nota de este Gobierno de Enero 
anterior, agrega lo siguiente: 

4(EI Exmo. Sr. Gobernador se ha instruido con intima com- 
placencia de la transcripta nota, y ha ordenado al infrascripto 
conteste á V. E. lo siguiente— 

« S. E. aprecia debidamente el patriótico interés con que 
V. E. procura la continuación del Exmo. Sr. General D. Juan 
Manuel de Rosas en el mando supremo de la República. Este 
noble empeño de V. E. es para S. E. un alto motivo de satisfac- 
ción, y si razones de un orden invencible impiden á S. E. defe- 
rir al sentimiento nacional y al sufragio de Y. E.,le dejan la 
gran satisfacción de recibir esos relevantes testimonios de sim- 
patía y respeto, con que los pueblos de la Confederación y sus 
Gobiernos, liberalmente recompensan su consagración á la Re- 
pública. » 

Si en las circunstancias á que la citada comunicación del in- 
frascripto se refiere, rehusó este Gobierno prestarse á las reite- 
radas súplicas de V. E. para que se le exonerase del mando 
supremo de esa Provincia, fué porque no estaba en sus atribu- 
ciones ingerirse en el orden interior administrativo de un pue- 



DE LAS BEPÚBUCáS DEL PLATA , 339 

General déla Bepública ArgeDtinaD. Juan Manuel de Rosas, 
como una prueba de la satisfacción que como Argentino he teni- 
do al ver la firmeza y sabiduría con que ha sostenido el honor 
de la República contra las injustas pretensiones de los extran- 
geros que trataban de humillarla.» 

Tan pronto como se presente una ocasión segura, tendré el 
honor de remitir á V. E. esa preciosa memoria legada al Defen- 
sor de la Independencia Americana por un viejo soldado, cuyos 
servicios á la Patria, se ha dignado V. E. recordar constante- 
mente en términos tan lisongeros como honrosos. 

Con este motivo tengo el honor de renovar á v. e. las protes- 
tas de respetuosa adhesión, con que me suscribo de V. E. muy 
humilde y obediente servidor. 

Mariano Balcarce. 

El Sr. Rosas tuvo la necesaria modestia para no considerarse 
autorizado á llevar la espada del General San Martin, y la hizo 
depositar en el museo de Buenos Aires, ordenando que los res- 
tos del guerrero Sud Americano, fuesen trasladados oportuna- 
mente á Buenos Aires por cuenta de la Nación. 

En Diciembre del mismo año y por gestiones ordenadas por 
el General Rosas, el Gobierno deBolivia expidió este decreto : 

Manuel Belzu, Presidente Constitucional de la República, 
Capitán General de sus Ejércitos. ^. ^. ^. 

Considerando : Que los Argentinos unitarios emigrados que 
se han asilado en la República desde el año de 1831, primera 
época de su proscripción, han observado una conducta repren- 
sible, lomando una parte activa en los trastornos políticos del 
país, y excitado la guerra civil en todos sentidos, haciéndose 
por consecuencia indignos de la consideración del Gobierno ; 
decreto : 

Art. 1"". Los Prefectos de los Departamentos mandarán salir 



3M HISTOni MLITICA T mJITJLt 

en iií término de qmiice éias, faera dd territorío bolmaM, á 
todos los Ar^nlÍDOS onitaríos. 

2." Se escept&an de la dísposidon del articido anterior, los 
qat se hallaren casados, y los que hicieren constar legalmenAe 
ser Argentinos federales. 

3"*. Los Prefectos qnedan autorizados para hacer estonsm) lo 
dfspnesto en el articalo precedente á los demás extrangeros, 
cnjra eenéneta en negocios poUtioos no feese escrapnlosamente 
coq^forme á los principios de estricta nentnfidad y de aésolita 
presciadencia^qne deben guardar, especiáhnente los asilados de 
todo pais en la RepÜMfca. 

Comuniqúese, y pubKqnese. Dado en Oraro, Primer Saja- 
dor de las Instituciones, á 18 de Diciembre de 1850, 42 dek 
Independencia, 2^. de Ja Libertad. 

MANUEL ISIDORO BELZÜ. 
El Ministro de lo biterior, 

TOMAS BALBIYISSO. 

Es conforme— £1 Oficial Mayer^ 

JforúuioDon«te Mmoz. 

Esta medida solo fué cumplida en parte, j la deportación se 
efectuó como sucede siempre, en la persona de los menos im- 
portantes y .peligrosos. Sin 4dwbvgo^ el Gobierno de Boliñ^i 
consideró lleno el espediente y el «General J&osas se limitó por 
entonces á considerarlo asi, reservándose ulterioridades. 



1854 

X^romiaLOiaamlento dbel -Oeacural XJrqeaímwí 

Las incursiones del Bajron de ¥actthy« jasando iUu {Mifoñ^ 
nki^delEstado Oriental, como se llamó á estas depredaciones, 
con fnentas d6llmperio,7 emigiados argentinos yorientofles, 



liieran el preliminar del movimiento dél General Urquisa oontra 
el poder fle Rosas. 

fJoa naeva era se únibk la Febabllitaoioii 'moral de les fne- 
blos , que por tanto tiempo vivían ¡bajo la influencia destn^tora 
y morbera de la guerra, y en d eomsígniente atraso que eeta 
prodoce. 

Lacnestion del F9ata llegaba íneeperadamenite á^ desenlace 
y 'lo que no habían poffido haeer >ias .principales y mas fuertes 
potencias de la fiuropa ceaüfaéais conebGdriemovde Montofí- 
deo, lo hizo un ^mptte gobeiuiador de una promcia argentina. 
EI'General D. íusto lesé de (Dvquisa ievantaba inia alianza snd 
americana contra los Generales tilosas y Oribe^ lo que por otra 
parte y dado el estado á que hablan llegado estos ipueblos, no 
podia estar mas:en armonía con eus intereses generales. 

El General Crquíza ha sido severamente juzgado bajo distin- 
tas faces. Vosotros haremos tamliien^u juicio recto é impar- 
cial, sin detenernos en «el que 7a ee ha hecho de él, y haremos 
también figurar en «e^ thistma. Sus hechos nos servirán de 
Dorma. 

La libertad, la justicia, y los derechos del bombre habían de- 
saparecido completamente de los pueblos Oriental y Argentino; 
— una coalición destinada áirevindicarlos se organizó con fuer- 
zas y elementos suficientes para derrocar el poder del General 
llosas, bajo cuya dominación Férrea se doblegaban los pueblos. 

La intervendon que se 'levanítaba ofrecía establecer jos fon- 
damentos de una paz sólida, 7 al |iareoer se apartaba del triun- 
fo de los partidos, promulgando un completo olvido déla larga 
y «angríeirta lucha ^stenñda en «el JHata« La rehabilitación de 
los derechos, devolución de pnopiedafies, y seguridad de la 
vida eran los puntos principales de >la coruzada que se hacia 
contra ell General Rosas. 

Bemejante promesa, era im^posflideiqíie no Henase satisfocto- 
riamente los deseos ^edaimayoríaide eetos pueUositan ü^b- 



342 HisTORU política t militar 

lados por el azote de la anarquía y la dictadura. La guerra 
bábara debía. pues cesar, desapareciendo los gobiernos que 
reposaban bajo un sistema tal, con ausencia j desconocimiento 
completo de las instituciones. Tal era la bandera que levantaban 
los gobiernos del Brasil, Paraguay, Comentes y Entre-Rios. 

Con respecto al Brasil, se ha venido viendo en el curso de 
esta historia, que su política de espectativa, empezó á pronun- 
ciarse desde qué recibió y hospedó en su territorio, á los restos 
del ejército derrotado en India Muerta, abriendo su tesoro al 
Gobierno de Montevideo para ayudar á su defensa; y en cuanto 
al General Urquíza, sus pasos fueron sentidos por los Generales 
Rosas y Oribe, una de cuyas cartas datada ya en el ano 47, de- 
jamos publicada. 

Según un folletista oriental defensor de la política del Brasil 
sobre los Estados del Plata, encerrado el Imperio, á pesar de la 
Dictadura de Rosas y sus actos, en su política de neutralidad, 
por no considerar como extranjera la que el General Rosas ha- 
bía llevado al Estado Oriental por causas que hasta aquí son ya 
harto conocidas, se víó desviado el Brasil de aquella actitud por 
los trabajos del Gobierno de Montevideo. El Memorándum de 
D. Francisco Magariños era en efecto una pieza importante en 
aquellos trabajos y preparo muy bien el terreno que encontró 
después el agente oriental. Lamas enviado por el Gobierno de 
Montevideo en 1847 para reemplazar al señor Magariños. Este 
agente llevaba órdenes para insistir en la intervención del Brasil 
en el Plata, diestramente negociada por el doctor D. M. Her- 
rera, hasta que en Abril del 31 fué oficialmente solicitada 
aquella intervención, por medio de la Legación Oriental en Ja- 
neiro, en cuya nota se leen los párrafos siguientes : 

« Los defensores de Montevideo reducen todas sus pretensio- 
nes á la salvación de la Independencia del país; y es esta la que 
le dá el coraje y la abnegación que exigen todos los nuevos sacri- 
ficios precisos para conseguir ese objeto supremo. 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 343 

Nada de personal, por parte de ellos, determina su actual re- 
sistencia. 

Resisten a D. Manuel Oribe, como se ha presentado ante los 
muros de Montevideo, y no por su p^sona: le resisten como 
principio, como símbolo, como sistema. 

Si D. Manuel Oribe, por su parte, no se somete al voto de la 
nación, si persiste en derivar su titulo de las armas y de la vo- 
luntad del dictador Rosas, que en 1843 lo condujo al territorio 
oriental, los defensores de Montevideo se resistirán siempre 
hasta perecer con las armas en la mano; buscarán como hasta 
ahora, para resistirle, cualquier punto de apoyo que les ofrezca 
la civilización y la humanidad. 

Y aqui cabe decir, aunque de paso, que el Gobierno Oriental 
ha procurado y debia procurar apoyos externos, porque, sin un 
cambio favorable en su situación, sin adquirir Montevideo fuera 
de sus murallas una cooperación que restableciese el equilibrio 
entre su poder y el de su enemigo, toda tentativa de concilia- 
ción seria de facto un desdoro, una degradación mas que inútil, 
porque era también un peligro. 

El dictador Rosas la escluia por sus vistas y por su sistema, 
D. Manuel Oribe por su desgraciada y completa sumisión al 
dictador. 

Montevideo estaba postrado, y los Orientales que existen en 
el campo de Oribe, oprimidos por la fuerza y fortuna de las ar- 
mas invasoras. 

En este estado, toda tentación de conciliación entre los orien- 
tales seria noble, pero funesta. 

Conservando pues la dignidad de la defensa de Montevideo, — 
prolongando esta defensa,— y solicitando combinaciones que le 
permitiesen equilibrar la fuerza enemiga, el Gobierno Oriental 
no solo ha cumplido y cumple el deber de sostener la indepen- 
dencia del país, sosteniendo su puesto hasta morir en él, pero 
también ha tratado de adquirir, del único modo posible, una 



34i HUTeBiA Pdiíraiic. i iraxrAit 

peftícion qua lo babiliiase pora hacer la ¿q^aeioD práctica^ pro- 
vechosa, honrosa, de los sentimientos y de las vistas de las ^le 
elabaio firmadcb ha tenido la fortonai áe\ ser órgano* cerca del 
Gobiarnaddlkíiperí^§iifr 1q> habilitase parai poder dedrsia 
rídícalo, sin desdoro, parai poder decir con bsen suceso á tedos 
les Orientates: PademM combatir^ pero debemo$^ ébraxamss; 
podemoi(xmibalir,perQypúmíqiiiehaya tode$ es 

neeeíwrio, mdwpenMbk'r fM no Aaya inimtíalss venisido$>, 
otriaiiUales.íwncedQrei^ 

Era este el úAieo eaiaiiioqiae podía y puede eoodiicir i la 
deseada fosion de todoa ios oiieatales^ ea el seno de una pairía 
independiente. Todo lo demás es gnimera ó decepeioii. »• 

El GobiemO' del Brasil, contestó por su órgano: 

Ministerio de negocios Extrangeroa. 

Ría JaiiBÍFO,.a da Julie de 1S51.. 

El abajp firmado^,del Conseja de S^ M. el Emperador, Miní»- 
tro' Secretario deEstado^de Negocios Extrangeros, reeibió la no- 
ta qne en fecha 1 2 de Abril próximo pasado, bajo el número 1 46, 
le dirijió eLSr. D. Andrés Lamas, Eaviado Extrordinario y ¡Mi- 
nistro Plenipotenciario de la Rep^lica Oriental del Urognay. 

El Gobierno Imperial queda enterado de las esplicaoiones 
qne se contienen en dioi^nota, sóbrelas intenciones y vistas 
del gobierno de la República en la larga y calamitosa lucha que 
ha sostenido. Entiende que las disposiciones que ha manifesta- 
do y manifiesta dicho gobierno están enteramente conformes 
con sus derechos como Estado independíente, con h convención 
preliminar de paz de 27. de Agosto de 1828; y que solamen- 
te su realización; puede traer la paz y la tranquilidad al Estado 
Olriental y á sus vecinos* 

El Gobierno Imperial juzga desnecesaria una nueva manifes* 
tacion de sus vistas para contestar á aquellos que, para sos fi^ 
nesv le atribuyen pensamientos de dominación y conquista so* 
bre el Estado Oriental. 



DE 118 IEFOBUCAS OBL iPULTA S45 

f oda la disensión habida con laLe^acioQ Argentina en Rio 
Janoro en diversas épocas, rdatiraá la independencia del lis- 
tado Oriental ; las repetidas declaraciones hechas por los mí- 
mstros de & M« el Emperador en lasxámaras legislatlTas ; el 
discurso con qne el mismo aogn^to Señor abrió la asamblea ge- 
neral legislativa el dia 3 de Mayo del corriente año, son actos 
muy solemnes para que puedan ser puestos en duda, y cuando 
lo úieren, esas dudas no merecerían contestación. 

Las palabras de aquel discurso « teniendo siempre por un de- 
« ber respetar la independencia, las instituciones y la integri- 
« dad de los Estados vecinos, y nunca envolverme en manera al- 
4( gnna en sus negocios internos > no ¿e refieren únicamente al 
Estado Oriental, pero también á las Provincias Argentinas. 

Tal es la base principal de la política del Gobierno Imperial 
por lo que respecta á los Estados vecinos, cualquiera sea el cur- 
so de los sucesos, base que respecto del Estado Oriental se ha- 
lla consagrada y esplicada en la convención preliminar de paz de 
27deAgostodel828. 

Ningún Gobierno se liga esj^nlé/newmmte par declarojcio- 
nes tan francas y repetidas, cuando abriga pensamientos 
contra/rios. 

El abajo firmado, etc. etc. 

PAULINO JOSÉ SOAREZ DE SOUZA. 

A una detenida negociación se siguieron al fin los tratados. 

Estos tratados que se consignan al fin de este Capitulo, eran 
cinco. De alianza, de límites, de comercio y navegación, de 
estradicion de criminales y desertores ; convención sobre sub- 
sidio ala República Oriental. 

De los cinco pactos internacionales, solo el de limites debía 
tener cumplimiento. 

El Brasil protestaba contra las ideas de conquista que se le 
atribulan y hacia valer por boca de D. Andrés Lamas todo el 



i::: 




T^ . — ., 



- -1 T.— 



rifc 



*-• . • 












■?-*"! • - - ^ ^■■■■ ' *r*.-> 



• .•! 



>. 



-iiiií*: 



"T. '. -•' 



- -v 



>#. 



-"íi 




/ 






• ^ 



^ « 



.1. 



oí»»f; 









/ . 



' • 






« 



i t I 



f • 



/ ' 



DE LAS lIPdBLICÁS DEL PLATA 347 

Argentina á Chile, Dr. D. Bernardo Irígoyen, para preparar los 
' espíritus, difundiré! terror, ahogar todas las esperanzas^^ y 
marcar el punto de partida de donde debían arrancar mas tarde 
pronunciamientos como el de Y. E., que todo será, menos la 
expresión franca de un pueblo patriota como el de Catamarca, 
que si conñó la dirección de sus destinos á Y. E., no fué por 
cierto, para que arrpjase sus derechos; sus prerogativas, honor 
y dignidad á las plantas del usurpador de su soberanía. 

Y. E. invoca el pacto federal, al mismo tiempo que abre una 
honda herida en el corazón de las instituciones republicapas, 
consagradas por el inmortal tratado de las Provincias litorales, 
á que se unieron después sus hermanas, las del interior, y for- 
man esa célebre alianza, que se llama Confederación Argentina. 

Y. E. traiciona, pues, la augusta misión que le encargó su 
Patria, cuando valido de suposición, de su influencia, y del 
triste estado en que se halla esa benemérita Provincia, merced 
á la infame política del General Rosas, encabeza un pronuncia- 
miento vil en su origen, ilegal en sus medios, funesto y antina- 
cional en sus fines. 

Tan lejos está el infrascrito de contribuir al desdoro de la 
República, segundando la marcha de Y. E., y de ofrecer al Ge- 
neral Rosas la heroica Provincia Entre-Rianá, como pábulo á 
su ambición, que por el contrario ha jurado á la faz de la Amé- 
rica y del mundo no envainar su espada mientras el usurpador 
Argentino influya en los destinos de la República, y sacrifique 
á sus innobles aspiraciones la actualidad y porvenir glorioso de 
una nación ilustre digna de mejor suerte. 

Sorprende á primera vista el cuadro de los hechos y calida- 
des personales del General Rosas que Y. E. ha trazado, faltando 
á la fidelidad de la historia, y exagerando la importancia moral 
de un hombre que Y. E. no conoce, y que acostumbrado á te- 
mer hífeta hoy su poder sostenido por otros, le consagra un 
párrafo laudatorio sobralamente ridículo, si él no fuera de tan 
graves consecuencias. 



30 inMftU PQÜIIU r BIUBMI 



n 6eMnl &. Joan HuMb da Bbs» — elqaesthakedio 
dBfUMoiiiir Gmmii Ammiemm^^ el eneaugo de las iostitncioiM» 
Runopeas coim de sos fiíolMriios - ei D^emsar Eti^éiko dé 
UkImhpmd$MÍaMOmiinmUe — el anior del iMmMmtmo 
piro etc. etc., e^e mismo anda hoj á las pneitats de los poteatar 
dos de Europa, pidiendo de rodillas- protección y auxilio, para 
continuar la obra de sn sonado trono, coyos cio^entosse des- 
ploman al amago de la: Provincia de Entre-Itiana. La Soi^aterra 
T «i Austria han oido ja los clamores con que el Héroe de T. E. 
ha implorado hamiidemente la cooperación de esas naciones 
en faror de la dictadora. T sin embargo hace diez años que 
reitera la dimisión del mando, con el reprobado objeto de con- 
seguir en la República pronunciamientos análogos al de Y. E., 
que lo coloquen en la silla del poder supremo nacional sin res- 
ponsabilidad alguna, para obrar según su ciencia, que es la de 
los déspotas — y según su conciencia^ que es la de los tiranos. 

V. E. se refiere á las actuales dificiles circunstancias de la 
Confederación, y el infrascrito no ve otras que la persona del 
ffeneral Rosas, oprimieado á los pueblos, agotando sus recur- 
sos, impidiendo el desarrollo de su industria, y aniquilando su 
inteligencia, para alejar cada vez mas la suspirada época de su 
organización, y dol libre reinado de las instituciones democrátí- 
confedérales. 

De las precedentes reflexionos inferirá V. E. cual será la mar- 
cha política del ínfrascrito,y la actitud que va á asumir á la faz de 
laRepública^ en cumplimiento de los sagrados deberes quele im- 
pone la Provincia de su mando, como representante de su terri- 
torial soberanía, y la Confederación^ como Argentino que no 
puede ser indiferente á sus infortunios. 

Con esta misma fechase remiten al Exme. Sr. Grobernador de 
Corrientes oopias autonizadas de la comunícasion de V. E., y de- 
mas documentos oficiales, asi como la contestación respectiva. 

OfOSiguaideáY. E* muchos años. 

JUSTO j. DE URQUizA — Juan F. Seguí^. seorotaría^ 



DE léS WFÜaiiiCAa ML KáT4 349 

Ua mes antes, la reelección del Gobernador de Corrientes ha- 
bia preocupado hi afeMion de los Cobismos de Catamarca, 
Mendoza y SanLuia.-^Eitce tanto una foeria paragaajai,, per- 
manecía en territorio correntino, atrincherada entre las dos 
tranqueras de San Miguel y Loreto. Su número era de 3,000 
hombres -^ Et Gobernador (te Gorrientes jo^galifa' que aquella 
circunstancia no deMa Hámar su afencron, y se lfmit6i una li- 
nea ligera de destacamentos de observacitm aparente. 

Los coroneles D. Hilario Lagos y D. Viceate González,, diesta- 
cados en Entre Rios,. decian al seior Xímeno, que pusiese en 
conocimiento del General Rosas, que inconyeBienles de grave- 
dad les habían impedido saKr del Entre Ríos» desd» que hdiHa 
asomado alK el esciodala de* ideas subversivas ; que el Ministro 
General de aquella provincia aa había querido admitir sus re- 
nuncias, ni concederles su pasaporte, y que esperaban poder 
sacar sus familias para trasportarse á Buenos Aires, llevando á 
D. Severa González que también se encontraba alLL 

El 21 de Mayo de 1831, invadió nuevamente el territorio 
Oriental el Barón de Yacuhy, al f reate de una fuerza armada del 
ejército imperial ; coa él venian jefes y oficiales imperiales co- 
nocidos. Este movimiento respondía ya al preparado por el 
General Urquiza, que escribió una serie de cartas dirigidas des- 
de el General Oribe, hasta el jefe mas subalterno de los ejércitos 
oriental y argentino. 

También (firigió el General Urquiza á Rosas una nota oficial 
datada ea I"", de Mayo de 185tl, cuyo tenores el siguiente : 



350 H18T0ÍIÁ POLfTICÁ T MILITAR 

|V1VÁ U CONFBDKRÁCION ArGKNTINAI 
IMUEBAN LOS ENEMIGOS DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL! 

El GoberDador y Capitán General de la Provincia de Entre-Ríos. 

Cuartel General en San José, Mayo 1/de 1831 — Año 42 
de la Libertad, 37 de la Federación Entre-Riana, 26 de 
la Independencia, y 22 de la Confederación Argentina. 

Al Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de 
Buenos Aires, Brigadier General D. Juan Manuel de Rosas. 

El infrascripto ha recibido la estimable comunicación, que 
por orden de S. E. le ha dirigido el Ministro de Relaciones Ex- 
teriores de esa Provincia, con fecha 26 de Diciembre último, en 
la que, después de transcripta la nota de este Gobierno de Enero 
anterior, agrega lo siguiente: 

«El Exmo. Sr. Gobernador se ha instruido con intima com- 
placencia de la transcripta nota, y ha ordenado al infrascripto 
conteste á V. E. lo siguiente— 

« S. E. aprecia debidamente el patriótico interés con que 
V. E. procura la continuación del Exmo. Sr. General D. Juan 
Manuel de Rosas en el mando supremo de la República. Este 
noble empeño de V. E. es para S. E. un alto motivo de satisfac- 
ción, y si razones de un orden invencible impiden á S. E. defe- 
rir al sentimiento nacional y al sufragio de V. E., le dejan la 
gran satisfacción de recibir esos relevantes testimonios de sim- 
patía y respeto, con que los pueblos de la Confederación y sus 
Gobiernos, liberalmente recompensan su consagración á la Re- 
pública. » 

Si en las circunstancias á que la citada comunicación del in- 
frascripto se refiere, rehuso este Gobierno prestarse á las reite- 
radas súplicas de V. E. para que se le exonerase del mando 
supremo de esa Provincia, fué porque no estaba en sus atribu- 
ciones ingerirse en el orden interior administrativo de un pue- 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 351 

blo independiente, aunque ligado con fuertes vínculos emana- 
dos de un pacto federativo. Se limitó» pues, á asegurar á Y. E. 
que si no tenia otra razón para dimitir el mando, que la deca- 
dencia de su opinión en la República, ningún temor debia abri- 
gar relativamente al pueblo Entreriano, desde que este no habia 
retirado las facultades delegadas en la persona de Y. E.— cir- 
cunstancia debida únicamente á la falta de motivos justificados; 
pues de lo contrario su Gobierno ni habría continuado deposi- 
tando su confianza en Y. E., ni tolerado mucho tiempo la viola- 
ción de sus derechos naturales, contra los sacrosantos deberes 
de su posición y de su conciencia. 

Mas hoy que aparece Y. E. gravemente afectado de su salud y 
deveras resuelto á verificar su renuncia, fundándose en la ab- 
soluta imposibilidad física en que se encuentra de atender al 
despacho, el Pueblo Entreriano y su Gobierno convienen gusto- 
sos, en la parte que les corresponde, en acceder á lo que á Y. E. 
tan repetida, como vehementemente solicita : y aceptando, co- 
mo desde hoy aceptan, la formal renuncia de Y. E., por lo que 
toca á la dirección de las Relaciones Exteriores, negocios de 
Paz y Guerra-de la Confederación Argentina, declaran del modo 
mas solemne : Que es la voluntad de la Provincia Entreriana 
reasumir el ejercicio de los altos derechos y prerogativas dele- 
gados en el Encargado de las Relaciones Exteriores de la Nación, 
quedando de hecho y de derecho en la aptitud de entenderse 
directamente con los demás Gobiernos del mundo, hasta tanto 
que, reunido el Congreso General Constituyente de las Provin- 
cias del Plata, sea definitivamente organizada la República. 

El infrascrito se permite observar que sin duda por una in- 
voluntaria distracción del Ministro de Relaciones Exteriores de 
esa Provincia, se ha dado diversa interpretación al verdadero 
espíritu de su nota fecha 21 de Enero del año anterior, donde 
se supone á este Gobierno patrióticamente interesado en procu- 
rar la continuación de Y. E. en el mando supremo de la Re- 



353 nsTMU POLtncA t flniriB 

péMka. loétfles habrían sido las sacrificios de todo genero 
qoe la Profíoda de Enlre-Rios, sa jefe j egército han oUadoen 
las aras angostas de la dación, para asegurar el triunfo del sis- 
lena Federal RepresentatÍTo, sí este gobierno se empeñara hoy 
en procurar ti mando Supremo de la RepühUca á faror de ín- 
díTídoaiidad alguna, por espectable qne ella sea, cuando seme- 
jante proposición es atentatoría, j destructora de los fundamen- 
tales principios de la Confederación de los Pueblos. 
Dios guarde á V. E. muchos años. 

JUSTO JOSÉ DE UROCKA. 

lUAH F. seguí. Secretario. 

En cnanto al sentido de las cartas dirigidas á los jefes orien- 
tales y argentinos, bastará con la publicación de las mas impor- 
tantes. Por otra parte todas ellas estaban escritas en el mismo 
sentido, con variación de ideas. 

¡Viva la Conpederacioii ArgentinaI 
¡Mueran los e^iemigos de la Orgaiuzaoon NáaoKALl 

San José, Mayo 10 de 1851. 
Sr. General D. Ignacio Oribe. 
Mi queridoamigo — 'Vo dudo que al recibo de esta mi carta, 
estará Vd. instmido de todos los acontecimientos que han teni- 
do lugar en Buenos Aires relativamente á mi persona, y de la 
posición en qne esos mismos me han colocado. Vd., mi amigo, 
qne conoce mis principios y mi vida pública se habrá asombra- 
do de verme en armas contra el hombre á quien he conquistado 
tantas glorias, á esfuerzos y con sacrificios de todo género. Co- 
mo ai campo de Vd. no llegarán sino los alaridos rabiosos de 
D. Juan Manuel de Rosas, que desde mucho antes lanza contra 
mí, y siendo Vd. un amigo á quien distingo, quiero darle una . 
prueba de simpatía manifestándole alguno de los muy justos y 
poderosos motivos que me%an obligado á poner coto á la am- 
bición tiránica y opresión en que nuestro encargado de entre- 



DE ¿As RÉPtBLICAS DEL PLATA 353 

tener las Relaciones £Kteriores de la Confederación y eútender 
en ios Begocios de paz y gaerra lia mantenido á todos los Pue- 
blos Confederados. Tfocreo qne Vd. me haga el disfavor de 
persuadirse que yo hoy recién conozco los derechos propios de 
la soberanía de los pueblos, ni lo que conviene á su prosperidad 
y engrandecimiento, no menos que los deberes que me imponen 
la altura en que.me han colocado mis compatriotas, cuando to- 
do esto lo conocen todos los pueblos, como lo han comprobado 
en la resistencia que nos han hecho. Mi silencio y mis sacrifi- 
cios han tenido dos objetos: primero, destruir el partido de los 
unitarios, cuyas opiniones pugnan con la voluntad de los pue- 
blos enérgicamente pronunciados por el sistema federal; y se- 
gundo, restablecer y afianzar la paz pública, con la halagüeña 
esperanza de que ese hombre que nosotros habíamos elevado 
al poder, y en quien habíamos depositado tanta confianza, no 
desmentiría de los principios fundamentales del pacto que nos 
une y ha proclamado, con la esperanza de que, destruido el 
bando unitario que se oponía á las instituciones suspiradas por 
los pueblos, estableciese el cuerpo nacional que dictase la Carta 
Constitucional sobre las bases sancionadas por la opinión pú- 
blica. Hé aquí por lo que he combatido y he hecho todo lo que 
Vd. sabe, hasta humillarnos. 

Ahora bien, ¿cuál es el fruto que he conseguido ? V. lo sabe 
también, y se lo repetiré: mayores exigencias, mas humillación, 
y lo que es mas, la convicción de que si no derribamos esa en- 
tidad, jamás, jamás tendremos Congreso, instituciones nacio- 
nales, jamás tendremos Patria. Este convencimiento que he 
sofocado en mi corazón, traicionando á mis compatriotas y en- 
gañando á toda la República y al mundo, me lo ha arrancado la 
conducta hostil con que me ha provocado el mismo Rosas ; ese 
hombre tan pérfido y malvado como ingrato y desleal. Separado 
ya de la política rastrera y anti-nacional de D. Juan Manuel de 
Rosas, me uno á los buenos y verdaderos federales, á los que 

23 



VA umwi rutnck r siuzái 

reipeUn U soberaaá j íib^tUá de bs ProfíAcáas Ir^paiibii&k. i; 
laj» que de tNiefu fé« jr eoooo deseo stocerojsaalo píde&hBr- 
giaizacíoa nuiouná ba|o d sisteau fedenJ. Saida mais fñeni. 
níogooa otra z.%\/kr4á<m ocupa mí eorazoo, j á este la saoftii «s^ 
tojr resuelto 4 sa/rrífic^Lmie ; y i mi amigo D. Ignacio Oribe «$ i 
qnieo se lo declaro ea esta, aunque moj lacdoicaoiéslei. fon 
que me liaga jostícía, y deseando qne no se enToelTa e& b$ 
des que tenderá el osurpador de los derechos dd Pod4o lr¿ 
tÍQO al incauto como al inocente. 

Me queda la satísf^iceíon de haber compUdo con h 
y amídUul que V. me merece, r me repito su atento senidor. 

q/b. S, M. 

JUSTO i. DE nocizi. 



I riTA LA C05fEDEBACI0H ABGEfTriHA ! 

San José, Abril 22 de 1S51. 

Seuor Teniente Coronel D. Lucas Moreno. 
Mi distinguido amigo : 

Los acontecimientos que durante los últimos 10 auos se han 
multiplicado en ambas riberas del Plata, han revelado de una 
manera inequívoca las tendencias funestas del Gobernador de 
Buenos Aires, á cuya infame política deben las Repúblicas 
Oriental y Argentina su mal estado de relaciones con las demás 
naciones del mundo, y la completa ruina interior, que amenaza 
a sus mas vitales intereses. 

Desde que me contraje á mejorar la situación de mi país, 
después de terminada la campaña Oriental, y la de Corrientes, 
ya se hizo sentir el desagrado del General Rosas, pretestando 
que mi política no estaba en armonía con lá suya. Si por políti- 
ca se entiende una desmoralización general y sostenida en toda 
la esfera de la administración, es indudable que mi marcha en 
nodu fe parece á la del déspota, que no contento con asesinar 



BE LAS MPÚBLICÁS DEL PL4TÁ 355 

impíamente á los hombres, ha querido asesinar impíamente 
también las ideas santas, los hechos nobles que inspira la vir- 
tud y el mas generoso patriotismo. 

En este sentido Rosas pretende continuar dirigiendo los des- 
tinos de dos Repúblicas dignas de inejor suerte, dirijiéndolas, 
mi querido amigo, con esa sabia perversidad que le es propia, 
hasta conseguir el mas pronunciado envilecimiento en el espí- 
ritu, y el total estrago en todos sus intereses materiales. 

El General Oribe se ha empeñado hace tiempo en imitar á 
Rosas, á pesar de mis repetidas insinuaciones para que cambia- 
ra de política, y no tolerara la devastación de su hermoso país. 

El ha rechazado aceptar mis ideas, y su caída no será mas que 
una consecuencia de su obstinación importuna. 

Mi divisa será « Guerra al tirano Juan M. de Rosas y sus sos- 
tenedores, )k y el programa de mi política, restauradora del or- 
den y la libertad de la República Argentina, dejando á la Orien- 
tal en el pleno goce de sus derechos constitucionales, para que 
se dé la organización, forma y Gobierno que mejor le convenga. 

Si el plan consignado en la presente obtiene las simpatías de 
Vd. puede manifestarlo á todos los amigos que le parezca, y 
sean capaces de cooperar á tan noble empresa. 

Aprovecho esta ocasión de saludar á Vd., y de suscribirme 
afmo. amigo y S. S. 

0. B.S. M. 

JUSTO JOSE DE ÜRQÜIZA. 

Muchos jefes argentinos se escusaron de contestar al General 
Urquiza ; otros le contestaron acremente, y casi todos enviaron 
al GeneralRosas, la carta de Urquiza, con una nota poco mas ó 
menos idéntica en sus términos á la del Coronel D. Gerónimo 
Costa, dirigida al Sr. Rosas el 31 de Mayo desde el pueblo de 
San José, en el Estado Oriental, donde se encontraba ya con su 
batallón formando parte del ejército en campana. 



I 



DI LÁ8 REPCBUCAS DEL PLATA 359 

I VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA I 
^ I MUERAN LOS ENEMIGOS DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL I 

Cuartel General en San José, Mayo 1* de 1851 — 
Año 42 de la Libertad, 37 de la Federacioil 
Entre-Riana, 36 de la Independencia» y 22 de 
la Confederación Argentina. 

El Gobernador y Capitán General de la Provincia de Eotre-Rios. 
Considerando — 
Primero — Que la actual situación física en que se halla el 
Exmo. señor Gobernador y Capitán General de Buenos Aires» 
Brigadier D. Juan Manuel de Rosas, no le permite por mas 
tiempo continuar al frente de los negocios públicos, dirigiendo 
las Relaciones Exteriores, y los asuntos generales de paz y 
guerra de la Confederación Argentina- 
Segundo — Que con repetidas instancias ha pedido álaHo* 
norable Legislatura de aquella Provincia, se le exonere del 
mando supremo de ella, comunicando á los Gobiernos Confe* 
dorados su invariable resolución de llevar á cabo la formal re- 
nuncia de los altos poderes delegados en su persona por todas 
y cada una de las Provincias que integran la República- 
Tercero — Que reiterar al General Rosas las anteriores insi- 
nuaciones, para que permanezca en el lugar que ocupa, es fal- 
tar á la consideración debida á su salud, y cooperar también á 
la ruina total de los intereses nacionales, que él mismo confiesa 
no poder atender con la actividad que ellos demandan — 

Cuarto — Que es tener una triste idea de la ilustrada, heroica 
y célebre Confederación Argentina, el suponerla incapaz, sin el 
General Rosas á su cabeza, de sostener sus principios orgáni- 
cos, crear y fomentar instituciones tutelares, mejorando su ac- 
tualidad, y aproximando el porvenir glorioso reservado en pre- 
mio á las acreditadas virtudes de sus hijos — 
En vista de estas, y otras no menos graves consideraciones, y 






aid HificoftiA rouncA f muxut 

K;^a nota m re^islra on e\ Defensor déla Independencia^ pa- 
hluMiliM'u el r.errílo, ;tsi como todas lascarlas ¿ que nos fcu- 
lUtis ivlirionilo. 

Kl t'itronol Lamas i|iio también hahia sido va invitado por el 
r.tM)i*nl I n|iii/:i |»ar:i iMitrar en el movimíeato, docia al Genenl 
(M'iIm\ \\^ si^uuMito. síu liocer mencíon alguna ú la invitación de 
rn|iii/:i. 

Salto. Abril 26 de 1851. 

r\mo. MMior riv<i«lo!ilo !>. Manuel Oribe. 

Mi (mmiim.iI ; l.t»^ aLinuantes aconteríniienlos que se desar- 
i.ill.iii iMi Li IVo\inria tlt> Kntre-Rios mo precisaron ¿ dar un 
i; >|.)p«> h.ist.i t'Ñit' |Mii'lil(t, lanto para palparlos mas de inmedia- 
1 1, riiiniit pu. I tomar las mnliJas de prerauciou que fueran ne- 
I •« «ai ii*« iltts horas liare t|iie lie llegadi). 

I II hiomoiiio (l(*s|iii,^s S(' me presentó una persona de mí con- 
h iti/.i. «pío li.ht».M»is ílias estuvo en el Arroyo tirando con el 
i..«iieiahiai/on. qiti' it^íoii lle^'alu á aquel punto de tener ana 
iMiinm-ij.i rtm t*l t;iMU'r.il l'rqui/a. á la cual asistió Pedro Vírase- 
lo iMir.ithl.i. I «!(« au^Mili^le su hermano ¡). Benjamin ; esa per- 
.111 1 n i«li pulo tr.isliit ir tie la tal entrevista ; pero so supone 
•|iii< lia\.) .hlo pan A uiiiTílo de operaciones que proyectan. 

i:h;iMi«M.il ti. II /.Olí ;iM*i,Miró ipit* ya estaba el (ieneral ürquíza 
i! Iinili* \\A tHMhM.il l(<t>:is : que ya estaban rotas las hostilida- 
(Ir. qupdiMiiro di' inu\ poco se entraría á o|)erar desarro- 
II. indo los podiTOMK (elementos que se habían reunido; que 
líos nii'M's \\\ di'bíaiuos haber sufrido una invasión brasiliense, 
ipil* había coiil(>niilo el (uMieral llrqui/a, parque no quería que 
ni» oiivohitvsiMMi males nuestro pais, muy seguro de que V. E. 
><M-ia impi*lído por los acontecimientos á plegarse al nuevo 
ónlenderosas. y linalmente que lo único que se pretendía y 
que iM'ci'sariamentt» s(» conseguiria era el que descendiese de su 
puesto el tienoral llosas, como un obstáculo insuperable para 
la paz de estos países. 



DI LAS áEPOBLlGAS DEL PUXA 857 

Ese sujeto me ha dicho tambieri, que le han asegurado que^ 
José María Muiioi, en oalidad de agente de los salvajes unitarios^ 
de Montevideo, asistió ala entrevista de Urquiza, Garzón y Pe- 
dro Yirasoro ; y que un doctor Leiva fué enviado por Urquiza 
al Paraguay, hace muy pocos <lias. 

Sin embargo que cuando V. E. reciba esta ya habrá recibida 
otras noticias de este mismo orden que dirigí al señor Brigadier 
Oribe (D. Ignacio) antes de mi salida del Cuaró, diciéndole 
también que me diese órdenes con relación á las fuerzas Argen- 
tinas que están á mis órdenes para ser mandadas al General 
Urquiza inmediatamente que me las pidiese, pues qué si me 
eran'pedidas antes de recibir sus nuevas órdenes me serviría de 
toda clase de pretesto para no mandárselas hasta que el dicho 
señor Brigadier no me lo ordenase. 

Dentro de cuatro ó cinco dias regresaré al Cuaró : el coman- 
dante Egaña participará áV. E. prontamente cuanto ocurra por 
esta parte ; yo haré otro tanto con el señor General D. Ignacio. 

De V. E. muy amigo. 

Diego Lamas. 

m 

La Provincia de Entre-Rios se habia insurreccionado comple-^ 
tamente, siguiendo sus pasos la de Corrientes — EH3 de Mayo, 
decia la prensa oficial : 

«Los sucesos y las manifestaciones se agrupan en vez de suce- 
derse, de tal manera, que no nos dejan el tiempo indispensable 
para consignarlos en nuestras páginas con toda la detención que 
ellos merecen. La Efervescencia popular nos arrebata con el 
ímpetu de un torrente que ha roto el dique que lo contenia, y 
fuerza es confesar que nos arrebata sin el menor esfuerzo, pues 
nos gloriamos de participar de ella con todas las fuerzas de 
nuestra alma. 

Pero por amor de Dios, que alguno no vaya á entender que 
aquí, en Entre-Rios, donde manda el Ilustre General Urquiza, 



358 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

la EfervescencUi popular se manifiesta con vergas y degüellos^ 
con mazorcas ni azotes al bello sexo. Oh I muy lejos de eso — 
El pueblo Entre-Riano se reúne expontáneambnte, sin que lo 
citen los Jueces de Paz, ni lo custodien esbirros ; y con músicas 
y banderas, saludados y alentados por las damas, dan vivas ¿ la 
libertad, á la Confederación, á Urquiza el Grande, al ilustre Vi- 
rasero, y al bravo y progresista General Garzón, honory espe* 
ranza de su noble patria, con un grito unisono, tremendo, fatí- 
dico de i ABAJO LOS TIRANOS I á la realización de lo cual no hay 
unoioloqne no esté pronto, ó se apreste. 

I ABAJO LOS TIRANOS DEL PLATA I Y la efcrvescencia popular, no 
puede evitarse, no puede contrastarse, no puede silenciarse; co- 
mo lo ha dicho mil veces el General Rosas, en justificación de 
hechos'y cosas que el pueblo Entre-Riano no practicará. 

El bravo coronel Virasoro dejó á San José el día 8 del corrien- 
te, y se separó de S. E. y de una espléndida comitiva de damas 
y caballeros que lo acompañaron hasta tres leguas del Cuartel 
General. 

Dado el último adiós, el bizarro Coronel volvió su caballo, y 
descubriendo su noble y elegante cabeza, dio vivas que retum- 
baron en nuestros magníficos campos, a la libertad, a la alian- 
za FEDERAL DE LOS PUEBLOS, A LA ORGANIZACIÓN NACIONAL; COU Un 

muera á los tiranos del Plata. 

Dos dias antes había sucedido lo mismo con el Coronel Cáce- 
res, una de las mas brillantes y patrióticas espadas de la heroi- 
ca Corrientes.» 

El General Urquiza empezó por borrar del frente de las pu- 
blicaciones oficiales, el lema Mueran los salvajes unitarios, y 
expidió un considerando sobre la permanencia del General Ro- 
sas al frente de los destinos de la Confederación, desconociendo 
su autoridad, y retirando su obediencia. 



DI LAS BEPDBUCÁS DXL PLATA 359 

I VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA 1 
I MUERAN LOS ENEMIGOS DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL I 

Cuartel General en San José, Mayo 1* de 1851 — 
Año 42 de la. Libertad, 37 de la Federacioa 
Eotre-Riana, 36 de la Independencia, y 23 de 
la Confederación Argentina. 

El Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre-Rios. 
Considerando — 
Primero — Que la actual situación fisica en que se halla el 
Exmo. señor Gobernador y Capitán General de Buenos Aires, 
Brigadier D. Juan Manuel de Rosas, no le permite por mas 
tiempo continuar al frente de los negocios públicos, dirigiendo 
las Relaciones Exteriores, y los asuntos generales de paz y 
guerra de la Confederación Argentina- 
Segundo — Que con repetidas instancias ha pedido á la Ho- 
norable Legislatura de aquella Provincia, se le exonere del 
mando supremo de ella, comunicando á los Gobiernos Confe- 
derados su invariable resolución de llevar á cabo la formal re* 
nuncia de los altos poderes delegados en su persona por todas 
y cada una de las Provincias que integran la República- 
Tercero — Que reiterar al General Rosas las anteriores insi- 
nuaciones, para que permanezca en el lugar que ocupa, es fal- 
tar ala consideración debida á su salud, y cooperar también á 
la ruina total de los intereses nacionales, que él mismo confiesa 
no poder atender con la actividad que ellos demandan — 

Cuarto — Que es tener una triste idea de la ilustrada, heroica 
y célebre Confederación Argentina, el suponerla incapaz, sin el 
General Rosas á su cabeza, de sostener sus principios orgáni- 
cos, crear y fomentar instituciones tutelares, mejorando su ac- 
tualidad, y aproximando el porvenir glorioso reservado en pre- 
mio á las acreditadas virtudes de sus hijos — 
En vista de estas, y otras no menos graves consideraciones, y 



362 RlSTOHIi POLlTlU T HIUTAI 

Corrientes, Enlre-Rios y Montetideo, garantiéndose en este tra- 
tado, ademas de los fines políticos en vista, la libre navegación 
délos ríos, pactándola entre la comunidad de los interesados, 
del modo mas ventajoso. £1 General Garzón, á la cabeza de los 
orientales que existían en Entre-Rios pasarla al Estado Orieatal, 
poniéndose en contacto con el Gobierno de Montevideo, quien 
nombraría ú Garzón, General en Jefe del ejército en campaña. 

rales de la República y declarado solomncmonto asi, osla ya decidMa y 
ganada la gran cuestión Ai^ntina. Porquo el ejército do la Provincia 
¡le Entre-Rios no se hará esperar, siempre que el general Rosas insista 
en sus absurda» tiránicas preteasionos y no ceda ante el poder omnipo- 
tente de la opinión nacional que lo recliaza y que será sostenida por las 
lanzas v bayonetas vencedoras en la parte oriental y occidental del 
Plata. 

El acrisolado patriolismo de V. E. y los importantes servicios que ha 
prestado á la Confederación Argentina, justifican la esperanza que abri- 
ga el infrascriplo de oljtcner su cooperación para llevar á cabo el noble . 
y generoso pcnsamimto de salvar á las Rupúlilicas dul Plata del abisma 
profundo á curas simas las conduce aceleradamente el ^ónio matufien 1 
<juc preside i-n los consejos del gobernador do Buenos Aircs. ' 

Dios guarde á V. K. muchos anos. 

Firmado : JUSTO JOSÉ DK URQÜIZA. 

El 25 de Mayo lanzó esla proclama á la Confederación Argentina:— 
Pueblo» de la Repúblicaí—Vainltí añoshacequc, despuc^dcunaluchit 
sangrienta alimenlada con los errores de la anarcgulii, brotó en lasmír-í 
genes del Bin Paraná, la csiicranzaconsoladoradel ónleny lic la orga-í 
nizacion nacional. Un hombro se presentó en la esci'ua polftica, j si- 
mulando ideas cotistilucionales, y amor á la confraturnidad da la Pro- 
vincias Argenlirins, fué saludado por los pueblos, y ilístingiiido con sj 
ilimitada con(iaaza.EHe hombre abngalia sin embafííoeu su i^nrazon io- 
tenciones sinieslras, y no dominaba orí su cabeza otro pensamiento, qu 
el de elevarse sobre las ruinas de la dignid id nacioii.il, liacicnilo pedas 
colas aras de su ambición las riixis anales de valor y Klorin, iju» d 
habiao legado nuestros padres. Desdu enlonL'cs han corrido vein 
años,ycl nuevo Croinwellna desarrollado su liúrliaro programa nu to 
la extensión dü la R<!públiüa, grabando en la frente de un millón 

Argentinos el sello de la mas de;;radante dicladura. Ronag ' 

ahlun nombre, que nunca sonó en el teatro de los peligros de la Pat 
pero que fué siempre asonado como cau.-wá los infortunios di' la iiac 

Boiaa Ved alil un hombre, que ha hollado con su pió las vi 

nales sienes de una joven, desgraciada República. Rosas 

ahf al déspota, que no contento con verter á torn-ntes la sangro d( 
hermanos, ha querido también exterminarla inteligencia, y ha' 
hasta olvidar que sois hijos y herederos iegilimosde un pasado tlf 
heroísmo -■ -■■• embriagadores recuerdos. ¿Ouú ha quedado á la F 
blica> ispues do haber lidiado veinte años pura alcanza 



DI LAS BEPDBUaS DXL PLATA 359 

I VITA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA 1 
I MUERAN LOS ENEMIGOS DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL I 

Cuartel General en San José, Mayo 1* de 1851 — 
Año 42 de la. Libertad, 37 de la Federacioa 
Eotre-Riana, 36 de la Independencia, y 23 de 
la Confederación Argentina. 

El Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre-Rios. 
Considerando — 
Primero — Que la actual situación fisica en que se halla el 
Exmo. señor Gobernador y Capitán General de Buenos Aires, 
Brigadier D. Juan Manuel de Rosas, no le permite por mas 
tiempo continuar al frente de los negocios públicos, dirigiendo 
las Relaciones Exteriores, y los asuntos generales de paz y 
guerra de la Confederación Argentina- 
Segundo — Que con repetidas instancias ha pedido ala Ho- 
norable Legislatura de aquella Provincia, se le exonere del 
mando supremo de ella, comunicando á los Gobiernos Confe- 
derados su invariable resolución de llevar á cabo la formal re- 
nuncia de los altos poderes delegados en su persona por todas 
y cada una de las Provincias que integran la República- 
Tercero — Que reiterar al General Rosas las anteriores insi- 
nuaciones, para que permanezca en el lugar que ocupa, es fal- 
tar ala consideración debida á su salud, y cooperar también á 
la ruina total de los intereses nacionales, que él mismo confiesa 
no poder atender con la actividad que ellos demandan — 

Cuarto — Que es tener una triste idea de la ilustrada, heroica 
y célebre Confederación Argentina, el suponerla incapaz, sin el 
General Rosas á su cabeza, de sostener sus principios orgáni- 
cos, crear y fomentar instituciones tutelares, mejorando su ac- 
tualidad, y aproximando el porvenir glorioso reservado en pre- 
mio á las acreditadas virtudes de sus hijos — 
En vista de estas, y otras no menos graves consideraciones, y 




Corrieotes, Enlre-Rios y Montevideo, garantiéodose en este tra- 
tado, ademas de los fines políticos ea vista, la libre navegación 
délos ríos, pactándola entre la comunidad de los interesados, 
del modo mas ventajoso. El General Garzón, á la cabeza de los 
orienlales que exislian en Entre-Rios pasaría al Estado Oriental, 
poniéndose en contacto con el Gobierno de Montevideo, quien 
nombraría á Garzón, General en Jefe del ejército en campaña. 

rales de la República y declarado sol emn emente asi, está ya decidida 3 

Sanada la gran cuestión Argeatina. Porque el ejército de la Frovinuia 
e Enlre-Bios no se liará esperar, síempra que el general Rosas insista 
«o sus absurdas tiránicas pretensiones y no ceda ante el poder omnipo- 
tente de la opinión nacional que lo recnaza y que será sostenida por las 
lanzas v bayonetas vencedoras en la parle* oriental y orcideiital del 
Plata. 

El acrisolado patriotismo de V, E. y los imporlanles servicios que ha 
prestado & la Conrederacion .argentina, justilican la esperanza que abri- 
ga el infrascripto de obtener su cooperación para llevar á cabo el noble 
y generoso pensamiento de salvar á las Repúblicas del Plata del abismo 
profundo á cuyas simas las conduce aceleradamente el gi'mio maléOcn 
que preside en los consejos del ^bernador de Buenos Aires. 
Dios guarde á V. E. muchas anos. 

Firmado : JUSTO JOSÉ DE URQUIZA. 

El 25 do Mayo lanzó esta proclama á la Confederación Argentina:— 
Puebloi de la República!— y oinlfí años hace que, daspuei de una lucha 
sangrienta alimentada con los errores de la anarquía, brotó en las már- 
genes del Rio Paraná, la esperanza consoladora del orden y do la orga- 
nización nacional. Un hombre se presentó en la escena oolitica, y si- 
mulando ideas constitucionales, y amor á la confraternidaa de la Pro- 
vincias Argentinas, fuá saludado por los pueblos, y distinguido con su 
ilimitada con lianza. Ese hombre abrigaba sin embargo en su corazón in- 
tenciones siniestras, y no dominaba en su cabeza otro pensamiento, que 
el de elevarse sobre las minas de la di^id nd nacional, haciendo pedazos 
en las aras de su ambición los ricos anales de valor y gloria, que nos 
hablan legado nuestros padres. Desde entonces han corrido veinte 
años,; el nuevo Cromwell na desarrollado su bárbaro programa en loila 
la extensión de la República, grabando en la frente de un millón ile 

Argentinos el sello de la mas degradante diclndura. Romu Ved 

ahí un nombro, que nunca sonó en el teatro de los peligros de la Patria, 
pero que fué siempre asociado como causa á los infortunios de la nación. 

Rotas Ved ah( un hombre, que ha hollado con su pié las virgi- 

naJes sienes de una joven, desgraciada Rcpiiblíca. Rosa» Ved 

ah! al déspota, que no contento con verter A torrentes la sangre de suí 
hermanos, ha querido también exterminarla inteligencia, y haceros 
hasta olvidar que sois hijos y herederos legítimos de un pasado lleno de 
heroisn^^^e embriagadores recuerdos. ¿Quó ha quedado á la Bepli- 
■■""" "^^^^ despncs de haber lidiado veinte años para alcansar una 



DI LAS BEPDBLICÁS DXL PLATA 359 

I TIYA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA 1 
I MUERAN LOS ENEMIGOS DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL I 

Cuartel General en San José, Mayo 1* de 1851 — 
Año 42 de la Libertad, 37 de la Federacioa 
Entre-Riana, 36 de la Independencia» y 23 de 
la Confederación Argentina. 

El Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre-Rios. 
Considerando — 
Primero — Que la actual situación fisica en que se halla el 
Exmo. señor Gobernador y Capitán General de Buenos Aires, 
Brigadier D. Juan Manuel de Rosas, no le permite por mas 
tiempo continuar al frente de los negocios públicos, dirigiendo 
las Relaciones Exteriores, y los asuntos generales de paz y 
guerra de la Confederación Argentina- 
Segundo — Que con repetidas instancias ha pedido á la Ho- 
norable Legislatura de aquella Provincia, se le exonere del 
mando supremo de ella, comunicando á los Gobiernos Confe- 
derados su invariable resolución de llevar á cabo la formal re* 
nuncia de los altos poderes delegados en su persona por todas 
y cada una de las Provincias que integran la República- 
Tercero — Que reiterar al General Rosas las anteriores insi- 
nuaciones, para que permanezca en el lugar que ocupa, es fal- 
tar ala consideración debida á su salud, y cooperar también á 
la ruina total de los intereses nacionales, que él mismo confiesa 
no poder atender con la actividad que ellos demandan — 

Cuarto — Que es tener una triste idea de la ilustrada, heroica 
y célebre Confederación Argentina, el suponerla incapaz, sin el 
General Rosas á su cabeza, de sostener sus principios orgáni- 
cos, crear y fomentar instituciones tutelares, mejorando su ac- 
tualidad, y aproximando el porvenir glorioso reservado en pre- 
mio á las acreditadas virtudes de sus hijos — 
En vista de estas, y otras no menos graves consideraciones, y 




Corrientes, Entre-Ríos y Montevideo, garantiéndose en este tra- 
tado, ademas de los Qncs políticos en vista, la libre navegación 
de tos rios, pactándola entre la comunidad de los interesados, 
del modo mas ventajoso. El General Garzón, á la cabeza de los 
orientales que existian en Entre-Rios pasaría al Estado Oriental, 
poniéndose en contacto con el Gobierno de Montevideo, quien 
nombraría á Garzón, General en Jefe del ejército en campaña. 

rales de la República y declarado solemne me oto así, está ya decidida y 

Sanada la gran cueslfon Argentina. Porque el ejército de la Provincia 
e Kntrc-Rios no se haré esperar, siempre que el general Rosas insista 
en sus absunlas liránicas preten.siones y no ceda anle el poder omuipo- 
lente de la opinión nacional que lo recñaza y que será sostenida por las 
lanzas y bavonotas vencedoras en la parle oriental y omdenlal del 
Plata. 

El acrisolado patriotismo de V. E. y los importantes servicios que ha 
prestado á la Confederación Argentina, jusülican la esperanza que abri- 
ga el infrascripto de obtener su cooperación para llevar á cabo el noble 
y generoso pensamiento de salvar a las Repúolicas del Plata del abismo 
profundo á cuyas simas las conduce aceleradamente el ^¿nio maléfico 
que preside «ñ los consejos del gobernador de Buenos Aires. 
Dios guarde é V. E. muchos años. 

Firmado : JUSTO JOSÉ DE DHQUKA. 

El 25 de Mayo lanzó esta proclama á la Confederación Argentina:— 
Ptifblos de la nníiiftíimf— Veinte años hace que. después do una ludia 
sangrienta alimentada con los errores de la anarquía, brotó en las már- 
genes del Río Paraná, la esperan/a consoladora del órJony de la orga- 
nización nacional, lln hombre se presentó en la eseona política, y si- 
mulando ideas constitucionales, y amor á la confralernidad de la Pro- 
vincias Argentinas, fué saludado por los pueblos, y distinguido con su 
ilimitada conlianja. Ese hombre abrigaba sin embargo eu su corazón in- 
IcncíOLias siniestras, y no dominaba en su cabeza otro pensamiento, qus 
el ríe elevarse sobre las ruinas de ladiitnid.id nacional, haciendo pedazos 
unías aras de su ambición los ricos anales de valor y gloria, que nos 
liahtan legado nuestros padres. Desde entonces han corrido veinte 
años.y el nuevo Cromweil ha desarrollado su bártaro programa en toda 
la extensión de la República, grabando en la frente do un millón de 

Argentinos el sello de la mas degradante dictadura, fíosfu Ved 

ahí un nombre, que nuuca sonó en el teatro de los peligros de la Patria, 
pero que fuii siontpre asociado come causa á los infortunios do la nación. 
Rosas Ved ahí un hombre, que ha hollado con su pié las virgi- 
nales sienes de una Jóveu, desgraciada República. Rasas Ved 

ahí al déspota, que no contento con verter á torrentes la sangro de sus 
liennanos, ha querido también exterminar la inteligencia, y haceros 
ha'íta olvidiir que sois hijos y herederos legítimos do un pasado lleno de 
beroisEU|^^ embriagadores recuerdos. ¿Qué ha quedado á la Repú- 
blica i^^^^^ después de haber lidiado veinte años para alcanzar uno 



DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 363 

■ 

Ed consecuencia se le incorporarían los emigrados en Río 
Grande — Urquiza debía ponerse en campaña el 25 de Mayo 
de iHoi. 

Al mismo tiempo que el General Urquiza se colocaba al fren- 
te de una revolución argentina contra el General Rosas, debía 
pues aparecer simultáneamente un movimiento contra el Gene- 
ral Oribe en el Estado Oriental colocándose á Garzón al frente 
de este. 

paz diffna de ella? Su denuedo, y nada mas que su denuedo. Porque 
Rosas ha tocado con su mano todas las fuentes de la prosperidad y de 
la riaueza, y secado como la plaga de los insectos venenosos, la savia 
queda vida*^á los pueblos regidos por instituciones salvadoras. Ha lle- 
gado ya el día de robustecer el sentimiento nacional, y de finalizar esa 
exhibición sangrienta, que los buenos Argentinos miran coií horror, ▼ 
á ios extraños sirve de titulo suficiente para acusarnos ante el respeta- 
ble tribunal do la opinión del mundo. Vuestro sufragio en favor de 
Rosas fué para que constituyera esa nación que es vuestra. Pero él solo 
quiere oprimiros, y el baldón entonces, si lo consigue, no será tanto 
para el tirano, como para los que dóciles se dobleguen á sus inmundas 
plantas. Habéis jiu'ado sostener la Convención Nacional por la que fuis- 
teis federalmcnte constituidos, /{osas ha convertido en cenizas esa Carta 
inmortal depositarla de nuestros derechos, y de vuestras preciosas li- 
bertades. En vuestra mano está dar vida con un soplo á esos polvos 
sagrados, que testifican la muerte de una nación; pero nación que resu- 
citará al primer grito de sus hijos, para revindicar su honor ultrajado. 
Pueblos Confederados! — La Provincia heroica que me ha honrado con 
la dirección de sus destinos, ha hecho resonar en todos sus ángulos el 
clamor uniforme de Libertad, Organización y guerra al despotismo^ 
Su ardoroso entusiasmo, su voluntad soberana que fué siempre la ley 
de todos mis procedimientos, me ponen en el grato deber de segundar- 
la, y al considerarme el órgano de sus creencias, y de sus sentimientos 
patrióticos, he jurado á la faz de la América y del Mundo, sostener su 

Í glorioso pronunciamiento á despecho de los íiranos. Nuestra hermana 
a ilustre Provincia de Corrientes ha respondido ya, y ligado su resolu- 
ción magnánima á la de Entre-Rios, y la grande alianza Argentino- 
Americana libertadora de las Repúblicas del Plata, tiene á su favor el 
poder de las armas, la elevada justicia de su causa, y las bendiciones 
de los buenos. 

¡Que la Providencia Divina derramando su luz en el espíritu, y el 
amor sublime de la Patria en el corazón de vuestros hijos, ligue su 
cooperación firme y unísona á la heroica empresa, que aunque iniciada 
por el Pueblo Entre-Riano, os dejará no obstante su triunfo una parte 
no pequeña de inmarcesible gloria!!! Tales son los ardientes deseos que 
abriga mi corazón, cuando me considero el mejor amigo de vuestra 
Libertad, y futuro engrandecimiento. 

JUSTO JOSÉ DE URQUIZA. 






362 HISTORIA POLÍTICA T MILITA! 

CorrieDtes, Entre-Rios y Montevideo, garantíéadose en este tra- 
tado, ademas de los Qnes politicos en vista, la libre navegación 
de los ríos, pactándola entre la comunidad de los interesados, 
del modo mas ventajoso. El General Garzón, á la cabeza de los 
orientales que existían en Entre-Rios pasaría al Estado Oriental, 
poniéndose en contacto con el Gobierno de Montevideo, quien 
nombraría á Garzón, General en Jefe del ejército en campaña. 

rales de la República y declarado solomncmonte así, está ya decidida y 
ganada la j?ran cuestión Argentina. Porque el ejército de la Provincia 
de Entro-Rios no s(; hará esperar, siempre que el general Rosas insista 
en sus absunlas tiránicas pretensiones y no ceda ante el poder omnipo- 
tente de la opinión nacional que lo recfiaza y que será sostenida por las 
lanzas v bayonetas vencedoras en la parte' oriental y occidental del 
Plata. " 

£1 acrisolado patriotismo de V. E. y los importantes servicios que ha 
prestado á la Conf(;deracion Argentina, justifícan la esperanza que abri- 
ga el infrascripto de obtener su cooperación para llevar á cabo el noble 
y generoso p(3nsami(>nto de salvar a las Repúblicas del Plata del abismo 
profundo á cuyas simas las conduce aceleradamente el (i^ónio maléflco 
que preside (»n los consejos dol gobernador do Buenos Aires. 

Dios flfuarde á V. E. muchos años. 

Firmado : JUSTO JOSÉ DE ÜRQüIZA. 

El 2ó de Mayo lanzó esta proclama á la Confederación Argentina:— 

Pueblos de la /ÍP/>M6ííca/— Veinte años hace que, después de unalncha 
sangrienta alimentada con los (errores do la ananjuía, brotó en las má^ 
goinisdel Rio Paraná, la esperanza consoladora del orden y de la orgi- 
nizacion nacional. \}n hombre so presentó en la escena apolítica, y si- 
mulando ideas ctonstítucionales, y amor á la confraternitlad de la Pio- 
yiniMas Argentinas, fue saludado [)nr los pueblos, y distinguido con si 
ilimitada coníianza.Ese hombre abrigaba sin embargo cu su corazón in- 
teniMom»»* siniestras, y no dominaba on su cabeza otro pensamiento, qw 
el do elevarso sóbrelas ruinas do la diínid id nacional, haciendo peito* 
en las aras do su ambición los ritmos anales de valor y gloria, que M 
habían Irgado nuestros padres. Desdi; entonces han corrido veinte 
años, y el nuevo Cromwell ha desarrollado su bárbaro programa cntodi 
la exlrrisiun de la República, grabando en la fronte de un millón,^ 

Ar^fiMitinos el sello do la mas degraiiante dictadura. Roscas .Vw 

ahí un nombre, que nunca sonó en oí teatro do los peligros de laPabiit 
poro t¡no fu«' siempre asociado como causa á los infortunios de la n a^ 

Ros(U Ved ahí un hombre, que ha hollado con su pió las virp- 

nales sieno^ido una joven, desgraciada República. Rosas V« 

ahí al <lé<poia, que no contento con verter á torrentes la sangredeflllahri; 
hermanos, ha querido también exterminar la inteligencia, y baoflr¡||íj|,^.j 
hasta olvidar que sois hijos y herederos legítimos de un pa.saao lleDoli| 
heroísmo, v d.> embriagadores recuenin«;. ¿Qué ha quedado á la BflFr 
blica Ai después de haber lidiado veinte años para alcanari^ 



:^^>::> 



'le 
Al 



~<^-fe 



*"c.. 



-i'S^C.-'- 






í« 







"te.- "^a 



''««(.>'«'» V/?»» to,???sn; !«»e,,? 









'ost 



De 






li^ 



363 



RlSTORIl POLITIU T HIUTAI 



Corrientes, Entre-Rios y Montevideo, garantiéndose en este tra- 
tado, ademas de los fines políticos en vista, la libre oavegacioa 
de los ríos, pactándola entre la comunidad de los interesados, 
del modo mas ventajoso. El General Garaon, á la cabeza de los 
orientales qne existían en Entre-Rios pasaría al Estado Oriental, 
poDíéadose en contacto con el Gobierno de Montevideo, qoien 
nombraría á Garzón, General en Jefe del ejército en campaña. 

rales de la Bnpública y doclarado .lolemncmonlo asi, está ya decidida y 

Sanada la tfran cuestión Argentina. Porque el ejército de la Provincia 
e Entre-Rios no se liará esperar, siein|ire que el general Rosas insista 
en sufl absurdas tiránicas pretensiones v no ceda ante el poder omnipo- 
tente de la opinión nacional que lo recñaza y que será sostenida por las 
lanzas v bavonctas vencedoras en la parte' oriental y occidental del 
Mata. ^ , 

El acrisolado patriotismo de V. E. y los importanles servicios que ha 
prestado á la Con rede ración Arfjentina, justilican la esperanza que abri- 
ga el iurrascripto de obtener su cooperación para llevar á cabo el nobJe 
y gennroBo ponsamionto de salvar a las Rupúblicas del Plata del abi^nw 
profundo áuiiyus simas las conduce aceleradamente c.^1 gúuio maléfico 
•lUe preside cii los con.sejos dol gobernador do Buenos Aires. 
Dios guardo á V. E. muchos años. 

Firmado : JUSTO JOSÉ DE URQUIZ.4. 

FJ 25 do Mayo lanz>'> esta proclama á la Confederación ,\rgontina:— 
Pu^lon de la /íepiífeítea/— Veinle añas liaue que, después do unalncfii 
sangríetita alimentada con los nrrores do la anarquía, brotó en las at- 
genes del RIoi'araná, la esperanza consoladoradel ónieny de la ' 
iiizauion nacional. Un hombro se presentó en la escfna politica, 
mulaudo ideas conslítuciouales, y amor á la confralerniílad de la _ 
viudas Argentinas, fué saludado por los pueblos, y distinguido con 
ilimitada conl1anza.Ese hombre abrigaba sin embargo en su corazón' 
tenciones siniestras, y no dominalia oii su cabeza otro poosamieolft > 
el de elitvarse sobre las minas ríe la dii;iiiil id nacional, tiaeicndopáli 
en las aras de su ambición los rii:o.s an.'iles de valor y íf loria, mt M Fin,, 
haliian legado niirstros padres. Desilit entonces lian corrido V^Baoh 
año3,y ul nuevo Cromwell na desarrull,-ido su túrbaro programa alflfjocj. 
la eüteitsiun déla República, grabando en la frente de un —"»-'■' ■ 
Arpnlinris el sello de la mas oegra'lante dictadura. Roxa». . - . 
ahí un nombre, ijue nunca sonó en el teatro de los peligros de lal 
jwmque fuií siempre asociado comn causa á losinfortuninsdelaf 
Roiax. . . . Ved ahí un hombre, que lia hollado con súplelas 
nales sienes de una joven, desgraciada República. Rosas. . . . 
ahi al ddspota, que no contento con verter á torrentes la sangra del 
hermanos, lia querido también exterminar la inteligencia, t f^ 
hasta olvidar que sois hyos t here<lero5 legítimos de un paáanoL 
heroísmo, v de embriagadores recuerdos. ¿Qué ha quedado á U! 
blica Argí '«npocs de habcrlidiado veinte años para ' "" 



«'aol'*'"*"! 



!>t 



•«■Cí, 






/""Ira 



»fc 












i 



362 



HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 






CorrieDtes, Entre-Rios y Montevideo, garantiéndose en este tra- 
tado, ademas de los Qnes políticos en vista, la libre navegación 
de los ríos, pactándola entre la comanidad de los interesados, 
del modo mas ventajoso. El General Garzón, á la cabeza de los 
orientales que existían en Entre-Rios pasaría al Estado Oriental, 
poniéndose en contacto con el Gobierno de Montevideo, qoien 
nombraría á Garzón, General en Jefe del ejército en campaña. 

rales de la República y declarado solemnemente así, está ya decidida y 

fañada la gran cuestión Argentina. Porque el ejército de la Provincia 
e Entre-Rios no se hará esperar, siempre que el general Rosas insista 
en sus absurdas tiránicas pretensiones y no ceda ante el poder omnipo- 
tente de la opinión nacional que lo recñaza y que será sostenida por las 
lanzas v bayonetas vencedoras en la parte' oriental y occidental del 
Plata. 

El acrisolado patriotismo de V. E. y los importantes servicios que ha 
prestado á la Confederación Argentina Justifican la esperanza que abri- 
ga el infrascripto de obtener su cooperación para llevar á cabo el noble 
y generoso pensamiento de salvar a las Repúblicas del Plata del abismo 
profundo á cuyas simas las conduce aceleradamente el ^énio maléfico 
que preside oh los consejos del gobernador de Buenos Aires. 
Dios guarde á V. E. muchos anos. 

Firmado : JUSTO JOSÉ DE URQUIZA. 

El 25 de Mayo lanzó esta proclama á la Confederación Argentina: — 

Pueblos de la República¡^\ qáwíq años hace que, despuo*? do una lucha 
sangrienta alimentada con los errores de la anarquía, brotó en las mar- 
genes del Rio Paraná, la esperanza consoladora del orden y de la orga- 
nización nacional. Un hombre se presentó en la escona política, y si- 
n^ulando ideas constitucionales, y amor á la confraternidaa de la Pro- 
vincias Argentinas, fué saludado por los pueblos, y distinguido con su 
ilimitada confia nza. Ese hombre abrí<j:aha sin embargo en su corazón in- 
tenciones siniestras, y no dominaba en su cabeza otro pensamiento, que 
el de elevarse sóbrelas ruinas de la diprnitl-td nacional, haciendo pedazos 
en las aras de su ambición los ricos anales de valor y gloria, que nos 
hablan legado nuestros padres. Desde entonces han corrido veinte 
años,y el nuevo Cromwell na desarrollado su bártmro programa en U)da 
la extensión de la República, ¿o'abaiido en la fronte de un millón de 

Argentinos el sello de la mas (íeííradante dictadura. Rnaan Ved 

ahí un nombre, que nunca sonó en el teatro do los peligros do la Patria, 
pero que fué siempre asociado como causa á los infortunios de la nación. 
Rosas Ved ahí un hombre, que ha hollado con su pié las virgi- 
nales sienes de una joven, desgraciada República. Rosas Ved 

ahí al déspota, que no contento con verter á tornuites la sanare de sm 
hermanos, ha querido también exterminar la inteligencia, v haceros 
hasta olvidar que sois hgos y herederos legítimos de un pasado lleno de 
heroísmo, v d« embriagadores recuenlos. ¿Qué ha quedado á la Repú- 
blica An' después de haber lidiado veinte años para alcanzar udü 



DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 363 

Ed coDsecuencia se le incorporaríaD los emigrados en Rio 
Grande — Urquíza debia ponerse en campaña el 25 de Mayo 
de i8oi. 

Al mismo tiempo que el General Urquiza se colocaba al fren- 
te de una revolución argentina contra el General Rosas, debia 
pues aparecer simulláneamenteun movimiento contra el Gene- 
ral Oribe en el Estado Oriental colocándose á Garzón al frente 
de este. 

paz digna de ella? Su denuedo, y nada mas que su denuedo. Porque 
Rosas ha tocado con su mano todas las fuentes de la prosperidad y de 
la riaueza, y secado como la plaga de los insectos venenosos, la savia 
que dá vida* á los pueblos regidos por instituciones salvadoras. Ha lle- 
gado ya el dia de robustecer el sentimiento nacional, y de fínalizar esa 
exhibición sangrienta, que los buenos Argentinos miran coií horror, ▼ 
á los extraños sirve de titulo suficiente para acusarnos ante el respeta- 
ble tribunal de la opinión del mundo. Vuestro sufragio en favor de 
Rosas fué para que constituyera esa nación que es vuestra. Pero él solo 
quiere oprimiros, y el baldón entonces, si lo consigue, no será tanto 
para el tirano, como para los que dóciles so dobleguen á sus inmundas 
plantas. Habéis jurado sostenerla Convención Nacional por la que fuis- 
teis federal mente constituidos. Rosas hei convertido en cenizas esa Carta 
inmortal depositaría de nuestros derechos, y de vuestras preciosas li- 
bertades. En vuestra mano está dar vida con un soplo á esos polvos 
sagrados, que testifican la muerte de una nación; pero nación que resu- 
citará al pnmer grito de sus hijos, para revindicar su honor ultrajado. 

Pueblos Confederadml—hdi Provincia heroica que me ha honrado con 
la dirección de sus destinos, ha hecho resonaren todos sus ángulos el 
clamor uniforme de Libertad, Organización y guerra al despolisma. 
Su ardoroso entusiasmo, su voluntad soberana que fué siempre la ley 
de todos mis procedimientos, me ponen en el grato deber de segundar- 
ia, y al considerarme el órgano de sus creencias, y de sus sentimientos 
patrióticos, he jurado á la laz de la América y del Mundo, sostener su 
glorioso pronunciamiento á despecho de los tiranos. Nuestra hermana 
la ilustre Provincia de Corrientes ha respondido ya, y ligado su resolu- 
ción magnánima á la de Entre-Rios, y la grande alianza Argentino- 
Americana libertadora de las Repúblicas del Plata, tiene á su favor el 
poder de las armas, la elevada justicia de su causa, y las bendiciones 
de los buenos. 

¡Que la Providencia Divina derramando su luz en el espíritu, y el 
amor sublime de la Patria en el corazón de vuestros hijos, ligue su 
cooperación firme y unísona á la heroica empresa, que aunque iniciada 
por el Pueblo Entre-Riano, os dejará no obstante su triunfo una parte 
no pequeña de inmarcesible gloria!!! Tales son los ardientes deseos que 
abriga mi corazón, cuando me considero el mejor amigo de vuestra 
Libertad, y futuro engrandecimiento. 

JUSTO JOSÉ DE ÜRQUKA. 



360 HISTOMA FOLITICA T XttlTAR 

en uso de las facultades ordinarias y extraordinarias con que ka 
sido investido por la Honorable Sala de Representantes.de la 
Provincia, declara solemnemente á la faz de la Repúblfca, de la 
América y del mundo — 

<•. Que es la vokntad del pueblo Entre-Riano reasumir el 
ejercicio de las facultades inherentes á su territorial soberanía, 
delegadas en la persona del Exmo. Sr. Gobernador y Capitán 
General de Buenos Aires, para el cultivo de las Relaciones Exte- 
riores, y dirección de los negocios generales de paz y guerra y de 
la Confederación Argentina, en virtud del tratado cuadrilátero 
de las Provincias litorales, fecha 4 de Enero de i 83i . 

2**. Que una vez manifestada así la libre voluntad de la Pro- 
Tíncia de Entre-Rios, queda esta en aptitud de entenderse di- 
rectamente con los demás gobiernos del mundo, hasta tanto 
que congregada la Asamblea Nacional de las demás Provincias 
hermanas, sea definitivamente constituida la República. 

Comuniqúese á quienjes corresponde, publíquese en todos los 
periódicos de la Provincia, é insértese en el Registro Oficial. 

JUSTO J. DE ÜRQÜIZA. 

Juan F. Seguí, secretario. 

El General ürquíza escribió al doctor Herrera y Obes y á los 
principales personajes de la defensa de Montevideo, una carta 
datada en 3 de Abril, incluyéndoles la circular pasada á los Go- 
bernadores de las Provincias Argentinas, (1 ) en la cual les in- 
vitaba al movimiento. 



(1) COPU DE LA CIRCDLAB 

Viva la Confederación Argentina ! 

El Gobernador y Capitán General de Ui Provincia de Entre-Rtos—Ál 
Exmo. Sr, Gobernador y Capitán General de la Provincia de. . . . 

Cuartel General en San Josj, Abril 3 de 1851 —Año i2, de la Li- 
bertad, 37 de la Federación Entreriana, 36 de la Independencia 
y 22 de la Confederación Argentina, 
Ha llegado el momento de poner coto á las temerarias aspiraciones 



f 



DE LAS BEPUBUaS i)EL ZLÁXk 3SJ 

Agrejgaba el Ganaral Urquiza^ que costaba «on la mayaría üb 
los Gobernadores de Pxo\ÍDCÍa« asiicomo syon la de Jeíes. orien- 
tales y arj^entiuos al servicio de los señares Rosas y Oribe^ coa 
lo cual contaba cambiar el orden de ias cosas sin efo&ion de 
s^Higre. 

El doctor Molina habia sido enviado ai Paraguay con el fin de 
formar una alianza ofensiva y defensiva entre los Gobiernos de: 

del Goiúerno de Buenos Aires^ quien no satisfecho con las inmensas 
dificultades que lia creado á la República por su caprichosa política» 
fjretoTide ahora prolonj^ar indáSnidamento su dictadura odiosa repro- 
duciendo las farsaicas renuncias, á fin de que los gobiernos confedera- 
dos por tcjnoT ó interés mal outondido encabecen el suspirado pronun- 
ciamiento que lo coloque do hedió y sm responsabilidad alguna en la 
silla do la Prcsiilencin Arprcnitina. 

La provincia de Etilre-Rios que ha trabajado tanto á la par de sus her- 
manas las del interior V litorales por el restablecimiento de la paz en la 
diílce esperanza de ver en eíía constituida la República, se ha desenga- 
ñado al nn y convencido plenamente de que lejos de ser necesaria la 
persona de I). Juan Manuel Rosas á la Confederación Argentina, es ella 
por el contrario el único obstáculo á su tranquilidad, orden y futuro en- 
grandecimiento. 

Colocado el infrascripto al frente de los destinos de un puel)lo gene- 
roso y valiente, ha suírido impasililo la^ccion funesta del poder despó- 
tico con que el ICncarí^ado do las Relaciones Exteriores ha querido 
perpetuar su dominación en todo ol territorio Argentino; y cansado ya 
de esperar un cambio, una modificación racional en la poh'tica del Ge- 
neral Rosas, ha resuelto al fin ponerse á la calKiza del ^an movimiento 
de libertad con que las provincias del Plata deben sostener sus creen- 
cias, sus principios políticos, sus pactos federativos: no tolerando por 
mas tiempo el criminal abuso que el ^bernador de Buenos Aires ha 
hecho de los altos, imprescriptibles derechos con que cada sección de 
la República contri buyo por desgracia, á formar esenúcUío <lc faculta- 
des que el general Rosas ha (?stendido al infinito, desarrollándolo en 
su provecho v en ruina de los intereses y prero^tivas nacionales. 

En virtud ae eslas serias consideraciones, el infrascripto esfera que 
V. K. como representante do la soberanía territorial do esa heroica Pro- 
vincia Argentina, no so plegará á las insidiosas sujestioues del Gober- 
nador de Buenos Aires, ni continuará prestando su a(]uies(cncia á las 
deliberaciones oficialrs del General Rosas, cuya caida es un resultado 
necesario del ¡)oder de las cosas y el triunfo de la justicia pública, que 
tarde ó temprano es c/mdignamente satisfeclia. V. E. no na menester 
Hogar á las armas para sostener una declaración semejante. Las lanzas 
del í^ércilo Entre-Riano bastan, por sí solas, para derril)ar eso poder 
ficticio del Gobernador do But'.nos Aires apoyado únicamente on el ter- 
ror y en la desmoralización que ha tenido la execrable habilidad de 
difundir en todo el territorio do su mando. 

•Persuadido y. E. de la necesidad de retirar las facultades delegadas 
en la persona del General Rosas para la xUreccion de los asuntos gene- 



362 HISTORIA POLÍTICA T HIUTil 

Corrientes, Entre-Rios y Montevideo» garantiéndose en este tra- 
tado, ademas de los fines políticos en vista, la libre navegación 
de los ríos, pactándola entre la comunidad de los interesados, 
del modo mas ventajoso. El General Garzón, á la cabeza* de los 
orientales que existían en Entre-Rios pasaria al Estado Oriental^ 
poniéndose en contacto con el Gobierno de Montevideo, quien 
nombraría á Garzón, General en Jefe del ejército en campaña. 

rales de la República y declarado solemnemente asi, está ya decidida y 

fañada la gran cuestión Argentina. Porque el ejército de la Provincia 
e Entre-Rios no se hará esperar, siempre que el general Rosas insista 
en sus absurdas tiránicas pretensiones y no ceda ante el poder omnipo- 
tente de la opinión nacional que lo rechaza y que será sostenida por las 
lanzas y bayonetas vencedoras en la parte oriental y occidental del 
Plata. 

El acrisolado patriotismo de Y. E. y los importantes servicios que ha 
prestado á la Confederación Argentina Justiflcan la esperanza que abri- 
ga el infrascripto de obtener su cooperación para llevar á cabo el noble 
y generoso pensamiento de salvar a las Repúblicas del Plata del abismo 
profundo á cuyas simas las conduce aceleradamente el ^ónio maléfico 
que preside en los consejos del ^bernador de Buenos Aires. 
Dios guarde á V. E. muchos anos. 

Firmado : JUSTO JOSÉ DE ÜRQUIZA. 

El 25 de Mayo lanzó esta proclama á la Confederación Argentina:— 

Pueblos de la Repúblical^Y emie años hace que, después de una lucha 
sangrienta alimentada con los errores de la anarquía, brotó en las már- 
genes del Rio Paraná, la esperanza consoladora del orden y de la orga- 
nización nacional. Un hombre se presentó en la escena política, y si- 
mulando ideas constitucionales, y amor á La confraternidad de la Pro- 
vincias Argentinas, fué saludado por los pueblos, y distinguido con su 
ilimitada confianza. Ese hombre abrigaba sin embargo en su corazón in- 
tenciones siniestras, y no dominaba en su cabeza otro pensamiento, que 
el de elevarse sóbrelas ruinas de la di^^nid.id nacional, haciendo pedazos 
en las aras de su ambición los ricos anales de valor y gloria, que nos 
habian legado nuestros padres. Desde entonces han corrido veinte 
años,y el nuevo CromweII na desarrollado su bárbaro programa en toda 
ia extensión de la República, grabando en la frente de un millón de 

Argentinos el sello déla mas degradante dictadura. Rosas Ved 

ahí un nombre, que nunca sonó en el teatro de los peligros de la Patria, 
pero que fué siempre asociado como causa á los infortunios de la nación. 
Rosas Ved ahí un hombre, que ha hollado con su pió las virgi- 
nales sienes de una joven, desgraciada República. Rosas Ved 

ahí al déspota, que no contento con verter á torrentes la sangre de su.% 
hermanos, ha querido también exterminar la inteligencia, v haceros 
hasta olvidar que sois hyos y herederos legítimos de un pasado lleno de 
heroísmo, y de embriagadores recuerdos. ¿Qué ha quedado á la Repú- 
blica Argentina, después de haber lidiado veinte años para alcanzar una 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 363 

Eq consecuencia se le itacorporarían los emigrados en Rio 
Grande — Urquíza debia ponerse en campaña el 25 de Mayo 
de 1851. 

AI mismo tiempo que el General Urquiza se colocaba al fren- 
te de una revolución argentina contra el General Rosas, debia 
pues aparecer simultáneamente un movimiento contra el Gene- 
ral Oribe en el Estado Oriental colocándose á Garzón al frente 
de este. 

paz digna de ella? Su denuedo, y nada mas que su denuedo. Porque 
Rosas na tocado con su mano todas las fuentes de la prosperidad y de 
la riqueza, y socado como la plaga de los insectos venenosos, la savia 
queaá vida*^á los pueblos regidos por instituciones salvadoras. Ha lle- 
gado ya el dia de robustecer el sentimiento nacional, y de finalizar esa 
exhibición sangrienta, que los buenos Argentinos miran coií horror, y 
á los extraños sirve de titulo suílciente para acusamos ante el respeta- 
ble tribunal de la opinión del mundo. Vuestro sufragio en favor de 
Rosas fué para que constituyera esa nación que es vuestra. Pero él solo 
quiere oprimiros, y el baldón entonces, si lo consigue, no será tanto 
para el tirano, como para los que dóciles so dobleguen á sus inmundas 
plantas. Habéis jurado sostenerla Convención Nacional por la que fuis- 
teis federalmenlc constituidos. Rosasha. convertido en cenizas esa Carta 
inmortal depositarla de nuestros derechos, y de vuestras preciosas li- 
bertades. En vuestra mano está dar vida con un soplo á esos polvos 
sagrados, que testifican la muerte de una nación; pero nación que resu- 
citará al primer grito de sus hijos, para revindicar su honor ultrajado. 
Pueblos Confederados! — La Provincia heroica que me ha honrado coa 
la dirección de sus destinos, ha hecho resonar en todos sus ángulos el 
clamor uniforme de Libertad, Organización y guerra al despolisma^ 
Su ardoroso entusiasmo, su voluntad soberana que fué siempre la ley 
de todos mis procedimientos, me ponen en el grato deber de segundar- 
la, y al considerarme el órgano de sus creencias, y de sus sentimientos 
patrióticos, he jurado á la faz de la América y del Mundo, sostener su 

Í glorioso pronunciamiento á despecho de los tiranos. Nuestra hermana 
a ilustre Provincia de Corrientes ha respondido ya, y ligado su resolu- 
ción magnánima á la de Entre-Rios, y la grande alianza Argentino- 
Americana libertadora de las Repúblicas del Plata, tiene á su favor el 
poder de las armas, la elevada justicia de su causa, y las bendiciones 
de los buenos. 

¡Que la Providencia Divina derramando su luz en el espíritu, y el 
amor sublime de la Patria en el corazón de vuestros hijos, ligue su 
cooperación firme y unísona á la heroica empresa, que aunque iniciada 
por el Pueblo Cntre-Riano, os dejará no obstante su triunfo una parte 
no pequeña de inmarcesible gloria!!! Tales son los ardientes deseos que 
abriga mi corazón, cuando me considero el mejor amigo de vu&stra 
Libertad, y futuro engrandecimiento. 

JUSTO JOSÉ DE URQUIZA. 



an msTOBU MLfEKA T mJLnkm 



EnciiMto al^ Brasü, dabía oiovar su» féems áe mar j tierra, 
desde el momento en qae Ur(|«sa se proniinciase públicamente 
contra Rosas. 

Aceptado qne fué per Urquiza el tratado qoe celebró coi el 
Brasil el Gobierno de Montevideo, quedaba definitivamente se^ 
liada la aliansa. 

Hé aquí las bases de aquel tratado : 

Navegación libre de los ríos. 

Reglamentación de fronteras. 

Artículos sobre limites (con reserva). ( I ) 

Independencia def Estado Orientad. 

Elección libre, sin candidato impuesto. 

Amnistía completa. 

Devolución de los bienes confiscados, con garantías para lo 
eucesivo. 

Apoyo á los Gobiernos, para que cumplan su período. 

Hé aquí la comonicacion oficial del Gobierno dlel Brasil cor 
municando la realización del tratado. 

Ilimo e Exmo Sur. ~ Satisfazondo os desejos de V. E. nea- 
huma duvida tenho em declarar-lhe aquí, para que conste ao 
sea Governo, de urna maneira mxiis formal, o que ja por vezes, 
em conferencias, tenho dito a V. E. : — Que nao tendo podido 
o Governo Imperial, nae obstante os seus esforcos, obter do 
general Oribe que atienda as reelamacoes feitas contra os ve.xar 
mes e violencias practicadas no territorio Oriental por elle ocu- 
pado^ contra subditos e propriedades Brazileiras, está firme- 
mente deliberado a procurar huma solugao estavcl e satis&beto- 
ria aesse estado, de coasas, que nao pode continuar, solUifao 
que parece imposivel obter amigavelmenfee sendo ellaprlnci^ 

( I ] Este acuerdo en el míe se reservaron artícuros, produjo el (iune- 
so modificado que cerceno el territorio y despegó do los derechos á tos 
nos fronterizos al Estado Oriental, quedando estos bajo el absolul» do- 
minio brasilero. El padre de ese tratado, fué el Sr. D. Andrés Lamas — 
Mas adelante lo pabncaremos. 



DE LM& BEPOBLIGAíS BEL PLATA 365 

pálmente emb^m^fada pela ingerencia que indeyidameiite tem 
tomado nestes negocios o govemador 4e Buenos Aires. 

Que nao convindo por tanto ao GoTomo Imperial qne o general 
Oribe se fortále^ maís, e se apodere da praga de Montevideo, 
nao m por qae isso difficnitaria mais aquella soln^ao, commo 
por qiae no estada 6m qne as cousas t^Bi chegado, pona em pe- 
rigo a independencia da República Oriental, que o Brazil tem 
obrigacao de manter, está o mesmo Governo Imperial resolvido 
a coadjuvar a defesa d'aquella pra^a, e a embarazar a sua to- 
mada pelo general Oribe. 
. Tenbo a honra de ser de V. E., etc. 

Firmado : Paulino José Soares de Souza. 

Rio, 16 de mar^^ de 1851.. 

Por parte del Brasil habia marchado á ponerse en combi- 
nación con el General Urquiza y el Gobernador de Corrientes el 
teniente cortnel entonces, y hoy Mariscal Manuel Luis Osorio — 
Urquiza proclamó en Cala las divisiones de su ejército, y 61 to- 
mó el cargo con nombramiento de Comandante en Jefe de las 
operaciones de vanguardia. 

£1 General Rosas por su parte no habia descuidado sus me- 
dios de prevención y defensa ; hal)ia hecho pasar fuerzas en 
protección de la provincia de Santa Fé: su escuadrilla del Paraná 
al mando de€oe se h¿d»ia puesto en actividad, y finalmente remi- 
tió en 7 de Junk)«ndos buques, cantidad de municiones y ar- 
mamento al General D. Manuel Oribe, á fin quede este se apres- 
tase para la próxima campaña. 

El movimiento del General Urquiza levantó sobre su cabeza 
tremendas acusaciones referentes á su vida pública. 

Aparecieron varías publicaciones mas ó menosí fundadas ó 
voridicas y entre estas una pequeña memoria, escrita por una 
persona, que le habia servido en dase<le secretario, y estaba al 
corriente de to(k)s sus actos tanto públicos como privados-— 



366 HISTORIA POLÍTICi T MILITAR 

Esta memoria llevaba ei título de Álgun tiempo cerca de Urqui- 
za en la campaña Oriental. El escrito no es exagerado y puede 
decirse uno de los mas esactos — Su narración es sencilla, y se 
nota en ella la trasparencia simple délos hechos. 

El General Rosas, como era consiguiente, se indignó con mo- 
tivo de la nota del General Urquiza, en la que negaba que él hu- 
biese insistido en la permanencia de Rosas en el mando, cuando 
por el contrario la consideraba atentatoria á la libertad y las ins- 
tituciones. Si alguna duda (que ya no podia quedarle) hubiese 
abrigado sobre la rebelión de Urquiza, aquella nota se la puso 
evidentemente de maniüesto — Entonces revolvió sus archivos 
particulares, compiló documentos, investigó los archivos Argen- 
tinos, y surgió esa publicación tremenda contra Urquiza, que 
con el título La vida de un traidor vio la luz pública, en el acto 
mismo del pronunciamiento del General Entre-Riano — ístos 
no son generalmente conocidos, y los damos por su importan- 
cia histórica reservándonos como ya lo hemos diclw) abrir juicio. 

Estas son las piezas históricas á que nos referimos. 
# . . . • . . . 

« Después que se sepa que he sido amigo del personaje que 
tanto ruido se propone hacer en ambas margenes del Rio de la 
Plata ; después que se sepa que le he prestado importantes 
servicios desempeñando delicadas y peligrosas comisiones, me 
juzgo con derecho á que los sucesos que narraré á continuación 
serán creídos tal cual los presento desnudos, ó con aquellas 
observaciones que sean rigorosamente precisas. Hé aquí los 
sucesos á que me refiero. 

Estando el ejército acampado en el Arroyo de los Perros, pre- 
sencié el primer hecho notable por su crueldad, del salvaje 
unitario Urquiza. Un soldado, antiguo en el ejército, conocido 
por hombre de bien, y muy estimado por el Jefe de su cuerpo 
por su mucho valor en la pelea, fué acusado de haber robado 
un cuchillo. Era de cabo negro envenado, y pequeño como de 



i 



BI LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 367 

ocho pulgadas de largo. Tomadas al acusado las declaraciones 
de estilo, cuyo acto no se cometia generalmente áotro, sino, 
que el mismo Regenerador Urquiza lo hacía por si, con un in- 
terrogatorio en que se observaba el mas rigoroso laconismo, el 
acusado contestó que su ánimo no había sido robar el cuchillo, 
que habiendo perdido el suyo, tomó el de su compañero para 
servirse entre tanto se proporcionara otro y pudiera devolverlo. 
I Desgraciado I Concurriendo al tribunal infalible en que Urqui- 
za era su único y supremo Juez, muy bien pudiera decirse que 
su muerte estaba decretada de antemano I Ese fallo dictado con 
la impasibilidad de que se revestiría el tigre á la vista de la 
victima que poco después devoraría, se ejecutaba sin apelación 
entre las osamentas de la carneada del Ejército, con el mismo 
cuchillo que se decía haber robado, confundiéndose sus despo- 
jos sangrientos con los de los animales que poco antes habian 
sido degollados como él. Pero no se crea que estos excesos de 
poder y crueldad inaudita eran aplaudidos ó aprobados por los 
miembros de aquel ejército, cualquiera que fuese su clase. Los 
que como yo lo han ¡fresenciado, podrán decir si esas ejecu- 
ciones fueron alguna vez acompañadas de la algazara estwien- 
dosa que precede regularmente á las que se practican con los 
grandes criminales, cuyos hechos probados arrastran la opi- 
nión pública ya pronunciada en su contra. 

En la misma costa del arroyo de los Perros, donde aun per- 
maneciael ejército, llegaron rumores hasta Urquiza, de que de la 
División del comandante Palavecino pensaban desertar algunos 
soldados. Estos rumores, que como tuve ocasión d^ compren- 
der, carecían de toda razón probable, dieron origen á que Ur- 
quiza en personase dirigiese á aquella División, interrogase á 
varios individuos de ella, de quienes no pudo obtener ninguna 
luz para el esclarecimiento del hecho que se proponía averiguar, 
y como sí le disgustara volverse sin imponer el género de pena 
q ue aquel día se había imaginado aplicar, hizo entresacar hasta 



368 usfouA raiincA r iuuue 



catorce iodÍTídiios^ que dyo inu de maUm amlecedml€$^ y te 
mandó degollar, lotes «ran teudados nridaitotamaMie a 
preseocia de Urquixa, pata que las ropas no se lanftaeen. Las 
mismas ropas se mandahaa Iscfo i la Gomisana ps^p disiri 
boirlas después i aqaellos de su soldados mas necesitados. 

KI suceso que roj á referir, auque por sos resaltados menos 
horroroso que los anteriores, por figorar en él personas mi^ 
caracterizadas de aquel ejercite, he creído deber reserrar sos 
nMibres. En la costa del Yí on comandante despidió so jófen 
querida por motíros qae no alcancé á penetrar. Esta se laoientó 
tiernamente á on major del oiismo ejército, de la ingratitud ton 
que habia sido tratarla ; él, movido de compasión la recibió 
en su alojamiento, donde permaneció hasta que, acompañada 
por on asistente de este, fué ¿ la estancia del primero á buscar 
algunas ropa que allí tenia. Aunque no parezca creíble, aseguro 
que por la sola razón de haberse senrído del caballo del major. 
coa su consentimiento, el humano, el comlüudonal Urquiza la 
mandó dejfo//ar. Sin embico, merced á las súplicas del coman- 
dante citado, esta desgraciada mujer se sairó, en consideración 
á que estaba en cinta, y que matándola, moría también on ino- 
cente hijo de un soldado benemérito : pero puso al mayor, al 
rato sin permitírsele armar su tienda ó formar una ramada para 
guarecerse de la intemperie, ó librarse de los rayos del sol de 
Enero ; se le tuvo en pena seis meses, bajo la vigilancia de un 
centinela de vista ; y el soldado sufrió la de quinientos palos, 
sin mas delito que haber salido de su campo, á cumplir las ór* 
denesüe su jefe. 

Cuando la primera tentativa de sitio al Cerro-Largo por Rive- 
ra, hizo el ejército una jomada pesada que duró dos días, y en 
los cuales no se dio tiempo á los soldados ni para comer; impe- 
lido por el hambre un asistente del Coronel Urdinarrain, joven 
de 16 años, se apartó del Ejército por la noche, y á una vaca que 
encontró la boleó, y creyéndola bien ligada de ambas patas, se 



DK US^ REPÚBUCAS DU PLiXÁ 36& 

ba]6 á loataclsu Pero* estaba solo de una, cuando el muchacha 
descuidado se apercibió de su erriir y del peUgo eft que estaba, 
fué embestido f or el animal, que no pudo e?itaF, y recibió una 
feroz cornada en una ualgsk. id dia siguiente el Gorooel Vrdinar- 
rain dio el parte correspondiente, y pocos momentos después^ 
recibió orden de que inmediatamente fuese el soldado degolla- 
do. El Coronel pudo eludir en aqpiel momento la ejecución con 
el. pretesto de que ya la dimisión iba eo marcha, y proponiéndo- 
se cumplirla tan luego como campara; pero calculando las cocí* 
secuencias de la iniquidad de que iba á ser objeto, se apersonó 
al Jefe de £. M.. el que le prometió^ como se lo habia pedida 
Urdioarrain, hacer conversación del suceso con el General, 
basta obtener el perdón absoluto del reo, ó cuando menos la 
conmutación de su pena en otra que no lo privara de la vida. El 
Jefe de E. M., hombre sensato y de juicio, inició la conversación 
con tiento, ponderando las virtudes de aquel soldado, su pa- 
triotismo y el de su familia; de la cual habia cinco individuos en 
la división y que le hacian honor: y concluyó rogando al Geno- 
ral que le perdonara. Srquiza, después de haberse conservado 
p<^ mucho tiempo silencioso, y como con pereza de tener que 
pronunciarse sobre la vida ó muerte de un hombre, mandó con 
una calma estúpida, se le diesen ochocientos azotes en la parte 
del cuerpo donde habia recibido la herida. Este soldado lo re- 
cogió la Sra. Da. María Ajraufe en el paso del Rey del Yi, y 
gracias á los esfuerzos de esta buena mujer, el soldado fué 
curado, y algún tiempo después ella misma se lo presentó á 
Urquiza. 

En esta marcha tuve que ser testigo de otros acontecimientos 
mucho mas notables que los que quedan descritos. Desertaron 
de la División Urdinarrain dos soldados con sus mujeres, ma- 
dre, é hija: fueron tomadas en las alturas de Malbajar, costa del 
¥1, y remitidos al ejército, que á la sazón se hallaba en el Cor- 
iobés, para ser presentados ¿ Urquiza. Este malvado, violando 

24 



370 HISTORIA POLínCA T MILITAR 

todas las leyes que le mandaban respetar la vida del inocente 
(]ue no ha podido delinquir, desatendiendo los ruegos de una 
de las mujeres que estaba en el último periodo de su embarazo 
las remitió á su Coronel Crdinarrain para que fuesen degolladas 
inmediatamente aquellas personas. La humanidad del Coronel 
se subleva contra una orden tan bárbara y atroz; y esperando* 
que aun pudiera evitarse el injusto y bárbaro castigo deparado 
á aquellos infelices, mandó á un ayudante á avisar al General 
del estado de una de las mujeres, que tal vez no fué notado, y 
le rogaba finalmente se sirviera, en cuanto á esta, conmutar la 
pena en otra arbitraría, ó esperar 15 ó 20 días en cuyo tiempo 
saldria de su cuidado, y entonces se le aplicaría el casti- 
go. Pero Urquiza hecho una furia, se levantó, y por el mismo 
ayudante mandó decir al coronel que si alguna otra vez tenia el 
atrevimiento de indicarle lo que debiera hacer, y retardar el 
cumplimiento de sus órdenes, lo baria degollar al frente de su 
división, y pisotear por toda ella. Un ayudante suyo acompañó 
al otro encargado de esta orden para que en caso que no la die- 
ra tal cual la había recibido, lo hiciese degollar delante del 
mismo coronel. Después que hizo sentir Urquiza su mal humor, 
fácil será comprender que la ejecución no se hizo esperar ya ni 
un solo momento, y los dos soldados y las mujeres fueron de- 
golladas al frente de la división, según lo había mandado aquel. 
De regreso el ejército de Cerro Largo, se le encontró á una 
mujer vivandera, vecina del pueblo de San José, y esposa de un 
platero llamado Pequera, un chiripá de lustrina negro que habia 
sido robado en Tupambay al comandante Peñarol por un solda- 
do infante. Esta mujer procuró justificar su inocencia, dicien- 
do que lo habia tomado empeñado por cuatro reales de pan al 
soldado Carancho, lo que era verdad. Sin embargo, Urquiza 
mandó degollar al soldado, y azotar á la mujer con ochocientos 
palos en caso de declararse su complicidad, pero si nó, ordení 
al capitán Basabilvaso, joven de lo mejor del ejército, de qm 



HE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 371 

siguiera el castigo hasta que espirase. Por la noche, ya entra- 
da, se suspendió, y el comandante Sanz, con peligro de su vida, 
favorecido por la oscuridad, la sustrajo y salvó. El mayor Mu- 
ríllo, que era el jefe de la escolta que custodiaba á esta infeliz, 
calculando bien el riesgo que corriasu vida, luego que esta no- 
ticia llegase al Gobernador, anduvo ocho dias loco, vagando por 
todos aquellos montes y asperezas, buscando la persona ó el 
cadáver de D*. Maria de Pequera. 

Esta fué una campaña de acontecimientos extraordinarios : 
las ejecuciones se sucedian unas á las otras, y algunas de un 
carácter especial por la naturaleza del delito. Tenia Urquiza 
una mujer llamada Tránsito que la hacia acompañar constan- 
temente por el sargento Galeano, quien no era indiferente á las 
gracias de la Tránsito, y se atrevió un día, dominado según pa- 
rece por esceso de amor, á proponerle que si viniendo el tiem- 
po, el Gobernador la abandonaba, se casaría con ella, en lo que 
bien mirado no cabia ofensa, y en su atrevimiento era un modo 
muy decente de significarle su pasión. Esta mala mujer, por 
hacerse aun mas recomendable á Urquiza le contó lo sucedido 
con el sargento, que lo tuvo cuatro dias en continuas declara- 
ciones, lo mismo que á ella, y luego la mandó desterrada para, 
esta línea, pero con orden al piquete que la conducía, deque 
solo anduviera una ó dos leguas por dia; Después de algunos de 
marcha la hizo regresar al campo, la careó con el sargento, y 
cuando éste ¡ba á ser degollado, se preseentó D. Juan Antonio 
Méndez, á quien contó Urquiza su historia con la Tránsito , y la 
de esta con Galeano. Méndez le hizo ver hábilmente, que el de- 
lito de este no merecía la pena que se le tenia destinada, y que 
había un medio mejor de lograr el resultado que S. E. se pro- 
ponía obtener, cualquiera que fuese, colocándole una cadena, 
y haciendo espiar su delito en prisión, si así convenía. Aprobó 
Urqiiza el consejo, y mandó al comandante D. Juan Carballo, 
entornes ayudante de campo, que le hiciera preparar una ca- 



í' 



» " 



372 HISTORIA política y militar 

(lena €on eslabones de media vara de largo, y en el remate un 
perno para clavarlo en la guardia de prevención de la infantería. 
A este individuo le sucedió lo que al mayor Salazar, no permi- 
tiéndosele carpa ni ramada, adonde hasta ahora poco tiempo 
segnia purgando su delito. 

De regreso el ejército det Cerro-Largo, la última vez que tuvo 
que hacer esta marcha, hallándose campado en las costas de 
Fraile Muerto, el mayor Murillo jefe de la escolta, por resenti- 
mientos particulares con el alférez Vera, entre-riano, lo delató á 
Urquiza, imputándole un delito que -el infeliz estaba muy lejos 
de cometer. Ninguna información se levantó : nada quiso ave- 
riguar Urquiza ; y la calumnia del infame Mnnllo bastó para for- 
mar en el ánimo del General una convicción, que llevaba ala 
muerte á un valiente oficial, sin proceso ni causa averiguada. 

Esta ejecución, vistos los antecedentes del alférez Vera, cho- 
caba al buen sentido de todos los jefes del ejército. Entre estos, 
dos, el coronel argentino D. Carmelo Oarcia, y el comandante 
D. Juan Carballo, oriental, se presentaron á Urquiza en favor de 
Vera; le probaron evidentemente que este era calumniado por 
Murillo, que era un oficial muy conocido por su mala conducta, 
desde que habia servido de ayudante del finado General Nuñez, 
y concluyeron rogándole que hiciese suspender la ejecución y 
encausar al reo. Accedió Urquiza, y mandó que se suspendiera, 
' si aun era tiempo, por que Vera habia marchado al lugar donde 
debía decapitársele, 

£1 comandante Carballo, encargado de la orden de libertad, 
anduvo con tal presteza, que corriendo dejó los zapatos enterra- 
dos en la humedad del campo, y llegó descalzo cuando ya Ver¿i 
habia sido desnudado. Vera se salvó, y la conducta heróici del 
comandante Carballo en este caso, no será olvidada jamás poi 
los hombres de corazón. 

Poco después de los sucesos de que acabo de hacer una verí- 
dica relación, tuvo lugar la batalla de India Muerta, en fue las 




DE LAS llEPllBLICAS DEL PLATA 



anuas de los argentinos y orientales Oieroii un ilra Jo gloria mas 
á estas Rcpóliticas con el triunfo que yealiabao de obtener : pe- 
ro ¡ cnán caro costó este á la del Uniguay ! Aun permanece gra- 
liado con ciarcteres indelebles en el corazón de lodos los ciuda- 
danos de este Estado el espantoso degñello de octinctentos ó no- 
vecientos americanos, de los cuales la mayor parte eran Orien- 
tales I Estos no eran todos prisioneros; los mas se habían pre- 
sentado vüliiiilariamenlü después de la batalla. Pero ceircmos 
los ojos :'i tantos estragos, y pasemos á otros hechos, i^ue aisla- 
dos, por sangi'ientos fine sean, no harán una impresión tan 
Tuerte, aunqne puedan considerarse resaltados ile la misma vic- 
toria de la ludia Muerta. 

El mismo dia como á las cuatro de h tarde contando l'rqui- 
za el peligro en que lo liabia puesto el General Echagüe on la 
íialaila doD. Cristólial. y prostcstandonos niáolü (e nJai-aaJ 
agru 'Jeca rul.Exmo. Sr. rresídcnleD.-Mapuel Oribe, el servicio 
¡im le habla prestailn. flanqueamlo y deshaciendo persniíalmen- 
te_una fuerte divisinn del salvaje unitario I.avalle, roconlú que 
ei'adfa de .Vuestra Seiíora del Oárnit-n, por la que era su devcrto, 
y^como en pniclia de ello, abríii su camisa y con aife de devo- 
cipa sacó un esmimlario y no los mosln') busanduio riípclidas 
teces, ctianihi á ese tiempo sube la barranca en que rilábamos 
Upjyudanie del Comaudanle Palavecino conJuciendo an pre- 
^sentiido de los derrotados, hombre como de setenta años de 
edad. Le pregunto Urquiza que como siendo tan viejo, andaba 
con los salvajes unitarios ; el viejo contestó que arrebatado do 
su casa con su mujery o-ho hijos jior el pardejón Rivera, hahia 
permaDccillo en el convoy contra su voluntad, esperando siem- 
pi"c nn momento favorable para escaparse, poro que le hahia 
íido imposible ercciuario. 

No necesitó mas Ur<|nÍzaqiio las últimas palabras de aqnel 
desgraciado decrépito paramandar al ayudante cífj7o//fT¡ifffl7Wí;¡ 
mkajfí que uo había tábido vencer imposibles. Esta sentencia 



374 . HISTORIA POLÍTICA Y MlLITAk 

se ejecutó á poca distancia de nosotros, estando ann Urquiza 
con los escapularios en la mano, y sin interrumpirse por este 
accidente en ios votos de agradecimiento al señor Presidente, 
por el servicio que su valor le había rendido. 

Al dia siguiente de la batalla, un brasilero que habia escondi- 
do algunas ropas y otros objetos entre un p«ajonal, se presentó 
quejándose de que una partida del ejército se lo habia tomado y 
pedia le fueran devueltos. 

El monstruo, que el dia antes se habia gozado contemplando 
la horrible carnicería que él mismo habia decretado, aun esta- 
ba sediento de sangre. Ordena al Comandante Palavecino le re- 
mita el ofícíal y tropa que habifi comisionado para tomar disper- 
sos, con todo lo que hubieren encontrado en un pajonal de la 
margen derecha de la India Muerta, y mando al mismo tiempo 
al Mavor Francia le enviara cincuenta hombres de infantería. 
Llegan, el oficial ordena á los soldados presentar todo lo encon- 
trado y el brasilero á la vista de todos sus objetos, declara que 
nada le faltaba. Urquiza sin embargo,no satisfecho, creyó deber 
hacer un gran escarmiento y ordenó que el oficial y soldados 
fuesen conducidos por la infantería hasta el campo del Mayor 
Fran&á, para ^er degolladas. £1 Comandante Palavecino, llo- 
rando como un niilo. se interesó por sus soldados, rogó á Ur- 
quiza los perdonara* y uniendo sus ruegos á los ruegos de aquel 
el Coronel barcia, decidió el monstruo el perdón cuando calcu- 
ló que no sería ya tiempo de salvados. Pero D. * Juan Antonio 
Méndez que se habia colocado en una cuchilla á mucha distan- 
cia del campo del General y muy inmediato al de la ejecución, 
á una señal convenida del Coronel García, corre y entra por 
meilio de los grupos de soldados gritando : perdón ! cuando ya 
algunos habían sido arrojados al suelo. Un minuto después no 
hubieran podido salvarse tantas victimas. 

Algunos días después de la batalla salió el Coronel Galana co- 
mo á veinte cuadras de su campo, y tras ¿I, con poco ínlenralo 



DE L\S REPÜBLICAS DEL PLAtI 375 

de tiempo, uq sobrino que poco despaes pareció degollado en el 
camino. Siempre $e ignoró si este asesinato faé cometido por 
algano de los matreros de la sierra, ó si fué una venganza per- 
sonal de sus mismos compañeros. Ño obstante esta dada, Ur- 
quiza mandó degollar^ poruña bárbara represalia, den indivi- 
duas que habian sido tomados dispersos unos, y presentados 
otros en los dias después de la batalla, y estaban diseminados 
en los diferentes cuerpos del ejército. El Coronel Urdinarrain 
dio escape á 40. Los 60 restantes sufrieron la pena de ser dego- 
llados en hilera, por espiacion á la muerte de^sobrino de Ga- 
larza. ^ 

Tenia Urquiza un hijo que le servia de ayuda de cámara, ó 
sirviente. Averiguó que este habia dado á la mujer de un solda- 
do de su escolta algunos dulces de su despensa. Esta falta le 
mereció á la mujer, que ningún delito tenia, trescientos azotes, 
y al hijo de aquel quinientos. Después de^sano, lo puso de sol- 
dado, y al mes era alférez. 

En este hecho es incomprensible el proceder de un padre para 
con su hijo. Castigarlo sin culpa, pues la que habia cometido 
apenas podría llamarse abuso de confianza, colocarlo luego de 
soldado, para en pocos dias ascenderlo hasta alférez. 

¿Qué puede deducirse de todo esto? Que quiso darle una 
carrera brillante, en que ascendiera progresivamente ; pero es 
incomprensible, lo repito, habiendo sido antes azotado. 

Un sargento de la División Palavecino tenia un hermano que 
desertó del ejército y emigró al Brasil. Pasado algún tiempo, el 
desertor trabajando, parece que adquirió una fortuna regular 
que le proporcionaba ofrecer á aquel, en caso que quisiese acep- 
tar su ofrecimiento, mucha parte de ella y las comodidades de 
su casa. 

Al efecto le escribió una carta, que fué recibida en la costa 
del Fraile Muerto, y en la cual le decia que se hallaba en el Bra- 
sil desde que habia tenido la fortuna de escapar de manos de^ 



376 AfirTORU foUuga y miuxar 

carnicero Urqiii2a ; que se foefle con ^» j que le aseguraba qna 
nada k faltaría. Lo sabe Urquiía j manda recoger aquella carta 
y degoUar al sargeoco, como se efectuó. 

En la costa del Ckamfso, donde cam^ el ejército no día por 
la tarde, por medio del E. M*^ en la orden general» preTino Ur- 
(jaiza, que ningua individno de sos subordinados llegase á casa 
alguna» aunque estaviese abandonada ó fuese tapera. 

Campado, como se lia dícbo» ei ejército ea este punto» el Co- 
mandante D. Joan Carballo j el Mayor D. Casto DomiD^z, 
mandaron sus asistentes á un ra7who inmediato al Cnartel Ge- 
neral, que estaba completamente en el suelo, á traer un poco de 
lefia. Es de advertir que la salida de los soldados fué anterior á 
la publicación de la orden goneraL Notado por Urquiza se pu- 
so en acecho hasta que vi6 salir á los dos soldados con sus tiros 
de lena. Entonces los manda llamar; vienen; los que se paran á 
distancia conveniente del General, por respeto á la moral y dis- 
ciplina militar, arrojan al suelo sus cargas; y cuando se dispo- 
nían á marchar hacia el General, éste les manda llegar con ellas 
ásu presimcia. Las alzan nuevamente, llegan y entonces les 
pregunta Urrjuizaque si no sabian la urden que había dado res- 
pecto ú no llegar á casa alguna: los soldados contestai^on que la 
ignoraban, y que liabian sacado aquella leña por órdon del Co- 
mandante Carbalio y del Mayor Domínguez. Urquiza les manda 
callar y les .previene que si hablan una palabra mas serian dego- 
llados y quemados con h misma leTin. En seguida fueron con- 
ducidos al batallón, donde recibió cada uno 50 palos. 

Al día siguiente Carballo y Domínguez pidieron sus pasapor- 
tes para el Cuartel General del Exmo. Sr. Presidente D. iManuel 
Oribe; pero les fueron denegados. 

Marchando el ejército en persecución de Rivera en el Depar- 
tamento de Minas, no se replegó a él lan pronto como debía, 
una guardia de infantería compuesta de un sargento y doce sol- 
dados. Urquiza mandó al Mayor Hermelo los condujese á su 



í 



BE LÁ8 IEFOBUCAS ML FLATÁ 377 

presencia; los interroga, j haciendo despaes que unm á los 
otros se desnudaran, los hiio dagfoUar á su presencia. 

Unos vecinos canarios que trab^^aban esn los campos del fi- 
nado D. N. Fuentes, les díerofi sepaltiira en el mismo valle de 
Fuentes, bien conocido en el departamento, porque ni ese tri- 
buto de respeto, que no puede negarse & los restos de los que 
han dejado de existir, quiso permitir Urquiza á indirjduos de 
su ejército. 

Entre los prisioneros tomados en la India Muerta Tino al 
ejército una joven que iiabta pertenecido al Pardejón. Se la pon- 
deraron á Urquiza de baena moza, y mandó se la trajesen del 
escuadrón Almanza. Vino la prisionera, la vio, le gustó y empe- 
zó á cortejarla. Como el campo presentaba poca comodidad, 
tuvo que alojarla huéspeda en su mismo rancho. Para esto fué 
necesario pretestar algún enojo con Dv Tránsito; y poco des- 
pués se sintió bulla, gritos, y la Riojana que salía corriendo 
para su tienda que estaba como á veinte varas de la del General, 
.de la cual jamás volvía sin que éste la hiciese llamar. Es muy 
probable qne la mujer comprendió el pretesfto del aparente 
enojo de D. Jiislo José, porque como á las nueve de la noche se 
volvió, riñó á la prisionera, y como Urquiza se riese de las 
ociirrenciiis que les suscitaran los celos á la titular, esta lo llamó 
inconstante, desleal y falso. A estos dicterios se incorpora Ur- 
quiza, que estaba en cama, grita á su guardia, y dá orden de que 
inmediatamente la degollaren. La toman entre tres, empiezan 
por quererla voltear, y ella, mujer vigorosa, se resiste y brega 
<!on sus enemigos. Urquiza anfma á sus soldados y les previene 
la pronta ejecución; pero la riojana esforzándose extraordina- 
riamente, se escapa de entre las manos de sus asesinos dejándo- 
doles todas sus ropas, y en este estado se abraza del General, 
que no pudo desprenderse de ella. 

Este oyó sus ruegos, y el cuento de qne soñando que una cu- 
lebra se le había enrollado en el pescuezo, asustada y dormí- 



y 



378 HISTORIA FOLÍTICA T MILITAR 

da había ido á incomodarlo. Se calmó el enojo de S. E. y ocho 
días después hastiado de la prisionera se la mandó de regalo al 
Coronel Gaiarza, que la admitió y llevó á Entre-Rios. 

Entre los varios muchachos que hizo quitar á las madres 
prisioneras, se^encontraba uno de 15 á 16 años, extremada- 
mente vivo, que lo divertía mucho con cuentos bastantes gra- 
ciosos que frecuentemente hacia de Rivera de quien su madre 
habia sido lavandera. Parecía quererlo y lo tenia constantemen- 
te consigo ; pero como niño que no conocía, ni podía conocer 
la crueldad natural de Urquiza, le tomó unas masitas sin pedír- 
selas : suficiente causa para que lo mandase degollar. Pero un 
jefe que llegó en aquel momento, le dijo que con una docena 
de azotes se corregiría y seria bastante castigo. Entonces lo hizo 
traer, lo ataron al pértigo de una carreta y le dieron cincuenta 
azotes. A los doce ya habían cesado los clamores de aquella ino- 
cente criatura ; pero asi mismo siguió el castigo hasta el cum- 
plido de la porción recetada. Juzgúese de la crueldad de este 
hecho por sus resultados. El niño perdió el uso de una pierna 
por mucho tiempo, y hasta la época en que me retiré del ejérci- 
to, no lo habia recobrado enteramente. 

Cuando se preparaba Urquiza para regresar al Entré-Ríos, 
uno de los muchachos, que ya se ha dicho entresacó de las 
familias prisioneras y que agregó á su escolta, dijo en un fogón, 
que no seguiría al ejército, que no quería abandonar su tierra. 
Entre estos se hallaba un mozo entreriano de la misma escolta. 
Sábelo el Regenerador Urquiza, hace formar esta, aparta algu- 
nos de sus antiguos soldados, entre ellos el entreriano y lo hace 
degollar como á los otros por no haber acusado al muchacho, 
que también fué degollado con cinco de sus compañeros. De es- 
tos muchachos, uno de muy pocos años, gritó varias veces al 
Coronel García y lo exhortaba á que no permitiera que se le de- 
gollara ; pero Urquiza le dijo, no llames, porque si viene lo 
hago degollar contigo. Este infeliz que apenas habría llegado á 



DE Li8 IMEPOBLICAS DEL PLATA 379 

la edad de la pubertad, y que amaba su vida como la aman to- 
das las criaturas racionales, cuando comprendió que ya el Co- 
ronel García no podía salvarlo, calló, se dispuso á morir, y tu- 
vo el valor de indicar aquel de sus companeros que deseaba 
fuese su ejecutor. Se presentó este ; cree el joven que el cuchi- 
llo no cortaba y á fin de no penar mas, le ruega lo chairase. 
Concluida esta operación sin la menor muestra de temor, esten- 
di j el cuello que le fué cortado hasta la nuca, y espiro con hor- 
ribles contorsiones. 

Después de todas estas ocurrencias se fué Urquiza á casa de 
su Jefe de E. M.,y en presencia de este, del ayudante Burgos, 
del capitán Basabilbaso, y otros dijo : á este, mostrando alen- 
tre-riano, le he defl'oWado al padre y cinco hermanos ; él solo 
quedaba, y pensaba darle una hermosa estancia que tienen en 
Entre-Rios : pero la inconsecuencia de este malvado le hizo 
sufrir la pena que antes sufrió el padre y sus hermanos. 

Como esta última ejecución se hizo en el Cuartel General, era 
necesario arrojar los cadáveres. 

Los soldados se prometían sacarlos á brazo entre cuatro ; pe- 
ro Urquiza, se enfureció de modo tal, que estuvo en peligro la 
vida de estos, que se escusaron diciendo que los miembros en- 
durecidos por el frío estaban resbaladizos y que no podían asir- 
los con facilidad. 

Entonces Urquiza mandó abrirles ojales en el antebrazo y las 
corbas, y llevarlos así al lugar donde se arrojaban las basuras 
del ejército. 

Los hechos que dejo escrito^, y que presento al pueblo tal 
como han sucedido, son un desmeitído palpable ala humani- 
dad y respeto a las leyes ostentado por el Regenerador de Entre- 
Ríos. No exijo me crean bajo mi palabra ; mil personas como 
yo lo han visto : pero si hay alguna á quien interesen pruebas 
de ellos, tendrá mucho gusto en darlas. 

Un testigo ocular. » 



382 HISTORIA política t militar 

aquellos jefes á iacorporarse i la divisioa argentina que man- 
daban el Coronel Hidalgo j Comandante Peredo» y al Batallón 
Patricios que mandaba D. Cesáreo.Dominguez» los cuales busca- 
ban también la incorporación del General D. Ignacio. 

El Capitán D. Dionisio Trillo que quedó guarneciendo la fron- 
tera tuYo que emigrar al Brasil. 

Hechas estas incorporaciones el General Oribe emprendió 
la concentración sobre la picada de Oribe en el Rio Negro, dan- 
do espacio al mismo tiempo para que el Comandante D. Juan 
Valdez se incorporase con la división de Tacuarembó, com- 
puesta de 600 ginetcs y mas 230 infantes. La incorporación no 
pudo efectuarse porque las fuerzas de Urquiza cuya vanguardia 
la mandaba el General Gómez se interpusieron, teniendo Val- 
dez que vadear el Rio Negro por el paso de Zamora. 

Con el Rio Negro crecido, con un inmenso bagaje, con seis 
piezas de artillería y sin una lancha ni un bote, el General 
Oribe después de seis dias de constantes escaramuzas y de al- 
gunas guerrillas hizo vadear al ejército en botes de cuero, lan- 
zando al Rio Negro algunos carros de municiones y dos piezas 
de artillería. 
Perdió también el ejército la flor de sus caballadas. 
En tal estado el General D. Ignacio, esperaba la incorporación 
del Coronel Muñoz, con su división, pero la defección del coman- 
De allí pasó con el General Mansilla al Entre-Ríos, donde ascendió á 
Sargento Mayor, acabando por traicionar á su protector entrando en 
una revolución destinada á derrocarle. 

Tratándose de un candidato para el Gobierno de Entre-Rios, y cono- 
ciendo el mal concepto que gozaba entre sus com patriotas, fuóáBuenos 
Aires á instar á D. Mateo García para que admitiese el mando de la Pro- 
vincia. El señor García contestó rehusándose. 

Desairado en Buenos Aires, volvió al Entre-Rios en busca de otro 
candidato. 

Alli recorrió la escala de todas las intrigas y traiciones plegándose á 
unos, vendiéndose á otros, hasta que desterrado y perseguido se refu- 

fió en el Estado Oriental, enganchándose con La valle para invadir el 
utre-Ríos, de donde tuvo que huir derrotado, repasando al Estado 
Oriental donde se plegó á Rivera. 
Indultado mas tarde volvió á Entre-Rios, donde so ocupó siempre en 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 383 

dante Peñaroi y los capitanes Garrido y Mojano ocasionó la de 
la división del Yí. 

El comandante D. Faustino Méndez que mandaba en el Duraz- 
no se incorporaba también pocos dias después, solo,s\n un asis- 
tente, como Coronel y Muñoz. 

Si bien es cierto que hubo defecciones señaladísimas en 
aquella campaña, también lo es que el comandante Caxara- 
villa con los de igual clase D. Tomás Gómez, D. Tomás Yillalba, 
y los Acostas mantenían la subordinacien y disciplina en la Divi- 
sión Soriano compuesta de 700 ginetes y 300 guardias nacio- 
nales de infantería de Mercedes, Soriano y Dolores. 

En tales momentos D. Dionisio Coronel, disputaba á los bra- 
sileros la linea del Yaguaron y les dispersaba su vanguardia ea 
el Paso de las Piedras. 

El coronel Barrios y los capitanes Olid y Aparicio se conser- 
vaban en Minas y Maldonado, con las Divisiones de sus Departa- 
mentos. 

Un suceso sangriento tenia lugar el r de Agosto de 1851 en 
la Colonia. Los señores José Vicente Yillalba, Pedro Arce y To- 
mas Corrales, que habian sido prisioneros en 1848, cuando el 

conspirar contra la autoridad procurando su elevación, que consiguió 
ai íln, traicionando á su protector Echagüe. 

Corrientes acababa de celebrar un tratado con los Franceses y el Go- 
bierno de Rivera. El General Rosas levantó un ejército en Entre-Rios, que 
penetró en el territorio Correntino, y deshizo en Pago Largo la fuerza 
(fue le opuso Beron de Astrada. 

La parto c]ue tuvo Urquiza fué odiosa, asolando el departamento de 
Curuzucuatiá. 

¿Cómo pintar los escesos y herreras de este monstruo que se atreve- 
ahora á hablar de regeneración y leyes? 

Despu&s de la sumisión del ejército correntino, pasaba Urquiza delan- 
te del cuerpo de CrispinVelazquez.unode sus jefes, que estaoa ocupado 
en reunir los prisioneros : y sin sofrenar el caballo, le gritó — ¿ Qué 
haces qm no los matas ? Si a mi vuelta no los has degollado te degolla^ 
re con ellos. Eran cerca de 400 los que oyeron esta atroz sentencia, y 

que no tardaron en ser inmolados ! ! ! No contento con 

tantas víctimas, y como si no fuesen bastantes los ejecutores, hizo venir 
delante de si á todos los cornetas de su división, que por su edad y ofi- 
cio no tomaban parte en esta carnicería, y les dyo que aprendiesen á 
matar, y mataron. 



38i HISTORIA FOLÜriai Y ULITAR 

señor Moreno se apoderé á vmi faena de la Colonia, y ^ue ob- 
tuvieron mas tarde su libertad, fueron víctimas de un paso im- 
premeditado. 

Se hallaba el comandante D. Lucas Moreno campado en las 
puntas del Rosario, distante 20 leguas de la ciudad de la Colo- 
nia, cuando los señores Villalba, Arce y Corrales, ejecutando 
un movimiento reaccionario, se apoderaron del pueblo sor- 
prendiendo la pequeña guarnición que allí existia. A esto se 
siguió el pronunciamiento de la guardia nacional y el de un 
piquete de artillería. El movimiento respondía á una combina- 
ción que los revolucionarios tenían con el jefe de una corbeta 
de guerra Brasilera, el que no concurrió sin embargo á su de- 
fensa, quedando reducidos á un personal de 80 á f 00 hombres 
de fusil, y tres piezas de artillería bien servidas. 

El comandante Moreno se movió apenas tuvo parte del suce- 
so, y entró á la Colonia después de una corta resistencia que le 
opusieron los insurgentes. 

Moreno perdió algunos hombres, y persiguió á los vencidos 



Rivera había invadido Entro-Rios, (¡ue ürquiza abandonara eol>arde- 
mente. 

Urqiiiza, quí? á su vuelta del Tonelero había reunido una fuerza bas- 
tante numerosa, quiso oponérselo; pero fué completamente derrotado, y 
perseguido por corea de 20 leguas: y hubiera tenido que despeñarse, 
segunda vez, por las barrancas del Paraná, si el Presidente Oribe no hu- 
biese destacaao al General Pacheco para salvarlo. De todas las derrotas 
do ürquiza esta fué la mas vergonzosa, no solamente por la muy notable 
inferioridad del enemigo, sino poniue el escuadrón í\\xq¡ lo corrió^ per- 
tenecía á la ^'anguardid de Mascarilla, el mas despreciable de todos los 
sublevados. Y fué el espléndido triunfo del Arroyo Grande el que resta- 
bleció La suerte de las armas, y ven^xó gloriosamente la afrenta hecha al 
envilecido Gobernador de Kntre-Ríos. Triste y singular ej?mpk> de la 
perversidad humana es el que suministra ese traidor I Conspira contra 
el poder y la vida del General MansiUa,que lo sacó de la abyección en (juc 
vivia; Irama contra el General Echagüe, que lo habia protegido: traicio- 
na al General Rosas ({ue lo habia amparado; y saca la espada contra el 
Presidente Orib;:, (¡ue lo repuso en su asiento.» 

Basta do ocuparnos de esta clase de publicaciones — Los hechos irán 
enscúaiKlo sucesivamente hasta donde pudieran ó «no ser fundados los 
cargos hechos á ürquiza sobre su rebelión contra Rosas. 

Tiota del Autor, 



D8 LIS R£?tiBLIGAS 9EL PLATA 385 

hasta ser sacados de la iglesia donde se refugiaron, y fusilados 
los cabezas principales, señores Yillalba, Corrales y Arce. 

Mientras eH\ y 2"^. cuerpo del Ejército Entre-Riano invadia 
el territorio Oriental, las Provincias de Enlre-Rios y Corrientes 
quedaban protejidas por un cuerpo de reserva de 7,500 hom- 
bres, al mando del General Virasoro — Este cuerpo estaba cam 
pado en el Diamante, sobre la costa del Paraná. 

En cuanto al Ejército Brasilero, este pisó recien el territorio 
Oriental el i de Setiembre de 1 831 , pasando en el orden si- 
guiente: 

Una división de 4,000 hombres, 2,000 de infantería, pasó 
por la frontera de Santa Teresa, trayendo de vanguardia al coro- 
nel D. Erigido Silveira con algunos emigrados orientales. 

Otra división de 4,500 hombres invadió por Cerro-Largo — 
En su vanguardia venian los coroneles Santander y Camilo Ve- 
ga con algunos orientales, mientras que por la Cuchilla de Hae- 
do, entraba el Conde Caxias, General en Jefe de aquel ejército, 
con las tropas á sus inmediatas órdenes, cuyo personal era for- 
mado de 4 1 batallones de linea ; volteadores y fusileros — Cua- 
tro regimientos y un escuadrón de caballería de línea — Caba- 
llería de Guardias Nacionales — 32 piezas de artillería ligera 
— 2 coheteras á la congreve — Estado Mayor é ingenieros, for- 
mando en todo un personal de 16,000 hombres, 7,000 de in- 
fantería, y 9,000 de caballería, formando 4 divisiones, con 19 
piezas de artillería, y dos congreves. 

Este cuerpo destinado á pasar simultáneamente con el Gene- 
ral ürquiza el Rio Negro, debía marchar paralelo con el ejér- 
cito llamado libertador. 

En cuanto á las fuerzas de que disponía el General Oribe, eran 
las siguientes : 

Las situadas de observación sobre el Uruguay á las órdenes de 
Gómez que defeccionaron, 1,150. 

Sobre la frontera de los Departamentos de Cerro-Largo y 

25 



386 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR 

Tacuarembó, 600 — Sobre la frontera de Maldonado, 500 — So- 
bre el Rio Negro con el General D. Ignacio a,500. En San José 
se encontraba la división de caballería de aquel departamento 
compuesta de 600 hombres. 

En el Arroyo de la Virgen, un cuerpo de ejército desprendido 
del sitiador, al que se incorporaron las divisiones de los depar- 
tamentos, cuyo total ascendía á 4,000 hombres de caballería. 

La infantería era exactamente la que demuestra uno de los es- 
tados diarios formados en el mismo ejército — es este : 

Kjórcito do Ox*il>o- Infantería dol mismo al mando dol 

Oonoral D. Antonio Dioz 

EJÉRCITO DE 1 8'3i— CUERPO DE EJÉRCITO CAMPADO EN EL ArROYO DE 

LA Virgen 

Resumen de los Estados particulares que demuestra el perso- 
nal de la fuerza de infantería del ejército en su totalidad 

FUERZA EFECTIVA PRONTOS Á DATIRSE 

¿ I I 5 -S I 

^ O H «n O H 

Batallón Independencia. . . I 14 409 1 14 386 V 
Id Def/" de la Independencia 

Oriental 2 19 514 2 17 483 

Id Patricios 2 21 321 2 21 307 V 

Id Libres de Buenos Ares . 2 8 220 2 8 209 \^ 

Id Bazo 1 11 156 1 11 150 v^ 

Id Libertad Oriental ... 1 19 384 1 18 374 

Id Restauradores Orientales . 2 15 400 1 14 381 

Total. . .11 107 2404 10 103 2290 

NOTA— Los 114 individuos que se rebajan de la fuerza efectiva son 
enfermos de los diferentes batallones. 

Filmado— Fawíííno J. Méndez. 
Jefe del E. M. Divisionario. 



DE LAS REPÜBUCAS DEL PLATA 387 

La artillería se componía de quince piezas volantes. En este 
ejército se encontraba el General Oribe, con el mando en jefe. 

El resto del ejército guardaba la linea sitiadora de Monte- 
video y se componia de 2,500 infantes, alguna caballería y 25 á 
30 piezas de artillería. Al mando de este cuerpo de ejército es- 
taba el Coronel Lasala. Todo el personal de que disponi» el 
General Oribe, finalmente no pasaba de 12 á 13 mil hombres. 

A penas tuvo conocimiento como queda dicho, el General don 
Ignacio Oribe de la invasión del territorio, por Urquiza y los 
brasileros, y de la defección del General D. Servando Gómez, 
se replegó sobre el Yí. Desde que se puso al frente del segundo 
ejército, el General D. Manuel Oribe no tuvo jamas plan de 
campaña, ni reunió un consejo de jefes para organizarlo, ó im- 
ponerlo al menos. Se hubiera dicho al principio, que su inten- 
to era concentrar sus fuerzas en el Departamento de San José 
para aventurar un combate, pero pronto se vio que no era aque- 
lla su determinación, porque se situó en el Arroyo de la Vir- 
gen donde tuvieron los sucesos un desenlace inesperado. 

Como se ha dicho, el Geaeral D. Ignacio Oribe, que se había 
replegado sobre el Rio Negro y fué alcanzado por la vanguardia 
de Urquiza al mando de Gómez, dejó en poder de este como 
5000 caballos el 6 de Agosto, pasándose á Urquiza cerca de 400 
hombres con el comandante Barbat, y las milicias de Tacua- 
rembó. 

Cuando llegó al Arroyo de la Virgen, su cuerpo de ejército 
solo se componia de divisiones Argentinas. 
^ Por la frontera de Yaguaron había entrado Yacuhy, con Ca- 
milo Vega, que venía con una fracción de orientales como van- 
guardia de Muriiígue. Campado á dos leguas de Cerro-Largo, 
fué sorprendido por el Comandante D. Dionisio Coronel, en el 
momento en que estaban carneando. Arrollado y disperso Vega, 
se lanzó sobre Jacuhy, quien también disperso fué á detenerse 
en el Rio Yaguaron dejando porción de muertos y algunos prí- 



388 nnORIA POUtlCi T MOItAl 

sioneros. Sa caballada qaedo en poder de Coronel. Sste hecho 
tuTO lagar el 11 de Setiembre. Bt Comandaiite H. Tomas Bor- 
ches, el Capitán Soilo, j nn alférez eon 14 hombres se incorpo- 
raron á las fuerzas brasileras á fines de Setiembre. Los bra- 
sileros dieron á Borches el cargo de jefe de tasPoUcíasde cam- 
pana. 

Muríngue, ó Jacahy, entró por la azotea de Farruco deján- 
dola á la derecha, asi como las Cañoí; siguiendo el arrojo de 
Sarandí y Cuadra campó en este punto para esperar la incorpo- 
ración del grueso del ejército Imperial, que avanzaba en direc- 
ción al Paso de Polanco del Rio Negro. 

Ilíicia la frontera de Santa Teresa ú Olimar, se corrió el Ge- 
neral brasilero Fernandez. El Coronel Marcelo Barrete se le pre- 
sentó con 120 hombres, y. quedó encargado de la Tigilancia de 
aquella frontera. 

Los Coroneles Brígido Silveira y Hornos, el Comandante de 
Milicias Goyo Suarez, y otros jefes y oficiales queveniancon 
los brasileros, quedaron á disposición del Gobierno de Monte- 
video. Al llegar el ejército imperial al Rio Negro se le incor- 
poró el Comandante D. E. Villaurreta y \'arios jefes y oficiales 
del Departamento del Durazno. La situación del General Oribe 
se iba haciendo desesperada. No le quedaba otro recurso según 
lo creyó él mismo que retirarse á Buenos Aires. 
En tales circunstancias, el General Oribe envió al Dr. Villade- 

moros á conferenciar con el almirante Lepredourá fin de que 

* 

abriese una nueva negociación tendente á parar el golpe que le 
amenazaba. 

Vi llademoros era portador de una carta del General Oribe 
escrita en 6 de Setiembre de 1851, y datada en el Arroyo de la 
Virgen. Es esta: 



Dt IkSf REPÜBEieAS DEC RATA 389 

E^ma. Sr. CóDtüa-Afotfrante 1^: Fortrraato Lepreátoiir. 

Cnartel Generar en el Arroyo de lá Tfrgen 
Setiembre 6 de 1851. 
Exmo*. Señor: 

La gravedad de la situación en que se encuentra este país por 
consecuencia de los sucesos que han tenido lugar de tres meses 
á esta parle, y el deseo de evitar á mi patria la efusión de sangre, 
me decidieron á aceptarla resolución de retirarme del pais con 
las tropas argentinas y las orientales que quisieran seguirme, 
cesando de ese modo la causa ostensible de la guerra y sus con- 
siguientes desastres. 

En esta virtud autoricé al Sr. Ministro de Relaciones Exterio- 
res Dr. D. Carlos G. Villademoros para que recabe de V. E. una 
garantía de las fuerzas navales de su mando á fin de poder veri- 
ficar el transporte de dichas tropas á Buenos Aires ; y confor- 
mándome con la promesa de Y. E. y del Sr. Contra-Almirante 
Reynolds de apoyar moralmente mi resolución con su valiosa 
influencia, esperé el caso que creia oportuno, para hacer uso 
de ella ; y no dejé de contar con esa generosa protección á pe- 
sar del desagradable incidente de la suspensión de hostilidades 
solicitada sin mi orden y aun sin mi consentimiento, y cuyo 
error he deplorado mas que nadie, por la parte que en éi se hizo 
tomar áV.E. 

En el estado presente de las cosas, y firme siempre en mi pro- 
pósito de ahorrar la sangre de mis compatriotas por una causa 
que ha querido hacérseme personal, deseo llevar á efecto mi re- 
solución de trasladarme á Buenos Aires con las tropas argenti- 
nas y orientales que quisiesen seguir para aquel destino ; y que 
quiero ejecutarla tanto mas pronto, cuanto una sola gota de 
sangre que se derrame ya no puede producir mas resultado que 
el de aflijir la humanidad. En tal concepto he de merecer de la 
generosa amistad de V. E. que se sirva indicar al Sr. Ministro de 
Relaciones Exteriores Dr. D. Garlos G. Villademoros, á quien 



Iró que babia sido eonpleUoiieate abwdoBido, defeockmiado- 
le los prÍDcipales Jefes orieotales. Entotices apeló al C gn ei ' jl 
Rosas, por medio de ana larga correspoadencía, de la caalfto 
oonBífaró otra cootestacioi) que una ordeA íttfunante, para que 
se le qmitase el mando ; orden que paUícareHios a su tiempo. 

Entre tanto, para conocer mejor el estado en qne se encon- 
traban los elementos del General Oribe, véase la corresponden- 
cia á que aludimos, cuyos borradores originales existen en 
nuestro poder asi como los autógrafos mas importantes— Nada 
de esto Yió nunca la luz pública, estando como estaban reser- 
vados á la historia. 

El 25 de Julio recién lanzó el General Oribe al pais la siguien- 
te proclama: 

£1 Presidente de la República Oriental del Uruguay. 

Orienlalesl -Un desertor de la sagrada causa que defienden 
las Repúblicas del Plata, unido á los salvsrjes unitarios, amena- 
za nuestra Libertad é Independencia. 

El traidor Urquiza, burlando la confianza del Jefe ilustre que 
preside los destinos de la Confederación Ái^entina, y olvidando 
todo lo que el hombre y el Ciudadano miran como mas caro á 
su corazón, no ha trepidado en hacerse el instrumento de los 
mismos que ha combatido, para trastornar el orden y las ins- 
tituciones de las Repúblicas aliadas, trayendo sobre ellas el lu- 
to, la devaslacion y todos los horrores de la guerní, en cambio 
de k prosperidad que gozaban. 

Degradado el pérfido Urquiza hasta el estremo de hacerse vil 
ftgiMe de iosqse antes trató oomo á mortales enemigos, soste- 
niendo la justa causa á que pertenecia, vuelve almra las armas 
contra sus hermanos y companeros, existiendo aun los intere- 
ses y las necesidades que formaron esa causa misma, y el sa- 
grado compromiso que lo ligaba á ella. Pero pronto ese dejéne- 
rado americano y vil salvaje unitario, recibirá el premio que la 
Providencia justa depara á los pérfidos y á los traidores. 



Dft. uia- RiPiHiMiJi. Dii. njok 383 

berataá)B;g^MCQM.lUillyKu2a(l(Hl^ esalave^ 

cido General Rosasy ^o(oc&adiOÍaefi&bi6mdjk4e U g)aríat; é iut 
grato taobieo ioste^ pais^ dekqte nagUiOí agravio ba Ee6^íbiáo<, 
jr antes Inafi b am&tad mas afe^tao^a y^ku oiieperai^ioa mas 
írazikca para ^e apaccftL^e. aiiie esla& BeyuUiisas con el e${déiir 
dar de la vktoiriaM, eorrespoade á taoi señalada distiocieo y W 
aeficvosy coQspiraAdo ^otíLi^ ei (ipdiBA ; la tciA^uUidad que la 
CoAÍederaeieo disfruta, ba^o la sabia dkeeciQQ de aquel emineAr 
te ciudadano, y se pirepara á aceiaetei? akiv^fsamente aL Estsuto 
Orie&tal del Uruguay,, asoeiador con el banáa de feroces salvajes 
unitarios. Mas no conseguirá su intento: la República Argén- 
tÍEía coBservará ladicha,. la prosperidiaá y gloria que debe al 
Ínclito héroe que la preside.anouadando al tránsfuga imfame que 
pretende arrebatárselas,, y el Pueblo* Oriental sostendrá co^mo 
sdemp^esus dereebosy su hou^ y dignidad, y oiarchará imper- 
turbable á sus gloriosas destiuos. 

OrietUalesl. — ^Preparaos pues á combatir por la libertad y la 
independencia de la Patria amenaizada por esa nueva alianza de 
traidores salvajes unitarios^. 

Soldados del ¡¡jércitO' Unid&l — columnas indestructibles del 
HONOR Y LA DiGMDA» ÁMERXCAPÍA.L Empuñad esos armas Siempre 
vencedoras. Alzad vuestros frentes radiantes de gloria y de 
laureles, y deaoiosirad á vuestros enemigos qiue^ sois los mismos 
que fuisleis eaPagOr-Largo,.D. Cristóbal, Sauce Grande, Qae^ 
bracho, San Cala, Monte Grande, Rodíeo del Medio y Arroy^í 
Grande. Recordad los prodigios de valor con que os habéis 
ilustrado en mil combates. To es aeómpaBro-, y como siempre, 
veréis á vuestro frente participando de vuestras^ fatigas y peli'- 
grosá vuestro compañero. . . • 

MMUEL OiUBE. 
Cuartel General^ 35 d£. Julio de 18S1. 

Dos meses próximamente invirtió et General Oribe en perder 
lastimoeameirteeltfiefDpoy enesperaor de Buenos Aidres reeur- 



394 HISTOEIA POLÍTICA T MaiTÁR 

SOS para batir á Urqniza, qae no hubiese pasado al Estado Orien- 
tal, sí en yez de confiar en el General Gómez, ni en nadie, hu- 
biese acudido el mismo señor Oribe á levantar su ejército de 
observación sobre el Uruguay— Por lo menos esta medida ha- 
bría detenido la instantánea desmembración de sus fuerzas, y 
los conatos de decepción que invadieron el ánimo de sus Jefes. 

El 4 de Setiembre empieza el General Oribe su vacilante cor- 
respondencia—Ella sin embargo es importante y altamente his- 
tórica, á la par que irreprochable como autógrafa. 

La daremos sin interrupción muy pronto; sigamos entre tan- 
to á ürquiza. 

Este habia ya pasado Santa Lucia recogiendo en su tránsito 
todos los Jefes y tropa Orientales que se le plegaban. 

Ta desde este punto debia ponerse en comunicación con la 
fortaleza del Cerro cuya guarnición obedecia al Gobierno de 
Montevideo, y con el Comandante en Jefe de la Escuadra Brasi- 
lera, que estaba en observación sobre el Buceo y las costas 
ocupadas por Oribe en aquel estrecho radio, á fin de no dejar 
embarcar ni un solo soldado argentino. 

Estrechado ya el General Oribe por fuerzas superiores ; 
abandonado por todos los orientales, con la sola escepcion de 
muy pocos jefes que le permanecieron fieles, y anulado en su 
propia autoridad que cada instante era desconocida (i) escribió 
á Lepredour, á Gore y otros agentes extrangeros la carta fecha 6 
de Setiembre que dejamos ya copiada. 



(1) Citaromos un hecho dol que fuimos testigo. 

Se encontraba el autor de esta obra sentado, con el comandante D. 
Lesmes Bastarrica, hoy General, en un banco inmediato á la habitación 
diel General Oribe, en la noche del 9 do Octubre, cuando se aparecieron 
dos soldados del batallón de Maza, preguntando por el General Oribe — 
El comandante Bastarrica contestó que estaba durmiendo Vaya Vd. á 
despertarlo, replicaron los soldados, con tono y ademan audaz — El co- 
mandante Bastarrica y el que habla se pusieron de pió, echando ma- 
no á sus armas — Bastarrica avanzó con el sable desenvainado - Los 
soldados se contuvieron. . pero se retiraron muy despacio y en actitud 
amenazante — Esa misma noche se sublevó el batallón de Maza, como 
se verá después. 

Nota del Autor. 



DE LAS REPÜBLIGAS DKL PLATA 395 

* Hé aqai las que dirigió al General Rosas sucesíyamente. 
Exmo. Sr. Gobernador D. Jaan M. de Rosas. 

Campamento General en el Arroyo de la Virgen, 
Setiembre 4 de 1851. 

Mi distinguido y buen amigo : 

Una ocurrencia muy desagradable y tanto mas sensible cuan- 
to que ella afecta la dignidad del Gobierno, y los principios in- 
variables de la política adoptada para sostener nuestra justa 
causa, ha tenido lugar en la línea sobre Montevideo, el día 30 
del ppdo. Teniendo yo previsto para un caso en que la suerte de 
las armas nos fuese irreparablemente adversa, el salvar los res- 
tos del virtuoso ejército argentino que está á mis órdenes, pre- 
vine al Sr. Ministro de Relaciones Exteriores Dr. D. Carlos G. ■ 
Villademoros, se acercase al Sr. Contra-Almirante Lepredour 
con el fin de recabar de S. E. una garantía de las fuerzas nava- 
les de su mando, para poder verificar en el caso indicado la tras- 
lación de aquellas tropas hasta ese destino,- en buques que yo 
haría fletar al efecto, sin que fueran molestadas en su tránsito 
por la escuadra brasilera, ó por otros buques que pudieran ar- 
mar los salvajes unitarios. 

Esta proposición fué admitida por parte del Sr. Contra-Almi- 
rante Lepredour, del modo que consta de la correspondencia 
que original he mandado se remitaáVd., y habiendo dicho se- 
ñor manifestado al Sr. Villademoros, la necesidad de gue se 
diese igual paso con el Agente Británico, con quien dijd debía 
proceder en todo de acuerdo, se obtuvo del Sr. Almirante Rey- 
nolds el resultado de que también ya debe. Vd. estar instruido. 

Hallándose las cosas en ese estado, y mas tranquilo yo res- 
pecto de la suerte de aquellas tropas en el último caso, con la 
seguridad que podía inspirarme la interposición de la influencia 
moral de los dos Almirantes de las fuerzas navales de la Francia 
y la Inglaterra, vino á sorprenderme en la mañana del día 31 del 



398 HISTORiá .POUliCá r üiUTAE 

ppdo., bk imtkñSi 4e foe «I £r. dr. ^¡UadfiMores, &in autoriza^ 
cioD mia, para hacer «tea oo^ mas qie le que dqo expaesbh 
sobrecojido de temor acerca de la suerte de este ejército, por 
la relación Terbál que dice tiaberrie hecho «b particular llamado 
D. Hermenegildo Fueates, en la que síq fundamento alguno le 
representó el estado de su moral coa ténsinos mxsf descoosola- 
d<M>es, ya»a alarmantes, había procedido sinmis^rdenes ásolí- 
citar^éel mismo Sr. Almirante Lepredouf^ que propusiese ima 
siBjpenskm de hostílidades á los salvajes «laitariús encerrados 
en la Plaza de MiHitevidee, y la que coBVdiMda por aquellos se es- 
tftUecié por 72 homs^ Ueváfidose á ejecocion s¿u6l menor cono- 
cimieiito de mi parte y sin aguardar mí resolución acerca de tan 
extraña, iudecondsa é incancebibie ocurrencia. 

Cuanto ella ítaya 4ebido afectarme lo dejo á la consideración 
de Vd. y darán alguna idea 4e la viva impresión causada por tan 
ioj^usUíicable procedimiento, las adjuntas copias de que consta 
midesaprobacioen, asi como verá Vd. por ellas misivas que ni la 
situación ni d eisfúritu de este ejércilo, es la que ha pistado y 
qne'OlSr. Míaistro Villademoros xicredító con una precipitación 
tan éKtrana á su prudencia y tan a^ena de.» deber, pues que ce- 
diendo á las impresiones del terror, que le infundió la simple 
relación éd un partioular, sin misión, ai carácter públicQ, m ür' 
dea é instrucción mia, dio im paso tan contrario á nuestros 
prificipios constantemente observados, tan ¿adigno de la auto- 
ridad en cuyo nomí^re ha procedido y de tal trasceudeacia en la 
moral/^oe ni la<lesaprobacia^n instantánea con que destruí todo 
loipactado, m la consiguiente renovacíi>n de las hostilidades po- 
drían de «odo alguno reparar, sik virtud ejemplar de este ejér- 
cito y su decidida resolución de sacrificarse por la causa que 
soste&emos, no aos diesen la mas .s^«ira garaaüa de que sea 
cual luere el aspecto que presentaseu los .sucesos, lian de con- 
servarse el faouor y la dignidad de las éds Repúblicas del Plata 
y todos hemos de sucumbir a^les dedar an paso ind^^ao de los 
gloriosos antecedentes de nuestras armas. 



ÜB Lk% BBPOBUCAS DIL VLkU 387 

» 

toda b eslrafieza que debe baber causadoa Vd^ 
una ooirreQcia tan inesperada é inctisculpable, caando ella bar 
ya llegado á m Boticía. Quiera Vd. considerar á su Tez qué im- 
presión debo ye liaber sMtído, y cuál será la que todavía me 
afecte á pesar de la pronta pero siempre tardía represión con 
que procuré atajar peores efectos. 

Remitiéndome á hs adjuntas copias en las que hallará Vd. 
expresados mis ceñimientos respecto de este fatal incidente, 
sdo me resta reiterar á Vd. la fina volantad con que invariable- 
mente soy sumas sincero y afectísimo amigo. 

MANUEL ORIBE. 

Exmo. Sr. Gobernador D. Juan Manuel de Rosas. 

Cuartel Geospal en el Talita, 19 de Setiembre de 1851. 

Mi distinguido y buen amigo: 
No obstante la infame defección del envilecido traidor Servaa- 
do Oomez, y la pemiciosa influencia que ese fatal ejemplo ha 
tenido en la moral de nuestra causa, siempre conservé, la espe- 
ranza de poder hacer frente y triunfar con los orientales que 
han permanecido fieles á su deber y al honor, en unión con los 
denodados y vlrluosos argentinos que están á mis órdenes, de 
la invasión del loco traidor salvaje unitario Urquiza y demás 
traidores que han desertado de nuestras filas para incorporár- 
sele. Contaba para esto no solo con la lealtad y patriotismo del 
pueblo Oriental en su generalidad, sino también con la perseve^ 
rancia de los Jefes de las Ouardias Nacionales de los Departa^ 
mentes de campana que deberian formar una parte muy consi* 
derable del personal de este Ejército, debiendo en ese concepto 
reunir próximamente un cuerpo de operaciones de 42,000 hom- 
hombres, sin debilitan las fuerzas que mantienen el sitio de 
Montevideo. Pero- al impartir mis órdenes para reconcentrar- 
las en el panto que be juzgado conveniente, varios de esos mis- 
mes jefes desataros! indignamente k s^^da causa de sa 



4M ilISNIIA FOLÍTICá T «LITAR 

contra las faenas combinadas de los eférodts iii?as«cas jei4^ 
la goarnieion de la |4aia. Resalto c&mo lo estof oon los viden- 
tes j leales jefes qHO me acompañan á IndMu* basta el tilímo 
trance por la cansa de la independencia y ^ dignidad de estas 
Repúblicas, esperaré en aquel ponto la snerte qne deba caber 
á los restos gloriosos de las tropas de mi mando. 

Debo advertir á Yd. qrne en el presente estado de las cosas 
cualquier auxilio que pudiera venir directamente aqni sería del 
todo infructuoso, j que en mi opinión el único medio eficaz de 
varíar la situación y producir importantes resultados, sería el 
invadir al Entre-Rios con una fuerza capaz de llamar la aten- 
ción dei traidor salvaje unitario Urquiza y ponerle en la necesi- 
dad de retirarse del terrítorio de estailepública. 

Deseo queVd. me favorezca con sus comunicaciones, siempre 
de grande interés para mi, pero nunca mas importantes que lo 
que deben serlo en circunstancias tan graves como las que dejo 
p espresadas. En ellas como en todo tiempo soj con la mas 
fina é invariable voluntad su muy afectísimo amigo y seguro 
servidor. 

MANUEL ORIBE. 

El General Oribe, sin embargo, habia ya abierto negociaciones 
con el General Urquiza aceptando un tratado que fué ei primero, 
y que no firmó por sus vacilaciones esperando la contestación 
del General Rosas. — Este existe en nuestro poder — Cuando 
el General Oribe quiso firmario, ya era tarde. Urquiza se negó 
rotundamente. 

RISKRVADA 

Bases de la Convención ajustada el 20 de Setiembre de 4854. 

Art. f^ Se reconoce que los servicios que han prestado los 

militares y ciudadanos que han servido al Exmo. Sr. Presidente 

D. Manuel Oribe, son kechos á laNacion Oriental del Uruguay. 



DI US KEPüBUCAS BEL nin Mt 

Art. ^. S^raecAOceifiielaresistdMiaqaehaDhechologmi- 
Ktaiw y erodadaiios i k üüterreiicioii AagloJ^rstBeesa, ba sido 
cim el objeto de defender la IndependraGÍa de la ItofMáblica 
Orreotai det Vrtigaajr. 

Art. 3"". Se declaran legales todos los actos Gubernativos y 
Judiciales que en eonlormidad á las Leyes de la República, se 
han ejefCHlo en el territorio que han ocupado las armas de S.E. 
e) Sr. Presidente D. Mwuel Oribe. 

Art. 4"". Se declara completamente garantidas las ridas y 
propiedades, y demás derechos civiles de todos los habitantes 
de la República. 

Art. 3^ La Nación Oriental reconoce como deuda pública las 
cantidades que quedare adeudando el Gobierno del Exmo. Se- 
ñor Presidente D. Manuel Oribe. 

Art. 6"*. Se reconoce en lodos los ciudadanos Orientales de 
las diferentes opiuianes en que ha estado dividida la República 
iguales derechos, iguales servicios y méritos, y opción á los em- 
pleos públicos en conformidad á la Constitución. 

Art. 7". Se reconoce la independencia del Estado Orienta' 
del Uruguay, y la integridad de su territorio en la forma que lo 
establece su Constitución. 

Art 8". Lu^o que se retiren las tropas argentinas que esta- 
ban á las órdenes de S. E. el Sr. Presidente D. Manuel Oribe, 
se retirarán los brasileros , los enlre-rianos y correntinos, 
y S. E. el Sr. General Urquiza ofrece que al marchar para su 
pais no quedará en el territorio del Estado Oriental ninguna 
fuerza extrangera bajo ningún pretexto. 

Art. 9*. ElGeneralD.JustoJ.de Urquiza ofrece hacer uso 
de sus buenos oficios para que el Gobierno del Brasil no pre- 
sente ninguna reclamación al Gobierno Oriental (caso de tener 
que hacerlas) hasta seis meses después de establecido el Gobier- 
no Covistitociona). 

Art. ÍO. El ejército OFÍental que obedece las órdenes d^ S. E 

26 



402 HISTORIA política T MILITAR 

el Sr. Presidente D. Manuel Oribe, quedará interinamente man- 
dado por un jefe del mismo que nombrará el expresado señor 
Presidente, y que quedará á las órdenes del General D. Eugenio 
Garzón, hasta que se verifique la elección del Gobierno Na- 
cional. 

Art. 1 1 . Se procederá en conformidad á la Constitución á la 
elección de Senadores y Representantes en todos los Departa* 
mentos, los cuales reunidos en Asamblea nombrarán el Presi- 
dente de la República. 

Art, 12. Se declara que entre las diferentes opiniones en que 
han estado divididos los orientales no ha habido vencidos ni 
vencedores ; y que todos se reúnen bajo el Estandarte Nacional * 
para el bien de la Patria y la defensa de sus Leyes y de su Inde- 
pendencia. 

CONVENCIÓN PRIVADA 

Art. i^. Las fuerzas argentinas se retirarán por el puerto del 
Buceo con sus armas y las municiones en .sus cananas y armo- 
nes, quedando todos aquellos que no quieran voluntariamente 
hacerlo. 

Art. 2°. S. E. el Sr. Presidente de la República Brigadier 
General D. Manuel Oribe, podrá retirarse donde guste; igual- 
mente todos los Jefes, Oficiales y Ciudadanos que voluntaria- 
mente quieran acompañarlo. 

Están conformes -r antonio diaz. 

Esta es la verdadera convención ajustada entre los Generales 
Oribe y Urquiza — Poseemos el documento autorizado por el Mi- 
nistro del Sr. Oribe. 
Exmo. Sr. Gobernador de Buenos Aires, D. JuanM. de Rosas. 

Arroyo de la Virgen, Setiembre 21 de 1851. 

Mi distinguido amigo : 

Con fecha 19 del corriente escribí á Vd. manifestándole la ex- 
trema situación á que me hallaba reducido por consecuencia 



M LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 403 

del estado áe la desmoralización que difundió en el pais el 
fatal ejemplo del infame traidor Servando Gómez. La noticia 
de la aproximación de un ejército brasilero, cuyo número exa- 
gera la malignidad de los perversos enemigos de nuestra causa, 
ha esparcido repentinamente un terror pánico en las Guardias 
Nacionales que constituyen una parte muy principal de la fuerza 
de este ejército, de tal modo que su disolución parecia inevita- 
ble é inminente. En tan críticas circunstancias teniendo siempre 
en vista salvar los restos gloriosos de las tropas argentinas que 
se hallan á mis órdenes, y cerrada por parte de los Ministros 
de Ja Francia é Inglaterra la única puerta que quedaba abierta 
con la esperanza de conseguirlo, hice proponer una transac- 
ción á Urquiza, en cuyas bases esté comprendida la del retiro 
de dichas tropas, y de mi persona á Buenos Aires con los orien- 
tales que quieran seguirme. Eso ya está obtenido ; y en todo 
lo demás concerniente á este asunto y á los detalles de su eje- 
cución, me remito al conductor de esta D. José A. Iturriaga, 
que va plenamente instruido y á quien puede Yd. darle entero 
crédito. 
Queda de V. muy affmo. S. S. y amigo. 

MANUEL ORIBE. 

Cuartel General en Mata-Ojo, 28 de Setiembre de 1851. 

Señor Dr. D. Carlos G. Villademoros. 

Mi querido amigo: 
Ayer encargué á Vd. recabarla garantía de los Sres. Almiran- 
tes Lepredour y Reynolds en la convención ajustada con urqui- 
za, y á cuyas principales disposiciones guiado de mi acostumbra- 
da buena fó, di cumph'miento aun antes de estar firmada. Tales 
son, el licénciamiento de los Guardias Nacionales que marcha- 
ban para sus departamentos y mi retirada con el resto del ejérci- 
' to á esta parte de Santa Lucia. Estos hechos son de tal notoriedad 
que no podian ser desconocidos á Urquiza, pues que se han 



M4 II810BU POfinai r maitm 

efectoade á wtsta4e ms airaQZJMbs f htt pando por su msmo 
caiii{>o tos ctteqH» qoe ya lie liceiioíado. 

üoy «wrié al fir. B. BeraabéCanm á-saCaartel (General pan 
proponerfe el Mjahramíeiilo per su ftrte de la persona que 
debía firmar el Iralade, estando ya nombrado por mi á qae 
debe verificario. En esta situación acaba de sorprenderme el 
contenido de la carta áá General «Urquiza, qne en c(4>ia incluyo 
en ai cootestaoiOB que también hallará Vd« adjunla. A vista de 
la nuda íé «oon ^ne f rocede, no me queda otro remedio qne 
segiurmi neéírada bástala linea, y qnieP04¡ae veaYd. i los 
seitwes Almirantes Lepredour y Reynolds y les manifieste los 
antecedentes que revelan la leahad de mi procedimiento y la 
perfidia de nuestros enemigos. Vea Yd. si en 4ales circunstan- 
cias puede obtener la inten^encion y garantía de ellos para la 
ejecución de lo pactado, v cnando menos lalíbre y segura tras- 
lación délas tropas Argentinas á Buenos Aires, como la de mi 
persona y demás que quieran acompañarme. 

Esto le mando á Yd. que lo haga con absoluta reserva, supli- 
cando á dichos Almirantes que la guarden igualmente en el caso 
de que no quisieran intervenir en el asunto; pties si sucediese 
asi, lo que no -espero, estoy resuelto á pelear y resistir hasta la 
extremidad. 

Queda de Yd. affmo. amigo y servidor. 

MANUEL ORIBE. 

Exmo. señor Presidente de la República. 

Mi^elcte, Setiembre S8 de 1851. 

Mi distinguido amigo y señor : En este momento vuelvo de 
á bordo. Manifesté al Almirante Lepredour la carta del señor 
Presidente é instmido de todo, bajo la reserva prevenida, me 
contestó que la convención estaba muy buena ; que él mismo 
no hubiera esperado un arreglo tan bueno ; pero que en ma- 
nera alguna podía garantir esa oonveMioii ni en lo tocante al 



W ÍM RÍPÚBI4CA» DEL .flAHi Mi 

eabK^^ de las Iropas^, ^ntg n^da de vaM «a de ^ resorte : 
<f«e io 4iie4[>odia y puede Éa«er ja áe iha «dicte j ea>e90 ^ man- 
Uefte; q^ por iodemis nada híxf que temer de parte deGrenfell, 
pues conoce su caráeter y qae es kica^M de ftdtar á^suproinesa, 

mucho mas cuando la menor falta, en asuate 4an sérío^ seria 
considerado por él (Lepredour), p'or los ingleses y por todas 
las naciones como una abeminacioR, y enese se alegraba <le ha- 
ber triste su ñtíU (la que se me efi¥i¿ de ahí ra copia) para te- 
ner couockaioQto de lescompiraimsos que aquel liabia contraí- 
do, les que baria oeoooer tamUefi, coitto cosa suya p vamente, 
al Almirante Inglés. 

Como la carta de Vd. me pi^evieAO qae vea á esté último, solo 
en el caso de jrespnesta favorable de Lepredoury de acuerdo 
com él; come además tuve por el ¡modo de hablar de este, la con- 
vicción de que igual respuesta obtendría del inglés, no pasé 
adelante y me dispuse á dar cuenta áVd. como lo hago. 

Lepredour me dijo si podria^dejarleuna'Copia de la conven- 
ción para anticipar ¿ sti Gobieroo; pero yo le respondí que no 
podÍ4isiii auiorizacion de Yd. á quien haría saber esos deseos 
del señor AJmirante y cuyo permiso obtenido, le daría la copia 
que solicitaba. El señor presidente podrá resolver sobre ello 
lo que guste. 

Sin otro objetóme repito 4e Vd. ^ffmo. amigo y S. Q. B. S. JU. 

Carlos G. Villademoros, 

IVada podia levantar el espíritu abatido del dineral Oribe, en 
su estrecha situación. 

En la campaña de ^8oi debió reconquistarse el territorio 
usurpado por el Brasil, debió concurrir á la proclamación déla 
República en Rio firande para lo que se contaba^en el General 
Neto Ismael Süarez y tantos otros lirasileros que se ofrecieron 
al tieneral D. I^acio Oribe para i)per^ de acuerde. 



108 wmmmtL mtínau x musa 

Grai iudigaama ptodajo esle suecso^, pero la retunda conti- 
noó bada las Bnj as hs^^ las kostaídodes ét Ifr^prat 

El coronel Raiaosv como s« ba duiío,, habia llegado sícmEo 
portadorde mía nota para losjefesargBntkiosjrBiiaease de re- 
cibo fnura el fteneraLdríbe — La MkL para los; jefes ai^entí tos 
Venia abierta, y como Oribe estranaae la coaduetadet General 
Rosas para «Aélj apurase á Ramos sobre este pmto, este tavo 
la debcHdad de mostrársela. Oribe Iteno de disg^to: le dtp), si 
Vd. muestra ó entrega esa nota á les jefes me soicido^, porque 
no puedo yo aceptar el papel de traidor que el Generaá Rosas 
me atribuye. 

Esa nota dice lo siguiente : 

El Gobernador y Capitán General de la Provincia de Buenos 
Aires y Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confe- 
deración Argentina. 

Buenos Aires, Agosto 24 de 1851. 

No mereciendo la confianza del Gobierno de la Confederación 
el General en Jefe del Ejército Unido de Vanguardia, Presidente 
del Estado Oriental del Uruguay Brigadier D. Manuel Oribe, los 
jefes de las divisiones Argentinas en operaciones en la Repúbli- 
ca Oriental, procederán á nombraren consejo el jefe que haya 
de dar cumplimiento á las instrucciones de que es portador el 
edecán del Gobierno coronel D. Pedro Ramos. 

• 

JUAN MANUEL DE ROSAS. 

A los Sres. Jefes del Ejército de Vanguardia de la Confederación 
Argentina en el Estado OrientaL 

Las instrucciones; qae traka el coroael Ramos, eran que se 
atase al General Orrbe, y las fuerzas argealinas tratasen de 
pasar al Entre-Rios, pasando á la provincia de Bueiios-Aires. 

Reducido ya á sus últimos atrincheramieiitos, y casi sin es- 
peranza de quenada se te etKicediiese, el General Oribe escribió 
entonces á Urquiza esta carta : 



DS LAS REPÜlUiCiS ML BLAXA 199 

I ViyiS LOS D£FENSOaES DE LAS LS7£S I 
I MUERAN LOS SALVAJES ÜKflARIOS I 

Extno. Sr. General D. Justo J. de Urquiza. ' 

Cuartoi general cu Mataojo, Setiembre 28 de 1851. 

Señor General : 

Me precio de ser un fiel cumplidor de mis compromisos ; y 
ahora como en todo tiempo lo he acreditado poniendo «n ejecu- 
ción las principales disposiciones de la Convención ajustada; no 
obstante <!e no haberse aun estendido y firmado. Tales son la 
de haber licenciado los Guardias Nacionales enviándolos á sus 
Departamentos y retirarme yo con el resto del ejército al Sur 
del Rio Santa Luda conforme á lo pactado. Se equivoca, pues, 
seííor General, en suponer que por mi parte ha habido falta de 
cumplimiento en lo que hemos convenido ; y es estraño que el 
señor General forme un juicio tan inexacto á vista de los hechos 
que dejo referidos. 

El último paso que creí deber dar, lo he Uevdo á efecto, en- 
cargando al señor doctor D. Bernabé Caravia de acercarse aJ 
señor General, para que nombrase una persona por su parte 
autorizada para firmar la Convención, asi como por la mia ya 
está nombrada. Aguardo el regreso de dicho señor doctor Ca- 
ravia, y quedo de V. E. atento servidor. 

MANUEL ORIBE. 

26 Setiembre 1851. 
Señor D. Antonio Díaz. 

Mi querido General y amigo— Tengo su carta del 26 y hoy es- 
cribí al Dr. diciéndole que si puede recabar i Lepredour la 
palabra de garantimos en el últiao caso para salir dd país ; es 
cuanto debemos esperar sí la suerte no nos íavoreciese— con 
esto todo estaría allanado {mes nada ddiemos esperar sino en 
nosotros—^ la convención es aprobada ea Fraáciay los Ajentes 



M9 msTORU votVtKk r xilitar 

nandolos pueble» á h inffiíeBcia del candítto agresor sin etapo- 
jTD y fa confianza qae debía daries la presencia de tas fuerzas 
orientales mandadas por el mismo Presidente de faKepública; 
pero esta falta era una consecuencia ya inevitable de la inacción; 
<nl principio hubiera sido fácil guardar la línea del Uruguay 
obligando á Urquiza á permanecer en el Entre-Rios, hasta que 
los brasileros pasasen la frontera ; lo que de cierto nunca hu- 
bieran hecbo sino obtenian primero la campaña, y la ventaja 
de algún suceso que no les dejase duda del buen resultado de la 
campaña. 

Resuelta por fin la marcha, dispuso dejar al General Diaz al 
mando del ejército sitiador, pero en la víspera de su partida 
determinó llevarlo consigo á campaña para darle el mando de 
la infantería del ejército al que se reunieron siete batallones 
que debían acuartelarse. 

El dia 28 de Julio hizo dar á reconocer al coronel Lasala de 
Jefe de las fuerzas sitiadoras que quedaron reducidas entonces 
al batallón Libertad Oriental, al batallón Maza, dos batallones de 
la división del General Diaz, el batallón Voluntarios de Oribe y 
la Guardia nacional de Infantería, un piquete de caballería y 
tres piezas de artillería ligera, fuera de la pesada. 

El 29 dft Julio salió el General Oribe del Cerrito, y el 31 lo 
verificó el General Díaz de donde no habían de volver sino para 
entregar las tropas argentinas al General Urquiza y las orienta- 
les al Gobierno de la plaza : y esto sin haber peleado. Las tro- 
pas que habían de formar el ejército de operaciones en campaña 
debían reunirse en el Departamento de San José y en el siguien- 
te mes de Agosto constaba de 7,000 hombres campados en el 
Arroyo de la Virgen :áesa fuerza debian incorporarse las divi- 
siones de los Departamentos de Cerro-Largo, Minas, Maldonado 
y Soriano que contaban de cuatro á cinco rail hombres. 

El 23, resolvió eí General Oribe levantar el sitio para incor- 
porar al ejército de operaciones las tropas que lo sostenían ; 



M 119 REPÜBUGAS DBt PUTA 40 

pero esa medida presentaba grandes difienlta^es y debía pro- 
ducir consecuencias fatales k la moral, y et dia Sí5 dio contra or- 
den. Hasta entonces el ejército estaba animado del mejor espí- 
ritu, pero el mismo dia 23 el General Oribe habia dado orden 
al Ministro Yillademoros de verse con los Almirantes de las 
fuerzas navales de Francia y Inglaterra, y solicitar de ellos una 
garantía para poder retirarse á Buenos Aires con la división au- 
xiliar argentina embarcándose en el puerto del Buceo. Este 
paso fué dado por él con reserva ; pero á los dos días se supo en 
el ejército y generalizada eSta noticia, en pocas horas produjo 
un gran desaliento, particularmente en los jefes de los cuerpos 
orientales, que se veian amenazados de un próximo abandono. 

Los Almirantes Lepredour y Reynold se escnsaron con el pre- 
texto de su neutralidad, limitándose á ofrecer su apoyo moral 
cerca del Gobierno de la plaza y del Jefe de las fuerzas brasile- 
ras, y el Presidente Oribe creyendo que esa oferta produciría el 
efecto que deseaba, ordenó á las divisiones de Cerro-Largo que 
se hallaban en marcha, que regresasen para su Departamento 
no considerándolas necesarias ya, supuesto que pensaba iría 
con los argentinos para Buenos Aires, y creia que el apoyo mo- 
ral ofrecido por los Almirantes seria bastante eficaz para poder 
verificarlo. 

El General ürquiza habia pasado el Rio Negro y el Rio Yí sin 
oposición alguna, con 4,800 hombres de caballería, única arma 
de que se componía su fuerza, y siguiendo sus marchas, llegó el 
6 de Setiembre á la vista del ejército del Presidente Oribe, que 
estaba acampado en el Arroyo del Talita. La presencia del ene- 
migo, reanimó el espíritu del ejército, no obstante que se le ha- 
cia entender que á dos jornadas de distancia estaba una división 
de 8,000 brasileros y que de cerca le seguía otra de 4,000, las 
cuales se hallarían incorporadas dentro de 3 ó 4 horas á la di- 
visión del General ürquiza — Sin embargo, en esa fecha no exis- 
tia aun un solo brasilero en el territorio Oriental. El Presidente 



iU HISTORIA POLínCA T MILITAB 

Oribe io sabia may bien, y sia embargo él mismo era quien hacia 
esparcir esa falsa noticia, pues su intención reservada era aban- 
donar el pais, con las tropas argentinas, suponiendo que le seria 
fácil obtener de los almirantes de las escuadras Anglo-Francesas, 
garantía para poder embarcarse en el puerto del Buceo y seguir 
íi Buenos Aires. Este era su plan fijo desde que en los primeros 
dias de Agosto supo que los comandantes Crosa, Moyano y otros 
estaban con Urquiza— En ese concepta aparentaba por una par- 
te una determinación firme de pelear, y por otra no se decidía 
á hacerlo, escusándose con la supuesta inundación de las tropas 
brasileras. Su objeto era engañar al ejército. Al efecto manda- 
ba personas de su confianza como bomberos, con la comisión 
de decir á su regreso que las fuerzas brasileras se hallaban 
próximas i las de Urquiza asegurando que las babia reconocido 
detenidamente y habia acompañado á la distancia de tales á tales 
puntos, y estos mismos confidentes de Oribe, decian luego á sus 
amigos la realidad do lo que habia, haciéndose luego público 
en el ejército el conocimiento de aquella superchería. El Presi- 
dente Oribe estaba resuelto á no pelear y se habría ido a Buenos 
Aires con las tropas Argentinas. En tales circunstancias y cuando 
nadie ío esperaba, dio orden el dia 6 de Setiembre que se pre- 
parara el ejército á dar una batalla y nadie dudo de la resolución 
anunciada y menos del resultado favorable que debia tener. El 
dia siguiente al amanecer todos los cuerpos del ejército estaban 
en marcha, cuando recibió orden el General Diaz, que hiciese 
alto; y poco" después se dio igual orden á las divisiones del ejér- 
cito; y mas tarde el mismo General en Gefe mandó que todas 
las tropas volvieran á ocupar las posiciones que tenían en sus 
puestos del campamento. Este nuevo desengaHo, convenció á 
todos que el General Oribe no quería decidir la cuestión por 
medio de las armas; al mismo tiempo se hizo público en el 
ejército la orden dada alas divisiones de Cerro Largo, Maldo- 
nado y Minas, de regresar á sus deparlamentos hallándose ya 



DE LAS BEPÜBLIGAS DEL PLATA 415 

en marcha para el Cuartel General. El ejército empezó á des- 
moralizarse dividiéndose en dos partidos el uno por la guerra y 
el otro por la paz. A la cabeza del primero estaba el General 
D. Antonio Diaz, y. el mismo presidente Oribe á la del segundo, 
pero fingiendo siempre una disposición contraria. 

La mayoría de los Jefes y oficiales de los cuerpos, estaban 
con la opinión del General Diaz, y ciertamente que este no so 
engañaba en asegurar que ningún soldado brasilero habia pa- 
sado aun esta frontera que distaba nada menos de 1 00 leguas 
del campo del General Urquiza que teníamos á la vista, ni se 
engañaba tampoco en creer que derrotada y dispersa la fuerza 
de este, lo que solo dependía de la resolución de hacerlo por 
otra parte, los brasileros se abstendrían de penetrar en el Esta- 
do Oriental, donde en casó de hacerlo se verían en la necesidad 
de luchar con un ejército de 12,000 hombres aguerridos, y sin 
contar con la fuerza del ejército sitiador que el General Diaz 
jnzgaba necesario conservar en sus posiciones.- 

En ese estado de disidencia ocurrieron algunos actos escan- 
dalosos originados por la genialidad del General Oribe, pre- 
dispuesto por aquel motivo contra el General Diaz, cuya pre- 
sencia le era muy embarazosa , por la franqueza con que 
discurría acerca de la situación, y del modo único y mas digno 
que habia para dominarla. Esta desavenencia trascendental al 
ejército, tenia en agitación los ánimos ; y el General Oribe que 
no hallaba un pretesto para alejar del ejército al General Diaz, 
resolvió enviarlo á Buenos Aires para recabar del Gobernador 
Rosas, le mandase un cuerpo de tropa de 6 ú 8 milhombres á 
la costa del Paraná, para llamar la atención de Urquiza, y en- 
viar á la costa de San José ú otro punto inmediato á ella, 3,000 
hombres de infantería. Esta solicitud habia sido hecha ante- 
riormente por el General Oribe, que mandó con ese objeto á 
Buenos Aires al señor D. Agustin Iturriaga. El General Oribe 
sabia ya por el mismo Gobierno de Rosas que no debia contar 



416 HISTOBU FOLinCÁ T HILIT4I 

COD ooa ni coa otra cosa. El General Díaz, sin negarse á complir 
sos órdenes, le dijo : que era mejor qoe folfiese á enriar á 
Itarriaga annqne suponía qoe era inútil ; pero qne él estaba 
persuadido qne le haría mucho mejor senicio, no separándose 
del ejército. En este estado de cosas el General Oribe con la 
Tiolenta situación en que se habia encerrado él mismo, y decidí- 
do á no combatir porque temia un fin funesto si la suerte de 
las armas llegaba á ponerlo ¿disposición desús enemigos, y 
no sabiendo como salir de olla si no podia realizar su marcha á 
Buenos Aires, se franqueó al fin con el General Diaz. 

EM6 de Setiembre, después de algunas breves palabras acer* 
ca del dicho objeto, y de la promesa de los Almirantes de In- 
glaterra y Francia, le dijo, que le parecia que en caso de ser 
necesario tratar de una transacción, debería hacerlo mas bien 
con el General ürquiza, que con el Gobierno de Montevideo. 

El General Diaz le contestó, que respecto de la oferta de los 
Almirantes cscusado le parecia el hablar pues que la considera- 
ba enteramente ilusoria, y que en el estado de la moral del ejér- 
cito, creia necesario resolverse en el mismo dia ó 4 pelear ó á 
transigir, porque toda dilación sería fatal para aceptar después 
cualesquiera de los dos estremos de la disyuntiva. Que él creia 
seguro el triunfo marchando inmediatamente sobre Urquiza, 
cuyo solo anuncio, restablecería la moral del ejército ; pero que 
de lo contrario no habia tiempo que perder en sacar el mejor 
partido posible de un arreglo paciñco entendiéndose con Ur- 
quiza, y no con el Gobierno de la Plaza, que nada habia de ha- 
cer por si mismo. El General Oribe opuso ¿ esta reflexión su 
antigua quimera que siempre habia tomado por pretesto los 
brasileros. 

El General Diaz no insistió sobre el particular,conociendo que 
seria inútil tratar de convencerle de la falsedad de todos los 
anuncios personales respecto de la incorporación del ejército 
brasilero con el de Urquiza. Pero estrañando el General Oribe el 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PUTA 417 

silencio del General Díaz, dijo : ¿ pues qué duda Yd. aun que los 
brasileros estén reunidos á Urquiza? No señor, no lo dudo, si- 
no que sé positivamente que tal reunión no existe ; y lo que 
dudo es que el ejército del Brasil haya pisado aun nuestro terri- 
torio. 

Hay mas de veinte dias que según las noticias que usted 
me ha dicho tener ese ejército, estaba ya reunido con Ur- 
quiza ; es decir, que sus fuerzas en número de diez y sais mil 
á diez y ocho mil hombres están solo á una legua de distancia de 
nosotros. ¿ Qué ha hecho ese ejército hasta ahora que no ha 
venido á batirnos y á arrojarnos de este punto ? 

¿Pues qué seis mil hombres que aquí estamos acampados al 
raso, y sin fortificación de ninguna. especie, podrían detenerla 
marcha de un ejército tan numeroso? Hagamos si Yd. quiere 
un reconocimiento con dos mil hombres de armas, arrollando 
á una vanguardia que está en aqaella cuchilla, hasta descubrir 
el ejército y nos desengafiaremos por nuestros propios ojos, si 
hay ó no tales brasileros reunidos con Urquiza. El General Ori- 
be, puso término á esta polémica, diciendo al General Diaz 
que habia tiempo para -resolver ; pero que él sabia de cierto 
que el ejército brasilero si no estaba reunido á Urquiza se halla* 
ba á dos ó tres leguas á su retaguardia. Siendo eso asi, le dijo 
el General Diaz, escusado espensarenninguna operación con 
las armas, porque ciertamente no hay probabilidad alguna del 
suceso si tratásemos de medirlas con fuerzas tan considerables. 

El General Orí be se veia en aquel momento atacado como 
diariamente lo estaba en aquella campaña, de su habitual y do^ 
lorosa enfermedad, la que sin duda contribuía mucho á debili- 
tar su valor moral, y el Gsneral Diaz se retir j profaniamente 
disgustado de la indecisión del General en Jefe, viendo que el 
Ejército marchaba á pasos acelerados hacia su disolución. El 
espíritu de este habia sido exelente antes del paso dado por 
Oribe con los Agentes extrangeros, pero este acontecimiento y 



448 HISTOBIA política Y MILITAR 

la conducta débil y vacilante de aquel Jefe, debía necesaríameo- 
te Ijacer traidores, jr en efecto, varios Jefes se habían puesto ya 
de acuerdo con el General Urquiza. 

El día 13 de Setiembre al medio dia el General Oribe mandó 
llamar al General Diaz; cuando este llegó al Cuartel General ha- 
lló allí al Comandante Moreno que había sido uno de los mas 
acalorados partidarios para laguerra, pero que había compro- 
metido su persona é intereses por la irresolución de Oribe, y ha- 
bía cambiado repentinamente de opinión. El General Oribe dijo 
al General Díaz: he llamado á Vd. para que lea esta carta y me 
diga su parecer acerca de su contenido. La carta era del Coman- 
dante Moreno al General Urquiza, en la que le decía: que de- 
seando el General Oribe poner término á la guerra por medio de 
un arreglo pacííico, lo había autorizado para dirigirse á él 
por medio de aquella carta, con el fin de saber si estaba dis- 
puesto á oir proposiciones que pudieran conducir á una tran- 
sacion. El General Diaz, en vista de esa carta, dijo al Gene- 
ral Oribe: que si efectivamente estaba resuelto á transigir, 
animado por el deseo de restablecer la paz en el país, des- 
pués de tantos años de guerra, le pareoia bien aquel paso; pero 
que si en esa resolución podía influir algo la suposición de ha- 
llarse incorporado el ejército del Brasil con el de Urquiza, su 
opinión ya le era conocida, y que se mantenía en ella. El co- 
mandante Moreno dijo entonces, que la paz era deseada por to- 
dos ó la mayor parte de los jefes del ejército, y que respecto de 
los brasileros, él tenia por indiscutible la incorporación de los 
cuerpos de su ejército, con las tropas del General Urquiza.El Ge- 
neral Diaz le contestó: que dudaba mucho lo primero y que no 
creia absolutamente lo segundo; pero el General Oribe, que no 
habló palabra durante la conversación aquella, resolvió que Mo- 
reno saliese al dia siguiente temprano para el campamento del 
General Urípiiza cuya vanguardia estaba á nuestra vista. En esa 
misma tarde el General Díaz llamó la atencíoa del General Orí- 



DE L^S REPÜBLIGAS DEL PLATA 4J9 

be sobre la seguridad con que Moreno afirmaba que la mayor 
parte de los jefes del ejército, opinaban por el arreglo pacifico 
con ürquiza, y le propuso, que hiciese reunir á todos aquellos 
jefes antes que Moreno saliese para el Cuartel General de ür- 
quiza, para informarse de su modo de pensar, en la materia de 
que se trataba ; en el concepto de que en el estado en que se 
hallaban las cosas, parecía conveniente oir su parecer en un 
asunto de tanta gravedad. 

El General Oribe convino en eso, y en el acto ordenó al ede- 
cán D. José Zermeño fuese á decir á Moreno que no marchase 
para el campo de Urquiza antes de venir á verlo. Diaz le pro- 
puso que al mismo tiempo hiciese convocar para la mañana si- 
guiente á los jefes del ejército, y el General Oribe le contestó 
que iba áverificarlo. El General Diaz, al retirarse para su campo, 
le preguntó á qué hora quería que se citase á los jefes, y señaló 
las 8 de la mañana. En esa inteligencia, le dijo el General 
Diaz, voy á ordenarlo á los jefes de los 7 batallones de mi divi- 
sión. Así lo hizo y al dia siguiente fué al Cuartel General antes 
de salir el sol con el fin de hallarse presente cuando Moreno 
fuese á ver al General en Jefe ; pero cuando llegí, fué infor- 
mado por el ayudante de servicio, de que Moreno habia mar- 
chado para el campo de Urquiza al toque de diana por disposi- 
ción del General Oríbe. 

El dia 15 regresó Moreno anunciando de parte de Urquiza 
que estaba dispuesto á oir proposiciones El 16 el General Ori- 
be con el Coronel Moreno, fueron al campo del General Diaz, y 
en su carpa, después de una pequeña discusión sobre las bases 
que se habia de tratar, quedó acordado el proyecto, el cual llevó 
Moreno al General Urquiza en la tarde de ese mismo dia. 

El 18 regresó con la noticia de que Urquiza lo aceptaba con 
las pequeñas.variaciones que iban anotadas. El General Oribe 
hizo llamar á Diaz para decirle ese resaltado. El General Diaz 
se quedó algo suspenso, y Oribe le dijo: sin duda se admira Yd. 



422 HISTORIA POLínCA T MILITAR 

pensü en las coDsecuencias desagradables que podía traer aquel 
proceder inconsecueote, y habiendo manifestado el Coronel La- 
mas, que sin (levar una autorización le parecia inútil ir solo y que 
se retirase á su campo, 6 bien que el Sr. Presidente nombrase 
otra persona que fuese con él á entenderse con el General ürqui- 
za, sobre la conclusión del tratado, y que él le acompañarla como 
encargado de la discusión del artículo.— El General Diaz indicó 
entonces al Presidente Oribe á su secretario al Dr. Caravia. Vi- 
no éste y pronto ya para marchar le dijo, que solo esperábala 
credencial que debia autorizarle para Armar el tratado, y traerlo 
luego á la ratificación. El Presidente Oribe contestó nuevamen- 
te que no firmaba esa autorización, y que si quería ir sin ella 
que fuera, y sino que se retirase. Finalmente el Dr. Caravia dijo 
que iria de cualquier modo que el Sr. Presidente lo mandase, y 
estando ya para montar á caballo con el Coronel Lamas, le dijo 
el presidente Oribe, que demorase su marcha hasta el dia si- 
guiente; sin embargo, como no eran mas que las 3 de la tarde, 
el General Diaz le dijo que era mejor no perder tiempo, pues 
saliendo entonces llegarian al ponerse el sol al campamento del 
General Urquiza. El Presidente insistió en que se demorase 
hasta el dia siguiente, y asi se hizo. 

Al dia siguiente mandaron al Coronel Lamas y al doctor Cara- 
via, y el ejército continuó su marcha hacia Santa Lucía Grande, 
y á las 1 1 de la mañana llegó un chasque del General Urquiza, 
conduciendo una carta cuyo contenido era avisar que rompía 
las hostilidades. Una hora después llegaron de regreso el doctor 
Caravi i y el coronel Lamas que habían llegado al Cuartel Gene- 
ral de Urquiza, después de haber salido aquel chasque y venia 
ya en marcha; por consiguiente nada hicieron ni pudieron hacer 
respecto del objeto de su comisión. El General Urquiza dijo 
sin embargo al doctor Caravia las razones que tenia para reno- 
var las hostilidades, y entre otros motivos le dijo, que sabía á 
no dudarlo que el General Oribe estaba de malafé refíriéudole 



.y 



DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 423 

el contenido de la carta del comandante Moreno y lo que el 
comandante Valdez y algunos ofíciales le habían informado 
personalmente; el Presidente Oribe determinó sin embargo 
enviar nuevamente á ios mismos comisionados con la contesta- 
ción á la carta de ürquiza, encargándoles procurasen recabar de 
él la observancia de lo convenido, estipulado etc. etc. 

El ejército marchó al dia siguiente al rio de Santa Lucia por 
el paso del Soldado, y á las 10 de la mañana acampados al 
Norte del Mata Ojo, antes del paso del Soldado. El General Diaz 
le dijo al Presidente Oribe que creia mejor aguardar en aque- 
llos, el resultado de la comunicación de Caravia, porque sí 
ürquiza convenia en renovar el tratado, era preciso dejar en 
aquel puesto los batallones Libertad é Independencia Amen- 
cana, coa arreglo al articulo, y que si esos cuerpos pasaban con 
el ejército al Sur del rio, seria para ürquiza un motivo ó pre- 
testo para continuar las hostilidades. El Presidente Oribe, no 
quiso sin embargo demorar el paso del rio, diciendo que en 
todo caso esos cuerpos volverían á cruzarlo. Mandó del paso de 
Mata-Qjo á los comisionados, á donde regresaron estos sin ha- 
ber obtenido de ürquiza ningún resultado. 

El dia siguiente continuó el ejército su marcha hasta el sur 
del Arroyo de las Piedras ; y alli dio orden el Presidente de pre- 
parar las tropas para pelear al dia siguiente; pero á la noche de 
ese dia cuando el General Diaz se retiraba á su campo después 
de haber revistado los batallones que formaban la división, lo 
llamó el presidente y le dijo que había resuelto seguir mas bien 
la marcha hasta el Cerríto de la Victoria para dar alli una bata- 
lla, y como en ese caso seria preciso pelear á un mismo tiempo 
con ürquiza y con la guarnición de la plaza, creia que aquello 
era lo acertado. 

El dia 7 de Octubre las tropas de ürquiza estaban en las in- 
mediaciones, de la quinta de Legris, detenidas por algunos bata- 
llones del ejército que manteniau estériles guerrillas,eQ las avao- 



índice del tomo VII I 



PAGINAS 



(k>ncluye el capítulo anterior 3 

OAI»ITUlL.O H 

Sesión parlamentaria en Francia sobre los uuntos de la República Argentina ... «7 

OAI>ITlJI-iO III 

Muerte del Dr. D. Santiago Vázquez — Maldonado — Sucesos políticos y militares 
en aquel punto — Muerte del teniente coronel D. José M. Caballero — Otros 
SUC&H09 parciales — Prisión y destierro del General Rivera á Santa Catalina 

— Importantes documentos de la referencia — Montevideo, su situación po- 
lítica y militar — Sucesos en el campamento sitiador — Estado general del 

resto de la República 117 

OAI>ITUIjO IV 

Anuncio de la misión Gore y Gros — Asesinato del doctor D- Florencio Várela 

— Documentos diplomáticos —Sucesos de la Colonia — Asalto y toma de 
esta ciudad — Situación de Montevideo — Carta del General Oribe sobre 
l'rquiza — Pasaporte á Pacheco y Obes — Reclamación y protesta de la 
Legión Argentina — Invasión del Barón de Yacuhv (a) Chico Pedro - - Se- 
gunda invasión y derrota de este - Actitud del Brasil — Sus antecedentes 
políticos respecto del Estado Oriental — Instrucciones reservadas para el 
MarqutVs de Santo Amaro — Memorándum del Vizconde de Abrantes . . 192 

OAI^ITULO V 

Situación de la República Argentina — Suplicio de Camila O'Gonnan — Expulsión 
del señor Picolet — Capitanejos — D^írrota del cacique Amatolec, y ester- 
mínio de sus tribus — > Informe del Ministro franc<^s Mareuil — Actitud de 
las Cámaras Brasileras - Tratado Lepredour — Ratiñcacion del Tratado 
entre Inglaterra y la República Argentina — Muerte del General San Martin 

— fgSI — PronuQciamif;nto del General Urquiza— Publicaciones contra 
t^tc — La vida de un traidor •> Acontecimientos en toda la República 
Oriental — Nuevo orden de cosas — Diso ucionde* ejército del General don 
Manuel Oribe ~ i^ormadon del gran ejército — Marcha de este contra el 
General Rosas 297 



a klOS 013 >3S iSt, 



f 

2>ll6 
.D53 
V.3 
pt.t 





DATE DUE 


















































































1 


I 








STANF 
S 


ORO UNI\ 
TANFORD, 


'ERSTTY U 
CAUFORl 
1305 


BRARIES 
*J1A